30670(01-04-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30670  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta No. 101  

Bogotá,  D.C.,  primero (1) de abril de dos  mil nueve (2009).   

                                                                                 VISTOS   

Resuelve  la  Sala el recurso de reposición  interpuesto  por  el  defensor  del  requerido en extradición FERNANDO LONDOÑO  QUIZA,  contra el auto del 16 de diciembre de 2008 el cual negó la práctica de  pruebas.   

                                                                    ANTECEDENTES   

Con  Nota  Diplomática  No.  1669 del 17 de  abril  de  2008  la  Embajada de Italia solicitó la detención provisional, con  fines  de  extradición,  del  señor  FERNANDO  LONDOÑO QUIZA por cuanto en su  contra  “están  pendientes  las órdenes de custodia cautelar en prisión No.  33669/2004  R.G.N.R.  y  No.  6132/2004  RG  GIP,  emitidas por el Juez para las  Investigaciones  Preliminares  del Tribunal de Milán, por el delito de tráfico  de sustancias estupefacientes”.   

En  sustento  de  la petición se allegó la  siguiente documentación:   

“1.   Descripción   de   los   hechos  delictivos;   

2.   Orden   de   custodia   cautelar   de  prisión;   

3.    Decreto    de    llamamiento    a  juicio;   

4. Leyes incriminantes y Leyes en materia de  prescripción del delito;   

5. Huellas digitales”.  

Así mismo, con la nota diplomática en cita  la  Embajada  de  Italia  informó: “la presente solicitud de extradición del  ciudadano     colombiano     LONDOÑO     QUIZA     Fernando,     se    entiende  formalizada”.   

En  tal  virtud, el Ministerio de Relaciones  Exteriores  con  oficio  No.  OAJ.E. 0747 del 22 de abril de 2008, dirigido a la  Cartera   del   Interior  y  de  Justicia,  conceptuó:  “En  atención  a  lo  establecido  en  nuestra  legislación  procesal  penal  interna  por no existir  Convenio   aplicable   al  caso  es  procedente  obrar  de  conformidad  con  el  ordenamiento penal colombiano”.   

En otro sentido, mediante Resolución del 12  de  mayo  de  2008  el  Fiscal  General  de  la Nación se abstuvo de ordenar la  captura  con  fines  de extradición del requerido, al observar que dentro de la  documentación  aportada  por  el  Gobierno  solicitante  no se había adjuntado  “la  traducción  al castellano del decreto de llamamiento a juicio dictado…  contra el señor Fernando Londoño Quiza”.   

Con   el   propósito   de   conjurar   la  inconsistencia,   con  Nota  Verbal  No.  3189  del  26  de  junio  de  2008  la  Representación  Diplomática  del  país  reclamante aportó la traducción del  Decreto  del  17  de  enero  de 2007 emitido por el Tribunal de Milán, por cuyo  medio    se   dispuso   el   juicio   contra   el   señor   FERNANDO   LONDOÑO  QUIZA.   

Así  las  cosas,  el  Fiscal  General de la  Nación  ordenó  la  captura del señor LONDOÑO QUIZA con Resolución del 9 de  julio  de  2008,  la  cual  se  materializó  el  13 de septiembre siguiente por  miembros   del   Departamento  Administrativo  de  Seguridad  en  la  ciudad  de  Villavicencio.   

De otra parte, mediante oficio No. DAI 009284  del  18  del  septiembre de 2008, la Dirección de Asuntos Internacionales de la  Fiscalía  General  de  la  Nación remitió la documentación al Ministerio del  Interior  y  de Justicia donde, una vez revisada, el Viceministro de Justicia la  envió  con  escrito  No. OFI08-30759-DIJ-0100 del 9 de octubre del mismo año a  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia para lo de su  competencia,  al  estimar  “reunidos  los  requisitos  formales exigidos en la  normatividad     procesal    penal    aplicable”1.   

A su turno, la Corporación con decisión del  16  de  octubre  de  2008  requirió  al señor FERNANDO LONDOÑO QUIZA para que  nombrara  defensor de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 529 de la Ley 600  de  2000,  quien  en efecto designó un apoderado de confianza, al cual por auto  del  día  siguiente se le reconoció personería adjetiva y a la par se dispuso  agotar  el  traslado contemplado en el inciso primero del artículo 518 ibídem,  del que sólo hizo uso el abogado del solicitado.   

                                                    PROVIDENCIA IMPUGNADA   

El 16 de diciembre de 2008 la Sala negó, por  improcedente,  la  prueba  deprecada  por  el  apoderado judicial del requerido,  consistente  en  demandar  del  Gobierno  de  Italia  “copia  íntegra, fiel y  auténtica,  debidamente  traducida al idioma español, de la sentencia de 13 de  marzo  del  2008,  dictada  por  el  Tribunal  de  Milán  en contra de FERNANDO  LONDOÑO  QUIZA,  mediante la cual se le impuso la pena principal de 15 años de  reclusión,  por  el  delito de tráfico de narcóticos” y, para el efecto, se  apoyó en las siguientes consideraciones:   

1.  El documento en cita resulta innecesario  para  emitir  el  concepto  respectivo,  pues, de acuerdo con lo dispuesto en el  artículo  511  de  la  Ley  600 de 2000, es requisito suficiente para ofrecer o  conceder  la  extradición  “Que  por  lo menos se haya dictado en el exterior  resolución de acusación o su equivalente”.   

2. La práctica de la prueba aludida implica  el  quebrantamiento  del  debido  proceso  por exceso de exigencia en las formas  previamente  definidas  en  el  ordenamiento  jurídico, por cuanto basta que se  aporte la pieza procesal equivalente a la acusación.   

3.  Dicha  pieza  procesal  no  limita  la  competencia  de  la  Corte  respecto  del  estudio  del  principio  de  la doble  incriminación,  por  cuanto  si  éste  se  contrae a determinar si la conducta  imputada  en el país extranjero es delito tanto allí como aquí, tal examen se  adelanta   independientemente   de   la   providencia   aportada  (acusación  o  sentencia).   

4.  No  se  afecta el derecho de defensa del  solicitado  por  no  tener  conocimiento  de su situación jurídica en el país  requirente,  en  concreto  debido  a  la  falta  de ofrecimiento de la sentencia  presuntamente  emitida  en  el  Tribunal  de  Milán,  pues  con  tal postura se  pretenden   ventilar   aspectos   propios  del  derecho  de  contradicción  que  corresponde  ejercitar  ante las autoridades del Estado solicitante en el evento  de que proceda la extradición.   

                                                                         EL RECURSO   

El defensor de señor FERNANDO LONDOÑO QUIZA  fundamenta la impugnación en los siguientes argumentos:   

1. Teniendo en cuenta que para el momento de  solicitarse  la  entrega  del requerido se había dictado sentencia en su contra  en  el  Estado  reclamante, la petición de extradición debió formalizarse con  fundamento  en  esa  pieza  procesal  y  no  en  una  decisión equivalente a la  acusación,  pues  los  requisitos  formales de cada una de esas determinaciones  son  distintos;  además,  los  cargos  pueden  variar  al punto de modificar la  tipicidad y de hacer más benigna la pena.   

2.  El  artículo  511 de la Ley 600 de 2000  hace  referencia  a  que  la  solicitud  de  extradición  se  debe realizar con  fundamento  en  la  pieza  procesal que el Estado requirente tenga al momento de  efectuar  la  petición de entrega y no de manera alternativa con sustento en la  acusación o la sentencia.   

3.  Carece de justificación que el Gobierno  de   Italia   haga  la  solicitud  de  extradición  fundado  en  una  decisión  equivalente  a  la  acusación  cuando  para  ese  entonces  ya  contaba  con la  respectiva sentencia.   

4.  Se  afecta  el  derecho  de  defensa del  solicitado  por  cuanto se le requiere para comparecer a juicio y en realidad ha  sido condenado.   

                                          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La impugnación reside en la posible carencia  de  los  requisitos  para  solicitar  la  extradición  del ciudadano colombiano  Fernando  Londoño  Quiza,  por  ser requerido con fundamento en las órdenes de  custodia  cautelar  en  prisión No. 33669/2004 R.G.N.R. y No. 6132/2004 RG GIP,  emitidas  por  el  Juez  para  las  Investigaciones Preliminares del Tribunal de  Milán,   cuando   se   sabe  que  el  país  requirente  ya  emitió  sentencia  condenatoria  cuyo contenido resulta indispensable conocer para establecer si la  tipicidad   de  la  conducta  punible  pudo  variar,  y  con  ello  la  sanción  mínima.   

Tiene  claro  la  Sala  que, tratándose del  concepto  de  extradición,  resulta imprescindible, entre otros, establecer que  el  delito imputado tenga prevista una sanción mínima privativa de la libertad  de  cuatro  (4)  años  que, en el caso examinado resulta obligado constatar tal  requisito en la sentencia.   

Esa precisión es relevante por su incidencia  en  el  concepto  que  debe  emitir  la  Corte y como mecanismo garantizador del  debido  proceso, razones que llevan a la Sala a reponer el proveído impugnado y  reclamar  al  Estado  requirente  copia  integral,  fiel  y  auténtica,  con su  respectiva  traducción  al  español  de  la  sentencia del 13 de marzo de 2008  dictada   por   el   Tribunal   de   Milán   en   contra   del   requerido   en  extradición.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

                                                                            RESUELVE   

1. REPONER la providencia del 16 de diciembre  de 2008, por las razones expuestas.   

2. RECLAMAR al Estado requirente copia fiel y  auténtica,  con  su  respectiva traducción al español, de la sentencia del 13  de  mayo  de  2008  dictada por el Tribunal de Milán en contra del requerido en  extradición.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

               Excusa justificada   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Permiso                                                                  Salvamento de voto   

AUGUSTO      JOSÉ      IBÁÑEZ  GUZMÁN                                       JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

A continuación expreso las razones que me  condujeron  a  salvar  el  voto  en este caso. Mi respetuosa discrepancia con la  decisión  adoptada por la Sala mediante la cual resuelve reponer el auto del 16  de     diciembre     de     2008,     radica   en   que  de  acuerdo  con  la  actuación  surtida,  la  normatividad    que    regula    el    trámite   de  extradición   en   este   asunto   y   el  criterio  pacíficamente  decantado  por  la  Corte,  la prueba  ordenada es superflua.   

Con el propósito  de  evidenciar  lo anterior, en principio se ofrece oportuno recordar  lo  registrado  en  el  auto  revocado  por  la Sala,   en   particular   donde   se   explica   la   dinámica  probatoria  propia  del trámite de  extradición, pues allí se  refleja    el    pensamiento    constante    de   la  Corporación  en  esa materia, a partir de lo cual se  llega  a  dos  conclusiones  preliminares,  las  que  son necesarias para ir demostrando el desacierto en que  estimo incurre la opinión mayoritaria.   

En    esa   oportunidad   sostuvo   la  Sala:   

“Inicialmente es preciso señalar que la  práctica  de  pruebas  con  ocasión  de  la  fase  judicial  del  trámite  de  extradición   sólo   es  procedente  si  se  relaciona  con  el  concepto  que  corresponde  emitir a la Corte, el cual, de conformidad con lo establecido en el  artículo  520  de  la  Ley  600  de  2000,  se fundamenta en «la validez   formal   de  la  documentación  presentada,    en    la    demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado, en el principio de la  doble   incriminación,  en  la  equivalencia  de  la  providencia  proferida  en  el  extranjero  y,  cuando  fuere  el  caso,  en  el  cumplimiento    de    lo    previsto    en    los    tratados    públicos».   

Ahora, según lo  expresado  por  el  Ministerio de Relaciones Exteriores, este asunto se rige por  el   Código   de   Procedimiento  Penal2, el cual, en  su  artículo  235, señala  que  debe  ser  rechazada  la práctica de las pruebas  «legalmente  prohibidas o  ineficaces,  las que versen sobre hechos notoriamente  impertinentes       y       las      manifiestamente      superfluas»;    alcance   que   trasladado   al  trámite  de  extradición  debe   aplicarse   a   los   requisitos   señalados  especialmente  en  el  artículo 520 ibídem.   

Así las cosas,  en    la    fase   judicial   del   trámite   de  extradición  sólo  es posible decretar las pruebas pertinentes, es decir, aquellas  que  demuestren  los supuestos derivados de las exigencias previstas tanto en el  referido   artículo  520,  como  de  los  requisitos  puntualizados    en    los    artículos   511  y  513  de  la  Ley  600  de  2000  y  18 del Código Penal.  Igualmente,  se  ordenarán las conducentes, como son  aquellas  autorizadas  en  la  ley  con  capacidad  para  comprobar los precisos  aspectos   sobre   los   cuales   compete   a   la  Corte  rendir  su  concepto.  Finalmente,      se  evacuarán  las  útiles, o  sea  las  llamadas  a  acreditar  un  asunto  aún no  corroborado   y   de   verdadero   interés  para  la  actuación”.   

Entonces,  de lo anterior se extrae que en  el  sub  judice  se  procede  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000)   y,   a   su   vez,   que   las   pruebas   por   practicar  deben  tener  relación  con  los  requisitos  contenidos  en  los  artículos    511,    513   y   520   ibídem  y  18 de la Ley 599 de 2000.   

De  otra  parte,  se  observa  que  con  fundamento   en   lo   dispuesto   en   el   numeral  1º  del artículo 511 de  la  Ley  600 de 2000, la Sala expresa en el auto objeto de mi disentimiento que,  “resulta  imprescindible…  establecer que el delito imputado tenga prevista una  sanción    mínima  privativa     de     la     libertad     de     cuatro    (4)    años”, por  lo  que  “en  el  caso  examinado  resulta  obligado  constatar  tal requisito  en          la         sentencia”3   dictada   en   el  Estado  requirente.   

Igualmente, agrega que dicha “precisión   es   relevante   por   su  incidencia    en    el   concepto   que   debe   emitir   la   Corte.   

Así las cosas,  surgen  varias inconsistencias de tales afirmaciones,  si  se  tiene en cuenta el contenido de la actuación  y   las   limitaciones   ampliamente   decantadas   por   la   Corte  respecto  de  la dinámica probatoria  propia   de   la   fase  judicial  del  trámite  de  extradición.   

En   efecto,   en   primer  lugar,  si como se reconoce en el auto materia de mi disenso, es  este  caso  la  actividad  probatoria  surge  de  la  necesidad  de constatar la  exigencia  de  la pena mínima del delito por el cual  se  solicita  la extradición, visto lo estipulado en  el       numeral       1º       del artículo  511  de  la  Ley  600  de  2000,  es claro que resulta improcedente reclamar del  Estado     requirente     copia    “de  la  sentencia”  dictada el 13 de  mayo  de  2008 por el Tribunal de Milán, pues, en la  decisión del 16 de diciembre de 2008, a  través  de la cual inicialmente      se      negó     la  obtención de ese fallo, se sostuvo:   

“…de  acuerdo  con  lo consagrado en el artículo 511 de la  Ley  600  de  2000,  es  requisito  para  ofrecer  o  conceder     la     extradición     «que  por  lo   menos   se   haya   dictado   en  el  exterior  resolución de acusación  o         su         equivalente»      (subraya      fuera     de  texto).   

En esa medida, resulta suficiente aportar  la   pieza   procesal  aludida,  como  ocurre  en  el  caso  particular  y,  por  consiguiente,  la  solicitud probatoria orientada a lograr copia de la sentencia  que,     según    expresa    el    apoderado  del  requerido,  se profirió  en contra de su representado, es superflua.   

Es  que  mal  puede  exigir el procurador  judicial  del solicitado el aporte de documentos más  allá  de  lo  exigido  en  la  ley  para  emitir el  respectivo  concepto  por  la  Corte, por cuanto ello  implicaría  el  quebrantamiento  del debido proceso  por   exceso  de  exigencia  en  relación  con  las  formalidades   previamente   definidas   en  el  ordenamiento  jurídico.   

Tal situación  lleva  a  concluir,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  abogado  del reclamado  que,   la   competencia   de  la  Corte    en    punto   del   trámite   de  extradición,  no  se  ve  limitada  por el hecho de que el Gobierno requirente  aporte    una    pieza   procesal   equivalente   a   la   acusación,  pues  como  viene  de  señalarse,  así está previsto en la  ley.   

Igualmente,     el    ofrecimiento   de   la   pieza   procesal  en  cuestión   tampoco   impide   el   estudio  del  principio  de  la  doble  incriminación,  por  cuanto  si  éste se contrae a  determinar  si  la  conducta  imputada  en  el  país  extranjero   es   delito  tanto  allí  como  en  el  nuestro  [y  si tiene una  pena    no    menor    de    4   años],  tal examen se adelanta independientemente de la providencia que  se   aporte   (acusación  o  sentencia)”.   

Así las cosas,  de  entrada  estimo  que  es  innecesario  contar con la sentencia dictada en el  Estado  requirente  bajo  el  argumento de que en tal  pieza   procesal   “la  tipicidad  de  la  conducta punible pudo variar y con  ello       la      sanción      mínima”,          pues   se  cuenta  con  una  decisión  equivalente  a  la  acusación, a partir de la que se  puede  adelantar  el examen del requisito previsto en el numeral 1º       del      artículo 511 de la Ley 600 de 2000.   

En   segundo   lugar,   si   bien   —en    gracia   de  discusión—   puede  darse  el  hecho  de  que  la  pieza  equivalente  a  la  acusación  aportada  por  un  Gobierno  requirente  eventualmente   sea   insuficiente   para  constatar  el   cumplimiento   del  requisito  de  la pena mínima previsto en el numeral  1º  del artículo 511 de  la  Ley  600 de 2000, pues  paralelamente  exista  una  sentencia dictada en el mismo asunto donde en efecto  se     varíe     la     tipificación   de   la   conducta   punible   y,   por   lo   tanto,  se  vea  comprometido  el requisito consagrado en la norma en  cita,   es   evidente   que   en   el   caso   particular  no  se  presenta  tal  situación,   para   lo   cual   basta  revisar  la  actuación surtida.   

En  efecto, no debe perderse de vista que  la  prueba  decretada  por la Corte se sustenta en la  información  suministrada  por  el  defensor, quien  allegó   copia   del   fallo   dictado  por el Tribunal de Milán  el 13 de  marzo  del 2008 en contra del solicitado, donde se lo  condenó  “por   el   delito   de   tráfico  de  narcóticos”.   

Ahora,    si    tal    sentencia   se  dictó   con   base  en  la  imputación  contenida en el decreto de llamamiento a juicio del 17 de enero  de  2007  emitido  por  el mismo Tribunal, pronunciamiento que a su vez sirve de  fundamento  a  la  solicitud  de  extradición, donde  igualmente  se deduce la conducta punible       de      “tráfico   de   narcóticos”,  de  lo  anterior  se  sigue  que  la  prueba  decretada  por la  Sala  es  claramente  superflua, pues, distinto a lo  aseverado  por la opinión mayoritaria, no refleja ni  reflejaría      una      variación de la tipificación.   

En  tercer  lugar,  se  observa    que    si    la    Corte   dio  crédito  a  las  palabras del defensor acerca de la  existencia  de  la  sentencia, al punto que ordena se allegue su copia, entonces  razonablemente  no  puede  descartar  la  referencia  que  el  togado hizo de su  contenido   y,   por  ende,  si  como  se  viene  de  recordar, hay identidad entre imputación     jurídica    señalada  en  el  decreto  de llamamiento a juicio del 17 de enero de  2007  y  la  deducida en la sentencia proferida el 13  de   marzo   del   2008,  por  esta  vía     igualmente    resulta    superflua    la    práctica       de      la      prueba  ordenada.   

En     cuarto     término,   se   evidencia   que  con  la  postura  adoptada  por  la  Sala  se abre la posibilidad para que en adelante no  sea  el  país  requirente  quien en ejercicio de su  soberanía  determine  la  pieza  procesal  que  le  dé    sustento    a    la    petición     de    extradición,   sino   que  ello  se  difiere  a  los  intervinientes  en  el  trámite de extradición,  como  ocurre  en  este  caso  en  relación  con  el  defensor.   

Al  margen de lo anterior, se observa que  la  Sala deja de lado su criterio en torno de la improcedencia de pruebas     como     la    ordenada,    pues    al    respecto    ha  expresado:   

“Asimismo,  tomando  en  cuenta que el fundamento de la solicitud de extradición…  por   parte  del  Gobierno  de  Panamá  es  el auto de detención de fecha 22  de    septiembre    de    1999    dictado    por    el    Juzgado   Sexto  de  Circuito    de    lo  Penal  del  Primer           Circuito          Judicial    de   Panamá,  con ocasión del auto de apertura de  causa  criminal proferido por la misma autoridad judicial el trece de octubre de  ese   año,   donde   se  acusa  a  los  requeridos  «por infractores de las  disposiciones    legales    contenidas    en    el  Título VII, Capítulo V,  del  Libro II del Código Penal, es decir,  por  el  delito  genérico  contra  la salud pública  conforme se encuentra reformado  en  el  Texto  Único de  las Leyes de Drogas», resulta inconducente pretender que  se  alleguen  piezas  procesales  distintas  de  las  expresamente  mencionadas  por las autoridades judiciales y diplomáticas  extranjeras  en cumplimiento de lo dispuesto por el literal  a)       del       artículo      decimosegundo     del    instrumento  internacional aplicable al caso.   

La         Corte   observa   que   la   defensa  ha  pretendido  allegar  a  la  actuación  copia  de la  sentencia  proferida  el  dos  de octubre de dos mil uno por el Juzgado Sexto de  Circuito  de  lo  Penal  del  Primer  Circuito  Judicial  de Panamá,   mediante   la  cual  se  absuelve  a  los  requeridos    en    extradición  «de los  cargos  que le fueron formulados por el delito contra  la  salud pública relacionado con drogas,  sin  embargo,  mientras  siga  vigente la providencia en que se  soporta  la  solicitud de extradición y se mantengan  los  presupuestos  de  procedencia establecidos en el  instrumento   internacional   aplicable,   son  estos  los  que  determinan  los  fundamentos  en  que  se  debe  sustentar  el  concepto, sin que la Corte cuente  con   la  facultad  de  preferir  una pieza procesal distinta de las expresamente contempladas  por las partes tratantes o de las mencionadas como sustento de  la   solicitud  por  las  autoridades  diplomáticas  extranjeras…”4.   

En  ese  orden  de ideas, es claro que la  actuación  del  Gobierno  requirente  no  admite reparos, pues, de un lado, se  plegó  a lo dispuesto en  la   ley   y,   de   otro,  como  se  advirtió,  su  decisión  de  aportar  el  decreto de llamamiento a  juicio  constituye  la  manifestación  de  su plena  autonomía como Estado soberano.   

Además,  no  sólo el artículo 511 de  la   Ley   600   de   2000   alude   al   requisito  mínimo    de    la  acusación  o  su  equivalente, lo cual en efecto se  cumplió en este caso, sino que el artículo      513      ibídem,      al      señalar    los    documentos    necesarios    para    solicitar    la  extradición, pone de presente:   

“La solicitud  para     que    se    ofrezca    o    se    conceda    la    extradición  de  persona  a  quien  se  haya  formulado   resolución   de  acusación    o    su    equivalente    o   condenado   en   el   exterior,  deberá    hacerse    por    la    vía        diplomática”.   

Lo  anterior  entonces  permite  reiterar  que,  contrario  a  lo  decidido  por  la Sala, no es necesario que el Estado  requirente    allegue    con    su   petición   de  extradición una determinada pieza procesal o que en  este  caso  se  haga  indispensable  la  sentencia  dictada  en  el  Tribunal de  Milán,     pues     la    aportación   del   decreto   a  llamamiento  a  juicio  no  sólo  fue  acertada  sino  suficiente.   

La conclusión  que  precede  igualmente  resulta  coherente con lo dispuesto en el artículo  512  del Estatuto Procesal Penal, donde se prevé que el  Gobierno   Nacional   “deberá   exigir   que  el  solicitado  no  vaya  a ser juzgado por un hecho anterior diverso del que motiva  la  extradición”,  pues  de  allí se sigue que el  límite  de maniobra del Estado requirente se encuentra precisamente en la pieza  ofrecida,  en  este  caso  el  decreto  de llamamiento a juicio dictado el 17 de  enero de 2007 por el Tribunal de Milán.   

De otra parte, se tiene que a consecuencia  de  haberse  ordenado  la prueba solicitada por el defensor, la Sala  termina  aceptando que las precisas previsiones contenidas en el  ordenamiento  jurídico  pueden  ser  modificadas  a  voluntad  por  las  partes,  afectándose   por   tal   motivo  la  seguridad  jurídica.   

Entonces,   visto  que  la  información  brindada  por la actuación no da lugar a la indefinición planteada por la Sala  y,  por  consiguiente,  a  la  necesidad  de  la  prueba  decretada,  lo cual es  coherente  con  la  postura  fijada  por la Corte, pero además, que el Gobierno  requirente  ajustó  su  proceder  a  la  normatividad  que  regula  el presente  trámite  de  extradición,  se concluye que en efecto la prueba en cuestión es  superflua.   

Con  los  anteriores  razonamientos  dejo  presentada  la  inconformidad en relación con el auto de la Sala por cuyo medio  decide  revocar  el  del  16  de diciembre de 2008, a través del cual se había  negado  solicitar  al  Estado  requirente copia de la sentencia dictada el 13 de  mayo de 2008 por el Tribunal de Milán.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Magistrada  

Fecha ut supra  

    

1  Es  decir,  la  Ley 600 de 2000, en atención a la época de comisión de los hechos  que sirven de sustento a la presente solicitud de extradición.   

2 En el  presente  caso  se  aplica  la  Ley  600 de 2000 por cuanto los hechos en que se  sustenta    la    petición    de    extradición    ocurrieron    durante    su  vigencia.   

3  Subraya fuera de texto.   

4 Cfr.  Auto del 12 de febrero de 2002, Radicado No. 18629.     

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