32206(21-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32206  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No.   331    

Bogotá,   D.   C.,  veintiuno    (21)  de octubre de dos mil nueve (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por el defensor de ENRIQUE GÓMEZ  QUINTERO  y  CARLOS ALBERTO GÓMEZ QUINTERO, contra el  fallo   proferido   el   19   de   febrero   de   2009,   por   el  Tribunal  Superior  de  Distrito Judicial de Manizales,      quien      confirmó  el  11  de  septiembre  de  2006,  la  sentencia  expedida por el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal de Conocimiento de  Depuración,      donde      se      condenó  a  los inculpados en calidad de  coautores  materiales  del  delito  de  estafa, a la pena  principal   de   34   meses  de  prisión  y  multa  de  68.6 salarios mínimos legales mensuales vigentes.    

H   E   C   H   O  S   

Fueron  relatados  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“El  día  7 de febrero de 2005 la señora  María  Eugenia  Molina  Jiménez  llevó su vehículo, un automóvil particular  marca  Chevrolet,  línea  Sprint,  color  azul, … placa QYA-240, a la entidad  comercial  denominada  Motorautos  con  el fin de dejarlo allí en consignación  para  su  venta.  En  la  misma  fecha  la querellante suscribió un contrato de  consignación  con  uno de los propietarios de la firma motorautos, contrato que  consistía  en  que  la  consignante  (sic)  dejaba  el  vehículo  para  que el  consignatario  lo  vendiera,  se cobrara la comisión de venta y le cancelara el  precio  del  automotor,  el  cual  fue  fijado  en  la  suma  de $12’500.000  en  la  copia  del  contrato  aportado  a  la  Fiscalía  se  puede  observar  la antefirma del señor Enrique  Gómez  Quintero  y  además,  la  obligación del consignatario de convenir las  garantías  que  estime  necesarias  y  convenientes  a  fin de que el comprador  garantice  efectivamente  el  pago  del  precio del vehículo en los términos y  plazos  acordados.  A  partir  del  día  8 de marzo de 2005, fecha en la que la  ofendida  fue  a averiguar por el resultado de su negocio y hasta la fecha de la  presentación  de  la  querella, la señora María Eugenia solamente ha recibido  respuesta  evasivas y mentirosas en relación con la suerte de su vehículo, sin  que  hasta  el  día de hoy se le haya cancelado su valor o devuelto el mismo…  fue  informada  que  su  automotor  había  sido vendido pero que aún se debía  parte  del  dinero,  que esperaran una semana más, y así sucesivamente, días,  semanas,  meses,  hasta  que  la  afectada  no  tuvo  más  remedio que formular  querella  en  contra de los propietarios de motorautos… luego de haberle dicho  que  habían  vendido  el  carro  y  no  lo  habían  pagado en su totalidad, le  salieron  con  muchas  disculpas,  tales  como  que  un sujeto de nombre Germán  Pareja  lo  había  sacado  de  las  instalaciones  de motorautos para hacer una  vuelta  con  él y no lo había regresado, que le habían formulado denuncia por  el  hurto…  (después)  se  pudo  enterar  que  su carro había sido vendido y  estaba  en poder de un señor de Cali, quien también lo había enajenado a otra  persona y tenía problemas para hacer el traspaso”.    

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1.  El  11 de  mayo  de  2005, el Juzgado Tercero Penal Municipal con  Funciones  de  Control de Garantías de Manizales, por  petición   de   la   Fiscal  Dos  Local,  legalizó la  imputación formulada contra  los  hermanos  ENRIQUE GÓMEZ QUINTERO y CARLOS ALBERTO  GÓMEZ  QUINTERO,  con  base  en  los acontecimientos  expuestos.  Es  de anotar que los inculpados no se allanaron a los cargos.    

2.   El   3  de  septiembre   de   2005,   la   citada  Fiscalía  Dos  Local,  presentó escrito de  acusación   y   el   12   de  diciembre  del  mismo  año,  el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  de  Conocimiento  de  Depuración, lo  aprobó;     además,  reconoció  la  calidad  de  víctima  de  la señora  María    Eugenia    Molina    Jiménez   y   ordenó   el  descubrimiento  de  los  elementos  materiales  probatorios.        

3.   El 19 de  enero  de  2006,  el  referido Despacho Judicial, inició y llevó a término la  audiencia  preparatoria, sin  que  se  hubiese  excluido,  rechazado  o  declarado  inadmisible  algún  medio  probatorio.   

4. El 4 de mayo de  2006,  el  Juzgado  de  conocimiento  inició  la  audiencia de juicio oral, por  tanto,    la   Fiscalía  presentó    la    teoría    del   caso  indicando  que  iba  a  demostrar  la  consumación del delito de  estafa  y  “el modus operandi de los hermanos GOMEZ  (sic)   QUINTERO,   la   utilización  de  medios  engañosos  y  el  detrimento  patrimonial   de   la   Sra.  MARIA  (sic)   EUGENIA  MOLINA”,  a fin de que se declare al implicado responsable por la conducta  imputada;  el  defensor,  a su turno, solicitó sentencia absolutoria por cuanto  sus prohijados no violaron la ley penal..   

5.  En  la  fase  probatoria se realizaron los siguientes testimonios:   

(i)  María   Eugenia  Molina  Jiménez,   denunciante.   

(ii)  Luis   Ignacio  Correa  Mejía,  médico,  quien  adquirió  el  vehiculo  dejado  en  consignación a los hermanos Gómez.   

(iii) Carlos  Eduardo  Sedano Ospina comerciante  de  vehículos,  sostuvo  entre  otras  cosas,  “que  empezó  a  tener  problemas  con  varios  vehículos comprados al señor GERMAN  (sic)  PAREJA,  adquiridos  de  la  compraventa  de los acusados. Le recibió el  carro  sprint  azul  metalizado  al señor GERMAN (sic) PAREJA, hace un año, el  negocio  se  originó  con un vehiculo costoso que le fió al señor PAREJA y el  señor  PAREJA  le dijo que le pagaba con vehículos de menor valor, la forma en  que  le empezó a pagar fue entregándole vehículos en abono del carro y él le  devolvía  plata,  el sprint se lo entregó por doce millones diciéndole que le  tomara  seis  millones y le devolviera seis que después le hacía los papeles y  nunca lo hizo”.   

(iv)  Jaime   Arcila,   Sargento   Mayor   del  Ejército,  tuvo  en su poder el sprint, porque el señor Pareja trabajaba en el  batallón   con  automotores,  pero  lo  devolvió  al  no  poder  legalizar  el  carro.    

(v)  Germán    Darío   Pareja   Bustamante,  comerciante  de  vehículos  y  transportador. Adujo que la mayoría de negocios  los  trabajó  con  Enrique y  después  con Carlos Alberto,  él   sirvió   de   intermediario   para  la  venta  del  vehículo  Chevrolet.  “El   sprint    quedó   cancelado   en   su  totalidad”,   por  Jaime  Arcila.   

(vi)  Mauricio   Hernando   Valencia   Agudelo,  Médico   cirujano,  el  cual  indicó  que  a  Carlos  Gómez, le dejó su vehículo Clío en consignación,  por  valor  de  17  millones  de pesos de éstos únicamente le cancelaron cinco  millones;  en forma posterior se enteró que el carro se lo habían vendido a un  señor  Omar Robayo, quien le  manifestó   su   preocupación   por   los   documentos  del  mismo;  él denunció el hecho a la Fiscalía.   

(vii) Omar  Pineda  Robayo,  compró el Renault  atrás  citado  por  valor  de  15  millones  de  pesos,  asimismo, él pagó en  efectivo  y  no  pudo  legalizar  los documentos por un problema con Motorautos.   

(viii) Ever  Cardona  Jiménez,  como en el caso  anterior  depositó  un  vehículo  Nissan  Patrol,  el cual fue vendido por los  hermanos   Gómez   en  $  16.500.000,   y  sólo  recibió  $  6’500.000     y    $    1’000.000   por  intereses;  también  denunció  el  hecho  ante  la  autoridad  competente  y  agregó:  “He escuchado de  gran  cantidad  de  personas que se encuentran en la misma situación. Se siente  estafado  y  vulnerado en su confianza porque depositó el vehículo creyendo en  una    firma    honorable    y    resultaron    ser   estafadores”.     

(ix)  Alonso José  Pinilla  Jaramillo, quien adquirió el Nissan Patrol,  cancelándolo  en su totalidad a la firma Motorautos: una parte en dinero y otra  con    un   carro;   ellos   le   dijeron   que   le   diera   $   2’500.000   al   anterior  propietario  señor  Ever Cardona, este le  comunicó,  a su turno, que aún le debían el bien y no le hicieron el traspaso  del automotor.   

6.  El sentido del  fallo  fue  por  el  delito  consagrado  en  el  artículo 381 del Código Penal  (Estafa),  por  cuanto:  “Contrario a la teoría del  caso  que  expuso la defensa, el hecho delictivo si existió el Juzgado advierte  una  conducta  fraudulenta dentro del negocio realizado por los señores ENRIQUE  y  CARLOS  ALBERTO  GOMEZ  (sic)  QUINTERO  que pasó a ser parte de un juego de  negociaciones que traspasaron límites delictuosos”.   

7. El 16 de junio de  2006,  la  Juez  de  conocimiento  aceptó  el  desistimiento  del  incidente de  reparación  integral,  toda  vez  que  la  víctima  y  su representante legal,  acudirían a la vía civil.    

8.   El  11  de  septiembre  de  2006,  el  mismo funcionario judicial, dictó el correspondiente  fallo,  condenando  a  los  procesados  ENRIQUE GÓMEZ  QUINTERO  y  CARLOS  ALBERTO  GÓMEZ  QUINTERO, a las  penas  principales  de 34 meses de prisión y multa de sesenta y ocho punto seis  (68.6)  smlmv,  al hallarlos responsables en calidad de coautores materiales del  delito  de  estafa, en perjuicio patrimonial de la señora María Eugenia Molina  Jiménez.  Como penas accesorias, se les inhabilitó en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas –y  la  prohibición  de  ejercer  el oficio de comerciantes de automóviles- por el  mismo  término  que la sanción privativa de la libertad impuesta. Por último,  se  les concedió el sustituto de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

9. El 19 de febrero  de  2009,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de           Manizales,          confirmó  en  todas  sus partes el fallo  recurrido por la defensa técnica.   

10.   El  mismo  interviniente,  inconforme  con  la citada decisión, la impugnó en casación a  favor  de  los  procesados GÓMEZ QUINTERO; libelo que hoy califica la Sala.   

R  E S U M E N   D E   L  A   D E M A N D A   

El  actor,  bajo el imperio de la Ley 906 de  2004,  artículo  181,  inciso  1°,  solicitó  la  revocatoria  del  fallo del  Tribunal   de   Bogotá.   

Teniendo en cuenta que el libelo –en sus diversas acometidas- contrario  a  lo  advertido  por  la  jurisprudencia  desde  antaño,  es  un  memorial  de  instancia,  confeccionado  de  manera  libre,  genérica  y  vaga,  en  donde se  ignoraron   presupuestos   básicos,   mínimos   y  cardinales  de  dialéctica  casacional;  motivo  por  el  cual,  la Sala lo condensará en sus aspectos más  sobresalientes, tal y como se puntualiza a continuación:   

Primer   cargo:  Violación  directa de la ley sustancial, “por error  de derecho”.   

1.  Indicó  que  en  el  proceso en estudio  “estaríamos  frente  a  un  delito  de  ABUSO  DE  CONFIANZA  y  no  frente  a  una ESTAFA, pues acepta que entre la señora MOLINA  JIMENEZ   y MOTORAUTOS DE CALDAS se suscribió un contrato de consignación  entre  las  partes  para  la negociación de un vehículo… el cual fue llevado  por  la  ofendida  a  dicho  establecimiento  en  forma voluntaria y sin que los  señores GOMEZ (sic) QUINTERO hubiesen intervenido para ese fin”.   

2. A continuación  transcribe  el  artículo  249  de  la  Ley 599 de 2000; además, en la presente  actuación  “no  se  tipifica la estafa, ya que los  implicados  no  crearon  ningún  plan sistemático, para llevar el engaño a la  señor  MOLINA JIMENEZ (sic), lo que se ha llamado históricamente la “mise en  scène”,  su  conducta  entonces”  se  acopla  al  punible de abuso de confianza.   

3. A la dueña del  vehículo  se  le  otorgó  total  credibilidad,  siendo  que  ella “llevó  su  automotor a la Consignataria MOTORAUTOS DE CALDAS en  forma  voluntaria,  y  en  idénticas condiciones lo dejó allí y suscribió el  respectivo   contrato   de   consignación”.    

4.  También  se  refiere  al delito de estafa,  sin  que  se  hubiese cumplido el ciclo cronológico1  aludido  por el Juez Plural,  para  la  configuración  del  mismo ilícito. En esas condiciones, “la  cadena  no  se  dio,  ya que el engaño o artificio, para la  ESTAFA,  debe  ser previo a la entrega del bien mueble por parte de la víctima,  y  ese  engaño  o  artificio  no  se presentó, toda vez que la negociación se  cumplió  en  forma  lícita,  pues  la  señora  MOLINA  JIMENEZ (sic) en forma  voluntaria  llevó  su  vehículo  a  la  consignataria MOTORAUTOS DE CALDAS, lo  dejó  allí  una  vez  suscribió  el  contrato respectivo, es decir, el primer  elemento  estructural  del  delito de Estafa, no se presentó en el caso que nos  ocupa”.   

5. Por lo anotado,  agregó  el  actor,  que  se  estaba  en  presencia  del  delito de abuso   de   confianza,  pues  “efectivamente  mis  representados  recibieron  el automotor de  manos  de  la  señora  MOLINA  JIMENEZ (sic) mediante título no traslaticio de  dominio  y  en forma abusiva se apropiaron de él o de su producido, causando en  forma real un desmedro patrimonial en la victima”.   

6. En conclusión,  la  ofendida  entregó  el  vehículo de forma natural, suscribió el respectivo  contrato  y  “sin  que  observara malicia alguna de  parte  de  los  representantes de esa firma comercial, y posteriormente no se le  devolvió  el  vehículo  ni  el  dinero  pactado entre las partes, es decir, en  forma abusiva mis representados se apropiaron de su propiedad”.   

Por  tanto,  solicitó  casar  la  sentencia  impugnada  y  en  su  lugar,  “revocar la sentencia  proferida por el delito de estafa”.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

1.  La Corte viene  señalando,  que  con  la  entrada  en vigencia del  sistema  procesal  penal  acusatorio  previsto en  la  Ley  906  de 2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario   de   casación,  pues  en  la  actualidad  la  impugnación  es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito   Judicial  ubicados  en  el  territorio  nacional,  atacando  los  fallos de  condena   o   absolución,   sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido         del         artículo  180  de  la  Ley 906 de 2004, en el entendido que una de  las  obligaciones  al  confeccionarla  es demostrar la  necesidad  de  intervención de la Corte para el logro  de  cualquiera  de los fines establecidos por el instituto. Siendo ello así, el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el  norte  del  profesional del derecho, pues integra cuatro aspectos  teleológicos  que  se  traducen  en  el  espíritu  de la censura: (i)  la efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,  causales  y  debida sustentación;  excepto  cuando  la  Sala  advierta,  que  por vigencia de derechos y garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Tribunal,  desde  luego,  con base en motivos diversos a los  expuestos en la demanda.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda  en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;   todo   lo   contrario,   el   recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo, pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes2,  rehacer,  modificar, readecuar o transformar  los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una  demanda con el objeto de decidir de fondo el  problema  jurídico  planteado,  ella  deberá  sujetarse al cumplimiento de los  presupuestos  formales  consagrados en el artículo 184, ordinal 2°  de la  Ley  906  de  2004,  para  demostrar  la  evidente  vulneración  a los derechos  fundamentales  constitucionales en cabeza de los intervinientes en la actuación  penal;  siendo  ello  así,  se  deben  tener siempre presente los principios de  taxatividad,  claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,         objetividad,  comprensión,  precisión  y trascendencia,   entre  otros,  para  –de  la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación puntual y  razonable,  habida  consideración  de compendiar en el ataque, aquellos errores  de  juicio  o de actividad en los que pudieron haber incurrido los falladores, a  fin  de  evidenciar,  por  ejemplo,  la  efectiva  e  indiscutible  normatividad  jurídica  que  debió  regir  el asunto, la adecuada y legal valoración de los  medios  probatorios  o desentrañar manifiestos desfases constitucionales contra  el debido proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  múltiples    oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   (ii)  el interés del actor, (iii)   la   coherencia  de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.   La  censura  presentada  por  el defensor de ENRIQUE GÓMEZ QUINTERO  y  CARLOS  ALBERTO  GÓMEZ  QUINTERO,  no  reúne los  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda. Si bien es cierto, en principio,  atacó  la  decisión  judicial  última,  con  base  en  la vía directa, en su  desarrollo  y  demostración  se  quedó  en  simples  y  llanos  enunciados. El  escrito,  en  esas  condiciones,  se traduce en un memorial de libre factura, en  donde   se   peticiona   la   revocatoria  de  la  condena, desplegando escuetamente una tesis en pro de sus  mandantes,  sin ninguna transcendencia, por ende, incurrió en graves vicios que  atentan contra la filosofía soporte del recurso extraordinario.   

3.   Yerros   detectados   en  la  demanda:   

1)   Una   vez  trascribió  apartes  de  algunos  tratadistas patrios respecto a la técnica en  casación  para  sustentar  el  cargo  propuesto;  olvidó  el  actor,  realizar  justamente  aquello que quiso conmemorar, es decir, la debida argumentación del  ataque,  como  por  ejemplo,  cuando  confrontó  su  criterio  con  el  de  los  falladores,  al  decir:  “sin  que observara malicia  alguna  de  parte de los representantes de esa firma comercial, y posteriormente  no  se  le  devolvió  el  vehículo  ni  el dinero pactado entre las partes, es  decir,    en   forma   abusiva   mis   representados   se   apropiaron   de   su  propiedad”.   Tal afirmación, en principio es  general  y ambigua, sin ninguna propuesta dogmática para por lo menos pensar en  una   posible aplicación indebida y su correlativa falta de aplicación de  la   ley   sustancial:   presupuestos   éstos   también   ignorados   por   el  censor.   

2)  Es inadmisible  pretender  derribar  la presunción de acierto y legalidad que viene vinculada a  las  decisiones  de  instancia,  con  especulaciones o conjeturas, sólo medidas  bajo   la  óptica  de  una  hermenéutica  personal  y  aislada  del  contenido  probatorio  del  fallo  cuestionado,  al sostener el demandante que el delito de  abuso de confianza predomina  sobre  la estafa porque “la cadena no se dio, ya que  el  engaño  o  artificio, para la ESTAFA, debe ser previo a la entrega del bien  mueble  por  parte  de  la  víctima, y ese engaño o artificio no se presentó,  toda  vez  que  la  negociación  se  cumplió en forma lícita, pues la señora  MOLINA  JIMENEZ (sic) en forma voluntaria llevó su vehículo a la consignataria  MOTORAUTOS  DE CALDAS, lo dejó allí una vez suscribió el contrato respectivo,  es  decir,  el primer elemento estructural del delito de Estafa, no se presentó  en el caso que nos ocupa”.   

Sin  que  se  entienda como una respuesta de  fondo  sino en virtud del ejercicio pedagógico que viene adelantando la Sala, a  fin   de   garantizar   con   amplitud  los  derechos  constitucionales  de  los  intervinientes,  se  hará expresa referencia a algunos aspectos de la sentencia  atacada.   

El   Juez   de  conocimiento  afirmó:  en  el presente caso confluye  tanto  la  doctrina  como la jurisprudencia, para evidenciar la consumación del  delito  de estafa, pues a fin  de  “lograr  su  propósito  delictivo los hermanos  GOMEZ  (sic)  QUINTERO  mantienen  en  error  a la víctima, señora MARIA (sic)  EUGENIA  MOLINA  y  a  su  esposo  haciéndole  creer  con  mentiras que estaban  realizando  las  gestiones  necesarias  para  la  venta de su vehículo, en otra  oportunidad  que  lo están mostrando a una supuesta compradora, en la siguiente  oportunidad  el  carro lo están probando otro posible comprador, a la siguiente  el  señor CARLOS ALBERTO le dice al esposo de la víctima que el carro ya está  vendido  pero  aún  no  lo han pagado y simula hacer llamadas cobrando el valor  supuestamente adeudado”    

En  un  nuevo  apartado el mismo funcionario  adujo:   

“Con los testimonios de la propia victima  la  señora  MARIA  (sic)  EUGENIA  y de su esposo el DR. LUIS IGNACIO CORREA se  puede  apreciar  como  con  la  mayor  buena  fe  y plena confianza en un amigo,  entregaron  su  vehículo CHEVROLETH SPRINT al señor CARLOS ALBERTO GOMEZ (sic)  QUINTERO   en   la  concesionaria  MOTORAUTOS  para  ser  vendido,  entrega  que  realizaron  a  través  de  un contrato de consignación de vehículo y dejan su  carro  con los documentos de movilización y las llaves del automotor, confiando  en  que  a  mas tardar en un mes CARLOS ALBERTO les haría entrega del valor del  automotor  DOCE  MILLONES  DE  PESOS.  El  vehículo  lo recibe el señor CARLOS  ALBERTO  y  quien  les  firma  el  contrato  es  el  señor  ENRIQUE GOMEZ (sic)  QUINTERO.  Hasta  aquí no habría ningún problema ni probable conducta típica  que  analizar  toda  vez  que  hasta este momento, vistas las cosas tal como son  narradas  por  los  testigos,  realizaron  un  contrato  civil  de entrega de su  vehículo  en  consignación  para la venta con la concesionaria MOTORAUTOS, sin  vicios  en  el  consentimiento,  el  cual  genera  obligaciones  civiles  a  las  partes.   

El problema jurídico se presenta cuando al  recibir  el  vehículo,  es utilizado por los hermanos GOMEZ (sic) QUINTERO para  hacer  cruces  de  cuentas  de  negocios  anteriores y transcurre el tiempo y el  señor  CARLOS ALBERTO GOMEZ (sic) QUINTERO con mentiras y engaños hace creer a  los  propietarios  del  vehículo  que  MOTORAUTOS ya vendió su automotor y les  hará  entrega del precio acordado (doce millones de pesos) porque solo están a  la  espera  que  el  comprador les realice la totalidad del pago… Y la señora  MARIA  (sic)  EUGENIA  y  su esposo sin lograr saber realmente que había pasado  con  el  vehículo,  se enteran por un programa radial que el carro se lo había  robado  de  MOTORAUTOS.  El  robo  se  convierte en otro engaño porque aquí se  demostró  que  el  vehículo  SPRINT  de la víctima así como otros vehículos  entregados  a  motorautos  en  las  misma  circunstancias, hicieron parte de una  cadena  (sic)  negocios  que  tenían  los procesados con el señor GERMAN DARIO  (sic)  pareja  y  el  Sargento  Mayor JAIME ARCILA negocios que no están claros  para el juzgado”.    

Como se puede apreciar el actor interpone su  concepto  individual  sobre  el  de  las  instancias, en franca lid y olvido del  contenido  probatorio –que  no  puede  variar  por la vía de ataque seleccionada-; por tanto, lo acreditado  allí  ya  es  condición  para  las  partes.  Amén,  de no ser posible en sede  extraordinaria,  combatir  la  valoración probatoria y el criterio plasmado por  los  falladores,  sino  por las causales y sentidos establecidos por la Ley y la  Jurisprudencia;   de   resto,  la  censura  se  vuelve  imprecisa,  genérica  e  insustancial.   

3)  El profesional  del    derecho    ignoró    por   completo   el   postulado   de   trascendencia,  el  cual jamás trabajó,  reflexionó  ni  pensó  en la propuesta de absolución; con esa omisión, dejó  insubstancial  la  eficacia  de la censura. Siendo ello así, el daño formulado  se  muestra precario, toda vez que el aludido principio nunca se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  excluyéndolos –como  en  el  presente  caso-;  será  entonces,  incuestionablemente, el reflejo  latente  de  la  violación  a  un precepto del Bloque de Constitucionalidad, la  Constitución o  la norma llamada a regular el caso.   

4)  El Tribunal  de  Manizales, informó que en  la  actualidad,  tal  como  lo viene pregonando esta Sala, en la celebración de  contratos   de   naturaleza   civil   se   puede   incurrir   en  el  delito  de  estafa.   

“De este modo, fácil resulta advertir que  los  procesados  no  sólo  no cumplieron con las cláusulas contractuales, sino  que  usaron este medio como un artificio o ardid para obtener provecho suyo y en  perjuicio  de uno ajeno, un aumento patrimonial en cuya secuencia se estructuran  cabalmente    los    requisitos   de   la   estafa3…    Lo   que   sin   duda  aconteció,  aún por encima de la insistencia de la defensa al estimar que todo  gravita   sobre   un   contrato   comercial  que  debe  ser  ventilado  en  otra  jurisdicción,  tesis  que  no  puede  encontrar  eco en esta sede porque muchas  fueron  las  irregularidades  y  las  mentiras  urdidas  por  los  acusados, que  finalmente  fracasaron  frente  a su pregonada salida ilícita del vehículo por  un  tercero  ajeno a Motorautos, pues fue el mismo personaje señalado por ellos  quien  se  encargó  de  desmentirlos  y  echar  por  tierra  su  coartada…”   

Como  puede apreciarse, la única razón de  los  acusados para justificar la salida sin pago del automotor de la quejosa, es  un  presunto  hurto  que,  como  ha quedado visto, no tuvo ningún asidero en el  plenario.  Pero  a  partir  de  esta  declaración juramentada se aprecia que el  desgreño  administrativo  de  Motorautos,  y la captación desmedida de dineros  por  concepto  de venta de vehículos que no eran entregados a los consignantes,  en  la  forma  pactada  contractualmente,   comenzó  a  generar un iterado  incumplimiento  de  las  obligaciones  que  fueron  cubiertas  con  la venta del  vehículo  de  dona  María  Eugenia, también afectada porque nunca recibió la  contraprestación  económica ofrecida y regulada en la cláusula, ni tampoco se  le  devolvió  el  vehículo  que  fue  a  parar  a  manos  de otra persona, sin  documentos”.   

Ninguno   de  éstos  presupuestos  fueron  estudiados  por  el  defensor,  solo  se  limitó  a  lanzar en forma disgregada  múltiples  afirmaciones,  desconociendo el análisis judicial realizado por los  funcionarios;  en donde se dijo, que en principio y en forma aparente el acuerdo  tenía  visos  legales,  pero  paulatinamente  los  inculpados  encaminaron  sus  acciones  mediante ardides, mentiras y falacias hasta conseguir sus propósitos,  los  cuales  convergieron  en despojar a la denunciante de su rodante; por ello,  en  modo  alguno,  la conducta desplegada se puede adecuar en el delito de abuso  de  confianza  sino,  como  bien  lo  sopesaron las instancias, en el injusto de  estafa.     

Justo   aquí,   el   actor   mutila   la  argumentación  judicial  para  pretender  demostrar  el  error  enunciado en la  demanda,  pues  habló de la cronología y los pasos causalmente diseñados para  entender  consumado  el  delito  de  estafa,  pero olvidó citar al Tribunal,   en   los   aspectos   aquí  referidos e inclusive cuando adujo:    

“Como puede verse, el precepto, además de  exigir  la presencia de ciertas modalidades conductuales previas a la obtención  del  resultado  (provecho  ilícito),  demanda  que  las  mismas se presenten en  especifico  orden  cronológico (primero el artificio, luego el error y después  el  desplazamiento  patrimonial),  y  que  entre  ellas exista un encadenamiento  causal  inequívoco,  es  decir  que  el uno conduzca necesariamente al otro, de  suerte   que   si   estos   requerimientos   conductuales  no  se  presentan,  o  presentándose  concurren  en  desorden, o la cadena causal se rompe, trastoca o  invierte,  no  podrá  hablarse  de  delito de estafa, pero para ese evento, ese  ciclo cumplió su propósito, como se ha venido acotando”.   

Con  base  en  la precedente motivación, el  libelista  infirió que como la victima se presentó libremente al concesionario  y  firmó  un  contrato  civil de magnitudes lícitas, ya no existe el delito de  estafa  sino  el  de abuso de confianza; pero, ignoró por completo –como  atrás  también se recavó- en  forma  absoluta  la  argumentación  judicial, se la paso por alto, en especial,  las consideraciones posteriores, como la siguiente:   

“Y  es  que  desacierta  el censor cuando  estima  que nunca hubo por parte de sus clientes una disposición del vehículo,  quizá  porque  en  la oficina de Tránsito reposa el registro de tradición con  la  quejo  como  la  única  propietaria,  esto es, no hubo desplazamiento de la  propiedad,  incurriendo  en  una  grave  confusión,  pues  la norma tipifica la  estafa  aplicada  la  sanción cuando tras la utilización de medios engañosos,  el  sujeto  activo  de  la  conducta obtiene un provecho económico que como tal  puede   configurarse   de   muchos   medios,   no  necesariamente  con  el  paso  administrativo  que  recalca  el  impugnante  y  que acá se materializó con la  venta  del  vehículo,  el recibo del dinero y la inversión en cosas totalmente  diferentes  a  las  pactadas en el contrato… nadie discute la existencia en el  mundo   jurídico   de   dicho   acuerdo  de  voluntades,  sino  sus  efectos  y  consecuencias  típicas  de  una estafa”, todo de la  mano        de        una       jurisprudencia4   citada  por  el  Tribunal.   

Nada  de  lo  expresado,  entre muchos otros  razonamientos  traídos  por los falladores, fue tenido en cuenta o desarrollado  en  el  ataque  por  el  libelista,  por tal razón, dejó la censura inane, sin  repercusión  ni  comprobación  alguna.  En consecuencia, deberá realizarse la  sustentación  del  libelo en forma metódica, precisa y objetiva, de la mano de  los  criterios  jurisprudenciales,  de  la  Ley  e  instrumentos internacionales  ratificados   por   Colombia,   para   restarle  validez  a  las  decisiones  de  instancia.   

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio  de  limitación,  las  deficiencias de la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues  no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia del recurrente, para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se hubiese  presentado   una   motivación   coherente   con  las  propuestas  casacionales,  circunstancia     por     la    cual,    la    Corte  inadmitirá  el libelo presentado por el defensor   a   nombre   de  ENRIQUE     GÓMEZ     QUINTERO     y    CARLOS    ALBERTO    GÓMEZ  QUINTERO.   

3. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo en cuenta que contra la decisión de  inadmitir   o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no  fue  regulado,  pero  para  tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación5, como pasa a indicarse:   

1. La insistencia es  un  mecanismo  especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el objeto de reconsiderar  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial Delegado ante el Tribunal Superior fuese el  demandante.  El  mecanismo,  entonces,  opera  para  el  Procurador Judicial, el  Magistrado  disidente  o el que no haya participado en los debates y suscrito la  providencia inadmisoria.   

2.  Es potestativo  del  Magistrado  –en los  casos  indicados-  o  del Delegado del Ministerio Público ante quien se formula  la  insistencia  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión.  En  este último evento informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

3. El auto a través  del  cual  se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

4.  También viene  precisando            la            Corte6   que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión de la demanda.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:     Inadmitir     la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  ENRIQUE     GÓMEZ     QUINTERO     y    CARLOS    ALBERTO    GÓMEZ  QUINTERO, por las razones aducidas en la parte motiva  del presente proveído.   

Segundo:  Contra la  no    selección    procede    el    mecanismo    de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:  Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

                                                                       

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                                              

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Citó  un  párrafo  de  la  sentencia del Tribunal, en el que se afirmó: “(primero   el   artificio,   luego   el   error  y  después  el  desplazamiento   patrimonial),  y  que  entre  ellas  exista  un  encadenamiento  patrimonial  causal  inequívoco, es decir que el uno conduzca necesariamente al  otro,  de  suerte  que  si  estos requerimientos conductuales no se presentan, o  presentándose  concurren  en  desorden, o la cadena causal se rompe, trastoca o  invierte,  no  podrá hablarse del delito de estafa, pero para este evento, este  ciclo cumplió su propósito, como se ha venido acotando”.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

3 Citó  el   Juez   Colegiado   los   elementos   del  delito  de  estafa:  “(i)  que  el sujeto agente emplee artificios o engaños sobre la  víctima,  (ii)  que  la  víctima  incurra  en error por virtud de la actividad  histriónica  del  sujeto  agente, (iii) que debido a esta falsa representación  de  la realidad (error) el sujeto agente obtenga un provecho económico ilícito  para  si  o para un tercero, y (iv) que este desplazamiento patrimonial cause un  perjuicio ajeno correlativo”.   

4  C.S.J., radicado 20.926 del 27 de octubre de 2004.    

5 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

6 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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