33367(11-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33367  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 076  

Bogotá  D.C.,  once  (11)  de  marzo  de  dos  mil  diez  (2010)   

V I S T O S  

La  Sala resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Mario   de   Jesús  Castrillón  Restrepo  contra  la  sentencia  del 28 de agosto de 2009 dictada por el Tribunal Superior  de  Medellín,  por  medio  de  la  cual  confirmó  la proferida por el Juzgado  Veintisiete  Penal  del Circuito de la misma ciudad, el 10 de junio de ese año;  y  lo  condenó a la pena principal de 100 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el   mismo  lapso  de  la  privativa  de  la  libertad,  como  autor de las  conductas  punibles  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años y actos  sexuales  abusivos  con  menor  de  catorce  años,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

H E C H O S  

El   juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Ante un servidor  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación (Sala de Atención al Usuario – SAU) de  la  Fiscalía General de la Nación, acudió el día 12 de diciembre de 2006, el  menor  O…, con el objeto de  denunciar  al  Pbro.  Mario  de  Jesús  Castrillón  Restrepo,  (párroco  para  entonces  de la iglesia ‘Las  Bienaventuranzas’   del  barrio  20  de  Julio  –  Comuna 13 de Medellín), quien desde el mes de mayo de  2004  y  por varias veces lo había accedido carnalmente, ello, aprovechando que  su  condición  de  sacerdote  y  que  el  menor  servía como acólito en dicha  parroquia,  describiendo  igualmente  los  actos  libidinosos  a  los cuales era  sometido      en      diferentes     habitaciones     de     la     ‘Casa          Cural’,  para entonces el ofendido, tenía 13  años  de  edad;  acciones de que eran víctimas también otros menores de edad,  tales    como    D…   y  S…   

“Es  claro  el  adolescente,  en  indicar  que  esos  abusos  sexuales, se repitieron durante un  lapso,  tanto en horas de la mañana, después de misa y en la tarde antes de la  ceremonia  religiosa,  hasta que optó por contarle a su señora madre, quien de  inmediato  procedió  a  acudir  ante  las  autoridades  eclesiásticas  y al no  observar  correctivos,  interpuso  la denuncia respectiva, aduciendo que su hijo  recibía  regalos  del  sacerdote,  dándole  entera  credibilidad  a  lo que su  descendiente  dice,  pues  de  tiempo  atrás  lo había notado raro, retraído,  triste        y       desorientado”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los anteriores hechos, el  Fiscal Noventa y Cinco Delegado  ante  los  Jueces Penales del Circuito de Medellín, el 27 de diciembre de 2007,  profirió  resolución de acusación en contra de Mario  de  Jesús  Castrillón  Restrepo  por  los delitos de  acceso  carnal  abusivo con menor de catorce años y actos sexuales abusivos con  menor  de  catorce  años,  en concurso homogéneo y sucesivo. Decisión que fue  objeto del recurso de reposición.   

2. El expediente pasó al Juzgado Veintisiete  Penal  del  Circuito  de  Medellín  que,  luego de tramitar el juicio, el 10 de  junio  de  2009, condenó a Mario de Jesús Castrillón  Restrepo   a  la  pena  principal  de  100  meses  de  prisión   y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el  mismo lapso de la privativa de la  libertad,  como  autor  de  las  conductas punibles de acceso carnal abusivo con  menor  de catorce años y actos sexuales abusivos con menor de catorce años, en  concurso homogéneo y sucesivo.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el  28 de agosto de 2009, lo confirmó en su  integridad.   

Contra la anterior decisión, el defensor del  acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S  A C I Ó N   

El  defensor del sentenciado, con base en la  causal   primera  de  casación,  presenta  tres  cargos  contra  la  sentencia,  así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la ley sustancial por haber aplicado indebidamente los artículos 208,  209  y  211, numerales 2° y 4°, del Código Penal y excluido los artículos 10  y 11 del mismo estatuto.   

Luego de reseñar los fundamentos jurídicos  y  probatorios  en  que  se  fundamentó  el  Tribunal para proferir el fallo de  condena  en  contra  del  acusado, destacando que la Corporación desvirtuó los  razonamientos  de  la  defensa  respecto al peritaje y a la animadversión de la  madre  del menor con el sacerdote, dice que en el plenario no se confirmó si en  verdad   una   de   las  víctimas  había  sido  accedida  carnalmente  por  el  procesado.   

En   torno   a   la   versión  del  menor  O…,  que  trascribe  en  algunos  fragmentos,  insiste  en  que  su  defendido  no  lo penetró. Es más,  recalca  que  el  sacerdote  lo  retiró  de  acolito por mentiroso, disociador,  chismoso,    por    violencia   pasiva   y   por   tener   problemas   con   sus  progenitores.   

A continuacion pasa a conceptualizar sobre la  antijuridicidad   material,   para   lo  cual  trascribe  una  decisión  de  la  Sala.   

Segundo cargo   

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley  sustancial  por  las  mismas razones argumentadas en el cargo  anterior,  esto  es,  porque  se aplicó indebidamente los artículos 209 y 211,  numerales  2° y 4°, del Código Penal, y exclusión evidente de los artículos  10 y 11 del mismo estatuto.   

Acota que en los fallos de instancia hubo una  errada calificación de la conducta atribuida a su representado.   

Así,  trascribe  un  fragmento  del  fallo  recurrido  y  conceptualiza  sobre  la  responsabilidad  penal,  acto en el cual  confronta varias normas jurídicas.   

En  cuanto  a  la  conducta punible de actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años y respecto al menor S…, considera que  para  el proceso de adecuación típica resulta imperioso constatar el principio  de  lesividad  en  torno  a  los  bienes jurídicos de la libertad, integridad y  formación sexuales.   

Frente  al  anterior  asunto,  aduce  que de  haberse  cometido  dicha  conducta  la  misma quedó en la fase de tentativa; no  obstante  el  Tribunal  la  ubicó como acto consumado, situación que tuvo como  génesis  en  la  mala  valoración  probatoria,  habida cuenta que se acudió a  aspectos    “meramente  circunstanciales,  pero  no  fueron los suficientes y necesarios para establecer  por  parte  del acusado el mecanismo idóneo y legal a seguir en las condiciones  en  que  se  encontraba  frente  a  la  denuncia  principal  y  el sinnúmero de  equivocaciones      y      apreciaciones      frente      a     ella”.   

De  manera  que  considera  que el error del  juzgador       consistió       en       haber      desbordado      “la  intelección  propia del artículo  209      del      Código      Penal”.   

Después de citar a varios doctrinantes sobre  el  tema  y  de resaltar algunos fragmentos de la versión de la madre del menor  S…,   afirma   que   la  progenitora    de   O…,  magnificó los hechos e indujo a aquella.   

En   lo  atinente  a  los  actos  sexuales  presuntamente  cometidos en cabeza de O…,  agrega  que  no  hay  prueba directa o indirecta que “lo lleve al reproche, pues hemos visto  la  cantidad  de  engaños, contradicciones y divergencias que presenta el menor  en  sus declaraciones que a no dudarlo fueron manipuladas y formadas en la mente  de  un niño atropellado sí, pero en el seno de su hogar, con todos los traumas  creados  por  su  madre  a  su  alrededor  como bien lo narra su padrastro y los  demás  testigos  que tuvieron  conocimiento  de  dicha  situación  y  que  extrañamente  no  se  les tiene en  cuenta…”.   

Así  advierte  que  el  fallo  de  condena  impuesto  por  este  motivo  en  contra  de  su representado no tiene fundamento  fáctico y legal.   

Tercer        cargo      

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la ley sustancial derivada de errores de hecho por falsos juicios de  existencia,  identidad  y  raciocinio  en  las  pruebas  allegadas  al  proceso,  falencia  que  condujo  a  que se vulneraran los artículos 29 y 208 del Código  Penal  y,  por lo mismo, por excluirse los artículos 7°, inciso 2°, y 277 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  puesto  que  no  se tuvo en cuenta las dudas  razonables  que  emergen  del  trámite sobre el presunto abuso que su defendido  cometió en el menor O…   

Respecto  al error de hecho por falso juicio  de  identidad,  destaca  que  el  peritaje médico legal concluyó que no había  huellas de penetración.   

Cumplido  con lo anterior, informa que en el  menor  O…  no se advierte  ninguna  animadversión  en  contra  de  su  representado.  Sin  embargo,  no se  advirtió  aspectos  contradictorios  que  obligan a mirar con celo su versión,  para lo cual procede a resaltar algunos fragmentos de la misma.   

Acota  que  para  predicar  el acceso carnal  resulta  imperioso  que  el  mismo  se  haya verificado, situación que aquí no  acontece,  en  la medida en que la propia víctima así lo manifestó, dicho que  se encuentra respaldado con el dictamen médico legal.   

De  ahí  que  no  comparta  el  juicio  de  responsabilidad  inferido  en  contra  de  su  representado  para  atribuirle el  punible de acceso carnal violento.   

Después  de  insistir  en  lo anteriormente  expuesto,  comenta  que  esa  errada  apreciación de la prueba condujo a que se  dictara fallo de condena en contra de Castrillón Restrepo.   

En lo relativo al falso juicio de existencia  presuntamente  cometido  sobre  la  versión  que  rindió  la  madre  del menor  O…,  advierte  que  en el  trámite  obran constancias en torno al dominio que ésta ejercía sobre él, al  punto  que  lo  inducía  y  lo  manipulaba  para  que  declarara  en contra del  sacerdote.   

A  fin de demostrar la existencia del vicio,  el  casacionista  vuelve  y  analiza, desde su personal perspectiva, la versión  del   menor.   Seguidamente   acota   que   el   propio  adolescente  le  tenía  animadversión  a su padrastro, hecho que tuvo como génesis el conocimiento que  tenía  su madre que su compañero tenía amores con una empleada de la iglesia,  acontecer  fáctico  que  debió  ser  objeto  de  consideración  en el acto de  apreciación de la prueba.   

Destaca  que  el  menor  reconoció no haber  asistido    a    la    primera    comunión   de   sus   hermanos   “por  encontrase  con su madre y ésta,  ni  siquiera  asistió  a  tan importante ceremonia en el mundo católico de sus  hijos.  La  relación  del padrastro con la empleada era consentida por el padre  Mario  y  eso  exacerbó a la madre de O…  para  que  orientara  su rencor hacia él, utilizando a su hijo el  que  precisamente no quería al padrastro, a pesar de que éste dice que echaron  a  la  señora Gloria Guzmán (empleada de la Iglesia) dizque porque el padre se  dio cuenta”.   

Así mismo, asevera que negó la falsedad de  una  denuncia  contra  su  padre  y ocultó un sin número de hechos bochornosos  vividos  en  su  hogar, “al  lado  de  su madre quien se dejaba influenciar de otras personas, como de Olivia  Montoya,  aspectos  de la vida del menor bien interesantes para ser tenidos a la  luz    de   los   criterios   esbozados   por   el   artículo   277”.   

Luego  de  comentar  un  incidente  con  un  seminarista  de  nombre  Fernando,  argumenta  que  hubo  contradicciones  en su  narración.   

Así,  procede  a  reiterar  los  anteriores  argumentos   y   afirma   que   el   juzgador   de   segundo  grado  seleccionó  arbitrariamente  algunos  apartes  de  las  versiones  de  la  madre  y el menor  ofendido  y  olvidó  las  de la señora Gloria Guzmán y el sacerdote Fernando,  situación que condujo a la condena de su representado.   

De acuerdo con lo anteriormente expuesto, el  libelista  pide a la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, absolver  a     Castrillón    Restrepo    de    los    cargos    atribuidos    en    esta  providencia.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  Recuérdese  que  dado  el  carácter de  extraordinario  de la casación, compete al libelista que al elaborar la demanda  lo  haga  bajo los estrictos parámetros contemplados en la ley y decantados por  la  jurisprudencia.  De  ahí  que no basta con afirmar que en la sentencia o al  interior  del  proceso  se cometió un error de derecho o de actividad, en tanto  debe  demostrar la existencia del vicio y su trascendencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en la sentencia fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

En  esa medida, la labor de demostración de  la  trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada  en  evidenciar que el  juzgador  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto, que  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  o,  que  habiéndola escogido correctamente le dio un alcance interpretativo que  no se deriva del texto de la ley.   

Y,  cuando la censura se intenta por la vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial, al demandante le compete que  indique  a la Sala la clase de error en la apreciación probatoria, es decir, si  fue  de  hecho y de derecho, y el falso juicio que lo determinó, esto es, si de  existencia, identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Una  vez  cumplido  con  lo anterior y en el  punto  de  la  trascendencia,  también  le  corresponde al demandante demostrar  cómo  el  error  en el acto de la apreciación de las pruebas condujo a aplicar  una  norma  extraña  al debate y/o a excluir otra que resultaba pertinente para  con los hechos objeto de la controversia.   

De  manera  que  si  no  se  cumple  con los  anteriores    derroteros,    sin    duda,   se   impone   la   inadmisión   del  libelo.   

2.  En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte,  resulta  claro  que  los  tres  cargos presentados por el demandante  contra   la   sentencia   de   segunda   instancia  no  reúnen  los  anteriores  presupuestos,    razón    por    la    cual,    desde   ya,   se   anuncia   su  inadmisión.   

Respecto  al primer  cargo  que  el  casacionista postula por la vía de la  infracción  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación indebida de unas  normas  y  exclusión  evidente  de  otras,  el  libelista  argumenta  que en el  presente  asunto  no  puede  concluir  en  la  existencia  del punible de acceso  carnal,  basado  en  lo que presuntamente dijo el menor víctima y la experticia  médico  legal,  pero  en  modo alguno demuestra que de acuerdo con lo declarado  como  probado  en el fallo, la norma que contiene ese delito no era la llamada a  dar solución al asunto.   

El  libelista  en  vez  de demostrar en qué  consistió  el  error  en la aplicación del derecho, como si la casación fuera  una  tercera  instancia,  arremete  contra  el  grado  de  credibilidad  que  el  sentenciador  otorgó a la versión del menor y al dictamen pericial, disparidad  de juicios que no se erigen en motivo para acudir en casación.   

En   tales  condiciones,  vale  nuevamente  destacar  que la simple discrepancia de criterios respecto al mérito dado a los  medios  de  convicción  no  constituye yerro para ser demandado en esta sede, a  menos  que  se  advierta  que  las conclusiones probatorias de los juzgadores no  consultan  los  postulados  que  informan  la  sana crítica, caso en el cual la  censura  se  debe  postular  por la vía de la infracción indirecta derivada de  error de hecho por falso raciocinio, evento que aquí no ocurrió.   

En torno al segundo  cargo,  que  el libelista igualmente funda por la vía  de  la  infracción directa porque se aplicó indebidamente unos artículos y se  excluyeron  otros  del  Código  Penal,  situación  que  condujo  a  una errada  calificación  jurídica  de  la  conducta  atribuida a su representado, tampoco  cumple  con  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida fundamentación para su  admisión.   

Sin evidenciar en qué consistió el error de  derecho,  el  actor  nuevamente arremete contra las conclusiones probatorias del  sentenciador,  esta  vez  en  procura que la Sala reconozca que el acusado nunca  accedió  al  menor y que, por ese motivo, no se puede predicar la existencia de  la conducta punible de acceso carnal.   

Del  mismo  modo y como si se tratara de una  instancia  más  del  proceso, igualmente critica al juzgador por haber inferido  que  respecto del otro menor víctima se estructura la conducta punible de actos  sexuales  abusivos  con  menor  de  catorce  años,  con  el argumento que en el  diligenciamiento  no  obra prueba directa o indirecta que lleve a colegir en ese  juicio de tipicidad.   

En otras palabras, ninguno de los dos cargos  que  el  demandante  presenta  por  la  vía de la infracción directa de la ley  sustancial  pone  en  evidencia  la  existencia  del  vicio  y, por lo mismo, su  trascendencia    frente    a   las   plurales   decisiones   adoptadas   en   el  fallo.   

Y,  por  último,  en cuanto al tercer  cargo que el libelista funda por el  sendero  de la infracción indirecta de la ley sustancial por error de hecho por  faso  juicio  de  identidad,  en vez de demostrar que el fallador al apreciar el  testimonio  de  la  madre  del  menor O…,  así  como  también  otros testimonios que se permite relacionar  tergiversó  su contenido material, al punto que se declaró una verdad distinta  de  la  que  se  deriva  de su texto, la labor demostrativa la hace consistir en  sostener  que  en  el  acto de valoración de las probanzas no se tuvo en cuenta  que  entre  aquella  y  el  procesado   existía  animadversión,  en tanto  predicaba  que  el  sacerdote toleraba una relación de una empleada suya con su  pareja.   

En el mismo sentido indica que no se tuvo en  cuenta  los incidentes que ocurrieron con el sacerdote Fernando, la denuncia que  instauró   el   menor   contra   su   padre   y   el   testimonio   de   Gloria  Guzmán.   

Es  decir, la inconformidad del libelista no  está  centrada  en  torno  a  la  tergiversación de la prueba sino respecto al  mérito  que  el  juzgador  le  otorgó  a la unidad probatoria, sin que de modo  alguno ponga en evidencia el mentado yerro.   

De  igual  manera, postula un presunto error  derivado  de  un falso juicio de existencia por no haberse apreciado el dictamen  médico   legal,   pero   a   reglon   seguido,  violando  el  principio  de  no  contradicción,  critica  el  grado  de  valor que el sentenciador le otorgó al  citado medio de prueba.   

En  síntesis,  el  actor  no  comparte  la  valoración  probatoria  hecha  en  las  instancias  y  de  la cual se dedujo la  responsabilidad del acusado.   

Ante esa discrepancia de criterios, se impone  la                                inadmisión                                del  libelo.            

   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Mario de  Jesús  Castrillón  Restrepo,  por  lo  anotado en la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO    J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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