36269(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36269  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº225   

Bogotá,  D.C., seis (6) de julio de dos mil once  (2011).   

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a resolver acerca de la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Martín   Javier   Torres   Cubillos   y   Pablo   Javier   Rincón   Sabogal  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior  de  Cundinamarca,  el  1°  de  diciembre de 2010, mediante la cual confirmó la  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Cáqueza, el 11 de junio de  ese   mismo año, que los condenó como coautores de la conducta punible de  peculado por aplicación oficial diferente.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  sentenciador de segundo grado de la siguiente manera:   

“La  presente actuación tuvo su génesis  en  la  comunicación del señor Carlos Alfredo Baquero Torres, fechada el 31 de  agosto   de   2006,   suscrito   por   el  Alcalde  del  Municipio  de  Choachí  -Cundinamarca-,  por  medio de la cual remite oficio No. 100-2006- 303 del 31 de  agosto  de  2006  y  otros  documentos,  en  donde  supuestamente  se ordenó el  traslado   de   $29.839.736   de   la  cuenta  denominada  TESORERÍA  MUNICIPAL  PARTICIPACIÓN  EN  SALUD  a  la cuenta TESORERÍA MUNICIPAL PROPÓSITO GENERAL,  por  parte  de  MARTÍN JAVIER TORRES CUBILLOS y PABLO JAVIER RINCÓN SABOGAL ex  funcionarios de la administración de ese municipio.”   

2.  Por  los anteriores hechos, el Delegado  del  Fiscal  General  de la Nación, el 26 de mayo de 2009 profirió resolución  de  acusación  contra  Martín Javier Torres Cubillos  y  Pablo  Javier  Rincón  Sabogal  por  la  conducta  punible  de  peculado por  aplicación oficial diferente.   

3. El expediente pasó al Juzgado Penal del  Circuito  de  Cáqueza  que  profirió  sentencia de primera instancia, el 11 de  junio  de  2010,  en  la  que  condenó a los mencionados procesados a las penas  principales  de  13 meses de prisión y multa equivalente a 11 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, y a la sanción accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  periodo  igual  a  la  privativa de la libertad, como  coautores  del delito de peculado por aplicación oficial diferente.   

4.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, el 1° de diciembre siguiente, al resolver  el recurso, lo confirmó en su integridad.   

Contra  la anterior decisión la defensa de  los sentenciados  la impugnó en casación.   

L  A        D    E    M   A   N   D   A       

         No  obstante  que  el trámite se desarrolló bajo los lineamientos  de  la  Ley 600 de 2000, el defensor formula un único cargo contra la sentencia  apoyado  en el artículo 181, numeral 3°, de la Ley 906 de 2004 de la siguiente  manera:   

         Único cargo   

         Acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido  en un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia, toda vez que en su criterio las pruebas allegadas  al  proceso  no  fueron  apreciadas  en  conjunto  de acuerdo con las reglas que  informan la sana crítica.   

         Manifiesta  que  algunos  elementos  de juicio no fueron tenidos en  cuenta  en  el  acto  de  valoración  e,  igualmente,  se cercenó el  contenido  del  dictamen 508 para acoger únicamente la parte y  criterio de conclusión aportado por el perito.   

         Como  probanzas  mal  apreciadas cita: Informe 508 FGN-CTI-UDEAP de  29  de  junio  del 2008, acta de entrega de Tesorería del Municipio de Choachí  de  10 de febrero de 2004, extractos bancarios de la cuenta de inversión social  en  salud,  acta  de liquidación del contrato 004 convenio de la ARS CAFAM y el  Alcalde   de   Choachí  de  23  de  julio  del  ultimo  año  citado,  acta  de  conciliación  suscrita  por los anteriores de 29 de septiembre de 2005, factura  288530  de  18  de  noviembre  de  2005  y  factura  305652  de  22  de  mayo de  2006.   

         Agrega  que  de  los citados medios de prueba se deriva que para el  año  2004  existían  en  el municipio de Choachí, el componente de inversión  social  por $122.122.781.07 que fueron dejados por la administración saliente y  cuentas por pagar por $61.118.784 millones.   

         Por  tanto,  concluye que quedaba un saldo a favor de $61.003.997 que podía ser  destinado   para  atender  cualquier  eventualidad  y  ajustes a la liquidación de los contratos por UPC.   

          Comenta   que  el  contrato  004  del  municipio  de Choachí con la ARS y CAFAM,  fue liquidado por el Alcalde el  23  de  julio de 2004 y la factura para cobro del saldo por valor de $26.511.700  a favor de la ARS, fue presentada el 18 de noviembre de 2005.   

         Advierte  que  el contrato entre el citado municipio y la ARS CAFAM  para  vigencia  2002  y  2003,  también  fue liquidado por el Alcalde, mediante  conciliación  celebrada  en la Procuraduría el 15 de diciembre de 2005, siendo  presentada  la factura para cobro del saldo ($7.909.693), el 22 de mayo de 2006,  la cual fue cancelada ese mismo día.   

         Así  las cosas, manifiesta que las sumas de dinero derivadas de la  contratación  para  la  vigencia  de 2004, la administración municipal contaba  con  el  dinero  suficiente en orden a proceder de conformidad, sin perjuicio de  las transferencias de la Nación por estos conceptos al municipio.   

         Informa  que  para  el  año  2004  el  Alcalde  y  el ejecutor del  presupuesto era el señor Carlos Alberto Baquero.   

Aduce  que  sus  defendidos  no  tuvieron  injerencia alguna respecto del presupuesto del año 2003.   

         En  consecuencia,  considera  que  el  sentenciador incurrió en el  mencionado  vicio, toda vez que se edificó un posible  daño  o  perjuicio  en  cabeza de una persona que no ostentaba al momento de la  presentación  de  las  capturas  la calidad de alcalde y que para el año 2004,  fecha  en  la cual se deberían haber realizado los pagos, se dejó el dinero en  la  cuantía  más  que  necesaria para cumplir con los compromisos adquiridos y  los pendientes.   

         Y  por  ultimo,  recalca  que  las  pruebas  en  que  se  apoyó el  sentenciador,  no  tienen la fuerza suficiente para fundar un fallo de carácter  condenatorio;  es  más, advierte que revisando las facturas y cotejadas con los  dichos  de  la señora Luz Mariela Martínez, el señor Carlos Alberto Baquero y  las  demás  personas  que  intervinieron  en la liquidación de los mencionados  contratos,   se   advierte   que   no   hubo   ningún   perjuicio   contra   la  administración.   

         De  ahí que solicite casar la sentencia impugnada y, por lo mismo,  absolver a sus representados.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Vale aclarar que constituye un desatino  del  censor  fundar  el único cargo presentado contra la sentencia, con base en  las  causales  contempladas  en  la  Ley  906  de  2004,  en la medida en que el  trámite  se  adelantó conforme a la sistemática procesal consagrada en la Ley  600 de 2000.   

2. Aclarado lo anterior, de conformidad con  lo  previsto  en  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, que rige a esta  actuación,   al   recurso   de   casación   se   accede   de  dos  maneras,  a  saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

3. En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte  resulta  claro  que  la  conducta  punible por la que fuera condenado  Martín   Javier   Torres   Cubillos   y      Pablo      Javier     Rincón  Sabogal,  contempla  pena  máxima  privativa  de  la  libertad  que  no  supera los 8 años, según así lo prevé el artículo 399 de  la  Ley  599  de  2000,  razón  por  la  cual en este evento sólo procedía el  recurso por la vía excepcional.   

Como   también   lo   tiene   dicho   la  jurisprudencia   de   la   Sala,   cuando   de   la  casación  discrecional  se  trata,  el demandante debe  exponer     así     sea    de    manera    sucinta    pero    clara,  qué  es  lo  que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como  norte  que  solamente procede para el desarrollo de la  jurisprudencia o para garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el actor debe mencionar en la demanda si con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que  la decisión solicitada tiene la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto o a la par,   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de  los  derechos   fundamentales,   el  recurrente  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la  estructura  básica  del  proceso  o por violación de un derecho fundamental, e  indicar   las   normas   constitucionales   que   lo   protegen  y  su  concreto  conculcamiento con la sentencia.   

Además,  las  razones  que  debe aducir el  demandante  para  persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda,  deben  guardar  correspondencia  con  los cargos que formule contra el fallo. En  otras  palabras,  ha  de  haber  perfecta  conformidad entre el fundamento de la  casación  excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de  garantías  fundamentales),  el  cargo  o  los cargos que se presenten contra el  fallo y, por consiguiente, la postulación de los mismos.   

4.  En lo que atañe a la demanda objeto de  examen,  la  Sala advierte que el actor no indicó el motivo por el cual acudió  a  la casación excepcional, esto es, si era para la protección de los derechos  fundamentales y/o el desarrollo de la jurisprudencia.   

Por  consiguiente,  al  incumplir con dicho  presupuesto  deviene  necesariamente la inadmisión de la demanda, puesto que el  recurrente  no  señaló  el  motivo  que  lo  llevó a impugnar la sentencia de  segunda  instancia,  máxime  cuando  del  único  cargo  no  se evidencia dicho  requisito,  en  tanto que el mismo está edificado en una simple discrepancia de  criterios  frente  al  mérito  dado  por  el Tribunal a los elementos de juicio  incorporados  a  la  actuación  y  que  sirvieron  de fundamento a la decisión  condenatoria.   

Es  decir,  el anunciado error de hecho por  falso  juicio  de  existencia y de identidad, sólo se soporta en una particular  forma  de  valorar  las  pruebas y no se demuestra la existencia del mismo, así  como su trascendencia con la parte resolutiva del fallo.   

           Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión de la providencia impugnada o  dentro  de  la  actuación  se  hayan  violado  derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga superar los defectos  del  libelo,  en orden a decidir de fondo, según lo dispone el artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

         5.  La Sala aclarará lo atinente a la pena de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas impuesta a los procesados como  accesoria,  toda  vez que de acuerdo con el artículo 399 de la Ley 599 de 2000,  que   contempla   la  conducta  punible  de  peculado  por  aplicación  oficial  diferente, dicha pena es principal.   

         La  anterior  situación  no  vulnera el principio de no reforma en  peor,  por  cuanto  conforme  al  artículo  52,  inciso 3°, del Código Penal,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de  la  pena  a  la  que se accede.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         1.  INADMITIR  la  demanda de casación presentada por el   defensor  de  Martín  Javier  Torres  Cubillos  y  Pablo  Javier  Rincón Sabogal.   

2.   Aclarar   que   la   sanción   de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas impuesta a  los  procesados  es  principal  y  no  accesoria  como  se  plasmó  en el fallo  recurrido.   

3. Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                         JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ            

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                     SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                          

                                              NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                                 Secretaria   

    

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