35660(28-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35660  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                       Magistrado Ponente   

                                     Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Aprobado Acta No. 351-  

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil once (2011)   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el apoderado del tercero civilmente  responsable    Henry   Ospina   Villegas  contra  la  sentencia  dictada  el  14  de  octubre de 2010 por el  Juzgado  9°  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  mediante  la cual revocó el  numeral  5°  de  la  proferida  el  28  de  agosto  de  2009 por el Juzgado 1°  Promiscuo  Municipal de Copacabana, para en su lugar condenar al recurrente a la  cancelación  solidaria  con  el  procesado  Juan David  González  Ospina  de los perjuicios ocasionados a las  víctimas.   

HECHOS.  

Fueron  narrados  por  el  Juzgado de segundo  grado en los siguientes términos:   

“El  5  de enero de 2004, aproximadamente a  las  4:15  de  la tarde, en la Autopista Medellín-Bogotá, en jurisdicción del  municipio  de  Copacabana  se  encontraba estacionado el vehículo Lada de placa  LAF  997,  y  fue  chocado, por la parte trasera, por el vehículo BMW, de placa  EVB   002,   conducido  por  el  señor  Juan  David  González  Ospina,  cuando  pretendía, por la derecha, adelantar un camión.   

Como consecuencia de la colisión las señoras  Ana   Pastora  Giraldo  y  Gladys  Hoyos  Giraldo  sufrieron  lesiones  que  les  representaron,  a  la  primera  una incapacidad de 180 días y como secuelas una  deformidad  física  que  afecta el contorno del cuerpo, perturbación funcional  del  órgano  de  la  marcha  y  perturbación  funcional  del  miembro inferior  izquierdo,  y  a la segunda, incapacidad definitiva de 180 días y como secuelas  dificultad  para  la  marcha  por inestabilidad y pérdida de fuerza muscular de  pierna  derecha,  cicatrices quirúrgicas extensas y visibles a simple vista que  afectan     el    cuerpo.”       

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE.   

1. La Fiscalía inició investigación formal  por   estos   hechos,   vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria  al  señor  Juan  David González Ospina,  y  el  5  de  diciembre  de  2008 calificó el mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación por el delito de lesiones  personales                  culposas1,    decisión   que   cobró  ejecutoria    el    7    de    enero    de    20092.   

2.  El  28  de agosto de 2009, el Juzgado 1°  Promiscuo    Municipal   de   Copacabana   condenó   al   señor   González  Ospina por el delito imputado en  la  acusación  a  la  pena  principal  privativa  de  la libertad de 9 meses de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo período de la anterior, a la suspensión del  derecho  a conducir vehículos automotores por el término de 1 año, al pago de  una  multa  de 26 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Igualmente, a la  cancelación  de  $28.177.778  por  concepto de perjuicios materiales a favor de  una  de  las  víctimas y por daños morales 70 y 60 salarios mínimos mensuales  legales vigentes por cada afectada.   

Al  sentenciado le fue concedido el beneficio  de  suspensión  condicional  de ejecución de la sentencia por el término de 2  años.   

Finalmente,  absolvió al señor Henry   Ospina   Villegas   como  tercero  civilmente   responsable   de   los   daños   que   fueron   causados   por  el  procesado3.   

3.  Apelado  el  fallo por los apoderados del  enjuiciado  y de la parte civil, el Juzgado 9° Penal del Circuito de Medellín,  mediante  el  suyo del 14 de octubre de 2010, revocó parcialmente la sentencia,  específicamente,    el    numeral    5°,    para   condenar   a   Henry  Ospina  Villegas  al pago solidario  con    Juan   David   González   Ospina   de   los   perjuicios  ocasionados  a  las  víctimas4.   

Inconforme  con  esta decisión, la apoderada  del  señor  Ospina Villegas,  recurre en casación.   

LA         DEMANDA.   

La casacionista acusa la sentencia de segundo  grado  de  haber  violado directamente la ley sustancial por exclusión evidente  del     artículo     47    de    la    Ley    769    de    2003    –Código Nacional de Tránsito- el cual  regula  la  tradición  del  dominio de un vehículo automotor y por aplicación  indebida  de  los  artículos  1494,  1613,  2341, 2356 y siguientes del Código  Civil;  95,  96,  111,  120  del  Código Penal; 45, 48, 137, 138 del Código de  Procedimiento Penal; y demás normas concordantes.   

De  igual  forma,  cuestiona  el fallo por la  violación  de  hecho  de  la  normatividad  constitucional,  procesal  penal  y  sustantiva  y procesal civil, esto es, por haber incurrido total e íntegramente  en   las   causales   consignadas   en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000.   

Refiere que ante el juez de primera instancia,  al  responder la demanda de constitución parte civil, excepcionó: “la  falta  de legitimidad en la causa por pasiva y por activa, la  falta  de fundamentos fácticos para demandar la ausencia de responsabilidad del  tercero  civil,  ya  que no es tenedor ni poseedor del bien generador del daño,  tal  como  se  puede  apreciar  en el contrato de compraventa del 12 de junio de  2003   y   en   la   copia  del  traspaso  entregado  al  comprador  debidamente  perfeccionado  de  acuerdo  a  lo preceptuado en el Código Civil”.  Para  justificar su enunciado, transcribió toda su intervención  en la audiencia pública.   

Agrega, que si bien son admitidos los errores  de  interpretación de las normas jurídicas por parte de los jueces y fiscales,  en   el   presente  caso  no  se  puede  excusar  la  violación  de  garantías  constitucionales    y    legales    desconocidas    al    señor    Henry   Ospina   Villegas   en  el  fallo  impugnado,   pues   “La  señora  Juez  de  segunda  instancia   es   experta   en   trato  y  análisis  de  la  normatividad  tanto  constitucional  como  legal,  por  lo  que no se entiende que con su experiencia  haya  hecho  una  maniobra  sesgada del acervo probatorio en desmedro del sujeto  procesal  tercero  civilmente  llamado  a responder. Con su actuar incurre en la  llamada  violación  por la vía directa de la normatividad citada constriñendo  la    Constitución    Nacional   en   los   llamados   derechos   fundamentales  (…)”.   

Reprocha  el  hecho de que la juez no le haya  notificado  el derecho que le asistía a interponer el recurso extraordinario de  casación, desconociendo la manera de fallar en segunda instancia.   

El  yerro en que incurrió la juez de segundo  grado  radicó  en  que  no  analizó adecuadamente la sentencia de su inmediato  inferior  quien supo concadenar tanto la norma sustantiva como la procesal penal  y  civil, apuntalándolas con nuestra Constitución Nacional, como corresponde a  un excelente fallador.   

Concluye  que, si la falladora hubiese tomado  en  consideración  el  artículo 47 de la Ley 769 de 2003, el cual establece lo  relativo  a  la  tradición  del  dominio  de  un  vehículo automotor y hubiera  aplicado  la  normatividad  arriba  referida,  no  habría  caído  en  la falsa  conclusión  de  llamar  a  responder  solidariamente  como  tercero  civilmente  responsable   al   señor   Henry   Ospina   Villegas  de los perjuicios ocasionados por el actuar imprudente  del procesado.   

En  consecuencia, solicita casar parcialmente  el  fallo  impugnado  para  absolver  al  recurrente  del pago de los daños que  fueron causados a las víctimas.   

CONSIDERACIONES  

         

1.  Falta  de  interés  para  recurrir  en  casación.   

El  artículo  208  de  la  Ley  600 de 2000,  establece   que  cuando  la  casación  tenga  por  objeto  lo  referente  a  la  indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia condenatoria, debe  fundarse  en  las  causales  y  la  cuantía que regulan la casación en materia  civil.   

El artículo 366 del Código de Procedimiento  Civil,  modificado  por el Decreto 2282 de 1989 y por el artículo 1° de la Ley  592  de  2000,  dispone, en relación con la cuantía del interés para recurrir  en  casación,  que  el recurso procede cuando el valor actual de la resolución  desfavorable  al  recurrente  sea  o  exceda  de  425  salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

El  salario  mínimo  mensual  en  el  2004  ascendía  a  $358.000  pesos  y  en  la  actualidad  asciende  a $535.600. Esto  significa  que  la  cuantía  del interés para recurrir en casación en el 2004  era  de  $152’150.000 y que  en   la   actualidad   es   de   $227’630.000.     

El monto de la condena por daños y perjuicios  que   motiva   el   recurso   de   casación   es   de   apenas  $28’177.778,  suma que aún considerada en  su  integridad,  resulta  manifiestamente  inferior  al  umbral  requerido  para  acceder a la  impugnación extraordinaria.   

Esto  indica  que  el  demandante  carece  de  interés  para  atacar  en  casación la condena de los perjuicios decretados, y  que  la decisión a tomar no puede ser distinta de la inadmisión de la demanda,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el artículo 213 de la ley 600 de 2000.   

2.    Procedencia    de   la   casación  discrecional.   

Aunque  la ausencia de interés para recurrir  en  casación,  es razón suficiente para inadmitir el libelo, no sobra señalar  que    en    todo    caso    no   satisface   los   presupuestos   mínimos   de  admisión.   

En  efecto, teniendo en cuenta lo previsto en  el   inciso   1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  el  recurso  extraordinario  de  casación  es  viable  contra  las  sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y por el  Tribunal  Penal  Militar cuando se proceda por delitos que tengan señalada pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

Cuando el fallo de segundo grado no es emitido  por  los   citados  tribunales o el delito por el que se procede tiene pena  privativa  de  la  libertad inferior a dicho quantum punitivo, el inciso 3º del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal faculta a esta Sala para admitir  discrecionalmente    las  demandas  de  casación  que  se  ajusten  a  los  requisitos  legales cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales.   

Advertido esto, por tratarse de una sentencia  proferida  en  segunda  instancia  por un Juzgado Penal  del  Circuito, se impone plantear el recurso a través  de la vía discrecional.   

La Corte ha sido insistente en sostener que la  casación  discrecional  exige  para  su admisibilidad el cumplimiento de varias  condiciones:   (i)   que  el  caso  no  tenga  casación  común;  (ii)  que  la  intervención  de  la  Corte sea necesaria para la protección de las garantías  fundamentales  o el desarrollo de la jurisprudencia, y (iii) que se presente una  demanda  que  cumpla las condiciones mínimas requeridas por la ley y la lógica  casacional para su estudio, en sus aspectos formal y sustancial.   

El  primer  presupuesto implica demostrar que  los  requerimientos  de  procedencia  de  la  casación  común, previstos en el  artículo  205  de  la  ley  600  de  2000,  por  razón  de la naturaleza de la  sentencia  impugnada, su origen, o la pena prevista para el delito por el que se  procede,  no  concurren  integralmente, y que la vía de ataque es por tanto, la  casación discrecional.    

El   segundo,  comporta  acreditar  que  la  sentencia  impugnada desconoció un derecho fundamental específico que requiere  la  intervención  de  la  Corte para su protección, o que se está frente a un  tema  que  no  ha  tenido  desarrollo  jurisprudencial,  o  que  teniéndolo  es  necesario   replantear,   o   que   alrededor   suyo   se   presentan   posturas  interpretativas disonantes que es indispensable unificar.   

La tercera, impone cumplir los requerimientos  mínimos  de  forma  y  contenido  señalados  para  la  casación común por el  artículo  212  del estatuto procesal penal, a saber: (1) identificación de los  sujetos  procesales  y de la sentencia impugnada, (2) resumen de los hechos y de  la  actuación procesal, y (3) señalamiento de la causal invocada y exposición  de  sus  fundamentos,  en  la  forma  requerida  por los principios que rigen la  casación y la lógica de la causal planteada.   

En el caso en estudio, la libelista nada dice  sobre  la  procedencia  de  la  casación  discrecional.  Es  más,  ni siquiera  menciona  esta vía de ataque para demostrar la necesidad de intervención de la  Corte  para la protección de las garantías fundamentales o el desarrollo de la  jurisprudencia.  No invoca esta vía, ni la justifica, y la demanda que presenta  para  buscar  la  admisión  a trámite del recurso, no cumple las exigencias de  fundamentación mínima requeridas para su admisión.   

3.   Examen   de   admisibilidad   de   la  demanda.   

La  Corte reitera que la demanda de casación  no  es  un  escrito de libre confección en la que sea viable realizar cualquier  clase  de  cuestionamientos  con  el  fin  de  continuar  el  debate  fáctico y  jurídico que se surtió durante las instancias.   

Su  naturaleza  extraordinaria,  exige  que  contenga  una  argumentación  sólida,  dialéctica  y coherente en la que, con  fundamento  en los motivos expresamente señalados por el legislador, se esbocen  en  forma  ordenada  y  clara  los  errores de juicio o de actividad en que pudo  incurrir   el   fallador  de  segundo  grado  y  se  resalte  su  trascendencia.   

Su  propósito  no  es  el  de  instituir una  instancia  adicional  a  las ordinarias para continuar con el debate probatorio,  sino  el  de  realizar un control jurídico sobre la sentencia que puso fin a la  actuación,  a  efectos  de  verificar  si  se ajusta o no al ordenamiento y, en  consecuencia,  hacer  efectivo el derecho material, el respeto de las garantías  de   los   intervinientes   y   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos.   

El  censor  debe  postular sus argumentos con  claridad,  precisión  y contundencia. Su discurso debe ser lógico, jurídico y  suficientemente  sustentado,  de modo que demuestre la afectación de derechos o  garantías  fundamentales,  la configuración de la causal o motivo de casación  que  invoca  y  la necesidad de intervención de la Corte por la realización de  los fines del recurso.   

         

4. El cargo concreto  

Para la Sala es evidente que el cargo único  formulado   por   la  impugnante,  carece  de  las  exigencias  de  claridad,           precisión       y       concisión.   

Si bien acertó en la identificación de los  sujetos  procesales, en el señalamiento de la sentencia objeto de impugnación,  en  la  síntesis  de  los  hechos  materia  del  juicio  y  en el resumen de la  actuación  procesal  relevante,  lo cierto es que no cumplió con el desarrollo  argumentativo  del  yerro que plantea al amparo de la causal primera prevista en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  como  lo  exige  la lógica del  recurso.   

Es   de   destacar,   por  los  argumentos  del     cargo,   que  aunque  se  orientan  por  denunciar   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación del artículo 47 de  la  ley  769  de  2003 el cual establece cómo se lleva a cabo la tradición del  dominio  de  un  vehículo  automotor  y la aplicación  indebida  de  los  artículos 1494, 1613, 2341, 2356 y  siguientes  del  Código  Civil;  95,  96, 111, 120 del Código Penal; y 45, 48,  137,  138  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cierto  es que equivocó la ruta del ataque por cuanto  la     vía     adecuada    era    la    violación  indirecta,   como   más  adelante  se  demostrará.   

La  vía  directa  de  violación  a  la  ley  sustancial  en  casación,  como  se  conoce  en la doctrina jurisprudencial por  lustros  reiterada,  demanda  que la vulneración a la norma positiva se postule  por  falta  de aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea, sin  que  medien  valoraciones  probatorias,  siendo  en consecuencia indispensable e  imperativo  no  sólo  indicar  los  preceptos  sustanciales  transgredidos y el  sentido  de  la  violación, sino además explicar las razones del quebranto, es  decir,  la fundamentación teórica consecuente con la modalidad del menoscabo a  la ley alegado.   

Por otra parte, como también ha precisado de  antaño  la  Sala,  en  su alegación el demandante debe evitar incongruencias o  contradicciones,  por  lo  tanto,  de  manera  alguna resulta apropiado desde la  técnica  que  rige  la  impugnación extraordinaria, aducir o combinar en forma  indistinta  estos  diversos  conceptos.   Así,  la exigencia de claridad y  precisión  que  es  propia  del recurso de casación, reivindica del censor una  determinación   exacta   del  sentido  de  la  transgresión  denunciada,  pero  primordialmente,  que  al  desarrollar  el  reproche  no  acuda  a razonamientos  propios       de       otras       modalidades5.   

Los   anteriores   requerimientos   fueron  desconocidos  en  su  totalidad por la censora, pues de la lectura de su escrito  se  deriva  un  discurso genérico en el cual cuestiona la responsabilidad civil  endilgada  al  señor Henry Ospina Villegas  sobre  los  hechos  y  las pruebas que tenía que dar por sentados  conforme a la causal invocada.   

Observa  la  Sala  que  el  fundamento  de la  censura  se  asemeja  más  a  un  reproche  por  violación indirecta de la ley  sustancial,  como  quiera  que  la  discrepancia  del  demandante  con  el fallo  recurrido,  en  últimas  radica  en  la estimación que de los medios de prueba  efectuó  el Juzgado de segundo grado para establecer que el señor Henry    Ospina   Villegas    debía  responder    solidariamente    por    los    perjuicios    causados    por    el  procesado  Juan  David  González  Ospina,  pues de la lectura del cargo se evidencia que la inconformidad se  concreta  en  que  el Ad quem,  no  tuvo  en  cuenta  que  para  la  época  de los hechos, el recurrente no era  tenedor  ni propietario del vehículo que ocasionó el accidente, con base en un  contrato de compraventa, véase:   

“FUE  ASÍ  COMO  ESTA  APODERADA  EN  LA  RESPECTIVA  CONTESTACIÓN  DE  LA  DEMANDA  DE  CONSTITUCIÓN  DE  PARTE CIVIL Y  DENUNCIA  DEL PLEITO EXCEPCIONÓ EN TIEMPO OPORTUNO LA FALTA DE LEGITIMACIÓN EN  LA  CAUSA  PARA  DEMANDAR  POR  PASIVA  Y  POR  ACTIVA,  LA FALTA DE FUNDAMENTOS  FACTICOS  PARA  DEMANDAR  EN  CONSTITUCIÓN  DE  PARTE  CIVIL,  LA  AUSENCIA  DE  RESPONSABILIDAD  DE  MI PODERDANTE, YA QUE NO ES NI TENEDOR NI POSEEDOR DEL BIEN  GENERADOR  DEL  DAÑO, TAL COMO SE PUEDE APRECIAR EN EL DOCUMENTO DE COMPRAVENTA  DEL  DOCE  DE  JUNIO  DE 2003, Y EN LA COPIA DEL TRASPASO ENTREGADO AL COMPRADOR  DEBIDAMENTE  PERFECCIONADO  DE  ACUERDO  A  LO  PRECEPTUADO  EN  EL CODIGO CIVIL  (…)”   

En  efecto,  cuando  se  debate  el análisis  probatorio,  es  porque  se  ha  transgredido  la  ley  sustancial  por  la vía  indirecta.  Este  ataque  debe  ser  formulado  al  amparo de la causal primera,  cuerpo  segundo,  con  indicación  clara y precisa del error que le atribuye al  juzgador,  bien  sea,  de  hecho  (por  falso  juicio de existencia, identidad o  raciocinio)  o  de derecho (por falso juicio de legalidad o de convicción), con  la    explicación    clara    de    su    trascendencia    en    la   decisión  recurrida.   

Como  el  libelista  equivocó  la  vía para  realizar  tal  reclamo,  la censura por esta parte no está llamada a prosperar,  pues  por el camino de la violación directa de la ley solo es permitido exponer  argumentos   en   estricto  sentido  jurídico,  y  por  ningún  motivo,  puede  cuestionar  los  hechos  y  las  pruebas, como aconteció en el presente evento.   

Ahora,   cuando  refiere  la aplicación  indebida  de  los  artículos  1494, 1613, 2341, 2356 del Código Civil; 95, 96,  111,  120  del  Código  Penal;  y 45, 48, 137, 138 del Código de Procedimiento  Penal  y  demás  normas  concordantes, la casacionista no se toma el trabajo de  explicar  por  qué esas normas no son aplicables al caso, simplemente se limita  a  enunciarlas  sin  demostrar  de  qué  manera  el  fallo  cuestionado hubiese  cambiado en pro de los intereses del recurrente.   

En   síntesis,  la  demanda  estudiada  no  satisface   las   exigencias   mínimas   de   claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  requeridas  por  el  artículo  212  de la Ley 600 de 2000 y la  lógica  de  la causal invocada para su estudio de fondo. Por tanto, la Corte la  inadmitirá  y  ordenará  devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen, no  advirtiendo  violación  de  garantías  fundamentales  que esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  la  apoderada  de Henry  Ospina Villegas.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSE   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTINEZ                                 

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                                                 SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE  LEMOS        

                                                                                Permiso   

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN               JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  Folios 222-231 del cuaderno No.1.   

2 Folio  232 ídem.   

3  Folios 360-378 ídem.   

4  Folios 410-418 ídem.   

5  Casación 15815 del 14 de noviembre de 2002.     

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