31151(08-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31151  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado    acta    N°    209   

Bogotá,  D. C., ocho (8) de julio de dos mil  nueve (2009).   

V    I    S   T   O  S   

La  Corte resuelve el recurso de apelación interpuesto por el defensor del  procesado   JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  en  contra  del  fallo  de primera instancia del 23 de octubre de  2008, proferido por el Tribunal Superior de Villavicencio.   

HECHOS  

La  señora Gloria Esperanza Velásquez Ortiz  denunció  ante  la  Fiscalía  General  de  la  Nación al doctor JAIRO ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  Juez  Promiscuo  del Circuito de San José del Guaviare, puesto  que  a través del fallo del 19 de diciembre de 2002, emitido dentro del proceso  adelantado  por  el  comportamiento  punible  de  rebelión  en  contra  de John  Alexander  Tobón  Rey,  radicado  bajo el No. 20020025600, le concedió rebajas  punitivas  por  sentencia  anticipada  y  confesión  -sin  que  se  dieran  los  presupuestos  para  ello-  las  cuales  fueron  revocadas  por  el  ad-quem.   Agregó   que  el  funcionario  judicial  fue  denunciado por el secretario de su despacho por haber recibido la  suma   de   $20.000.000   en   razón   a   la   decisión   adoptada  en  dicha  causa.     

La   investigación  determinó  que,  para  justificar  la rebaja por sentencia anticipada, el juez MOTAVITA JOYA, a través  de  determinación del 18 de octubre de 2002, admitió el decreto y práctica de  pruebas  solicitados  de  manera  extemporánea  por  la defensa en la audiencia  preparatoria.    

ANTECEDENTES PROCESALES  

La  denuncia  instaurada por Gloria Esperanza  Velásquez  Ortiz el 3 de noviembre de 2004, le permitió a la Fiscalía Segunda  de  la  Unidad  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  abrir  investigación    previa,  mediante  resolución del 19 de noviembre de 2004.  A su turno, la gestión  probatoria   realizada  en  dicha  etapa  procesal  justificó  la  apertura  de  formal   investigación  en  contra  de  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  a  través de resolución del 20 de mayo de 2005, por la conducta  punible   de   prevaricato   por   acción.    Fue  así  que  MOTAVITA  JOYA  fue vinculado a través de  indagatoria el 11 de julio de  2005.   

La investigación fue  clausurada el 26 de octubre de 2005, y el 23  de  noviembre  siguiente  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA fue afectado  con  resolución de acusación  “por  el delito de prevaricato por acción, descrito  en  el  artículo  413  del  Código  Penal, con la circunstancia de agravación  enunciada   en   el  artículo  414  Bis.”   La  anterior   determinación   fue   apelada   por  el  defensor  del  procesado  y  confirmada  por la Unidad de  Fiscalía  ante  la  Corte  Suprema  de Justicia en resolución del 27   de   febrero   de   2006.     

En  firme  la  resolución  de acusación, la  Secretaría  de  la Sala Penal del Tribunal Superior de Villavicencio corrió el  traslado  previsto  en  el  artículo  400  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000.  A través de  decisión  del  29  de  septiembre  de  2006, el Tribunal de Villavicencio fijó  fecha   para   la   celebración   de   la   audiencia  preparatoria,  diligencia  que  tuvo  lugar  el  13 de  febrero  de  2007.   En  ella  se  denegaron las pruebas solicitadas por el  defensor  del procesado, al tiempo que la Corporación se abstuvo de disponer de  manera  oficiosa  la  práctica  de  pruebas.  El defensor del acusado apeló la  decisión  del  Tribunal  que  denegó  la  práctica  de  pruebas,  la cual fue  confirmada por esta Sala en auto del 14 de marzo de 2007.   

La audiencia pública  de  juzgamiento se celebró el 12 de junio de 2007 y a  través  de  sentencia de primera instancia  del  23  de octubre de 2008, el Tribunal Superior de Villavicencio  condenó   a  JAIRO   ALCIDES   MOTAVITA   JOYA  a  las  penas  principales  de 59 meses de prisión, multa de  104  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el  ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas   por   un  lapso  de  102  meses,  como  autor  del  comportamiento  punible  de  prevaricato  por  acción  agravado    (artículos  413   y  415  del  Código  Penal), al tiempo que le concedió la prisión domiciliaria.   

El      procesado      apeló  la  decisión  condenatoria  y  su  defensor  sustentó el recurso  de manera oportuna.   

LA  IMPUGNACIÓN   

El defensor del procesado  MOTAVITA  JOYA   ofrece,  de  manera  principal, tres argumentos de censura:   

i)  A  través del primero explica que la decisión  del  funcionario  judicial,  por medio de la cual dispuso el decreto y práctica  de  los  testimonios  de Julio Jiménez Romero y Hernando Ríos, fue legal, pues  estuvo  rodeada  de  todas  las  garantías  y,  además, no fue objetada por la  fiscalía    ni    por   el   Ministerio   Público;    ii)  En  segundo lugar, señala que al conceder la rebaja por sentencia  anticipada  obró  en  error invencible, dado su desconocimiento e inexperiencia  en        temas       penales;       iii) Por último,  aduce  que la rebaja por confesión estuvo legalmente justificada, de manera que  si  el  fallador de segundo grado la revocó, ello no es más que una diferencia  de criterios, la cual no comporta responsabilidad penal.   

Por  todo lo anterior, el impugnante solicita  que  se  revoque  la  decisión  de  primer grado y, en su lugar, se absuelva al  procesado MOTAVITA JOYA.    

De manera subsidiaria, el recurrente solicita  se  redosifique  la  pena  de  prisión  por razón de la incongruencia entre la  acusación  y el fallo, así como la de multa por estimarla exagerada, al tiempo  que  pide  se aclare el monto de la  multa y se revoque la orden de captura  emitida por el Tribunal.   

El recurrente inicia por recordar que para el  fallador  de  primer  grado  la  ilegalidad  en  la  actuación  de JAIRO   ALCIDES   MOTAVITA   JOYA,  en  su  condición  de Juez Promiscuo del Circuito de San José del Guaviare, consistió  en  que  éste,  en el fallo proferido contra John Alexander Tobón Rey, omitió  la  agravación  del  delito  de  rebelión  de que trata el artículo 470-c del  Código  Penal  y le concedió, de manera indebida, las rebajas por confesión y  sentencia anticipada.   

i)  Enseguida,  el  recurrente  sostiene  que  los  testimonios  de Julio Jiménez Romero y Hernando  Ríos,  los  cuales justificaron la eliminación de la aludida agravante para el  punible  de  rebelión  y permitieron la rebaja por sentencia anticipada, fueron  decretados  en  la  audiencia preparatoria por el juez de la causa, a través de  decisión  que  fue notificada en estrados a la fiscalía y al representante del  Ministerio  Público,  quienes no la objetaron y, más aún, intervinieron en su  práctica en la audiencia pública.    

“De  esta  manera  –asegura      el  impugnante- el juez director de esa audiencia cumplió  los    principios   de   necesidad,   contradicción   y   publicidad   de   las  pruebas”,  según  lo  disponen  los artículos 232,  236,  237  y  238  de  la  Ley  600 de 2000, y actuó conforme la obligación de  investigar  tanto  la  favorable  como  lo  desfavorable  a  los  intereses  del  procesado.    

Agrega  que  las  pruebas  cuestionadas  no  eran  ilegales,  pues fueron decretadas por la fiscalía en la  etapa  de  instrucción,  fueron  pedidas  por  el  defensor  del  procesado  al  descorrer  el  traslado  del  artículo  400  de  la Ley 600 de 2000 y, además,  “porque  no fueron pruebas  reservadas,  o  decretadas  y  practicadas  a  puerta  cerrada,  sino  con pleno  conocimiento  de  todos  los sujetos procesales… en tales condiciones no puede  hablarse  jamás de ilegalidad en estos elementos probatorios”,   por   manera   que   –insiste-  eran  pruebas  idóneas  para excluir la imputación de la  causal de agravación del delito de rebelión.   

Aduce el impugnante que si  el  decreto  y práctica de tales testimonios, por parte del juez MOTAVITA JOYA,  fuese   ilegal,   entonces   tanto   el  fiscal  como  el  representante  de  la  Procuraduría   fueron   sus   cómplices,   pues   cohonestaron   la  irregular  decisión.   Critica  la  actitud  pasiva  de  estos  sujetos  procesales y  subraya  la  equivocación  del  Procurador  Judicial quien, al apelar el fallo,  pidió  la  revocatoria  de  la  condena,  cuando  en  realidad su inconformidad  radicaba    en    la    errónea    concesión   de   rebajas   punitivas.    

Aduce que como el fiscal y  el  procurador  avalaron la práctica de las declaraciones, ello permite afirmar  que  éstas  no  se  incorporaron  de manera ilegal, injustificada o sorpresiva,  motivo  por  cual  el sentenciador de primer grado se equivocó al excluirlas de  apreciación por ilegal aducción.   

El  apelante  admite  que  la  actuación del  MOTAVITA  JOYA,  al  conceder la rebaja punitiva de una tercera parte por razón  de  la sentencia anticipada (según el artículo 40 del Código de Procedimiento  Penal,    pudo  ser  “un  poco  equivocada  por  cuestiones  de interpretación”, pero -asegura-   “lo  hizo  plenamente convencido  de que podía  hacer  esa  rebaja  aún  sin  tratarse  de  un  procedimiento  abreviado,  sino  simplemente  como  culminación  del  procedimiento  ordinario y porque desde el  punto  de  vista  constitucional consideró que la rebaja de pena era procedente  sin  retrotraer  la  actuación a los estadios de la sentencia anticipada, y esa  fue   la   explicación   que   dio   el   Dr.  MOTAVITA  en  su  diligencia  de  indagatoria”.   

Fue  en  ese  aspecto  de  la  rebaja de pena  “donde el funcionario se equivocó de buena fe, pero  no  en  el  aspecto  del  juicio  de  reproche  penal,  porque  de todas maneras  impartió  condena  contra el guerrillero”, e insiste  en  que  la concesión de la rebaja “la hizo como una  forma  de  aplicación  de los principios de equidad e igualdad, y sin ánimo de  favorecer   al   ajusticiado”,   como  –según  dice  el  recurrente-  sí  lo  favoreció  el  Tribunal  de San Gil al resolver el recurso de apelación contra  le  fallo  de  primera instancia, puesto que le concedió al procesado la rebaja  por  trabajo  y estudio, lo que -unido a la demora para resolver el recurso- dio  lugar  a  la  libertad  provisional.   Dice  que  de  haber querido el juez  MOTAVITA  JOYA  favorecer al procesado, hubiera decretado una nulidad con el fin  de   obtener   la   libertad   provisional   por   razón   del  vencimiento  de  términos.   

ii) Por otra parte,  el  recurrente  sostiene  que  el  procesado  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA, al  conceder  la  rebaja del artículo 40 del Código de Procedimiento Penal sin que  mediara  una  petición  de  sentencia anticipada, obró en error invencible, lo  cual  lo  excluye  de  responsabilidad  penal.   En  apoyo  de  la anterior  afirmación,  explica  que  aquél  no  contaba  con especialización en derecho  penal,  ni  había  podido  asistir  a cursos de actualización y que, como juez  promiscuo,  debía  despachar asuntos del área civil y de familia, todo lo cual  lo condujo a interpretar erradamente la norma penal.   

iii) Por último, en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  indebida rebaja por confesión, el impugnante  manifiesta  que  el entonces procesado por rebelión, John Alexander Tobón Rey,  tenía  derecho  a  ella  puesto  que  desde  el  momento de su captura, la cual  –según  asegura-  no fue  producida  en  flagrancia,  admitió  pertenecer  al  grupo  subversivo  y dicha  manifestación,  junto  a  otros  elementos  de  juicio,  fue  el sustento de la  condena.   Y  si  para  conceder  la rebaja por confesión el juez MOTAVITA  JOYA  se equivocó, dicho error fue el producto de un criterio diferente, que no  entraña violación a la ley penal.   

De       manera       subsidiaria,   el  apelante  solicita  se  redosifique  la  pena  de  prisión,  toda  vez que la resolución de acusación  imputó  el  delito  de  rebelión, agravado por la circunstancia prevista en el  artículo  414b,  norma  que  no  existe  en  el  Código Penal; no obstante, el  fallador  de  primer grado la tomó como si se tratara de aquella prevista en el  415,  circunstancia  que viola el principio de congruencia entre la acusación y  el fallo.    

Respecto de la multa, pide que se redosifique  su  monto  por  estimar  que  es  exagerado,  pues, según dice, el procesado no  cuenta  con  trabajo,  y  solicita  al  sentenciador  de  segunda instancia haga  claridad  acerca de si su cuantía está fijada en salarios mínimos vigentes al  19 de diciembre de 2002.   

Para  terminar  la  petición  subsidiaria,  requiere  que se revoque la orden de captura proferida por el Tribunal en contra  de  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  toda  vez  que  a  éste se le concedió la  prisión  domiciliaria,  por  cuanto  siempre se mostró dispuesto a presentarse  ante la autoridad judicial.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Sea  lo primero  precisar  que  a  la  Sala  le  corresponde  desatar  el  recurso  de apelación  interpuesto,  de  acuerdo  con  la  competencia  que  le asigna el numeral 3 del  artículo  75  de  la Ley 600 de 2000, toda vez que la sentencia de primer grado  fue  proferida,  en  este  caso,  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  de  Villavicencio  como  fallador  de  primer grado, tal como lo prevé el numeral 2  del artículo 76 del mismo estatuto.   

2.   El   primer  argumento  del  apelante  consiste en que tanto el decreto de los testimonios de  Julio   Jiménez   Romero   y   Hernando  Ríos  en  la  audiencia  preparatoria  –los  cuales le sirvieron  al   Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  San  José  del  Guaviare  JAIRO  ALCIDES MOTAVITA JOYA para descartar  en  la sentencia la agravación de la conducta punible de rebelión-,  así  como  su  práctica  en la audiencia pública fueron legales, toda vez que ambos  actos    estuvieron    rodeados    de    las    garantías   de   publicidad   y  contradicción.   Además,  asegura  el  recurrente,  ni la fiscalía ni el  representante del Ministerio Público los objetaron.   

No  le asiste razón al impugnante en ninguno  de  los  planteamientos  que  propone,  pues  en primer lugar resulta desatinado  predicar  la  legalidad de la determinación de decreto y práctica de la prueba  testimonial  solamente  por  el hecho de que los sujetos procesales –fiscalía y Ministerio Público- no se  hubieren   pronunciado  al  respecto.   Recuérdese  que  el  director  del  proceso,  en  su  etapa  de la causa, no es otro que el juez de conocimiento; de  manera  que  es  él  –y no  los  sujetos  procesales-  a  quien corresponde decidir sobre la legalidad de la  actuación procesal.    

De  modo  que  si  el  fiscal y el procurador  judicial  ninguna  observación  hicieron  sobre  la  legalidad  del  decreto  y  práctica  de  la  prueba,  se  dirá  -a  lo  sumo- que su actuación no fue la  esperada,  mas  ello  no  los convierte en partícipes de la ilegalidad, como lo  pretende  el  recurrente,  menos  aún  su  silencio  convierte  en legal lo que  naturalmente no lo es.   

Ahora bien, el proceso permite observar que en  verdad  el  Juez  Promiscuo  del Circuito de San José del Guaviare JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA incurrió en  varias  ilegalidades  ostensibles  dentro del proceso que en su despachó cursó  contra   John   Alexander   Tobón   Rey,   por  el  comportamiento  punible  de  rebelión.    

2.1  La primera  de  ellas  aparece  cuando,  en  la  audiencia  preparatoria del juicio, el juez  MOTAVITA  JOYA, tras acceder  “a   lo   pedido   por   el   señor  defensor  del  procesado”  dispuso  la  práctica  de  los  testimonios  de  los aludidos Julio  Jiménez  Romero  y  Hernando  Ríos (fl. 59, cuaderno No. 2 del proceso seguido  por  rebelión  contra  John  Alexander  Tobón Rey), pruebas que el defensor de  Tobón  Rey  en realidad no pidió al descorrer el traslado del artículo 400 de  la Ley 600 de 2000.    

En   efecto,   véase  que  en  el  escrito  correspondiente  (fl.  11  cuaderno  No.  2  del  proceso contra Tobón Rey), el  abogado  solicitó al juzgado que practicara aquellas pruebas que, a través del  “auto” del 5 de junio de  2002  (sic),  la  fiscalía ordenó en la etapa de instrucción; no obstante, en  dicha  decisión (fl. 160 del c. No. 1 del proceso contra Tobón Rey), no existe  determinación  alguna  encaminada a practicar los testimonios de Julio Jiménez  Romero y Hernando Ríos.    

Así  las  cosas,  surge  nítido que el juez  MOTAVITA JOYA obró de manera  ilegal  al  disponer  la práctica de los testimonios aludidos, como si hubieran  sido  pedidos por el defensor de Tobón Rey, lo cual nunca ocurrió.    Sobre  este  punto  la actuación procesal es clara, sin que exista imprecisión  alguna  que  permita  inferir que el funcionario judicial, cuando menos, dispuso  la práctica de tales declaraciones de manera oficiosa.   

Por   lo   tanto,  si  el  decreto  de  las  declaraciones   de   Julio   Jiménez  Romero  y  Hernando  Ríos  adolecía  de  ostensibles  vicios  de  legalidad,  ninguna relevancia tiene que dichas pruebas  hubiesen   sido   practicadas   de   manera   pública,  bajo  el  principio  de  contradicción,  menos aún que la fiscalía y representante de la Procuraduría  participaran  interrogando  a  los  deponentes,  pues la intervención de dichos  sujetos  procesales  o  el  cumplimiento de las garantías aludidas –insiste  la Sala- no tenían la virtud  de normalizar la situación irregular.   

En  sustento  del  argumento  encaminado  a  justificar  la legalidad del decreto de los testimonios de Julio Jiménez Romero  y  Hernando  Ríos,  el  apelante  ofrece  otro  razonamiento, según el cual el  entonces   Juez   Promiscuo   del  Circuito  de  San  José  del  Guaviare   –al disponer la práctica  de   los  testimonios  cuestionados-  obró  en  cumplimiento  del  deber     de    investigar    tanto    lo    favorable    como    lo  desfavorable  al  procesado  Tobón  Rey.   Dicha  postura  no  puede  ser  de recibo, pues los principios orientadores del proceso  penal    –y   el   de  investigación  integral,  consagrado  en el artículo 20 de la Ley 600 de 2000,  no  es  la  excepción-  no  son absolutos, pues su aplicación debe respetar la  regulación   legal  que  establece  la  oportunidad  para  llevar  a  cabo  las  actuaciones     que     conforman     el     debido  proceso,   así  como  ceder  ante  otros  principios  orientadores  de  igual  relevancia tales como el de lealtad procesal e igualdad  de  armas,  los  cuales evidentemente se ven vulnerados cuando el director de la  causa,  arrogándose  la  carga  que le corresponde al sujeto procesal defensor,  pretende  suplantarlo  en  su  rol  defensivo, con el fin de buscar un beneficio  indebido.    

2.2 Por otra parte,  en  lo  relativo  a  la  rebaja punitiva por sentencia  anticipada,  ninguna duda cabe en cuanto que ésta fue  indebidamente  deducida  en  la sentencia, toda vez que en realidad –tal  como  la  defensa  lo admite y de  manera  clara  lo  deja  ver la actuación procesal- no existió una aceptación  por  parte  del  entonces  procesado  John  Alexander  Tobón  Rey  respecto del  comportamiento  punible  que  en  su  momento  le  imputó  la  fiscalía.    

Así lo plasmó la fiscalía en la resolución  de  acusación  del  25  de  julio  de  2002,  al  señalar que: “para  el  día  2  de  mayo  de  2002 el aquí sindicado solicita el  trámite  del artículo 40 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000),  y  es  así como se adelanta diligencia de formulación de cargos para sentencia  anticipada  y  ante  los  cargos  que  hace  esta  Fiscalía  de  rebelión, con  circunstancias  de  agravación  punitiva,  el  señor  Tobón Rey no aceptó el  cargo”.   

Ahora  bien,  que  el  procesado MOTAVITA   JOYA   sostenga   un  supuesto  error  invencible al conceder  la   rebaja   punitiva   por   sentencia   anticipada,   en  la  medida  en  que  “lo  hizo  plenamente convencido  de que podía  hacer  esa  rebaja  aún  sin  tratarse  de  un  procedimiento  abreviado,  sino  simplemente  como  culminación  del  procedimiento  ordinario y porque desde el  punto  de  vista  constitucional consideró que la rebaja de pena era procedente  sin    retrotraer    la    actuación   a   los   estadios   de   la   sentencia  anticipada”, no es más que una exculpación carente  de   contenido,   pues   la   Sala  -por  más  que  trate  de  flexibilizar  la  interpretación  de  las  normas  legales y de los mandatos constitucionales- no  entiende  de  qué  manera  cabe  la  tesis  que trae el ex funcionario judicial  procesado,   quien   para  sustentar  su  increíble  explicación  no  trae  un  antecedente  jurisprudencial,  una  posición  doctrinaria o una interpretación  legal  razonable,  menos  aún  proveniente  del  derecho comparado, que parezca  medianamente   justificativa   de  las  “situaciones  patéticamente  ilegales”,  como  las  calificó  la  fiscalía acusadora.   

Y aún cuando es cierto que la Sala, a través  de  abundante  jurisprudencia, se ha ocupado del tema de la sentencia anticipada  de  que trata el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, también lo es que nunca ha  admitido  –como no podría  hacerlo,  sin  desconocer  la  naturaleza  de esa institución jurídica- que la  rebaja  punitiva  que  ésta acarrea pueda tener lugar en casos en los cuales no  existe  una  aceptación  por  el  investigado o enjuiciado de los cargos que le  formula la fiscalía.    

Podrán  ser  materia  de  discusión  otros  diversos  aspectos  relativos a la figura de la rebaja por sentencia anticipada,  pero  lo  que  de  ninguna  manera  ofrece duda o interpretación distinta es el  requisito  de  la  existencia de una aceptación por el investigado o enjuiciado  de los cargos formulados por el acusador.   

En este punto del razonamiento de la Sala, es  menester  entrar  a  detallar cuál fue el argumento del entonces Juez Promiscuo  del  Circuito  de San José del Guaviare, JAIRO ALCIDES  MOTAVITA   JOYA,  para  conceder  la  rebaja  punitiva  censurada:   El  funcionario  judicial  sostuvo  en  la sentencia del 19 de  diciembre  de  2002,  proferida  dentro  de  proceso  en  el  cual se produjo el  prevaricato  que  aquí  se le recrimina, que como John Alexander Tobón Rey, en  la  etapa  de  instrucción,  aceptó  la  incriminación  por  rebelión, misma  conducta  que motivó su condena en primera instancia, entonces cabía la rebaja  de  la  tercera  parte de que trata el artículo 40 de la Ley 600 de 2000.    

La  anterior  tesis es del todo insostenible,  pues  nada  más  el  tenor  literal de la norma permite comprender, sin mayores  interpretaciones,  que  la  rebaja es procedente cuando el investigado acepta el  cargo  que le imputa “el fiscal General de la Nación  o   su  delegado”  a  partir  de  la  diligencia  de  indagatoria  y hasta antes de que quede ejecutoriada la resolución de cierre de  investigación,  o bien aquél que se le endilga al enjuiciado en la resolución  de  acusación.   Y  en  este  caso  surge de bulto que la fiscalía, tanto  durante  la  etapa  de  instrucción  como  en la resolución de acusación, fue  insistente  en  imputar  en  todo momento el comportamiento punible de rebelión  agravada,  el cual nunca aceptó el procesado John Alexander Tobón Rey, como el  mismo  Juez  Promiscuo del Circuito de San José del Guaviare lo admitió.    

No  se entiende, entonces, de dónde surge la  tesis     del    funcionario    judicial    MOTAVITA  JOYA,  según la cual la rebaja del artículo 40 de la  Ley  600  de  2000 es procedente cuando el investigado o procesado acepta, no el  comportamiento  punible  que  le  imputa  la  fiscalía  en  la  resolución  de  acusación  o  antes  del  cierre  de investigación, sino aquél por el cual en  últimas es condenado por el juez.    

Y  llama  la  atención  que hubiese sido ese  mismo  juez  quien, dentro de la actuación surtida ante su despacho, negara una  nulidad  fundado  precisamente  en  no  existir los presupuestos de la sentencia  anticipada,  lo  cual  permite  inferir  que  el  funcionario no desconocía los  requisitos  legalmente previstos para conceder la rebaja punitiva por razón del  artículo 40 de la Ley 600 de 2000.    

De manera que la tesis a través de la cual el  procesado   pretende   hacer  ver  la  legalidad  de  la  rebaja  por  sentencia  anticipada,  no  puede  ser  el  producto  de  una interpretación diferente del  contenido  o la teleología de la norma, ya que su literalidad es clara, sino de  una  maniobra  por  completo  ajena  a  los  fines del derecho, y encaminada -de  manera   deliberada-   a   desconocer   el   deber   de  la  recta  e  imparcial  administración de justicia.    

Es  así  que  la  exculpación que ofrece el  entonces  Juez  Promiscuo  del Circuito de San José del Guaviare según la cual  su  ignorancia  en  asuntos  penales lo mantuvo en un error invencible que, a su  vez,  lo  condujo  a  conceder  la  rebaja por sentencia anticipada resulta casi  temeraria,  además porque es ostensible que la prueba que obra en la actuación  descarta  de  plano semejante desconocimiento de las normas penales, pues véase  cómo  las  diversas decisiones adoptadas durante la audiencia preparatoria (fl.  52-60,  c.  No.  2  de  la actuación contra John Alexander Tobón Rey) permiten  inferir      una     comprensión     razonable     de     las     instituciones  jurídico-procesales.    

2.3  En lo que  tiene  que  ver  con  la concesión de la rebaja por razón de la confesión, la  Sala  observa que, una vez más, el Juez Promiscuo del Circuito de San José del  Guaviare  insistió  en  desconocer de manera grosera el contenido de las normas  procesales que claramente regulan  la materia.    

Véase  que,  conforme el artículo 283 de la  Ley  600  de  2000,  la  rebaja  punitiva  por  razón  de  la  confesión opera  “fuera   de  los  casos  de  flagrancia”,   cuando  el  investigado  admite  en  su  primera  indagatoria  “su autoría o participación en la conducta punible  que  se  investiga”,  y  siempre que “dicha  confesión  fuere  el  fundamento de la sentencia”.   

Ninguno  de los tres presupuestos mencionados  se  cumplía  en  el  caso  que  se  tramitó en contra de John Alexander Tobón  Rey:   

a) En primer lugar,  la  conducta  punible  investigada  a  lo  largo de toda la actuación fue la de  rebelión  agravada  -tal  como se le imputó en la indagatoria, en la audiencia  para  sentencia  anticipada   y  en la resolución de acusación- cargo que  nunca fue reconocido por aquél.   

b)   En  segundo  término,  la  captura  del  procesado Tobón Rey se produjo en flagrancia, toda  vez  que  tal  como  se desprende del informe de la Brigada Móvil No. 7 que dio  origen  a  la  investigación,  la  aprehensión  tuvo lugar con ocasión de los  combates  que  tuvieron  lugar  con  la  guerrilla  de  las  FARC  dentro  de la  denominada   ‘Operación  Resplandor’, es decir, en  momentos  en  que  el  entonces  investigado  ejercía actividades propias de la  rebelión.   

Además, según lo reconoció el mismo Tobón  Rey  en  su  indagatoria,  al  momento  de su aprehensión militaba en el citado  grupo  guerrillero –lo cual  permite,  una  vez  más, predicar la flagrancia, pues el delito de rebelión es  de           ejecución          permanente1-  y  se  encontraba cumpliendo  funciones     propias     de    esa    militancia2,     en    particular    el  reconocimiento  de  los  pobladores ubicados en el lugar de influencia del grupo  armado.   Así  mismo,  tal  como  lo admitió el capturado, en ese momento  portaba  la  suma  de $1.500.000, dinero que le fue entregado por otros miembros  de  la  guerrilla  y  estaba  destinado  al sostenimiento del grupo, tal como lo  refirieron   algunos  de  los  presuntos  insurgentes  capturados  en  la  misma  operación.    

Todo lo anterior permite inferir a las claras  que  John  Alexander  Tobón Rey fue capturado en flagrancia, pues se encontraba  realizando  actividades  propias  del  comportamiento  punible  de  rebelión y,  además,  portaba  elementos que así lo indicaban.  Dichas circunstancias,  admitidas  por  el  mismo  Tobón Rey, eran más que suficientes para impedir la  concesión de la rebaja punitiva por razón de la confesión.   

c) Por último, surge  más  que  evidente  que  el  dicho  de  Tobón  Rey  sobre  su pertenencia a la  guerrilla,  aunque  en  verdad se tuvo en cuenta en el fallo de primer grado, no  fue  el fundamento de la decisión condenatoria, pues basta revisar la decisión  para  concluir  en que el juicio de responsabilidad fue el resultado de apreciar  numerosas  pruebas, entre ellas el informe del 18 de marzo de 2002 del Batallón  de  Contraguerrilla  No.  64,  Compañía  “A”  del  Ejército  Nacional, el  testimonio    del    Coronel    Jairo    Rodríguez    Sarmiento    –apoyado  en  informes  de inteligencia  allegados  a  la actuación-, la declaración de los presuntos subversivos Isaac  Castañeda  Pachón,  Nelson  Peña  Barrera,  Alberto  Augusto Ríos Marulanda,  José  Domingo  León Silva y Jairo Lozada Serrato, quienes fueron capturados en  la misma operación militar.     

Solamente  en  último  lugar,  el  fallo  de  primera   instancia  en  contra  de  Tobón  Rey  menciona  que  “por  la misma confesión hecha por el encausado éste ciertamente es  miembro  del  grupo subversivo de las FARC” (fl. 105,  c.  No.  2  del proceso contra John Alexander Tobón Rey), expresión que, vista  en  el  contexto  de  la decisión y según su sentido natural y lógico, indica  que  el  reconocimiento  del  entonces  procesado  sobre  su  pertenencia  a  la  guerrilla  no  hacía  más que corroborar un hecho que ya se había determinado  con certeza a partir de los demás elementos de juicio.   

En  conclusión,  la  concesión de la rebaja  punitiva  de  que  trata  el  artículo  283  de  la Ley 600 de 2000 a favor del  entonces  procesado John Alexander Tobón Rey  que en su momento dispusiera  el   Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  San  José  del  Guaviare  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA JOYA, también fue  ilegal,  toda  vez  que,  de  manera  ostensible,  por  parte  alguna el proceso  permitía   dar  por  acreditados  los  supuestos  necesarios  para  ello.    

2.4  Ahora bien:  aún  cuando  las  circunstancias  que  han sido objeto del análisis precedente  (esto  es,  la  ilegalidad  de la aducción de los testimonios de Julio Jiménez  Romero  y  Hernando Ríos; la concesión de la rebaja del artículo 40 de la Ley  600  de  2000 sin que existiera el reconocimiento de los cargos imputados por la  fiscalía  y  la  indebida rebaja punitiva por confesión) pudieran –en  gracia  de  discusión,  y  no sin  enorme   dificultad-   interpretarse  como  meras  diferencias  en  el  criterio  jurídico  del  a-quo  y  el  ad-quem, semejante hipótesis  tampoco  tendría cabida, puesto que es necesario contrastar las irregularidades  reseñadas con otras circunstancias acreditadas en el proceso.   

Es  así  que,  al  lado  de  las  anteriores  consideraciones,  debe  tenerse en cuenta que, tal como lo admitió el procesado  MOTAVITA JOYA en la audiencia  del  juicio  (fl.  67-68, c.o. 2), en la audiencia preparatoria realizada dentro  del  juicio  por  rebelión  contra  Tobón  Rey  se  le hizo un ofrecimiento de  $20.000.000  para dejar al entonces acusado en libertad, hecho que extrañamente  no  denunció  ante  las  autoridades  y  que, como se ha precisado, fue seguido  –no  de  manera  casual o  inadvertida-  de  la emisión de la cuestionada decisión de decreto y práctica  de  pruebas  encaminadas  a  derruir  la agravante del comportamiento punible de  rebelión, y de allí a beneficiar al aludido guerrillero.   

De  manera  que  el argumento del apelante, a  través  del  cual,  en  últimas,  pretende  presentar  el  comportamiento  del  entonces  Juez  Promiscuo  del  Circuito  de San José del Guaviare JAIRO  ALCIDES MOTAVITA JOYA, como el de un  servidor  público que incurre en un error insuperable, o bien que cuenta con un  criterio  jurídico  diferente al de sus superiores jerárquicos, no es más que  un  razonamiento encaminado a dar apariencia de legalidad a un trámite judicial  que  natural  y  ostensiblemente  no la tuvo, toda vez que la expedición de las  decisiones  antes  detalladas  por  parte  del  funcionario  judicial fue clara,  ostensible   y   “manifiestamente  contrario  a  la  ley”, como lo establece el artículo 413 del Código  Penal que describe la conducta punible de prevaricato por acción.   

Respecto  de lo anterior, dígase que en este  caso  no  se  advierte  por  parte  alguna ese margen de error que eventualmente  puede  otorgar  la  posibilidad  de  interpretación de la norma, en razón a su  complejidad,  oscuridad  o  indeterminación,  las  cuales  impiden  predicar la  materialidad  de  la  conducta,  tal  como  de  tiempo  atrás lo ha admitido la  jurisprudencia de la Sala y aquí lo reitera una vez más:   

“[E]s cierto que  es  función del juez interpretar la ley, y que si en el cumplimiento honesto de  esa  actividad  constitucional  a su cargo se equivoca o decide en detrimento de  derecho  ajeno,  no  incurre en prevaricato ni comete otro delito, especialmente  cuando  la  complejidad  del  texto  examinado, o su confusa redacción, admiten  interpretaciones  discordantes.  Pero cuando el sentido literal de la norma  y   su   concreta  finalidad  son  suficientemente  claros  y  pese  a  ello  se  distorsionan  dándoles  un  alcance  que  no  pueden  tener, cuando esa torcida  interpretación  no  se explica por ignorancia o por errónea asimilación de su  contenido   y  cuando  además  ella  se  concreta  en  decisión  que  conculca  indebidamente  derechos legítimos, entonces tendrá que reconocerse que una tal  providencia   sería   manifiestamente  ilegal,  y  por  ende,  demostrativa  de  prevaricato.”3    

Pero dicha hipótesis no fue la que aquí tuvo  lugar,  pues  como  ha  quedado  precisado, el sentido de la norma indebidamente  aplicada  es  lo  suficientemente  claro,  de  manera  que  dentro del margen de  interpretación  a  que  eventualmente  podría dar lugar su contenido, no puede  admitirse  aquella  interpretación que, con el fin de beneficiar ilegalmente al  entonces procesado, adujo en su momento en el juez MOTAVITA JOYA.   

De   manera   que   desde   los  anteriores  razonamientos,  quedan  más  que  acreditados los elementos que materializan el  comportamiento  punible  de  prevaricato por acción, tal como la jurisprudencia  de la Sala los ha detallado de manera reiterada:   

“Para  que  se  tipifique  el delito de prevaricato por acción es necesario que la resolución,  el   dictamen   o   el   concepto   que   profiera  el  servidor  público  sean  manifiestamente  contrarios a la ley.  Es como el legislador ha descrito la  conducta  en el artículo 149 del decreto 100 de 1980, en el 28 de la ley 190 de  1995  y  en  el  413 del Código Penal vigente.   No configura el tipo  penal,  entonces,  cualquier error en el cual incurra el funcionario sino que se  requiere  que  entre  lo  que  decidió,  dictaminó o conceptuó, y la ley o el  derecho  aplicable,  se  presente  una  contradicción ostensible.  Así el  juicio  de  tipicidad  queda  completo.  El de culpabilidad, para que pueda  atribuirse  el delito y cuando ya se ha determinado que no puede justificarse la  conducta,  requiere  que el acto del servidor público evidentemente contrario a  la  ley  ha  sido determinado por su ánimo consciente y voluntario de violarla,  con     independencia     del     motivo     que     lo    impulsó.”4   

Así,  con  fundamento  en  los  anteriores  razonamientos,  la  Corte,  como sentenciador de segunda instancia, no  revocará  la decisión apelada, en lo  que   tiene   que   ver   con  la  responsabilidad  del  procesado  JAIRO   ALCIDES   MOTAVITA   JOYA  por  el  comportamiento punible de prevaricato por acción.   

3.   A   través   de   sendos  reparos  subsidiarios,  el   impugnante   sostiene  que:   a)     es     menester     redosificar    la   pena    de    prisión,    toda    vez    que   la  resolución  de  acusación  imputó  el  delito  de  rebelión, agravado por la  circunstancia   prevista  en  el  artículo 414b, norma que no existe en el  Código   Penal;   no  obstante  lo  anterior,  el  fallador   de   primer   grado   la  tomó   como   si     fuera     aquella     prevista    en    el   artículo    415,    circunstancia   que    viola   el   principio       de      congruencia      entre      la   acusación        y       el       fallo;       b)    la     pena     de   multa    debe   redosificarse   puesto   que   su   monto     es   exagerado;    c)     el     sentenciador     de    segunda   instancia   debe   preciar   si   la multa  está   dada   en  salarios  mínimos  legales  mensuales   vigentes    de   la   época   de   los   hechos;   d)      es   improcedente    la    determinación    de  orden   de   captura   en   contra   del   sentenciado,   pues   el   fallo   le   concedió la  prisión  domiciliaria.   

La  Corporación entra a analizar cada uno de  estos reparos:   

3.1  En cuanto a  la  censura  por incongruencia entre la acusación y el  fallo, la Corte desde ya anticipa su conclusión en el  sentido    de    que    le    asiste    razón    al  apelante,  pues  el  desacierto pregonado es evidente,  tal como enseguida se demuestra:   

El Tribunal, en su condición de sentenciador  de   primer   grado,   dedujo,   en   perjuicio   del   procesado   JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  la causal  específica  de agravación prevista para el comportamiento punible de rebelión  de  que  trata  el artículo 415 del Código Penal (fl. 113, c.o. 2)5, toda vez que  la  actuación  judicial  sobre la que recayó el prevaricato se tramitó por el  delito  de  rebelión,  una de los comportamientos punibles que detalla la norma  como   presupuesto   para   que   opere   el  incremento  punitivo.   Dicha  determinación  la argumento el Tribunal de la siguiente manera: “Sin  embargo,  al ser una conducta agravada por el artículo 415 del  Código     Penal,     los     límites     punitivos     varían…”    

No  obstante  lo anterior, la Corte encuentra  que   en   la   resolución  de  acusación  no  existe  una  clara  imputación  –ni fáctica ni jurídica-  de  la  reseñada  agravación punitiva, por razón de la circunstancia descrita  en el artículo 415 de la Ley 599 de 2000.    

En  efecto,  la  resolución de acusación en  contra   del   investigado  MOTAVITA  JOYA,  al  delimitar  la  imputación  jurídica, menciona lo siguiente:  “se  proferirá  resolución de acusación en contra  del  doctor  JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA,  por  el  delito de prevaricato por  acción,  descrito  en  el artículo 413 del Código Penal, con la circunstancia  de  agravación  enunciada  en el art. 414 Bis.” (fl.  259, c.o. 1).   

A las claras surge más que nítido que allí  existe  una  grave  imprecisión en la imputación jurídica, pues en la Ley 599  de  2000  no  existe  ni  ha  existido el artículo 414  Bis,  ni  se  encuentra  elemento de juicio alguno que  permita  comprender  a cuál circunstancia de agravación quiso hacer referencia  el  acusador.   Respecto  de  esto  último,  véase que el Tribunal, en el  fallo  de primera instancia, asumió que la causal de agravación imputada en la  acusación  era  la señalada en el artículo 415 del Código Penal, no obstante  por   parte   alguna   aparece   un   razonamiento   encaminado  a  resolver  la  inconsistencia  que  claramente  surge  con  la  resolución  de  acusación que  imputó  un  inexistente  artículo  414Bis6,   lo  cual  permite  afirmar  que la causal de agravación mencionada en la sentencia carece  de un sustento normativo y fáctico.   

Por  otra  parte,  aunque  es  cierto  que la  resolución  de  acusación  precisa en varios de sus apartes (fl. 245, 249, 251  del  c.o.  No.  2) que el proceso dentro del cual ocurrieron las irregularidades  investigadas  se siguió por la conducta punible de rebelión agravada, también  lo  es que por parte alguna dicha pieza procesal le pone de presente al entonces  investigado   que  esa  circunstancia,  en  el  evento  de  fallo  condenatorio,  constituirá  un  motivo  de incremento punitivo, frente al cual podría ejercer  el  derecho  de  defensa  en  la  etapa  del  juicio7.    La  ausencia  de  un  razonamiento  que hubiese hecho precisión sobre lo anterior permite afirmar que  tampoco existe una clara imputación fáctica de la agravación.   

En   otras   palabras,  la  resolución  de  acusación   imputa   una   circunstancia  de  agravación  para  el  delito  de  prevaricato  por  acción  sobre  una norma que no existe, y tampoco señala las  circunstancias  de  hecho  sobre las que se apoya dicha agravación.    Dichas   inconsistencias   conducen   a  afirmar   que  no  hay  una  clara  imputación  fáctica  ni  jurídica.  Y, como de antaño lo tiene dicho la  Corporación,  para que el sentenciador pueda deducir un incremento punitivo con  fundamento  en  las  circunstancias  genéricas  o  específicas  de agravación  punitiva,  éstas deben aparecen claramente señaladas en el pliego de cargos, a  tal  punto  que  no  albergue  duda  su  imputación.   Dicha  tesis  la ha  reiterado de la siguiente manera:    

“En efecto, como  lo  tiene  establecido  la  Sala,  las circunstancias de mayor punibilidad sólo  pueden  ser  consideradas  por el juez en la sentencia como factor de aumento de  la  sanción cuando ellas han integrado la imputación, bien sea la estructurada  en  la  resolución  de acusación, frente al procedimiento normal, o en el acta  de  formulación  de  cargos,  cuando  la  actuación se encauza por el trámite  abreviado  de  la  sentencia anticipada. Al respecto señaló recientemente esta  célula judicial:   

“b) Si bien tradicionalmente para la Sala  bastaba  con  el  planteamiento  fáctico  de  la  investidura  para  deducir la  agravante,  en  decisión  del  23  de septiembre del año en curso (radicación  número  16.320)  amplió  su criterio y a partir de allí comenzó a exigir que  en  la  resolución acusatoria tanto la imputación del delito o de los delitos,  como   toda  causal  de  agravación  –genérica  y  específica-  debía  ser  determinada  diáfanamente  desde  el  punto  de  vista  fáctico  y  desde  el  punto de vista jurídico”  (Septiembre    29    de    2003.    Rad.    Única   inst.   19734).”8   

El  perjuicio  ocasionado  al  procesado  fue  evidente,  por  cuanto  le  significó  una  pena  de  prisión  superior  a  la  legalmente  permitida.  La  anterior conclusión surge sin dificultad al revisar  el  fallo de primer grado, pues en éste aparece que al deducir indebidamente la  causal  de agravación, el sentenciador incrementó en 8 meses la extensión del  primer  cuarto  de  movilidad  punitiva y fijó la pena en el límite máximo de  ese  cuarto.  De manera que de no haber mediado el yerro, la pena privativa  de la libertad hubiese sido inferior en  -al menos- 8 meses.   

Por  lo  tanto, la Corte, en su condición de  fallador  de  segundo  grado,   habrá  de revocar  parcialmente  la  sentencia  de  primera  instancia  y  redosificar    la   pena   de   prisión,  como  consecuencia del yerro en su tasación.  Así, como se  advierte  que  el  Tribunal  fijó de manera acertada los límites punitivos del  primer  cuarto  de  movilidad  en  aquella  parte  que no involucra la causal de  agravación,  la  Sala –por  encontrarlos  ajustados-respetará  los  criterios  de  individualización de la  pena    privativa    de    la    libertad   señalados   por   el   a-quo   y   la  fijará    definitivamente    en   cincuenta   y   un   (51)   meses.   

3.2  En lo que  se   refiere   a  la  inconformidad  del  apelante  respecto  de  la  pena  de  multa,  cuyo monto califica de  exagerado,  la  Corte  advierte  que  el  aserto  del  recurrente  no pasa de la  mención  del  reparo sin ofrecer un sustento serio y, además, carece de prueba  dentro del proceso.    

Por  el  contrario,  lo  que  la  actuación  procesal  demuestra  es  que  con  posterioridad  a  los hechos investigados, el  procesado   JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA  mantuvo  permanentemente  una actividad laboral.  Así consta  en  la  audiencia pública de juzgamiento, en la cual el Tribunal inquirió así  al procesado:   

“Doctor Motavita,  desde  la  época  en que usted fue Juez Promiscuo del Circuito de San José del  Guaviare  hasta  la  fecha  ,  a  qué  se ha dedicado?  CONTESTÓ:  Vengo trabajando desde esa época  de  desvinculación  del  Tribunal  de  Villavicencio,  con  el Tribunal Superior de  Yopal  en  el  cargo primeramente de durante tres años y últimamente como Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  Paz  de Ariporo”.    

Adicionalmente,  en su diligencia de versión  libre,   el   procesado   MOTAVITA   JOYA,  admitió ser propietario de una motocicleta y devengar un salario  de $2.600.000., como Juez Promiscuo Municipal de Maní.    

Por otra parte, no debe perderse de vista que  la  corrupción  en  el ejercicio de la función pública, más específicamente  en  la administración de justicia penal, resulta ser un factor desestabilizador  de  las democracias modernas, más aún en momentos en que el Estado y las ramas  del  Poder Público se empeñan en superar una crónica situación de impunidad,  a  través  del reconocimiento especial a las víctimas y a la sociedad  de  los  derechos  de verdad, justicia y reparación; es así que, como lo expresara  la    Corte   en   anterior   oportunidad,   al   ejercer   como   fallador   de  instancia9,  “las  instituciones colombianas basan  su  legitimidad  en  el respeto absoluto a la legalidad imperante, razón por la  cual  las  manifestaciones  delincuenciales  deben  ser reprimidas y sancionadas  ejemplarmente    en    los    términos    establecidos    en    los   estatutos  penales”, concepción del ejercicio ético del deber  de  administración  justicia  que  el  procesado JAIRO  ALCIDES MOTAVITA JOYA desconoció.   

Todo ello permite estructurar los presupuestos  de  que trata el numeral 3 del artículo 39 del Código Penal de 2000 para fijar  –o  mejor,  mantener-  el  monto  de  la  pena de multa en la cuantía equivalente de 104 salarios mínimos  legales    mensuales    vigentes   para   el   año  2002¸  aclaración  que  solicita el impugnante en el  recurso  de  alzada,  y  que  encuentra  respaldo  en  los  precedentes  de esta  Corporación     10.   

No sobra advertir que la jurisprudencia de la  Corte  ha  establecido que el monto de la pena de multa no se fija a través del  sistema   de  cuartos  punitivos,  tal  como  el  que  la  ley  ha  fijado  para  individualizar   la  sanción  privativa  de  la  libertad,  sino  conforme  los  criterios   que   consagra  el  artículo  39-3  del  Código  Penal11.   No  obstante   que   el  ad-quem  desconoció  lo  anterior,  ello no incide en el monto de la pena de multa, pues  –como ya se advirtió- los  criterios  del  artículo  39-3 de la Ley 599 de 2000 aplicados al presente caso  permiten mantener inmodificada la sanción pecuniaria.   

3.3    Por  último,  la  Sala  encuentra  que  le asiste razón al apelante para objetar la  decisión  del  sentenciador  de  primer  grado  en  el  sentido  de disponer la  captura  del  condenado, una  vez en firme la sentencia.   

Véase  que  en  la  sentencia  apelada  el  a-quo dispuso la captura del  condenado  MOTAVITA  JOYA, en  los  siguientes  términos:  “una  vez  en  firme la  presente,  díctese  en  su contra orden de captura para que se haga efectiva la  pena”.    

No  obstante  lo  anterior,  en  el  párrafo  inmediatamente    anterior   le   concedió   al   condenado   la   prisión   domiciliaria:  “atendiendo  que  se  cumple  con el factor objetivo consagrado en el  artículo  38  del  Código Penal, e igualmente que se considera que estando por  fuera  de  su cargo de juez, pero en caso de que aún lo desempeñe en cualquier  parte  del  país, no colocará en peligro a la comunidad, como tampoco evadirá  el  cumplimiento  de  la  pena, pues se ha hecho presente dentro del proceso sin  dificultad  alguna  (…)  se  le  sustituirá  la  prisión  intramuros  por la  domiciliaria,  caucionada  con 10 salarios mínimos legales mensuales vigentes y  suscripción  de  acta  de  compromiso, conforme al numeral 3º del artículo 38  ejusdem”.   

Así  las  cosas,  resulta  manifiestamente  inconsecuente  haber dispuesto la orden de captura en contra del condenado si al  mismo  tiempo  se  le  otorgó  la  prisión domiciliaria, motivo por el cual la  Corte,    como   fallador   de   instancia,   procederá   a   la   revocación  de  dicha  determinación,  a  efecto  de  que  se  haga  efectiva  la  sustitución  punitiva reconocida en la  sentencia.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO:  REVOCAR  PARCIALMENTE  EL  FALLO  RECURRIDO.   En  consecuencia  se  fija  la  pena  principal  de  prisión  en  contra del procesado JAIRO  ALCIDES  MOTAVITA  JOYA  en cincuenta y un (51 meses),  como  autor  del  comportamiento punible de prevaricato por acción.    

SEGUNDO: REVOCAR la  orden    de   captura   impartida   en   contra   del   condenado   MOTAVITA  JOYA por el Tribunal Superior de  Villavicencio.   

TERCERO:     ACLARAR   que  la  pena  de  multa  está  determinada  en salarios mínimos  legales mensuales vigentes para el año de 2002.   

CUARTO: CONFIRMAR en  todo lo demás la sentencia recurrida.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

                                                                                                                                                    PERMISO   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No. 20005   

2  Al  ser  preguntado  por  sus  funciones  dentro  del  grupo insurgente, el indagado  Tobón   Rey   expresó   en   su   indagatoria  lo  siguiente:  “pues  la  captura  fue  en  el primer frente y yo pertenecía a ese  frente,  mis  funciones  pues  eran por las cuales yo  pues  andábamos  por  ahí y recorríamos, pues ultimadamente yo andaba por esa  parte  de  La Libertad, y mi función era charlar con la gente de una manera que  dándoles  a conocer que éramos nosotros;” (subraya fuera del texto)    

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 16 de agosto de 1983.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia del 3 de septiembre de 2002, radicación No. 15513.   

5  “ARTICULO     415.  CIRCUNSTANCIA   DE  AGRAVACION  PUNITIVA.  Las  penas  establecidas  en  los  artículos anteriores se aumentarán hasta en una tercera  parte   cuando   las   conductas   se   realicen  en  actuaciones  judiciales  o  administrativas  que  se adelanten por delitos de genocidio, homicidio, tortura,  desplazamiento  forzado,  desaparición forzada, secuestro, secuestro extorsivo,  extorsión,  rebelión,  terrorismo,  concierto  para  delinquir, narcotráfico,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos,  o  cualquiera de las conductas  contempladas en el título II de este Libro.”   

6  El  artículo  414  del  Código  Penal  describe  el tipo penal del prevaricato por  omisión,  de  manera que aún cuando existiese un artículo con la nomenclatura  414Bis  habría  de  hacer  referencia  al prevaricato por omisión, razón de más que impide asimilar, sin  más,  el  inexistente  artículo  414Bis al 415 de la Ley 599 de 2000.    

7  Tampoco  la  intervención  de  la  fiscalía  en  la  audiencia  pública  de  juzgamiento  permite  aclarar la imputación fáctica o  jurídica,  pues se limitó a mencionar el comportamiento punible de prevaricato  por acción (fl. 73, c.o. No. 2).   

8  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   de  16  de  octubre  de  2003,  radicación  No.  19743.   

9  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  de  única  instancia  de  26  de  junio  de  2008,  radicación  No.  22453.   

10  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  de  única  instancia  de  26  de  junio  de  2008,  radicación  No.  22453   

11  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  de  segunda  instancia  del  21  de  marzo  de  2007, radicación No.  26129.     

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