40208(11-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta No. 215.  

Bogotá,  D.C., once (11) de julio de dos mil  trece (2013).   

V I S T O S  

Resuelve  la  Corte  la acción de revisión  promovida  por el defensor del condenado HÉCTOR JOSÉ OSPINA AVILÉS, en contra  de  la  sentencia  de  única instancia del 16 de diciembre de 2011, mediante la  cual  esta  Corporación  lo  declaró  penalmente  responsable  del  delito  de  concusión  y le impuso, en  consecuencia,  las  penas  principales  de  100  meses de prisión, multa por el  equivalente   a   69.43   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término de 83 meses y 10 días.   

H E C H O S  

En el fallo demandado, la Sala los sintetizó  de la siguiente manera:   

“El  doctor  Ovidio  Claros  Polanco  fue  elegido  Representante a la Cámara para el periodo constitucional 2002-2006, el  segundo  renglón  era  el  señor José Antonio Mora Rozo y el tercero, HÉCTOR  JOSÉ OSPINA AVILÉS.   

Entre  HÉCTOR  JOSÉ  OSPINA  AVILÉS y su  amigo,  Alonso  Ospina Luna, encontraron una aparente causal de inhabilidad para  el  desempeño del titular de la curul en el cargo de congresista, razón por la  cual  procedieron  a  contratar  los  servicios profesionales del abogado Darío  Fernando  Espitia  Montero,  con  el  objeto  de  que  demandara  la pérdida de  investidura.   

La demanda fue elaborada por Espitia Montero  y  presentada  inicialmente por Carlos Ernesto Valdivieso Llanos. Fue inadmitida  por  defectos de forma, siendo corregida por el abogado Germán Ricardo Jiménez  Tiusaba,  lográndose  que  el  Consejo  de Estado, mediante decisión del 30 de  marzo  de  2004,  declarara  la  pérdida  de  la  investidura  de Ovidio Claros  Polanco.   

Para  compensar los servicios profesionales  del  abogado  Espitia Montero, se acordó nombrarle en la correspondiente Unidad  de  Trabajo Legislativo (UTL), a dos de sus recomendados, señalando a Aura Mery  Montero   Farías,  su  esposa,  y  a  Roger  Andrés  Fajardo  Otálora,  amigo  político,  quienes  deberían aportar, y así lo hicieron, un 30% de su salario  con  destino  a  OSPINA AVILÉS mientras asumía la curul, pues se encontró con  que  el segundo renglón, José Antonio Mora Rozo, no declinó sino que decidió  ocuparla  seguidamente  a la pérdida de investidura del titular, entre el 23 de  abril de 2004 y el 24 de mayo de 2005.   

La posesión de HÉCTOR JOSÉ OSPINA AVILÉS  ocurrió  el 25 de mayo de 2005, fecha desde la cual no se hicieron más aportes  tal  como  se  había  convenido.  No obstante, el 1° de julio siguiente, en un  evento  público  Suárez (Tolima), le manifestó al abogado Espitia Montero que  si  sus  recomendados  querían continuar en su UTL, era necesario que siguieran  aportando  la  cuota  pero incrementada al 70% de su salario mensual, pedido que  fue  rechazado,  lo  que  propició  la  declaratoria  de  insubsistencia de los  recomendados  del  abogado  el 11 de agosto de 2005 y el 6 de octubre siguiente,  respectivamente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los  hechos  anteriores,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  ordenó  la práctica de  investigación  previa,  el  1° de octubre de 2007.   

Posteriormente,  el  16  de  abril  de 2008,  dispuso  la  apertura de la instrucción y  la vinculación del Representante a la  Cámara  HÉCTOR  JOSÉ  OSPINA  AVILÉS,  quien  fue  escuchado  en  diligencia  de  indagatoria  el  11 de  noviembre  de  2010,  en  tanto,  su  situación jurídica fue definida el 23 de  febrero  de  2011,  con  la imposición de medida de aseguramiento de detención  preventiva,   sin   derecho   a  excarcelación,  por  la  conducta  punible  de  concusión.   

Para hacer efectiva dicha medida, se libró  orden   de  captura  en  contra  del  sindicado,  la  cual  se  obtuvo  el  día  siguiente.   

Clausurada  la  fase  instructiva  el 26 de  abril  de  ese  año,  la  Corte  calificó  su  mérito  el  8  de junio            posterior,           profiriendo  resolución  de acusación en contra del procesado por  el  ilícito  de concusión,  tipificado  y  sancionado en el artículo 404 del Código Penal, en concordancia  con el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

Adelantadas  las  audiencias preparatoria y  pública     de     juzgamiento     –el  6  de  septiembre  y 1° de diciembre  de  2011, respectivamente-,  la   Sala   dictó  sentencia  el  16  de  diciembre  siguiente,  declarando  la  responsabilidad    penal    de    OSPINA    AVILÉS  por  el delito contenido en  el    pliego    acusatorio;    le   impuso,  en  consecuencia,  las  sanciones  principales   reseñadas   en   la   parte  inicial  de  este  proveído,  se  abstuvo de condenarlo al pago  de  perjuicios, y le negó  los  beneficios  sustitutivos  de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y prisión domiciliaria.   

En  contra  de  dicho   fallo,   precisamente,   el   defensor   del  sentenciado  interpuso la demanda de revisión que fue  admitida por la Corte, con auto del 5 de marzo de 2013.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  los  numerales 6° del  artículo  220  de  la  Ley 600 de 2000 y 7° del artículo 192 de la Ley 906 de  2004,  el  defensor  de  HÉCTOR  JOSÉ  OSPINA AVILÉS pide que se modifique la  sentencia  de  única instancia dictada en su contra el 16 de diciembre de 2011,  toda  vez  que mediante pronunciamiento judicial la Corte cambió favorablemente  el   criterio   jurídico   que   la  sustentó,  respecto  del  tópico  de  la  punibilidad.   

En  efecto,  hace  saber  el accionante que  aunque  a  su  defendido  le  fue aplicado el incremento punitivo previsto en el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004,  con  posterioridad la Sala varió su  jurisprudencia, decidiendo no aplicar el referido aumento.   

Ello, precisa, ocurrió en los pronunciamientos    dictados    en    los   procesos   Radicados      Nos.      32.764      y     27.339,     del  18  de  enero  y  30  de  mayo  de  2012,  en  su orden, en los  que  se  consideró que dicha normatividad  “tiene  una  causa  común  y  está  ligada  en  su  origen  y  discurrir con la ley 906 de  2004,  por  manera  que  el incremento punitivo de su  artículo  14,  sólo  se  justifica  en  cuanto se trate de un sistema procesal  premial  que  prevé  instituciones  propias  como  el principio de oportunidad,  negociaciones,  preacuerdos  y  las  reducciones  de  penas  por  allanamiento a  cargos”.   

Así las cosas, como la Corte determinó que  el    referido   quantum  punitivo  no  aplicaba  al  trámite  especial  para  aforados  de  acuerdo  con  la  Ley  600  de  2000, el  memorialista   trae   a   colación   el  apartado del  fallo   en   el  que  las  penas   impuestas  a  su  representado  fueron  dosificadas teniendo en cuenta el incremento del artículo  14  de  la Ley 890 de 2004,  con  el  fin de solicitar que se aplique ese cambio jurisprudencial favorable y,  por  tanto,  se excluya el mismo y se redosifiquen las  sanciones,      aclarando     sí  que  con  la  presente  acción  e  revisión  no pretende en  ningún    momento  revivir      el      debate      probatorio propio  de las instancias.   

En  sustento  de  su pretensión, el actor  anexó  el  poder  para  actuar  y  pidió  que  se  tuvieran  como pruebas, las  providencias judiciales relacionadas en su escrito.   

ACTUACIÓN ANTE  LA CORTE   

Tramitado   lo   concerniente   a   los  impedimentos  manifestados  por  varios integrantes  de  la  Sala,   reconformada   la   misma   con   los  Conjueces,  y   aportada   copia   de  la  sentencia  accionada,  la  demanda  de revisión fue admitida el 5 de marzo del año en curso.   

Durante el término probatorio,         la        defensa   allegó   a   la   actuación   copia   de  dos  providencias  judiciales dictadas  por     la     Corte,     a     saber:   

    

1. Sentencia  condenatoria  del  30  de  mayo  de  2012 (Radicado N°  27.339),  dentro del proceso de única instancia que se impulsó en contra de la  excongresista  Sandra Arabella Velásquez Salcedo, por el delito de falsedad    ideológica    en    documento    público.     

    

1. Sentencia      condenatoria     del  18  de  enero  del mismo  año     (Radicado     N°     32.764),  en  el  proceso de única instancia  que    se    ventiló  contra  los       excongresistas  Luis  Alberto Gil Castillo y Alfonso  Riaño   Castillo,  por  la    conducta   punible   de    concierto    para    delinquir  agravado.     

Por auto del 7 de mayo de 2013, si bien la  Sala   aclaró  que  su  jurisprudencia  no  es  objeto  de prueba,      dado      que,     es     de     público  conocimiento y acceso, determinó  que   nada   obstaba   para   que   los   referidos  proveídos    se   entendieran   incorporados   al  trámite.   

En     la     misma    oportunidad,  ordenó correr traslado a  los  intervinientes  para alegar, atribución que fue  ejercida  por  el  delegado  de  Procuraduría  y el  defensor, en estos términos:   

Ministerio Público:  

Tras  advertir  que  en  esta  acción  de  revisión  es aplicable favorablemente la causal 7° del artículo 192 de la Ley  906  de  2004,  repasar los hechos y el decurso procesal, y resumir la demanda y  lo  actuado  ante  la  Corte,  el  Procurador Segundo Delegado para la Casación  Penal  parte  por  verificar  que,  en  efecto, esta  Corporación   ha  cambiado  su  criterio  jurídico  respecto  de  la  aplicabilidad del artículo 14 de la Ley 890 de 2004,   relativo   al   incremento   punitivo   para   los  aforados enjuiciados  en  procesos impulsados  bajo los lineamientos de la Ley  600 de 2000.   

Es así como cita los proveídos de la Sala  que   aluden  al  particular,  para  seguidamente  coadyuvar  la  petición  del  accionante,  en  el  sentido  de que se declare fundada la causal propuesta y se  redosifique   la   pena,  excluyendo  el  aumento  contemplado  en  la  referida  disposición.   

En sustento de su postura, el representante  del  Ministerio  Público  enuncia  los  requisitos  que  deben  cumplirse  para  declarar  la  prosperidad  de la causal invocada, indicando que se satisfacen en  este evento.   

Por  ello,  toma  el  fallo accionado para  repasar  detalladamente  la  tasación  punitiva  elaborada  en  cada una de las  sanciones  principales, con el propósito de sostener  que              eliminándose  el  incremento  de  la  Ley 890 de  2004,  las  mismas tendrían que fijarse a partir del tipo básico del artículo  404  del  Código Penal, que para el caso de la pena de prisión oscila entre 72  y  120  meses,  en lugar de los topes de 96 y 180 meses tenidos en cuenta en la sentencia.   

Ahora,  como  quiera  que sobre el mínimo  punitivo   se  hizo  un  incremento  de  4  meses,  quedando  así  la  sanción  restrictiva  de  la  libertad  en  100  meses,  la  Corte, utilizando los mismos  argumentos  que  sustentaron  la  delimitación  punitiva,  debe  ahora hacer un  incremento  del 4%, lo que finalmente arrojaría unas penalidades principales de  “6,24   años”   de  prisión,  multa  por  el  equivalente  a 65 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  de 62 meses y 4 días.   

Pide,  por  consiguiente,  que  se declare  fundada  la causal impetrada, dejando sin valor la sentencia impugnada, para que  se  profiera  fallo  sustituto  en  el  que   se  reduzca  la  pena  impuesta  al  condenado  HÉCTOR         JOSÉ  OSPINA AVILÉS por el ilícito de  concusión.   

Defensa:  

Luego de enunciar una serie de garantías y  principios,   de  los  cuales  destaca  los  de  igualdad  y  favorabilidad,  la  representante     del    sentenciado    transcribe  –sin  citar la fuente-  varios  apartados  de  las  providencias  de la Corte en las cuales se  determinó  la  no aplicación del  incremento  punitivo  del  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004,   en   los   procesos  de  única instancia adelantados contra  los  aforados,   de  conformidad  con  el Código de Procedimiento Penal de 2000.   

Con base en ello, pide que se respeten los  principios  rectores  de  la  legislación  penal colombiana, en especial los ya  mencionados,  para  que de  esta  manera  se estudie y  modifique  la  sentencia  de  la  Sala,  redosificando  la  pena  impuesta  a su  defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

La  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  es  competente  para  resolver  la  presente  acción  de  revisión,    como    quiera   que   se  promueve  en   contra   de   sentencia   de   única   instancia  dictada  por  la  propia  Corporación.   

Así  lo  consagra  el  numeral  2°  del  artículo  75  de la Ley 600 de 2000, el cual señala  que      le      compete      conocer:   

“De  la  acción  de revisión cuando la  sentencia,  la  preclusión de la investigación o la cesación de procedimiento  ejecutoriadas  hayan  sido  proferidas  en  única  o segunda instancia por esta  corporación  o por los tribunales superiores de distrito o por los fiscales que  actúan ante ellos”.   

En  tal  medida,  se  tiene  que  en  esta  oportunidad  la  acción  se  dirige  en  contra  del  fallo de única instancia  dictado  por  la  Corte el 16 de diciembre de 2011, dentro del proceso impulsado  bajo  los  lineamientos  del Código de Procedimiento Penal de 2000 (Radicado  N°  27.703), en contra del  exrepresentante  a  la Cámara HÉCTOR JOSÉ OSPINA AVILÉS, quien fue condenado  como    autor    penalmente    responsable    del    delito    de   concusión.   

2.    La    causal    de    revisión  invocada.   

Como  acertadamente  lo  señaló  el  delegado  del  Ministerio  Público,  aunque el  presente  asunto  fue  tramitado  conforme a la Ley 600 de 2000, la causal  de  revisión procedente, originada en el cambio favorable  de  jurisprudencia, es la prevista en el numeral 7° del artículo 192 de la Ley  906 de 2004.   

Ello  porque  si  bien  el numeral 6° del  artículo  220  de  la  primera  normatividad  citada  establece  como motivo de  revisión  “Cuando  mediante pronunciamiento   judicial,  la Corte haya cambio favorablemente el criterio jurídico que sirvió  para  sustentar la sentencia condenatoria”, lo cual  se  circunscribía  a aspectos atinentes exclusivamente a la responsabilidad, el  precepto  vigente  para  la sistemática  penal  acusatoria  es  mucho  más  amplio y descriptivo, habida  cuenta  que  menciona que esa variación de la postura jurídica de la Corte con  la   cual  fundamentó  la  decisión  de  condena,  puede  ser  “tanto    respecto    de    la    responsabilidad    como   de   la  punibilidad”.   

Como  en  este  caso  el  invocado cambio  jurisprudencial  tiene  que  ver  con  la  aplicación  del  incremento punitivo  consagrado  por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, no cabe duda que se trata  de  un  tema  inherente  a  la punibilidad que, por consiguiente, se aviene a la  causal propuesta.   

Es por esa razón que la Sala, al momento  del  estudio  formal  de la demanda, aplicó la norma  del  Estatuto  Procedimental  Penal de 2004, por ser  sin  duda más favorable  a   la   reguladora   del   asunto   en  el  de  2000.   

Ahora     bien,     sobre    esta    causal,    la   Corte  ha      reiterado     pacíficamente1:   

“De  otra parte esta Corte ha señalado  los  elementos  demostrativos  necesarios para estructurar la causal referida en  el  numeral  6  del  artículo  citado (artículo 192-7, Ley 906/04). Indicó la  Corporación que,   

“Para  la  estructuración de la causal  invocada  corresponde  al demandante indicar los fundamentos sobre los cuales se  sustenta  la  sentencia  considerada injusta, acreditar el pronunciamiento de la  Sala  Penal en el cual se estudia el aspecto que constituye el soporte del fallo  condenatorio  y  demostrar  que  hubo  un  cambio favorable con incidencia en la  providencia   cuya   rescisión   se   reclama”2.   

De lo anterior se extrae que la demanda de  revisión  sustentada  en la causal 6° de la Ley 600 (numeral 7° Ley 906) debe  cumplir  como  mínimo  los  siguientes  requisitos:  que  se  dirija contra una  sentencia  ejecutoriada  cuya  condena  se  haya  fundamentado  en  un  criterio  jurisprudencial  específico  de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal;  que  el referente jurisprudencial de la Sala Penal se cambie mediante un  fallo  proferido con posterioridad a la providencia que se revisa; que a través  de  un  análisis  comparativo  se  pueda demostrar que fundamentado en el nuevo  razonamiento  jurídico  el proveído atacado habría sido más beneficioso para  el demandante.   

Para  mayor claridad dentro del caso bajo  examen  es  necesario  precisar  que  el  pronunciamiento  judicial  al que hace  referencia  la  causal  6°  de revisión debe ser de aquellos proferidos por la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia por ser el órgano de  cierre  de  la  jurisdicción ordinaria penal encargada de la unificación de la  jurisprudencia en las materias de su competencia”.   

Acorde  con  lo  anterior, en  casos  como  éstos lo pertinente es  llevar   a  cabo  una  labor  de  constatación  mediante  la  cual  se  muestre  objetivamente  que la decisión que contiene el cambio jurisprudencial favorable  y  la  que se considera injusta se fundamentan en presupuestos similares, con lo  cual la incidencia de la primera en la segunda resulta inevitable.   

Ello, porque dentro de la teleología de la  acción,  el  principio básico de cosa juzgada sólo es factible de derrumbar a  partir  de  la demostración de que por este tipo de circunstancias se pasan por  alto  los  imperativos  de  verdad  y justicia, consustanciales a la tarea de la  judicatura.   

Y, en el caso de la causal examinada, si se  entiende  que  por virtud de una decisión posterior del órgano de cierre de la  jurisdicción  penal  ordinaria, se cambió favorablemente el criterio jurídico  atinente  al  tópico  de  la  punibilidad,  mal  puede seguir estimándose como  legítima la decisión condenatoria anterior.   

Hechas   las   anteriores   precisiones,  procederá  la Corte a resolver el asunto puesto a su consideración, anunciando  desde ya que atenderá los requerimientos del demandante.   

3. El caso concreto.  

Teniendo  en  cuenta  los  planteamientos  generales  consignados  en precedencia, la Sala estima que le asiste la razón a  los  representantes  de  la defensa y el Ministerio Público, pues, advierte que  en  efecto  el  fenómeno  de  cambio  jurisprudencial  favorable  se  encuentra  materializado en este asunto.   

Así  las cosas, acorde con las directrices  jurisprudenciales  plasmadas,  debe  partir  por  verificarse  que la acción de  revisión  se  dirige  en contra de una sentencia ejecutoriada, cuya condena, en  lo   que   concierne   al  aspecto  punitivo,  se  fundamentó  en  un  criterio  jurisprudencial  específico  de  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de Justicia.   

Ese  criterio  no  es  otro  que  el  de la  aplicación  del  incremento  punitivo previsto en el artículo 14 de la Ley 890  de  2004,  en  los  procesos adelantados contra sindicados aforados, calidad que  ostentaba  el  ex representante a la Cámara HÉCTOR JOSÉ OSPINA AVILÉS, quien  fue  hallado  penalmente  responsable  de  la  conducta  punible de concusión,  mediante  sentencia  de  la  Corte, ya ejecutoriada, dictada el 16 de diciembre de 2011.   

Se  tiene  que  desde  el momento en que al  referido  procesado  se  le  resolvió  la  situación  jurídica,  luego  en la  calificación  del  mérito sumarial con resolución de acusación y por último  en  el  fallo de única instancia, se determinó que debía responder por aquél  delito  atentatorio  de  la administración pública, tipificado y sancionado en  el  artículo  404 del Código Penal, con las penas principales de prisión de 6  a  10  años,  multa de 50 a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes, e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de 5 a 8  años.   

En  cada uno de esos estadios procesales, a  la  imputación  jurídica  se  agregó  el citado artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  que consagra un aumento de pena de la tercera parte al mínimo y la mitad  al  máximo,  pues,  tal era el criterio imperante de la Sala para ese entonces,  explicado reiteradamente de esta manera:   

“No  cabe, por tanto, considerar la pena  como  elemento diferenciador de uno y otro caso, pues ambos están reglamentados  por  idéntica  preceptiva, el Código Penal, con la modificación introducida a  través  del  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004,  centrada  en  aspectos  sustanciales, no procesales.   

De  aceptarse  una  tesis  distinta,  se  estaría  prohijando que, acudiendo a interpretaciones normativas se establezcan  diferencias  no  señaladas  por el legislador, quien no las hizo respecto a las  personas  cuando  expidió  la Ley 890 de 2004. Y se llegaría, por esta vía, a  concluir  que  en  nuestro país existe un grupo de ciudadanos, los miembros del  Congreso  de  la  República,  respecto  de  quienes  resultan  inaplicables las  disposiciones  del  Código  Penal  vigente para cuando acaecieron las conductas  que  se  les  imputan,  aserto  inadmisible  en  un  Estado  social  de derecho,  concebido como República unitaria.   

Por  otra parte, si bien la Sala a través  de   su  reiterada  jurisprudencia  ha  señalado  la  existencia  de  estrechos  vínculos  entre  las  Leyes  906  y  890  de 2004, al considerar, revisados sus  antecedentes,  que  ambas  se originan en la necesidad de implementar la reforma  constitucional  introducida  por  el  Acto  Legislativo  03 de 2002, corresponde  precisar    que    tal    postura   no   riñe   con   la   expuesta   en   esta  oportunidad.   

Ello  por  cuanto, atendida la teleología  del  incremento  punitivo  centrada en permitir “…un margen de maniobra a la  Fiscalía”  y  asegurar  “la  imposición  de  sanciones proporcionales a la  naturaleza   de   los   delitos   que  castigan”3,  en  los procesos tramitados  bajo  los  postulados  de  la  Ley 600 de 2000, se ha reconocido, por razones de  favorabilidad,  la  misma  rebaja  de  pena  dispuesta por la Ley 906 de 2004, a  quienes  se  han  acogido a las figuras previstas en aquél ordenamiento para la  terminación  anticipada  del proceso, evitando así, el desequilibrio que puede  sugerir  la  aplicación  del  incremento  punitivo a tales casos”4.   

Con  base  en  éste  antecedente,  que fue  citado  en la sentencia condenatoria proferida contra OSPINA AVILÉS, se aplicó  el  citado incremento punitivo, lo cual se vió reflejado en la dosificación de  cada  una  de  las  tres  sanciones  principales  que  consagra  el  ilícito de  concusión.   

Fue  así  como en lugar de los 72 meses de  prisión,  50  smlmv  de  multa  y  60  meses  de  interdicción, que como penas  mínimas  contempla  el  tipo básico, se partió de 96 meses de prisión, 66.66  smlmv  de multa y 80 meses de inhabilitación, proporciones estas a las que a su  vez  motivadamente  se  les hizo un breve incremento, discrecional y válido, en  razón  de  la gravedad de la conducta, propiciando ello que finalmente quedaran  en   100  meses  de  prisión,  multa  por  el  equivalente  a  69.43  smlmv,  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas de 83 meses  y 10 días.   

Ahora  bien,  poco  después  de emitido el  fallo  en  comento,  la  Corporación  modificó  su  criterio  en  torno  a  la  aplicación  del  aumento  de sanciones implementado por el aludido artículo 14  de  la  Ley  890  de 2004, al considerar que el mismo está ligado al sistema de  justicia  premial  previsto para el sistema acusatorio penal, el cual es ajeno a  los  trámites adelantados contra aforados constitucionales, en los términos de  la Ley 600 de 2000.   

Efectivamente,  en  la  sentencia del 18 de  enero  de  2012  (Radicado No. 32.864), a través de la cual la Corte condenó a  los  ex  congresistas Luis Alberto Gil Castillo y Alfonso Riaño Castillo por la  conducta   punible   de   concierto  para  delinquir  agravado,   repasó   su   anterior   postura   para  seguidamente  anunciar  que  la recogería, atendiendo a su función unificadora  de la jurisprudencia.   

En   tal   forma,   esto   fue   lo   que  consideró:   

“Tales  decisiones  conllevan ni más ni  menos  a  la ruptura de una línea de pensamiento que el máximo organismo de la  jurisdicción  ordinaria,  en su función unificadora de la jurisprudencia se ve  obligada  a  recoger  en esta oportunidad, reafirmando el criterio de que la ley  890  de  2004 tiene una causa común y está ligada en su origen y discurrir con  la  ley  906  de 2004, por manera que el incremento punitivo de su artículo 14,  sólo  se justifica en cuanto se trate de un sistema procesal premial que prevé  instituciones  propias  como  el  principio de oportunidad, negociaciones,   preacuerdos y las reducciones de penas por allanamiento a cargos.   

Desde  esta perspectiva, el incremento del  quantum  punitivo  previsto  en el artículo 14 de la ley 890 de 2004, no aplica  al  trámite  especial  para aforados de la ley 600 de 2000, en cuanto desconoce  el  querer  y  voluntad  del  legislador  en  punto  a  la  distinción  de  dos  procedimientos   que   sólo  son  compatibles  cuando  medie  el  principio  de  favorabilidad,  sin  que  existan  en  esta  oportunidad  motivos poderosos para  variar  la doctrina jurisprudencial reiterada, sobre la imposibilidad de aplicar  el  sistema  general  de  agravación  punitiva  del  citado  precepto,  a casos  rituados  bajo  el imperio de la Ley 600 de 2000, sin importar la condición del  procesado”.   

Esta  posición,  que  hoy se mantiene, fue  ratificada  en  pronunciamientos  posteriores,  entre  los  cuales se destaca la  Sentencia  del  30  de  mayo  de 2012 (Radicado No. 27.339), mediante la cual la  Sala  condenó  a  la ex parlamentaria Sandra Arabella Velásquez Salcedo por el  ilícito   de   falsedad  ideológica  en  documento  público.   

Allí se dijo:  

“3. Sobre el  particular  debe  precisarse  que  en  el auto del 17 de septiembre de 2008, por  cuyo  medio  se  definió  la  situación  jurídica  de  la  doctora VELÁSQUEZ  SALCEDO,  esta  Sala señaló los fundamentos jurídicos y fácticos que hacían  procedente  aplicar  a  la  aforada  los  aumentos  punitivos  previstos  en  el  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004, pese a que la investigación en su contra  se  tramitaba  bajo los parámetros de la Ley 600 de 2000 y no por los previstos  en  el  modelo  de investigación y juzgamiento impuesto por la Ley 906 de 2004,  con la cual se asocia la expedición de aquella normativa.   

El  criterio expresado en esa oportunidad,  no  varió  al  calificar  el  mérito  del  sumario  ni  cuando se profirió la  sentencia  de  condena  a  la  ex  Representante  y fue reiterado en otros casos  sometidos    al    conocimiento    de   la   Sala5.   

Sin  embargo, el 18 de enero de 2012, esta  tesis  cambió  por  las  razones  plasmadas  en  las sentencias emitidas en los  procesos       32764       y        274086,  decisiones donde se sostuvo  la  improcedencia  de  aplicar,  en procesos regidos por la Ley 600 de 2000, los  aumentos  punitivos  establecidos  en  el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004.  Idéntica  postura  se planteó en la sentencia proferida por esta Sala el 23 de  mayo último, en el proceso 30682.   

La  nueva interpretación, conforme dedujo  la  Corte  Constitucional en la sentencia comentada, implica un tratamiento más  favorable  que,  por  las  razones expresadas en ella, debe cobijar a la doctora  VELÁSQUEZ SALCEDO”.   

Basta  la  anterior reseña jurisprudencial  para  verificar  que,  efectivamente,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia varió favorablemente su postura en torno a la aplicación  del  aumento  de  penas  previsto  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, al  decidir  que  el  mismo  no podía tenerse en cuenta en los procesos adelantados  bajo   el   rito   de   la  ley  600  de  2000,  en  tratándose  de  procesados  aforados.   

Hecha  así la constatación respectiva, se  advierte  sin  ninguna  dificultad  que  el nuevo razonamiento jurídico habría  implicado  un  trato punitivo más beneficioso para el demandante, a quien se le  atribuyó el incremento de penas mencionado.   

No   son  necesarias,  entonces,  mayores  lucubraciones  jurídicas o fácticas para concluir que, en efecto, se presentó  un  cambio  favorable  de jurisprudencia en el aspecto de la punibilidad, motivo  por  el  cual  resulta  material  y  formalmente ajustada la causal de revisión  contemplada  en  el  numeral  7° del artículo 192 del Código de Procedimiento  Penal de 2004, invocada por el apoderado del condenado.   

En consecuencia, la Sala declarará fundada  la  acción  de  revisión  objeto  de estudio, por lo que dejará sin efecto la  dosificación  punitiva  contenida  en  la sentencia condenatoria dictada contra  HÉCTOR   JOSÉ  OSPINA  AVILÉS  y,  en  su  lugar,  procederá a emitir la providencia respectiva.   

Así  lo  dispone  el  numeral  1°  del  artículo 196 de la Ley 906 de 2004, del siguiente tenor:   

“Revisión de  la  sentencia. Si la Sala encuentra fundada la causal  invocada, procederá de la siguiente forma:   

1.  Declarará  sin  valor  la  sentencia  motivo  de  la  acción y dictará la providencia que  corresponda  cuando  se  trate de prescripción de la  acción  penal,  ilegitimidad  del  querellante,  caducidad  de  la  querella, o  cualquier   otro   evento  generador  de  extinción  de  la  acción  penal,  y  la  causal  aludida  sea  el  cambio  favorable  del  criterio    jurídico    de    sentencia   emanada   de   la   Corte” (se subraya).   

4. Fallo sustitutivo.  

Acorde con lo anotado, debe la Corte dictar  la  providencia  sustitutiva  en la cual se redosifiquen las sanciones impuestas  al  sindicado  HÉCTOR  JOSÉ  OSPINA  AVILÉS,  dejando  de  lado el incremento  punitivo consagrado en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

Al efecto, recuérdese que el artículo 404  de   la   Ley   599   de   2004,  que  contempla  el  ilícito  de  concusión, establece unas penas mínimas  de   72   meses   de   prisión,   50   smlmv   de   multa   y   60   meses   de  interdicción.   

En  el  fallo  impugnado,  la Sala decidió  ubicarse  en  los  cuartos mínimos de movilidad punitiva, motivo por el cual el  incremento   de   la  ley  citada  apenas  se  vió  reflejado  en  las  menores  penalidades,   de   las   cuales   se   partió   para   luego  hacer  un  breve  incremento.   

Así,  sobre  los  mínimos  anteriormente  mencionados,  se  hizo  el  aumento de la tercera parte, lo cual implicó que en  últimas  se  partiera  de 96 meses de prisión, 66.66 smlmv de multa y 80 meses  de inhabilitación.   

Topes   que,   como   se  dijo,  válida,  discrecionalmente  y motivadamente se incrementaron de manera breve, para quedar  en  definitiva en 100 meses de prisión, multa por el equivalente a 69.43 smlmv,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de 83  meses y 10 días.   

Tiénese, entonces, que suprimido el aumento  de  la  tercera  parte  a  las  penas  mínimas,  su tasación procede sobre las  sanciones  básicas  de  72  meses  de prisión, 50 smlmv de multa y 60 meses de  interdicción,  sobre  las  cuales, respetando la argumentación plasmada por la  Corte   en   su   oportunidad,  se  hará  un  breve  aumento  que  equivale  al  4%.   

En  este  orden  de  ideas,  el  incremento  respectivo  arroja  las  siguientes  penas principales: 72 meses de prisión, el  equivalente  a  52  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa, y 62  meses  y  4  días  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

Por lo tanto, en las señaladas proporciones  quedan,  en  últimas,  las  sanciones  principales que debe purgar el condenado  HÉCTOR  JOSÉ  OSPINA  AVILÉS, por haber sido declarado penalmente responsable  del      delito      de     concusión.   

Resta  decir,  que  en  firme  la  presente  decisión,  se  devolverá  el  expediente al despacho encargado de velar por la  ejecución de las penas.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

1. DECLARAR fundada  la  causal  de  revisión  invocada por el apoderado del condenado HÉCTOR JOSÉ  OSPINA AVILÉS.   

2.   DEJAR   SIN   EFECTO  la             dosificación   punitiva  contenida  en  la  sentencia  de  única  instancia     dictada     por     esta  Corte  en  contra  de  OSPINA        AVILÉS,    el    16    de   diciembre   de  2011,    por    el    delito    de    concusión.   

3.  SUSTITUIR  las  penas  principales  señaladas en el mencionado fallo, para fijarlas en 72 meses  de  prisión,  el  equivalente a 52 salarios mínimos legales mensuales vigentes  de  multa, y 62 meses y 4 días de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y funciones públicas.   

4.  ORDENAR  la  remisión  del  expediente  al  Juzgado  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de  Seguridad competente, una vez quede en firme esta decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

LUIS  BERNARDO  ALZATE GÓMEZ                                        ALFONSO DAZA GONZÁLEZ   

                 Conjuez                                                                                                         Conjuez   

RICARDO    POSADA    MAYA                                                                  YESID  REYES ALVARADO   

      Conjuez                                                                                                     Conjuez   

JULIO ANDRÉS SAMPEDRO ARRUBLA                                                                                  YEZID      VIVEROS  CASTELLANOS   

                       Conjuez                                                                                          Conjuez   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Entre  otros, autos del 16 de agosto de 2011 y 2 de mayo de 2012, Radicados Nos.  36.428 y 38.829, respectivamente.   

2  Providencia del 25 de septiembre de 2006, Radicado No. 23.795.   

3   Ponencia para primer debate en  el  Senado  al Proyecto de Ley 01 de 2003, por el cual se modifica la Ley 599 de  2000.   

4  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, Auto del 17 de septiembre  de 2008, Radicado N° 27.339, entre otros.   

5  Procesos  26.708  contra  Rubén  Darío  Salazar  Orozco; Proceso 29.267 contra  Rubén  Darío  Salazar  Orozco;  Proceso  29.389  contra  Fabio  Arango Torres;  Proceso 27.703 contra Héctor José Ospina Avilés.   

6  Procesos   contra   Luis   Alberto   Gil   Castillo   y   Oscar   Josué   Reyes  Cárdenas.     

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