31128(13-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31128  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 138.   

Bogotá, D. C., trece (13) de mayo de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación  respecto  de  la demanda de casación presentada por el  defensor  de  ÉLBER  ELÍAS CHAGUI SPATT contra  la  sentencia  del  22  de abril de 2008 mediante la cual el  Tribunal  Superior de Montería, al revocar el fallo absolutorio proferido el 19  de  diciembre  de 2007 por el Juzgado Penal del Circuito de Cereté, condenó al  mencionado  procesado  a  la  pena  principal  de  prisión  de  24 meses y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  como  responsable  del delito de homicidio  culposo.   

HECHOS  

          El  16  de  agosto  de  2003  ÉLBER ELÍAS  CHAGUI  SPATH  se  dirigió a la cancha de fútbol del  barrio  Cañito  de  Cereté en el vehículo marca Mitsubishi de placas QEE 292,  dejándolo  estacionado en dicho sitio por unos momentos. Minutos después quiso  abandonar  el  lugar,  para  lo cual encendió el automotor y dio marcha atrás,  instante  en  que  golpeó  en  la  cabeza al menor de tres (3) años de edad de  nombre   J.   D.  C.  O.1,  quien  se  encontraba  en la  parte  de  abajo  del  rodante  intentando sacar su balón de fútbol que saltó  hasta  allí cuando jugaba con otros niños muy cerca de la zona donde estaba el  vehículo.  Advertido  de  lo  ocurrido,  CHAGUI SPATH  trasladó  al  menor  al hospital San Diego de Cereté  donde se produjo su deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La  investigación  la  inició el 16 de agosto de 2003 la Fiscalía  Local  de  Cereté,  despacho que escuchó en indagatoria al implicado. El 16 de  mayo  de  2005,  la  Fiscalía  15  Seccional de la misma localidad clausuró la  instrucción,  procediendo  a  calificar  el  mérito del sumario el 29 de junio  siguiente,  decisión  en  la  cual  precluyó  la  investigación  a  favor  de  ÉLBER ELÍAS CHAGUI SPATH.   

          Por  apelación  interpuesta  por el apoderado de la parte civil, la  Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  Montería  revocó  la  providencia  de  primera  instancia  y,  en  su  lugar, profirió resolución de  acusación  por  el  delito  de  homicidio  culposo,  decisión emitida el 20 de  octubre de 2005.   

          En  firme  el pliego acusatorio, el proceso pasó a conocimiento del  Juzgado  Penal  del Circuito de Cereté, funcionario que tras surtir el trámite  respectivo  puso fin a la instancia mediante la sentencia del 19 de diciembre de  2007, en la cual, como ya está dicho, absolvió al procesado.   

Contra  dicha determinación el apoderado de  la  parte  civil  interpuso  el  recurso  de  apelación, siendo revocada por el  Tribunal  Superior  de  Montería,  que condenó al procesado por el ilícito de  homicidio  culposo, ante lo cual la defensa acudió al recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal.  Allí  denuncia la violación indirecta de la ley sustancial derivada  de error de hecho por falso raciocinio.   

          En  lo  sustancial, sostiene que el ad quem  no  podía  fundamentar la condena con los testimonios  de   Nelson   Edul   Contreras  Cogollo  y      Luis      Alberto     Contreras  Guerra,    pues    sus   versiones   “rompen  reglas  de  la  experiencia  y  de  la  lógica dentro de un  contexto  de  entendimiento como tesis de carácter hipotético por su contenido  respecto   de  los  cuales  se  espera  siempre  que  se  produzcan  las  mismas  consecuencias  en  presencia  de  determinados presupuestos, pues se constituyen  sobre  hechos  y  no  alrededor  de  juicios  sensoriales  cuya  cualidad  en su  repetición   frente   a   los  mismos  fenómenos”.   

          En  su  criterio,  tal  como  lo concluyó la fiscalía a  quo, “en las  condiciones  en  que  percibieron  los hechos puede colegirse que la imprudencia  provino  de  la  misma  víctima,  pues  está  debidamente  acreditado  que  el  procesado  en  ningún  momento  se percató de la presencia del menor cuando se  mete debajo del carro con el fin de recoger un balón”.   

          Para  el  efecto  evocó  el  testimonio  rendido  por  Luis    Manuel    Ramírez    y    citó  jurisprudencia  de  la  Sala  sobre  el  alcance  de  la expresión reglas   de   la   experiencia.  Además,  señaló  que  el  fallador  no se detuvo a observar las fotografías tomadas al  automotor,  de  las cuales aparece que el insuceso se originó en el descuido de  la víctima, aflorando así un caso fortuito   

          De  esa  manera,  considera  que  realizada  una  nueva  valoración  probatoria  sin  incurrirse  en  los  errores  trascendentales  cometidos por el  Tribunal,  la  conclusión  es  el  quebrantamiento  de  las  reglas  de la sana  crítica,  máxime  si se tiene en cuenta el testimonio rendido por Abrahán  Chagui,  Óscar  Hernández,  Luis  Ramírez  y  Jean Ramírez,  al  amparo  de  los cuales la falta de cuidado radicó en la víctima y en quien  ejercía su custodia.   

          Destacó  también  cómo  la  inspección realizada por el C. T. I.  determinó   que   en  el  escenario  de  los  acontecimientos  no  existía  la  demarcación de una cancha de fútbol.   

          Según  dijo, reitera así la ocurrencia de una violación indirecta  de   la   ley   sustancial   derivada   de   error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia, en cuanto el  ad  quem  omitió apreciar el  sentido  de  la  indagatoria  del  procesado,  al igual que las declaraciones de  quienes,    junto    a    éste,    transportaron    al    menor    al    centro  asistencial.   

          Señalando  que el acusado tomó las precauciones ordinarias propias  de  la  actividad  de conducción, sin que su velocidad excediera los 10 km. por  hora,  pidió  casar la sentencia para, en su lugar, proferir fallo absolutorio,  dada   la   inexistencia  de  prueba  demostrativa  de  la  responsabilidad  del  aludido.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Por  regla general, conforme lo establece el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el recurso extraordinario  de  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por  los  Tribunales Superiores de Distrito Judicial y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho años.   

Excepcionalmente,  el  inciso  tercero de la  misma  disposición  faculta  a la Sala Penal de la Corte para admitir de manera  discrecional  la  demanda  de  casación  contra sentencias de segunda instancia  proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a  las  ya  mencionadas  o  relativas  a  delitos  que  tengan  señalada  pena  de  prisión  inferior a la  prevista   por   el   legislador  para  acceder  a  esta  vía  de  impugnación  extraordinaria  o  para  los  no  sancionados con pena privativa de la libertad,  cuando  quiera  que  ello  sea necesario para el desarrollo de la jurisprudencia  nacional  o  para  garantizar  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los  demás requisitos exigidos por la ley.   

         

          De  manera insistente la Sala viene señalando que la invocación de  la  casación  excepcional exige al impugnante exponer  con  claridad  y  precisión los motivos por los cuales  debe  intervenir  la Corte, indicando si aspira a obtener un pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial o más bien  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina o, a su turno, abordar  un  tópico  aún no desarrollado, con el deber de especificar de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

          También   tiene   dicho   la   Corte  que  si  la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a  asegurar  la  garantía de derechos fundamentales,  tiene   la   obligación  de  demostrar  la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho invocado, así como su desconocimiento  en         el         fallo         recurrido2.   

         En     el     asunto     objeto     de     estudio,     la    casación    sólo     procedía    por    vía    discrecional,    por   cuanto   la  conducta  punible  de  homicidio   culposo,  por  razón     del     cual     fue    condenado    el  procesado,  tiene  señalada  pena  de  prisión cuyo  máximo  no  excede de ocho  (8)    años3.   

El  libelista no tuvo en cuenta esa especial  circunstancia   y   por  ello  hizo  simple  y  llana  invocación  del  recurso  extraordinario  por  la  vía  común,  como si en el presente evento se tuviera  pleno acceso a esta impugnación extraordinaria.   

          Por  ello,  se  limitó  a denunciar la existencia de una violación  indirecta  de  la  ley,  sin justificar la procedencia del recurso por alguno de  los  dos  factores  que habilitan la casación excepcional. Es decir, se abstuvo  de  explicarle  a  la  Corte si pretende el desarrollo de la jurisprudencia o la  protección de garantías fundamentales.   

          Tampoco  del contenido de la demanda resulta dable inferir alguno de  tales  propósitos,  porque el actor centró el ataque en postular la existencia  de  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, circunscribiendo su discurso a  plantear  una  mera  controversia probatoria, sin formular propuesta orientada a  demostrar  la  incursión  en grave vicio de motivación, única eventualidad en  la  cual  una  discusión  de  esa  naturaleza puede acarrear la vulneración de  garantías  fundamentales,  como también lo tiene precisado la Sala4   

Por  lo  demás, el casacionista ni siquiera  sustenta  el  yerro de manera adecuada, pues sabido es que cuando se denuncia la  incursión  en  un  error  de  hecho  por  falso raciocinio, el cual se presenta  cuando  el  juzgador  en  la  valoración  del  conjunto probatorio desconoce de  manera  ostensible  los  principios de la sana crítica, el actor tiene el deber  de  identificar  la prueba o pruebas indebidamente apreciadas, indicar cuál fue  el  postulado de la lógica, la ley de la ciencia o la máxima de la experiencia  desconocidas  y  cuál  principio  de  la  sana  crítica, en su defecto, debió  aplicarse  y  por  qué, tras lo cual le corresponde acreditar las implicaciones  del error en el sentido de la decisión atacada.   

          Tal  carga  argumentativa  no  la  satisfizo, pues sostuvo de manera  genérica  que los testimonios de Nelson Edul Contreras  Cogollo   y   Luis  Alberto  Contreras  Guerra  “rompen  reglas  de  la  experiencia y de la lógica”, pero no  precisó  qué  reglas de esa naturaleza desconoció el Tribunal cuando apreció  las  mencionadas  declaraciones,  ni  tampoco  explicó  cómo  se  produjo  ese  quebranto.     

         

          En  vez  de  allanarse  a  cumplir esa exigencia de fundamentación,  optó  por  acudir  a  conceptos abstractos acerca de lo que debe entenderse por  reglas   de   la   experiencia,   efectuando   en   algunos  casos  afirmaciones  incoherentes,  como cuando señaló que “dentro de un  contexto  de  entendimiento como tesis de carácter hipotético por su contenido  respecto   de  los  cuales  se  espera  siempre  que  se  produzcan  las  mismas  consecuencias  en  presencia  de  determinados presupuestos, pues se constituyen  sobre  hechos  y  no  alrededor  de  juicios  sensoriales  cuya  cualidad  en su  repetición   frente   a   los  mismos  fenómenos”.   

          Pasó  de  esa  forma  a postular su propia tesis sobre lo ocurrido,  señalando  que  la  imprudencia  y falta de cuidado provino de la víctima y su  progenitor,  con  lo  cual  pretende  de  la  Corte se asigne credibilidad a los  testigos  que  apoyan  su  punto  de  vista,  con desprecio consecuencial de las  pruebas   al   amparo   de   las  cuales  el  ad  quem  arribó  a  la conclusión según la cual el procesado  desatendió  el  deber  objetivo  de cuidado cuando retrocedió su vehículo sin  percatarse  de la presencia del menor, pese a tratarse de una zona donde jugaban  varios niños.   

          Olvida  el  censor  que  tal modo de fundamentación está vedado en  sede  de  casación,  donde  no cabe aducir meras discrepancias acerca del poder  suasorio  de  las pruebas, pues el criterio al respecto expuesto por el juzgador  siempre  habrá  de prevalecer sobre el del actor, atendida la doble presunción  de acierto y legalidad que acompaña la sentencia.   

          Es  tan  deficiente  la sustentación de la demanda que el libelista  termina  alejándose  del  motivo casacional inicialmente postulado para dirigir  su   discurso   hacia   los  terrenos  del  falso  juicio  de  existencia,  como  expresamente  lo enunció al atribuir al fallador la falta de apreciación de la  indagatoria  del  procesado  y  de  las declaraciones de quienes, junto a éste,  transportaron  al  menor  al  centro  asistencial, así como de las fotografías  tomadas  al rodante, como lo dejó entrever en otro aparte de la demanda, aunque  sin  acometer  tampoco debidamente la fundamentación de ese otro error, pues se  abstuvo  de  explicar la influencia de esas omisiones en el análisis probatorio  efectuado     por     el     ad    quem.   

En   fin,   ni  expuso  las  razones  legalmente  exigidas  para  la  procedencia  de la casación excepcional, ni sustentó  adecuadamente   el   falso   raciocinio  inicialmente  alegado,   al  punto  de  cambiar  luego la naturaleza  de  la  censura,  en  cuanto terminó postulando la presencia de un falso     juicio     de    existencia,    falencias    todas  que  conducen a la inadmisión de  la  demanda  de  casación objeto de examen y así lo  decidirá la Sala.   

   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ÉLBER ELÍAS CHAGUI SPATT.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1 Como  esta  providencia  puede ser publicada, se omite el nombre del menor afectado de  conformidad  con  lo  establecido  en  el numeral 8º del artículo 47 de la Ley  1098 de 2006 ó Código de la Infancia y Adolescencia.   

2 Cfr.  Auto del 18 de abril de 2007, radicación 26916, entre otros.   

3  El  artículo  109  del  Código Penal de 2000 lo sanciona con prisión de dos (2) a  seis  (6)  años  y  multa de veinte (20) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales.   

4  Sentencia  del  9  de  febrero  de  2006, radicación  23055.  En  el  mismo  sentido,  auto  del  7  de  febrero  de 2007, radicación  26493.     

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