36089(06-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36089  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  073  

Bogotá  D.C.,  seis  (6) de marzo de dos mil  doce (2012)   

V   I   S   T   O   S   

La Sala se pronuncia sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación  de las demandas de casación formuladas por  los  defensores de los procesados Diego Andrés Vallejo  Santamaría  y María Patricia  Álvarez  Uribe,  en  contra  de la sentencia del 8 de  octubre   de   2010  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  la  cual  confirmó la condena emitida  en  primera  instancia  por  Juzgado  3º Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad  en contra de los mencionados, por el delito de lavado de activos,  así   como  la  absolución  por  los  de  trafico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes y concierto para delinquir.   

H   E  C  H  O  S   

El sentenciador de segundo grado los resumió  así:   

“El fundamento de estas diligencias, lo es el  informe   No.  2873  AREIN-  COPRE  de  la  Dirección  Policía  Aérea  de Interdicción, Grupo de Policía  Judicial,  Control  de  Recursos Químicos, de fecha 31  de  octubre  de  2003, suscrito por el sub intendente  Asdrúbal  Ramírez Ramos, mediante el cual da cuenta que recibieron una llamada  anónima  el  día 1º de octubre de 2003, en la que decían que en la ciudad de  Cali  –  Valle, existía una  red     dedicada     al     tráfico     de     estupefacientes     (heroína),  y  el  envío de la misma lo  realizaban  dentro  de  baterías  para  carro, transportando entre 6    y   7  kilos  de  sustancia  prohibida,  utilizando  la ruta  Colombia,  Guatemala  y Texas a New York, los envíos eran coordinados a través  de  los  celulares  3105104995, 310567212 y 3105101112. Posteriormente, mediante  informe   No.   1480   AREIN-   COPRE   de  la  Dirección  Policía  Aérea  de  Interdicción,  Grupo  de  Policía Judicial, Control de Recursos Químicos, del  30  de  julio  de 2004, se dio inicio a otra investigación previa independiente  de  este proceso, bajo el radicado 70771 de la Fiscalía Delegada ante la UNAIM,  Bogotá,   donde  se  daba  cuenta  de  hechos  similares  señalados  en  donde  intervenían  los  alias  de Carlos  y Fernando, quienes pertenecían a una  presunta  organización dedicada al tráfico de heroína por las rutas Colombia,  Panamá,    Guatemala,    México   y   Estados    Unidos,    y   que  estarían  relacionados  con  la  incautación de 100 Kilos de  cocaína  en  la  ciudad  de  Panamá,  y la captura de varios ciudadanos, entre  ellos  el  Colombiano  Luís  Fernando  Cárdenas  Rave, lo que señalaba que se  está  frente  a una misma organización de narcotraficantes que operaba a nivel  internacional.   

Con  base  en  lo  anterior,  y   como   en   ambas   investigaciones  intervenía   alias  Jaime,  al  existir  homogeneidad  en  el  modo  de  actuar  y  la  relación razonable  del  lugar  y  tiempo de la  comisión  del  delito,  se  ordenó  la  conexidad procesal de las actuaciones,  ordenando  la  interceptación  de  las comunicaciones surtidas a través de las  líneas  móviles  3113065431,  3113043630,3105121481,  3103837313,  3113065431,  311329149,    315419918~   3155764455,   3154978795,   3113076577,   3113069249,  3103837313,  y  los  abonados  fijos  4277683  instalados en Medellín, 3313994,  3398419  instalados  en  Cali,  3341826, 3216029, 3370199 instalados en Pereira,  2561327,  4363855, 2775717, 3328832, 2774102, 5110641, 2768114, instalados en el  departamento  de  Antioquia.  Como resultado de las interceptaciones se vinculó  al  proceso  a  los  señores  Nelson  de  Jesús  Betancourt  Valencia, Ignacio  Francisco  Ángel  Molina,  Diego  Andrés  Vallejo  Santamaría, Carlos Alberto  Balvin  Vásquez,  Luis  Ángel  Pérez  Mazo,  Rubén  Darío Muñoz González,  Catalina  Ángel  Valencia,  María  Patricia  Álvarez  Uribe,  Flavio  Andrés  Chavarriaga      Monsalve      y     Viviana   María  Balvin  Obonaga,  quienes  posteriormente  fueron  acusados  de los delitos de concierto para delinquir con fines de narcotráfico,  fabricación,  tráfico  o  porte  estupefacientes  y  lavado de activos”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  2 de la Unidad Nacional Antinarcóticos y de Interdicción Marítima,  UNAIM,  a  través  de  resolución  del  6 de enero de 2006, acusó1 a Diego     Andrés     Vallejo     Santamaría      y     María     Patricia     Álvarez  Uribe,    como     coautores    de    las   conductas   punibles  de  trafico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  agravado,  en concurso con concierto para delinquir, agravado,  y  lavado  de activos (artículos 376, 340, inciso 2º y 323 del Código Penal).  Dicha  providencia,  tras  ser  notificada  por  estado  del 7 de marzo de 2006,  cobró   ejecutoria  el  día  10  del  mismo  mes  y  año.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  3º  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali, despacho que, tras correr el  traslado  del  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 y celebrar las audiencias  preparatoria  y  pública,  a  través  de  sentencia  del  24 de julio de 2009,  condenó   a   Diego   Andrés   Vallejo  Santamaría  y  María  Patricia Álvarez  Uribe  a las penas principales de 96 meses de prisión  y  multa  de  1500  salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como a la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad, como  coautores  de  la  conducta  punible  de  lavado  de  activos;  así  mismo, los  absolvió  de  los delitos de trafico, fabricación o porte de estupefacientes y  concierto  para  delinquir  agravado,  se  abstuvo de condenarlos al pago de los  perjuicios  derivados  de la ejecución del delito y de concederles el subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y el sustituto de la  prisión                 domiciliaria2.    

Dicha determinación, tras ser apelada por la  fiscalía  y  los  apoderados de los procesados Vallejo  Santamaría   y   Álvarez  Uribe,  entre  otros,  fue  confirmada por el Tribunal  Superior  de  Cali,  a  través  de  fallo  de segundo grado del 8 de octubre de  2010.   

Inconformes  con  la anterior determinación,  los   apoderados  de  los  mencionados  Diego  Andrés  Vallejo     Santamaría      y    María     Patricia    Álvarez    Uribe  interpusieron   y   sustentaron   oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

L  A  S      D E M A N D  AS    D E   C A S A C I Ó N   

Los libelistas formulan tres cargos, así: el  primero  de  nulidad por deficiencias de motivación en el fallo; el segundo por  falsos  juicios  de existencia por suposición y, el último, por falsos juicios  de   existencia   por  omisión.   El  sustento  de  las  dos  demandas  es  literalmente  idéntico  en  lo  esencial,  con  las  escasas diferencias que se  reseñan en cada caso.   

Demanda  presentada a nombre de Diego Andrés  Vallejo Santamaría   

Primer   cargo:   nulidad  por  motivación  deficiente   

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  207,  numeral  3,  de  la Ley 600 de 2000, el casacionista  denuncia  que el fallo de segundo grado adolece de un vicio de nulidad, toda vez  que  desconoce  el  deber  de  motivación;  de  esta  manera,  dice,  viola los  artículos  1,  2,  29  y  229  de  la  Constitución  Política,  14  del Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, 13 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000  y  55  de la Ley 270 de 1996, Estatuto de la Administración de  Justicia;   menciona  que  el  vicio  así  configurado  aparece  consagrado  en  artículo 306-2 del estatuto procesal.   

En sustento de su reproche, el censor señala  que   el  ad  quem  omitió  pronunciarse  acerca  de  los  argumentos  planteados  en la apelación dirigida  contra  el  fallo  de  primer  grado; en especial, asegura, el Tribunal dejó de  lado  las  pruebas  que se pretendieron hacer valer y, en su lugar, se limitó a  emitir  un  pronunciamiento genérico y de responsabilidad objetiva. Señala que  la  Corporación de segundo grado no abordó los planteamientos de la defensa, a  través  de  los  cuales explicó el origen de los giros provenientes del Perú,  la  compra  de  divisas  por  $U.S.  4774 y los dineros provenientes de la firma  Pinedo  Importaciones,  de  manera  que “no coexiste sobre ellos la más mínima  inferencia  de  la  existencia  de  una  presunta actividad ilícita”.    

Asegura  que  de  no  haber  el sentenciador  omitido  las  pruebas  que demostraban la inexistencia del lavado de activos, el  resultado del fallo sería otro.   

Con  fundamento en lo anterior, el libelista  le  pide a la Sala que case la sentencia, decretando su nulidad y disponiendo lo  que en derecho corresponda.   

Segundo cargo: falso juicio de existencia por  suposición   

Al  tenor  de  la  causal  de  casación  que  describe  el numeral 1, cuerpo segundo, del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  el  demandante denuncia que el sentenciador incurrió en violación indirecta de  la  ley sustancial, por vía del error de hecho, en la modalidad de falso juicio  de  existencia  por  suposición, el cual condujo al juicio de condena contra su  asistido.   

El  recurrente  señala  que  el ad  quem supuso la existencia de la prueba  que  demostraba  la  materialidad del delito de narcotráfico, como también que  esta  conducta  punible era el origen de los dineros manejados por el procesado.  Insiste  en  que  no  hay  prueba de que los recursos recibidos hubiesen sido el  producto  del  tráfico de estupefacientes, sin que pueda tenerse como prueba de  ello  “una  incautación  en  Panamá  en agosto de  2004”   ni   las  inferencias  de  unos  policías,  elaboradas a partir de grabaciones.   

Dice que una cosa es que, para el juzgador, la  explicación  de Vallejo Santamaría sobre el origen de los recursos financieros  no  fuera  razonable  o coherente, y otra que ello le permita suponer o imaginar  que  ese origen es ilegal; es decir, la mala justificación no permite probar el  delito  subyacente  al  lavado  de  activos.   En  el mismo sentido, estima  contradictorio  que  el  sentenciado  hubiera  sido  absuelto  por  el delito de  narcotráfico,  lo  cual  indica  que  no  tuvo  participación en esa conducta.   

Asegura, entonces, que lo que correspondía en  derecho,  frente  a  la  falta  de  certeza de la conducta de narcotráfico, era  absolver  por  razón  de  la duda probatoria; agrega que si bien es cierto, los  medios  de  convicción  reflejan  que  existían actividades económicas que se  ejercían  de  manera casual, también lo es que ello no constituía un supuesto  de ilegalidad.   

Por otra parte, alega que por razón del monto  de  la  cuantía  del  dinero  recibido,  es absurdo pensar que el hoy procesado  quiso  evadir  los  controles  fiscales;  así mismo, dice, el espacio de tiempo  durante  el cual se celebraron las transacciones, permite inferir que se trataba  de operaciones normales.     

Tercer  cargo: falso juicio de existencia por  omisión   

Con  apoyo  en  la  causal  de  casación que  describe  el  numeral  1,  cuerpo  segundo,  del  artículo  207  del Código de  Procedimiento  Penal  de 2000, el casacionista dice que el fallador incurrió en  el vicio reseñado en precedencia.    

En  sustento  de  su  tesis,  afirma  que  el  sentenciador  no valoró el testimonio de Yulima Astrid Vallejo, quien explico y  justificó  el  recibo  de  unos  dineros provenientes de Luis Fernando Álvarez  Uribe,  quien  los envió por medio de la firma Pinedo  Importaciones  de  Guatemala;  el  procesado  Vallejo  Santamaría  solamente  se  limitó  a  recoger  el  giro,  como  hermano  de la  deponente,   pudiendo   callar  que  esos  fondos  eran  enviados  por  Álvarez  Uribe.   Lo anterior, unido a la falta de certeza de su origen ilícito, ha  debido   conducir   al   juzgador   a   absolver   al   sentenciado   por   duda  probatoria.   

Como corolario de los tres cargos formulados,  el  censor le pide a la Corporación que case el fallo impugnado “decretando  la  nulidad  planteada  en  el  primer  cuerpo  de este  escrito  y/o  casándola  por la segunda o tercera censura, conforme al orden en  que se plasmaron”.   

Demanda  presentada por el defensor de María  Patricia Álvarez Uribe   

Primer cargo: nulidad por falta de motivación  de la sentencia   

Orientado el cargo en su contexto jurídico de  manera  idéntica  al  reseñado  en  el  primer  cargo  del libelo anterior, el  apoderado  de  Álvarez  Uribe  sostiene  que  el  ad  quem  omitió  pronunciarse  sobre  las pruebas que se  pretendieron  hacer  valer  en  defensa de aquella, así como de los argumentos,  según    los    cuales    no    existían   elementos   para   fundamentar   la  condena.   

Señala  que  la  defensa  planteó  en  la  apelación  que  María  Patricia Álvarez Uribe ejercía la actividad comercial  de  elaboración  de  ropa  exclusiva  desde 1999, afirmación que apoyó en los  testimonios  de  Claudia  María Álvarez, Jorge Alonso Valencia Monsalve y July  Astrid  Vallejo,  frente a los cuales nada dijo el fallador y, por el contrario,  se  limitó  a  argumentar  de  forma  abstracta  que la prueba apunta a que los  dineros  provienen  de  una organización dedicada al narcotráfico, confirmando  así la decisión de primer grado.    

Segundo cargo: falso juicio de existencia por  suposición   

Con idéntico sustento y enfoque jurídico al  que  soporta  el  cargo  segundo  de  la demanda anterior, el casacionista alega  aquí  que  el  sentenciador  supuso la existencia de la prueba demostrativa del  delito  de narcotráfico, como también que esta conducta fuera el origen de los  dineros recibidos por la procesada.   

Así  mismo,  estima  improcedente  que  el  Tribunal  hubiese  demostrado  el  origen  ilícito  de los recursos a partir de  “una   incautación   en   Panamá  en  agosto  de  2004”, las inferencias de unos policías, elaboradas  a   partir  de  grabaciones,  que  la  procesada  se  dedicara  a  la  labor  de  confeccionar   ropa  y  ofreciera  una  mala  justificación;  de  igual  forma,  considera  inexplicable  que,  si  por  una  parte  el juzgador apreció que los  recursos  recibidos  eran el producto de actividades ilegales, no se demostrara,  de  manera  concordante,  un  vínculo  con  las  personas  que  se enjuiciaron.   

Con iguales argumentos a los mencionados en el  segundo  cargo  de  la  demanda  precedente,  el censor señala que ante la duda  probatoria  lo  indicado  era proferir decisión absolutoria e insiste en que de  no  haber  mediado  el  yerro  pregonado,  otro  hubiera  sido  el resultado del  proceso.   

Tercer   cargo:  falso juicio de existencia por omisión   

El  sustento  de  este  cargo es idéntico al  tercer  cargo de la demanda anterior. Es así como el demandante denuncia que el  juzgador  apreció  como  incoherentes  e  irrazonables  las explicaciones de la  procesada  sobre  su  actividad de confección de vestidos de baño, lo cual fue  el  producto  de  no advertir el testimonio de Claudia María Álvarez Álvarez,  persona  esta  encargada  de  pintar  dichas  prendas  y  que  declaró sobre la  actividad  comercial  desarrollada  por  Álvarez Uribe, lo que, en criterio del  libelista,  demuestra  el  origen  lícito  de  los dineros recibidos, como así  mismo  lo prueban los testimonios de Jorge Alonso Valencia Monsalve, July Astrid  Vallejo  Santamaría (el primero Gerente de Comexmoda y la segunda a cargo de la  venta  de  saldos),  Ignacio León, las numerosas declaraciones extrajuicio, los  diseños  de  vestidos de baño y los registros de Cámara de Comercio, frente a  los  cuales  también  calló  el  ad quem.    

Lo   anterior,  unido  a   la     falta     de     certeza     del    origen   ilícito     de     los   dineros    y    a    la   absolución    de    la    procesada    por    el   delito    de   narcotráfico,   ha   debido   conducir   al   juzgador   a   absolver   a   la sentenciada   por  duda  probatoria.   

Con  fundamento  en  los   anteriores   razonamientos,   el   libelista   formula   a   la   Corte  las  mismas  peticiones  que   el  impugnante  anterior.    CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Sala  anuncia  su  determinación  en  el  sentido   de   inadmitir   las   demandas  formuladas, toda  vez  que  incumplen  los deberes de debida fundamentación, claridad, autonomía  de  las  causales y trascendencia, consagrados en el artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  y  desarrollados  ampliamente por su jurisprudencia.  Comoquiera  que  los dos escritos son en esencia idénticos, la Sala habrá de abordarlos de  manera conjunta, con las salvedades que en cada caso se indican.   

Los  dos  libelos,  ya  sea  por  la vía del  reproche  a  la  motivación  del  fallo, o bien del falso juicio de existencia,  reclaman  de  la  Corte,  en últimas, una apreciación probatoria distinta a la  del  fallador y acorde con los intereses defensivos. Es así como pasan por alto  que  el  deber argumentativo del demandante en casación no es el de convencer a  la  Sala  que una determinada interpretación de la prueba es más plausible que  la  adoptada  por  el  juzgador, sino demostrar que este último incurrió en un  yerro  protuberante  al  formular  sus  apreciaciones,  de  suerte  que  al  ser  corregido  el  dislate,  necesariamente  se  debe  modificar  el  sentido  de la  decisión.   

1.  Antes de entrar al estudio de cada uno de  los  cargos,  es  necesario  hacer  notar  que  las  dos  demandas  incurren  en  idénticos yerros de postulación, así:   

1.1.  Aún  cuando  los  libelistas  atinan a  formular  en primer lugar el cargo de nulidad y enseguida los de error de hecho,  también  lo  es  que,  en  contraste, no precisan cuál de ellos es principal y  cuáles  son  secundarios,  al  tiempo  que  incurren  en  la  falta  de lógica  consistente  en  pedir que se case el fallo impugnado conforme todos los cargos,  cuando  naturalmente  la  solución  que se habría de impartir frente al primer  cargo   es   excluyentes   respecto  de  la  que  corresponde  a  los  últimos.   

1.2.  La  confusión  aludida  se  refuerza,  además,  por  la  incomprensible  petición que hacen los dos recurrentes en el  acápite  final  de  sus  escritos,  en  el sentido de que la Sala debe casar la  sentencia  “decretando la nulidad y/o casándola por  la  segunda  o  tercera  causal”.  Así, la Corte se  enfrenta  a  un pedido imposible, pues no entiende de qué manera puede declarar  la  nulidad  de  la  sentencia  y,  al  mismo  tiempo, casarla por los cargos de  violación  indirecta. De igual forma, la demanda tampoco precisa si el fallo de  reemplazo  reclamado  habrá  de  tener como fundamento la prosperidad del cargo  segundo, el cargo tercero, o ambos.    

1.3.  Así mismo, los impugnantes incurren en  la  equivocación  de  proponer los dos reproches por falso juicio de existencia  en  cargos separados; con esta manera de postular sus censuras, pierden de vista  que  si  la  prueba  fue  analizada  en conjunto por el juzgador, es también en  conjunto  como debe ser atacada en esta sede. Así las cosas, la lógica enseña  que  esta  clase  de  críticas  debe ser formulada en un solo cargo de error de  hecho,  en  la modalidad de falso juicio de existencia, y desarrollado a través  de  sendos  reproches  orientados  en  las modalidades de suposición y omisión  probatoria,  siempre  que  dichas  falencias  no  recaigan  en el mismo medio de  convicción;  y  no,  como  ya  se  dijo,  en  cargos  separados, pues el ataque  formulado  en  esas condiciones evidentemente no tendría posibilidad de éxito.   

Como lo prescribe el principio de limitación,  a  la  Corporación no le compete entrar a corregir los destinos de las demandas  de  casación,  menos  aún  suponer  la intención de los demandantes o suponer  qué  es  lo que pretenden los casacionistas cuando le piden, al final del cargo  de   nulidad,  que  disponga  “lo  que  en  derecho  corresponda”.   

2. Ahora bien, en lo que tiene que ver con el  cargo  primero,  es  necesario  decir que la jurisprudencia de la Sala ha fijado  con  detenimiento  los  presupuestos  argumentativos y el alcance de la censura,  cuando   se   orienta  por  vía  de  la  nulidad  por  deficiente      motivación      del      fallo3.  No  obstante lo anterior, se  observa  que,  en  los dos escritos, el vicio pregonado en realidad se orienta a  reclamar   que   una   debida   motivación  ha  debido  compartir  la  personal  apreciación  de  los  impugnantes,  razonamiento que naturalmente se sale de la  vía   de   censura   escogida,  para  incurrir  en  el  enfrentamiento  de  las  apreciaciones de parte a las conclusiones judiciales.   

En  efecto, en los dos casos, los recurrentes  se  contraen  a  citar algunos apartes del fallo en los que el Tribunal se ocupa  de  la  situación  de  sus  representados,  para  así concluir al unísono que  de  no  haber el sentenciador omitido las pruebas que  demostraban  la  inexistencia del lavado de activos, el  resultado  de  la sentencia sería otro. Así las cosas, surge nítido que, como  ya  se  indicó,  el  reproche  no  es en realidad de deficiente motivación del  fallo sino de cuestionamiento a sus apreciaciones probatorias.   

En  últimas,  los  casacionistas admiten que  para  cada  uno  de  sus asistidos existe una cierta motivación en la sentencia  (la    cual   transcriben   in   extenso),  solamente  que  lamentan  que  en  ella  no se hubieran incluido  ciertas  pruebas,  las  cuales,  mediando  su  personal  apreciación,  hubieran  permitido   una  solución  distinta.  Así  las  cosas,  el  argumento  de  los  recurrentes  es  intrascendente,  porque  no  se ajusta a los presupuestos de la  nulidad,  en  los términos en que la Sala de Casación Penal lo ha fijado y por  cuanto   terminan   por  dirigir  su  crítica  a  la  apreciación  probatoria.   

De    esta   manera,    los   razonamientos  que  desarrollan  el  cargo  primero de   los     dos    escritos     adolecen    de    indebida   fundamentación    ,    por    violación    a    los    principios      de      autonomía    de     las    causales    y  trascendencia.   

3.  A  través  de  un  cargo de falso    juicio    de    existencia    por   suposición,  los  dos  recurrentes alegan que el sentenciador no demostró con  certeza  que  los  dineros  manejados por Diego Andrés  Vallejo  Santamaría y María  Patricia  Álvarez  Uribe tuvieran origen en el delito  de narcotráfico.   

El  reproche así formulado incurre en varias  inconsistencias, las que enseguida se reseñan:   

3.1.  En primer lugar, los demandantes omiten  la  cita  de  las  normas  sustanciales  violadas,  exigencia  de imprescindible  cumplimiento  cuando  se  aspira a demostrar en esta sede un yerro por la causal  primera  de  casación,  consagrada  en  el  artículo  207-1  de  la Ley 600 de  2000.    Lo   anterior,   los   conduce  indefectiblemente  a  omitir  otro  trascendental  requisito  de esta vía de impugnación, cual es el señalamiento  del  sentido de la violación, es decir, si se produce por aplicación indebida,  exclusión evidente o interpretación errónea.   

3.2.  El  reproche que aducen los impugnantes  aparece  indebidamente postulado, toda vez que si la crítica consiste en que no  es  lógico  que  los  procesados  hubiesen  sido  absueltos  por  el  delito de  narcotráfico  y,  al  mismo  tiempo,  condenados  por  el de lavado de activos,  entonces  han  debido  acudir a la violación directa de la ley sustancial, pues  en  tal  caso  no  mediaría  una  indebida apreciación probatoria, sino que se  trataría  de  un  yerro en la selección de la norma llamada a regular el caso,  según los argumentos plasmados en la sentencia.   

3.3.  En todo caso, lo cierto es que el vicio  que  simultáneamente  alegan  los  libelistas  carece de materialidad y, por lo  tanto,  deviene  en  intrascendente,  toda vez que, como la jurisprudencia de la  Corte  lo ha definido, basta la concurrencia de elementos de juicio que permitan  lógicamente  suponer  la existencia de la actividad ilegal, sin que se requiera  la  prueba  fehaciente  del  delito  subyacente,  en  este  caso, el de trafico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes;  y menos aún se exige, para que se  configure  el  punible  de  lavado de activos, que el procesado por esta última  conducta  haya sido condenado por el delito base, circunstancia que desestima la  situación  paradójica  que proponen los demandantes, según la cual, no sería  lógico    que    concurran    la    absolución   a   favor   de   Vallejo    Santamaría   y   Álvarez   Uribe   por  el  comportamiento  punible  de  narcotráfico junto a su condena por el de lavado de activos.    

En últimas, los recurrentes no van más allá  de  manifestar  su  desacuerdo  con  el  juzgador  por  haber inferido el origen  ilícito   de   los  recursos  financieros  con  fundamento  en  “una   incautación   en   Panamá  en  agosto  de  2004”,  las  inferencias  de  unos  policías,  elaboradas a partir de  grabaciones,  que  la  procesada se dedicara a la labor de confeccionar vestidos  de  baño,  o  las  malas  justificaciones  de  ambos  en  lo  referente  a  sus  actividades.   

3.4.   Por   último,   el  presupuesto  de  trascendencia  del  yerro pregonado carece de demostración, pues los libelistas  se  limitan  a enunciar que de no haber mediado el yerro pregonado, otro hubiera  sido  el  resultado  del proceso, sin acreditar dicho aserto con otros elementos  distintos   a   su   particular  deseo  de  una  más  conveniente  apreciación  probatoria, a favor de los intereses defensivos.   

4.  En  el  último cargo, orientado en ambas  demandas   como   falso   juicio  de  existencia  por  omisión, cada uno de los censores enuncia un conjunto  de  elementos probatorios que, según dicen, de haber sido tenidos en cuenta por  el Tribunal, habrían mutado el sentido de la decisión.   

Así,   el   apoderado   de   Diego  Andrés Vallejo Santamaría denuncia  que  el  sentenciador  no reparó en el dicho de la hermana de aquél, quien, en  su  criterio,  justificó  la  recepción  de  dineros  provenientes de la firma  Pinedo  Importaciones,  con  sede  en  Guatemala. A su turno, el de María  Patricia Álvarez Uribe asegura que  de    haber   apreciado   el   ad   quem  la  versión  de  Claudia  María  Álvarez Álvarez, Jorge Alonso  Valencia  Monsalve, July Asrid Vallejo Santamaría, Ignacio León, las numerosas  declaraciones  extrajuicio, los diseños de vestidos de baño y los registros de  Cámara de Comercio, la decisión habría sido diferente.   

Pues  bien, los recurrentes, una vez más, se  limitan  a enfrentar, con sus personales apreciaciones de la prueba, la plasmada  por  el  fallador,  pues  pasan  por  alto  que,  en  el  caso  de  Vallejo   Santamaría,  fue  su  relación  familiar    con   Luis   Fernando   Álvarez   Uribe,  “una  de  las  personas  identificadas  como   miembro  de  la  organización  criminal  dedicada al  narcotráfico”,  la  cual se extendió al ámbito de  los  negocios,  como  también las inconsistencias en la explicación del origen  de  los recursos recibidos, lo que comprometió su responsabilidad; y en el caso  de  la  Álvarez  Uribe,  la  falta  de explicaciones coherentes y razonadas sobre los ingresos percibidos por  la  confección  de  trajes  de  baño  y  la  ausencia de la documentación que  sustentara dicha actividad.   

Con  un  tal  razonamiento, los casacionistas  desconocen     el     principio    de    selección  probatoria,  según  el  cual  el  fallador  no  está  obligado  a  hacer  un  detallado  examen  a  todos  y cada uno de los elementos  allegados   al   proceso,  “sino  de  aquellos  que  considere   importantes   para   la   decisión   a    tomar”4 y,  en  todo caso, no demuestran de manera fehaciente de qué manera  las  pruebas  que enuncian tengan la virtud de derribar las bases lógicas de la  sentencia,  pues,  al  contrario  de  lo  que  afirman  aquellos, el Tribunal no  desconoció     que    Álvarez    Uribe  se  dedicara  a  la  elaboración  de  prendas  de  vestir, ni que  Vallejo Santamaría recibiera  dineros    a    través    de    la   firma   Pinedo  Importaciones,  solamente  que  a  la hora de apreciar  dichas  circunstancias,  consideró  que  las relaciones entre el último de los  mencionados  y  Luis  Fernando  Álvarez  Uribe  trascendía de lo estrictamente  familiar  y  que  los  ingresos  de  la  procesada  por  su labor de confección  carecía  de  soportes  documentales  y  no  se  compadecían  de  su actividad.   

Y en una tal apreciación la Sala no encuentra  yerro  alguno, pues la propia naturaleza del delito, y así mismo lo confirma la  experiencia,  el  lavado  de  activos  se  realiza  a través de actividades con  apariencia de licitud.    

5. En conclusión, por los motivos reseñados,  las    demandas    serán    inadmitidas  a  esta  sede,  sin  que, por otra parte, advierta del estudio del  proceso  la  necesidad  de  superar  los  defectos  de los libelos para entrar a  corregir,  de  oficio,  la  violación de derechos fundamentales o garantías de  los sujetos procesales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR  las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Diego       Andrés       Vallejo      Santamaría      y     María     Patricia     Álvarez  Uribe.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ           

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

                                                                                                              

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                  Excusa justificada   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Otras  acusados  por las mismas conductas fueron: Ignacio Francisco Ángel Molina, Luis  Fernando  Álvarez  Uribe,  Jaime  Darío  Ángel  Molina, Lida María Londoño,  Carlos  Alberto  Balvin,  Rubén Darío Muñoz, Viviana María Balvín, Humberto  Peláez  Escobar,  Alexis  Romero  Rodríguez, Carlos Santiago Barona y Catalina  Ángel  Valencia;  esta última, solamente por el delito de lavado de activos, y  los  seis anteriores por dicha conducta y la de trafico, fabricación o porte de  estupefacientes.  A  su  turno,  Nelson de Jesús Betancourt, Luis Ángel Pérez  Mazo  y  Flavio  Andrés Chavarriaga fueron acusados como cómplices del punible  de lavado de activos.   

2 Así  mismo,  condenó  a  Rubén  Darío  Muñoz González e Ignacio Francisco Ángel  Molina  por  los  delitos  de  trafico,  fabricación o porte de estupefacientes  agravado  y  concierto  para  delinquir  agravado;  por  otra parte, absolvió a  Carlos   Alberto   Balvin  Vásquez,  Viviana  María  Balvin,  Catalina  Ángel  Valencia,  Nelson  de  Jesús  Betancourt  Valencia,  Flavio Andrés Chavarriaga  Monsalve  y Luis Ángel Pérez Mazo de las conductas punibles por las que fueron  acusados.   La  actuación  se  surtió  en actuación separada respecto de  Humberto  Peláez  Escobar,  toda  vez  que  éste  se  acogió  a  la sentencia  anticipada.   

3  Sentencia de 11 de julio de 2007, radicación No. 24040   

4  Sentencia 8 de noviembre de 2007 Radicación No. 24.965     

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