31255(14-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31255   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 216.  

Bogotá  D.C., julio catorce (14) de dos mil  nueve (2009)   

VISTOS  

Acomete la Sala el estudio de los requisitos  de  sustentación  lógica  y suficiente en los libelos casacionales presentados  por  los  defensores  de  los  procesados  HUGO ELISIO  CORREA   y  JULIO  ALBERTO  GUEVARA,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia  proferida  por el Juzgado Octavo Penal del Circuito de Bogotá el 26 de junio de  2008,  confirmatoria  de la dictada por el Juzgado Dieciséis Penal Municipal de  la  misma  ciudad  el  18  de  abril del referido año, por cuyo medio condenó,  entre   otros,   a   los   mencionados  ciudadanos,  como  coautores  penalmente  responsables del delito de invasión de tierras.   

HECHOS  

En el mes de septiembre de 1997, Roberto  Tovar,  propietario  de  un lote  ubicado  en  la  calle  37  B  No. 106 –  18  de  esta  ciudad,  el  cual  le  fue  adjudicado  en  común y  proindiviso  con  sus hermanos dentro del proceso de sucesión de su progenitora  Anatilde  Tovar Corredor, se  enteró  que  el  inmueble fue invadido, motivo por el cual promovió sin éxito  las  correspondientes  acciones  policivas,  circunstancia que motivó poner los  hechos  en  conocimiento  de  la  Fiscalía,  consiguiendo  la recuperación del  inmueble  hasta  el  12  de  mayo  de  2006 con ocasión de la entrega dispuesta  dentro de este diligenciamiento.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Seccional de Bogotá dio curso a  la  indagación  preliminar, para luego de practicar algunas diligencias ordenar  la  apertura  de  la  instrucción,  en  desarrollo de la cual vinculó mediante  indagatoria,    entre    otros,    a   HUGO   ELISIO  CORREA   y  JULIO  ALBERTO  GUEVARA,  resolviéndoles  su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  con  derecho  a  libertad  provisional,    como   posibles   coautores   del   delito   de   invasión   de  tierras.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario fue calificado el 29 de julio de 2002 con resolución de acusación  en  contra  de los incriminados como presuntos autores del punible que sustentó  la  medida  de aseguramiento. Impugnada la acusación por la defensa, fue objeto  de  confirmación  por parte de la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior de Bogotá, mediante proveído del 10 de agosto de 2004.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Dieciséis Penal Municipal de Bogotá, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió fallo el 18 de abril de 2008, a través del cual  condenó    a    HUGO   ELISIO   CORREA   y  JULIO  ALBERTO  GUEVARA,  entre  otros,  a  la  pena principal de veintitrés (23) meses de  prisión  y multa por 58.34 salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como coautores penalmente responsables  del delito objeto de acusación.   

En  la  misma  providencia  se  abstuvo  de  condenar  en perjuicios a los incriminados y les concedió el subrogado penal de  la condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por los defensores  de  HUGO  ELISIO  CORREA  y  JULIO  ALBERTO  GUEVARA, el  Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito de Bogotá la confirmó mediante proveído  del  26  de  junio de 2008, decisión contra la cual los referidos profesionales  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación  y allegaron en tiempo los  libelos correspondientes.   

LAS DEMANDAS  

          1.        Demanda   a   nombre   de   HUGO  ELISIO  CORREA   

          Inicialmente   el   recurrente   aduce  que  acude  a  la  casación  discrecional   en  procura  de  desarrollar  la  jurisprudencia  y  asegurar  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales de su asistido. Lo primero, a fin de  que   se   “FIJE  CON  CRITERIO  DE  AUTORIDAD  LA  INTERPRETACIÓN,  ALCANCE  Y  APLICACIÓN  DEL  ART.  263  DEL C.P. (…)  será  de importancia trascendente  el    enriquecimiento   de   los   precedentes   constitucionales   (sic), si es que para el caso puntual del  cargo   que   se   le   imputa   (sic)   la  sentencia  ya  existen, y de no existir precedente alguno, para  que  nazca  y  sirva de base para la aplicación correcta de la norma sustantiva  penal  que  se invocó para condenar, todo haciéndolo en acatamiento a los más  claros  principios  de  la ontología jurídica, encuadrados dentro del precepto  que  ésta  contiene  en  lo atinente a la disciplina filosófica que estudia el  ser  y  los  modos  de  existir  del fenómeno jurídico, encasillado dentro del  objeto del conocimiento científico”.   

La segunda, para que la Sala “amplíe  el  MARCO  TEORICO  PRACTICO DE LOS MECANISMOS PROTECTORES  QUE  AMPAREN  LA  POSESIÓN CONSIDERÁNDOLA COMO UN DERECHO FUNDAMENTAL (…) en  el  caso  que  nos  ocupa encontramos que no solamente se ha afectado el derecho  sustancial,  sino  que  además,  de  contera,  se  ha  violado  el  amparo a la  posesión,  elemento  que,  de  por sí constituye un derecho fundamental que ha  sido  conculcado  lo que amerita que la H. Corte se pronuncie previo el trámite  que se le imprima a la demanda”.   

          Acto   seguido   el   impugnante  plantea  dos  cargos,  los  cuales  desarrolla en los siguientes términos:   

          1.1.                      Primer cargo: Violación indirecta del artículo  263 de la Ley 599 de 2000   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  defensor  aduce que se violó el artículo 263 del estatuto penal del 2000, pues  se  incurrió  en un error de hecho por falso juicio de identidad respecto de la  prueba  que  sustentó  la  sentencia impugnada, en cuanto es preciso establecer  “¿Cuándo  los  actos  posesorios  sobre  un  bien  inmueble   tipifican  el  delito  de  INVASIÓN  DE  TIERRAS  O  EDIFICACIONES?,  ¿Cuándo  el  titular  de  un derecho de posesión sobre un bien inmueble no se  encuentra  incurso  en  la  comisión  del  delito  de  invasión  de  tierras o  edificaciones?,  ¿En  qué  momento  el  propietario inscrito puede reclamar la  posesión  perdida por la vía penal?, ¿El transcurso del tiempo da lugar a que  la  posesión,  así  sea  clandestina  y con aprovechamiento ilícito, exime de  responsabilidad     penal     a     quien    ostenta    la    misma?”.   

Puntualiza     que     “era  deber  del  señor  Juez de instancia el hacer una valoración  ponderada  de toda la génesis probatoria, incluyendo el estudio sobre la figura  jurídica  de  la  posesión  a  la  luz del derecho penal y, desde luego, de la  justicia  ordinaria  civil,  para  luego  si concluir que hubo una violación al  codificado  penal  que se aplicó para condenar, mas no lo hizo en los términos  aludidos,  por el contrario, el texto que se transcribió y que es contentivo de  las  razones  probatorias  que  presuntamente  le  llevaron  la certeza legal al  fallador  de  instancia,  demuestran la distorsión total de la prueba, quedando  incursa,  la  apreciación  probatoria del juez, en el falso juicio de identidad  de  la  norma  alegado,  lo  que  dio  lugar  a la obtención de un fallo que es  contrario a lo probado en el proceso”.   

          Argumenta  que  hay hechos no valorados por los sentenciadores en el  fallo  como  lo  expuesto  por  José Isaac Castañeda  Pardo,   César   Augusto  Romero,  Blanca Doris Salamanca, Henry Salamanca Valero  y  Jesús Antonio Ardila Gil,  así como la Escritura Pública número 4789.   

Concluye  que en este asunto “no  se valoraron las pruebas existentes en el infolio contentivo de  lo   investigado,  que  apunta  a  demostrar  la  existencia  de  los  elementos  constitutivos  de  la  usucapión”, pues el procesado  actuó conforme a derecho y de manera legítima.   

          También  dice  que  en el fallo no se tuvieron en cuenta las reglas  de  la sana crítica, ni se expuso razonadamente el valor otorgado a cada una de  ellas.   

A partir de lo anterior, el censor depreca a  la  Sala casar el fallo atacado, para en su lugar proferir sentencia absolutoria  a favor de su asistido.   

          1.2.                      Segundo   cargo:   Nulidad   constitucional   o  supralegal   por  violación  de  los  artículos  29,  51  y  58  de  la  Carta  Política   

          Aduce  el  recurrente  como  necesario  que  la Sala “amplíe   el   marco   teórico   y  práctico  de  los  mecanismos  protectores   que   amparen   la   posesión  considerándola  como  un  derecho  fundamental”.   

          Luego,  por  considerar  que  los  planteamientos  expuestos  por la  defensa  en  el  curso  de  las  instancias  son  claros  y precisos, anuncia su  transcripción,  pues  considera  que no fueron ponderados en el fallo atacado y  procede   a   transcribirlos  in  extenso,   para   concluir  que  la  posesión  corresponde  a  un  derecho  constitucional  fundamental  de  carácter  económico  y  social,  tal como fue  precisado en sentencia T-494 de 2002.   

Entonces, manifiesta que al denunciante si le  asistía  la  posibilidad de ejercer acciones de índole civil para recuperar el  inmueble,  pero no denunciar penalmente a su procurado, pues aquél abandonó el  bien,  es  decir,  actuó  con “culpa, como conducta  antijurídica,  ya  que con su actuar omisivo no previó y si lo previó no puso  ningún  remedio  para  que  el  inmueble  no  fuera  posesionado  por  terceras  personas,  actitud  que  veda  el  derecho  de  poder  reclamar  en  un  proceso  penal”.   

Con  base  en las anteriores reflexiones, el  demandante   solicita   a   la   Sala   casar   el   fallo  por  “violación     al    derecho    fundamental    derivado    de    la  posesión”.   

2.             Demanda   a   nombre  de  JULIO ALBERTO GUEVARA   

          Al  amparo  de  la  causal tercera de casación, el defensor plantea  tres   cargos,   cuya   postulación  y  desarrollo  expone  en  los  siguientes  términos:   

          2.1.                      Falta de competencia   

          Argumenta  el  recurrente  que si para cuando el denunciante puso en  conocimiento  de las autoridades la comisión del delito investigado su asistido  no  se  encontraba en posesión del lote, la competencia para conocer del asunto  radicaba  en  la  jurisdicción  civil,  mediante  el  trámite  de  un  proceso  reivindicatorio.   

          Con  fundamento en lo anterior reclama la casación de la sentencia,  disponiendo  la  nulidad de lo actuado a partir de la resolución de apertura de  la  instrucción,  y  como  consecuencia,  se  profiera  decisión inhibitoria o  cesación de procedimiento.   

          2.2.                      Segundo  cargo  (subsidiario):  Violación  del  debido proceso   

          Asevera  el  casacionista  que  en  la  versión  libre  rendida por  JULIO  ALBERTO GUEVARA no se  le  informaron  sus garantías fundamentales, ni su derecho a no declarar contra  sí  mismo,  sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de  afinidad  o primero civil, ni contra su cónyuge o compañera permanente, ni los  beneficios de acogerse a sentencia anticipada.   

          También  dice  que  el funcionario de segunda instancia decidió la  impugnación  interpuesta  contra  el  fallo de manera apresurada y sin tener en  cuenta los alegatos presentados por la defensa.   

          Considera  que  al  no  informar  al acusado sus derechos durante la  versión  libre, se violó el derecho a la igualdad de las personas ante la ley,  pues se le dio un trato diferente al de todos los procesados.   

          Con  apoyo en lo anterior, el recurrente solicita a la Sala casar el  fallo  de  segundo  grado,  para  en  su  lugar  disponer la invalidación de lo  actuado desde la diligencia de versión libre.   

          2.3.                      “Tercer   cargo  (subsidiario):       Ampliación      de      la      jurisprudencia”   

          Luego  de solicitar el pronunciamiento de la Sala sobre los alcances  del  referido  delito,  el  impugnante manifiesta que es necesario aclarar si el  propietario  inscrito  podía acudir a este proceso penal en lugar de proceder a  dar   curso   al  correspondiente  proceso  civil  reivindicatorio,  máxime  si  JULIO  ALBERTO  GUEVARA  se  limitó  a  botar  unos  escombros  en el inmueble, sin que por ello se le pueda  tratar como invasor.   

          Igualmente  deplora  que en los fallos de instancia se dijera que el  lote  siempre  estuvo  en  posesión legal y material de la familia Tovar,   pese   a   que   ello   no   es  cierto.   

          A  partir  de lo expuesto, el demandante solicita a la Sala casar el  fallo  objeto  de  impugnación,  en  el  sentido  de  declarar la nulidad de lo  actuado a partir de la resolución de apertura de la instrucción.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  examen  de  los  requerimientos  para acudir a este medio de  impugnación  extraordinario corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  de  acuerdo con los requisitos de lógica y suficiente  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de obviar que este recurso extraordinario se convierta en  una  tercera instancia. Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir  libelos  desarrollados  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000,  este  recurso especial procede contra los fallos de  segundo  grado  proferidos  “por  los  tribunales   superiores   de   distrito  judicial  y  por el Tribunal Penal Militar”,     siempre     que     se    proceda    por    “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Cuando se trata de  sentencias   de   segunda  instancia   no   proferidas   por   los  mencionados  tribunales  (según acontece en el caso de la especie)  o     se     procede     por     delitos     con     pena    privativa   de   la  libertad  inferior  al  quantum  señalado  en  precedencia     (como  también  ocurre  en  este  asunto)  o sanción no restrictiva de la libertad, el  inciso  3º  del  artículo  205 del estatuto procesal penal faculta a esta Sala  para   admitir   discrecionalmente   los   libelos   de  casación  presentados,  “cuando  lo  considere necesario para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos  fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los cuales debe intervenir la Corte, si su propósito es propiciar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia –   como   aquí  es  pretendido  por  los  demandantes  –  en su planteamiento debe indicar, de  una  parte,  la  utilidad  inmediata  de  la  decisión deprecada, y de otra, su  proyección sobre la jurisprudencia.   

En  el  caso  de  que su ánimo sea unificar  criterios   jurisprudenciales   a   partir   del  descubrimiento  de  posiciones  encontradas  en  la  Sala  sobre  un  determinado  aspecto de derecho, así debe  demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva  y conceptual de las piezas  jurídicas que le han servido de objeto de conocimiento.   

Si su finalidad es provocar que la Sala asuma  posición  sobre  una  determinada  tesis  doctrinaria en torno de la cual no ha  tenido  oportunidad  de  hacerlo,  o cuando sobre la misma ha plasmado conceptos  inacabados,   igualmente   debe   dejarlo  establecido,  luego  de  efectuar  un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con  el  objeto  de destacar las  carencias señaladas.   

Y  si,  por último, lo que anhela es que la  Corte  actualice  su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien  porque  la  doctrina ha refinado sus elaboraciones al respecto, o bien porque el  devenir  social y humano así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la  necesidad  de  esa  innovación  ha  de  ser  de  más  amplio  espectro y mayor  hondura1.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

         En  el  asunto  objeto    de   análisis  advierte  la Sala que en punto del recurso extraordinario de casación se impone  acudir   a  la  vía  discrecional,  pues  en  primer  término,  se  procede  por el delito de invasión   de   tierras   establecido  en el artículo 263  de la Ley  599  de 2000, cuya pena máxima privativa de la libertad no supera los referidos  ocho  (8)  años  dispuestos  para  acceder  a  la  casación común,  y  en  segundo  lugar,  se  trata  de  un fallo proferido por un  juzgado penal del circuito.   

         Pese   a  lo  expuesto,  los   censores  no   cumplen  con  su obligación de ofrecer argumentos encaminados a demostrar  alguna   de   las  posibilidades  dispuestas  por  el  legislador     para    admitir    discrecionalmente  sus  demandas,  omisión  de  la  cual  se deriva la  imposibilidad  de  identificar en concreto la temática  objeto  del  pronunciamiento.  Tampoco  dicen  si  sobre  el  particular  ya hay  jurisprudencia  y,  de  ser  así,  cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y  cómo  se relacionan con el caso objeto de estudio, falencia que a la  postre  les  impide  identificar  el punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,   o   el   vacío   cuyo   análisis  supone  un  planteamiento  jurisprudencial  y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble  utilidad  de  servir,  tanto para este trámite, como para la solución de casos  similares.   

          Tampoco  del  texto  de  los  libelos  consigue la Sala advertir con  claridad  la  pretensión casacional de los demandantes. Así pues, en el libelo  presentado   por   el   defensor   de   HUGO  ELISIO  CORREA  se  solicita  a la Corte un pronunciamiento en  punto  del  delito  de  invasión  de  tierras  “en  acatamiento   a   los   más  claros  principios  de  la  ontología  jurídica,  encuadrados  dentro  del  precepto  que  ésta  contiene  en  lo  atinente  a la  disciplina  filosófica  que estudia el ser y los modos de existir del fenómeno  jurídico,     encasillado     dentro     del     objeto     del    conocimiento  científico”, pero no se precisa sobre qué aspectos  y cuál es el estado actual de la discusión sobre el particular.   

Igualmente    se    depreca    ampliar  “el  MARCO  TEORICO  PRACTIVO  DE  LOS  MECANISMOS  PROTECTORES   QUE   AMPAREN   LA   POSESIÓN  CONSIDERÁNDOLA  COMO  UN  DERECHO  FUNDAMENTAL”,   pero  sin  atinar  a  señalar  la  consecuencia  práctica  de tal desarrollo en punto de la situación debatida en  este  averiguatorio, toda vez que, según lo dispuso el  legislador,   es   preciso   que   un  tal  pronunciamiento  se  “considere     necesario     para     el     desarrollo     de    la  jurisprudencia”,  de  donde se concluye que si en la  ponderación  de  esta  exigencia  no  se  presenta dicha necesidad, bien porque  sobre  el  punto existen claros desarrollos legales que tornan inane su abordaje  o  porque  lo solicitado no guarda estrecha relación con la situación concreta  del   asunto   objeto  de  estudio,  no  hay  lugar  a  que  la  Sala  trate  el  tema.   

          Lo  anterior es así, en atención a que la Corte carece de función  meramente  consultiva y si bien, uno de los fines del recurso de casación es la  “unificación      de     la     jurisprudencia  nacional” su intervención sólo tiene sentido en la  medida  que  la  temática  sugerida  por  el actor evidencie la necesidad de un  pronunciamiento  y  que  además,  este  resulte útil para solucionar el asunto  analizado2.   

Como  también el censor plantea un error de  hecho  por  falso juicio de identidad, el cual tiene lugar cuando los falladores  valoran   la   prueba,   pero   al   considerarla   distorsionan   su  contenido  cercenándola,   adicionándola   o   tergiversándola,   caso  en  el  cual  es  obligación  indeclinable  del  actor identificar mediante el cotejo objetivo de  lo  dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es  la  trascendencia del yerro en la parte resolutiva de la  sentencia   atacada,   tópico  de  improcedente  demostración  con  el  simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del recurrente sobre el medio de prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustancial de la sentencia atacada con la corrección del yerro y  la  debida  valoración  de la prueba en conjunto con las demás, sin dificultad  se    observa    que    tales   cometidos   no   fueron   emprendidos   por   el  defensor.   

Por  el  contrario, formula interrogantes de  orden  jurídico  como  si  se  tratara  de  la  violación  directa  de  la ley  sustancial,  amén  de  que  echa  de  menos  la  valoración judicial de varias  pruebas,  proceder con el cual ingresa en el discurrir propio del error de hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión, sustancialmente diverso del yerro  inicialmente postulado.   

          Es  necesario  señalar  que  no  es  apropiado  y  técnico que las  nulidades   sean   calificadas   por   el  demandante  como  constitucionales  o  “supralegales”, pues si  bien  todas  tienen  como  fuente  la  Constitución  Política,  a partir de la  vigencia  del  Código de Procedimiento Penal de 1987 perdió sentido la antigua  clasificación              de             nulidades             “supralegales”,    por   su   taxativa  determinación  normativa  (D.  050/87, art. 305; D. 2700/91, arts. 304 y 308-6;  L.     600/2000,     arts.     306    y    310-6)3.   

          Adicionalmente  a  lo  expuesto,  en  evidente  desconocimiento  del  alcance  de este recurso de índole extraordinaria, el demandante transcribe los  alegatos  que  ofreció  en  el curso de las instancias, sin percatarse que esta  impugnación  no corresponde a una prolongación de los debates ya suscitados en  el  curso  del  diligenciamiento,  y  que  su  objeto  está  constituido por la  denuncia  de  yerros  trascendentes  en  la  apreciación  de las pruebas, en la  aplicación  de  los  preceptos o en el respeto por los derechos y garantías de  los  sujetos  procesales,  de  manera  que  resulta  impropio  traer a colación  discursos  ya  presentados,  razón  de  más  para concluir que el libelo no se  sujeta  a  las  reglas  dispuestas  por  el legislador para acceder a este medio  impugnaticio extraordinario.   

          En  cuanto  se  refiere  a  la demanda presentada por el defensor de  JULIO  ALBERTO  GUEVARA  se  logra  constatar, que sin demostración alguna invoca la falta de competencia de  la  jurisdicción  penal  para conocer del asunto y no se adentra a señalar por  qué razón el caso era de índole exclusivamente civil.   

Además, aunque deplora que a su asistido no  le  fueron  informados  sus  derechos  al  momento  de rendir versión libre, no  procede  a señalar de qué manera ello se vio reflejado en el fallo, y por qué  al  marginar  tal  diligencia  podría  comprometerse la validez de la sentencia  impugnada.   

Con  tal  omisión  olvida  el  defensor que  tratándose  de  la  causal tercera de casación tenía el deber de señalar con  claridad  la especie de incorrección sustantiva que determina la invalidación,  los   fundamentos  fácticos  y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la  indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  era  de  su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la nulidad, demostrar que procesalmente no existe  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  pues  este  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones  ausentes  de  quebranto, reglas no acogidas por el impugnante en su  planteamiento.   

          Finalmente,     en     el     “tercer  cargo”  pretende  que la Sala se pronuncie sobre los  alcances  del  delito  de invasión de tierras, sin tener en cuenta que, como ya  se  dijo, con el pretexto de desarrollar la jurisprudencia no resulta viable que  los  demandantes  en  casación  soliciten  a  la Corte un pronunciamiento sobre  cualquier  aspecto  jurídico,  como  si  le  hubiere sido confiada una función  consultiva.   Invocar  el  desarrollo   jurisprudencial   por  sí  mismo,  es  decir,  sin  establecer  su  proyección  sobre  la  conducta  presente  y  sobre  las decisiones futuras, no  constituye  argumento  suficiente  para  darle  curso  a  la impugnación de una  sentencia por la vía de la casación discrecional.   

En efecto, cuando se invoca el desarrollo de  la  jurisprudencia  como  razón  para que la Corte se pronuncie con criterio de  autoridad,  es  obligación del actor precisar de qué modo el avance conceptual  reclamado  no  sólo  es  útil,  de modo particular, para la solución del caso  objeto  de  juzgamiento, sino de qué manera esa nueva postura, de modo general,  sirve  de  guía  para la resolución de situaciones futuras similares, labor no  señalada con precisión y nitidez por el recurrente.   

Así  las  cosas,  encuentra la Sala que si  los     actores  no  ajustan   sus           demandas      a      las      mencionadas           exigencias  dispuestas, de una parte, para acceder a la casación  discrecional  y,  de  otra, para postular y demostrar  los  reproches contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para  enmendar  las  falencias  de aquellas, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000  se  impone  de  plano la inadmisión  de     los          libelos.   

        Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la providencia  impugnada,  violación  de  derechos  o garantías de  los           acusados,  como  para  que  tal circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        las  demandas  de  casación  interpuestas    por  los defensores  de HUGO  ELISIO  CORREA  y  JULIO  ALBERTO  GUEVARA,  por  las  razones expuestas en la  parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES           

Comisión de servicio  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  En  sentido  similar  providencias  del 27 de marzo de 2009. Rad. 31043; 30 de junio  de 2004. Rad. 21770; 6 de julio de 2006. Rad. 24810, entre otras.   

2  En  este  sentido  providencias  del 26 de enero de 2005. Rad. 22304 y del 4 de mayo  de 2005. Rad. 22506.   

3 Cfr.  Auto del 24 de octubre de 2002. Rad. 12897.     

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