32635(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32635  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 353  

Bogotá D.C., noviembre once (11) de dos mil  nueve (2009)   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  examen  sobre  los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  sustentación  de  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   JESÚS  SANTIAGO  GONZÁLEZ MUÑOZ, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  5  de  junio  de  2009,  por  cuyo  medio  lo condenó como autor penalmente  responsable  del  delito  de acceso carnal agravado (por realizarse en una niña  menor  de  doce  años de edad), decisión a través de la cual revocó el fallo  absolutorio  adoptado  en primer grado por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Facatativá  el  17  de  marzo  del  mismo  año.   

HECHOS  

Aproximadamente al medio día del 25 de mayo  de     2008,     cuando     la     menor     ZZZ1 se desplazaba en una bicicleta  por  el  sector de Mondoñedo, fue abordada por JESÚS  SANTIAGO  GONZÁLEZ, quien mediante engaños la llevó  a  una  zona  boscosa  donde  la  obligó a quitarse toda la ropa, procediendo a  tocar  y besar sus zonas íntimas, para luego someterla a que le practicara sexo  oral.  Al  ser  inquirido  por  la  policía,  alertada  por  una persona que se  percató  de  los  sucesos,  el  mencionado  individuo  dijo que la menor era su  sobrina,  pero  al ser desmentido por la niña huyó e inmediatamente se produjo  su captura.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  celebrada  ante  el  Juzgado  Tercero   Promiscuo   Municipal  de  control  de  garantías  de  Subachoque  el  funcionario  declaró  la  captura  ajustada  a la Constitución y la ley. En la  misma  oportunidad  la  Fiscalía  le  imputó  al  indiciado,  asistido  por su  defensor,  la  comisión  del  delito  de  acceso  carnal  violento  agravado en  atención   a   que   la   víctima   era  menor  de  doce  años,  la  cual  no  aceptó.   

En  la  misma  diligencia  le fue impuesta a  instancia  del ente acusador medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento de reclusión.   

          El  25  de  junio de 2008 se presentó el escrito de acusación y el  29  de  julio  siguiente  se llevó a cabo la correspondiente audiencia, en cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  acusó  a  JESÚS SANTIAGO  GONZÁLEZ  como presunto autor del delito señalado en  la audiencia de imputación.   

El  debate oral fue adelantado en el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de Facatativá,  despacho  que  el  17  de  marzo de 2009 profirió fallo absolutorio a favor del  acusado,  decisión  que  al  ser  impugnada  por  el  Ministerio  Público, fue  revocada  por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante sentencia del 5 de junio  de  la  misma  anualidad,  para  en  su  lugar condenarlo a la pena principal de  ciento   setenta   y  cinco  (175)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor  penalmente  responsable del delito por el cual se le  acusó.   

En  dicha  decisión  le fue negada tanto la  condena de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria.   

          Contra  el  fallo  del ad quem,  el  defensor  del  procesado  interpuso recurso extraordinario de  casación y allegó en tiempo el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

Bajo  la  égida  de  la  causal  tercera de  casación,  establecida  en  el  numeral  3º del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  el  impugnante afirma que el Tribunal incurrió en errores de derecho por  falso  juicio  de  convicción  que  condujeron a la aplicación indebida de los  artículos  205 y 211 de la Ley 599 de 2000, amén de la falta de aplicación de  los artículos 7º y 381 del estatuto procesal penal de 2004.   

En  el desarrollo de la censura aduce que en  su  criterio  el  testimonio  del  perito  dentro  del  sistema penal acusatorio  “no puede constituir por  si     solo     prueba    sustantiva”,  además  de  que  tampoco  se  convierte  en prueba de referencia  admisible  en delitos sexuales contra menores, pues únicamente informa sobre el  hecho    desde   el   punto   de   vista   de   un   área   especializada   del  conocimiento.   

Deplora   que   se   hayan  apreciado  los  testimonios    de    la   doctora   Luisa   Fernanda  Posada,  así  como de su informe pericial, del agente  de  policía Gildardo Peña y  de   su   informe   de   policía  y  vigilancia,  de  la  doctora  Claudia    Sopó   y   de   su   informe  psicológico,  y  de Diana María Restrepo,   madre   de   la   víctima,  pues  se  trajeron  al  juicio  las  aseveraciones  de  la  niña,  sin  que  ésta  concurriera en desarrollo de los  principios  de  inmediación  y  contradicción probatoria, desconociéndose con  ello   la  tarifa  legal  negativa  dispuesta  en  la  ley  para  la  prueba  de  referencia.   

          Luego  de  transcribir los artículos 437, 438, 439, 381 y 402 de la  Ley  906  de  2004, reitera que pese a la prohibición contenida en el artículo  381  del  estatuto  adjetivo  citado,  el  Tribunal  condenó  a su representado  únicamente  con  base  en  pruebas de referencia, sin encontrarse dentro de las  excepciones  para  la  admisión  de  tales  medios  de  convicción, pues no se  acreditó  que la niña estuviera en imposibilidad de comparecer al juicio o que  no pudiera ser escuchada por el juez fuera de la sala de audiencia.   

          Reclama  que se declaró responsable al acusado con base en lo dicho  por  la  menor a quienes declararon en el juicio, pero sin que ésta concurriera  a    brindar    su    relato    para    corroborar    lo    afirmado   por   los  declarantes.   

          Puntualiza  que  el  Tribunal sólo podía valerse del testimonio de  Aura  Ligia Gutiérrez Maya,  la  cual dijo haber visto a la víctima y al procesado antes de su aprehensión,  pero  sin  que  ello  permita  unívocamente  colegir  la  comisión  del delito  investigado.  Similares consideraciones efectúa respecto del agente de policía  Gildardo Peña Cantor, quien  dijo  haber  observado  al  acusado  y a la menor transportándose en una cicla,  circunstancia  insuficiente  para dar por demostrada la materialidad del punible  y    la    responsabilidad    de   JESÚS   SANTIAGO  GONZÁLEZ.    

          Advera  que  al  ser ponderadas las pruebas de referencia sin contar  con  el  testimonio  de  la  menor,  se  incurrió  en  el error de apreciación  probatoria  denunciado,  cuya  trascendencia  se concretó en la declaración de  responsabilidad  penal  de su patrocinado, circunstancia que impone la casación  del  fallo  impugnado,  en  el  sentido  de proferir sentencia absolutoria en su  favor,   derivada   de   marginar   los   mencionados   medios   probatorios  de  referencia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Aunque en la Ley 906 de 2004 no se distingue  entre  recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional en cuanto  se  marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito para acceder  a  dicha  impugnación,  es  claro  que  corresponde  al  resorte del recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  del  recurso  y demostrar la necesidad del fallo de casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo  180,  esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

          Ahora,  en  el  examen  de  los  requisitos  de admisibilidad de los  libelos  casacionales,  es  deber  de  la  Sala  constatar  en la formulación y  desarrollo  de  las censuras el acatamiento de las exigencias de lógica y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  inicialmente  se  advierte  que  acierta  el  recurrente  en la selección de la  causal  de  casación,  pues  tiene  dicho  la Sala que el ataque a la prueba de  referencia,  en  cuanto  comporta  una  tarifa  legal  negativa dispuesta por el  legislador,   corresponde   a   un   error   de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción2,  yerro  que  tiene  lugar  cuando  se  niega  a  determinado medio  probatorio  el valor conferido por la ley o le es otorgado un mérito diverso al  atribuido  legalmente,  caso  en  el  cual  corresponde  al  actor  demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta en la normatividad procesal,  y  lo  más  importante,  acreditar  su  injerencia  en  el sentido del fallo al  valorar en conjunto el acervo probatorio.   

          No  obstante,  encuentra  la  Sala  que  el  recurrente no procede a  explicar  la  razón por la cual considera que el relato expuesto por la doctora  Luisa  Fernanda  Posada, el  agente   de   policía   Gildardo  Peña,  la psicóloga Claudia Sopó   y  Diana  María  Restrepo,  progenitora de la menor, al ocuparse de sus propias percepciones,  corresponden a  pruebas de referencia.   

Tampoco  atina  a señalar de qué manera la  marginación  de  los apartes de esas declaraciones relacionados con lo expuesto  a  tales  personas  por la víctima, resulta insuficiente para proferir el fallo  de  condena,  esto  es,  no  se  detiene  a  señalar cómo al valorar de manera  conjunta   las   pruebas  obrantes  en  la  actuación  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  380  de  la  Ley  906  de  2004,  incluyendo los  fragmentos  atinentes a la percepción directa de aquellos testigos, no consigue  arribarse  a  la  certeza  sobre la materialidad del delito y la responsabilidad  del procesado.   

          Adicionalmente  se  tiene  que en ostensible contrariedad del citado  precepto,  el censor propone a la Sala la ponderación fragmentaria e insular de  las   declaraciones   de   Aura   Ligia   Gutiérrez  Maya   y   del   agente   de   policía  Gildardo  Peña  Cantor,  testigos de los  momentos  previos  y  posteriores  a  la conducta investigada, sin proceder a su  valoración  conjunta  con  los  demás  aportes percibidos directamente por los  otros declarantes.   

          El  casacionista no se ocupa de analizar con hondura las excepciones  dispuestas  por el legislador para tener como admisible la prueba de referencia,  con   mayor   razón   cuando   en   este   caso   la   psicóloga  Claudia   Patricia  Sopó  recomendó  no  someter  a  la  menor  a  nuevos  exámenes  o  entrevistas, entre las cuales se  incluye,  desde  luego,  su  testimonio  público  o  privado en el debate oral,  recomendación  profesional  que  deja  sin  piso  el planteamiento del actor al  decir  que  no  se  acreditó  la  imposibilidad  de la niña para comparecer al  juicio   o   para   ser   escuchada   por   el   juez   fuera   de  la  sala  de  audiencia.   

          Igualmente  se  observa que en manifiesta contradicción lógica, el  demandante  afirma  que  el  fallo  se  soportó  exclusivamente  en  pruebas de  referencia,  pero  acto  seguido reconoce que también se tuvieron en cuenta los  testimonios  de Aura Ligia Gutiérrez Maya  y  del agente de policía Gildardo Peña  Cantor, quienes declararon cuanto observaron de manera  directa,  circunstancia  que pone de presente equívocos e inconsistencias en la  fundamentación del reparo.   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestido  el  fallo,  el  censor  únicamente orientó su esfuerzo a exponer su  particular  percepción probatoria del asunto, pero sin detenerse a observar las  reglas   propias   de   este   medio  de  impugnación,  amén  de  incurrir  en  contradicciones lógicas en sus planteamientos.   

Las mencionadas falencias en el discurso del  censor  imposibilitan  a  la Sala para acometer el estudio del reproche, pues si  el  libelo  casacional  no  corresponde  a  un  alegato de libre confección, su  presentación  con  base  en  meras  apreciaciones personales del defensor y sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan,  obliga  a  la  Sala  a  inadmitir  la  demanda de acuerdo con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales falencias.   

          Además,  no  se  observa  con  ocasión de la sentencia impugnada o  dentro  del curso de la actuación procesal, violación de derechos o garantías  del  acusado,  como  para  adoptar  la  decisión  de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º del artículo 184  de la citada legislación.   

          Precisión final   

          Contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004. Como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido    las   reglas   para   tal   propósito3, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es un mecanismo especial cuyo ejercicio corresponde  al  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  por  medio  de  la  cual la Sala decida inadmitir la demanda de  casación,  con  el  fin  de provocar la reconsideración de lo decido. También  podrá  ser ejercitado oficiosamente dentro del mismo término por alguno de los  Delegados   del   Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –  cuando  el  recurso  de casación no  hubiera    sido    interpuesto   por   un   Procurador   Judicial   –,  el Magistrado disidente, el ausente  de los debates o quien no haya suscrito la providencia inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la Casación Penal o  ante  uno  de  los  Magistrados  de  la  Sala  en  las  condiciones expuestas en  precedencia.   

          iii)                      Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  de  quien  no  intervino  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  el  cual se formula la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la  Sala  o  no  presentarlo  para  su  revisión.  En  éste último evento  informará   de   ello   al   peticionario   en   un   plazo   de   quince  (15)  días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso de casación, salvo  cuando la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR  el libelo casacional presentado  por   el   defensor  del  procesado  JESÚS  SANTIAGO  GONZÁLEZ  MUÑOZ  por  las  razones  expuestas en las  consideraciones precedentes.   

De conformidad con el artículo 184 de la Ley  906    de    2004,    es   facultad   del   demandante   elevar   petición   de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

        Licencia    no  remunerada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  De  conformidad  con  lo  establecido en el numeral 8º del artículo 47 del Código  de   la   Infancia  y  la  Adolescencia,  no  se  suministra  el  nombre  de  la  niña víctima.   

2 Cfr.  Providencia del 27 de julio de 2009. Rad. 31752.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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