39741(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº382  

Bogotá  D.  C.,  diecisiete  (17)   de  octubre de dos mil doce (2012).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  Ana Dolores Quintero Montejo,  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Cúcuta, el 21 de junio  de  2012, mediante la cual confirmó la proferida por el Juzgado Sexto Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento de la misma ciudad, el 20 de marzo de  ese  año,  que  la  condenó  por  el delito de omisión del agente retenedor o  recaudador.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                  

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  así  por  el juzgador de segunda  instancia:   

“Conforme a la denuncia presentada por la  funcionaria   de   la   D.I.A.N.   de   la   División  Jurídica Tributaria, la señora Ana Dolores Quintero  Montejo  no  consignó  dentro  del  término  legal  fijado por el gobierno los  valores  correspondientes a la declaración del impuesto sobre las ventas de los  periodos  4  y  6  de  2008 y 1 y 2 de 2009, por un valor de $8.918.000 más los  intereses moratorios”.   

2.   Por  los  anteriores   hechos,   la  Fiscalía  General  de  la  Nación,    el   17   de  julio  de  2010, presentó  escrito   de   acusación  contra  Ana  Dolores  Quintero  Montejo por el delito  de     omisión     de     agente     retenedor     o     recaudador.   

3.  Tramitado  el  juicio  oral,  público  y  concentrado,  el Juzgado  Sexto Penal del Circuito de  Cúcuta,  el  20         de        marzo       de      2012,  condenó a  Ana  Dolores  Quintero  Montejo  a  la  pena principal de 50 meses de prisión y  multa            de            $17.836.000,   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  periodo  de  la  restrictiva  de  la  libertad,  como  autora  del delito  atribuido     en     la     acusación.   

Así  mismo,  concedió a la sentenciada la  prisión domiciliaria como sustitutiva de la carcelaria.   

4.   Apelado  el     fallo    por   el   defensor,  el  Tribunal  Superior de Cúcuta,  el  21  de  junio  de  2011,  lo   confirmó   en   su  integridad.   

Contra   la   anterior   decisión,   la  defensa   interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     

Argumenta  que  el sentenciador incurrió en  algunos  errores   de  juicio  al  interpretar  y  aplicar  equivocadamente  disposiciones  de  carácter  administrativo.  Además, complementa, cometió un  yerro   in  procedendo  que  transgredió,  tanto  el  debido  proceso  como  el  “sagrado   derecho   a   la   justicia”,  por  no  “haberse  realizado  una  valoración  adecuada  de  los  elementos  probatorios  introducidos al debate y  haberse  inobservado  reglas  lógicas  del  sentido  común  y  de  experiencia  común”.   

Sin  señalar  causal de casación, acusa al  fallo   por   contener   errores  in  iudicando  por  inobservancia  o  errónea  aplicación  de  un  precepto legal, y por “falta de  fundamentación  intelectiva  referidas  a las deducciones del juzgador a partir  de la valoración de las pruebas”.   

A continuación pasa a recordar el delito por  el  cual  fue  condenada  la  acusada,  que las partes realizaron estipulaciones  probatorias,  los  medios  de  conocimiento  allegados  al  debate  oral  y  las  audiencias cumplidas en el proceso.   

Comenta  que  la  funcionaria  judicial  que  denunció  no  tuvo en cuenta la petición elevada por la procesada, consistente  en  la  solicitud  de  suspensión de la audiencia fijada para el 20 de marzo de  2012,  “en razón a la facilidad de pago que la DIAN  había   convenido   con   mi   defendida”,  según  Resolución N° 808-12 de 15 de abril de 2011.   

Reconoce  que  la conducta punible atribuida  “está       plenamente      demostrada      y  tipificada”,   y  que  los  sentenciadores  no  tuvieron  en  cuenta  la  citada  resolución,  máxime  cuando  ella pidió una  refinanciación,   que   se   encontraba   en   la   Dirección   de   Impuestos  Nacionales.   

De  otro  lado,  asegura  que los juzgadores  tampoco  tuvieron  en  cuenta  la  situación  económica de la señora Quintero  Montejo,   puesto   que  fue  abandonada  por  su  cónyuge,  dejándole  deudas  superiores  a  los  $400.000.000,  entre  ellas,  la  de los impuestos. Además,  igualmente  responde  económicamente por su padre y por sus 5 hijos menores, al  punto    que    se    hallaba   trabajando   en   calidad   de   “asalariada”,  en  orden  a  superar  la  difícil situación económica.   

Manifiesta que no comparte el monto impuesto  como  pena  de  multa, en la medida en que la acusada no está en condiciones de  sufragarla.   

Así mismo, asevera que no son atendibles los  argumentos  de los sentenciadores para no cesar procedimiento a favor de señora  Quintero  Montejo,  toda  vez  que  la  facilidad de pago está contenida en una  resolución.   

Afirma  que  de  acuerdo  con  la situación  económica  de  la procesada, el artículo 39 del Código Penal establece varias  posibilidades  para  el  pago de la multa, según la situación económica de la  persona.   

Considera  que  se afectó el debido proceso  por  cuanto  el  señor  juez notificaba vía telefónica a su defendida minutos  antes   de  una  diligencia,  lo  que  derivó  que  ella  nunca  las  recibiera  personalmente,  supliéndose  de esta forma lo estipulado en la norma penal para  ese efecto.   

Por  lo  expuesto,  pide a la Corte casar la  sentencia  impugnada y consecuentemente, “…proceda  de conformidad con la ley…”.   

Vale  destacar  que  el actor con la demanda  anexó plurales pruebas de carácter documental.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

          Previo  a examinar el único cargo presentado por el casacionista en  contra  de  la sentencia objeto de censura, la Corte1  debe  reiterar  cómo  con el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la naturaleza de la  casación  en  cuanto  medio  de control constitucional y legal habilitado ya de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas por  los   Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes, en seguimiento de lo consagrado en el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-590  de  2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales  se  convierte  en  la  razón  de  ser  del juicio de  constitucionalidad  y  legalidad  que, a la manera de recurso extraordinario, se  formula  contra  la  sentencia.  O  lo  que  es  lo  mismo,  lo  que legitima la  interposición  de  una  demanda  de  casación  es la emisión de una sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o garantías  fundamentales.   Precisamente   por   ello   se   ha   presentado  también  una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías o derechos…”.   

La  Ley  906  de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo  no solo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado   “bloque  de  constitucionalidad”.   En   este   punto,  como  lo  advirtió  la  Corte Constitucional en el citado fallo C-590 de 2005, si bien no  puede  afirmarse que ese parámetro de control no se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto  de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

Y  es  evidente  que para el cumplimiento de  esos  fines  constitucionales,  el llamado sistema acusatorio oral de la Ley 906  de  2004,  dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de  una  serie  de  facultades  realmente  especiales,  como  lo  hizo  con  aquella  consagrada  en  el  artículo  184,  a  saber,  la  potestad  de “superar    los   defectos   de   la   demanda   para   decidir   de  fondo” en las condiciones indicadas en él, esto es,  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  demandante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada;  y la referida en  el   artículo   191,   para   emitir   un   “fallo  anticipado”  en  aquellos  eventos en que la Sala mayoritaria lo estime necesario  por  razones  de  interés  general,  anticipando  los turnos para convocar a la  audiencia de sustentación y decisión.   

Dentro de ese nuevo contexto normativo, ha de  aceptarse  que  la  inadmisión de una demanda de casación por parte de la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  debe basarse en tres  aspectos  esenciales:  en  principio,  cuando  el  actor  no tenga interés para  acceder   al  recurso;  en  segundo  lugar,  cuando  se  trate  de  una  demanda  infundada,  es decir que su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En efecto, el artículo 184 inciso 2º, de la  Ley  906  de  2004, autoriza a la Corte para no seleccionar, en auto debidamente  motivado,  aquellas  demandas  que se encuentren en cualquiera de los siguientes  supuestos:   

“… si el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que  bajo la óptica del sistema  acusatorio  penal,  el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el recurrente concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corporación  para  prescindir  de los defectos formales de un  libelo  cuando  advierta  la  posible  violación  de  garantías de los sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  la  Sala  para  alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales   de   casación   señaladas  en  el  artículo  181  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, se tiene dicho:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de   nulidad  por  errores  in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas2.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia3.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción4.   

En torno al desconocimiento de las reglas de  apreciación,  este  vicio  hace  referencia a los errores de hecho que surgen a  través  del falso juicio de identidad –distorsión  o  alteración  de  la expresión fáctica del elemento  probatorio-,     del     falso     juicio     de     existencia     –declarar  un hecho probado con base en  una  prueba  inexistente  u  omitir  la  apreciación  de una allegada de manera  válida     al     proceso-     y     del    falso    raciocinio    –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La invocación de cualquiera de estos yerros  exige  que  el  cargo se desarrolle conforme a las directrices que de antaño ha  desarrollado   la   Sala,  en  especial,  aquella  que  hace  relación  con  la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación    de    las    causal    primera,    segunda   y   tercera   de  casación   

         Cuando  la  censura se postula por la vía de la infracción directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando que los hechos declarados  como  probados  en  la  sentencia fueron correctamente apreciados, razón por la  cual  el  debate  se  circunscribe  a la aplicación del derecho, sin que tengan  cabida  aspectos  relacionados  con la credibilidad de los elementos de juicio y  del acontecer fáctico.   

         En  esa  medida,  la  labor de demostración de la trascendencia del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o, habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

Respecto de la acreditación de la causal de  nulidad,  si bien la Sala ha dicho que es menos exigente que la demostración de  las  otras,  lo  cierto  es  que  impone  al demandante proceder con precisión,  claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de irregularidad sustancial que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos fácticos, indicar los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón de su quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a  partir de la cual se produjo el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,   

Así    mismo,     demostrar   que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,   comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Y  finalmente,  en relación la infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial, motivo de la causal tercera de casación, se  acepta  que el error del  juzgador ocurrió de manera mediata, es decir, en  la  elaboración  del  juicio de hecho derivado de errores en la apreciación de  la  prueba,  falencia  que  se ve reflejada en la aplicación del derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  valoración  de  los  medios  de  convicción,  es  decir,  si fue de hecho o de  derecho  y  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Y   por   último,  evidenciar  cómo  el  mencionado  vicio incidió en la aplicación del derecho, en la medida en que se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó  otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal.   

Calificación de la demanda  

En  el  evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que  el  censor incumplió los anteriores presupuestos al  elaborar  el único reproche propuesto contra la sentencia de segunda instancia,  en  tanto  no  demostró  la  existencia  del yerro y menos, lo conectó con los  fines  que informan la casación, de acuerdo con el sistema consagrado en la Ley  906 de 2004.   

Los  citados  desatinos  que  imponen  la  inadmisión de la demanda son los siguientes:   

     

a. El  actor vulnera el principio de  autonomía  que  rige  las causales de casación, según el cual, al interior de  un  mismo  cargo  no  se  pueden  mezclar  ataques  correspondientes  a  motivos  distintos,  pues  cada  uno  tiene características y reglas de lógica y debida  demostración      diferentes      y     producen     diversas     consecuencias  jurídicas.     

En  tales  condiciones,  si  el  libelista  consideraba  que  el  juzgador  incurrió, tanto en errores in iudicando como in  procedendo  al  elaborar  el  fallo recurrido, entonces, competía construir los  ataques de manera separada y respetando el postulado de prioridad.   

Es  un  contrasentido  que  el casacionista  enuncie   de   manera   informal   la   transgresión  directa  de  la  ley  por  interpretación   errónea   y   exclusión  evidente  de  normas  de  carácter  administrativo,  para  que  seguidamente  advierta  la  transgresión del debido  proceso  y  “el  sagrado  derecho a la justicia”,  y   finalmente   acuse   una   indebida  apreciación  probatoria.   

Es   decir,   los  anteriores  enunciados  constituyen  motivos  de  casación  individuales,  los cuales han debido de ser  postulados    autónomamente,   conforme   a   las   correspondientes   causales  contempladas en la ley para ese efecto.   

     

a. De  otro  lado,  ninguno  de  los  anteriores  enunciados encuentran el respectivo respaldo argumentativo, toda vez  que  el  discurso  del  actor,  además  de  ser  deshilvanado,  no evidencia la  existencia de los anunciados vicios que le atribuye al juzgador.     

En  efecto,  en  relación  con  la  citada  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el demandante únicamente atina a  sostener   que   el   fallo  no  se   encuentra  debidamente  fundamentado,  apreciación  particular  que evidencia un personal desacuerdo con la forma como  el  fallador  estimó  los  plurales  elementos  de  convicción incorporados al  juicio oral, público y concentrado.   

Es  más,  en  esa  tónica advierte que al  diligenciamiento  se  allegó  una  resolución emanada por  la DIAN, en la  que  presuntamente  a  la  acusada  se  le dio una facilidad para el pago de los  impuestos  adeudados  al  Estado,  derivada  de  una  petición  que  elevó  al  respecto.   

Es   decir,   sin   guardar   coherencia  argumentativa,  a  continuación  reconoce  que efectivamente la sentenciada sí  incurrió  en la conducta punible de omisión del agente retenedor o recaudador,  pero  dada  la  situación económica fundada en el abandono de su cónyuge, fue  lo  que  le impidió cumplir con la obligación tributaria, siendo esa la razón  por  la  cual  no  comparte  la  pena  de  multa  impuesta a la señora Quintero  Montejo.   

Así mismo, se duele que el sentenciador no  haya   cesado   todo   procedimiento   a   favor  de  la  sentenciada,  pues  la  refinanciación  de  la  deuda  en  su  sentir,  se  erigía  en  un motivo para  extinguir  la  acción  penal  por  pago,  pero no demuestra lo procedente de su  afirmación.   

Por  último,  critica  la  forma  como  su  defendida  fue  citada  a  las  distintas  audiencias,  puesto  que se hizo vía  telefónica,  sin  presentar argumento, en orden a evidenciar la veracidad de su  supuesto,  y  cómo  el  mismo trajo un personal perjuicio, en relación con las  garantías judiciales de la sindicada.   

Todas  las anteriores afirmaciones, como se  advirtió,  carecen  del respectivo respaldo, en orden a demostrar la existencia  de los aludidos errores de derecho y de hecho.   

     

a. Olvida  el  libelista  que  la  casación  no  cuenta  con periodo probatorio, puesto que la misma fue concebida  para  realizar  un  examen constitucional  y legal de la actuación surtida  en  la  instancia,  a  partir  de  lo  cual  únicamente  se  aprecia lo que fue  recaudado  en  el juicio oral, en orden a establecer su estricta consonancia con  el  ordenamiento jurídico. De ahí que constituya otro desatino anexar pruebas,  a fin de acreditar las tesis expuestas en la demanda.     

En tales condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos5:   

(ii)   La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

(vi) El auto a través del cual no se admite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso, con la consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a través de la cual no se admitió la demanda está contenida en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,   esto   es   “mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de Ana Dolores Quintero  Montejo.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                        LUIS GUILLERMO  SALAZAR OTERO           

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Autos  del  13  de  junio  y  25  de  julio  de  2007, Radicados 27.537 y 27.810, entre  otros.   

2 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323.   

3 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.530.   

4 Ib.  Rad. 24.530.   

5 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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