31221(26-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31221   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 052.  

Bogotá D.C., febrero veintiséis (26) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  recusación  presentada  por  el  defensor  del procesado CÉSAR AUGUSTO LONDOÑO TAVARES  (alias     Muelón    o  Muelitas)  respecto  de  los  Magistrados Dres. LEONEL  ROGELES  MONTERO  y FRANCO RENGIFO MATTA, quienes integran una Sala de Decisión  Penal  del  Tribunal Superior de Pereira, para conocer del recurso de apelación  promovido  contra  la  sentencia condenatoria dictada el 23 de junio de 2008 por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  dentro de la  actuación  penal surtida en contra de LONDOÑO TAVARES  y   JUAN   GABRIEL   RAVE  (alias   Ojitos)  por  los delitos de acceso carnal violento y amenazas a testigos.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

1. El 21 de enero del año en curso, una Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pereira,  conformada  por los  Magistrados  LEONEL  ROGELES  MONTERO  y  FRANCO  RENGIFO  MATTA, confirmó, con  algunas  modificaciones  en  cuanto  a  la  dosificación punitiva, la sentencia  condenatoria  proferida  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito en contra de  Wilmer    Ailan    Correa    Ospina    (alias  Pájaro)  y   Gustavo  Adolfo  Restrepo  Fernández  (alias Chócolo)  por  el  homicidio  agravado  del  que fueran víctimas los esposos María   Lorena   Ramos   y  Mario  Cardona  Rodas  en  concurso con el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego y municiones  ocurridos    el  7  de  octubre  de  2006, hechos de los cuales fueron  testigos   la   señora   Leydi  Cabezas  y      su      hija     menor     de     edad      S.N.P.C.   1.   

2.  A raíz de sus declaraciones dentro  de  la  actuación  anterior,  las  últimas  en  mención  comenzaron a recibir  amenazas   de   presuntos   integrantes   de   la   banda   delincuencial  “La  Cordillera”,  con eje de operaciones en la capital risaraldense, razón por la  cual  fueron  incluidas  en  el  programa  de  protección  de  testigos  de  la  Fiscalía.   No  obstante lo anterior, el 4 de diciembre de 2006, cuando la  menor,  con el objeto de realizar una llamada telefónica, salió de la vivienda  asignada  por  el  programa  de  protección,  fue  abordada  por varios sujetos  quienes  la  obligaron a subir a un vehículo, en donde fue accedida carnalmente  por  uno  de  los  individuos,  como  represalia  por haber declarado dentro del  proceso    referido,    según    le    increparon   los   partícipes   de   la  conducta.   

3.   Por  estos últimos hechos, dentro  del  presente  trámite,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Pereira  condenó,  mediante  fallo  del  23 de junio de 2008, a  CÉSAR  AUGUSTO  LONDOÑO  TAVARES  (alias Muelón   o  Muelitas)  y  a  JUAN   GABRIEL  RAVE  (alias  Ojitos)  por  los delitos de acceso carnal  violento y amenazas a testigos.   

4.    Contra   esa   determinación  interpusieron  recurso  de  apelación  los  defensores de los procesados.   Concedida  la  impugnación,  el expediente fue remitido al Tribunal de Pereira,  correspondiéndole  a  la Sala de Decisión Penal conformada por los Magistrados  JORGE   ARTURO   CASTAÑO   DUQUE,  LEONEL  ROGELES  MONTERO  y  FRANCO  RENGIFO  MATTA.      

5. Llegada la hora y fecha señaladas para la  audiencia  de  sustentación  del  recurso  de  apelación, tomó la vocería el  defensor   del   procesado   CÉSAR  AUGUSTO  LONDOÑO  TAVARES,  quien  manifestó  recusar a los Magistrados  LEONEL ROGELES MONTERO y FRANCO RENGIFO MATTA.   

6.  Decretado  un receso para deliberar, los  aludidos   funcionarios   no   aceptaron  la  recusación  y,  en  consecuencia,  dispusieron  el  envío  inmediato  de  las diligencias a la Corte para que, con  sujeción  a  lo  normado en el artículo 341 de la Ley 906 de 2004, decidiera lo pertinente.   

MOTIVOS DE RECUSACIÓN  

Asegura   el   defensor   de  LONDOÑO         TAVARES        que  los      referidos funcionarios están incursos en la causal  4ª  del  artículo  56  de la Ley 906 de 2004, porque al momento de resolver el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  el  fallo  condenatorio dentro del  proceso  seguido  en  contra  de  Wilmer  Ailan Correa  Ospina           (alias          Pájaro)    y  Gustavo  Adolfo Restrepo Fernández (alias Chócolo),    plasmaron   la   siguiente  consideración2:   

“Esta   afirmación,  que  fue  expuesta  inicialmente   en   la  entrevista  ante  la  policía  judicial,  hubo  de  ser  corroborada  en  el  juicio  oral  con  innegable  valor  civil,  a pesar de las  amenazas  y  de  los vejámenes de que fueron víctimas ella y sus hijas, una de  las  cuales  –la menor- fue  incluso    objeto    de    violación    sexual   como   consecuencia   de   sus  declaraciones”.   

Sostiene  el defensor que, como precisamente  el  presente  proceso  tiene  por  fin  investigar  las conductas de amenazas en  contra  de  testigos  y  el  acceso  carnal  violento  en la persona de la menor  S.N.P.C., esa manifestación  anterior  a  la decisión que ahora atañe adoptar, compromete a los Magistrados  que  la  suscribieron  hasta  el  punto de no poder decidir con la transparencia  necesaria,  si  se tiene en cuenta que una de las pretensiones principales de la  defensa  es  demostrar  que  los testigos no fueron amenazados y que la menor no  fue accedida carnalmente.   

Expresa, además, que esa ha sido la postura  asumida  por  esta  Sala,  como  quedó  consignado  en  las decisiones de 29 de  febrero  de  2008  (rad. 29264) y de 30 de abril del mismo año (rad. 29530), en  donde  se  precisó  que no obstante haber expresado su opinión en otro proceso  seguido  por  hechos  diferentes  y  personas  distintas,  procede  la causal de  recusación cuando ella es sustancial y vinculante.   

RAZONES     EXPUESTAS     POR     LOS  FUNCIONARIOS   

Los  Magistrados  LEONEL  ROGELES  MONTERO y  FRANCO  RENGIFO  MATTA  no  aceptan  el  motivo  de recusación formulado por el  defensor   del   procesado   CÉSAR  AUGUSTO  LONDOÑO  TAVARES.   

En  tal  sentido  manifiestan que aun cuando  plausible  y loable el propósito del defensor de propender por la transparencia  de  la  función,  en  este  caso  no encuentran que la situación pretextada se  enmarque en una de las causales legalmente previstos.   

Lo anterior porque, añaden, en la decisión  tomada  dentro  del  proceso  adelantado  contra Wilmer  Ailan  Correa Ospina y Gustavo  Adolfo  Restrepo  Fernández se limitaron a analizar el  acervo  probatorio  existente,  entre  tal,  las  declaraciones  de  la  señora  Leydi Cabezas y su hija menor  de  edad  S.N.P.C., sin que en  momento  alguno  se efectuaran juicios de autoría o probable responsabilidad de  personas determinadas.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  La Corte es competente para resolver  este  incidente  de  recusación,  de  conformidad  con  lo  establecido  en los  artículos 63 y 341 de la Ley 906 de 2004.   

2.  Previo  a  resolver  el asunto, conviene  recordar  que los institutos procesales de los impedimentos y recusaciones, como  lo  ha  venido  señalando  de  manera  reiterada  la Corte, tienen por objetivo  garantizar  que  las  decisiones  judiciales  se emitan con la debida rectitud e  imparcialidad,  de  modo que ante cualquier factor que empañe esa garantía, el  funcionario  deberá  ser  separado de su conocimiento.  Con ello, además,  no  sólo se obra en interés de las partes o intervinientes dentro del proceso,  a  quienes  importa  un  juicio  imparcial  y  transparente,  sino  también  en  beneficio   de   la  colectividad,  expectante  de  la  correcta  marcha  de  la  administración de justicia.   

Coherente  con  lo anterior, en esta materia  rige  el  principio  de  taxatividad  de sus causales, como bien lo señalan los  Magistrados   recusados,  según  el  cual  sólo  es  factible  marginar  a  un  funcionario  en  los casos y por los motivos expresamente establecidos en la ley  excluyendo  de  esa  forma aplicaciones analógicas o por extensión, con el fin  de   que  tales  mecanismos  no  sean  utilizados  como  medio  para  sustraerse  indebidamente de asumir el conocimiento de un determinado asunto.   

También acorde con ese teleología, se tiene  dicho  de  antaño  por  la  Sala,  en  relación  con  la causal aquí invocada  prevista  en  el  numeral  4  del  artículo  56  de  la Ley 906 de 2004, que la  opinión  expresada  por  el  funcionario para que tenga la entidad de relevarlo  del  asunto  sometido a su consideración, a más de ser extraprocesal, debe ser  “sustancial,  vinculante,  de  fondo, que constituya  una   barrera  que  cerca  el  juicio  del  juzgador  y  le  impide  actuar  con  libertad”3.          

Sobre  el  punto  concerniente  a  que dicha  opinión  se  emitió  por  fuera  de  los  cauces  de este proceso y, por ende,  reviste  carácter  extraprocesal,  la  Sala no advierte en este caso dificultad  alguna,  pues ella se concreta a lo manifestado por los funcionarios al resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra el fallo condenatorio proferido  dentro  del  proceso seguido contra Wilmer Ailan Correa  Ospina           (alias          Pájaro)    y  Gustavo  Adolfo Restrepo Fernández (alias Chócolo)  por  el  delito  de  homicidio  agravado  del  que fueran víctimas María Lorena Ramos  y     Mario    Cardona  Rodas  en  concurso  con  el  delito  de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego y municiones4.    

Tal   opinión,  según  el  defensor,  se  circunscribe     a     haber     sostenido    en    aquella    oportunidad    lo  siguiente:           

“Esta   afirmación,  que  fue  expuesta  inicialmente   en   la  entrevista  ante  la  policía  judicial,  hubo  de  ser  corroborada  en  el  juicio  oral  con  innegable  valor  civil,  a pesar de las  amenazas  y  de  los vejámenes de que fueron víctimas ella y sus hijas, una de  las  cuales -la menor- fue incluso objeto de violación sexual como consecuencia  de sus declaraciones”.   

De ahí, entonces, que el verdadero problema  radique  en  establecer  si  esta opinión manifestada al momento de valorar las  probanzas  que a la postre determinaron la confirmación de la condena impartida  en  primera  instancia  en  contra  de  los  prenombrados,  tiene  la  entidad o  carácter   vinculante  como  para  comprometer  seriamente  el  juicio  de  los  funcionarios  a  quienes  les compete ahora resolver igual medio de impugnación  contra  el  fallo, también condenatorio, proferido dentro de esta actuación en  contra  de CÉSAR AUGUSTO LONDOÑO TAVARES (alias   Muelón  o  Muelitas)   y   JUAN  GABRIEL  RAVE  (alias   Ojitos)  por los delitos de acceso carnal violento y amenazas a testigos.   

En ese sentido pareciera que la razón asiste  a  los  funcionarios  al  estimar  que  el  motivo  invocado  no encasilla en el  supuesto  legal  previsto,  ni  en  ninguno de los contemplados para tal efecto,  tras  considerar  que  la  opinión  fue  expuesta  en  el  marco  de un proceso  originado  en  hechos  distintos,  en circunstancias tempo-espaciales diversas a  las  que  originaron  el  presente  enjuiciamiento y contra personas diferentes,  amén  de  que no contiene juicio de responsabilidad alguno en contra de persona  determinada,  entiéndase  contra  alguno de los dos procesados afectados dentro  de  este  trámite  con  la  condena,  pues simplemente fue fruto de la labor de  evaluación  probatoria  que  incluía  sopesar  las declaraciones incriminantes  vertidas  por  quienes dentro de este diligenciamiento ostentan la condición de  víctimas.   

A  pesar  de  los  argumentos  expuestos por  los      funcionarios  orientados  a  no  aceptar  el  motivo  de  recusación,  la Corte se inclina por considerar que confluye la causal invocada  por  el defensor para tal efecto y que, por consiguiente, ha menester separarlos  del  conocimiento,  como  única  forma  de  preservar  la total imparcialidad y  transparencia    en    la    resolución   del   recurso   de   apelación   que  compete.   

Para  proveer en esa dirección, comiéncese  por  precisar que, como en forma reiterada lo ha señalado la Sala, “cada  caso  debe  ser  evaluado minuciosamente por el funcionario  encargado   de   resolver  el  impedimento  o  la  recusación,  atendiendo  las  específicas  y  particulares circunstancias que le son propias y los principios  de     independencia     e    imparcialidad    inherentes    a    la    función  juzgadora”5.   

Dicho  de  otro  modo, en el análisis de la  casuística  no  existen  reglas  fijas  e  inmutables  de  las  cuales se pueda  establecer  que  el  ejercicio  de  determinada  labor  o  la realización de un  específico  acto siempre comporta compromiso del criterio del funcionario, pues  lo  esencial,  frente  a cada evento o hipótesis, es examinar qué tanto afecta  su  imparcialidad  por  relacionarse  sustancialmente  con  lo  que debe decidir  ulteriormente.   

Por  esa  vía  la  Sala  no  comparte  la  aseveración  de los funcionarios en el sentido de que la opinión expresada fue  producto   de   un   ejercicio   de   valoración   de  la  prueba  per  se  despojado de carácter vinculante  frente  a lo que deben decidir en este proceso, pues puede ocurrir, como así se  ha  concluido  en  múltiples  ocasiones,  que  tal actividad resulta ser de tal  incidencia  que  condiciona  a resolver el asunto de una determinada manera como  única  forma  de  mostrar  coherencia  con  el criterio probatorio expuesto con  antelación,  todo  lo cual lleva al traste con la imparcialidad y transparencia  que deben inspirar a la administración de justicia.   

Al  margen,  entonces,  de  que  la  labor  acometida  previamente  fue  de  valoración  probatoria  y concretamente de las  declaraciones  de  quienes  aparecen como víctimas de los hechos por los cuales  aquí  se  procede, habrá que establecer hasta dónde lo allí afirmado vincula  a  los  funcionarios con lo que en este momento les compete definir, en especial  si  se  tiene  en  cuenta  que,  como  lo  señalan  los  funcionarios,  en  sus  aseveraciones  previas  ningún  juicio  o  señalamiento  de responsabilidad se  edificó contra persona determinada.   

Para  la  Corte es claro que la razón está  del  lado  del recusante, pues si bien los funcionarios en su opinión expresada  previamente  no  señalan  a  CÉSAR  AUGUSTO LONDOÑO  TAVARES   (alias  Muelón  o  Muelitas)  ni  a JUAN GABRIEL  RAVE            (alias           Ojitos)  como  responsables de los delitos  que  aquí  se  juzgan, no lo es menos que dan por sentada la tipicidad objetiva  de  tales conductas cuando aprecian el valor de las deponencias vertidas por las  aquí  víctimas, al destacar su gran credibilidad en tanto optaron por declarar  en  dicho  proceso  no  empece haber sido objeto de amenazas y, en el caso de la  menor,   incluso   cuando  fue  “objeto  de  violación  sexual”,  precisamente “como consecuencia de sus  declaraciones”.   

Por  consiguiente, también le asiste razón  al  recusante  cuando  advierte  que  esa  opinión  expresada  por  los  mismos  funcionarios,  a  quienes ahora les corresponde pronunciarse sobre el recurso de  apelación   interpuesto   contra  el  fallo  condenatorio  dictado  en  primera  instancia,  compromete  su  criterio,  pues,  entre otros aspectos, posiblemente  deban   acometer  el  estudio  de la tipicidad objetiva de las conductas de  amenazas  a  testigos  y  acceso  carnal  violento, máxime cuando, como así lo  anuncia  el  defensor,  una  de  las  pretensiones  principales  es demostrar, a  través  del  recurso  de  apelación  interpuesto,  que  los testigos no fueron  amenazados y que la menor no fue accedida carnalmente.   

De  modo  que  la  opinión  previa no sólo  contamina  el  criterio  cuando  se  efectúan  juicios  de  autoría o probable  responsabilidad  en  contra de personas determinadas, sino también cuando versa  sobre  la  tipicidad  de  la  conducta     imputada, como así lo  manifestó la Sala en reciente providencia:   

          “En  el  presente  caso  resulta  evidente  la concurrencia de los  supuestos  fácticos  del  motivo de  inhibición previsto por el artículo  56-4  del  Estatuto Procesal Penal, toda vez que ciertamente los Magistrados del  Tribunal,    al   haber   conocido  en   segunda   instancia  de    la    decisión    invalidatoria   del   acuerdo   suscrito   entre  la  Fiscalía  y los acusados …, evaluaron la evidencia  física  recaudada   para   concluir que  existía  el   mínimo   de  prueba  sobre  la presunta autoría o participación de   los  imputados  en la conducta y  la tipicidad de  ésta,  conforme  lo  exige  el  artículo  327  del  Código  de  Procedimiento  Penal”    6   (subrayas  fuera de texto).   

Por  otro lado, abstenerse de marginar a los  funcionarios  del  conocimiento  del  asunto, puede repercutir en detrimento del  derecho  de  defensa  y  menguar  el  principio  de  la  doble  instancia. Ambas  situaciones  toda  vez  que estarían influenciados por el concepto prefijado en  punto  de uno de los aspectos sobre los cuales eventualmente deben pronunciarse.   

En este orden de ideas, encuentra la Corte de  manera   incuestionable  que  en  la  sentencia  de  21  de  enero  de  2009  se  concretaron,   respecto  de  los  Magistrados  recusados,  verdaderos  actos  de  prejuzgamiento  en  relación  con  un  aspecto  que en forma eventual puede ser  objeto del recurso de apelación concedido.   

3.   Finalmente,  cabe  señalar que la  Sala  se abstendrá, en este caso, de disponer la compulsa de copias para que se  establezca  la responsabilidad de los funcionarios, ante la posible comisión de  una     falta     disciplinaria     gravísima    derivada    de    “(N)o      declararse      impedido  oportunamente,  cuando  exista la obligación de hacerlo, demorar el trámite de  las  recusaciones,  o  actuar  después  de  separado  del asunto”,  prevista  en  el  numeral  46  del artículo 48 de la Ley 734 de  2002, Código Disciplinario Único.   

Ello,  no  sólo  por  la  dificultad  que  entrañaba   establecer   el  carácter  vinculante  de  la  opinión  expresada  previamente  por  los  funcionarios,  sino,  además,  porque  adujeron  motivos  razonables para no aceptar la recusación.   

          4.   Así  las cosas, como los Magistrados se encuentran dentro  de  la  causal  de  recusación aludida, esto es, la establecida en el numeral 4  del  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, se impone marginarlos del conocimiento  del  asunto y, por tanto, ordenar a la Secretaría de esa Corporación proceda a  integrar la Sala de Conjueces.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

DECLARAR FUNDADO el  motivo  de  recusación  planteado  por  el  defensor del procesado CÉSAR  AUGUSTO  LONDOÑO  TAVARES respecto  de  los Magistrados Dres. LEONEL ROGELES MONTERO y FRANCO RENGIFO MATTA, quienes  integran  una  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de Pereira, para  conocer  del  recurso  de  apelación promovido contra la sentencia condenatoria  dictada  el  23 de junio de 2008 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma ciudad.   

En  consecuencia, remítase el expediente a  la  Secretaría de dicho Tribunal para que proceda a integrar la correspondiente  Sala de Conjueces.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE     LUIS     QUINTERO     MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Como  esta providencia puede ser publicada, se omite el nombre de  la  menor,  de  conformidad con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de  la  Ley  1098  de  2006  “por  la cual se expide el  Código   de   la   Infancia  y  la  Adolescencia”.   

2 Pág.  10 del fallo.    

3 Auto de fecha diciembre 19 de  2000, rad. 17844.   

4 Cfr.  entre otros, auto de fecha abril 30 de 2008 ,rad. 29530.   

5 Auto  de fecha 6 de junio de 2007, rad. 27386.    

6 Auto  de fecha junio 6 de 2007, rad. 27386.     

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