31374(17-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  31374   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 180.  

Bogotá D.C., junio diecisiete (17) de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Emprende  la  Sala  la  constatación de los  requisitos  de crítica lógica y suficiente sustentación del libelo casacional  allegado  por  el  defensor del procesado LUIS HERNANDO  MENESES  LEAL, contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pamplona el 4 de septiembre de 2008,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de la misma  ciudad  el  10  de  julio  de  la referida anualidad, por cuyo medio condenó al  mencionado  ciudadano  como autor penalmente responsable del concurso de delitos  de      acceso      carnal     violento     en     el     menor     J.A.M.V.1,  de  quince  (15)  años  de  edad.   

HECHOS  

En el mes de junio de 1997 cuando el REFERIDO  menor  se  encontraba  en  su residencia, LUIS HERNANDO  MENESES  LEAL  lo amenazó que si no salía con él lo  destruiría  divulgando que era homosexual y mantenían una relación, entonces,  aquél  salió de la casa y fue conducido a un monte donde el procesado intentó  accederlo carnalmente, pero el muchacho huyó.   

          Días  más tarde el acusado citó al menor en el mismo lugar y bajo  amenazas  de  contarle  a  su  padre y hacerle daño a sus hermanos, lo accedió  carnalmente,      situación     que     igualmente     ocurrió     en     otra  oportunidad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada por  el   agredido,   la   Fiscalía   Seccional  de  Pamplona  declaró  abierta  la  instrucción,   en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  LUIS  HERNANDO  MENESES LEAL,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  posible  autor  del  concurso de delitos de acceso  carnal violento.   

          Clausurada   la   fase  instructiva,  el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el  15  de noviembre de 2007 con resolución de acusación en contra  del  procesado  como  posible  autor  del  concurso de punibles que sustentó la  medida de aseguramiento.   

          La  etapa  del juicio correspondió adelantarla al Juzgado Penal del  Circuito  de Pamplona, despacho que una vez surtido el rito pertinente profirió  fallo  el  10  de  julio  de  2008,  mediante  el  cual  condenó a LUIS  HERNANDO  MENESES  LEAL  a  la  pena  principal  de  once  (11)  años  de prisión, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso y al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como  autor  del  concurso  de delitos objeto de acusación. En la misma providencia le fue negada  tanto  la  condena  de  ejecución  condicional  como  la  prisión domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Pamplona la confirmó mediante fallo del 4 de septiembre  de  2008,  contra el cual se dirige ahora el recurso extraordinario de casación  interpuesto por el mismo sujeto procesal.   

EL LIBELO  

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  demandante  denuncia  la  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  falso  juicio  de  identidad, en cuanto fue tergiversada la prueba obrante en la  actuación.   

En el desarrollo del reproche expresa que los  sentenciadores   tergiversaron  los  dictámenes  de  sicología  y  siquiatría  forense  que  sirvieron de fundamento al fallo, en punto de tener por acreditada  la violencia moral ejercida sobre el menor.   

Puntualiza que en el dictamen de psiquiatría  forense  se  concluyó  que  “el  examinado presenta  perturbación  síquica  de  tipo  transitorio  como  consecuencia de haber sido  víctima  de delito sexual; la credibilidad del examinado en cuanto al relato de  los  hechos  traumáticos  es  ALTA”, a partir de lo  cual  el  demandante  afirma  que  no se tuvieron “en  cuenta  los  aspectos  y circunstancias que deben tenerse en cuenta a la hora de  realizar  la  evaluación  psiquiátrica,  según  los estándares o parámetros  científicos  y  metodológicos  que  deben seguirse en este tipo de casuística  para  decir  que  los  mismos  no  cuentan con el mínimo de requisitos y que el  sentenciador  tanto  de  primera  como  de  segunda  instancia  solo  se limitó  (sic)  a  asumir  de  manera  literal  la  conclusión  de los mismos, dejando de un lado la manera y pasos en  su producción”.   

          Luego  de  señalar  que  la  psiquiatría  forense  es  una ciencia  auxiliar  del  derecho,  refiere  que el perito en tales casos debe ponderar las  causas  de  inhabilitación  que  le impidan realizar su función, dar respuesta  inequívoca  sobre  el  estado  mental  de  una  persona  concreta  y  emitir el  respectivo informe.   

          Por  su  parte, corresponde a la autoridad definir el propósito del  examen  psiquiátrico  tomando  “como referencia las  mismas  fórmulas  con  las  que  la ley recoge el estado mental cuya existencia  debe  ser  demostrada  o  negada”, señalar el nombre  del  perito,  entregar  al  experto  “la información  necesaria  para  que  haga  sus interpretaciones; esa información incluye tanto  las  razones  que  hacen  suponer  que la persona está o estuvo afectada por un  trastorno  mental,  como aquella causa procesalmente establecida, imprescindible  para  que  el  perito  pueda  poner  sus  resultados  en función del momento de  interés del proceso penal”.   

          También  dice el recurrente que las conclusiones de los dictámenes  en  este  asunto  se  basan  en  una entrevista realizada a la víctima el 15 de  abril  de  2008,  en  la  cual  se  formularon  preguntas  capciosas, tales como  “¿Qué  problemas  sicológicos  lo  han aquejado?,  ¿Cómo  le  ha afectado el suceso en su vida?, ¿Cuánto control cree que tiene  sobre  su salud mental?, ¿Cuáles son sus sentimientos frente a suceso vivido?,  ¿Qué    eventos   le   hacen   recordar   el   suceso   y   ¿A   (sic)  afectado el suceso su vida laboral,  familiar y social, y de qué forma?”   

          Deplora  que  con  fundamento  en  las  conclusiones  de  la  perito  psiquiatra,  los  falladores hayan tenido como demostrada la violencia moral del  acusado  sobre  el  menor  para  conseguir  accederlo  carnalmente, sin tener en  cuenta  que “los dictámenes adolecen de vicios en su  fondo y su forma”.   

          También  indica  que lo verosímil no es equivalente a lo cierto, y  que  por  tanto,  si en el dictamen psiquiátrico se dice que la credibilidad de  lo   expuesto   por   la   víctima  es  alta,  ello  no  permite  concluir  que  necesariamente  su  declaración  es  cierta  y  menos,  que  se haya conseguido  arribar en este asunto a la certeza.   

Considera  que  los  funcionarios judiciales  dieron  crédito  a  la  declaración  del  menor  y  al dictamen psiquiátrico,  “pero  sin  examinar  los  elementos  de  juicio que  enseñan   lo   contrario,  en  especial  las  falencias  en  la  producción  y  elaboración  de la prueba científica que no cumple hasta este estadio procesal  y  dentro  de  los  cánones  de  la  psiquiatría  forense,  con  el mínimo de  presupuestos   y   requisitos,  tornándose  como  falaz  y  sin  fundamento  la  conclusión”.   

Con  base  en los argumentos precedentes, el  defensor  solicita  a  la Sala casar el fallo atacado, para en su lugar proferir  sentencia absolutoria a favor de su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  sentado  la  Sala  que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  advierte  la Sala en el reproche formulado por el impugnante, que si bien invoca  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de un falso juicio de  identidad,  no  procede  de  conformidad  a  acometer las reglas dispuestas para  plantear  y  demostrar  tal  especie  de error y, por el contrario, alude a toda  clase  de  circunstancias, incursionando de tal manera en planteamientos propios  del  error  de  hecho por falso juicio de legalidad y por falso raciocinio, así  como del error de derecho por falso juicio de existencia.   

En efecto, tratándose de la postulación del  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  el  cual ocurre cuando los  falladores  valoran  la  prueba,  pero al considerarla distorsionan su contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola,  corresponde  al demandante  identificar  mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del   yerro  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con    las    demás,    labor   que   en   este   asunto   no   emprendió   el  casacionista.   

Además,  si  afirmó  que  los  falladores  acogieron    dichas    pruebas   en   su   “sentido  literal”,  resulta inconsistente que predique de tal  proceder  un  falso  juicio  de  identidad,  yerro  que  como  quedó  dicho, es  precisamente  lo  contrario, en cuanto se desnaturaliza el aporte objetivo de la  prueba.   

          Es  cierto  que el censor identificó las pruebas que en su criterio  fueron  tergiversadas  (los  dictámenes  de  sicología y siquiatría forense),  pero  no procedió acto seguido a explicar en qué consistió el error, como que  orientó  su  esfuerzo, de una parte, a referir que dichos medios de convicción  adolecen  de  vicios  de  fondo  y  de  forma  en  cuanto  no fueron practicados  adecuadamente,  caso  en el cual irrumpió en el discurrir inherente al error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  que  se presenta cuando el fallador  aprecia  una  prueba  irregularmente  aducida  a la actuación o cuando la misma  adolece  de  irregularidades que afectan su validez; también se presenta cuando  el  funcionario  desecha por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad.  En  el  primer  caso,  corresponde  al actor identificar el medio probatorio que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o constitucionales que al  ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad y demostrar que ello efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

Además,  en  los  dos  eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.   

Y  de  otra,  cuestiona  que a partir de las  conclusiones  de  los expertos se hubiera tenido por acreditada en los fallos la  violencia  moral  ejercida  por  el  acusado  sobre  la  víctima para conseguir  accederla  carnalmente,  argumentación  propia  del  error  de  hecho por falso  raciocinio,  yerro  que ocurre cuando las pruebas son tenidas en cuenta, pero en  su  valoración los funcionarios quebrantan las reglas de la sana crítica, esto  es,  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las máximas de la  experiencia,  caso  en  el  cual es obligatorio para el demandante expresar qué  dice  concretamente el medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar  la  norma  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error expresando con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con el  indeclinable  deber  de  acreditar  que  la enmienda del yerro daría lugar a un  fallo  esencialmente  diverso  y  favorable  a los intereses de su representado,  proceder que tampoco emprendió el defensor.   

Finalmente, al decir el casacionista que los  funcionarios  judiciales  no tuvieron en cuenta medios probatorios acreditativos  de  todo  lo  contrario  a  lo  concluido  en  los  dictámenes y en los fallos,  incursionó  en la argumentación del error de hecho por falso de existencia por  omisión,   el   cual   tiene  lugar  cuando  pese  a  obrar  la  prueba  en  el  diligenciamiento  no  fue  valorada,  surgiendo  entonces  para el demandante el  deber  indeclinable  de  indicar  el  medio  probatorio  no omitido, cuál es la  información  objetivamente suministrada, el mérito demostrativo al que se hace  acreedor  y  cómo  su  estimación  conjunta  con el resto de pruebas conduce a  trastrocar   las   conclusiones   de   la   sentencia  censurada,  deberes  cuyo  cumplimiento tampoco asumió.   

          En  efecto,  en  manifiesto  olvido  de  la presunción de acierto y  legalidad  del  fallo  impugnado, el censor pretende que el fallo sólo tenga en  cuenta   lo   expuesto   por   su   patrocinado,  desconociendo  las  detalladas  intervenciones  de  la  víctima,  con mayor razón si los dictámenes hacia los  cuales  orienta  su  reproche  sólo vinieron a fortalecer dicha prueba, pero no  corresponden  a  los  pilares del fallo de condena, es decir, que aún sin tales  pruebas técnicas la sentencia atacada permanecería incólume.   

De   conformidad   con   lo  expuesto    advierte    la   Sala   que  si el defensor no ajusta su demanda a las mencionadas  exigencias    dispuestas   para   acceder   a   esta  impugnación   extraordinaria,   y   en  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la  inadmisión del libelo.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de  derechos  o  garantías  del  acusado,  como  para  ejercer   la   facultad  oficiosa  conferida  por  el  legislador  en punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   LUIS  HERNANDO  MENÉSES  LEAL,  por las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Como  esta  decisión  eventualmente puede ser publicada, se omite mencionar el nombre  del  adolescente  acusado.  Lo  anterior,  en cumplimiento de lo dispuesto en el  numeral  8º  del artículo 47 del Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley  1098   de   2006),   según  el  cual  los  medios  de  comunicación  no  deben  “dar  el  nombre, divulgar datos que identifiquen o  que  puedan  conducir  a la identificación de niños, niñas y adolescentes que  hayan  sido  víctimas,  autores  o  testigos  de  hechos delictivos”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *