30710(18-03-09) penal pte caso

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30710  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 82.  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de marzo de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Celebrada la audiencia de sustentación oral,  procede  la  Sala  a  proferir  fallo con ocasión del recurso extraordinario de  casación  interpuesto por el defensor de MARTHA ZORAYA  VIDAL  GUTIÉRREZ  contra la sentencia del 11 de junio  de  2008 mediante la cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó parcialmente  el  fallo proferido el 4 de febrero del citado año por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  sede,  despacho  que,  por  vía de  allanamiento,  condenó  a  la  acusada  a  las penas principales de 2 años y 6  meses  de prisión y 275 salarios mínimos legales mensuales de multa, así como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término fijado para la pena privativa de la libertad,  como  autora  responsable  del  delito  de  utilización  ilícita de equipos de  transmisores  o  receptores,  en  concurso con el de acceso ilegal o prestación  ilegal de los servicios de telecomunicaciones.   

HECHOS  

Los   resumió   la   Sala  en  pretérita  oportunidad de la siguiente manera:   

“En virtud de la  denuncia  formulada  el  29 de diciembre de 2006, a través de apoderado, por la  “Alianza  contra  el  fraude  de  telecomunicaciones  S.A., conformada por las  empresas  COLOMBIA TELECOMUNICACIONES S.A., ORBITEL S.A. y E.T.B., en el sentido  de  estarse cometiendo un fraude en el servicio de telefonía de larga distancia  entrante,  consistente  en  la  utilización  de  líneas locales situadas en la  ciudad  de  Bogotá  para  re-originar  llamadas  de  larga distancia entrantes,  modalidad  ilegal  denominada  “BY PASS”, la Fiscalía 183 Seccional de esta  ciudad  ordenó  la  práctica  de  diligencia  de allanamiento y registro a las  sedes  de  las  empresas  SOLUCIÓN  DE  COMUNICACIONES  @ PUNTO S.A., VOZ   NETWORK  y  CALLSITELL  LTDA.,  en  las  cuales  se  estableció que funcionaban  líneas  con  la mencionada modalidad, según observación en las bases de datos  del programa Onyx Customer Center.   

          Como  resultado  de  la  diligencia  de allanamiento y registro, las  autoridades  dieron  captura a David Gerardo Gómez Vargas y MARTHA ZORAYA VIDAL  GUTIÉRREZ,  representantes  legales de SOLUCIÓN DE COMUNICACIONES @ PUNTO S.A.  y CALLSITELL LTDA., respectivamente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Producida la aprehensión de MARTHA    ZORAYA   VIDAL   GUTIÉRREZ   y  David  Gerardo Gómez Vargas,  el  Juez  43  Penal Municipal con funciones de control de garantías realizó el  23  de  mayo  de  2007,  a solicitud de la fiscalía, audiencias preliminares de  legalización  de las diligencias de registro y allanamiento, de incautación de  bienes con fines de comiso y de captura de los prenombrados.   

2.  Ese  mismo  día el funcionario judicial  llevó  a  cabo  audiencia de formulación de imputación, en cuyo desarrollo la  fiscalía  atribuyó  a  los  capturados  el  delito de utilización ilícita de  equipos  transmisores o receptores contemplado en el artículo 197.1 del Código  Penal,  en  concurso  con los punibles de acceso o uso ilegales de los servicios  de  telecomunicaciones  previsto  en el artículo 257.2 ibídem y concierto para  delinquir  tipificado  en  el  artículo  340  de  la misma codificación.    

Conocidos  los  cargos, los dos imputados se  allanaron a los mismos sin reserva alguna.   

3.  El  mismo  23 de mayo de 2007 el juez de  control  de  garantías  impuso  medida  de  aseguramiento  no  privativa  de la  libertad  a MARTHA ZORAYA VIDAL GUTIÉRREZ y  David Gerardo Gómez Vargas.   

4.  El  14  de  junio  del  mismo  2007,  la  fiscalía  presentó  escrito  de acusación conforme a los cargos aceptados por  los  imputados.  La actuación correspondió, inicialmente, al Juez 32 Penal del  Circuito   de  conocimiento  de  Bogotá,  quien  se  declaró  incompetente  en  decisión  que  fue  luego  avalada  por  el Tribunal Superior de la misma sede,  corporación     que     asignó     la     competencia     a     los     jueces  especializados.   

5.  Asumió  entonces  el conocimiento de la  actuación  el  Juez  Primero  Penal  del Circuito Especializado de esta ciudad,  funcionario   que   inició   el   21   de   agosto  de  2007  la  audiencia  de  individualización   de  pena  y  sentencia,  continuándola  el  21  de  agosto  siguiente  cuando  declaró la nulidad de la actuación en relación únicamente  con  el delito de concierto para delinquir. Este pronunciamiento fue apelado por  uno  de  los defensores ante la negativa del juez de invalidar lo concerniente a  los  otros dos ilícitos contenidos en el escrito de acusación. El Tribunal, en  auto  del 8 de noviembre del citado año, resolvió desfavorablemente la alzada.   

6.   El  juez  especializado  reanudó  la  audiencia  de  individualización de pena el 14 de enero de 2008, oportunidad en  la  cual,  acogiendo  solicitud de la fiscalía sustentada en la inexistencia de  conexidad  en  las  conductas atribuidas a los dos acusados, decretó la ruptura  de  la  unidad  procesal  por  cuya  razón ordenó tramitar las actuaciones por  separado.  En  la  misma sesión optó por mantener el conocimiento del proceso,  no  obstante  la  invalidación  declarada  en  lo  relativo  al  concierto para  delinquir.  Al  efecto  estimó  que  la  competencia  la  otorga  el escrito de  acusación,  amén  de  presentarse  en  este  caso  la  figura  de la prórroga  prevista en el artículo 55 de la Ley 906 de 2004.   

7.  Pasó  de  esa  manera a dar trámite al  artículo  447  del  Código  de Procedimiento Penal de 2004 en relación con la  procesada  VIDAL GUTIÉRREZ y  es  así  como,  concluidas  las intervenciones de los sujetos procesales, fijó  fecha  para  la  audiencia  de  lectura de fallo que realizó el 4 de febrero de  2008,  profiriendo  la  sentencia  condenatoria  ya  conocida, confirmada por el  Tribunal  Superior  en lo sustancial, en virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa,  sujeto  procesal  que  luego  acudió al recurso extraordinario de  casación.   

          8.  Mediante  auto  del  18  de  noviembre  pasado  la Sala admitió  parcialmente  la  demanda, ordenando realizar la audiencia de sustentación oral  regulada  en el inciso final del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, la cual se  celebró el 27 de enero del cursante año.   

LA  DEMANDA   

          La  defensa  formuló  dos  cargos  contra  la  sentencia de segunda  instancia,  ambos  al  amparo de la causal segunda de casación de la Ley 906 de  2004,  por  haberse  dictado dicha decisión en un juicio viciado de nulidad. La  Sala  solamente admitió el primero de esos reproches, cuyo fundamento se resume  a continuación:   

          El  actor  aduce la vulneración de los derechos al debido proceso y  legalidad,  por  cuanto  el  juez  que  falló  el  proceso en primera instancia  carecía  de  competencia  para  el  efecto.  En su criterio, la nulidad surgió  cuando  el Juez Primero Especializado, acogiendo la intervención del Ministerio  Público,  declaró  la  nulidad  de la actuación en relación con el delito de  concierto  para delinquir, pues con ello el conocimiento del proceso pasó a ser  del  resorte  de  los jueces de circuito ordinarios, en virtud de la competencia  residual prevista en el artículo 36 de la Ley 906 de 2004.   

          Para  el  censor,  no  resulta  acertada la tesis de la prórroga de  competencia  o  de la convalidación esgrimidas por el Tribunal cuando avaló el  criterio  del  a quo expuesto  para  conservar  la  competencia,  pues  los artículos 35 y 36 de la mencionada  disposición  legal  no  dejan discusión alguna sobre el funcionario competente  en  este  caso,  sin que, por tanto, sea válido acudir al axioma según el cual  “quien  puede  lo más puede lo menos”.   

A  este respecto señaló que la competencia  tiene  naturaleza  “legal  y  reglada”,   por   cuya  razón  “se  erige  como  manifestación    de    las    garantías    de    las    formas   propias   del  juicio”,  lo  cual  significa  que  “no  está  sometida  al acuerdo entre las partes, o a la omisión de  las    mismas”,   de   modo   que   “su  inobservancia  anula  e  invalida  la  actuación, compromete su  desarrollo  y  propósito  y  no se puede sustituir por el eficientismo, por los  resultados   o   por  estadísticas…”.     

          De  esa  manera,  tras  referenciar  algunas  decisiones de la Corte  Suprema  relativas  al tema de la casación como medio de control constitucional  y  al  de  la  competencia  y  su  relación  con el principio del juez natural,  solicitó  casar  la  sentencia para invalidar el proceso a partir de lo actuado  el  24  de  agosto  de  2007  cuando  el  Juez Primero Especializado declaró la  nulidad parcial por el delito de concierto para delinquir.   

INTERVENCIONES  DE  LOS  SUJETOS PROCESALES   

          1. La defensa:   

          Propende  porque  se  garantice a la procesada el principio del juez  natural   vulnerado   en  este  caso  cuando  el  juez  especializado  profirió  sentencia,  pese  a  que  los  delitos  por  los cuales se emitió la condena no  están  incluidos  en  el  artículo 35 de la Ley 906 de 2004, norma que fija el  ámbito de su competencia.   

          Señaló  que la competencia es reglada y al juzgador le corresponde  someterse  al  marco legal que la fija, razón por la cual si rebasa ese preciso  límite  incurre  en  comportamiento  irregular.  A  los  jueces especializados,  añadió,  la  ley les atribuyó el conocimiento de aquellos asuntos que atentan  gravemente  contra  los  intereses  de nuestra sociedad, lo cual no acontece con  los dos punibles por virtud de los cuales se emitió la condena.   

          En   su   criterio,  la  prórroga  de  la  competencia  se  hubiera  presentado  si  se hubiese mantenido el delito de concierto para delinquir, pero  esa  situación  no  acontece  en este evento, pues el propio juez especializado  decretó  previamente la nulidad de la actuación en relación con ese ilícito,  razón  por  la  cual  cuando mantuvo el conocimiento de este asunto vulneró el  principio  del  juez  natural y con ello el debido proceso, quebranto que pide a  la Corte restablecer.   

          2. Fiscalía:   

          El  Fiscal  Delegado ante esta Corporación designado para el efecto  comenzó   recordando   opinión   emitida   por  dos  ex  Magistrados  de  esta  Corporación,  conforme  a  la  cual el cambio de competencia a un juez de menor  rango  produce  su  prórroga,  pues  con  ello  se garantiza que el proceso sea  definido por un funcionario de superiores conocimientos jurídicos.   

          Aclaró  que  dicha opinión se produjo en vigencia de la Ley 600 de  2000  cuando  estaba  rigiendo  un  procedimiento  sumamente  riguroso.  Pero al  respecto,   luego  de  manifestar  su  desacuerdo  con  la  decisión  del  juez  especializado  al decretar la nulidad por el delito de concierto para delinquir,  pues  bien  pudo  dictar sentencia por todos los punibles y absolver respecto de  aquellos  que  no  se  encontraban  demostrados,  precisó  que el nuevo esquema  procesal  debe regirse con flexibilidad en su conceptos, pues su artículo 27 al  establecer  los  criterios  moduladores  de  la  actividad procesal sitúa en la  misma  altura de la legalidad los criterios de necesidad y ponderación, de modo  que  para  hacer  laxa  la  prórroga  debe  permitirse  a  las partes presentar  evidencias durante el desarrollo del juicio.   

          Considera  que  esa  misma laxitud debe autorizarse en el tema de la  congruencia  para  que  ésta sea solamente fáctica en el contenido del escrito  de  acusación.  En  su concepto, si esos temas no se analizan de dicha forma el  sistema  de la Ley 906 terminará siendo más riguroso que el previsto en la Ley  600 de 2000.   

          En   consecuencia,   en  su  criterio,  el  hecho  de  que  el  juez  especializado  hubiese  conservado  en  este caso la competencia no es causal de  nulidad, por cuya razón solicita no casar la sentencia.   

          3. Ministerio Público:   

          Dijo  no  estar  de  acuerdo  con  el  planteamiento  según el cual  ninguna  de  las partes objetó la decisión del juez especializado de conservar  el  conocimiento  de  este asunto. En su concepto, el artículo 55 de la Ley 906  de  2004  no  exige la necesaria presentación de la impugnación sino que basta  para  impedir la configuración de la prórroga alegar la incompetencia, lo cual  sí  ocurrió  en el presente evento, pues el fiscal luego de conocer la razones  del  juzgador  para  dar aplicación a la mencionada disposición, manifestó su  desacuerdo  con  esa  decisión,  no  obstante  que tal inconformidad no se haya  traducido en la impugnación.   

          En  relación  con lo anterior, señaló que la competencia no sólo  puede  cuestionarse por las partes en la audiencia de formulación de acusación  y  en  aquella  donde  se estudia la solicitud de preclusión, sino también (i)  “en  la  audiencia  de  individualización de pena y  sentencia   (cuando  por  el  allanamiento  las  audiencia  de  formulación  de  acusación,   la   preparatoria   y   la   de   juicio   oral  no  se  lleven  a  cabo)”   y   (ii)  cuando  se  presenta  una  causa  sobreviniente,  caso en el cual se debe alegar en la audiencia preparatoria o en  el juicio oral.   

         

          En  consecuencia, es del criterio que el juez especializado, una vez  decretó  la  nulidad de lo actuado en relación con el delito de concierto para  delinquir,  como  quiera  que  ello produjo la ruptura de la unidad procesal, ha  debido  remitir  el  expediente  a  los  jueces  penales  del  circuito, pero no  mantener  su  conocimiento para proferir sentencia por unos delitos frente a los  cuales había perdido competencia.   

         

          No  obstante,  considera  que el cargo no está llamado a prosperar,  porque  de  acuerdo  con lo dispuesto en el artículo 456 de la Ley 906 de 2004,  solamente   es   motivo   de  nulidad  “el  que  la actuación se hubiere adelantado ante juez incompetente  por  razón  del  fuero,  o  porque  su conocimiento esté asignado a los jueces  penales  del  circuito especializados”, circunstancia  esta  última  no acaecida en el presente evento porque el juez especializado es  de mayor jerarquía con respecto al juez penal del circuito.   

          Anotó,  finalmente,  que  cuando un funcionario de mayor jerarquía  dicta  la  sentencia  condenatoria  que  debía haber sido proferida por un juez  penal  del  circuito  no  existe  vulneración  del  principio del juez natural,  porque  el  alcance  jurisprudencial que se ha dado a ese postulado fundamental,  implica  específicamente  la  prohibición de crear Tribunales de excepción, o  de desconocer la competencia de la jurisdicción ordinaria.   

De  esa forma, citando la sentencia C-111 de  2000  de  la Corte Constitucional, concluyó que “tal  concepto   no   significa   en  modo  alguno  que  el  legislador  -ordinario  o  extraordinario-  no pueda -sobre la base de criterios de política criminal y de  racionalización  del  servicio  público de administración de justicia-, crear  nuevos  factores  de  radicación  de competencias en cabeza de los funcionarios  que  pertenecen  a  la  jurisdicción  ordinaria  -en  este  caso, a la penal- o  modificar  los  existentes,  respetando  -desde  luego- los principios y valores  constitucionales”.   

          4. Representante de las víctimas:   

          Solicitó  no  casar  la  sentencia.  Sostuvo  para el efecto que el  artículo  55  de  la  Ley  906 está basado en principios fundamentales como la  eficiencia,  la  economía  procesal  y  la  garantía  de  los  derechos de las  víctimas.  Esa disposición, añadió, prevé tres requisitos para que opere la  prórroga  de  la  competencia, entre los cuales se encuentra el relacionado con  la   no  alegación  de  la  incompetencia  sobreviniente  en  la  audiencia  de  formulación de imputación.   

          En  ese  sentido,  estima  que  aunque  la  Ley  906  establece  que  aceptados  los cargos en la audiencia de imputación, lo actuado se tomará como  acusación,  en  el presente caso su lectura se efectuó en la primera audiencia  que  celebró el juez, en cuya segunda sesión decretó la nulidad de lo actuado  frente  al  delito  de  concierto  para  delinquir,  sin  que  el defensor de la  procesada,  ni  ningún otro sujeto procesal, interpusiera recurso alguno contra  la  decisión  del funcionario de conservar la competencia del proceso, cobrando  firmeza la misma.   

          Adicionalmente,   destaca   que  las  partes  tampoco  acudieron  al  mecanismo  de  impugnación  de  competencia  previsto en el artículo 341 de la  citada disposición legal.   

          Finalmente,  es  del  criterio  que  en este caso se estructuran los  principios   orientadores   de   la  nulidad  conocidos  como  instrumentalidad,  convalidación  y  trascendencia.  El  primero  porque  la  decisión  del  juez  cumplió  sus  fines.  El  segundo  por cuanto la defensa no controvirtió en su  momento  la  prórroga  de competencia. Y el tercero puesto que el impugnante no  demostró la violación de derecho fundamental alguno.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Marco teórico:   

          Previo  a  resolver  el objeto de la impugnación extraordinaria, la  Sala  hará  algunas  consideraciones de carácter general que se relacionan con  la temática objeto de debate en el presente evento.   

          1. Fines de la casación:   

          Con  ocasión de la vigencia de la Constitución Política de 1991 y  la  decisión  incluida en ella de catalogar a Colombia como un Estado social de  derecho  (art.  1º),  que  propende por el logro de fines esenciales tales como  “servir  a  la  comunidad,  promover  la prosperidad  general  y  garantizar  la  efectividad  de  los  principios, derechos y deberes  consagrados  en  la  Constitución…  y  asegurar la convivencia pacífica y la  vigencia  de  un  orden justo (art. 2º), el recurso de  casación  adquirió  una  dimensión más humanista1, abandonando así su carácter  preponderantemente  legal  y  formalista  para  concebirse como un instrumento a  través  del cual el Estado busca cumplir los fines constitucionales de asegurar  la  vigencia  de  los  derechos  fundamentales  de  sus  coasociados, rescatando  “las    garantías    centenariamente   elaboradas  como   contenidos del derecho procesal para vincularlas inescindiblemente a  la   realización  de  las  normas  sustanciales”2.   

          Tal  concepción  quedó  plasmada  en  el  Código de Procedimiento  Penal  expedido  mediante  el  Decreto  2700  de  1991 al incluirse dentro de la  regulación   tradicional   del  recurso  extraordinario  la  cláusula  de  los  fines   de   la  casación,  determinándose  en  su  artículo  219  que  esa  impugnación  “tiene  por  fines primordiales la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  reparación  de los agravios inferidos a las partes por la sentencia  recurrida,       y      la      unificación      de      la      jurisprudencia  nacional”.     

          Esa    búsqueda    dirigida    al    logro   de   los   propósitos  constitucionales,  condujo  también  a  que el legislador ampliara la cobertura  del  recurso,  para  extenderlo  a  aquellas  sentencias  judiciales  de segunda  instancia  proferidas  en  procesos  por  delitos  respecto  de los cuales hasta  entonces  no  se  permitía.  Si  bien  tal procedencia se estableció de manera  excepcional,  su  objetivo apuntó en esa dirección al autorizarse la admisión  de  la  respectiva demanda cuando fuese necesario para garantizar la vigencia de  los derechos fundamentales y desarrollar la jurisprudencia.   

          El  Código de Procedimiento Penal de 2000, expedido a través de la  Ley   600  de  ese  año,  se  diseñó  al  amparo  de  la  misma  orientación  constitucional,  pues  conservó  la  figura  de los fines de la casación, así  como  su  procedencia  excepcional  para  aquellos  casos  en  los cuales no era  posible  su activación atendida la naturaleza y cantidad de la pena del delito.   

          Igual  aconteció  en  el  estatuto procesal penal de 2004, expedido  mediante  la  Ley  906  de  esa anualidad. Dicha codificación estableció en su  artículo   180  una  disposición  similar  a  la  incluida  en  los  estatutos  precedentes  en  punto  de  la  finalidad  de  la  casación,  al  señalar  que  “el  recurso  pretende  la  efectividad  del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    estos,    y    la    unificación   de   la  jurisprudencia”.   

          La  Ley  906  de  2004,  además,  equiparó  la  procedencia  de la  impugnación  extraordinaria  al  hacerla  viable, bajo idénticos presupuestos,  contra  todas  las  sentencias  proferidas  en segunda instancia en los procesos  adelantados por delitos.   

          La   mencionada   sistemática  procesal,  a  tono  con  el  mandato  constitucional  relacionado  con los fines esenciales del Estado, articuló aún  más  la procedencia de la casación a los propósitos que le son inherentes, al  autorizar  a la Corte inadmitir las demandas en cuyo contexto se advierta que no  se  precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso. Así  mismo,  desde  el  otro  extremo,  le  impuso  superar los defectos de carácter  formal  contenidos  en  el  libelo para decidir de fondo, atendiendo entre otras  razones, a los fines de la casación (art. 184).   

          Sobre  el alcance de cada uno de los fines de la casación previstos  en  el  artículo  180  de  la Ley 906 de 2004, la Sala comentó lo siguiente en  providencia   del   24   de   noviembre   de   20053.   

“7.1.   La  efectividad  del  derecho  material  en  punto  de  su  supremacía  con respecto a la mera formalidad (arts. 228 Const. Pol. y 10 cpp).   

“7.2. El respeto  de  las  garantías  de las partes y de intervinientes,  que  de  no haber ocurrido en las instancias a consecuencia de errores de juicio  o  de  actividad,  el  recurso  de  casación surge como el eslabón final de la  cadena  procesal  que  debe  enmendar el yerro, prerrogativa que se encuentra en  titularidad   y   en   condiciones   similares  frente  a  todas  las  partes  e  intervinientes,     a    quienes    –en  el  sistema  adversarial  y  en un Estado Social de Derecho cuyo  principal  valor  es  la  igualdad- se debe brindar equilibrio real en  las  posibilidades  jurídicas  para expresar y defender sus intereses y controvertir  los de la contraparte.   

“7.3.   La  reparación   de   los   agravios  inferidos  a  los  intervinientes,  para corregir los yerros denunciados con satisfacción para quien  los  sufrió, además de hacer pedagogía para que no se vuelvan a presentar. Y,   

“7.4.   La  unificación  de  la jurisprudencia para que la ley sea  interpretada  del  mismo  modo en un espacio y tiempo determinados, garantizando  los  principios  de  igualdad  frente a la ley y la seguridad jurídica, sin que  implique  por supuesto impedir la dinámica del pensamiento jurídico, finalidad  que  se  deriva  del artículo 235 de la Constitución Política que distingue a  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como el vértice de la jurisdicción ordinaria  para  actuar  como  tribunal de casación con competencia para unir la decisión  de las escalas inferiores:   

“i)   Una   misma   autoridad   judicial  –individual  o colegiada-  no  puede  introducir cambios a sus decisiones sin la debida justificación, ii)  los  jueces no pueden apartarse por su sola voluntad de las interpretaciones que  sobre  el  mismo  asunto  ha hecho la Corte Suprema de Justicia, y iii) ésta no  puede  renunciar  a  su  labor de darle unidad al ordenamiento jurídico. Es que  los   asociados   requieren  confiar  en  el  ordenamiento  para  proyectar  sus  actuaciones,   de   manera  que  tanto  las  modificaciones  legales,  como  las  mutaciones  en  las  interpretaciones  judiciales deben estar acompañadas de un  mínimo      de      seguridad     –artículo   58   C.P.-,   en   consecuencia   los   jueces   actúan  arbitrariamente  y  por  ello incurren en vías de hecho, cuando se apartan, sin  más,    de    la    doctrina    probable   al   interpretar   el   ordenamiento  jurídico.4”      

          Hoy  en  día,  en  consecuencia,  el recurso de casación solamente  encuentra  fundamento  y razón de ser en cuanto con su interposición se busque  el  logro  de  los  propósitos  que  le  son  propios,  cuyo  contenido resulta  consonante con los fines esenciales del Estado social de derecho.   

          2.    Principios    que   orientan   las  nulidades:   

          En  el esquema procesal penal de 2004 no aparece una disposición en  la  cual  se  establezcan expresamente principios orientadores de las nulidades,  como  sí  ocurre  en  la  Ley 600 de 2000, cuyo artículo 310 regula la materia  enumerando seis postulados de esa naturaleza.   

          Lo  anterior,  empero,  no  autoriza  para  afirmar que la actividad  procesal  surtida  con  fundamento en el sistema penal acusatorio previsto en la  Ley  906  de 2004 no esté informada por los principios que tradicionalmente han  orientado   las   nulidades   como   son,  a  saber5:   

          Principio  de  trascendencia:  Quien  solicita  la  declaratoria  de  nulidad  tiene  el  indeclinable deber de demostrar no sólo la ocurrencia de la  incorrección  denunciada,  sino  que  ésta  afecta de manera real y cierta las  garantías  de  los  sujetos  procesales  o  socava  las bases fundamentales del  proceso.   

Principio de instrumentalidad de las formas:  No  procede  la invalidación cuando el acto tachado de irregular ha cumplido el  propósito  para el cual estaba destinado, siempre que no se viole el derecho de  defensa.   

Principio  de taxatividad: Para solicitar la  declaratoria  de  invalidez  de  la  actuación  es  imprescindible  invocar las  causales establecidas en la ley.   

Principio de protección: El sujeto procesal  que  haya  dado  lugar  al  motivo  de  anulación  no  puede  plantearlo  en su  beneficio,   salvo  cuando  se  trate  del  quebranto  del  derecho  de  defensa  técnica.   

Principio de convalidación: La irregularidad  que  engendra  el vicio puede ser convalidada de manera expresa o tácita por el  sujeto   procesal   perjudicado,   siempre  que  no  se  violen  sus  garantías  fundamentales.   

Principio   de  residualidad:  Compete  al  peticionario  acreditar  que  la  única  forma  de  enmendar  el  agravio es la  declaratoria de nulidad.   

Principio  de  acreditación: Quien alega la  configuración  de  un  motivo  invalidatorio,  está  llamado  a especificar la  causal  que invoca y a plantear los fundamentos de hecho y de derecho en los que  se apoya.   

          La  aplicación  de  tales principios al procedimiento de la Ley 906  encuentra  fundamento,  de  una  parte,  en  su artículo 27 en cuanto en él se  establecen  como  criterios  moduladores  de la actividad procesal, entre otros,  los   de  necesidad  y  ponderación,  cuyo  alcance  y  naturaleza  imponen  al  funcionario  declarar la nulidad de la actuación solamente en aquellos casos en  los  cuales  ese  remedio  sea  estrictamente  indispensable para restablecer la  vulneración   de   los  derechos  fundamentales,  en  aras  de  “evitar  excesos  contrarios  a la función pública, especialmente a  la  justicia”, como lo señala la norma en mención.   

          Igualmente,  en  los  artículos  457  y  458 de dicha codificación  procesal,  por  cuanto  la  primera  de  esas  disposiciones  establece  que  la  violación  del  derecho  de  defensa o del debido proceso solamente constituyen  nulidad  cuando  la  irregularidad recae en aspectos sustanciales. La segunda, a  su  turno,  consagra  el  principio  de taxatividad, conforme al cual no resulta  dable   declarar   la   nulidad   por   causas   diferentes   a  las  señaladas  legalmente.   

          Concordante   con   lo   expuesto   se   ha   pronunciado  la  Sala.  Obsérvese:   

“Interesa precisar sobre  este  tópico, que si bien es cierto que el nuevo Código de Procedimiento Penal  no  consagró expresamente los principios que en la ley 600 de 2.000 orientan la  declaratoria  y  convalidación  de  las  nulidades  (artículo  310),  ello  no  significa  que no deban aplicarse pues son inherentes a su naturaleza jurídica,  lo  cual  es  traducido  por la interpretación de sus preceptos con los valores  superiores  del logro de la justicia y de un orden social justo contenidos en el  preámbulo  de la Constitución Política, y con el fin del Estado de garantizar  la  efectividad  de  los  principios, derechos y deberes consagrados en la Carta  Política,  dado  que justamente el debido proceso es un derecho fundamental que  asiste  a toda persona según las previsiones del artículo 29 y el principio de  legalidad  del  trámite,  el derecho a la defensa y la nulidad de pleno derecho  de  las  pruebas  obtenidas  con  violación  del  debido  proceso,  unas de sus  garantías.   

Así   entonces,  los  principios  de  taxatividad,  protección, convalidación, instrumentalidad y de  carácter    residual,    seguirán    rigiendo   las   nulidades   como   hasta  ahora”6.   

          Hechas  las  anteriores  consideraciones, procede la Sala a examinar  la  demanda, en el aspecto objeto de debate, instaurada por la defensa contra la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá.   

          Cargo admitido. Nulidad por falta de competencia:   

          Para  al  actor,  el  Juez  Primero Penal del Circuito Especializado  incurrió  en  nulidad  cuando  conservó  el conocimiento de la actuación para  proferir  sentencia  de primera instancia, a pesar de que el proceso pasó a ser  de  competencia  de  los  jueces  penales del circuito una vez el director de la  causa  invalidó  parcialmente  la  ritualidad  en  lo  atinente  al  delito  de  concierto para delinquir.   

          En  orden  a  decidir  sobre  el  fundamento  del  reproche, la Sala  considera  necesario (i) remembrar previamente lo ocurrido procesalmente en este  caso,  (ii)  fijar  el  alcance  de  la  figura  de  la prórroga de competencia  establecida  en  el  artículo  55 de la Ley 906 de 2004 y (iii) abordar el caso  concreto.   

          1. Lo ocurrido procesalmente:   

En  desarrollo de la audiencia preliminar de  formulación   de   imputación,   la   fiscalía   atribuyó   a   MARTHA  ZORAYA  VIDAL  GUTIÉRREZ el delito  de  utilización ilícita de equipos transmisores o receptores contemplado en el  artículo  197.1 del Código Penal, en concurso con los punibles de acceso o uso  ilegales  de  los servicios de telecomunicaciones previsto en el artículo 257.2  ibídem  y  concierto  para delinquir tipificado en el artículo 340 de la misma  codificación,  cargos respecto de los cuales la imputada se allanó sin reserva  alguna.    

Presentado  escrito de acusación conforme a  los  cargos aceptados por los imputados y resuelto el trámite de manifestación  de  incompetencia  promovido  por  un  juez  penal  del  circuito  ordinario, la  actuación   la   asumió,  finalmente,  el  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esta  ciudad, funcionario que inició el 21 de agosto de 2007  la  audiencia de individualización de pena y sentencia, continuándola el 21 de  agosto  siguiente  cuando  declaró  la  nulidad  de  la actuación en relación  únicamente con el delito de concierto para delinquir.   

Una  vez  definida  en forma desfavorable la  apelación  que buscaba la invalidación también en lo concerniente a los otros  dos  ilícitos  contenidos  en  el  escrito de acusación, el juez especializado  reanudó  la  audiencia  de  individualización  de pena el 14 de enero de 2008,  oportunidad  en  la  cual  optó  por  mantener  el conocimiento del proceso, no  obstante  la invalidación declarada en lo relativo al concierto para delinquir.  Al  efecto  estimó que la competencia la otorga el escrito de acusación, amén  de  presentarse  en este caso la figura de la prórroga prevista en el artículo  55 de la Ley 906 de 2004.   

Por tal razón, procedió a dar trámite a la  ritualidad  prevista  en  el artículo 447 del Código de Procedimiento Penal de  2004,  para en audiencia celebrada el 4 de febrero de 2008 proferir sentencia de  carácter  condenatorio  en  contra  de  MARTHA ZORAYA  VIDAL  GUTIÉRREZ  por  los  delitos  respecto  de los  cuales no se invalidó la actuación.   

          2.    Alcance   de   la   prórroga   de  competencia:   

          La  figura  de  la  prórroga  de  competencia  está prevista en el  artículo  55  de  la Ley 906 de 2004 y su antecedente normativo inmediato es el  artículo  405  de  la Ley 600 de 2000, a cuyo amparo se considera prorrogada la  competencia  si  como consecuencia de la modificación de la adecuación típica  de  la  conducta,  el  conocimiento  del juzgamiento correspondiere a un juez de  menor jerarquía.   

El fundamento de la prórroga de competencia  radica  en  buscar la efectividad de la función pública y más, concretamente,  en  materializar  los  principios  de  celeridad  y  eficiencia previstos en los  artículos  4º  y  7º de la Ley 270 de 1996 (Estatutaria de la administración  de  justicia), en orden a que las actuaciones judiciales se tramiten y resuelvan  en  forma  pronta,  cumplida  y  diligente,  desde  luego,  con  respeto  de las  garantías  fundamentales  de  las partes e intervinientes, cuya intangibilidad,  conforme  quedó  visto  atrás,  comporta uno de los fines de la casación como  derivación    de    los   propósitos   esenciales   del   Estado   social   de  derecho.   

          Precisamente,  la  exigencia  de respetar esas garantías impone que  la  prórroga  opere respecto de asuntos de competencia de funcionarios de menor  jerarquía,   pues   se   presume  que  el  de  mayor  rango  posee  adicionales  conocimientos  y  destrezas que aseguran una mayor posibilidad de acierto en sus  decisiones.  Ese  condicionamiento  está  establecido en el artículo 405 de la  Ley  600  de  2000 e, igual, es característica de la regulación prevista en el  55  de  la  Ley 906 de 2004, como se evidenciará en el estudio de su estructura  normativa que se aborda a continuación.   

         

          La   norma   “entiende   prorrogada  la  competencia  si  no  se  manifiesta  o  alega la incompetencia en la oportunidad  indicada  en  el artículo anterior, salvo que esta devenga del factor subjetivo  o esté radicada en funcionario de superior jerarquía”.   

          De  acuerdo  con  el  inciso  segundo  de  la  citada  disposición,  “en  estos  eventos el juez, de oficio o a solicitud  del   fiscal   o  de  la  defensa,  de  encontrar  la  causal  de  incompetencia  sobreviniente  en  audiencia  preparatoria o de juicio oral, remitirá el asunto  ante  el  funcionario  que  deba  definir  la  competencia, para que este, en el  término  de  tres  (3)  días,  adopte  de  plano  las decisiones a que hubiere  lugar”.   

          El  artículo 55, en los apartes transcritos, regula dos hipótesis.  La   primera,  cuando  la  incompetencia  se  evidencia  en  las  audiencias  de  formulación  de imputación y acusación, oportunidades a las cuales se refiere  el  artículo  54  de  la  Ley  906  de  2004 como momentos en que resulta dable  manifestar  la  incompetencia.  Y la segunda, cuando ésta surge en la audiencia  preparatoria  o de juicio oral, caso en el cual, de acuerdo con la disposición,  la misma reviste carácter sobreviniente.   

          Frente  al  primero de dichos supuestos, la Sala tiene señalado que  la  competencia  también  puede  objetarse  en  las  audiencias “de  solicitud  de  preclusión  y  de  verificación del preacuerdo,  cuando  éste  ha  sido  realizado  antes  de  la  presentación  del escrito de  acusación,…  pues,  se  trata  de  un  aspecto que se debe resolver de manera  previa  a  la  continuación del trámite respectivo7. Bajo  la  misma consideración jurídica, dígase que en caso de darse la terminación  anticipada  por  vía  de  la  figura del allanamiento a los cargos (arts. 293 y  351.1  Ley  906  de  2004), también hay lugar a controvertir la competencia, lo  cual    podrá    hacerse    en    la   audiencia   de   verificación   de   la  aceptación.   

          La   incompetencia  puede  proponerla,  en  cualquiera  de  los  dos  supuestos  antes  referidos,  el propio juez o alguna de las partes, dando lugar  en  ambos casos a la activación del procedimiento regulado en los artículos 54  y  341  de  la Ley 906 de 2004, es decir, el envío de la actuación al superior  jerárquico  del  juez  de  la  causa  para que en el término de tres (3) días  adopte la decisión a que hubiere lugar.   

          La  manifestación  de  incompetencia,  en las dos hipótesis, puede  darse  por cualquier factor legal de competencia, a condición de que en el caso  del  segundo supuesto la causal tenga carácter sobreviniente. La posibilidad de  que   ello  ocurra  en  esa  segunda  hipótesis  se  deriva  de  la  expresión  “en      estos      eventos”      consignada  en la parte inicial del inciso segundo del artículo 55,  locución  que  remite  a  las situaciones reguladas en el inciso primero de esa  norma  donde  no  se  hace salvedad alguna acerca de los factores de competencia  que resulta dable discutir tanto por el juez como por las partes.   

          En  relación  con el tema de la prórroga, la primera hipótesis no  se  remite  a  mayor  controversia.  En  caso de que ni el juez ni alguna de las  partes  muestre  inconformidad  en  torno  a  la  competencia, ésta se prorroga  automáticamente,  salvo  si  se  trata del factor subjetivo o si la competencia  queda radicada en funcionario de superior jerarquía.   

          El  precepto,  en  el  inciso  primero,  se  vale así del principio  orientador   de   las   nulidades   denominado  convalidación  para  sanear  la  actuación,  es  decir,  que  si  el  interesado  no  alega  en  su  momento  la  incompetencia,   no   le   es  dable  hacerlo  posteriormente  para  invocar  la  concurrencia  de  una  causal  de nulidad, salvo en las dos eventualidades antes  referidas.   

          En   el   anterior   sentido,   la   comentada   disposición   debe  interpretarse  de  manera armónica con lo establecido en el artículo 456 de la  Ley  906  de  2004, conforme al cual “será motivo de  nulidad  el  que  la actuación se hubiere adelantado ante juez incompetente por  razón  del  fuero, o porque su conocimiento esté asignado a los jueces penales  del circuito especializados”.   

          La  previsión  antes  transcrita  resulta apenas natural y lógica,  porque,  como  quedó  visto,  frente  a  los  demás factores de competencia la  actuación  queda  saneada y, por consiguiente, prorrogada la competencia cuando  en la oportunidad debida la misma no se controvierte.   

          Sea  aquí  del  caso examinar la incongruencia que existe entre los  artículos  55  y  456,  cuando el primero señala que la prórroga no comprende  los  casos  en  los  cuales  la  competencia  quede  radicada  en funcionario de  superior  jerarquía,  mientras  el segundo establece como causal de nulidad, en  cuanto  a  ese  aspecto,  solamente la eventualidad de que el conocimiento esté  asignado  a  los  jueces  penales  de  circuito especializado, de donde surge la  paradoja  según la cual en caso de variar la competencia de un juez municipal a  uno  de  circuito,  no  se  produce  su prórroga y, sin embargo, no hay lugar a  decretar  la  nulidad  si  el  juez  municipal continúa con el conocimiento del  asunto.   

          Considera  la  Sala que esa incoherencia legislativa debe resolverse  mediante  una  interpretación  sistemática,  en  el sentido de entender que se  trata  de  dos  disposiciones  complementarias  entre  sí,  en  tanto solamente  encuentran   fundamento  si  se  aplican  simultáneamente,  de  manera  que  la  imposibilidad  de  que  se  configure  la prórroga en los casos referidos en el  inciso  primero del artículo 55 tiene explicación únicamente si se acepta que  la no alegación de incompetencia genera nulidad.   

          Imperioso,  por  tanto,  resulta  concluir  que si un juez municipal  asume  el  conocimiento de asunto de competencia de un juez penal del circuito y  esa  irregularidad  no  se  subsana  por vía del trámite de incompetencia, tal  situación constituye nulidad.     

          Sobre  la  hipótesis regulada en el segundo inciso del artículo 55  en  cuestión,  ha  de  señalarse que su interpretación no puede desligarse ni  del  contenido integral de esa disposición ni de lo establecido en el artículo  456.  En  consecuencia,  si  la  primera de esas normas regula en su contexto la  figura  de  la  prórroga,  necesario  será entender que cuando en la audiencia  preparatoria  o  de juicio oral sobrevenga causal de incompetencia y ésta no es  manifestada  por  el  juez  ni  por  alguna  de  las  partes,  la competencia se  considera  prorrogada,  salvo  si se trata del factor subjetivo o la misma queda  radicada  en  funcionario  de  superior  jerarquía,  pues  en  estos  casos  se  configura  motivo  invalidante,  conforme  lo  establece  el  artículo  456  en  mención.   

          Es  de  anotar  que  la  prórroga  de  competencia  también  puede  presentarse   cuando  con  posterioridad  a  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  el  procesado  acepta  parcialmente  los  cargos  o  celebra  algún  preacuerdo  con  la  fiscalía,  de  modo que si por esa circunstancia varía la  competencia,  tal  eventualidad  debe  ser manifestada oportunamente, so pena de  operar  la  comentada  figura,  salvo  si  se trata del factor subjetivo o si la  competencia queda radicada en funcionario de superior jerarquía.   

          Lo  anterior  porque,  sin duda, la activación de los mecanismos de  terminación   anticipada   efectuada   con  posterioridad  a  la  audiencia  de  formulación  de  acusación constituye causa sobreviniente que puede alterar en  ciertos  casos  la  competencia.  A  este  respecto,  la  Sala  juzga pertinente  examinar  algunas  situaciones  que al respecto se presentan, ello con el fin de  precisar  el  alcance  de  la  providencia  del  9  de abril de 20088,  en la cual,  por  vía  del  mecanismo de la definición de competencia, la Corte consideró,  contrariamente,  que  las  figuras  de  terminación  anticipada no constituían  causa sobreviniente. Tales situaciones son:   

1) La actuación se adelanta por un concurso  de  hechos  punibles, en donde uno de los delitos es de conocimiento del juez de  la  causa y el otro de funcionario de inferior jerarquía, y el procesado acepta  o celebra preacuerdo solamente respecto de uno de ellos.   

          2)  El  proceso  se sigue por un delito agravado, cuya circunstancia  de  mayor punibilidad determina la competencia del juez, pero el acusado celebra  preacuerdo  sin  ese  fundamento  modificador de la pena. Por ejemplo, homicidio  agravado  según los numerales 8º, 9º y 10, casos en los cuales la competencia  es de los jueces penales de circuito especializado.   

          La  primera  de  esas  situaciones  puede,  a  su  vez,  generar dos  eventos.  El  primero,  cuando  el  delito aceptado o preacordado es el de mayor  entidad.  En ese caso el juez pierde competencia para seguir conociendo respecto  del   punible   de  menor  entidad  una  vez  dicte  la  consiguiente  sentencia  condenatoria,  pues  de  acuerdo con el numeral 3º del artículo 53 del Código  de  Procedimiento Penal de 2004, la ruptura de la unidad procesal se produce tan  pronto  se  emita  “la decisión que anticipadamente  ponga  fin  al  proceso”.  Por  tal  razón,  en  la  audiencia  preparatoria o en el juicio oral a celebrarse en el proceso que ha de  continuar  su  cauce  normal  podrá  alegarse la consiguiente incompetencia, so  pena de operar la figura de la prórroga de competencia.   

El  otro  evento  ocurre  cuando,  por  el  contrario,  la  aceptación  o  el  preacuerdo  opera  por  el ilícito de menor  entidad.  En  ese  caso  no  hay  lugar a promover el trámite de definición de  incompetencia,  porque  como,  igualmente,  la  ruptura  de  la  unidad procesal  solamente  se  produce  cuando  el  juez  de  la  causa emite la “decisión  que  anticipadamente  ponga  fin  al  proceso”,   será   ese   funcionario   el   competente  para  emitir  el  correspondiente fallo.   

          A  su  turno, cuando se trata de delito agravado (segunda situación  enumerada  en  precedencia),  tampoco resulta dable objetar la competencia si se  preacuerda  el punible sin la agravante porque, como lo concluyó la Corte en la  decisión  del  9 de abril de 2008 antes citada, mientras el juez de la causa no  se  pronuncie sobre la legalidad del preacuerdo la competencia está radicada en  su  despacho  o,  conforme  textualmente  se  señaló  en  ese pronunciamiento,  “por tratarse de un preacuerdo su validez y eficacia  le  corresponde  determinarla a éste, o dicho de otro modo, se trata de eventos  cuya    concreción    y    legalidad    se    establece    con    su   ulterior  aprobación”.   

          Y,  adicionalmente,  por  cuanto  una vez verifique la legalidad del  preacuerdo,  solamente  restará proferir la respectiva sentencia, sin que quepa  oportunidad  para  controvertir  la  competencia,  si  se  tiene  en  cuenta  lo  establecido  en  el inciso 5º del artículo 351 de la Ley 906 de 2004, conforme  al  cual:  “Aprobados  los  preacuerdos por el juez,  procederá    a    convocar    la    audiencia    para   dictar   la   sentencia  correspondiente”.   

          Caso concreto:   

          Como  quedó  visto atrás, después de allanarse el procesado a los  cargos  formulados  en  la  audiencia  de imputación, el Juez Primero Penal del  Circuito  Especializado  asumió  el conocimiento del proceso y celebró en tres  sesiones        la        audiencia       que       denominó       “individualización    de    pena    y    sentencia”,  en  la  cual verificó la legalidad de la aceptación al punto de  decretar  la  nulidad  en  lo  relacionado  con  el  delito  de  concierto  para  delinquir.    

          Pese  a  que  con la decisión de nulidad el conocimiento del asunto  se  trasladaba  a los jueces penales del circuito, conforme lo establecido en el  numeral  2º  del  artículo  36 de la Ley 906 de 2004, ni el juez ni ninguna de  las  partes  propuso  la  incompetencia, como se imponía en ese momento. Por el  contrario,   el  director  de  la  causa  expresamente  argumentó  ostentar  la  competencia  para continuar tramitando la actuación, manifestación frente a la  cual  la  delegada  de la Fiscalía tímidamente exteriorizó no estar conforme,  aun  cuando  se abstuvo de impulsar el incidente de impugnación de competencia.   

En  relación  con  lo  anterior, la Sala no  comparte  la  apreciación  de  la  Procuradora  Delegada  cuando señala que la  tímida  manifestación  de  la  representante  del  ente  acusador bastaba para  impedir  la  configuración  de  la  prórroga,  por cuanto, según sostiene, la  norma    habla    tan    sólo    de   “alegar   la  incompetencia”.    Esta    expresión   no   puede  interpretarse  aisladamente  sino  dentro  de  su contexto y en conjunto con las  normas que regulan la materia.   

En  ese  orden,  se  destaca cómo el propio  artículo   55  señala  que  la  incompetencia  debe  manifestarse  o  alegarse  “en   la   oportunidad  indicada  en  el  artículo  anterior”,   remisión   que  no  puede  entenderse  exclusivamente  para  aludir  al  momento  en  el  cual se propone aquélla sino  también  para  señalar  la  necesidad  de que tal manifestación conlleve a la  activación  del  procedimiento de impugnación de la competencia regulado en el  mismo  artículo  54  y  en  el  341  de la Ley 906 de 2004, a efectos de que la  actuación se remita al superior jerárquico para su definición.   

Recuérdese   que   la   prórroga  de  la  competencia  es  consecuencia de la aplicación del principio de convalidación,  en  cuanto  se produce por la omisión de dar curso al superior jerárquico para  que  defina  la  controversia,  razón  por  la  cual el no ejercicio oportuno y  adecuado   del   mecanismo   de   impugnación   de  competencia  conduce  a  la  convalidación   de   la  actuación  y  al  saneamiento  de  la  irregularidad.   

Lo  anterior fue, exactamente, lo acontecido  en  el  presente  evento,  pues  ni el juez ni ninguna de las partes hizo uso de  dicho  instrumento,  por  cuya  razón  la  competencia  se prorrogó en el juez  especializado,  teniendo  en  cuenta  que  la incompetencia no devino del factor  subjetivo  ni  la  misma  quedó radicada en funcionario de superior jerarquía,  sino  en  uno  de  inferior  rango  conforme  los  términos  del parágrafo del  artículo  55,  al  tenor del cual “el juez penal del  de  circuito  especializado  es  de  superior  jerarquía  respecto  del juez de  circuito”..   

          En  conclusión, el Juez Primero Penal del Circuito Especializado de  Bogotá  no  incurrió  en  nulidad  cuando  conservó  el  conocimiento  de  la  actuación  para  dictar  la  sentencia  de  primera  instancia, pues en su caso  operó  la prórroga de competencia regulada en el artículo 55 de la Ley 906 de  2004.   

          No prospera el cargo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO      CASAR      la      sentencia  impugnada.   

          Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

Excusa justificada  

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto del 20 de octubre de 2004, radicación 21302.   

2 Corte  Constitucional. Sentencia C-131 de 2002.   

3  Radicación 24323.   

4 CORTE  CONSTITUCIONAL,        Sent.       SU-120-03, Mag. Pte., Dr. ÁLVARO TAFUR GALVIS.   

5  Al  respecto,   consultar  sentencia  del  18  de  noviembre  de  2008,  radicación  30539.   

6 Auto  del  4  de abril de 2006, radicación 24187. En el mismo sentido, auto del 15 de  mayo de 2008, radicación 28716.   

7 Auto  del 9 de abril de 2008, radicación 29444.   

8  Radicación 29444.     

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