33316(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.° 33316  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrados Ponentes:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 120.   

Bogotá, D. C., veintiuno de abril de dos mil  diez.   

                                   

                                    VISTOS   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JOSÉ OVIDIO  RESTREPO  GALLEGO,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Manizales el 20 de agosto de 2009,  confirmatoria  de  la  proferida  el  25  de julio del mismo año por el Juzgado  Penal  del Circuito Especializado de Manizales, condenando al citado procesado a  la  pena  principal  de  37  años  y  4  meses  de  prisión  y  multa de 6.666  s.m.l.m.v.,  y a las accesorias de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por 20 años y a la privación del derecho a la tenencia y  porte  de  armas  de  fuego por 15 años, como coautor responsable del delito de  secuestro extorsivo agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Los hechos fueron narrados de la siguiente  manera en los fallos de instancia:   

“El 9 de julio de  2006  siendo  las  23:30,  cuando  el  señor  Jorge  Mario  Mejía  Gallego  se  desplazaba  en  una  camioneta  Toyota Prado de placas NAE-428 en zona rural del  corregimiento  de  San  Juan,  sector  el  Crucero o Partidas, jurisdicción del  municipio  de  Marmato,  Caldas, fue obligado a retener el volante por 3 hombres  armados  y  vestidos  con  uniformes  de  la Policía Nacional, quienes luego de  despojarlo  de  su  revólver  y  su teléfono celular, con ayuda de dos sujetos  más  que  hicieron  presencia  en el lugar, lo esposaron y se lo llevaron en la  parte  de atrás del carro hacia Caramenta, lugar donde otros (sic) dos personas  se  subieron,  entre  ellas una mujer y continuaron el recorrido para finalmente  ser     entregado     a     alias    “Daniel     o     Águila”,  integrante del grupo subversivo del ELN Cacique Calarcá, siendo  liberado  el  27  de  agosto del mismo año por parte del ejército en operativo  militar  desarrollado  en zona rural del municipio de Andes Antioquia, donde fue  abatido          alias          ‘Daniel’”.           

2.  El 18 de mayo de 2007, el Juez Promiscuo  Municipal  de  Marmato, Caldas, con Funciones de Control de Garantías, ordenó,  a  instancias  de la Fiscalía General de la Nación, la captura de JOSÉ OVIDIO  RESTREPO  GALLEGO,  y  en  audiencia  preliminar  del 18 de octubre siguiente lo  declaró  persona  ausente,  fecha en la cual se le formuló imputación por los  delitos  de  secuestro extorsivo y rebelión, por los cuales se le impuso medida  de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario.   

3.  El  4  de  marzo  de  2008, la Fiscalía  Segunda   Especializada  radicó  escrito  de  acusación  por  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  (artículo  169  del  Código  Penal)  agravado (artículo  170-3)  y  rebelión  (artículo 467 ibídem), cuya audiencia de formulación se  llevó  a  cabo  el  4  de  abril  de  2009,  ante  el  Juez  Penal del Circuito  Especializado de Manizales.   

3. La audiencia preparatoria se evacuó el 6  de  mayo  siguiente,  y  el  juicio  oral durante  los  días 10 y 11 de junio de 2009, al culminar el cual se  anunció el sentido del fallo.   

4. El fallo de primera instancia fue dictado  el  25  de  julio  de  2009,  condenándose  al  procesado JOSÉ OVIDIO RESTREPO  GALLEGO  a  las  penas  ya  señaladas  como  coautor  del  delito  de secuestro  extorsivo  agravado  y  lo  absolvió de la imputación por rebelión, decisión  que  impugnada por la defensa, se confirmó íntegramente en la sentencia que es  ahora objeto del recurso extraordinario de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         

El  defensor  del procesado RESTREPO GALLEGO  propone  un  único  cargo  contra  la  sentencia  condenatoria, al amparo de la  causal   tercera  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  alegando  el  desconocimiento  de  la  sana  crítica  en la valoración de los testimonios de  cargo.   

En  orden a fundamentar el cargo señala que  la      experiencia      enseña      que      el      ofendido     “se  induce en esa búsqueda constante  de  que  se  haga justicia”  frente  a  la  vulneración  de  sus  derechos, y en este caso, esa búsqueda le  permitió  “familiarizarse  con  mi  defendido” para ir  “cambiando,  adecuando y  posicionando     su     descripción    física    y    morfológica”  hasta  generar  convicción  en  su  testimonio.     

Advierte que si el fallador de segundo grado  hubiese  apelado  al  análisis  razonado  a  partir  de los dictados de la sana  crítica, el fallo emitido habría sido sustancial distinto.   

El  juzgador,  agrega, se limitó a concluir  arbitrariamente  que  el ofendido fue coherente al narrar las circunstancias que  rodearon  su privación de libertad, a pesar de que el mismo, en su declaración  del  29  de  agosto de 2006, no dijo nada particular frente a sus captores, pues  en  relación  con  los  falsos  uniformados se dedicó a realizar descripciones  físicas  de  tipo  general, a las cuales se acomodaría cualquier ciudadano del  común.   

Según  el defensor, la conclusión a la que  arribó  el  fallador  no  sólo carece de respaldo probatorio, sino que además  distorsiona  los  hechos,  haciendo  decir  a la prueba lo que jamás dijo. Ello  porque  de  acuerdo con la entrevista rendida por la víctima el 29 de agosto de  2006,  éste  no  tenía  conocimiento  de quién o quienes fueron sus captores,  pero     sí     se     permitió     rememorar     en     forma    “prodigiosa”  los sucesos ocurridos después de su  privación  de  la  libertad  y  describir  a  todos y cada uno de los supuestos  integrantes  del  grupo  delicuencial,  remembranza  que  no se puede aplicar en  forma    “arbitraria,  irresponsable      y     analógica” a una persona que nada tuvo que ver en los hechos.   

Además lo dicho por Doralis Dávila Sánchez  en  el  juicio,  relatando  la  manipulación  que  se  dio  por  parte  de  los  investigadores  para  vincular  a  su  defendido,  se pretende reemplazar por lo  plasmado en diferentes entrevistas.   

La  condena,  dice,  se  fundamenta  en  el  testimonio  de  la  víctima  Jorge  Mario Mejía Gallego, sin merecer reparo la  falta  de coincidencia en la descripción de su defendido, razón por la cual el  cargo está llamado a prosperar.   

El yerro, advierte, es trascendente porque si  se  hace  una  valoración en sana crítica de la prueba testimonial, los mismos  pierden      vocación      de     “certeza”,  lo  cual conduciría a la duda probatoria.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  sentencia   impugnada,   profiriéndose  un  fallo  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  primer  lugar,  recuerda  la Sala que la  instauración  de  la  sistemática  acusatoria  no  ha  implicado,  como  creen  algunos,  derrumbar  las  exigencias  de  fundamentación  propias  del  recurso  extraordinario  de  casación,  en  tanto,  debe  relevarse, el fallo de segundo  grado  llega  a  este  escenario  prevalido de una doble condición de acierto y  legalidad  que  solo  puede desvirtuarse cuando de forma lógica, con argumentos  suficientes  sustentados  en  los  hechos,  el  decurso  procesal  y  las normas  jurídicas   aplicables  al  caso,  se  demuestra  un  error  evidente,  con  la  trascendencia  suficiente  como  para  revocar  o  modificar lo decidido por las  instancias.   

   

          En  efecto,  el  artículo  184,  inciso 2º, de la Ley 906 de 2004,  autoriza  a la Corte para no seleccionar, en auto debidamente motivado, aquellas  demandas  de  casación  que  se  encuentren  en  cualquiera  de  los siguientes  supuestos:   

“si   el  demandante  carece  de  interés, prescinde de señalar la causal, no desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o cuando de su contexto se advierta fundadamente  que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de las finalidades del  recurso”.   

De  allí  que  bajo  la óptica del sistema  procesal  penal  de la Ley 906 de 2004, el libelo impugnatorio tampoco puede ser  un  escrito  de  libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el  recurrente  concita  a  la  Corte  a la revisión del fallo de segunda instancia  para  verificar  si  fue  proferido  o  no  conforme  a  la constitución y a la  ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene  dicho  que  la  del  numeral  3º  se  ocupa  de la denominada violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento   de   las   reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia-; desconocer  las  reglas de producción alude a los errores de derecho que se manifiestan por  los   falsos  juicios  de  legalidad  –práctica  o  incorporación  de  las pruebas sin observancia de los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o, excepcionalmente por falso juicio de  convicción1,  mientras  que  el  desconocimiento  de las reglas de apreciación  hace  referencia a los errores de hecho que surgen a través del falso juicio de  identidad  –distorsión o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso  juicio      de      existencia     –declarar  un  hecho  probado  con  base  en una prueba inexistente u  omitir  la  apreciación  de  una  allegada  de manera válida al proceso- y del  falso         raciocinio        –fijación  de  premisas ilógicas o irrazonables por desconocimiento  de las pautas de la sana crítica-.   

          Específicamente,  respecto  del  último de los errores enunciados,  su  demostración  impone  tener  que  confrontar  la  forma como los juzgadores  apreciaron  la  prueba que se afirma indebidamente valorada, y demostrar -que no  criticar,  disentir,  o  discutir-  que  sus  apreciaciones  son  arbitrarias  o  irrazonables  por  desconocer  los  derroteros  de la sana crítica –los   dictados  de  la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia, las leyes de la ciencia-, y que el desacierto tuvo  incidencia  trascendente  en  el  contenido  o sentido del fallo, luego de dejar  establecido  que  éste  no  se  puede mantener con las restantes premisas de la  sentencia,  para  lo  cual  el demandante tiene la correlativa carga de explicar  por  qué  la  apreciación  de los demás elementos probatorios es insuficiente  para sostenerla.   

De  no  hacerse así, el cargo será inocuo,  porque  como  ya  se  advirtió,  la  sentencia  de  segundo  grado se encuentra  amparada  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, y por tanto, el  análisis  que  el  juzgador  haya  hecho  de  los  medios  de  prueba,  tendrá  prevalencia     sobre     la    valoración    que    realicen    los    sujetos  procesales.   

          En  el  presente evento, la única propuesta presentada al amparo de  la  causal  primera  no  superó  el  escenario de la simple discusión sobre la  valoración  otorgada  a  los  medios  de  prueba,  especialmente al dicho de la  víctima,  revistiendo  el  ataque  en  tales  condiciones  las características  propias  de  un  alegato de instancia y resultando sus términos ajenos al medio  de impugnación.   

En  efecto,  el  censor  no  explica de qué  manera  la credibilidad otorgada al dicho de la víctima violó las reglas de la  experiencia,  pues  simplemente  se  limita  a  cuestionar la posibilidad de que  aquél  pudiese recordar la fisonomía de su agresor, señalando que en su afán  de  buscar  justicia  por  la  vulneración  de  sus  derechos,  el  ofendido se  “familiarizó”   con  su  representado,  y  de  esa  manera  fue “cambiando,  adecuando  y  posicionando  su  descripción  física y  morfológica”   hasta  generar convicción en su testimonio.   

Un  argumento  de  esa  naturaleza  no puede  admitirse  como  una  regla  de  la  experiencia,  pues  como  ya lo ha dicho la  Sala2,  aunque  ésta  hace  parte  del método científico, “por  sí  misma no tiene la capacidad  para      explicar      cómo     se     produce     el     recuerdo”.  De  esa  manera,  si  lo  que  pretendía  el  censor  era  cuestionar  la  capacidad  de  rememoración  del  testigo,  su tesis debió ser planteada desde la perspectiva  de la ciencia y los postulados de ésta.   

El “recuerdo”,  como     parte     de    una    actividad    del    pensamiento,    “surge  en  ciertos  casos  de  forma  intempestiva,   como   una   especie  de  flashback3.  Pero  igual  pasa  que  la  persona  retrocede  temporalmente y tras un proceso conciente de introspección,  inclusive  después  de  mucho pensar, consigue recuperar el recuerdo almacenado  en    su    memoria”4.   

De  esa  manera,  se  descarta  el  error de  raciocinio   alegado,  máxime  cuando  el  fallador  consideró,  con  sobradas  razones,  que  el señalamiento efectuado por el ofendido del procesado RESTREPO  GALLEGO  era  completamente atendible, pues  indicó que en la fecha de los  hechos  fue el primero que lo abordó, “al  que  le entregó su arma y el salvoconducto, el que le dijo que  se  trataba  de una retención, con el que forcejeó para no dejarse colocar las  esposas,  el  que  se  sentó  con  él  en  la  mitad del carro, el que le daba  golpecitos  en  la  cara  y  le decía “tranquilo   que   le   vamos   a   respetar   la   vida”,  el  que  respondió  dos  llamadas  cuando    iban    en    el   carro…”,  sin  que  se  advirtiera  “dubitación  o  animadversión alguna  contra  el  procesado”5.   

Pero  además,  la  tesis  planteada  por el  censor  carece  de  las  notas  características de generalidad y universalidad,  consustanciales  a  las  reglas  de  la  experiencia,  pues lo anotado apenas se  acomoda   a   la   descripción   de   unos  hechos  concretos  y  coyunturales,  referenciados dentro de la particular óptica del demandante.   

En   este   sentido,   ha   expresado   la  Corte6:   

“Sobre   la  aducida  violación  de  las reglas de la experiencia, también con apoyo en los  juiciosos  argumentos  de  la Delegada, podemos afirmar, como invariablemente lo  ha  sostenido  la jurisprudencia de la Sala, que estas reposan en la reiterada y  amplia  manifestación  fenoménica  de  un  hecho  o  actuación,  apreciado  y  catalogado  como  tal  y  pasible  de  asumir  de  nuevo  configurado, dentro de  similares   condiciones   temporo  espaciales,  hasta  devenir  insoslayable  su  pretensión  de  universalidad,  siempre  y  cuando no se ofrezca una condición  excepcional  que  faculte  significar  otra  respuesta,  distinta  de  la que se  espera.   

“Así las cosas,  como  lo  ha dicho la Corte, en pertinente cita de la Delegada, las reglas de la  experiencia  corresponden al postulado “siempre   o  casi  siempre  que  se  presenta  A,  entonces  sucede  B”, motivo por el cual es  posible   efectuar   pronósticos,   referidos   a  predecir  el  acontecer  que  sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección),  y  diagnósticos,  predicables  de  la  posibilidad  de  establecer  a partir de la  observación  de un suceso final su causa eficiente (retrospección)”.   

De  manera  que,  ante  la  imposibilidad de  reconocer  esa  vocación  de reiteración y universalidad a las manifestaciones  de  unos  hechos  que  registran  una singular especificidad, tampoco era viable  desarrollar  el  ataque  bajo  la  forma  del  falso  raciocinio en el entendido  genérico  de  que el fallador valoró de determinada manera el testimonio de la  víctima,  cuando es evidente que para la estimación de tales probanzas nuestro  sistema  probatorio  predica  la  libre  apreciación, dentro del contexto de la  sana crítica.   

         

Por  lo  demás,  la  queja  del  censor por  haberse  desacreditado  el  dicho  de  la  testigo  Doralis Dávila Sánchez, se  plantea  como  una simple discrepancia con los razonamientos del fallador, en la  medida  en  que  no  se concreta error alguno susceptible de ser atacado en esta  sede extraordinaria.    

Sumadas    las    anteriores   razones,  se  inadmitirá  la  demanda  presentada  por el defensor de JOSÉ OVIDIO RESTREPO GALLEGO, pues además no se  evidencia  la  violación  de alguna garantía fundamental que haga necesaria la  intervención de la Corte.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JOSÉ  OVIDIO RESTREPO GALLEGO  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  artículo   186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación7, como sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.           INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado JOSÉ OVIDIO RESTREPO  GALLEGO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, es facultad de éste demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ib.  Rad. 24.530.   

2  Casación  del  6  de  marzo  de  2009,  radicado No.  26.390   

3   Vuelta repentina y rápida al pasado.   

4  Ibídem   

5  Ver   página   9   de   la   sentencia  de  primera  instancia.   

6  Sentencia del 11 de abril de 2007, Radicado 23593   

7  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *