34130(04-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34130  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 248.   

          Bogotá, D.C., cuatro de agosto de dos mil diez.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de WILSON ALBERTO CARO  LEÓN,  contra la sentencia de segundo grado proferida  el  10 de noviembre de 2009 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  confirmatoria de la que dictó el 31 de agosto del mismo  año  el  Juzgado Vigésimo Tercero Penal del Circuito de esta capital, por cuyo  medio  condenó al procesado a la pena principal de 54 meses de prisión y multa  de  50 salarios mínimos legales mensuales y lo inhabilitó para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de la privación de la  libertad,  al  declararlo  autor responsable de la conducta punible de tráfico,  fabricación   o   porte   de  estupefacientes;  negándole  los  sustitutos  de  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el  Tribunal Superior de Bogotá en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“Los  hechos  materia  de  investigación tuvieron ocurrencia el 3 de diciembre de 2004 cuando  agentes  de  la  Policía  Metropolitana de Bogotá, en desarrollo de labores de  investigación  frente a una información suministrada por un ciudadano sobre el  expendio  de  estupefacientes,  se  dirigieron a la Carrera 73 H No. 62 A 04 Sur  apto.  204  barrio  Galicia,  y  solicitaron  a  Wilson  Humberto  Caro León un  registro  voluntario  del inmueble, quien accedió sacando del lado del lavadero  ubicado  en  la  cocina una bolsa plástica en cuyo interior se halló sustancia  estupefaciente,  la  cual  al ser analizada por medio de la prueba preliminar de  identificación  homologada  se pudo determinar que su peso neto correspondía a  449,3  gramos  de  derivados  de  la cocaína.”    

Con  fundamento en el informe No. 1152 del 3  de  diciembre  de  2004,  presentado por agentes de la Policía Metropolitana de  Bogotá  adscritos  al Grupo de Estupefacientes de la SIJIN, con el cual dejaron  a  disposición  al  ciudadano  WILSON  ALBERTO  CARO  LEÓN,  la Fiscalía 204 Local adscrita a la Unidad de  Reacción  Inmediata de Ciudad Bolívar en la misma fecha ordenó la apertura de  la  investigación  y  vinculó al capturado mediante diligencia de indagatoria,  oportunidad  en  la que se mostró ajeno a los hechos imputados, negando conocer  el  contenido de la bolsa en la que estaba envuelta la sustancia estupefaciente,  cuya   propiedad  le  atribuyó  a  su  amigo  Carlos  Alberto,  a  quien  había  conocido  recientemente  y  hospedó por dos días en su casa.   

La   Fiscalía,   luego   de   ordenar  el  encarcelamiento  del indagado, dispuso el envío de las diligencias a la Oficina  de  Asignaciones  y  el  7  de diciembre de 2004, la Fiscalía 269 Seccional con  sede  en  esta  ciudad,  asumió  la  instrucción  y  resolvió  la  situación  jurídica  de  CARO LEÓN, a  quien  le  impuso medida de aseguramiento de detención preventiva sin beneficio  de  libertad  provisional,  por  el  delito de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes.   

La   investigación   fue   posteriormente  adelantada  por  la  Fiscalía  255  Seccional  de Bogotá, que en el transcurso  practicó  varias  pruebas  y el 12 de enero de 2005 resolvió revocar la medida  de  aseguramiento y, en su lugar, se abstuvo de imponerla por considerar que tal  restricción,  en  este evento, no cumplía los fines constitucionales y legales  señalados para su procedencia.   

El  5  de  junio  de  2007, la Fiscalía 340  Seccional  de  Bogotá  dispuso el cierre de la investigación y el 14 de agosto  siguiente  calificó  su  mérito,  acusando  a WILSON  ALBERTO  CARO  LEÓN como presunto autor del delito de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  y  ordenó  remitir  las  diligencias   a   Reparto   de   los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de  esta  ciudad.   

La decisión fue recurrida en apelación por  el  defensor  de WILSON ALBERTO CARO LEÓN,  y  confirmada  por  la  Fiscalía  48  Delegada  ante el Tribunal  Superior de Bogotá, por la suya del 12 de marzo de 2008.   

Le correspondió al Juzgado Vigésimo Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  adelantar  la etapa del juicio. Esa autoridad  judicial  avocó  el  conocimiento  el  8 de mayo de 2008; celebró la audiencia  preparatoria  el  29 de agosto de ese año y la vista pública el 18 de marzo de  2009.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió  el  31  de  agosto  de  2009,  de cuya naturaleza y contenido se hizo  mérito  en  el acápite inicial de esta providencia, la cual fue confirmada por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  la  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario.   

LA  DEMANDA   

Con fundamento en la causal primera, un cargo  formula  el  casacionista  contra  la sentencia recurrida en sede extraordinaria  “Por  error  de  Derecho  en  la  apreciación  de  determinada  prueba.  Violación  de la Ley sustancial por vía indirecta, error  de  Hecho,  desconocimiento  de  las normas sobre valor probatorio, de la prueba  testimonial  del  señor  Patrullero  José  Yesid  Serrano Díaz…”   

Señala   el   casacionista   que   acusa  “…la   sentencia   condenatoria,   del  Tribunal  Superior  (…),  por  violación de la ley sustancial por vía indirecta, error  de   Hecho,   falso  raciocinio,  como  es  el  artículo  345  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   sobre   flagrancia,   esto   es,  por  haber  incurrido  parcialmente  en  la causal primera, cuerpo segundo, de CASACIÓN, consagrada en  el  numeral  primero  (1)  del  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal  (ley 600 de 2000).”   

Estima  el  recurrente  que  en  este  caso  pretende     la     efectividad    del    derecho    material    “…que  no  es  otro que el reconocimiento del in dubio pro reo del  art.     7     del     Código     de     procedimiento     Penal…”   

En  desarrollo  de  la censura, aduce que el  Tribunal  se  equivocó  al  considerar que “…como  quiera  que las circunstancias de estado permanente de flagrancia de los hechos,  el  lugar  donde  fue  incautada  la  sustancia  y  la  forma  en que se hallaba  mimetizada,     constituyen    factores    indiciarios    o    de    inferencias  lógicas…”,  porque  no atendió las exculpaciones  de  su  defendido sin tener en cuenta que los mencionados indicios no demuestran  la  “…responsabilidad  subjetiva,  ya  que  en la  versión        del       procesado       jamás       acepto       (sic)     ser     de     él    dicho  estupefaciente”,  además,  porque  “El  testigo  José  Yesid  Serrano Díaz, jamás ha afirmado que la  sustancia  le  fuera  incautada  al  procesado,  afirma  que  la encontró en el  lavadero     ubicado     en     la     cocina    del    apartamento.”        

A  juicio  del  demandante,  “El   tribunal   a   (sic)  hecho  un  falso  raciocinio al infringir los postulados de la sana  crítica  y  derivar  conclusiones  que contravienen los principios lógicos, ya  que  afirma que “el inculpado conocía plenamente la  existencia  de  los hechos, y sin embargo, a pesar de ello, con volunta (sic) de  acción,  incursionó  en  las  conductas  relacionadas con el porte, tenencia y  trafico   (sic)   de  los  estupefacientes”…    

Considera     que     “…no       legue      (sic)            encontrado  en  el poder del procesado, conforme al art. 9 del C.P.  la  causalidad  por  sí  sola  no  basta  para  la  imputación  jurídica  del  resultado.   

Se   pretende   mediante  responsabilidad  objetiva   condenar,   en   contravía   del   art.   12   del  C.P.”   

En  su  sentir,  el fallador “…incurre  en  el  yerro  de  darle valor probatorio no autorizado  legalmente,   a  la  prueba  testimonial  del  patrullero,  para  determinar  la  flagrancia,  de  porte, tenencia y tráfico de estupefacientes, sin realizar con  la   (sic)   pruebas  los  elementos   subjetivos   de  la  misma  y  menos  los  elementos  objetivos  del  tipo.   

Para  dar aplicación a la regla de la sana  crítica  en  especial  las circunstancias de tiempo modo y lugar que llevaron a  la  percepción,  la  personalidad  del  atestante,  la  forma  como  vierte  su  narración,  etc.,  a  fin  de derivar de ellas la fiabilidad y credibilidad del  testigo,  amén  de  que  su dicho guarde correspondencia con otros elementos de  convicción o con datos objetivos comprobables.   

Vemos  que  con  la  sola  circunstancia de  lugar,  quiere  establecer  responsabilidad,  sin  detenerse en el modo, tiempo,  conjunto    probatorio,    esta    (sic)  el  dicho  del agente con el dicho del procesado, obviamente pues  pesa  más  por  tradición  la  versión  del  agente,  pero  si  hay  la  mera  causalidad, pues no se puede condenar.”   

Y    concluye    que    “Si  el  juzgador  de  la  segunda instancia hubiese tomado el deber  consagrado  en  el  art.  7  del C.P.P. en consideración al deber de aplicar la  duda  la  causal  de  CASACIÓN  invocada,  esta (sic)  llamada a prosperar. La prueba testimonial es débil,  dudosa,  no  reúne  el  aspecto  lógico,  el procesado no trafica ya que dicha  situación   no   se   probo   (sic),   menos   portaba   o   llevaba  consigo  y  menos  tenia  (sic) ese estupefaciente en su poder lo  que  implica  que  las  reglas  de  la  lógica  y  menos  la  prueba  que pueda  determinar,  semejante  condena  objetiva  por  porte,  tenencia  y  tráfico de  estupefacientes.”   

En   consecuencia,  solicita  de  la  Sala  “…CASAR  el  injusto  fallo impugnado, para en su  lugar absolver al procesado.”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Conforme  lo  ha señalado reiteradamente la  Sala,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores que se concretan en la  reparación  de  los  agravios inferidos a las partes en la sentencia recurrida,  la  efectividad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes  en  la  actuación,  y la unificación de la jurisprudencia (Ley  600 de 2000, articulo 206).   

Sin  embargo,  de  ninguna  manera  se puede  entender  que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de los puntos  que han sido materia de controversia.   

Ha de resaltarse que mediante la proposición  del  recurso el censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en  el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia de los presupuestos de lógica y  adecuada   argumentación   inherentes   a   cada   motivo   extraordinario   de  impugnación,  para  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  el  fallo de segunda  instancia  se  ha  originado  el  quebranto  de  alguna de aquellas finalidades.   

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por  el  defensor  de  WILSON ALBERTO CARO  LEÓN,   no   cumple   las   mínimas  exigencias  de  admisibilidad  que  consagra el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, como que, a  pesar  de identificar los sujetos procesales y la sentencia demandada; hacer una  síntesis  de  los  hechos  materia  de juzgamiento y de la actuación procesal;  apenas  sí  trató  de enunciar la causal, omitiendo formular los cargos con la  indicación clara y precisa de sus fundamentos.   

Sobre   el   escrito   presentado  por  el  demandante,  difícilmente  podría  decirse, incluso, que reviste la apariencia  de  un alegato de instancia, porque su argumentación es deficiente y carente de  método.   

Con  todo,  el  principio de limitación que  rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en  tanto  no  le corresponde asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente  para  complementar,  adicionar  o  enmendar el libelo, porque la casación no es  otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover  un  juicio  técnico y  jurídico  contra  la  sentencia que pone fin a un proceso, en orden a demostrar  su ilegalidad.   

No  obstante  que  de acuerdo con lo anotado  puede  considerarse  que  los  reproches  presentados  por  el impugnante se han  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso,  la  formulación de los cargos y específicamente de aquél que  trató de esbozar el apoderado especial del procesado.   

En  efecto,  del  escrito presentado por el  abogado  se  desprende  que su intención se dirigía a censurar la sentencia de  segunda  instancia  por  violación  indirecta  de la ley sustancial,     concretamente     por    error    de    hecho    por    falso  raciocinio  en  relación  con  la  prueba  de cargo,  defecto   que  supone  la  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  concretamente porque en la  valoración  del  elemento  de  convicción  examinado  el  Juez desconoció los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia.   

En esos casos, es obligación del recurrente  señalar  qué  demuestra  específicamente el medio de persuasión; cuál es la  inferencia  extraída  de  esa prueba en la sentencia impugnada; y, cuál fue el  mérito  otorgado.  También  es deber del libelista identificar el principio de  la  lógica,  la  ley de la ciencia o la máxima de la experiencia violada en el  fallo y formular con claridad la apreciación correcta.   

Por  último,  es  necesario  que  el actor  indique  la  trascendencia  del  error  puesto  de  manifiesto  y, por lo tanto,  resulta  imperativo  acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso y favorable a los intereses del procesado, sin que en ese  desarrollo  esté  permitido  formular posturas personales, pues de lo contrario  se    desconocería    la    naturaleza    extraordinaria    del    recurso   de  casación.   

Esa    carga    argumentativa    creyó  cumplirla      el     demandante     mencionando         las           pruebas  que  considera  valoradas   por  las  instancias   en   abierta   contradicción   con   los  postulados  de  la  sana  crítica  (los  indicios y el testimonio de un agente  de  policía),  empero sin  señalar  su  contenido,  para enfrentar el análisis probatorio presentado  en   el   fallo   y   sostener,  según  afirmó,  que  se  incurrió  en  falso  raciocinio,  porque  no se  tuvieron  en  cuenta  las  exculpaciones  de  su  defendido  y  los  indicios no  demuestran  la “…responsabilidad subjetiva, ya que  en     la     versión     del     procesado    jamás    acepto    (sic)     ser     de     él    dicho  estupefaciente”,  además,  porque  “El  testigo  José  Yesid  Serrano Díaz, jamás ha afirmado que la  sustancia  le  fuera  incautada  al  procesado,  afirma  que  la encontró en el  lavadero     ubicado     en     la     cocina    del    apartamento.”   Asimismo,  en razón a que no  debió  valorar  el  testimonio  del  patrullero  porque  no  estaba  autorizado  legalmente  para  “…determinar  la flagrancia, de  porte,  tenencia  y tráfico de estupefacientes, sin realizar con la  (sic)  pruebas los elementos subjetivos  de   la   misma   y   menos   los   elementos   objetivos  del  tipo.”   

Esas   premisas  permiten  suponer  que  el  libelista  no  descubrió un error de apreciación probatoria trascendente, sino  que  pretende prolongar la discusión planteada en las  instancias,  la  cual, incluso, ya se había resuelto  desde  la  sentencia  de  primer  grado, en los siguientes términos:   

“Ahora bien, de  las  circunstancias  que  rodearon  la conducta punible, se desprende que WILSON  ALBERTO  CARO  LEÓN  orientó su voluntad en este evento a la comercialización  de  sustancias  estupefacientes,  pues  su  exculpación,  se  constituye  en un  mecanismo  débil  de  defensa  que  lejos de exculparlo lo incrimina aún más,  pues  no  tiene  explicación lógica, que si la sustancia se la había dejado a  guardar  un  amigo,  por  lo menos el nombre completo y su ubicación los había  podido  suministrar, pero no lo hizo, lo cual indica que éste solo existe en la  imaginación del encartado como estrategia defensiva.   

(…)  

El Informe Policivo inicial no se encuentre  huérfano,  ya que acudió a declarar el PT. JOSÉ YESID SERRANO DÍAZ, quien se  ratificó  bajo la gravedad del juramento del Informe Policivo inicial; Entonces  pretende  el  enjuiciado  WILSON ALBERTO CARO LEÓN, que se le crea fue víctima  de  una confusión, porque la sustancia estupefaciente hallada en su poder se la  dejó  un  real  desconocido,  del  cual  ni  siquiera  atina  a  suministrar el  apellido,  mucho menos lo hizo comparecer y facilitar  su  captura,  siendo  que  su  captura  se produjo en  flagrancia  y  el  informe policivo es muy claro en ese sentido, ya que éste es  un  medio  de comunicación existente entre dichas autoridades y las judiciales,  que  permite  poner  en  conocimiento  la  comisión de un hecho catalogado como  delito  por  el  legislador,  advirtiendo que los mismos deben ser valorados con  fundamento  en  los  criterios  de  la  sana  crítica,  teniendo  en  cuenta su  seriedad,   veracidad  y  principalmente  las  reglas de la experiencia, para en estas condiciones derivar  indicios,  o  tenerlos  incluso  como  testimonio  no  solo  demostrativos de la  ocurrencia  del  hecho, sino incluso comprometedores de la responsabilidad penal  del  inculpado,  siempre  y  cuando  existan  otros  elementos  de  juicio en la  investigación  que  los  corroboren  o  confirmen.”   

Argumentos     que     secundó  el  Ad  quem, al resolver en recurso de apelación, de la  siguiente forma:   

“Para  la Sala  tampoco  existe  duda,  respecto  de la acreditación del elemento subjetivo del  tipo   penal   del   artículo  376  del  C.  Penal,  como  quiera  que  de  las  circunstancias  de estado permanente de flagrancia de los hechos, el lugar donde  fue  incautada la sustancia y la forma en que se hallaba mimetizada, constituyen  factores  indiciarios o de inferencias lógicas, que permiten concluir de manera  concluyente  y de conformidad con lo (sic)  prescribe  el  artículo  22  del Código Penal, que el inculpado  conocía  plenamente  la  existencia  de  los  hechos, y sin embargo, a pesar de  ello,  con  voluntad  de  acción,  incursionó  en  las  conductas relacionadas   con   el   porte,   tenencia   y   tráfico  de  los  estupefacientes.   

Lo  expuesto,  porque  no  es  de recibo la  exculpación   del  enjuiciado  en  el  sentido  que  la  bolsa  contentiva  del  alucinógeno  se la dejó un amigo “Carlos Alberto”, del que no aporta    mayores    datos    en    la  investigación,  en  contraposición con lo consignado en el informe de policía  y  en  la  declaración del patrullero José Yesid Serrano Díaz quien intervino  en  el operativo, donde se confirma que la sustancia estaba en una bolsa al lado  del lavadero ubicado en la cocina del apartamento.   

Se  tiene  entonces  que  este  testimonio  desvirtúa   la   versión   del   implicado,   quien   ha   querido  evadir  su  responsabilidad,  negando ser el propietario del narcótico y aduciendo no haber  sido  encontrado  en  su poder, pero sucede, que de manera fehaciente, otra cosa  es  lo  que  informa  el  contenido  probatorio, que ha servido de soporte de la  sentencia  de  responsabilidad  penal.”    

De  ninguna manera se aprecia la existencia  del   falso  raciocinio  que  pregona  el  demandante.  Lo que sí resulta claro es su interés por extender  a  esta  sede  el  debate sobre la inocencia de WILSON  ALBERTO  CARO  LEÓN,  mismo que zanjó el  Tribunal  al  asumir  la valoración de todos los medios  de  convicción  para confirmar  el     fallo,     conforme     se    expuso    en  precedencia.   

De  manera que la violación a las reglas  de     la     sana     crítica    –las  cuales ni siquiera identificó, como era su deber–  que pretende derivar el libelista  a partir de su particular apreciación, es infundada.   

Es que, como lo ha explicado la Sala y ahora  lo  itera,  en primer término, el error de hecho por falso raciocinio surge del  desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica por parte del juzgador, y no  del  hecho  de  que  el  funcionario  se  aparte de los criterios de valoración  probatoria  de  los  sujetos  procesales;  y  en segundo lugar, porque el examen  probatorio  y  las  premisas  conclusivas  de  los  fallos  de segunda instancia  prevalecen  sobre los realizados por las partes, por encontrarse amparados de la  doble   presunción   de   acierto   y  legalidad.        

Por  parte alguna se ocupa el demandante en  demostrar  que  el  sentenciador  desconoció  los principios de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o  las  máximas de la experiencia, al otorgarles fuerza  persuasiva  a las pruebas cuya errada apreciación aduce, no empece criticar los  apartes   pertinentes  del  fallo  sustento  de  la  premisa  conclusiva  de  la  condena.   

Tampoco  acreditó  el  censor  que  la  estimación  probatoria  y  las  conclusiones  de la sentencia por irrazonables,  ilógicas,  absurdas  o  arbitrarias, deban descartarse por contrariar la verdad  procesal.   

Igualmente, omitió señalar el demandante  la  trascendencia  del  supuesto  error y, en este caso, sencillamente prefirió  anteponer  su  visión  personal a costa de ignorar la claridad del contenido de  la  sentencia,  a  partir  de  confusas consideraciones  de  carácter general sin concretar yerro alguno,  pues  no  a otra conclusión conduce su afirmación acerca de que nada le consta  al  agente  de  policía  que  rindió su testimonio  sobre   los   hechos,  de  quien  pone  en  duda  su  credibilidad,  olvidando que esta Sala tiene decantado en relación con el tema,  que  la credibilidad no es  de  suyo censurable en casación, habiéndose ya abolido el sistema de la tarifa  legal,  pues la tarea de valoración probatoria la realiza el juez con sujeción  a  los  principios  de  la  sana  crítica o libre persuasión racional, como se  colige  de  los preceptos consagrados en los artículos 238 y 277 del Código de  Procedimiento Penal.   

Por último, debe destacarse que si bien es  cierto  que  a  la  aplicación indebida o la falta de aplicación del principio  in  dubio pro reo, contenido  en  el  artículo  7º  de  la Ley 600 de 2000, puede llegarse tanto por la vía  directa  como por la indirecta de transgresión a la ley sustancial, también es  claro  que  los  antecedentes  jurisprudenciales  han  establecido  que  en cada  eventualidad  el  desarrollo  y  demostración  del  cargo  debe corresponder al  camino  escogido  para  su  denuncia  y  a la realidad que la actuación revele.   

De  este  modo,  si  lo  invocado  es  la  violación  indirecta de dicho precepto, por incurrirse en errores de hecho o de  derecho  en la apreciación probatoria, además del señalamiento concreto de la  especie  de  error  probatorio,  el  casacionista debe demostrar que el fallador  llegó  a  la errada conclusión de que las pruebas no conducen a la certeza del  hecho  o  la responsabilidad del procesado (aplicación indebida), o erradamente  concluyó  que  los  medios conducían a la certeza requerida y condenó, cuando  en  verdad  de  ellos surgía incertidumbre que debió ser resuelta en favor del  procesado  (falta  de aplicación). Para dicho efecto, tiene por carga presentar  una  argumentación  acorde  con  el  tipo  de error cometido por el juzgador al  apreciar  los medios de convicción, exigencias todas  cuyo  cumplimiento se echa  de  menos  en este caso, impidiendo que la Sala aborde el estudio del tema.   

En    consecuencia,    resulta   obligatoria   la   inadmisión   del  cargo,   ante   la  ausencia  de  lógica  y  adecuada  argumentación  de  la censura, porque es evidente la intención de la  casacionista  de  utilizar este recurso extraordinario como excusa para reiterar  los  argumentos discutidos en las instancias frente a los específicos medios de  convicción a que se contrae.   

Dicho de otra forma, la censura se orienta  enfrentar  la apreciación probatoria consignada en la sentencia con la ofrecida  por   el  actor.   

Ante  el  abandono del demandante por las  exigencias  previstas  en  el  artículo  212-3  de  la  Ley 600 de 2000, en sus  atributos de claridad y precisión, la demanda será inadmitida.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada a nombre de WILSON  ALBERTO  CARO LEÓN por su  defensor.   

Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  conforme lo disponen los artículos 213 y 187, inc. 2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                                           SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                               AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE             LUÍS             QUINTERO  MILANES                     YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                       

JULIO              ENRIQUE             SOCHA  SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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