34060(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34060  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 260   

Bogotá  D. C., dieciocho (18) de agosto de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  ALEXANDER  ARCHIBOLD  ARCHIBOLD, contra la sentencia de 28 de septiembre de 2009  proferida  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Santa Marta, por medio de  la  cual confirmó la dictada por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de  esa  misma  ciudad  el 3 de julio de 2008, que lo condenó como autor del delito  de       lavado      de      activos.   

HECHOS  

Así  fueron  determinados  por  el ad  quem:   

“… La presente se inició con base en el  informe  No.  279  de  octubre  27  de  2003 suscrito por el Teniente de Corbeta  Francisco  Gómez  Ruiz,  por  medio  del  cual  se  dejó  a disposición de la  autoridad  competente  a  los  señores  Ospino  Luis  Chamorro y Olaya Newball,  quienes  fueron  capturados  en  el  mar, el 27 de octubre de 2003, luego que se  tuviera  conocimiento  de  una  lancha ‘go  fast’ que  fuere  detectada  por un avión y la cual salió a 60 millas de Puerto Bolívar,  y  seguida  por  otros  aviones  hasta  una  distancia de 200 millas de la costa  colombiana,  donde  perdieron  contacto,  encontrándose  el  domingo  siguiente  cuando  dirigía  al  río  Cañas,  sitio  donde se hicieron llamados por VHF y  señales  lumínicas para que se detuvieran, desatendiendo la orden y acelerando  los motores para huir.   

Seguidamente,  luego  de unos disparos, los  tripulantes  se  lanzaron  al agua y con la ayuda de guardacostas encontraron al  señor  Ospino  Chamorro  Britto  y  a  la  hora y media encontraron a Francisco  Newball   Archibold,   quienes   fueron   traídos  a  Santa  Marta,  dejando  a  disposición   igualmente  24  paquetes  en  nylon  blanco  que  se  presume  es  estupefaciente y la motonave marca Yamaha de 200 H.P …”.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  El  29 de octubre de 2003, la Fiscalía  Especializada  de  Santa  Marta,  escuchó en indagatoria a Ospino Luis Chamorro  Britto   y   Olaya   Francisco   Newball   Archibold  1,  a quienes el 6 de noviembre siguiente les definió la  situación  jurídica  con imposición de medida de aseguramiento consistente en  detención                 preventiva2,  como autores de los delitos  de   tráfico,   fabricación   o   porte    de  estupefacientes     agravado     y    fabricación,    tráfico    o   porte   de   arma   de   fuego   y  municiones.   

2. Ante la aceptación de la imputación, el  29  de  diciembre  de  los  que  cursaban, se les formuló cargos para sentencia  anticipada  y  se  dispuso la compulsación de copias  para       investigar       por       separado3  a  ALEXANDER  ARCHIBOLD ARCHIBOLD por el delito de lavado  de activos.   

3.  Indagado  y  definida  su  situación  jurídica4,  mediante  resolución  de  27  de  octubre  de  20055, la Fiscalía  acusó  a  ALEXANDER  ARCHIBOLD  ARCHIBOLD como autor del delito de lavado     de     activos    y    enriquecimiento    ilícito    de  particulares.   

4. Apelada la decisión por el defensor del  acusado,  el  12  de  diciembre  del mismo año, fue confirmada por la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Santa Marta6.   

5. Remitido el expediente para adelantar la  etapa   del   juicio,   se   celebró   la   audiencia  preparatoria7;  y  el 4 de  mayo  de  2007,  la  vista  pública  de juzgamiento8,  al cabo de la cual, el 3 de  julio  de  20089,  el  Juzgado  Penal  Especializado  de  Santa  Marta,  condenó a  ALEXANDER  ARCHIBOLD  ARCHIBOLD  a  la  pena  principal  de  seis  (6)  años de  prisión;  multa  de  seiscientos  (600)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  cuatro  (4)  años; el decomiso de la cuenta de ahorros No. 02660115567 del  banco  Davivienda;  le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena y le concedió la prisión domiciliaria, como responsable del delito de  lavado         de         activos.   

Con  ocasión  al  punible  de enriquecimiento  ilícito de particulares  lo absolvió.   

6.  Recurrida  por  el abogado de ARCHIBOLD  ARCHIBOLD,  el  Tribunal Superior de Santa Marta el 28 de septiembre de 2009, la  confirmó10.   

7.  Inconforme  con  la  determinación, el  defensor  de  ALEXANDER  ARCHIBOLD ARCHIBOLD interpuso el recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

         En  verdad,  el  libelo  es  un  escrito  confuso, del que se logra  extraer lo siguiente:   

Propone la vía de la casación excepcional  al  considerar  que su defendido fue condenado a una pena inferior a los 8 años  de  prisión,  motivo por el cual considera improcedente la ordinaria, contenida  en  el  primer  inciso del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal, sin  más,  con  la  finalidad  de  buscar  el  desarrollo  de la jurisprudencia o la  protección de los derechos fundamentales.   

Luego  amparado  en  la  causal primera del  artículo    207    del   ordenamiento   citado,   postula   como   cargo      único,      “la   doble   violación   directa   e   indirecta   de   la  ley  sustancial…”   

Destaca la escogencia de la vía directa por  “un  error de derecho”,  soportado   en   la   exclusión   evidente   del   artículo   40  (conversión  de  la  multa  en  arrestos  progresivos),   numeral   4°   -no   existe   esta  nomenclatura  en  el  ordenamiento-  y 32  (ausencia de responsabilidad) de la Ley  599  de  2000  y  la  indebida  aplicación o interpretación errónea del 247 A  adicionado,  ibídem,  al incurrir en un falso juicio de convicción  sobre  el acervo probatorio.   

Precisa  que  no  controvierte  la pruebas,  tampoco las conclusiones fácticas del fallador.   

Considera    se   violó   indirectamente  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho en la apreciación de las pruebas fundamento de responsabilidad  penal, por falso raciocinio.   

Bajo el título de demostración del cargo,  luego  de  evocar  apartes  de  la  que dice es jurisprudencia de esta Sala, sin  precisar  fecha  ni  radicación, expresa, que su defendido actuó amparado bajo  la  eximente de responsabilidad del error de tipo, al tratarse de una persona de  más  de  80  años  de  edad,  sus  condiciones  físicas, salud, personalidad,  profunda   ingenuidad  y  “pobreza  espiritual,  en  el    manejo   de   una   Tarjeta   Débito   de   una  Cuenta  de  Ahorros  (sic)…”,  las cuales lo llevaron a interpretar la  situación  fáctica  y  jurídica de manera errada, carente de dolo;  pero  que   tal   circunstancia   no   fue  reconocida  por  el  juzgador  de  segunda  instancia.   

Si  se  extrema el análisis y el juicio de  reproche  a  ALEXANDER ARCHIBOLD ARCHIBOLD, se debe aceptar que su equivocación  fue  culposa, al faltar al deber de cuidado por no ejercer el debido control que  su  sobrino  OLAYA  NEWBALL  ARCHIBOLD  tenía  sobre  el  manejo  de la tarjeta  entregada  en  confianza; por tanto, al corresponder la conducta de lavado  de  activos endilgada a un delito  eminentemente  doloso,  se  le debe declarar exento de responsabilidad porque se  estructura la causal de inculpabilidad.   

Pasa  a  expresar,  que  el  reproche penal  realizado  se  soporta  en errores en la apreciación de las pruebas, motivo por  el  cual  de manera profusa controvierte la valoración dada a la tarjeta debito  de  la  cuenta  de  ahorros  No.  026600115567 del banco Davivienda; al dictamen  pericial   contable;   y   a   los  indicios  surgidos  de  la  indagatoria  del  procesado.   

Con   relación  al  primer  elemento  de  conocimiento,  califica  como  errado en el fallo, inferir que por ser ALEXANDER  ARCHIBOLD   ARCHIBOLD  el  titular  de  la  cuenta  bancaria,  conocía  de  las  consignaciones    procedentes    del    lavado   de  activos,  resultado  que es contrario a las reglas de  la  lógica  jurídica y de la experiencia; tampoco, se encuentra demostrado que  los    dineros    allí   consignados   fueran   producto   de   una   actividad  ilegal.   

La  conclusión  consistente  en  que  el  procesado  conocía  de las transacciones irregulares a partir del hecho probado  de  haber  encontrado  en  poder  del  sobrino del acusado la tarjeta debito, se  aparta de la lógica y carece de respaldo probatorio.   

En  lo que al segundo corresponde, el yerro  consiste   en   que   del   dictamen  pericial  no  se  puede  inferir  que  las  consignaciones  realizadas  en  la  cuenta  de  ahorros provienen de actividades  ilícitas,  pues  se  carece  de  claridad para saber quién las hizo, el origen  ilícito  de  los dineros, menos aún, el que ALEXANDER tenía ese conocimiento,  pues tales hechos debieron soportarse debidamente.   

Se  incurre  en  el  fallo  en  el  sofisma  denominado  petición  de principio al pretender acreditar tesis con una premisa  no  demostrada,  como  se  verifica  cuando luego de realizar un recuento de los  movimientos  bancarios  enlistados  en  el  dictamen pericial, dice acreditar la  responsabilidad  a  partir  de la procedencia ilícita de los dineros, hecho que  no se encuentra soportado probatoriamente.   

Del   informe  no  se  logra  extraer  la  configuración  de  ninguno  de  los verbos rectores del tipo penal de lavado de  activos,  tampoco  que  los dineros sean producto de un concierto para delinquir  relacionado  con el tráfico de estupefacientes, ni sobre bienes provenientes de  esa  actividad,  se  les  haya  dado la apariencia de legalidad u otro acto para  encubrir su ilegal origen.   

De la misma manera, el medio de persuasión  no  permite  deducir  la  fuente  de  los  dineros  y que el acusado a sabiendas  hubiera    prestado    su   cuenta   para   “lavar  activos” pues no se demostró la procedencia de las  consignaciones como producto de acciones al margen de la ley.   

En  tercer orden, califica como equivocados  los  indicios  construidos  a  partir  de  la indagatoria de ALEXANDER ARCHIBOLD  ARCHIBOLD,  tales  como,  las contradicciones existentes entre las exculpaciones  dadas  por  Olaya  Newball  Archibold y el acusado en el curso del procesado, al  darle credibilidad sólo al primero como confeso narcotraficante.   

Evoca apartes del fallo sobre el particular  y  dice  que  se consignaron inferencias erróneas con el desconocimiento de las  reglas  de  la  experiencia  y  la  apreciación  al  construir  el  indicio  de  responsabilidad.   

Concluye  que  donde el fallador aplique el  contenido  del  artículo  40  del  Código  Penal  y la consecuente eximente no  habría  declarado la responsabilidad de ALEXANDER y la aplicación indebida del  artículo  247  A de la misma obra, al desconocer el contenido del artículo 286  del  Código de Procedimiento Penal en el entendido que, el hecho indicador debe  estar probado.   

Solicita se case la sentencia y en su lugar  se absuelva a su poderdante.   

Adicional  a  lo  anterior,  elabora  otro  “CAPÍTULO SEGUNDO”, en  el  que  propone  como  cargo  subsidiario  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  con  fundamento  en  el  inciso  final del artículo 22511  (requisitos    formales    de    la    demanda   de  casación) del Código de Procedimiento Penal de 1991  (Decreto  2700  de  1991).   

Dice, que se excluyó de manera evidente el  contenido  del  artículo 299 (reducción de pena en caso de confesión/apertura  de                  correspondencia)12     del    Código    de  Procedimiento      Penal,      (artículo      286        -prueba  del  hecho  indicador- de la Ley  600 del año 2000..   

Como  demostración  del cargo in extenso expone:   

“Toda la realidad procesal evidencia que  el  procesado  ALEXANDER ARCHIBOLD ARCHIBOLD, desde su primera versión ante las  autoridades  judiciales,  no  negó  ser  titular de la tarjeta débito y que la  confiaba  a  su  sobrino,  para  sus  consignaciones  propias, lo cual indica su  ausencia de malicia sobre el mal uso que le diera aquel.   

Sin  embargo,  el  juzgador  de la segunda  instancia  hizo  caso  omiso  de  tal  manifestación, omisión que de fondo fue  determinante  de  la  condena.  De  igual  manera  se  hizo  caso  omiso  de  la  personalidad   del   procesado,   de  la  naturaleza  y  modalidades  del  hecho  punible.”   

Y  concluye,  que dada la ingenuidad, edad  senil  y  carencia  de  antecedentes  del  acusado,  no  requiere de tratamiento  penitenciario.   

Solicita  se case el fallo y se absuelva a  su defendido.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

1.  La demanda presentada por el apoderado  de   ALEXANDER   ARCHIBOLD  ARCHIBOLD,  no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000. Debido a ello, será  inadmitida13.   

Dado  que  el recurso de casación se rige  por  el  principio  dispositivo,  las  pretensiones  de  la demanda delimitan la  competencia  de  la  Sala  de  Casación Penal, excepto la nulidad que puede ser  decretada   oficiosamente   -si   a   ello   hubiere  lugar-  en  aras  de la protección de las garantías  fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  esta  sede  puede  postularse  un  debate  probatorio generalizado y sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, pues esta clase de  impugnación  fue concebida, no como un medio adicional para litigar libremente,  sino  como una excepcional manera de llevar al conocimiento del máximo tribunal  de   la   jurisdicción   ordinaria  el  fallo  proferido  por  el  ad  quem,  por  las  causales  taxativas  señaladas en la ley y seleccionadas en la demanda.   

De  este  modo, el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal  extraordinario  en procura de remediar o  poner  fin  a  la  violación  de  la  Constitución  Política,  del  bloque de  constitucionalidad  en  lo  pertinente y de la ley, ocurridos en la sentencia de  segunda  instancia, por errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la  elaboración  de  un  razonamiento jurídico sobre ésta, siguiendo el derrotero  trazado  en  las causales invocadas, donde se espera del censor, su discurrir de  un  modo  claro  y  profundo,  hasta  demostrar  defectos  protuberantes  en  la  estructura  jurídica  del  fallo,  de  tal  suerte que no es viable mantener su  vigencia.   

2.  Ante  la  forma de error propuesto, lo  contradictorio,            inconcluso,   indeterminación  de  la  postulación  y  el  efímero  alcance esbozado en la demanda, se hace necesario  recordarle    al   recurrente   que   cuando  se  acude a la violación directa  de    la    ley   sustancial,   la   jurisprudencia   ha   decantado14, que es un  deber  aceptar los hechos, las pruebas y la valoración sobre ellas realizada en  las   instancias,  pues  por  este  sendero  no  es  posible  discutir  aspectos  fácticos,  al  corresponder  la  impugnación  a  un  debate  de estricto orden  jurídico,  siendo  carga  del censor anunciar de manera lógica y detallada las  normas  de  contenido sustancial que estima infringidas, así como el sentido de  la  violación,  esto  es, si el desaguisado ocurrió por falta de aplicación o  exclusión     evidente;     aplicación     indebida,     o     interpretación  errónea.   

        De  la misma manera se debe precisar, que la falta de aplicación o  exclusión  evidente se presenta, por regla general, cuando el juez yerra acerca  de  la  existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico que la  reclama;  ignora o desconoce la ley encargada de regular la materia y por eso no  la  tiene en cuenta, al incurrir en error sobre su existencia o su validez en el  tiempo  o  el  espacio,  para  lo  cual  es  indispensable que en el texto de la  sentencia  declare como probado el supuesto fáctico que amerita la consecuencia  jurídica  que  contiene  el  precepto, más sin embargo no la trae a regular el  asunto.   

Por   su   parte,   en  la  aplicación  indebida, a la cual acude el  demandante,  el  juez  desatina  en  la  selección  de  la  norma.  El error se  manifiesta  en  la  falsa  adecuación  de  los  hechos probados a los supuestos  contemplados  en el precepto. Los sucesos reconocidos en el proceso no coinciden  con las hipótesis condicionantes de aquél.   

Aquí el juzgador se equivoca al establecer  la  relación  de  semejanza  existente  entre  el  caso  particular  concreto y  adecuado  jurídicamente  y  el  supuesto de hecho proyectado en la disposición  legal,   es   un   error   in  iudicando,   de   juicio,   de   conceptualización   materializado   en  la  selección-adecuación  de  la  norma  llamada  a regular el asunto. El fallador  escoge una disposición que no corresponde para solucionar el caso.   

En   la  interpretación  errónea,  por  último,  el juez selecciona bien y apropiadamente la norma encargada de decidir  el  asunto  en  cuestión,  y  efectivamente la aplica, pero al interpretarla le  atribuye  un  sentido  jurídico  del cual carece, le asigna efectos distintos o  contrarios a los que le corresponden, o no causa.   

Las dos primeras especies de error directo  se  diferencian  del  último,  en  que mientras en la falta de aplicación y la  aplicación  indebida  subyace  una equivocación en la selección del precepto,  en  la  interpretación  errónea  el dislate sólo es de hermenéutica, pues en  rigor  lógico se debe partir de la aceptación en la correcta aplicación de la  norma,  donde  el  dislate  se  genera,  al otorgarle un entendimiento jurídico  equivocado,  en  razón  del  cual  se  le  hace  producir  por exceso o defecto  consecuencias distintas.   

3.  Si bien el censor al escoger como vía  de  ataque  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  en  la forma de la  aplicación  indebida  y  anuncia con evitar controvertir los aspectos fácticos  soporte  de  la decisión, omite en absoluto presentar una argumentación propia  del rigor jurídico necesario para demostrar el dislate propuesto.   

Del mismo modo el escrito es absolutamente  contradictorio,  pues  luego  de  anunciar  esta  clase  de error y expresar que  acepta  el  ejercicio  de  persuasión  realizado en el fallo, de inmediato abre  toda  una extensa discusión probatoria generalizada a partir de la controversia  de  los  indicios  construidos en las instancias al punto de plantear violación  indirecta de la ley sustancial   

En  una  lacónica  exposición  de  ideas  deshilvanadas,  expone premisas inconclusas y excluyentes entre sí, con lo cual  desconoce  los  basilares  principios  de  claridad, precisión, autonomía y no  contradicción  en  casación,  donde  la  de  mayor incoherencia corresponde el  acudir  de  manera  simultánea  a  la  violación directa e indirecta de la ley  sustancial.   

Otra  glosa en la debida argumentación la  merece  el  desconocimiento  por  parte  del  libelista  de la procedencia de la  casación  excepcional,  respecto  de la cual dice acude, conforme lo dispone el  inciso tercero del artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

Con  ello inadvierte que la pertinencia de  ese  instrumento está determinada por el Legislador para todos aquellos delitos  cuya  pena máxima privativa de la libertad no exceda de 8 años, pues el delito  de  lavado de activos por el  cual  fue  condenado el acusado ARCHIBOLD ARCHIBOLD descrito en el artículo 323  del  Código  Penal,  se  encuentra sancionado con pena de ocho (8) a veintidós  (22)  años  de  prisión.  Por  tanto  el camino corresponde al de la casación  común, sin que fuera necesario acudir al instituto discrecional.   

Las  imprecisiones  en  la  demanda van al  extremo  de  mezclar  como  normas violadas, tanto preceptos de las Leyes 100 de  1980,  599  y  600 de 2000 y el Decreto 2700 de 1991, sin advertir el censor que  los  hechos  por  los  cuales  fue  procesado y juzgado su poderdante ocurrieron  desde  el  mes  de  octubre  de  2002;  entonces  y  ante  la inexistencia de la  propuesta  de  un  tema por favorabilidad normativa, no encuentra la Sala razón  para  combinar  de  manera  indistinta tales ordenamientos, cuando la ritualidad  para este trámite se rige por las Leyes 599 y 600 de 2000.   

Del  mismo  modo,  la ausencia de claridad  resulta  de  bulto,  cuando  en  el  escrito  de  impugnación  se enlistan como  nomenclaturas  legales transgredidas, preceptos que no guardan relación con las  alegaciones que allí se exponen.   

En  este  orden la confusión del actor se  hace   evidente  al  denunciar  como  normas  violadas  de  manera  directa  los  artículos  40  (conversión  de la multa en arrestos  progresivos),     numeral     4°     -no  existe  esta  nomenclatura  en  el  ordenamiento-,   32  (ausencia  de  responsabilidad),  247   (circunstancias  de  agravación  punitiva  para el delito de estafa) de la  Ley  599  de  2000;  y  del  artículo 225 (requisitos  formales  de  la  demanda de casación) del Código de  Procedimiento   Penal   de   1991  (Decreto  2700  de  1991),  contenidos  normativos  inconexos con el tema  objeto  de  discusión,  tampoco  de  la controversia esbozada,  sin que el  actor  relacione  su  materialidad  o  efectos  con  la  forma  de transgresión  alegada,    lo   cual   conduce   a   una   total   incoherencia   lógica   del  libelo.   

También  son múltiples las falencias del  escrito  de  impugnación  al abigarrar bajo un reproche único, vías de ataque  diferentes,  al referir de forma indistinta conceptos de la violación directa e  indirecta  de  la   ley  sustancial,  como  se verifica cuando propuesto el  primer  reparo,  pasa  a  discutir como erradas las inferencias en el fallo para  declarar  que  ALEXANDER  ARCHIBOLD  ARCHIBOLD  conocía  de  las  transacciones  bancarias  procedentes  de la actividad de lavado de activos, equivocaciones que  atribuye  al  desconocimiento  por el juzgador  de las reglas de la lógica  jurídica  y  de  la  experiencia,  como  si se tratara de sustentar un error de  hecho  por  falso raciocinio; luego controvierte la inexistencia de elementos de  persuasión  para  demostrar  que los dineros allí consignados eran producto de  una  actividad  ilícita, a la sazón de un probable falso juicio de existencia,  formas   de   dislate  que  tampoco  desarrolla,  pues  las  deja  como  simples  enunciados,  en plena transgresión del principio de razón suficiente, con base  en  el  cual,  quien  expone  premisas,  tiene  el  deber  de sustentarlas una a  una.   

Esta  equivocada  forma  de  argumentar se  presenta  a  lo largo de todo el escrito, lo que se refleja cuando luego discute  la  valoración  del dictamen pericial, respecto del cual señala como errado el  haber  inferido  a  partir  de  éste,  que  las consignaciones realizadas en la  cuenta  de  ahorros  provenían de actividades ilícitas, al carecer el fallador  de  soporte  probatorio  de  quién  las  realizó  y  su  origen, al igual, que  ALEXANDER  tenía  ese  conocimiento,  esquema  que lo ubicaría en el esbozo de  aparentes falsos raciocinios y falsos juicios de existencia.   

Todas estas mixturas le impiden a la Corte  determinar  claramente su objetivo y precisar el alcance de la esencia del cargo  único  anunciado,  en  pleno  desconocimiento de los de principios autonomía y  debida   argumentación   en   casación,  máxime,  cuando  lo  medular  de  la  inconformidad,  está  cimentado  en  la  proposición  de  un  cargo único por  violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  un mismo momento  conceptual,  sin  siquiera  percibir  que los dos se excluyen entre sí, pues el  primero  presupone  la  conformidad  con  los  aspectos  que son susceptibles de  discutir en el segundo.   

Es   que   no  basta     para     cumplir     con    el    primer   presupuesto   de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  como  de  manera  equivocada lo cree el recurrente, con  hacer la manifestación consistente  en  que no controvertirá la validez de los elementos de persuasión ni el valor  suasorio  otorgado a ellos,  para  una  vez  postulada  la  primera  forma  de ataque, de inmediato, proceder  dentro   de   ella  misma,  a    bosquejar  diversos  errores de hecho por los  atributos  asignados  en  esa actividad por los jueces a la prueba documental de  la  tarjeta débito decomisada, el dictamen pericial y los indicios obtenidos de  la  diligencia  de  indagatoria,  en  un  galimatías  interminable,  como si su  prerrogativa    fuera  la  de prolongar el debate  probatorio   generalizado  agotado  en  las  instancias,  por  tanto,  ajeno  a  esta  sede,  pues  como  es  sabido,  la  sentencia  arriba  revestida  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,   la  cual  sólo    es  susceptible de remover a través de las  causales  de  casación  previamente  establecidas  en  la  ley  y  en  la forma  desarrollada  en  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación, parámetros que el  censor ha inobservado.   

De  igual  manera, nada dice el recurrente  sobre  la trascendencia de los errores enunciados, lo cual se logra, al enseñar  a   la   Sala  que  suprimidos  del  fallo  los  vicios  denunciados,  variaría  sustancialmente  y  a  favor de los intereses de su representado la declaración  de  justicia  allí  contenida,  como  reflejo  de  la  esencia  material de las  finalidades   constitucionales  y  legales  perseguidas  por  el  extraordinario  instituto  de  impugnación,  pues la sola acreditación formal de los dislates,  no  conlleva,  per se, a que  se irradien sus efectos.   

La  verdad es que la demanda constituye un  escrito  confuso,  desprovisto  de  motivos  para  la formulación de un tópico  serio,  profundo,  pues dialécticamente carece del planteamiento de un problema  jurídico, susceptible de ser estudiado en casación.   

4.  En  cumplimiento  del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito de sustentación o asumir interpretarlo. Por tanto,  no  puede  corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la construcción de la demanda; no obstante, cuando atendiendo  los  fines  del  extraordinario  recurso  y  en  procura  de  la  defensa de las  garantías  fundamentales deba hacerlo, evento que -se  repite-  aquí  no  acontece,  razón  por la cual la  demanda será inadmitida.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ALEXANDER  ARCHIBOLD ARCHIBOLD, conforme a lo  expuesto en la parte motiva.   

2.  Contra  la  presente  providencia  no  procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                   SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                              AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                                     YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                      

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.     

1 Anexo  de copias No. 1, folios 29 y 38.   

2 Anexo  de copias No. 1, folio 62.   

3 Anexo  de copias No. 1, folio 113.   

4  Cuaderno No. 1, folio 4, resolución de 24 de junio de 2005.   

5  Cuaderno No. 1, folio 156.   

6  Cuaderno No. 2, folio 4.   

7  Cuaderno No. 1, folio 247.   

8  Cuaderno No. 1, folio 283.   

9  Cuaderno No. 1, folio 351.   

10  Cuaderno del Tribunal, folio 7.   

11  Folio 19 de la demanda.   

12 Se  hace  la  precisión  de la correspondencia de la norma tanto en el decreto 2700  de  1991, como en la Ley 600 de 2000, por cuanto a que el libelista no precisa a  cuál  ordenamiento  en  particular  se refiere cuando anuncia las disposiciones  violadas.   

13  “Artículo  213. Calificación de la demanda. Si el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de origen. En caso  contrario  se  surtirá  traslado  al  Procurador  delegado  en  lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto.”   

14  Auto  de  casación  de  14  de  noviembre de 2008, radicación No. 27158, entre  otros.     

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