32457(03-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 32457  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta  # 374   

Bogotá  D.C., diciembre tres (3) de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JHON  AVELINO  GALVÁN  NÚÑEZ.   

ANTECEDENTES  

1.   El  8 de  junio  de  2007, en la casa de Cayetano Restán, ubicada en el caserío Maracayo  del  municipio  de Tierralta (Córdoba), jugaban cartas con el mencionado Adolfo  León  Gómez, Daniel Gulfo, Trinidad Gómez y Delio José Restán Gómez.   Hacia  las  10  de  la  noche,  en  dos  motocicletas,  llegaron al lugar cuatro  hombres.  Dos  de  ellos preguntaron por Cayetano Restán y éste, temeroso, les  respondió  que  se  encontraba  en  Montería.   Acto  seguido, cuando los  individuos  regresaron a donde se encontraban vehículos y conductores, Cayetano  Restán  aprovechó  para  levantarse  e  ir  a  otro  lugar de la vivienda y su  asiento  lo  ocupó  su  hijo Delio José Restán Gómez. Siguió normalmente el  juego  y  pasados  como  cinco  o  diez  minutos  regresaron  los desconocidos e  insistieron  en conocer dónde estaba el dueño de casa. Trinidad Gómez, esposa  de  éste,  reiteró  su  ausencia  y  los  invitó  a  dejarle un mensaje. Tras  expresar  que  iban  de  parte  del  señor  “Juancho  López”,   uno   de  los  desconocidos  extrajo  un  revólver  y  le  propinó varios disparos a Delio José Restán Gómez, a causa  de los cuales falleció.   

El  diario El Meridiano de Córdoba informó  el  16 de julio siguiente acerca de la captura de cuatro integrantes de la banda  de       delincuentes       denominada      “Los  Paisas”,  publicando junto a la nota una fotografía  de  esas  personas.   Trinidad Gómez y Adolfo León Gómez Pérez, madre y  primo  del  occiso,  respectivamente,  reconocieron entre ellas al autor de  los   disparos,   identificado   posteriormente   como   JHON   AVELINO  GALVÁN  NÚÑEZ.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  25  de  septiembre  de  2007, el mencionado fue vinculado mediante  indagatoria,  detenido  preventivamente  y  acusado  por  el  cargo de homicidio  agravado  (arts.  103 y 104-4/7). Esta última determinación fue expedida el 28  de  febrero  de  2008  y  adquirió  firmeza  el  siguiente 1º de abril, al ser  confirmada  en segunda instancia como resultado de la resolución del recurso de  apelación interpuesto por la defensa.   

3.  Surtido  el  trámite  del  juicio,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Montería,  mediante  sentencia  del  18  de  septiembre de 2008, lo condenó a 345 meses de  prisión,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el mismo término, prohibición de portar armas de fuego durante 10 años y  al  pago  de  100 salarios mínimos legales mensuales por concepto de perjuicios  materiales   (80)  y  morales  (20)  causados  con  la  infracción.     

4.    Ese  pronunciamiento  fue  apelado  por  el  apoderado  del  procesado  y el Tribunal  Superior  de Montería, a través del fallo recurrido en casación, proferido el  20 de marzo de 2009, lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos realizados al amparo de  la causal 1ª del artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

Primero.  

El  juzgador,  en  la sentencia –donde   se   acreditaron   los  hechos  “de   manera   incierta   y  deficiente”—,  violó  indirectamente  la  ley sustancial debido a “error en  la  apreciación  de la prueba” legalmente producida,  a  la cual se le dio “un sentido fáctico distinto al  que su naturaleza indica”.   

Son contradictorios los testimonios rendidos  por  Cayetano  Alberto  Restán  Marzola,  Adelaida del Carmen Oviedo Jaramillo,  Trinidad   Gómez   Pastrana   y   Adolfo   León  Gómez  Pérez.  Inicialmente  “no     reconocieron     a     los     presuntos  responsables”  del crimen y después “afirmaron  que  los  habían reconocido”.  Esa  falta  de  coincidencia en sus relatos, aunada a la falta de visibilidad en  el  lugar  de  los acontecimientos, configura la duda y ésta se debe resolver a  favor del procesado.   

Segundo.  

Subsidiariamente, el casacionista formuló un  cargo  de  violación  directa  de  los artículos 235, 238 y 244 del código de  procedimiento  penal,  apoyado  en que las pruebas examinadas por las instancias  “no conducen a establecer la verdad sobre los hechos  materia  del  proceso  por  cuanto  no  existe prueba fehaciente que diga que el  señor  JOHN  AVELINO  GALVÁN  NÚÑEZ  fue  el  autor material ni (sic)  intelectual  de la conducta punible  investigada”.   

Los  testimonios  recaudados  –insiste     el    censor—  son  contradictorios  y  no  merecen  credibilidad.  Y  advierte,  por último, que, toda estimación de los medios de  convicción  debe  sujetarse  a  las  reglas  de la sana crítica y en el evento  examinado  “la  prueba  valorada  lo  que  hizo  fue  generar  duda  y contradicción, lo cual no genera verdadera fuerza probatoria y  credibilidad   para   esclarecer   la   verdad  sobre  los  hechos  materia  del  proceso”.   

Le  solicita  a la Sala, por tanto, casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver al procesado.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Es notorio que la  demanda  no  satisface  el  requisito  legal  de  claridad  y  precisión  en la  formulación  de  los  cargos,  presentados  por  el defensor del condenado JOHN  AVELINO  GALVÁN  NÚÑEZ  al amparo de la causal 1ª de casación de la ley 600  de  2000,  a  través  de  la  cual  es  viable  denunciar  yerros  jurídicos o  probatorios de la sentencia.   

Los      primeros      –como      se      sabe—   no  le  permiten  a  quien  los  plantea  la  discusión de los hechos que declaró comprobados el juzgador ni la  apreciación  probatoria  y  se  originan en la aplicación indebida de la norma  sustancial,   en   su   falta   de   aplicación   o   en   su   interpretación  errónea.   

La  violación  de  la  ley,  en  el segundo  evento,  tiene  lugar  de  manera  indirecta,  como  resultado  de errores en la  apreciación  probatoria,  que  pueden  ser  de hecho o de derecho. Los de hecho  ocurren  cuando el juzgador supone u omite pruebas (falso juicio de existencia),  distorsiona  o  altera  su  contenido  material  (falso  juicio de identidad), o  realiza  la  apreciación  probatoria  con  desbordamiento  de  la sana crítica  (falso  raciocinio);  los  de  derecho cuando aprecia pruebas inválidas o tiene  como  tales  pruebas válidas (falso juicio de legalidad) o cuando estima que el  medio  probatorio  tiene  tarifa  legal, no teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor o la eficacia probatoria que le asigna la ley (falso juicio  de convicción).   

Los  relacionados  son  los  únicos  yerros  susceptibles  de cometerse en el fallo. Y como es apenas lógico, una vez defina  el  demandante  cuál  de  ellos va a denunciar, tiene la carga de demostrarlo y  acreditar  su  trascendencia,  es decir, que de no haberse incurrido en él otra  habría sido la orientación de la sentencia.   

2.  En  el  caso  sometido  a  consideración  de la Sala el casacionista, en el reproche inicial,  se  limitó  a  señalar  como  forma  de  la  violación la indirecta de la ley  sustancial,  sin  precisar qué tipo de error la generó y mucho menos su clase;  en  la  censura  final  aludió   violación  directa  de  la  ley  para de  inmediato,  con  transgresión de la lógica del recurso extraordinario, objetar  la  apreciación  probatoria, sin por lo menos hacerlo desde la determinación y  desarrollo de un error de hecho o de derecho.   

Los fundamentos de cada cargo, a su turno, no  conforman  ninguna  proposición  susceptible de examen en casación. Se limitó  el  apoderado, en los dos, a recalcar que no podía otorgarse credibilidad a los  testigos  de  cargo  en  los  cuales  se  apoyó la condena porque inicialmente,  recién  sucedido el crimen, expresaron no poder individualizar a ninguno de sus  autores  y  después  de  transcurridos varios días reconocieron al causante de  los    disparos   –aquí  acusado—,    en    una  fotografía  publicada  en  la  edición  de  El Meridiano de Córdoba del 16 de  julio de 2007.   

Esas  diferencias  en  las declaraciones las  enfrentaron  los juzgadores, quienes al final creyeron en los reconocimientos. Y  sin  oponer  ningún  error  a esa conclusión pretende el defensor que la Corte  intervenga  en  un  debate agotado en las instancias, olvidando que la casación  no  es  tercera  instancia  del  proceso  penal  sino  un  medio de impugnación  extraordinario previsto para juzgar la legalidad de la sentencia.   

Se  concluye  sin  ninguna  dificultad,  por  tanto, que no procede la admisión de la demanda.   

Casación oficiosa.  

Hasta  el  proferimiento  del auto del 12 de  septiembre  de  2007 (Radicación 29.967), venía considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  la  Sala que cuando se inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la  Corte,  previamente  a pronunciarse al respecto, debía correr  traslado para concepto al Ministerio Público.   

Dicha  postura  fue  recogida  en  el  auto  anotado,  en  el  cual, bajo la invocación de los postulados de pronta y eficaz  administración  de  justicia  y  de  la función de efectivización del derecho  material  asignada  por la Constitución a la Corte, se estimó lógico subsanar  inmediatamente  la irregularidad advertida, sin necesidad de correr traslado del  asunto al Ministerio Público.   

De conformidad con lo anterior, sin trámite  adicional,  la  Sala procederá de oficio a casar parcialmente la sentencia para  fijar  el término de la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  en  el  máximo  de 20 años contemplado en el artículo 51 de la Ley  599  de  2000  –lapso que de  acuerdo  con  jurisprudencia reiterada no puede superar esa sanción—,  en  lugar  de los 28 años y 9 meses  impuestos  en  la  sentencia  impugnada,  pues  es  evidente  que  con  ello  se  transgredió el derecho fundamental de legalidad.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la Republica y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

         1.  INADMITIR  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JHON AVELINO GALVÁN NÚÑEZ.   

          2.  CASAR  DE  OFICIO  y  parcialmente  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería  el  20  de  marzo  de  2009,  para  fijar  en  20  años  la  pena  accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas que debe  cumplir JHON AVELINO GALVÁN NÚÑEZ.   

Contra  la  presente  decisión  no proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS         

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

Cita medica  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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