39302(12-09-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado    Acta  No.   343   

Bogotá   D.C.,   doce  (12)   de  septiembre de dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada  por  el defensor de BONANGEL MADEL NÚÑEZ GUTIÉRREZ, en  contra  de  la  sentencia  de  30  de marzo de 2012 mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Barranquilla  confirmó  la  emitida por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Soledad-Atlántico,  por  cuyo  medio lo condenó como autor de un  doble  delito  de  homicidio  simple  en  concurso  con homicidio en el grado de  tentativa y fabricación, tráfico o porte de arma de fuego.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“…aproximadamente a las 20:30 horas del  26  de agosto de 2010, estando los señores Juan Claro Navarro, Francisco Javier  Claro  Navarro y Farid José Granado Conde, conversando en la terraza de la casa  situada  en  la  Carrera 4ta N° 70-11 donde funcionaba una tienda denominada La  Rosa  de  Saron,  fueron  atacados  por  tres  (3)  individuos, dos (2) de ellos  identificados  como  Breiner  Valencia  Salas,  apodado  El Pingüino y Bonangel  Madel  Núñez  Gutiérrez,  apodado  el  Mello,  y el tercero reconocido con el  alias  Canchila,  quienes  portando arma de fuego dispararon en varias ocasiones  contra  los  mencionados.  Ante  tal  agresión Farid José Granado Conde salió  corriendo  para su residencia situada a media cuadra del lugar donde ocurrió el  hecho  y  una  vez  en  ella  se  da cuenta que estaba herido en el pecho siendo  conducido por familiares hasta la Clínica de la Policía”.   

En  audiencia  preliminar  cumplida el 10 de  mayo  de  2011  ante  el  Juez  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Control de  Garantías  Ambulante,  se  cumplió la audiencia preliminar de legalización de  captura   de  NÚÑEZ  GUTIÉRREZ,  al  tiempo  que  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  la  posible  comisión de los ilícitos de homicidio agravado,  homicidio  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa  y porte ilegal de arma de  fuego,  solicitando  que fuera afectado con medida de aseguramiento privativa de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario, petición que le fue aceptada. El  imputado no aceptó los cargos.   

Presentado escrito  de  acusación  el  9  de  junio  de 2011,  se  cumplió  en  el Juzgado Penal del Circuito con Funciones de  Conocimiento  de  Soledad la  correspondiente audiencia de formulación,  y  surtidas  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, se anunció sentido de fallo de  carácter   condenatorio  como  autor  de los delitos  objeto   de   acusación,   pero   sin  circunstancia  de  agravación  predicada  para  los  ilícitos  contra  el bien jurídico de la  vida  por  cuanto  la Fiscalía no acreditó el estado  de indefensión de las víctimas.   

Consecuentemente, a través de  sentencia de 1° de febrero  de         2012         fue        condenado  BONANGEL  MADEL  NÚÑEZ  GUTIÉRREZ  a  las  penas de  trescientos  setenta  y seis (376) meses de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso   de   veinte  (20)  años,  y  la  prohibición  del  porte  y    tenencia   de   arma   “por   el  mismo tiempo de        la        condena”.   

En   virtud  del  recurso  de  apelación  interpuesto   por   el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal       Superior      de      Barranquilla  a  través de sentencia de  30   de   marzo     de     2012    confirmó    la   decisión,  razón  por  la cual aquél insiste a través de la impugnación  extraordinaria   allegando   la  respectiva  demanda  de  casación,   de   cuya  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

DEMANDA  

Pregona    la   violación   directa     de     la     ley     sustancial    “por falta de   

análisis  de  las pruebas testimoniales de  los   testigos   de   descargos”   —sic—;  Antonia Padilla González y Jhon Jairo  Noriega,  propietarios  de una peluquería, lugar distante del de los sucesos en  el cual se encontraba su defendido.   

Se  cuestiona que si no eran creíbles tales  dichos,  por  qué  la  Fiscalía  no  los impugnó o se compulsaron copias para  investigarlos por el delito de falso testimonio.   

Para  el  libelista,  no  se  demostró  la  conducta   punible,   lo   que   afecta   el  debido  proceso  “y  por  ende  lo  establecido en el artículo 181 del Código de  Procedimiento   Penal,   numerales   2   y   3”  por  el      desconocimiento   tanto   de  la  estructura  procesal  y  garantías  fundamentales,  como  de las reglas de producción y apreciación de  las  pruebas,  pues  el  Tribunal  no  consideró los testimonios de la defensa,  “sino  que  se  limitó a no darles credibilidad en  una forma simple”.   

En  consecuencia,  al  estimar  que  no  fue  desvirtuada  la  presunción  de  inocencia y que aflora la duda razonable al no  estar  demostrada  la  materialidad  de  la conducta punible, solicita a la Sala  casar la sentencia para en su lugar absolver al enjuiciado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El   carácter    teleológico   del  recurso de casación de propender por   

la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia, impone al demandante  además  de  presentar  y  desarrollar  los  cargos  de  acuerdo  a las causales  taxativamente   señaladas,   demostrar  la  necesidad  de  fallo  para  que  se  satisfagan alguna de tales finalidades.   

Para  el  fin  anterior,  al tratarse de un  recurso  extraordinario, el  casacionista  debe  observar  reglas  de  coherencia,  precisión    y    claridad   que   conduzcan   al   cabal   entendimiento   del  reparo,  so pena que por su  incumplimiento  el  libelo  no  sea admitido, tal y como lo dispone el artículo  184 de la ley en comento.   

Por   ello,   la  Corte  al  estudiar  la  admisibilidad   de   la  demanda  debe  verificar  la  necesidad        de        su       intervención,  caso  en el cual incluso  se   deberán   superar   las   falencias  técnicas  formales con su consecuente  admisión. Así mismo, aún  en  los eventos en que esté  formalmente  correcta  dentro  de  la  causal  aducida,  tiene  la facultad para  no  admitirla cuando de su  contenido    se    evidencia    que   no   se   precisa   de   fallo.   

Las  anteriores precisiones conceptuales le  permiten  a  la Corporación  advertir  que  la  pretensión  del censor acerca del examen de la legalidad del  fallo  carece  de  las elementales normas de claridad y precisión, al punto que  ni  siquiera  se  puede  calificar el libelo como un simple alegato de instancia  ante  la  incoherencia  que  se advierte la cual impide entender el vicio que se  denuncia, así como la identificación de sus consecuencias.   

A     manera     de     aporía      plantea     tres   causales   de  casación:  una  relacionada  con  la  nulidad  de  la  actuación  por la afectación del debido  proceso  y  de las garantías fundamentales, y la otra por violación directa de  la   ley   sustancial,  aunque  en últimas denuncia eventuales yerros  en  el  proceso  de  aprehensión  o  valoración  de  las  pruebas,     propio     de     una    infracción  indirecta.   

De  esa  manera,  la  postura  del libelista  contraviene  los principios lógicos de no contradicción y de razón suficiente  que  imponen,  de  un  lado,  evitar  la  presentación de postulados que por su  contraste  se opongan, y de otro, que la fundamentación para cada censura ha de  bastarse a sí misma.   

Es  que el soporte jurídico y argumentativo  del  reproche  que  se  basa en vicios de garantía o de estructura, difiere del  que  se  relaciona con los yerros de juicio o probatorios en que puede recaer el  juzgador,  pues  para  éstos  últimos  se  impone  admitir  la  validez  de la  actuación   y   formular  una  solución  acorde  con  el  vicio  (interpretación   errónea,   aplicación   indebida  o  exclusión  evidente,  si  se trata de la violación directa de la  norma  sustantiva, o por las dos últimas modalidades, en caso de la infracción  mediada  por  yerros  probatorios), lo que no sucede con la censura basada en la  anulación,  precisamente  por  el vicio in procedendo  que afecta el diligenciamiento.   

Ni  para  una  u otra vía logra el defensor  motivar  la  atención  de la Sala para aprehender el estudio de la legalidad de  la  sentencia, por cuanto si se tratara del desafuero de estructura porque no se  demostró  la  realización  de  la  conducta  punible  por parte de su asistido  —lo  cual  simplemente  enuncia,       sin       algún       desarrollo       argumentativo—,   no  sujeta  su  discurso  a  los  principios  que  orientan la declaración y convalidación de las nulidades para  advertir   la   entidad   del   vicio   procesal   y   las   normas  que  estima  conculcadas   

De  igual modo, no colabora en el propósito  del  censor  la  mixtura  que  exhibe  cuando,  de un lado, denuncia la falta de  análisis  de  los  testigos de descargo; Antonia Padilla González y Jhon Jairo  Noriega,  y  por otro, que el juzgador “se limitó a  no   darles   credibilidad  en  una  forma  simple”,  planteando  coetáneamente  un yerro fáctico por falso juicio de existencia por  haber  sido  omitidas,  y  por  falso  raciocinio  al no haberles otorgado valor  suasorio.   

Tampoco refuta las consideraciones judiciales  que  llevaron  a  minar  la  credibilidad  de  los anteriores testigos dadas las  contradicciones  e  imprecisiones  en  que  incurrieron  al  hacer  creer que el  procesado  estuvo por algo más de cuatro horas en una peluquería, distante del  lugar  de  los  hechos,  esperando  turno  para  que  lo atendieran, al decir la  declarante  que  ya lo había peluqueado cuando se escuchó el rumor del crimen,  en tanto que el testigo referir que aún no lo habían atendido.   

Además  de  lo  anterior,  el recurrente no  conforma  la  proposición  jurídica con los las normas de carácter sustantivo  infringidas  como  criterio  determinante y referente para aprehender el estudio  de  la  decisión de segunda instancia, las cuales de acuerdo con su pretensión  de  absolución  serían las referidas a los delitos contra el bien jurídico de  la   vida   y   la   seguridad   pública   por   lo   que   fue   condenado  su  representado.   

También se queda vacua la crítica que hace  por  no  haberse  desvirtuado la presunción de inocencia y aflorar la duda, que  no  identifica,  ni  explica  el  vicio  probatorio que llevó al juzgador a tal  dislate.   

En  este  orden,  la postura alegacional del  defensor,  que  no  se  compadece  con  los  requerimientos  para  denunciar  la  ilegalidad  de  la  sentencia, torna el reproche sin la idoneidad necesaria para  su admisión.   

No  obstante  lo  anterior,  la Corporación  advierte  que  eventualmente  con  el  fallo  de  condena proferido en contra de  BONANGEL   MADEL  NÚÑEZ  GUTIÉRREZ  se  pudieron  quebrantar  sus  garantías  procesales  ante  la  imposición  de  la  sanción accesoria de prohibición de  tenencia y porte de armas.   

Efectivamente,  el  juez  de primer grado no  realizó  alguna  motivación  en  la  parte  considerativa  que justificara tal  prohibición,  incurriendo en otro error cuando en la parte resolutiva de manera  indebida  fijó  su rango en el “mismo tiempo de la  condena”, esto  es,  trescientos  setenta y seis (376) meses, desbordando el  límite    legalmente  establecido.   

Por      ello,      se  impone  que, una vez tramitado en el  evento  de ejercitarse el mecanismo de insistencia, según el resultado, retorne  el  diligenciamiento  al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  para que de manera  oficiosa la Sala se ocupe de analizar tal asunto.   

Como  ya  se  ha  precisado,  en  caso de no  admitir  la  demanda  la  Corte  puede  oficiosamente disponer que se tramite el  recurso  extraordinario respecto de asuntos ya no relacionados en el libelo sino  que  haya  advertido  tengan  relación  directa  con  los fines de la casación  acerca  de  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferido a éstos y la  unificación  de  la jurisprudencia, para lo cual no es necesario convocar a las  partes  a  la  celebración de audiencia de sustentación, ni surtir traslado al  Ministerio  Público,  precisamente  por  tratarse  de  un  tema  no advertido o  recurrido por ellos.   

En  consideración a que contra la decisión  de  no  admisión de la demanda de casación procede el mecanismo de insistencia  de  conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar que como allí no se regula su trámite, la Sala1 clarificó su  naturaleza  y definió las reglas que habrán de observarse para su aplicación,  como sigue:   

1.            La insistencia es un mecanismo especial,  ajeno  a  la  naturaleza  impugnatoria  que  sólo  puede  ser  promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante  la cual la Sala decide inadmitir la demanda de casación.   

2.             La   solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  inadmisión.   

3.            Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.            El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.                  NO         ADMITIR      la     demanda     de      casación     interpuesta   por  el  defensor  del  procesado BONANGEL MADEL  NÚÑEZ  GUTIÉRREZ,  por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

2.           PRECISAR  que,  de conformidad con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  facultad  del  demandante  elevar petición de insistencia en los términos precisados por  la  Sala  en  la presente  providencia.   

3.                      RETORNAR, de ser  procedente  de acuerdo con lo anterior, las diligencias  al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  una  vez resuelto en el evento de que se  interponga   el  mecanismo  de  insistencia,  a  fin  de  que  oficiosamente  la  Corporación   provea   acerca   de   la  probable  vulneración  de  garantías  fundamentales   del   procesado,   de   acuerdo   con   lo   indicado   en  esta  decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         LUIS           GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                         

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia.  Proveído  de  12  de  diciembre  de  2005.  Radicación  24322.     

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