35645(26-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 35645  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 258                                                                                     Magistrado  Ponente:   

                                     JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá D. C., veintiséis de julio de dos mil  once.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación   presentada por el defensor de Luis  Enrique  Medina  Quintero  contra la  sentencia  dictada  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Neiva el 9 de  agosto  de  2010,  mediante  la  cual  revocó  la  emitida por el Juzgado Unico  Promiscuo  Municipal  de  Iquira  (Huila)  el  31  de  mayo  del mismo año, que  absolvió  al  procesado  por  el  delito  de  lesiones  personales,  para   condenarlo por el referido ilícito.   

Hechos    

Sucedieron  el  1°  de  diciembre  de  2005,  alrededor  de  las 01:00 horas, en la ciudad de Neiva. La central de radio de la  policía  recibió una llamada alertando sobre una riña en la vía pública, en  la  carrera  segunda entre calles 13 y 14. Al dirigirse al sitio, hallaron en el  piso  a  ANDRES  MAURICIO SERRANO TAFUR, quien presentaba una herida causada con  arma  cortante  en  la  región  dorso  lumbar  izquierda  y  otra en la región  escapular  izquierda,  que le reportaron una incapacidad definitiva de doce (12)  días   y   deformidad   física   de  carácter  permanente.  Las  indagaciones  preliminares   señalaron  a              Luis   Enrique   Medina  Quintero  como   el   autor   del  hecho,  quien  fue  capturado  y  puesto  a  disposición de la fiscalía.   

Actuación procesal relevante  

1. La fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria a Luis  Enrique  Medina  Quintero, y el 25 de  agosto  de  2008  calificó el sumario con acusación en su contra por el delito  de  lesiones  personales,  de conformidad con lo previsto en los artículos 111,  112  inciso  primero  y  113  inciso  segundo  del Código Penal. Esta decisión  causó  ejecutoria  el  21  de  octubre  siguiente.1   

2.  El  31  de mayo de 2010, el Juzgado Unico  Promiscuo  Municipal  de  Iquira  (Huila),  a  donde  fue remitido el proceso en  virtud  de  un  acuerdo  de descongestión, dictó sentencia absolutoria a favor  del  procesado,  por  considerar que había actuado dentro de los parámetros de  la            legítima           defensa.2   

3.  Impugnada esta decisión por el apoderado  de  la  parte  civil,  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Neiva, mediante  fallo  de  9 de agosto de 2010, revocó la absolución y condenó a Luis  Enrique  Medina Quintero a la pena de  24  meses  de  prisión  y multa de 26 salarios mínimos legales mensuales, como  autor   responsable   del   delito   imputado   en   la  acusación.3 Inconforme con  esta decisión, la defensa recurre en casación excepcional.   

   

La demanda  

Justifica  la  procedencia  de  la  casación  excepcional  asegurando  que  se  torna  necesaria  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  en  cuanto  “no  existe  un desarrollo jurisprudencial que de  manera  concreta  se  fije  sobre  el  valor  probatorio  e  incidencia  de  los  dictámenes  técnico  médico  legales, que dan cuenta y describen las lesiones  personales,  así  como sus secuelas, documentos de gran importancia como quiera  que  son  los  que  respaldan  y soportan la adecuación típica y dosificación  punitiva  a  tener en cuenta por el operador judicial al momento de hacer cargos  por este punible”.   

Al  concretar los cargos contra la sentencia,  afirma  que  viola  de  manera indirecta la ley sustancial, debido a un error de  raciocinio,  “predicable  de  la  valoración  dada  por  el  juez  de segunda  instancia  respecto de los dictámenes de medicina legal que soportan el punible  de  lesiones personales dolosas con secuela consistente en deformidad física de  carácter permanente”.   

Explica  que el juzgador de segundo grado, en  su  disertación alrededor de la responsabilidad del procesado, concluyó que la  causal  de  justificación  reconocida  por  el  juez de primera instancia no se  evidenciaba,  y  que  luego  de  analizar  los  testimonios aportados al proceso  afirmó que se reunían los requisitos para condenar.   

No obstante esta conclusión y de declarar la  certeza  de  la  materialidad  del  hecho punible, en el momento de dosificar la  pena  hace  la  siguiente  manifestación:  “teniendo en cuenta que la lesión  causada  es  de  poca  consideración,  dado  el  lugar  del cuerpo en donde fue  producida  y  el  tamaño  de  las  heridas,  por ende el daño real causado fue  igualmente poco…”.    

Si  bien optó, entonces, “por condenar por  lesiones  personales  dolosas,  tenemos que no arribó a ninguna conclusión por  análisis  que hiciese de los dictámenes técnico médico legales, a los que de  manera  indirecta  hizo  referencia,  cuando describe las lesiones y sin embargo  aún  cuando  condena  por  las  conclusiones  que estos dictámenes arrojan, al  momento  de  moverse  en los cuartos los desestima, sin que ello repercuta en el  punible por el que condena”.   

Esto demuestra que el juzgador desconoció por  completo   las  reglas  de  la  valoración  probatoria  en  relación  con  los  dictámenes  referidos,  “porque  si  en  verdad  solo  con los testimonios se  arrojara  fehacientemente y sin duda razonable que las lesiones fueron con dolo,  lo  normal  sería  que  apoyara  esa declaraciones (sic) con lo recogido por el  perito  en  su  informe, como no lo hiciese, mal podría entrar a aseverar la no  presencia   de  causal  alguna  que  excluya  de  responsabilidad  en  (sic)  mi  prohijado”.   

Agrega  que  la  función del juez no es solo  avocar  el  conocimiento  y  fallar,  sino también establecer el alcance de los  elementos  de  prueba aportados al proceso, por lo que en el presente caso “el  debido  juicio a aplicar sería analizar en principio el valor suasorio de estos  documentos  suscritos  por  perito  experto,  para  luego  dar así cabida a una  materialización  y  aún  si  ésta  fuera  positiva,  discriminar,  si  dichos  experticios  se ajustan a la lógica, si su percepción y conocimiento van de la  mano con lo puesto de presente”.   

Concluye  diciendo que es sólo en el momento  de  analizar  los  cuartos  de  movilidad,  “que  evoca la inexistencia de una  secuela  de  carácter permanente, restándole credibilidad, valor e importancia  a  las  conclusiones del profesional de la salud que contrario a su parecer así  las  describe; pero en contrasentido predica su existencia para condenar por una  pena  superior,  haciendo  aparecer  una circunstancia que él nunca valoró, ni  dio por demostrada”.   

Sustentado  en estos razonamientos solicita a  la Corte casar la sentencia impugnada y disponer su revocación.   

SE CONSIDERA  

El  demandante acierta en la selección de la  vía  de  la casación excepcional para la interposición del recurso, porque la  sentencia  de  segunda  instancia  fue  dictada por un juez penal del circuito y  porque  la  pena  prevista  para el delito por el que se procede no supera en su  máximo  los ocho (8) años de privación de la libertad. Pero lo mismo no puede  afirmarse  del  cumplimiento  de los requisitos de fundamentación exigidos para  su admisión a trámite.   

La  Corte  ha sido insistente en sostener que  quien  acude a esta modalidad de impugnación, debe cumplir dos condiciones, (i)  demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte para el desarrollo de la  jurisprudencia   o  la  protección  de  las  garantías  fundamentales  y  (ii)  presentar  una  demanda  que  formalmente  reúna  las  exigencias  mínimas  de  claridad,   concreción   y   fundamentación  requeridas  para  su  estudio  de  fondo.   

Cuando   la   justificación  del  trámite  casacional  se  hace consistir en la necesidad de desarrollar la jurisprudencia,  como  ocurre en el presente caso, el demandante debe identificar con claridad el  tema  cuyo  examen  demanda  e  indicar  si  lo  que pretende es que la Corte lo  desarrolle  por  ser inédito, lo unifique por existir posturas contradictorias,  o  lo reconsidere por haber dejado de tener vigencia, y demostrar la importancia  de  esta  definición,  aclaración o rectificación en la solución del caso en  concreto.   

Adicionalmente  a  esto  debe  presentar  una  demanda  en  forma,  en  la  que  se  consignen y desarrollen autónomamente los  cargos  presentados contra la sentencia impugnada, los errores cometidos en cada  caso,  su  naturaleza  y sus implicaciones en la decisión que se impugna, en el  marco  de  una  alegación  que debe estar necesariamente asociada con los temas  sobre los cuales se pide el pronunciamiento jurisprudencial.   

En  el  caso  que  se estudia el casacionista  sostiene  que  acude  a la casación discrecional para que la Corte se pronuncie  sobre  el valor probatorio de los reconocimientos médico legales en los delitos  de   lesiones   personales,   porque   sobre   el  punto  no  existe  desarrollo  jurisprudencial,  pero  no  dice  por qué es necesario este pronunciamiento, ni  qué  importancia  tiene  el  mismo  para  la  correcta  solución  del  caso en  concreto.   

En una alegación de difícil comprensión por  la  falta de claridad en la exposición de los argumentos y en la concreción de  sus  pretensiones, afirma que el juzgador desconoció por completo las reglas de  la  valoración probatoria de estos dictámenes, sin explicar en qué consistió  esa  indebida valoración, ni por qué su postura debe ser objeto de aclaración  o  rectificación por la Corte a través de un pronunciamiento con connotaciones  de precedente.    

El casacionista tampoco acredita el error que  denuncia,  pues  en  su  apoyo lo único que dice es que el juez desconoció los  reconocimientos  médico  legales al hacer la siguiente precisión en el proceso  de  dosificación  punitiva: “teniendo en cuenta que  la  lesión causada es de poca consideración, dado el lugar del cuerpo en donde  fue  producida  y  el  tamaño  de  las  heridas, por ende el daño real causado  igualmente  fue  poco, que el hecho fue causado con dolo, y que estamos frente a  una  persona  carente  de antecedentes penales…la sanción a imponer ha de ser  de    24    meses    de    prisión    y   multa   de   26   salarios   mínimos  mensuales”.   

Pero   no   dice   en   qué   consistió  específicamente   el  error,  ni  cuál  principio  lógico,  cual  máxima  de  experiencia,  o  cuál  postulado  de  la  ciencia el juzgador desconoció en la  apreciación  de  esta  prueba,  ni de qué manera la equivocada valoración que  denuncia  impidió el reconocimiento de la eximente de la legítima defensa, que  es   donde   finalmente   descansa   la  inconformidad  del  casacionista,  como  correspondía  hacerlo  si  pretendía probar la existencia de un error de hecho  por falso raciocinio.   

Aunque  esto sería suficiente para inadmitir  la  demanda,  pertinente  es  precisar  que las afirmaciones del juzgador que el  demandante  cuestiona  las hizo en aplicación de los criterios de dosificación  punitiva  que  ordena  tener  en  cuenta  el inciso tercero del artículo 61 del  Código  Penal,4  cuyo  estudio  significó  para  el procesado la aplicación de la  pena  mínima  prevista  para  el  delito,  por  su  menor gravedad, y que no se  entiende, por tanto, la protesta del demandante en este aspecto.   

Dígase  también  que  esta  apreciación no  comporta  desconocimiento  ni  contradicción  alguna  con los contenidos de los  dictámenes   que   describen   la   naturaleza  de  las  heridas  y  fijan  sus  consecuencias  médico  legales,  y  que la pretensión del demandante de que la  Corte  fije  doctrina  sobre el valor probatorio de esta clase de pruebas carece  de  sentido,  no  sólo  por  su  intrascendencia  frente  al cargo, sino porque  múltiples  han sido los pronunciamientos donde ha dicho que su valoración debe  hacerse  con  sujeción a los criterios de persuasión racional y en especial de  los  señalados  en  el  artículo  257  de  la  Ley  600  de  2000.5   

Visto, entonces, que la demanda no cumple los  requerimientos  mínimos  exigidos  para su selección a trámite por la vía de  la  casación  excepcional,  la  Corte,  en  aplicación  de  lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600 de 2000, la inadmitirá y ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen, no advirtiendo violaciones a las garantías  fundamentales  que  esté  en  el  deber  de  proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por    el    defensor    de   Luis   Enrique   Medina  Quintero.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSE        LUIS        BARCELO  CAMACHO                                 JOSE                               LEONIDAS                               BUSTOS  MARTINEZ                               

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PEREZ                                           

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                                     MARIA              DEL              ROSARIO              GONZALEZ             DE  LEMOS                 

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                                   JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                           

           

Nubia Yolanda Nova García  

SECRETARIA  

    

1  Folios 4, 7, 40-43 y 47 del cuaderno original 1.   

2  Folios 61-74 ibídem.   

3  Folios 5-21 de cuaderno No.2.   

4 Este  precepto  dice:  “Establecido  el  cuarto  o  cuartos  dentro  del que deberá  determinarse  la  pena,  el  sentenciador la impondrá ponderando los siguientes  aspectos:  la  mayor  o menor gravedad de la conducta, el daño real o potencial  creado,  la naturaleza de las causales que agraven o atenúen la punibilidad, la  intensidad  del  dolo, la preterintención o la culpa concurrentes, la necesidad  de pena y la función que ella ha de cumplir en el caso concreto.   

5  C.S.J.,  Casación  15493,  decisión  de  14 de marzo de 2001; Casación 17167,  decisión  de  6  de  septiembre de 2001, Casación 14043 de 7 de marzo de 2002;  casación 22328 de 4 de mayo de 2006, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *