31792(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31792   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 287.  

Bogotá D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Sala  analiza  la  satisfacción  de las  exigencias  de argumentación lógica y demostración suficiente exigidas por el  legislador,  en  punto  de  la admisión del libelo casacional presentado por el  defensor     de     OSCAR    DE    JESÚS    RENDÓN  VERGARA,  contra el fallo de segundo grado dictado por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá el 15 de octubre de 2008, a través del cual  condenó  al  referido  ciudadano como autor penalmente responsable del concurso  homogéneo   de   delitos   de  secuestro  extorsivo  agravado  de  Segundo  Alberto  Abril Romero, Luis Ariel Gómez Peñaloza y Gladys  Janeth  Rodríguez, amén del punible de concierto para  delinquir   con  el  propósito  de  cometer  delitos  de  secuestro  extorsivo,  providencia  revocatoria  de  la  sentencia de absolución proferida respecto de  aquél  el  15  de  mayo  de  2007  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito  Especializado de la misma ciudad.   

HECHOS  

El  30  de  octubre de 1998, desapareció en  Bogotá    el    señor    Segundo   Alberto   Abril  Romero  cuando  se  aprestaba a cumplir una cita en el  noroccidente  de  la  ciudad para concretar el negocio de unas llantas. A partir  del  5 de noviembre del mismo año, la familia de aquél recibió comunicaciones  telefónicas  a través de las cuales exigían tres mil millones de pesos por su  liberación.   

          Siguiendo  las instrucciones de los delincuentes, los familiares del  plagiado   efectuaron   los  pagos,  sin  que  se  produjera  posteriormente  su  liberación,   ni   se   tuviera   noticia   alguna   del   señor  Abril.   

          A  su  vez, el 19 de marzo de 1999, fueron secuestrados en Medellín  Luis Ariel Gómez Peñaloza y  Gladys  Janeth  Rodríguez,  quienes  se  encontraban  alojados en el hotel Metropol, de donde fueron sacados  por  los  delincuentes.  Luego  solicitaron  telefónicamente  a  la  familia de  aquellos  la  suma de cien millones de pesos e impartieron instrucciones para el  pago,   similares   a   las   que   dieron   a   la   familia   de  Segundo Alberto Abril.   

Efectuado el pago del rescate, no se liberó  a los secuestrados, ni se volvió a tener noticias de ellos.   

          Mediante  seguimientos  técnicos  se estableció que las llamadas a  ambas  familias se produjeron desde los mismos abonados celulares, desde iguales  lugares   y   se   les   citó   para   entregar   el   dinero   en  los  mismos  sitios.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La   Fiscalía   Especializada   de   Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción,   en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  OSCAR    DE   JESÚS   RENDÓN   VERGARA,  definiéndole su situación jurídica absteniéndose de imponerle  medida de aseguramiento.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  22  de  abril  de 2004 con resolución de acusación en contra del procesado  como  presunto  autor  del concurso de delitos de secuestro extorsivo agravado y  concierto   para   delinquir,  oportunidad  en  la  cual  le  impuso  medida  de  aseguramiento    de    detención    preventiva    sin    derecho   a   libertad  provisional.   

Impugnada  la  acusación por la defensa, la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá la confirmó mediante  proveído del 14 de febrero de 2006.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá, despacho que una  vez  surtido  el  rito  dispuesto  por  el  legislador  para  esta etapa, dictó  sentencia  el  15 de mayo de 2007, a través de la cual absolvió a OSCAR  RENDÓN  de  los cargos por los que  fue acusado.   

          Impugnado  el  fallo  del a quo  por  la  Fiscalía,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  decidió  mediante  sentencia  del  15  de  octubre  de  2008  revocarlo, para en su lugar  condenar  al  procesado a la pena principal de cuarenta (40) años de prisión y  multa  de seis mil setecientos ochenta y cinco (6.785) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  y  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por diez (10) años y al pago de la correspondiente indemnización de  perjuicios,  como autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto de  acusación.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  negado  el  subrogado penal de la  condena  de  ejecución condicional y la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

          Contra   la  decisión  el  Tribunal  el  defensor  de  OSCAR    RENDÓN   VERGARA   interpuso  recurso extraordinario de casación y presentó en tiempo  la correspondiente demanda.   

EL LIBELO  

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  de   la   Ley   600   de   2000,   el   recurrente  plantea  el  “manifiesto   desconocimiento   de   las   reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia. En el error  de  derecho,  el  cual  entraña  la  apreciación  material de la prueba por el  Juzgador  de  segunda  instancia,  cuando  la  rechaza,  porque a pesar de estar  reunida  (sic); considera que  no  la  cumple, falso juicio de legalidad desconociendo el valor prefijado en la  ley,  el tipo de desacierto corresponde a la forma indirecta de violación a las  disposiciones   de   derecho   sustancial,   la  cual  se  configura  cuando  el  sentenciador  incurre en errores en la apreciación de los medios de prueba, los  elementos  probatorios  o  la  evidencia  física,  los  cuales  pueden de hecho  (sic),  pues  el  Juzgado se  equivoco   (sic)   en   la  apreciación  de  la  prueba  pese a ser practicada la distorsionó, o adicionó  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se establecen en ella en  donde     incurrió     en     falso     juicio     de     identidad”.   

          Acto  seguido,  el  defensor asevera que su asistido adquirió en la  Semana  Santa  de  1998  los  teléfonos  celulares  4472543, 4472544 y 4472545,  dejando  para  su  uso  personal el primero y entregó los otros a sus empleados  Jaime Londoño y Humberto  Arias, respectivamente. Entre el  23  y  24  de  octubre  de  1998  fue despojado de su celular en un reten ilegal  ubicado en la zona de Valdivia y Yarumal.   

          Relata  que  el  hurto  de  dicho  aparato  fue  denunciado  ante la  Inspección  Municipal  de  Medellín,  según  se  encuentra  acreditado con la  diligencia  practicada  por  la  Fiscalía  a  dicha dependencia. Igualmente, la  sustracción   del  celular  fue  reportada  a  Comcel,  donde  se  tramitó  la  correspondiente  reposición  el  4 de diciembre siguiente. Precisa que desde el  referido  celular  hurtado  se  realizaron llamadas a la familia del secuestrado  Segundo         Abril        Romero.   

          También  dice  que  “la  existencia  de  incongruencias  insertas  en  las  respuestas,  dadas a las solicitudes en etapa  probatoria  del juicio, por parte de la empresa de comunicación celular COMCEL,  da  de  hecho una duda de grandes magnitudes, frente a las declaraciones juradas  efectuadas  por  los  investigadores  al servicio del Estado Colombiano y que de  hecho  se  recepcionaron  con  las  formalidades  de  ley y bajo la gravedad del  juramento,  la  imparcialidad  en sus representantes y la lealtad como lo ordena  los estatutos vigentes”.   

          De  otra  parte,  añade  que  “la tarifa  legal  de  pruebas,  debe  desde  todo punto de vista, ser objeto de valoración  probatoria  que  existe dentro del proceso penal y la forma de su integración a  la  misma. Es decir, desde la perspectiva de la misma, se debe observar, para el  caso  concreto,  las  dificultades  que  se  tiene  para la demostración de los  cargos”.   

          Igualmente  cuestiona que “no se advierte  por  parte  del  Tribunal,  que  los  teléfonos no eran usados por mi prohijado  señor    RENDÓN,    sino    por   sus   empleados   de   confianza”.   

          Puntualiza    el    reproche    señalando    que    “las  comunicaciones  realizadas  desde el abonado telefónico 442544  (sic)   con   el   fin  de  comunicarse  con  la  familia de las víctimas, fueron los días 14 de noviembre  de  1998,  el  13,  14,  21, 26, 29 y 30 de abril y 2 y 3 de mayo de 1999; y por  otra  parte del abonado telefónico 4472545 el 19 y 20 de noviembre de 1998 y 22  de  febrero  y  18  de  marzo  de  1999.  Es  indiscutible  que  las llamadas se  realizaron  de  dichos  teléfonos,  pero la prueba documental llevada a juicio,  indica  que  las  mismas  se  hicieron  con  tarjeta  prepago ya que en el mismo  documento  de  COMCEL,  los  relaciona  con el asterisco quinientos, que para la  tecnología  de  la  época  era necesario esta relación, por ello se le da por  parte  del Honorable Tribunal Superior de Bogotá una interpretación valorativa  diferente    o    disímil    de    la    que    la    misma   tiene”.   

          Deplora  que  no  se  haya  tenido  por  acreditado  el hurto de los  celulares  y su clonación, ésta última de frecuente ocurrencia para la época  de los hechos investigados.   

          El  actor  colige  de lo expuesto, que debió el Tribunal aplicar el  principio  in  dubio pro reo,  en  atención  a las múltiples dudas “que emergieron  del    caudal    probatorio    arrimado    a    las   investigativas”,  con  base  en  las  cuales  se  fundó el fallo absolutorio de  primer grado.   

          También  señala  que  no consiguió desvirtuarse la presunción de  inocencia de su procurado.   

          A  partir  de  las razones expuestas, el defensor solicita a la Sala  casar  el fallo atacado, para en su lugar proferir sentencia absolutoria a favor  de   OSCAR   DE   JESUS  RENDÓN  VERGARA.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

          Dentro  de  la  oportunidad  establecida para que los no recurrentes  presenten  sus alegaciones en punto del libelo casacional allegado, la Fiscalía  solicita  a la Sala no admitirlo, en cuanto desconoce los principios de claridad  y precisión propios de esta impugnación extraordinaria.   

Luego  de  indicar  los  deberes  que debía  asumir  al  postular  errores  en  la  apreciación  de  las  pruebas, la Fiscal  considera  que la argumentación ofrecida por el recurrente no se somete a tales  reglas  y  sólo  corresponde  a  un  alegato de instancia en el cual plantea su  personal   visión   de   los   medios  probatorios,  arribando  a  sus  propias  conclusiones,  proceder  inaceptable  en  este  trámite,  amén de que el fallo  está  soportado en pruebas legal y oportunamente allegadas a la actuación, las  cuales fueron valoradas conforme a las reglas de la sana crítica.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene suficientemente dilucidado la Sala que  en   el  análisis  sobre  la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde  constatar que los recurrentes formulen sus censuras con sujeción a  las   exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario  no se convierta en una instancia adicional a las surtidas. Tales  requisitos  se  orientan a conseguir demandas enmarcadas dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los cargos  propuestos,  en  cuanto resulten inteligibles, es decir, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de  los  impugnantes en casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de  2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

          Al  estudiar  el  reproche formulado por el defensor, sin dificultad  se  constata  que  pese a reclamar la violación indirecta de la ley sustancial,  no  procede  a identificar los preceptos sustantivos que considera quebrantados,  amén  de  que  tampoco precisa en que consistió la vulneración de las mismas,  es  decir,  por  aplicación  indebida  o  falta de aplicación, omisión que de  entrada  le  impide  mantener  coherencia  en  su exposición, quedándose en el  planteamiento  fragmentario,  personal  y deshilvanado de su propia ponderación  de  los  medios de prueba, en evidente desconocimiento de la dual presunción de  acierto   y   legalidad  de  la  cual  se  encuentra  revestida  la  providencia  atacada.   

Así  pues,  el casacionista no indica si el  ad  quem cometió un error de  hecho   al   apreciar   la   prueba,   bien  sea  porque  pese  a  obrar  en  el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación  supuso su presencia allí y la tuvo en  cuenta  en su decisión (falso juicio de existencia por suposición); ora porque  al  considerarla  distorsionó  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso  juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de  los  yerros  referidos  derivó  del  medio  probatorio  deducciones  contrarias  a  los principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  la experiencia (falso  raciocinio).   

          Tampoco  precisa  si  se trató de un error de derecho, en cuanto se  negó  a  determinado  medio  probatorio  el valor conferido por la ley o le fue  otorgado   un   mérito   diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),  o  bien,  porque  los  falladores  al  apreciar  alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción  (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, era deber del recurrente identificar el  medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente se tiene que si la pretensión del  impugnante  era  plantear  un  falso  juicio  de convicción, era su obligación  demostrar   la  infracción  de  la  tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador,  así  como su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco  acometió.   

          A  manera de ejemplo, el casacionista no ofrece algún planteamiento  adecuado  a  esta sede extraordinaria en punto de las conclusiones del fallo del  Tribunal,   en   el   cual   se   plantea,   entre   otras  consideraciones,  la  siguiente:   

“El fingido hurto  (del   teléfono  celular,  se  aclara)  pierde  toda  su  credibilidad para hacer alguna afirmación a favor  de     RENDÓN     VERGARA,     porque     en     la     época     –   octubre   a   diciembre   de  1998  –  en  que  el aparato de  telecomunicación  4472544  estuvo  fuera  de su control, según una de las tres  versiones  de  RENDÓN  y  una  de  las  dos  de  los  testigos que pretendieron  favorecerlo   –  LONDOÑO  ACEVEDO  y  ARIAS RINDÓN –  las  llamadas  con  exigencias a las familias de los secuestrados GÓMEZ y ABRIL  también  se  hicieron  desde  el  otro  número  de  su  propiedad, el 4472545,  como    puede   verificarse  en  la  información  de  COMCEL  –  oficio  DPP  2000  112960  del 23 de  junio  de  2000  – donde se  indica  que  hubo  tres  llamadas,  con  sistema  prepago, al teléfono que para  entonces   tenía   la   familia   se   SEGUNDO   ALBERTO   ABRIL   –       3341495       – los días 19, 20 y 24 de noviembre de  1998”.   

          Bastan  las  razones expuestas para concluir que el impugnante no se  sujeta  a  las  reglas  de  lógica  y  suficiente acreditación dispuestas para  acceder  a  esta  impugnación, circunstancia que impone inadmitir el libelo con  tales falencias presentado.   

          Para   concluir   es   oportuno   indicar   que   no  se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado     RENDÓN  VERGARA, como para que ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere  el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        la      demanda     de     casación  interpuestas  por el defensor del acusado  OSCAR   DE   JESÚS   RENDÓN   VERGARA,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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