36371(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  36371   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Aprobado Acta No. 382.  

Bogotá D.C., octubre veintiséis (26) de dos  mil once (2011)   

VISTOS  

La Corporación acomete el estudio sobre los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   RAUMITH  EMILIO FULA CASTILLA,  contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Valledupar el 8 de noviembre de 2010,  confirmatoria  de  la  dictada  en primera instancia por el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad el 27 de septiembre de 2010, a través de la  cual   lo   absolvió   como   coautor  del  homicidio  agravado  en  William  Enrique  Maestre Amaya, pero lo  condenó   como  coautor  del  delito  de  homicidio  agravado  en  Julio         Sebastián        Maestre        Hinojosa.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  adecuadamente sintetizados en el fallo de primer grado en  los siguientes términos:   

“El  día 21 de  mayo  de  2007,  siendo  aproximadamente  las  5:00  horas,  al  interior  de la  residencia     ubicada    en    la    carrera    16    No.    33    –  79 del Barrio 12 de octubre de esta  ciudad    (Valledupar,    se    precisa),  cuando  el  señor  JULIO  SEBASTIÁN MAESTRE HINOJOSA salió al  patio  como  de  costumbre  a  barrer  y  lavar la alberca, de repente empezó a  llamar  a su hijo WILLIAM MAESTRE, porque había unos sujetos desconocidos en el  patio,   quienes  al  sentirse  sorprendidos  por  estos  dos  moradores  de  la  residencia,  dieron  muerte  con  proyectil  de arma de fuego a JULIO SEBASTIÁN  MAESTRE  HINOJOSA  y  dejaron  gravemente  herido  a  WILLIAM  MAESTRE, hijo del  occiso,   quien   posteriormente   falleció   el  día  2  de  enero  de  2008,  presuntamente  a  consecuencia de tal evento. Labores investigativas adelantadas  por  las autoridades competentes, permitieron identificar a uno de los presuntos  homicidas      como      RAUMITH      EMILIO      FULA      CASTILLA”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con   fundamento   en   la  diligencia  de  levantamiento   del   cadáver  de  Julio  Sebastián  Maestre     Hinojosa,  la  Fiscalía  Seccional  de  Valledupar  dispuso  la  correspondiente   indagación   preliminar,  para  luego  de  practicar  algunas  diligencias  declarar  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo vinculó  mediante    injurada    a    RAUMITH   EMILIO   FULA  CASTILLA,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva sin derecho a libertad provisional como posible autor del  concurso  de  delitos  de  homicidio agravado en Julio  Sebastián  y William Enrique  Maestre.   

Una  vez  clausurada  la  investigación, el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el 13 de mayo de 2009 con resolución de  acusación  en  contra  de  FULA CASTILLA,  como  presunto  coautor  del concurso de delitos que sustentó la  medida  de  aseguramiento,  oportunidad en la cual dispuso compulsar copias para  investigar  la  comisión del delito de porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Valledupar, despacho que una vez realizado  el  rito dispuesto por el legislador, profirió sentencia el 27 de septiembre de  2010,  a través de la cual absolvió a RAUMITH EMILIO  FULA    como    coautor   del   homicidio   agravado  en   William   Enrique   Maestre   Amaya,  pero lo condenó como coautor del delito de homicidio agravado en  Julio   Sebastián   Maestre   Hinojosa  a  la  pena principal de treinta y cinco (35) años de prisión, a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  veinte (20) años y al pago de la correspondiente indemnización  de perjuicios.   

A  su  vez,  le  negó  tanto  la condena de  ejecución   condicional   como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

          Contra   el   fallo   el   Tribunal  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó en tiempo el libelo correspondiente, cuya  admisión se examina en este proveído.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  reglada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  el  recurrente  depreca  “se  case la sentencia por  cuanto  los  sentenciadores  de instancia incurrieron en violación indirecta de  la  ley  sustancial, esto es, en la aplicación indebida de los artículos 103 y  104.4   del   C.P.   –  consagratorios  del homicidio agravado –,  así  como  la falta de aplicación del artículo 7º inciso 2º  del  código  de  procedimiento  penal que consagra la garantía de in dubio pro  reo,   como  consecuencia  de  la  (sic)  estructuraciones   de   hechos   sobre   unos   medios   de  prueba  específicos y determinados”.   

          Acto  seguido, el censor afirma que el fallo se edificó con base en  plurales  indicios,  los  cuales  procederá  a analizar separadamente. También  trae  a  colación  abundante  doctrina  sobre  la  presunción de inocencia, el  principio  in dubio pro reo y  la certeza para condenar.   

          Entonces,  luego  de  señalar  algunos de los fundamentos del fallo  atacado,  afirma que obra en contra de su asistido el testimonio de Celsa     Soraya    Flórez    Cortés,  “pero  que  en las tres oportunidades que introdujo  su  declaración brindo (sic)  incertidumbre,      inseguridad,      no     brindo  (sic) utilidad de certeza sino que toda la prueba que  se  trato (sic) de estructura  fue  de  carácter indiciario” y a continuación cita  bastantes   fragmentos  doctrinales  sobre  los  indicios,  su  construcción  y  elementos.   

          Más   adelante   indica   que   con   relación   al   indicio  del  móvil  para  delinquir, tuvo  lugar   un   falso   raciocinio.  Referido  dicho  indicio  a  que  William  Maestre  tenía  guardado  en su  residencia  un  dinero,  “es  indiscutible  que ese  móvil  no  se  encuentra  suficientemente  demostrada  (sic)  por  plurales  medios  de convicción, pero el  hecho  de  que la misma se acepte como probada, no puede de manera ligera llevar  a  la  conclusión  que la misma, constituye un indicio de móvil para delinquir  ni  mucho menos que el mismo acepte la calificación de indicio grave, porque de  manera   perfectamente  inmotivada,  por  demás,  el  sentenciador  de  segunda  instancia  califica la mayoría de los indicios como graves pero no se detiene a  precisar       cuales      (sic)      indicios  pueden  ser  tenidos  como  graves  y  cuales  (sic) como leves y menos a determinar la  diferencia  entre  los  unos  y los otros; parece que para la instancia fuera de  (sic) suficiente la omnimoda  (sic)   voluntad  que  se  desprende   de   la   investidura   judicial,   para  concluir  sin  fundamentos  motivacionales  en  que  un  determinado presunto (sic)  indicio    es   de   naturaleza   grave”.   

          Posteriormente,  el  actor trae a colación citas doctrinarias sobre  la  temática  abordada  y  dice  que  “no se logró  edificar  indicio  grave  en  cuanto  a  que  existían  disgustos, altercados y  amenazas  entre víctima –  familias  y procesado se encuentran probados suficientemente, pero si este es el  hecho  indicador,  no  es  suficientemente  serio  e  inequívoco  que  para por  (sic)  inferencia  lógica  demostrar  el  hecho  indicado, esto es la actuación de mi defendido en calidad  de  determinador  en  el  homicidio  de que fue víctima JULIO FRANCISCO MAESTRE  HINOJOSA   y   mucho   menos   para   calificar   este   presunto  indicio  como  grave   (…)   No  acepta  entonces  la  defensa la existencia de la enemistad, disgustos, amenazas, porque  la  misma se encuentra probada, pero jamás el calificativo grave de móvil para  delinquir       por      las      razones      antes      expresadas”.   

          Acerca  del  indicio de mentira   afirma   que   tuvo  lugar  un  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación  de  las  pruebas,  toda  vez  que se alteró la indagatoria del  procesado,        en        cuanto       el       Tribunal       “indico       (sic)      porque  (sic)  razón  se  fue para la ciudad de Barranquilla, por razones laborales, es decir,  que  el indicio de huida es inexistente, así mismo el de capacidad sociológica  para  delinquir,  al  no  haberse producido una sentencia por el delito de hurto  debidamente ejecutoriada”.   

          Precisa  que  “lo que se pretende hacer  aparecer  como  un  indicio  grave  de  presunta  responsabilidad  no  alcanza a  construir  ni siquiera un indicio, porque el supuesto hecho indicador del que se  parte,  no  logra demostrar absolutamente nada, estamos entonces es en presencia  de   una   sospecha   o   mera  conjetura  que  carece  de  cualquier  capacidad  probatoria”.   

          De   otra   parte   añade  que  no  es  comprensible  por  qué  el  ad  quem elabora el indicio  con  base en la información que la gente dio a la policía, según se afirma en  el  correspondiente  informe,  sin  tener  en  cuenta  que  de  acuerdo  con  el  “artículo  50  de  la  ley 504 de 1999”  dicho  informe  no  tienen  valor probatorio dentro del proceso  penal,  precepto  legal  que fue declarado exequible por la Corte Constitucional  mediante   sentencia  C-392  de  2000,  cutos  apartes  transcribe  in extenso.   

Con   base   en   lo   anterior  concluye:  “ASÍ  EL  ASUNTO  FRENTE  AL  INFORME DEL SERVIDOR  POLICIAL  NO HAY DUDA QUE POR ENTENDER AFIRMACIONES HECHAS POR QUIEN LO SUSCRIBE  ES   SUSCEPTIBLE  DE  SERVIR  DE  PAUTA  PARA  ORIENTAR  EL  INTERROGATORIO  QUE  POSTERIORMENTE  HABRÁ  DE  HACER  EL INVESTIGADOR CUANDO AQUEL DECLARE, PERO NO  CONSTITUYE  EN  SI MISMO UN MEDIO DE CONVICCIÓN, Y, POR ESTA RAZÓN, TAMPOCO SE  PUEDE    REPROCHAR    SU    FALTA   DE   VALORACIÓN   EL   FALLO   (sic)   PARA   HACER   SURGIR   DE   TAL  CIRCUNSTANCIA   UN   FALSO   JUICIO   DE   EXISTENCIA  POR  OMISIÓN”.   

          Ulteriormente  señala: “EN CONCLUSIÓN,  NO  SE ESTÁ ATACANDO LA LEGALIDAD DEL INFORME DE POLICÍA JUDICIAL, POR ELLO NO  SE  ACUDE  A UN ERROR DE DERECHO POR FALSO JUICIO DE LEGALIDAD. TAMPOCO SE ATACA  EL  INFORME  DE  POLICÍA JUDICIAL COMO PRUEBA DIRECTA Y EN SI MISMA CONSIDERADA  POR  LO  QUE  NO SE ACUDE AL ERROR DE DERECHO POR FALSO JUICIO DE CONVENCIMIENTO  NEGATIVO;  SON QUE COMO (sic)  LO  QUE  SE  CENSURA  ES  QUE SE DAN POR PROBADAS UNAS ASEVERACIONES CUANDO NO O  ESTÁN  (sic),  SE ENTIENDE  PROBADO  UN  HECHO INDICADOR QUE CON EL RUMOR PÚBLICO Y CON UN INFORME POLICÍA  QUE     RECOGE     ESTE    MISMO    ‘RUMOR’  Y  SIENDO  QUE  ELLO  NO  ES  PRUEBA;  COMO CONSECUENCIA LA DEMOSTRACIÓN DEL HECHO  INDICADOR  (COMENTARIOS  POSTERIORES  AL  DELITO)  CORRESPONDE A UNA SUPOSICIÓN  PROBATORIA    CENSURABLE   VÍA   ERROR   DE   HECHO   POR   FALSO   JUICIO   DE  EXISTENCIA”.   

          Indica  que “se plantea como subsidiario  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio en la apreciación de la prueba que  demuestra  el hecho indicador el indicio de comentarios posteriores al delito, y  en    ítem    a    parte    a   (sic)   efectos    de    respetar    el    principio    lógico    de    no  contradicción”.   

          También     señala     que     el    Subintendente    Jaime   Padilla   procedió   de  manera  irregular  al  interrogar  a  los  testigos,  en  especial en la declaración de  Celsa     Soraya    Flórez    Cortés,   única  prueba  que  sindica  a  FULA  CASTILLA  como  coautor  de  la muerte de Maestre    Hinojosa,    “sin  que  se  sepa que recibió además algún estímulo económico  por  tan  irregular actuación”, proceder con el cual  se  violó  el debido proceso y la legalidad de las pruebas aportadas, con mayor  razón    si    se    trata    de    un   “testigo  paracaídas”.   

          Considera    mentirosas    las    declaraciones    de   Celsa  Soraya Flórez e insuficientes para  edificar el fallo de condena.   

          Resalta  que  un  atentado como el de la especie debe prepararse por  sus  perpetradores  por  mucho  tiempo,  amén  de  que  lo  dicho por la citada  declarante  no  coincide  con  lo informado por Javier  Maestre    y   Robinsón  Amaya,   en  punto  del  sitio  donde  se  encontraba  RAUMITH    FULA.    

          A  partir  de lo anterior, el actor considera que se ignoró la sana  crítica,  en tanto no se tuvieron en cuenta “reglas  del sentido común”.   

          Agrega  el defensor que siendo el testimonio una prueba trascendente  en  Colombia,  debe  ser  ponderado conforme a las reglas de la sana crítica, y  prestando especial atención a su interés.   

          También  señala que el artículo 232 de la Ley 600 de 2000 dispone  las  exigencias para proferir fallo de condena, las cuales no se cumplen en este  asunto,  pues  el  Tribunal “incurrió en el momento  de  la  apreciación  de  la  prueba  en  error  de  derecho por falso juicio de  legalidad,  puesto  que los supuestos indicios con los que cree se ha demostrado  la  responsabilidad  fueron  construidos  con  desconocimiento de los requisitos  legales  que  deben  darse en el medio de convicción para que pueda hablarse de  la prueba de indicio”.   

          Depreca  el  recurrente  a  la  Sala la casación del fallo atacado,  para  que  en su lugar se profiera sentencia absolutoria a favor de RAUMITH EMILIO FULA.   

          Como  petición  subsidiaria  el demandante solicita dar aplicación  al    principio   in   dubio   pro   reo,  en  cuanto  la prueba recogida es deficiente como para condenar a  su representado.   

          En  apoyo  de  su pretensión, alude al alcance de la presunción de  inocencia,  el  principio in dubio pro reo  y  la  carga  de  la prueba, con base en abundante doctrina y cita  preceptos  de la Carta Política, el Pacto de Nueva York y la Convención de San  José de Costa Rica.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De   tiempo   atrás  tiene  sentado  esta  Colegiatura  que en la calificación de las demandas de casación le corresponde  constatar  que los recurrentes formulen los reparos conforme a las exigencias de  lógica  y pertinente argumentación definidas por el legislador y desarrolladas  por  la jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario no se convierta  en  una  instancia  adicional  a  las  surtidas.  Tales requisitos se orientan a  conseguir  demandas  enmarcadas dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la postulación y acreditación de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  es decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Colegiatura  en  su  función  constitucional  y  legal  develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Además,  según  el  artículo  213  de  la  mencionada  legislación “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Ahora, si bien el demandante hace explícito  su  interés  en  atacar  la  prueba indiciaria y pese a que transcribe de forma  extensa  doctrina  sobre  el  particular,  no  se percata que para emprender tal  cometido  debía  identificar  con  claridad  si  la  equivocación  se cometió  respecto  de  los  medios demostrativos de los hechos indicadores, la inferencia  lógica,  o  en el proceso de valoración conjunta al apreciar la articulación,  convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, o entre éstos y  las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una   conclusión   fáctica  desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  recayó   en   la   apreciación   del   hecho   indicador,   en   cuanto   debe  acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le  resultaba  establecer  si  se  trató  de un yerro de hecho o de derecho, a qué  especie corresponde y cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con el cual se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es su aplicación correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

En suma, palmario resulta en punto del ataque  a  la  prueba  indiciaria,  que  el  censor no se sujeta a las reglas lógicas y  argumentativas  para configurar de manera adecuada su censura, circunstancia que  permite  advertir  serias  incorrecciones  lógicas  y  de  acreditación  en el  libelo.   

          En  efecto,  se  observa que sin explicar su aserto, el casacionista  afirma  que  el  testimonio  de  Celsa Soraya Flórez  Cortés,  quien  señaló  directamente a RAUMITH  FULA como coautor del homicidio,  no  brinda  certeza;  adicionalmente, sin dificultad se constata que el fallo de  segundo  grado  no  se  sustenta  en  los indicios de móvil para delinquir o de  mentira  a  los  cuales  alude  el  censor,  pues  se  edifica  a  partir de las  declaraciones    de    Celsa    Flórez  (testigo  directo)  y  Humberto  Manuel  Guerra  Gamarra  (testigo de oídas), de manera que el  reproche   se  sustrae  de  lo  expuesto  por  el  ad  quem en la providencia impugnada.   

Impera  señalar  que  en  todo  caso, en el  desarrollo  del  reparo  el  impugnante tampoco es claro en señalar cuál es la  crítica  que  formula contra los supuestos indicios establecidos en el fallo de  segundo  grado,  pues  si bien plantea un falso juicio de identidad, no tiene en  cuenta  que  tal yerro tiene lugar cuando los falladores valoran la prueba, pero  al  considerarla  distorsionan  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola.   

En punto de dicha postulación corresponde al  impugnante  identificar  mediante  el  cotejo  objetivo  de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a la prueba,  los  efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico  de   improcedente   demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  actor sobre el medio de prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustantiva en la  sentencia,  esto  es, señalar la modificación sustancial del fallo atacado con  la  corrección  del  error y la debida valoración de la prueba en conjunto con  las demás, labor no asumida por el censor en este caso.   

Ahora, como también denuncia la presencia de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  el  eventual proceso de inferencia  lógica  derivado  de  las  pruebas  recaudadas,  es  oportuno  recordar  que el  mencionado   yerro  tiene  lugar  cuando  los  falladores  derivaron  del  medio  probatorio  deducciones  contrarias  a  las reglas de la sana crítica, esto es,  los  principios  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o las máximas de la  experiencia,  caso en el cual corresponde al demandante el deber indeclinable de  establecer  qué  dice  en  concreto  la prueba indebidamente ponderada, qué se  infirió  de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue desconocido en el fallo, y lo más importante,  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que en forma indirecta resultó excluida o indebidamente aplicada.   

A continuación debía el censor demostrar la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada  apreciación  de  aquella  prueba, con el deber de acreditar que la enmienda del  yerro  daría lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses  de  su  representado,  proceder que en este asunto no acometió en debida forma,  pues  además de aludir a unos indicios no señalados por el Tribunal, se quedó  en  el  simple  enunciado  del  equívoco  y  en el planteamiento de su personal  percepción  del  asunto,  amén  de  que  no  se  detuvo  a  atacar los pilares  probatorios que dieron sustento al fallo.   

Es  claro  que  cuando  en  la  crítica  al  testimonio  de  Celsa Flórez  el  demandante aduce que fue ilegal, advierte la Sala en primer término, que su  afirmación  es  no  solo  indemostrada, sino hasta temeraria, además de que no  señala la regla de la experiencia quebrantada con su apreciación.   

Conviene  rememorar  que las “reglas  de  la  experiencia” tienen una  entidad  definida  y  no corresponden a simples percepciones personales de quien  demanda en casación.   

Al     respecto     ha     dicho    la  Colegiatura1:   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

Así las cosas, las reglas de la experiencia  corresponden     al    postulado    ‘siempre  o  casi  siempre  que  se  presenta  A,  entonces,  sucede  B’,  motivo  por el cual  permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los  primeros,  referidos a  predecir  el acontecer que sobrevendrá a la ocurrencia de una causa específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de establecer a  partir   de   la   observación   de   un   suceso   final  su  causa  eficiente  (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo  anterior,  advierte la Corporación que el defensor  procede  de  manera  desordenada  a  cuestionar  las  pruebas  de cargo, pero no  explica  por qué sus postulados bastan para derruir el fallo, circunstancia por  la  cual  se  encuentra  que  el  escrito  no  guarda  el  debido  rigor  en  la  proposición   y   desenvolvimiento   del   reparo,  quedándose  en  la  simple  exposición  de su percepción personalísima sobre el caso, sin identificar las  bases  de  la  sentencia  y  encaminar  su esfuerzo argumentativo demostrativo a  derribarlas.   

          Además  se  tiene  que  al formular una censura por falso juicio de  legalidad,  equívoco  en  virtud  del  cual  los  falladores al apreciar alguna  prueba  la  asumieron  equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de manera errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos en la ley para su práctica o aducción,  es  del  resorte  del  demandante  identificar  el medio probatorio que tacha de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o constitucionales cuyo quebranto  determina  su  ilegalidad  y  demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada,  deberes  que en este asunto no emprendió el libelista, en cuanto no  suministró  las  razones  de  su  aserto,  es  decir,  no  hizo explícitos los  argumentos  por  los  cuales  considera  ilegal  la declaración de Celsa  Flórez, pues no basta señalar que  el    Subintendente    Jaime    Padilla  procedió de manera irregular y manipulada, y tanto menos plantear  que  no  se  sabe  si éste “recibió además algún  estímulo     económico     por     tan     irregular    actuación”.   

Como  también  se  tiene  que  a  manera de  pretensión  subsidiaria  el  defensor  reclama,  sin  más,  la aplicación del  principio  in dubio pro reo,  era  necesario  que señalara la vía de su impugnación, esto es, si se trataba  de  violación  directa  o  indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía  demostrar  que  el  fallador reconoció en las consideraciones de la providencia  atacada  la existencia de dudas trascendentes de imposible eliminación sobre la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

Las mencionadas falencias imposibilitan a la  Sala  acometer  el estudio del libelo, pues si éste no corresponde a un alegato  de   libre   confección,   su   presentación  con  base  en  meros  enunciados  inexplicados  y  sin  atenerse  a alguna de las reglas lógicas y argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a la Corporación a inadmitir la demanda de acuerdo  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, máxime que no se  encuentran  diferencias  sustanciales  entre  los  alegatos de sustentación del  recurso  de apelación del fallo de primer grado y la demanda de casación ahora  examinada.   

          Debe  señalar  la  Sala  que  no se aviene con la sustentación del  recurso    casacional   ofrecer   extensas   transcripciones   de   doctrina   y  jurisprudencia  sobre  una  temática específica, pero a la par no adelantar un  adecuado  esfuerzo por demostrar yerros en la apreciación de las pruebas, en el  alcance  de  los preceptos o en la legitimidad del trámite, como ha ocurrido en  el caso de la especie.   

         Finalmente   es   oportuno   destacar   que   no   se   observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado RAUMITH  EMILIO  FULA CASTILLA, conforme a  las razones expuestas.   

Según   lo  dispuesto  en  el  artículo 187 del Código de Procedimiento Penal, contra este  proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                    JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.     

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