34819(04-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 361   

Bogotá D.C., noviembre cuatro (4) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el apoderado de la empresa LEASING DEL VALLE S.A. –hoy   LEASING   CORFICOLOMBIANA   S.A.  C.F.C.—,   contra   la  sentencia  condenatoria  proferida  por  el  Juzgado  2º  Penal del Circuito de  Palmira  y  confirmada por el Tribunal Superior de Buga, a través de la cual se  le  impuso la obligación solidaria de pagar los perjuicios morales causados con  el delito.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Hacia las 7  A.M.   del   13   de   octubre   de   2003,  en  la  vía  Palmira  –  Cali,  Manuel Antonio Zapata Flórez,  de  54 años, se desplazaba en bicicleta. Atrás de él JOHN FREDY BEDOYA URSUGA  conducía  la  buseta  de  servicio  público  de  placas  ZNQ  394,  afiliada a  COODETRANS.  Lo  hacía  con  exceso  de  velocidad,  en  razón de lo cual y de  invadir   el   carril   del   ciclista,   lo   arrolló   y  le  causó  la  muerte.   

2.  Al proceso, que  se  inició  el  13  de  octubre de 2003, fue vinculado a través de indagatoria  JOHN  FREDY  BEDOYA URSUGA, a quien la Fiscalía acusó el 25 de octubre de 2005  por  la  conducta  punible  de  homicidio culposo. Esta determinación quedó en  firme el 17 de noviembre siguiente.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  1º  de  marzo  de  2010 el Juzgado  2º Penal del Circuito de  Palmira  lo  condenó  a 24 meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso,  multa  de 20 salarios  mínimos  legales  mensuales,  suspensión  de  su  actividad de conductor por 3  años  y  a  pagarle  a la esposa e hijos del occiso, por concepto de perjuicios  morales,  la  suma  equivalente  a  250  salarios  mínimos  legales  mensuales,  solidariamente  con  la compañía de financiamiento comercial LEASING DEL VALLE  S.A.,  vinculada  a  la actuación en calidad de tercero civilmente responsable.  Le   concedió   al   procesado,   por   último,   la   condena  de  ejecución  condicional.   

4.  El  abogado de  LEASING  DEL VALLE S.A., con la pretensión de conseguir exoneración de pago de  su  representada, apeló ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Buga, por  intermedio  de la sentencia recurrida  en casación, expedida el 9 de abril  de 2010, le impartió confirmación.   

LA DEMANDA:  

          Primer cargo.   

          Refirió  el  casacionista,  con fundamento en el artículo 181-3 de  la  Ley  906 de 2004, que el juzgador desconoció las reglas de apreciación del  contrato   de   arrendamiento  financiero  07416,  aportado  debidamente  en  la  contestación  de  la  demanda  y  con  el  cual  se  desvirtúa “el  nexo  causal  entre  el  agente que generó el daño”  y  la  entidad  a  la  cual  representa.  Además,  no existió  análisis  acerca  de  las  excepciones  propuestas  por  la  empresa demandada,  quebrantándose   con   la   omisión   el   derecho   fundamental   de   debido  proceso.   

          El    contrato    de    arrendamiento   financiero   “consiste  en  que  una  entidad  Leasing,  le concede a un tenedor o  usuario  el  goce  de un bien”, con la posibilidad de  adquirirlo  o  devolverlo  al  finalizar  el plazo pactado. La segunda instancia  dejó  de lado el contrato de leasing allegado al proceso penal, el cual exonera  de  responsabilidad  a  LEASING  DEL VALLE S.A. frente al accidente de tránsito  aquí  investigado.  Procede,  por  tanto,  casar  la  sentencia  impugnada para  “exonerar    de    toda    responsabilidad   civil  solidaria” a esa compañía.   

          Segundo cargo.   

         

          Lo  formuló  el recurrente al amparo de la causal 1ª del artículo  181  de  la Ley 906 de 2004. Y aparte de invocar como fundamento lo expresado en  el reproche anterior, adicionó los siguientes aspectos:   

          Si   se   atiende  la  noción  de  tercero  civilmente  responsable  contenida  en  el  artículo  140 del Código de Procedimiento Penal de 2000, la  cual  “traslada”  a  los  artículos  2347  y  2349  del  Código  Civil,  surge  nítidamente que la sola  calidad  de propietario del bien con el cual se causó el homicidio –como  lo  era LEASING DEL VALLE S.A. de  la   buseta  manejada  por  el  acusado—  no  genera  la  responsabilidad por el hecho del otro, sino que la  misma  se  deriva  de  tener la vigilancia o control respecto de la conducta del  chofer.   

          Así  las cosas, si el dueño “de la cosa  generadora  de  la actividad peligrosa” prueba que no  es  el  guardián  de la misma “porque transfirió su  tenencia   legítimamente   a  título  no  traslaticio  de  dominio”,  es decir, demuestra que se desprendió del poder de dirección  y   control   sobre   ella,   “ninguna   clase   de  responsabilidad  puede  imputársele  y por ende debe exonerársele de cualquier  indemnización    que    se   hubiere   ocasionado   por   la   cosa”.   

Le   pide   el  censor  a  la  Corte,  por  consiguiente,  casar  la  sentencia  y  absolver  a  LEASING DEL VALLE S.A., hoy  LEASING CORFICOLOMBIANA S.A. C.F.C.   

CONCEPTO DE LA PROCURADORA 3ª DELEGADA PARA  LA CASACIÓN PENAL:   

Por  su  íntima  relación,  la  Delegada  decidió  responder conjuntamente los reproches formulados en la demanda, en los  siguientes términos:   

El tercero civilmente responsable, de acuerdo  con  el  artículo  140 de la Ley 600 de 2000, es la persona natural o jurídica  que  sin  haber intervenido en la comisión de un hecho punible, “tiene  el  compromiso  de  indemnizar los perjuicios causados con la  conducta    penalmente    relevante    para    el    derecho   penal”,  el  cual surge de los artículos 2344, 2347 y 2349 del Código  Civil y del 96 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

La   última  norma,  similar  a  como  se  contempló  en  el  artículo 46 de la Ley 906 de 2004, establece que los daños  causados  con la infracción deben ser reparados por los penalmente responsables  y  por  quienes conforme a la ley sustancial están obligados a responder. En el  presente  caso, además del conductor del vehículo, le corresponde hacerlo a la  firma LEASING DEL VALLE S.A. o LEASING CORFICOLOMBIANA S.A. C.F.C.   

La   compañía  de  leasing,  en  efecto,  “es la que tiene la calidad de propietaria del bien,  pero  en  el  momento  en que lo entrega al locatario, le exige un aseguramiento  contra  el  deterioro,  pérdida,  destrucción,  hurto  y contra todo riesgo de  daños   que   el   bien   entregado   pueda  ocasionar  a  terceros”.   

“De  hecho  en  los  contratos  celebrados  –sigue       el  concepto— se ha establecido  que  la  compañía  puede asegurar el objeto por riesgos contra terceros con la  condición  que  el locatario devuelva estos valores a la compañía quien es la  beneficiaria   de   estos   seguros;  como  el  contrato  de  leasing  tiene  la  característica  de ser consensual, la parte dominante que para el caso concreto  lo  constituye  la  compañía  leasing,  establece  que  los  daños causados a  terceros  los  debe pagar el locatario, en atención a que es la parte que tiene  la  administración  directa  sobre  el  bien,  es  decir  el  poder  de  mando,  dirección  y  control  del  bien  entregado  por  la compañía, luego entra al  ámbito  de  su  dominio  tomar  las  medidas  para  que  una situación de esta  naturaleza no se produzca.   

“En  la  mayoría  de  contratos  de  esta  naturaleza  las  compañías de leasing establecen en el texto de la convención  que  la  responsabilidad  por el uso del bien sometido a esta figura corresponde  única  y  exclusivamente  al  locatario, por manera que no se hacen garantes de  las  obligaciones  de  carácter  penal,  civil,  administrativa,  contractual o  extracontractual.   

“Ahora  bien,  cuando  la  compañía  de  leasing,  como  en  el  caso  que  nos  ocupa  resulta  vinculada  y condenada a  responder  de  forma  solidaria  como  tercera  civilmente  responsable  por  la  comisión  de  un  hecho punible, establecen una cláusula general consagrada en  el   texto   del   contrato,  según  la  cual  en  el  evento  de  deducírsele  responsabilidad   de  carácter  penal,  civil,  administrativa,  contractual  o  extracontractual,  el locatario, es obligado a poner todos los medios de defensa  para  que  la  compañía  pueda  defenderse  y  en el caso extremo de que fuera  condenada  a  cancelar una indemnización, el locatario es obligado a reembolsar  todos  los gastos generados con la actuación judicial, en su orden, honorarios,  costas,  agencias en derecho, así como a devolver el monto de la indemnización  a  que  se  hubiere  visto  obligada  la compañía de leasing a cancelar por un  siniestro, en el caso de los vehículos automotores.   

“En  el  caso  que  nos ocupa –finaliza  la  Procuraduría—,  el  Tribunal  al  desatar  la alzada  estableció  que  en  el  propio  contrato  de leasing invocado por el apelante,  contiene  una cláusula noventa según la cual en el evento de que la compañía  debiera  indemnizar  a  terceros por concepto de daños o perjuicios causados el  locatario  está  obligado  a reembolsarle la totalidad de la suma pagada dentro  de  los  5  días  siguientes  a  la  fecha de la presentación de la respectiva  factura,  por  manera  que  ninguna duda surge con relación a la posibilidad de  que  fuera condenada la compañía en forma solidaria, como en efecto lo hizo el  Tribunal  Superior de Buga, por manera que ninguna vulneración por vía directa  o indirecta se produjo en la sentencia atacada”.   

          Así  las  cosas,  no  hay  lugar  a  casar  el  fallo  recurrido en  casación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Está claro para  la  Sala,  luego  de  revisar  la  actuación,  que  el 18 de febrero de 2004 la  Fiscalía  admitió  la  demanda  de  constitución  de parte civil presentada a  través  de  apoderado  por  varios  parientes del occiso e igualmente que en la  misma  decisión  se  dispuso  vincular como tercero civilmente responsable a la  empresa LEASING DEL VALLE S.A.   

En  la  sentencia de primera instancia, a su  turno,  la  compañía  resultó  condenada  solidariamente  con  el procesado a  pagarles  a  los  demandantes,  en  total,  la  suma  equivalente a 250 salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

Recurrida  en  apelación  esa  específica  determinación  por  el  apoderado de la compañía de financiamiento comercial,  la  segunda instancia declaró probado que la buseta de servicio público con la  cual  se  causó  el  delito, identificada con las placas ZNK 394, se encontraba  afiliada  a  la  empresa de transportes de Palmira COODETRANS y era propiedad de  LEASING   DEL   VALLE   S.A.  Esta,  a  su  vez,  la  tenía  dada  en  arriendo  “al  locatario  con  quien  suscribió  contrato  de  leasing”.   

Realmente         –aclara      la     Sala— fueron dos locatarios los suscriptores  del  convenio:  Luis  Olincer  Maldonado  Farinango  y  Harbi  Guillermo Pantoja  Acosta,   sin  vinculación  al  presente  proceso  en  condición  de  terceros  civilmente  responsables.  La  duración del mismo se pactó a 36 meses contados  desde  el  21  de mayo de 2002, se expresó en el documento que en esa fecha los  arrendatarios      cancelaron     “como     cuota  extraordinaria”  30 millones de pesos y se pactaron,  además, 36 cuotas mensuales adicionales de $1.433.613.oo.   

El     ad  quem,  de  otro  lado,  de  la circunstancia de ser la  compañía  de  leasing  la propietaria del automotor con el cual se ejecutó el  homicidio,   derivó  la  existencia  del  “vínculo  jurídico”  indispensable  entre  la  primera  y  el  segundo  para atribuirle responsabilidad civil a la entidad por el hecho ajeno o  “daño    causado   con   el   vehículo   de   su  propiedad”.   

“A  la  empresa  LEASING     DEL     VALLE    S.A.    –reflexionó   el   Tribunal—  no  le resulta extraño ni ajeno que uno  de  sus  vehículos  entregados en arrendamiento, sea conducido por un motorista  asalariado  quien  con  ese  instrumento de trabajo realiza actividad peligrosa,  cuyos  riesgos  aumentados  en  el  tráfico automotor potencia la ocurrencia de  eventos  como  el  que  reporta  el  presente proceso, esto es, la causación de  daños  a  terceros  cuya  responsabilidad  no  sólo  afronta  directamente  el  conductor,  sino  de  manera  indirecta o refleja el dueño del automotor, y por  supuesto  que  también  la  persona  que en calidad de arrendatario mantenga la  tenencia del mismo”.   

Los  contenidos  de  las  cláusulas novena,  literal  L),   y  décima del contrato de leasing le sirvieron a la segunda  instancia,  adicionalmente,  para afianzar la convicción precedente. De acuerdo  con  la  primera “si en virtud de disposición legal,  acto  administrativo  o  providencia  judicial emanados de autoridad competente,  LEASING  DEL  VALLE,  debiere  indemnizar  a  terceros  por concepto de daños o  perjuicios  causados  con  el  (los)  bien  (es) o por razón de su tenencia, EL  (LOS)  LOCATARIO (S), se obliga (n) para con ella a reembolsarle la totalidad de  la  suma  pagada  por dicho concepto, dentro de los cinco (5) días siguientes a  la  fecha  de  la presentación de la respectiva factura por LEASING DEL VALLE a  EL  (LOS)  LOCATARIO  (S)”.  Según  la  segunda LOS  LOCATARIOS  autorizan  a  LEASING  DEL  VALLE para por cuenta de ellos contratar  “contra     todo    riesgo    los    seguros    o  renovaciones” y  pagar  las  respectivas  primas  de  ellos,  con  la finalidad de  mantener   vigentes   las   pólizas   de   amparo   del   bien  “incluyendo  los  daños  y perjuicios que el funcionamiento de éste  pueda  ocasionar  a terceros”, expresión última que  a juicio del Tribunal   

“reafirma  la  existencia  del  vínculo  jurídico  entre  la  propietaria  del automotor, los  tenedores  y el conductor del mismo, por manera que con esa clase de seguros, en  su  conjunto  todos  los  involucrados  en  esa  relación  jurídica, toman las  previsiones  necesarias  a  fin de afrontar eventualidades como las derivadas de  responsabilidad  por  el  hecho  ajeno y también por la actividad peligrosa que  comporta  la  utilización  del  vehículo automotor de propiedad de LEASING DEL  VALLE  S.A.,  en  el  transporte  público de pasajeros, esto es, en el tráfico  vehicular  que  por  esencia comporta aumento de riesgo por el mayor peligro que  entraña  la  realización de esa actividad, amén de que con el producto de esa  explotación  comercial el arrendatario suele pagar el canon mensual pactado con  la         arrendadora         –propietaria—  del   automotor   en   el   contrato   de  leasing”.   

          Así  las  cosas,  poniendo énfasis el juzgador de segundo grado en  que  el  procesado  “se  encontraba en situación de  dependencia  o  sometido  a  la  autoridad”  de  los  arrendatarios  del  bien  y  de  la  empresa  dueña  del  mismo,  confirmó  la  declaración   de   responsabilidad   civil  en  contra  de  LEASING  DEL  VALLE  S.A.   

          2.   Más   allá   de   la   desacertada  invocación  como fundamento de los cargos de normas reguladoras de la casación  en  la  Ley  906  de 2004, dado que el proceso se tramitó por el rito de la Ley  600  de 2000, en los mismos aparece planteado un problema jurídico claro que la  representante   del   Ministerio  Público  consiguió  identificar  y  al  cual  limitará  la  Corte  su  sentencia.  Es  posible  sintetizarlo  en la siguiente  pregunta:  ¿Es  ajustado  a  derecho  concluir  que  LEASING  DEL  VALLE  S.A.,  propietaria   del   bus   con  el  cual  se  causó  el  homicidio  –que tenía arrendado desde meses atrás  a   dos   personas   naturales   mediante   el  sistema  de  leasing—,  debe  responder  civilmente  de  los  daños  ocasionados  como consecuencia del homicidio causado con el bien el día  de los hechos objeto del presente proceso?   

La respuesta, que será no, impone un rápido  repaso de la noción de contrato de leasing.   

2.1. El contrato de  leasing,  según lo definió la Sala de Casación Civil de la Corte en sentencia  del      13     de     diciembre     de     20021     es     “un  negocio  jurídico  en  virtud del cual, una sociedad autorizada  –por la ley- para celebrar  ese  tipo  de  operaciones,  primigeniamente le concede a otro la tenencia de un  determinado     bien    corporal    –mueble   o   inmueble,  no  consumible,  ni  fungible,  lato  sensu,  necesariamente  productivo-,  por  cuyo  uso  y  disfrute la entidad contratante  recibe  un  precio  pagadero por instalamentos, que sirve, además, al confesado  propósito  de  amortizar la inversión en su momento realizada por ella para la  adquisición  del  respectivo  bien, con la particularidad de que al vencimiento  del  término  de  duración  del  contrato,  el tomador o usuario, en principio  obligado  a  restituir  la  cosa,  podrá adquirir, in actus, la propiedad de la  misma,  previo  desembolso  de  una  suma  preestablecida  de  dinero,  inferior  –por supuesto- a su costo  comercial  (valor  residual),  sin  perjuicio  de  la posibilidad de renovar, in  futuro,   el   contrato  pertinente,  en  caso  de  que  así  lo  acuerden  las  partes”.   

Podría  afirmarse,  dice  más  adelante la  jurisprudencia   civil   anotada,  que  el  tomador  o  usuario  “se  sirve  del  leasing para autofinanciarse, como quiera que él se  traduce   en  una  técnica  financiera  que  permite  realizar  una  inversión  amortizable  con  la rentabilidad producida por la explotación económica de un  bien”.   

En  cuanto el legislador no se ha ocupado de  reglamentar   el   contrato   o   de  otorgarle  “un  tratamiento    normativo    hipotético”,    puede  considerarse  el  leasing un negocio jurídico atípico, consensual, bilateral o  de  prestaciones  recíprocas,  de  tracto  sucesivo,  oneroso y generalmente de  adhesión,  se  precisó  en  la  citada  sentencia de casación, advirtiéndose  después  lo  siguiente  en  torno  a  la  naturaleza  jurídica del contrato en  cuestión:   

“No  escapa  a  la  Sala  que  la doctrina  nacional   e   internacional,   ha   discurrido   entre   diversas   tipologías  contractuales,  a  la  hora  de  precisar  cuál  es la naturaleza jurídica del  leasing,  al  punto  que  éste,  en el plano dogmático, es uno de los tópicos  más  controversiales  de  la  ciencia mercantil contemporánea. Así, sólo por  vía  de  ejemplo,  se  ha  considerado que se trata de un arrendamiento, habida  cuenta  que,  en  lo  medular, el contratante entrega al usuario la tenencia del  bien  para  su  uso  y  goce,  a  cambio de un precio; o de un arrendamiento sui  generis,  en  la  medida  en  que  posee  una fuerte naturaleza financiera; o de  equipamiento-arriendo,        en       cuanto       reservado       –fundamentalmente-   para  proveer  de  equipo  a  la  industria y el comercio, entre otras razones; o una compraventa a  plazos  con  reserva de dominio, toda vez que la sociedad de leasing conserva la  propiedad  del bien que ha adquirido por instrucciones del tomador, quien podrá  hacerse  a ese derecho al finalizar el contrato; o como un contrato de crédito,  pues  la  compañía financiera, en últimas, adelanta el capital al adquirir el  bien  escogido  por el usuario del equipo. Y, en fin,  se ha querido ver en  él     una     suerte     de     negociación    compleja     –o  articulada-, en el que conviven, de  alguna  manera, diversos negocios jurídicos: el arrendamiento con la opción de  compra  –o con una promesa  unilateral  de  venta,  precisan algunos-, sobre la base de que el arrendador le  concede  al  locatario  el derecho de adquirir el bien arrendado, al terminar el  contrato  (Consejo de Estado. Sent. de 14 de diciembre de 1988; exp: 1661); o el  contrato  de  locación  con la compraventa, que es una variante de la anterior,  en  cuanto las partes, al finalizar el arrendamiento, podrían ajustar una venta  en  la  que  se  imputaría  al  precio  una  parte  de los cánones previamente  percibidos.   

“Sin  embargo,  todas  estas  teorías, en  mayor  o  menor  medida, no están exentas de puntuales reparos que un sector de  la  misma  doctrina, con razón, se ha encargado de develar, poniendo de relieve  que  el  leasing,  merced  a  sus  inocultables  y  crecientes particularidades,  amerita  un  tratamiento  genuino,  en  manera alguna dictado o impuesto por los  modelos  contractuales  perfilados  antaño, ahijados para regular o disciplinar  tipos    estructuralmente    disímiles    (dictadura    de   los   ‘contratos    príncipes’).  No  en vano el derecho en general,  pero  sobre  todo  el  contractual, signado por su sistemático dinamismo, no es  marmóreo y, menos aún, estacionario.   

Así,  aunque el leasing y el arrendamiento  son  contratos  en virtud de los cuales se entrega la tenencia, el precio que se  paga  por  ella  en  el  primero responde a criterios económicos que, en parte,  difieren  de  los  que determinan el monto de la renta (p. ej.: la amortización  de  la  inversión  y  los rendimientos del capital), sin que tampoco sea propio  del  contrato  de  locación,  como  sí lo es del leasing, la existencia de una  opción   de   compra   a   favor   del  tomador,  quien,  además  –ello es medular en la esfera reservada  a  la  causa  negocial-,  acude  a  éste  último  negocio  como  una legítima  alternativa   de   financiación,   a  diferencia  de  lo  que  acontece  en  el  arrendamiento,   en  el  que  milenariamente  la  causa  del  contrato  para  el  arrendatario,  estriba  en  el  disfrute  de la cosa. De igual forma, si bien es  cierto  que  en  el leasing, el usuario tiene la lícita opción de hacerse a la  propiedad  de  la cosa (posterius), es enteramente posible que no lo haga y que,  por  tanto,  al  vencimiento  del  contrato  restituya  la cosa a la compañía,  circunstancia   que   impide  su  generalizada  asimilación  a  la  compraventa  –sobre todo a priori-, la  que  además,  tiene confesada vocación de “transferir” el dominio, no así  el  leasing  que,  en  línea  de  principio,  únicamente  permite  obtener  la  tenencia,  como  se  acotó (negocio tenencial). En este mismo sentido, no puede  afirmarse  que  el  leasing se asimila o se traduce en un mutuo, como quiera que  ni  es  contrato  traslaticio  del  dominio,  mucho menos de naturaleza real, ni  tampoco  recae  sobre  bienes fungibles (Cfme: cas. civ. de 22 de marzo de 2000;  exp: 5335).   

“Similares  razones  conducen a no acoger  aquellas  posturas  que  acoplan  o  engastan  en el leasing, a modo de collage,  diversos  negocios jurídicos (pluralidad negocial, tales como arrendamiento con  opción  de  compra;  compraventa con pacto de reserva de dominio, entre otras),  habida  cuenta  que  a  través  de ese expediente, in radice, se desdibujan las  razones   jurídico-económicas   que,   en   la   órbita  causal,  motivan  la  celebración  del contrato, pues, de una parte, no puede afirmarse categórica y  privativamente  que  el  usuario  en  el  leasing  siempre aspira a hacerse a la  propiedad   de   la  cosa,  según  se  esbozó;  más  bien,  se  ha  procurado  –en  sentido  amplio-  un  mecanismo  indirecto  de  financiación  para  servirse de la utilidad que le es  intrínseca  a aquel, sin menoscabo del capital de trabajo que posee, conforme a  las  circunstancias.  De  igual  forma,  no  puede  perderse  de  vista  que  la  determinación  del  precio  en el contrato de leasing, tiene una fisonomía muy  especial,  que  no  responde  única y exclusivamente al costo por el uso y goce  concedido  al  arrendatario,  sino  que  obedece,  prevalentemente,  a criterios  financieros  que  van  desde  la  utilidad  propiamente  dicha,  pasando  por la  recuperación  de  la inversión, hasta la eventual transferencia del derecho de  propiedad.   

“Expresado  en  términos  concisos,  en  obsequio  a  la  brevedad,  es  preferible  respetar  la  peculiar  arquitectura  jurídica  del  apellidado  contrato  de  leasing,  antes  de  distorsionarlo  o  eclipsarlo   a   través   del   encasillamiento   en   rígidos  compartimentos  contractuales  típicos,  se  itera,  facturados  con  una  finalidad histórica  enteramente  divergente,  propia  de las necesidades de la época, muy distintas  de  las  que motivaron, varias centurias después, el surgimiento de este lozano  acuerdo negocial”.   

En  el  presente caso, según los términos  del  contrato  de  leasing  07416  que  celebró LEASING DEL VALLE S.A. con Luis  Olincer  Maldonado  Farinango  y  Harbi  Guillermo  Pantoja  Acosta,  la primera  entregó  a  los  segundos  para  su uso y consiguiente explotación económica,  conservando  su  propiedad,  el vehículo de transporte con el cual se causó el  homicidio,  según lo declaró demostrado el juzgador. A cambio los locatarios o  arrendatarios  pagaron  30  millones  de  pesos “como  cuota        extraordinaria”       –a  manera  de  cancelación de la cuota  inicial   del   bien,   no   cabe  duda—  y  se  comprometieron  a pagar 36 cuotas mensuales hasta cubrir el  valor total del equipo.   

2.2. Ahora bien: no  se  discute  que la utilización normal de un vehículo automotor constituye una  actividad  peligrosa.  En  el  caso  sometido  a examen de la Corte, de uno cuya  propiedad   conservó   la   compañía  de  leasing,  aunque  no  su  tenencia.   

Ser el propietario del bien resultó para el  juzgador  y  para  la  Delegada de la Procuraduría un argumento principalísimo  para  atribuir  a  LEASING  DEL VALLE S.A. responsabilidad civil respecto de los  daños   causados   con  la  infracción.  “En  buen  derecho”,  sin  embargo,  como  lo  enseña  el  ex  Magistrado  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  doctrinante  Javier  Tamayo  Jaramillo2,  a  quien  sigue la Sala en la construcción de esta decisión, es  claro  que  el  dueño  que  se beneficia con el uso y goce de su propiedad deba  responder  por los daños que de dicho goce o uso produzca a terceros, según lo  imponen  el  derecho  de  dominio y las actividades peligrosas de los artículos  669 y 2356 del Código Civil.   

Y si ese propietario del automotor lo afilia  a  una  empresa  para  su  explotación  en  labores de transporte, lo  normal  es que si conserva y ejerce algún poder de dirección y  control  sobre  el  automotor  responda  por  actividades peligrosas,  así  la  compañía  transportadora  también responda si es que  ella,  de una u otra forma, participa en la dirección y control del vehículo y  de su conductor.   

“Pero  si  el  propietario  no participa para nada en los beneficios que produce el automotor o  por   cualquier   motivo   se  desentiende  completamente  de  su  explotación,  mantenimiento    y    administración   –advierte  el  tratadista  citado  y  se  comparte—  no  vemos cómo  pueda  ser  responsable  en  caso  de  incumplimiento  del contrato o en caso de  daños  a  terceros,  ser responsable por actividades peligrosas al igual que el  transportador   que   realmente  tiene  la  tenencia  del  automotor”.   

         (…)   

“En  consecuencia,  no  vemos  cómo  el  arrendador  financiero,  en  el  contrato  de  leasing,  pueda  ser  responsable  contractual  y  extracontractualmente  de la operación de transporte si ninguna  incidencia  tiene  ni  en  la  celebración  del contrato de transporte ni en la  operación  del  automotor  arrendado.  Lo  mismo puede afirmarse del dueño que  contractualmente   o   de   hecho   se   ha  desentendió  de  la  tenencia  del  vehículo”.   

Esa  conclusión,  que  resuelve  el caso a  favor  de  la  pretensión  del  casacionista,  se  explica  en  las nociones de  “guardián  de la cosa” y  de      “responsable     de     la     actividad  peligrosa”.   

La  primera  consiste  en tener el poder de  dirección  y  control  del  bien  utilizado  en  la  actividad  peligrosa  y el  responsable  de  la  misma  es,  por tanto, quien tiene ese poder intelectual de  dirección  y  control. Es posible, claro está, que varias personas intervengan  en  actividades  de  ese  tipo  con poder independiente, exclusivo o compartido,  caso  en  el cual serán responsables solidarios de los daños causados. Existen  casos,  de  otra parte, en los cuales es viable comprobar que una persona tenía  la  custodia de la estructura y otra del comportamiento, siendo indispensable en  eventos  así determinar la causa del daño para saber quién es el responsable.  Si  el  fabricante de una mercancía la entrega a un transportador y en el viaje  se  presentan  daños ocasionados por las cosas remitidas,  se puede pensar  que  se  causaron  por  un  defecto  de estructura de las mismas o por el manejo  impropio  que  de  ellas  hizo  el  transportador.  Si las cosas explotaron, por  ejemplo,  puede  afirmarse  que  el  responsable  es el constructor; pero si los  daños  causados  con  las  cosas  surgieron  debido al volcamiento del medio de  transporte,   el   responsable   es   el   transportador,  quien  custodiaba  el  comportamiento de la actividad.   

2.3. En el caso de  estudio,  pese  a  la conservación de la propiedad sobre el vehículo por parte  de   LEASING  DEL  VALLE  S.A.  y  a  que  ello  hace  presumir  “el  poder  de  comando”  sobre el mismo,  porque  de él normalmente no se desprende el dueño, es evidente que la entidad  demostró  que  no  tenía la custodia del automotor pues en virtud del contrato  de  leasing, en los precisos términos del convenio suscrito con los locatarios,  estos   adquirieron   –en  principio   al  menos—  la  condición  de  guardianes  del bien o el poder de vigilancia y control sobre la  actividad  de  transporte  público desarrollada con el mismo. Era contra ellos,  por ende, que debía haberse instaurado la demanda.   

Consiguientemente,  constituyó  un  error  jurídico   del   ad   quem  considerar  responsable  civil a la compañía por la simple posición jurídica  frente  al vehículo, desconociendo que materialmente se despojó de su uso y no  participó  en  nada  concerniente  a la dirección y control del bus, inclusive  –desde  luego—  en  la  selección del conductor y la  vigilancia de su comportamiento.   

La conclusión no cambia por el simple hecho  de  que en una de las cláusulas del contrato se haya previsto la posibilidad de  que  si  LEASING  DEL  VALLE  S.A.  eventualmente  era  obligada  a pagar algún  perjuicio  causado  con  el  automotor,  los arrendatarios estarían obligados a  reembolsarle  a  la  firma  la  suma pertinente. Es una norma que más bien deja  nítido  que  el  poder  intelectual  de  dirección  y  control  sería  de los  segundos,  lo mismo que el desentendimiento total de la firma en la explotación  económica del equipo.    

Regular  el  tema  del mantenimiento de los  seguros  contra  todo riesgo del bien arrendado con finalidad de compra, tampoco  es  una  norma  establecida  por  las  partes indicativa de que la compañía de  financiamiento  comercial  en  algún  momento  dejó  para sí la condición de  guardián de la cosa, ni siquiera de forma parcial.   

Así  las  cosas,  en  desacuerdo  con  la  Procuradora  Delegada,  se  casará  la  decisión  recurrida  en  casación, de  condenar  en  calidad de tercero civilmente responsable a LEASING DEL VALLE S.A.  al  pago  de  los perjuicios morales causados con el delito de homicidio culposo  por  el  cual  fue declarado responsable penal JOHN FREDY BEDOYA URSUGA, para en  su lugar dictar absolución a su favor.   

3.  De oficio, la  Sala  dejará  sin  vigencia  la  orden  de  comiso  de la buseta con la cual se  cometió el homicidio, identificada con las placas ZNK 394.   

Esa figura, regulada en el artículo 67 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, en su significado genuino consistente  en  que  los  instrumentos  y  efectos   con  los  que  se haya cometido la  conducta  punible pasan a poder del Estado, no aplica frente a delitos culposos.  En  estos,  de acuerdo con esa disposición, los vehículos automotores, naves o  aeronaves  o cualquier unidad montada sobre ruedas y demás objetos que  tengan  libre comercio, se someterán  a  peritazgo  y  se  entregarán  provisionalmente  al  propietario  o legítimo  tenedor,  salvo  que se haya solicitado y decretado su embargo y secuestro. Y la  entrega  será  definitiva,  conforme  al  inciso  4º  de la norma –en  el  cual basó la primera instancia  la   orden   del   comiso   del   bien—,  “cuando  se  garantice el pago de los  perjuicios,  se hayan embargado bienes del sindicado en cuantía suficiente para  atender  el  pago  de aquéllos o haya transcurrido un  año   desde  la  realización  de  la  conducta,  sin  que  se  haya  producido  afectación del bien”.   

En el presente caso, no existe constancia de  que  el  automotor  haya sido objeto de embargo y secuestro. De haberlo sido, no  decaerían  esas  medidas  ante  la  determinación  de absolver a la empresa de  leasing  propietaria  del  vehículo,  en atención a la condición del mismo de  instrumento  del  delito  y  a que el escenario para discutir si todo su valor o  sólo  los  eventuales  derechos económicos respecto del mismo pertenecientes a  los   locatarios,  deben  responder  por  los  daños  derivados  del  homicidio  culposo.   

La orden de comiso, de todas formas, aún de  cara  a  la hipótesis de haberse decretado el embargo y secuestro de la buseta,  tendría  que  dejarse  sin efecto por razones obvias. Sin haberse dispuesto las  mismas  en el trámite, la determinación judicial adecuada a la ley era ordenar  la  entrega  definitiva  del  bien  porque habiéndose superado un año desde la  realización   de   la  conducta  punible  no  se  produjo  su  afectación.  En  consecuencia,  se  casará  parcialmente  la  sentencia  para dejar sin vigor la  orden de comiso.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

        1.  Declarar  la  prosperidad  de  la  pretensión del demandante y  CASAR   PARCIALMENTE   la  sentencia  impugnada  para  absolver  a  la  empresa LEASING DEL VALLE S.A. (hoy  LEASING  CORFICOLOMBIANA S.A. C.F.C., vinculada a la actuación penal en calidad  de tercero civilmente responsable.   

        2.  De oficio,  CASAR  PARCIALMENTE la sentencia para dejar sin efecto  la  orden  de  comiso adoptada por el juzgador de primera instancia respecto del  vehículo  con  el  cual  se cometió el delito, identificado con las placas ZNK  394.   

        3.  Las  restantes  determinaciones  del  fallo  se mantienen.   

        Contra la presente decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                                  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Expediente 6462, sentencia 227.   

2  .  Tratado  de  responsabilidad  civil.  Tomo  I.  Editorial  Legis, Colombia 2008.  páginas 908, 909, 882 y ss.     

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