32945(28-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32945  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 128.   

Bogotá  D.C.,  abril veintiocho (28) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la   demanda   presentada   por  el  defensor  del  procesado  MAURICIO  ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ con  el  fin  de  sustentar el recurso extraordinario de casación interpuesto contra  el  fallo  de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Neiva el 26 de  junio  de  2009,  por  medio  del cual confirmó, con algunas modificaciones, la  sentencia  dictada  por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad  el  18  de  noviembre de 2005 que condenó al mencionado como coautor del delito  de peculado por apropiación agravado.   

HECHOS  

Se  declararon  por  el  Tribunal,  en  la  decisión impugnada, de la siguiente forma:   

“Se extrae de la  actuación  que  el  Banco Agrario de Colombia oficina de Neiva, para el segundo  semestre  de  2001,  tenía  vigente  convenio  de  corresponsalía  de  remesas  negociadas,  con los Bancos Santander, Colombia, Bogotá, Occidente y Megabanco,  a  efectos  de  que  los  cheques originados en cualquiera de las sucursales del  primero  de  ellos  fueran  cancelados  directamente  por  la  oficina  de estos  últimos  bancos  donde  se  realizaría  la transacción, previo el trámite de  visación y confirmación.   

Y para verificar ese procedimiento, una vez  los  títulos  valores  provenientes  de  los  bancos  cedentes  ingresaban a la  oficina  del  Banco  Agrario  en esta ciudad, eran recibidos en esta entidad por  MAURICIO  ALEXANDER ANDRADE SUÁREZ, encargado de su contabilización para luego  proceder   a   enviarlos   al   centro  de  operaciones  bancarias  ‘COB’   atendido  por  Jhon  Manuel  Koop  Pérez,  quien  debía  microfilmar  los  mismos, incorporándolos al aplicativo  ‘CENREMES’   para   la   expedición   de  las  correspondientes  cartas  remesas,  las  cuales  luego se ubicaban dentro de una  tula  que  era  recogida  por Angelmiro Ramírez Pascuas para ser enviadas a las  diferentes  oficinas  de  la  red  del  Banco  Agrario  para la verificación de  sellos,  firmas  y  saldos,  con  el  visto  bueno  y  aprobación por parte del  director respectivo.   

Cumplido   lo   anterior   esa  carta  de  remesas   debidamente  autorizada regresaba  a la oficina de origen en  donde  era  recibida por el señor Ramírez Pascuas, quien luego de verificarla,  pasaba  al  centro de operaciones bancarias COB, donde nuevamente el señor Koop  Pérez,  encargado  del  mismo,  realizaba  el cruce de cuentas en el aplicativo  CENREM  y  verificaba  la existencia de fondos suficientes para su pago, novedad  que  debía  ser  comunicada  a  los  bancos cedentes por ANDRADE SUÁREZ, quien  liberaba los fondos para la respectiva cancelación.   

Mas  ocurrió  que  por  parte  de aquellos  funcionarios  durante  el  lapso comprendido entre el 13 de septiembre y el 8 de  noviembre  de  2001,  se  incurrió  en  anomalías respecto de ocho cheques del  Banco  Agrario  de  Colombia  sucursal  del  municipio del Agrado (Huila), donde  debían       recibir      su      visación      y      aprobación”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en los hechos precedentes, se  dispuso  la  apertura  formal  de  instrucción,  dentro de la cual se vinculó,  mediante  diligencia  de  indagatoria,  a  Jhon Manuel  Koop   Pérez,   Angelmiro   Ramírez  Pascuas,  Héctor  Augusto  Ramos  Araujo  y   MAURICIO   ALEXANDER  ANDRADE SUÁREZ.   

Mediante  providencia  de  15  de agosto de  2002,  se  resolvió  la  situación  jurídica de los mencionados con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en contra de los dos últimos por los  delitos  de peculado por apropiación, falsedad material en documento público y  falsedad  en documento privado y absteniéndose de imponerla respecto de los dos  primeros.   Posteriormente  también  se  vinculó  al  proceso  a  Álvaro      Vargas,     Henry   Granados  Delgado,  Víctor   Hugo   Sierra   Gutiérrez  y  José     Ricardo    Pinto    Sendales.       

Con  resolución de 30 de diciembre de 2002  se    cerró    parcialmente    la   investigación   en   relación   con   los  procesados         Héctor  Augusto   Ramos  Araujo  y  MAURICIO  ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ;  sin  embargo,  previo  a  calificarse  el  mérito  sumarial,  el primero de los mencionados se  acogió al instituto de sentencia anticipada.   

De  esa  manera, el 7 de febrero de 2003 se  calificó  el  mérito  del  sumario  exclusivamente  respecto  de  MAURICIO  ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ con  resolución      de      acusación      en      su      contra     “como  presunto coautor responsable de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación, falsedad ideológica en documento  público,  falsedad  material  en  documento  público  y  falsedad en documento  privado    en   concurso   homogéneo,   heterogéneo   y   sucesivo”.   

Impugnada la anterior determinación por la  defensa  del  acusado,  fue  confirmada  el  11  de  marzo de 2003 por un Fiscal  Delegado ante el Tribunal de Neiva.   

Al Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  sede  le  correspondió adelantar la fase del juicio, despacho donde, una  vez  surtido  el trámite legal correspondiente, se dictó fallo de primer grado  el  18  de  noviembre  de  2005,  a  través  del  cual  condenó a MAURICIO  ALEXANDER ANDRADE SUÁREZ a las  penas  principales de ciento ochenta (180) meses de prisión, multa por valor de  mil  noventa  millones  de  pesos  ($  1.090.000.000)  e  inhabilitación  en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad al encontrarlo coautor penalmente responsable de los  delitos  de  peculado  por apropiación agravado, falsedad material en documento  público y falsedad en documento privado.   

En  la  misma  decisión,  se  condenó  al  procesado  al pago de perjuicios materiales por la suma de novecientos ochenta y  nueve   millones   seiscientos  siete  mil  trescientos  veintiocho  pesos  (  $  989.607.328),    equivalentes   al   valor   de   lo   apropiado,   “indexados   desde   la   fecha   de  ocurrencia  del ilícito y hasta cuando ocurra su cancelación total”.  Igualmente,  le negó el subrogado  penal  de  la  condena de ejecución condicional y el sustitutivo de la prisión  domiciliara.   

Contra   la  sentencia  del  a    quo   interpusieron   recurso   de  apelación    el   defensor   de   ANDRADE   SUÁREZ  y  el  representante de la Fiscalía, respecto de los  cuales  se  pronunció el Tribunal Superior de la misma ciudad el 26 de junio de  2009, adoptando las siguientes determinaciones:   

–  Declaró  la prescripción de la acción  penal  derivada  de  la  conductas  de falsedad material en documento público y  falsedad en documento privado.   

–  Confirmó  la  condena  por el delito de  peculado  por apropiación pero efectuó algunas modificaciones a la punibilidad  por  lo  cual varió la sanción a imponer a ciento sesenta y dos (162) meses de  prisión  y  multa por valor de seis mil novecientos cincuenta y cuatro millones  setecientos cinco mil doscientos cincuenta pesos ($ 6.954.705.250).   

–  En  lo  demás,  también  confirmó  la  decisión impugnada.   

Inconforme con el fallo de segundo grado, la  defensa,  en  forma  exclusiva,  interpuso  recurso extraordinario de casación,  mediante   demanda  sobre  cuyos  presupuestos  de  admisibilidad  se  ocupa  la  Sala   

LA DEMANDA  

         Plantea  un único cargo contra la decisión recurrida al amparo de  la  causal  segunda  prevista  en  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, al  encontrar  “un exceso del  sentenciador  al  generar una incongruencia entre la resolución de acusación y  la   sentencia,  y  como  consecuencia  de  ello  generar  la  violación  a  la  preservación   del  debido  proceso  y  el  derecho  a  la  defensa”.   

         Acto         seguido,        expone        tres        “razones”  por  las  cuales  considera  que el  sentenciador   excedió  los  términos  de  la  resolución  de  acusación,  a  saber:   

         1.  Tras  señalar  que ha sido reiterativa la jurisprudencia en el  sentido    de    señalar    que    “como  norma  general deben ser imputadas en el pliego de cargos los  (sic)     agravantes  genéricos”,   precisa  textualmente  que en este caso el ad quem “a  pesar  de  haberse  impuesto  las  circunstancias  de  mayor  punibilidad consagradas en el artículo 58 numeral 10  del  C.P.,  por  parte  del  a-quo  en  la  sentencia  de primera instancia, que  permitió  no  partir  de la pena mínima sino de los cuartos medios muy a pesar  de  presentarse  circunstancias  de  menor punibilidad como lo era las descritas  (sic)  en  el artículo 55  numeral   1   de  la  misma  obra  citada,  esto  es  carencia  de  antecedentes  penales”.   

         2.  Porque  al  haber  condenado  el  sentenciador de segundo grado  exclusivamente      por      el      delito     de     peculado     “desaparece  el  concurso de conductas  punibles  consagrado en el artículo 31 del Código Penal para que sea aumentado  hasta      en      otro      tanto”.   

         Además,  señala  en  el  mismo  punto,  el  Tribunal  vulneró el  principio  de  legalidad de las penas, “atendiendo  que  los  hechos  tuvieron  ocurrencia  en  el  segundo  semestre  del  año  2001,  es  decir  que la pena a imponer lo era (sic)  la  contemplada  en la ley 599 de  2000     –artículo  397”.   

         Lo    anterior    obligaba,    añade,    a    ceñirse    a    los  parámetros     del  artículo  61  ibídem  debiendo  el  sentenciador, como era evidente en este  caso,  moverse  dentro  del  cuarto  mínimo,  dado  que únicamente concurrían  circunstancias  de  menor  punibilidad,  como  lo es la carencia de antecedentes  penales    contemplada    en   el   artículo   55,   numeral   1   ejusdem,           “sin  embargo, el ad quem al modificar  el  quantum punitivo dada la prescripción de la acción penal de los delitos de  falsedad  material  en  documento  público  y falsedad en documento privado que  fueron  objeto  de  condena  en  la sentencia de primera instancia, incurrió en  exceso  y  estableció  una  pena  que  no  corresponde,  con  ello  violando el  principio  de  legalidad  de  la  pena”.   

         3.  Por  razón  de  que  al  dosificar  la  pena  por el delito de  peculado  por  apropiación, el Tribunal afirmó que no podía partir del primer  cuarto  medio  como  lo  hizo  el  a  quo,  pues  la  circunstancia  de  mayor punibilidad establecida en el  numeral  10  del  artículo 58 del Código Penal no fue prevista por el acusador  de  manera  expresa y “sin  embargo,  procede a señalar que atendiendo el monto de lo apropiado, que supera  los  doscientos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, dicha pena se  aumentará  hasta  en la mitad, pero que en rigor a lo establecido en el numeral  2   del   artículo   60   deberá   aplicarse  el  máximo  de  la  infracción  básica”.   

         Con  fundamento en lo expuesto, depreca casar parcialmente el fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  se  dicte  el  que deba reemplazarlo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  propuesta  contenida en el único cargo no cumple con las bases  jurídicas,  lógicas  y argumentativas que se exigen de la demanda de casación  para ser admitida. Esta afirmación se basa en lo siguiente:   

         En     primer    lugar,    en    que    las    tres    “razones” ofrecidas con el objeto de demostrar  que  se  incurre  en la causal segunda de casación prevista en el artículo 207  de  la  Ley  600 de 2000, por incongruencia entre la resolución de acusación y  el fallo, no brindan la necesaria claridad para así colegirlo.   

         Lo  anterior,  puesto  que  el casacionista, lejos de presentar una  argumentación   adecuada   y   suficientemente   explicativa,  apela  a  frases  entrecortadas,  ininteligibles  y  deshilvanadas  que  imposibilitan  a  la Sala  conocer   los   específicos   aspectos   que   conducirían   a   demostrar  su  aserto.   

         De  esa  manera,  es  frecuente,  por  ejemplo, que alterne algunos  presupuestos  decantados  por la jurisprudencia de la Sala en torno al fenómeno  de  la  incongruencia,  con algunos apartes del fallo extraídos del acápite de  dosificación   de   la   pena  impuesta  a  MAURICIO  ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ  totalmente  inconexos e,  incluso,  reiterando  el  contenido de su parte resolutiva, pero sin explicar la  relación entre unos y otros.   

Para  mayor  perplejidad,  en  la que llama  “segunda   razón   de  exceso”, al margen de la  causal  invocada  alude al desconocimiento del principio de legalidad de la pena  porque  al  haber  ocurrido  los  hechos por los cuales se procede en el segundo  semestre  de  2001,  la  pena  a  imponer  ha  debido  ser  la contemplada en el  artículo 397 de la Ley 599 de 2000.   

         Sin  explicar con suficiencia los motivos de tal aseveración, como  es  la  constante  del  libelo,  amén  de  aflorar  claramente  que la sanción  contemplada   en   esa   preceptiva  fue  la  aplicada,  esa  temática  resulta  incompatible  con  la  causal  de  casación  que  invoca,  con  lo cual vulnera  principios  que regentan esta materia, tales como los de autonomía, prioridad y  no  contradicción,  cuyo objetivo no es otro que exigir la presentación de una  demanda   enmarcada  dentro  de  unos  mínimos  presupuestos  de  coherencia  y  fundamentación,  como  lo  ha señalado la Sala cuando ha hecho referencia a su  naturaleza,  pues  no  le  corresponde,  dada  su  esencia  rogada, desentrañar  confusos,  ambivalentes  y  contradictorios  planteamientos,  como ocurre con la  única censura contenida en la demanda objeto de análisis.   

                

En  segundo  orden,  porque cada uno de los  puntos  cuestionados de la dosificación de la pena de su defendido –totalmente  desvinculados, como ya se  dijo,   de  la  causal  de  casación  esgrimida-  fueron  considerados  por  el  sentenciador,  incurriendo  de  ese  modo  en  transgresión  del  principio  de  corrección  material,  según el cual los argumentos expuestos para fundamentar  las   censuras   deben  sujetarse  a  la  realidad  procesal,  en  cumplimiento,  principalmente,    del   deber   de   lealtad   que   asiste   a   los   sujetos  procesales.   

Así,  en  la  que  denomina  “primera  razón de exceso”    del    fallador    ad  quem   frente  a  los términos  fácticos  y  jurídicos  de  la  resolución  de acusación, y que repite en la  última  parte  de  la  segunda,  señala  que el Tribunal no partió de la pena  mínima  sino  de  los  cuartos medios “a  pesar de presentarse circunstancias de menor punibilidad como lo  era  las  descritas (sic) en  el  artículo  56  numeral  1  de  la  misma  obra  citada, esto es, carencia de  antecedentes           penales”.          

Tras  revisar  la sentencia impugnada surge  otra  realidad,  pues  es claro que para dosificar la pena se partió del cuarto  mínimo  precisamente por no concurrir circunstancias de mayor punibilidad sino,  de  forma  exclusiva,  la  de  menor  punibilidad  derivada  de que el procesado  MAURICIO   ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ  carece de antecedentes penales, véase:   

         “..a  efectos de realizar una adecuada  tasación   de   pena,  en  el  presente  caso  sólo  concurren  circunstancia  de  menor punibilidad: la inexistencia de antecedentes  penales,  por  lo  que deberá tasarse la pena dentro  del    cuarto   mínimo   establecido” (subraya fuera de texto).   

         Situación  muy  distinta  es que dentro de dicho cuarto no se haya  tomado  la  pena  mínima  sino  la máxima, para lo cual, como correctamente lo  hizo  el  Tribunal,  no  tienen  ninguna injerencia las circunstancia de mayor o  menor  punibilidad,  sino  otros  aspectos, concretamente los establecidos en el  inciso  tercero  del  artículo  61  del  Código  Penal, que fueron debidamente  ponderados por este juzgador, de la siguiente forma:   

“En el presente  caso  estima  la  Sala  que  la  pena de prisión a imponer será el máximo del  cuarto  mínimo… dadas las  circunstancias  de  modo,  tiempo  y  lugar  de  ocurrencia  de  los  hechos, la  displicencia  del procesado en permitir la defraudación de una institución del  Estado,  la  gravedad  de  la  conducta,  como quiera que se defraudó al erario  público  en más de 900 millones de pesos, el daño causado, que potencialmente  generó  desconfianza  en  las  instituciones bancarias, la intensidad del dolo,  conforme  a  la  reiteración  de  actos  sucesivos que no tuvieron en cuenta la  lesividad  del  comportamiento  y sobre todo la necesidad de la pena, ya que hay  que  enviarle un mensaje a todos los funcionarios del Estado:  ‘la    corrupción   no   paga,   te  condena’…”.                       

Lo  propio sucede con la glosa contenida en  la  “segunda  razón  de  exceso”  expuesta  en la  censura,  según  la  cual  al  decretarse  la prescripción de la acción penal  derivada  de  los  delitos de falsedad material en documento público y falsedad  en      documento      privado     “desaparece  el  concurso  de  conductas  punibles  consagrado en el  artículo  31  del  Código  Penal  para que la pena sea aumentada hasta en otro  tanto”.   

Acotación que no tiene ningún fundamento,  habida  cuenta que de esa forma procedió el Tribunal y por ello sólo impuso la  pena  correspondiente  a  la delincuencia de peculado por apropiación omitiendo  acrecentarla   por   razón  del  concurso.   Así,  incluso,  lo  destacó  textualmente:     

         “Con    base   en   las   anteriores  consideraciones,   deberá  la  Sala  modificar  el  quantum  punitivo  dada  la  prescripción  de  los delitos en mención (se refiere  a  las  conductas  de  falsedad  material  en  documento  público y falsedad en  documento            privado)”.   

                      Tampoco  tiene  asidero el reparo a la tasación punitiva que incluye en la rotulada como  “tercera   razón   de  exceso” en el sentido de  que  no  podía  partirse  del primer cuarto medio por no haberse deducido en la  resolución  de  acusación  la  circunstancia  contemplada en el numeral 10 del  artículo  58  del  Código Penal, indebidamente considerada por el a       quo.       

                      Empero,  precisamente  al  advertir tal error del juzgado de conocimiento, el fallador de  segundo  grado  procedió  a su enmienda y ello se constituyó en el motivo para  fijar  la  pena  dentro  del  primer cuarto de dosificación punitiva y no en el  primer  cuarto  medio,  como  de  forma incorrecta lo había hecho aquél.   Sobre el particular, manifestó el Tribunal:   

“…revisada  minuciosamente  la  dosificación de la pena respecto del delito de peculado por  apropiación  efectuado  por  el  a  quo,  se  pudo  establecer que el cuarto de  movilidad  escogido  -primer  cuarto  medio-,  no  se  ajusta a los mandatos del  artículo  61  del Código de las Penas, por cuanto la  circunstancia  de  mayor  punibilidad establecida en el numeral 10 del artículo  58  ibídem,  no  fue prevista por el ente acusador de manera expresa al momento  de  formular  la  resolución  que  calificó el mérito del sumario…”            (subraya fuera de texto).   

                      En  ese  estado  de  cosas,  deviene  nítido  que  a  más  de  que  los  reparos  a  la  dosificación  punitiva  no  se relacionan con la causal pretextada para obtener  la  casación  del  fallo y de que la propuesta evidencia los graves defectos de  argumentación  anotados,  tampoco tienen concreción pues precisamente se trata  de  factores  considerados  por  el  Tribunal  para  modificar  la dosificación  punitiva   elaborada   por   el   a  quo.   

Las incorrecciones de la censura puestas de  manifiesto  permiten  inferir  que  no  cumple  con  el requisito previsto en el  numeral  tercero  del  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, en el sentido de que  la      demanda      de      casación     deberá     contener     “la  enunciación  de  la  causal y la  formulación   del   cargo,   indicando   en   forma   clara   y   precisa   sus  fundamentos”, por cuanto  no  desarrolla la propuesta de acuerdo con los derroteros de la causal invocada,  ni  tampoco  evidencia  algún  yerro  que  determine  la  ilegalidad del fallo.   

         

         Por   consiguiente,  la  censura,  como  se  había  anunciado,  se  inadmitirá.   

     

         Casación oficiosa   

Sometido a revisión el expediente, la Sala  encuentra  que  en la sentencia se dedujo una circunstancia de agravación de la  conducta  imputada  al  procesado  MAURICIO ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ  no  contemplada  expresamente en la  resolución  de  acusación y paradójicamente no mencionada por el casacionista  en  la demanda formulada con fundamento en la causal de incongruencia, en donde,  como  atrás  se precisó, se ocupó de situaciones que no guardan relación con  dicho   motivo   de   casación   y   que   ni   siquiera   tienen   concreción  real.   

Lo  cierto es que, por tal razón, surge la  necesidad,  por  vía  de la facultad oficiosa contenida en la última parte del  único  inciso del artículo 216 de la Ley 600 de 2000, de casar parcialmente el  fallo.   

Ante  todo,  oportuno  es  precisar  que en  tratándose  de la causal prevista en el numeral segundo del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,  por incongruencia entre la sentencia y la acusación, se ha  reiterado  que  ella  tiene  lugar  cuando  se  afecta la estructura lógica del  proceso,  en  cuanto  el  fallo  introduce  nuevas  conductas  punibles,  agrega  circunstancias   específicas   o   genéricas  de  agravación,  desconoce  las  específicas  de  atenuación  tenidas  en cuenta al momento de calificar o hace  más  gravosa  la forma de intervención en el delito, en cuyo caso se impone un  nuevo   fallo   que   se   sujete   al   marco   fáctico   y  jurídico  de  la  acusación.   

         Sobre  esta base, sin dificultad alguna se infiere que la sentencia  desbordó   el   marco   de   la  resolución  de  acusación  por  atribuir  la  circunstancia   específica   de   agravación   del   delito  de  peculado  por  apropiación  contenida  en el inciso segundo del artículo 397 de la Ley 599 de  2000,  relativa a cuando la cuantía de lo apropiado supera los doscientos (200)  salarios  mínimos,  la cual no fue imputada jurídicamente en la resolución de  acusación  de  fecha  febrero 7 de 2003 proferida por la Fiscalía 5ª Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito de Neiva y que fue confirmada por la  Fiscalía  Tercera Delegada ante el Tribunal de la misma sede, el 11 de marzo de  igual anualidad.   

         En  efecto,  al  momento de individualizar la pena a imponer por el  delito  de  peculado  por apropiación agravado, el ad  quem,  quien modificó la dosificación elaborada por  el juzgado de conocimiento, precisó lo siguiente:   

“El  artículo  397  ibídem,  señala  una pena de prisión de 6 a 15 años y multa equivalente  al  valor  de  lo  apropiado  a  50.0000  SMLMV,  sin  embargo,  cuando  el bien apropiado supera los 200 SMLMV, la pena de prisión se  aumenta  hasta  la  mitad, aumento punitivo que en rigor de lo establecido en el  numeral  2  del  artículo  60  deberá  aplicarse  al máximo de la infracción  básica”.   

Es  decir  que  la  aplicación  de  esta  circunstancia,  deducida  indebidamente en cuanto no fue imputada jurídicamente  en  la  acusación,  produjo efectos concretos en la determinación de las penas  impuestas   al   procesado   al   variar  el  ámbito  de  dosificación  y  los  correspondientes  cuartos  de  movilidad,  ante  lo  cual  es preciso rehacer la  dosificación      respetando     los     criterios     esbozados     por     el  Tribunal.           

En  ese  orden  de  ideas,  al marginar del  proceso  dosificativo  de  la  pena la circunstancia aludida, se debe aplicar la  sanción  prevista  para  el delito de peculado por apropiación en su modalidad  básica,  esto  es,  la  precisada  en  el  primer  inciso del artículo 397 del  Código     de     las     penas    que    lo    sanciona    con    “prisión  de  seis  (6) a quince (15)  años,  multa equivalente al valor de lo apropiado sin que supere el equivalente  a  cincuenta  mil  (50.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo    término”1.   

Con sujeción a los parámetros establecidos  en  el artículo 61 ibídem,  se  extrae  que  los  cuartos de punibilidad para esta conducta, referentes a la  pena de prisión, son los siguientes:   

Cuarto  mínimo:  de  6 años (72 meses), a  noventa y nueve (99) meses.   

Primer cuarto medio: de noventa y nueve (99)  meses y un (1) día a ciento veintiséis (126) meses.   

Segundo cuarto medio: de ciento veintiséis  (126) meses y un (1) día a ciento cincuenta y tres (153) meses.   

Cuarto máximo: de ciento cincuenta y tres  (153) meses y un (1) día a ciento ochenta (180) meses.    

A partir de las pautas consideradas por el  juzgador,  la  pena  a  imponer  al  procesado deberá ser la máxima del primer  cuarto,  esto es, noventa y nueve (99) meses de prisión, sobre los cuales se ha  de  incrementar,  como  lo hizo el ad quem,  una tercera  parte  por  tratarse  de  un delito continuado (de conformidad con el parágrafo  del  artículo 31 del C.P.), lo que representa un aumento de treinta y tres (33)  meses,   para   un   total   de   ciento   treinta   y   dos   (132)   meses  de  prisión.     

De  ese  modo,  la  pena  que  corresponde  imponer     a     MAURICIO    ALEXANDER    ANDRADE  SUÁREZ,  marginando  de  ella  la  circunstancia  de  agravación  ilegalmente  deducida en la sentencia impugnada, es de ciento   treinta   y   dos   (132)   meses  de  prisión.    

         En  relación  con  la  pena  pecuniaria  no  es preciso determinar  cuartos  de  movilidad,  como  quiera  que de acuerdo con la preceptiva legal se  impone  por  un  valor  equivalente  al  valor  de  lo  apropiado,  en este caso  novecientos   ochenta   y  nueve  millones  seiscientos  siete  mil  trescientos  veintiocho  pesos  ($  989.607.328),  monto  que  no  supera  el  límite  allí  contemplado   de   50.000   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

         Esta  cantidad,  a  su  turno,  también  debe incrementarse en una  tercera   parte   ($  303.202.442),  por  tratarse  de  una  conducta  delictiva  continuada,  para  un valor total por este concepto de  mil  doscientos doce millones ochocientos nueve mil setecientos setenta pesos ($  1.212.809.770).   

         La   precisión  anterior  en  relación  con  la  pena  pecuniaria  corrige,  dicho sea de paso, el excesivo monto de seis mil novecientos cincuenta  y   cuatro   millones  setecientos  cinco  mil  doscientos  cincuenta  pesos  ($  6.954.705.250)  fijado  por  el Tribunal por este concepto, fruto de un erróneo  procedimiento  de  determinación de los cuartos de movilidad cuando se trata de  la  modalidad  agravada  del  peculado por apropiación contemplada en el inciso  segundo  de  la  misma preceptiva, al establecer el ámbito de punibilidad entre  el  valor  de  la  suma  apropiada  y  el equivalente a 50.000 salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes   (en   este   caso,   según   el   ad-quem  $  24.850.000.000),  cuando  en  realidad,  con  sujeción  al principio de legalidad de la pena, oscila entre el  valor    de    lo   apropiado   y   ese   mismo   monto   incrementado   en   la  mitad.          

                

De  otro  lado,  cabe advertir que en este  caso  la  pena  de  inhabilitación para el desempeño de funciones públicas en  contra   de   MAURICIO   ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ  procede   de   forma   absoluta  e  intemporal,  por  habérsele  encontrado  responsable  de  una  conducta punible que compromete el  patrimonio   del   Estado,   conforme  lo  establece  el  artículo  122  de  la  Constitución  Política,  sin  que ello comporte, como lo tiene suficientemente  decantado   la   Sala,  vulneración  de  la  prohibición  de  la  non   reformatio  in  pejus,  por operar de pleno derecho2.     

Resta destacar que la determinación aquí  adoptada  no  afecta  lo resuelto por las instancias en relación con la condena  en  perjuicios,  ni  con  respecto  a  lo  decidido  en  torno  a  la negativa a  concederle  el  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional ni la  sustitutiva  de  prisión  domiciliaria,  ni  frente a los demás aspectos allí  precisados.   

          Cuestión final:   

         La  Sala encuentra que el Tribunal incurrió en irregularidad en la  decisión  adoptada  en  el  fallo  de  segunda  instancia  consistente en haber  declarado  la  prescripción  de  la  acción  penal  derivada de los delitos de  falsedad  material  en  documento  público  y  falsedad  en  documento  privado  imputados     a     ANDRADE    SUÁREZ.   

   

                En efecto, no reparó el  Tribunal,  al  margen  de los términos de la resolución de acusación y de los  mismos  fallos, que tales conductas fueron cometidas por servidor  público  con  ocasión  de sus funciones y que, por lo tanto, era aplicable el incremento  del  término  de prescripción establecido en el inciso cuarto del artículo 83  de la Ley 599 de 2000 de una tercera parte.   

         Por  consiguiente,  ninguna  duda surge en cuanto a que el lapso de  prescripción  en  la  fase  del  juicio  ha  debido   incrementarse en una  tercera  parte, esto es, para los dos delitos, según lo tiene precisado la Sala  en  un  término de seis (6) años y ocho (8) meses que, contados a partir de la  ejecutoria  de  la resolución de acusación consolidada el 11 de marzo de 2003,  se  desencadenó el 11 de noviembre de 2009, en todo caso en fecha ulterior a la  del fallo de segundo grado del 23 de junio de ese mismo año.   

De  cualquier modo, ninguna determinación  puede  adoptar  la  Corte  en  la medida en que la aludida decisión, si bien se  tomó  en el fallo de segunda instancia, ha hecho tránsito a cosa juzgada, dado  su  carácter  interlocutorio.   Sin  embargo, la Corte encuentra necesario  expedir,  por  la  Secretaría  de  esta  Corporación,  copias  de  la presente  actuación   con   destino   al   Consejo   Superior   de  la  Judicatura  -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-  con  el  objeto  de que se establezca la posible  responsabilidad  disciplinaria  en  que  pudieron  incurrir  los Magistrados que  conformaron la Sala de Decisión Penal.   

También  debe investigarse por esta misma  autoridad  la  mora en la que incurrió esa corporación para decidir el recurso  de  apelación, de más de tres años y tres meses, situación que precipitó la  prescripción de las conductas punibles contra la Fe Pública.   

        Por  último,  se  advierte  la flagrante omisión del a    quo,  y de la cual no se percató el Tribunal, en cuanto en  la  parte  motiva  del  fallo  anunció la formulación de juicio de reproche en  contra   del  procesado  MAURICIO  ALEXANDER  ANDRADE  SUÁREZ   también   por   el   delito  de  falsedad  ideológica  en  documento público, conforme los términos de la acusación, no  obstante  lo  cual ni le dedujo sanción por ese punible ni concretó el anuncio  en la parte resolutiva de la decisión.   

        Como  es  evidente  que  la voluntad del juez se encaminó a emitir  condena  contra  el  prenombrado  por dicho delito, procedería, como así lo ha  hecho   la   Sala   frente   a   casos   similares3,  hacer  uso  del  mecanismo  establecido  en  el  artículo  15  de  la  Ley 600 de 2000, norma que impone al  juzgador  la  corrección  de  los  actos  irregulares,  para  precisar la parte  resolutiva  de  la  sentencia  de  primera instancia, concretando que la condena  impuesta    a    ANDRADE    SUÁREZ    comprende  los  delitos  de  peculado  por  apropiación y falsedad  ideológica  en  documento  público,  lo  cual,  además, encuentra apoyo en lo  dispuesto  en  el  artículo  412  ibídem  que faculta al funcionario judicial a reformar el fallo cuando se  incurra en omisión sustancial  en la parte resolutiva.   

Además, porque tal procedimiento se ajusta  a   la   jurisprudencia   de   la   Sala,   al   expresar  que  la  “significación  de  lo  decidido  se  encuentra  profusamente  desarrollada  en  la parte considerativa, motivo por el  cual,   ante   falencias  de  entendimiento,  claridad  o  yerros  en  la  parte  resolutiva,  se  impone  acudir  a  las motivaciones y consideraciones expuestas  para    desentrañar    el    alcance    de    un    tal   proveído”4.   

        Empero,  la  Corte  no  procederá  de tal forma al advertir que la  acción  penal  por  esa  conducta  delictiva,  al  igual  que  la de las demás  conductas  falsarias,  según  lo atrás expresado, se encuentra prescrita desde  el  pasado 11 de noviembre de 2009, por lo cual procederá a su decreto, cesando  procedimiento  en  favor de MAURICIO ALEXANDER ANDRADE  SUÁREZ por esa conducta.    

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado MAURICIO  ALEXANDER   ANDRADE   SUÁREZ,   por   las   razones  consignadas en la anterior motivación.   

         2.        DECLARAR   prescrita  la  acción  penal  derivada  de  la conducta punible de falsedad ideológica en documento público,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

         3.        ORDENAR,  en  consecuencia,  la cesación  del   procedimiento   adelantado   contra   MAURICIO  ALEXANDER   ANDRADE   SUÁREZ   por   el  mencionado  delito.   

4.      CASAR     oficiosa  y parcialmente el fallo de segundo grado en el sentido de  variar  la  pena  impuesta  a  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  como  coautor  del  delito  de  peculado por  apropiación  a  las principales de ciento treinta y dos (132) meses de prisión  y  multa  por  valor  de  mil  doscientos  doce  millones  ochocientos nueve mil  setecientos   setenta   pesos   ($  1.212.809.770),  dejando  en  claro  que  la  inhabilidad   para   ocupar   cargos   públicos  es  de  carácter  absoluto  e  intemporal.    

          5.  PRECISAR que lo ordenado en el numeral  anterior  no  tiene  ninguna incidencia frente a las demás decisiones adoptadas  en el fallo impugnado.   

6.-  EXPEDIR,  por  la  Secretaría  de  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,   copias  de  la  presente  actuación  con  destino  al  Consejo  Superior de la Judicatura -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-,  con  el  objeto de que se establezca la posible  responsabilidad  disciplinaria  en  que  pudieron incurrir los Magistrados de la  Sala  de  Decisión  del Tribunal de Neiva, de conformidad con lo expuesto en la  parte considerativa de esta providencia.   

         

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

       JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  expresión  “por   el  mismo  término”  contenida  en  este inciso, así como en el tercero de esta misma  disposición,   fue   declarada   exequible   condicionalmente   por   la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia C-652 del 5 de agosto de 2003, en el entendido  de  que  “no se refiere a  la   inhabilidad   intemporal   para   ejercer  funciones  públicas”.   

2 Cfr.  entre otros, auto del 30 de octubre de 2008, rad. 30455.   

3 Cfr.  auto del 29 de octubre de 2009, rad. 31731.   

4  Sentencia del 3 de abril de 2008, radicación 23682.     

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