30604(18-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30604  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  JOSÉ          LEONIDAS          BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  333   

Quibdó,  dieciocho  de  noviembre de dos mil ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   las  demandas  de  casación  discrecional  que  presentan  e  invocan  los  defensores  de  los  procesados  MARTHA  LUCÍA  DAZA  RENGIFO    y   PAULINO   ROBLES   URREA,   contra  la  sentencia  de     segunda    instancia    proferida  por  el  Tribunal Superior  del   Distrito   Judicial   de   Cali,   mediante  la  cual    los    condenó    por   el   delito   de  fraude  a  resolución  judicial.   

Antecedentes.-   

1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  Cali, fue declarada por el  Juzgador de la manera siguiente:   

“El 4 de octubre  de  1965,  el  señor PAULINO ROBLES URREA  y  la  señora ALBA LUCÍA VALENCIA contrajeron matrimonio por el  rito  católico, procrearon dos hijos y adquirieron un inmueble en la Carrera 48  No.    14-96   en   el   sector   de   La   Selva   de  esta  ciudad.  A  finales  de  la  década  de  los  70’, el matrimonio ROBLES  VALENCIA,  en compañía de  sus  dos vástagos, fruto de  las           adversas          circunstancias        que  se  presentan  en  nuestro  país, inician la diáspora que ha  llevado  a muchos otros compatriotas a buscar futuro en otras latitudes; en este  caso  los  esposos  se  residenciaron  en  los Estados Unidos de Norte América,  dejando  en el inmueble de su propiedad a la señora AURA URREA DE ROBLES, madre  del    señor   PAULINO   ROBLES   URREA  y  a  la  menor  OLGA  LUCÍA  VALENCIA,  sobrina  de ALBA LUCÍA  VALENCIA.   

“En  el  exterior,  el  matrimonio ROBLES  VALENCIA,  entró en crisis y se divorcian en agosto de 1996 en una Corte de New  Jersey,  que comprendió la partición de bienes en un acuerdo común, según el  cual   el  señor  PAULINO  ROBLES  URREA  quedaba  como propietario absoluto de la residencia que se había  adquirido  en  tierras  americanas, más exactamente en el Condado de Patterson,  en  tanto  que  la  señora ALBA LUCÍA VALENCIA quedaba como única  propietaria  del  bien adquirido en Cali, y ambos en custodia del  tercer hijo en el país del Norte.   

“Es  así  que,  mientras  que  el señor  PAULINO  ROBLES  URREA, no  tuvo  dificultad  alguna  para  disponer del bien que le correspondió según el  acuerdo,  lo  enajenó,  la  señora  ALBA LUCÍA VALENCIA dos años después de  realizado  dicho  acuerdo,  no había podido lograr que la madre de PAULINO   ROBLES   URREA  quien  había  quedado  viviendo  en  la  casa  que  le correspondió dentro del acuerdo, se lo  entregara.   

“Esto  motivó  que,  el  2 de febrero de  1998,  la  señora  ALBA  LUCÍA  VALENCIA  iniciara  proceso  ordinario  reivindicatorio,  mismo  que le correspondió por reparto al  Juzgado   Séptimo  Civil  del  Circuito,  donde  la  parte  demandada,  representada por el abogado JESÚS  RUBIANES   HERRERA,  resultó  vencida  en  juicio.  No  obstante  la  decisión  judicial,  la  señora madre de PAULINO ROBLES URREA, se negó a devolver a ALBA  LUCÍA  VALENCIA el inmueble, por lo que debió solicitar diligencia de entrega,  la   cual   se   programó   para   el   12   de  octubre  de  1999  y  resultó  fallida.   

“El      señor      PAULINO  ROBLES  URREA, ante el resultado  adverso  en  el  que  su  madre  fue vencida en juicio, según fallo del Juzgado  Séptimo  Civil  del  Circuito,  consultó  el  caso con la doctora MARTHA  LUCÍA  DAZA  RENGIFO,  quien lo  entera  de la invalidez del acuerdo en Colombia hasta tanto no obrara aval de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  a  través  de  proceso  judicial de exequátur.   Por   tanto,  era  perfectamente  válido  instaurar  proceso  de divorcio, con base en una separación de hecho superior a dos años,  y  solicitar en consecuencia la disolución de la sociedad conyugal, entre otras  cosas,  para  que  procediera  la  medida previa de embargo y secuestro del bien  inmueble,  que  se registraba como único bien en el haber de la sociedad ROBLES  VALENCIA.   

“Enterado   el   señor   PAULINO  ROBLES URREA de esta situación,  otorga  poder  a  la  abogada  para  que  dé  inicio al proceso, presentando la  demanda   pertinente   para   tal  efecto,  correspondiéndole  por  reparto  al  Juzgado Décimo de Familia,  el  cual  ordenó,  en  la admisión de la demanda, el secuestro del bien que se  hizo  efectivo  en  diligencia  del  7 de octubre de 1999. En esa diligencia, se  nombró  como  secuestre al señor PEDRO NEL LÓPEZ SOLÍS, y se le hizo entrega  del bien.   

“El  secuestre  LÓPEZ  SOLÍS  estuvo  presente  en  la  diligencia  de  entrega del bien, ordenada por el Juzgado  Séptimo  Civil  del Circuito,  la  cual  fue  llevada  a  cabo  por  la  Inspección 5ª de Comisiones Civiles,  formulando  oposición  por  su condición de tenedor  del  mismo,  por virtud de decisión del Juzgado de Familia que lo designó como  secuestre.   

“De la misma  manera,  presentó  oposición  la  señora  OLGA VALENCIA CAMACHO (misma que al  partir  hacia el extranjero la familia Robles Valencia, siendo apenas una menor,  quedó  al  cuidado  de  la  madre  de PAULINO ROBLES  URREA  en  la  casa  de  éstos)  quien nombró como  apoderada  para  la  diligencia  a  la doctora MARTHA  LUCÍA   DAZA   RENGIFO,  quien  a  su  vez  aceptó  el nombramiento, argumentando como oposición que su  poderdante era poseedora de más de veinte años.   

“Estos  son  los  hechos que llevaron al  apoderado  de  la  señora  ALBA  LUCÍA  VALENCIA, doctor ÁLVARO POSSO CASTRO,  inicialmente  en el reivindicatorio y posteriormente en el divorcio, a instaurar  la  denuncia  penal  que  desembocó en la sentencia condenatoria emitida por el  Juzgado Diecisiete Penal del Circuito”.   

2.- Adelantada la fase correspondiente a la  instrucción   y   previa   clausura   de   ésta1,     el     31   de   octubre   de   2002   la   Fiscalía   29   Seccional  Delegada  de  la  Unidad  de  Delitos  contra la Libertad Individual y otras  Garantías  con  sede  en  Cali, calificó el mérito  probatorio  del  sumario  con resolución de acusación en contra de    los  procesados  PAULINO  ROBLES  URREA  y MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO, como presuntos  autores  responsables  del concurso de delitos  de fraude procesal y fraude  a  resolución  judicial  definido por los artículos  453  y  454  del  Código  Penal  de 2000. Asimismo,  profirió  resolución  de acusación en contra de los señores PEDRO NEL LÓPEZ  SOLÍS,  AURA  URREA  DE ROBLES y RAFAEL AMILKAR ESCANDÓN ROBLES, por el delito  de     fraude     a     resolución     judicial2.   

Contra esta determinación los defensores de  los   acusados   interpusieron   recurso   de  apelación  que  el  17  de  febrero de 2004 resolvió   la  Fiscalía  Tercera  Delegada ante el Tribunal Superior de Cali en el sentido  de   “CONFIRMAR   la  providencia   acusatoria   dictada   contra   todos  los  endilgados,  con  la  única  salvedad  de  que  se revoca en cuanto al señor PEDRO NEL LÓPEZ SOLÍS  (secuestre),  a  quien  se  le  precluye la investigación en forma ‘residual’  ”3.   

3.-  El trámite del juicio fue asumido por  el   Juzgado   Diecisiete  Penal  del  Circuito  de  Cali4,  en  donde  se  llevó  a  cabo  la  vista  pública5,   y  el  diez   de  abril  de  dos  mil  siete  se    puso   fin   a   la   instancia   condenando   a              la         procesada  MARTHA  LUCÍA  DAZA RENGIFO, “a  las  penas  principales  de  dos (2) años de prisión, un (1) año de arresto y  multa   de  cien  mil  pesos”,  así  como  a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término igual al de la pena de prisión, e inhabilitación para  el  ejercicio de la profesión de abogacía por el término de un año. Condenó  asimismo     al     procesado    PAULINO    ROBLES  URREA,  a  las  penas  principales  de  18  meses  de  prisión,  6 meses de arresto y multa en cuantía  de   $50.000.00,  y  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al de la pena de prisión, como consecuencia de  encontrarlos  penalmente responsables del concurso de delitos de fraude procesal  y  fraude  a  resolución  judicial,  a ellos imputado en el pliego enjuiciatorio.   

No  obstante  que  en  la  parte  motiva el  juzgador   de   primer   grado   advirtió   que  su  decisión  “será  de  absolución  para Aura Urrea de Robles y Rafael Amilkar  Escandón   Robles”6,  contra quienes también se  había  proferido  resolución  de  acusación  en  este asunto, nada dijo sobre  dicho   particular   en   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia.   

4.- Contra este fallo, la defensa interpuso  recurso  de  apelación  y  el  Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de  Cali,  mediante  sentencia  proferida  el dieciocho de  abril   de   dos   mil  ocho     resolvió  revocarla     parcialmente,     y    absolver a los procesados MARTHA  LUCÍA  DAZA  RENGIFO  y  PAULINO ROBLES URREA,  del  cargo  por  el  delito  de  fraude  procesal, y   condenarlos   “como    coautores    del    delito   de   fraude   a   resolución  judicial,  imponiéndoseles como pena principal a la  primera,  dieciséis  (16) meses quince (15) días de arresto, y para el segundo  diez   (10)   meses   de   arresto”,  entre  otras  decisiones7.    

5.-   Proferida  la  decisión  indicada,  oportunamente    los  defensores     la  recurrieron  en casación  invocando  al  efecto  lo  dispuesto  por  el  inciso  tercero  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000,  el  cual  fue  concedido  por el ad quem8   y  dentro   de   la   oportunidad   legal   presentaron  las              correspondientes  demandas,  sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

Las            demandas.-   

1.-  A  nombre del procesado PAULINO ROBLES  URREA   

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  materia  de  impugnación, y de resumir los hechos  objeto  del  proceso y la actuación llevada a cabo en las instancias ordinarias  del      trámite,  manifiesta  que  la  casación discrecional resulta  procedente,  toda  vez  que  “en el caso materia de  demanda  en  sede  de  casación,  tenemos que el delito de fraude a resolución  judicial,  se  sancionaba  con  pena  de  ARRESTO de seis (6) meses a cuatro (4)  años,  al  tenor  del artículo 184 del Decreto 100 de 1980, exigencia objetiva  las  normas  atrás  relacionadas,  esto  es,  trátase de conducta punible cuya  sanción  punitiva  no  supera  los  ocho (8) años de prisión. Respecto de los  restantes  requisitos  normativos,  el  suscrito  casacionista  se  ocupará  de  formularlos,  renglones  adelante,  cumplido  lo  cual  imploro  que  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Honorable  Corporación  se  digne,  dentro  de  la  discrecionalidad del caso, admitir la presente demanda y  darle curso legal respectivo”.   

Seguidamente, con  apoyo  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, de  casación,  un  cargo formula el recurrente contra el  fallo  de  segunda  instancia,  argumentando  que  en  éste  “se incurrió en violación indirecta de la  ley   sustancial   por   error   de   hecho,  fundado  en  un  falso  juicio  de  raciocinio    (sic)  –apreciación  errónea-,  el  cual  desquicia  el  contenido  del  fallo emitido en contra del  señor     PAULINO    ROBLES    URREA”.   

Sostiene  que  el sentenciador incurrió en  error  de  hecho,  porque  al  apreciar  la  oposición presentada al momento de  llevarse  a  cabo  por  parte  de la Inspección Quinta de Comisiones Civiles de  Cali,  la  diligencia  de  entrega del inmueble ordenada por el Juzgado Séptimo  Civil   del   Circuito   a   la   señora  ALBA  LUCÍA  VALENCIA,  el  Tribunal  consideró  evidente la participación del procesado  PAULINO  ROBLES  URREA  en  condición  de  determinador  destinado a procurarle  obstáculos  al  cumplimiento de la orden del juez de entregar el bien inmueble,  derivando  con  ello  “deducciones que atentan los  principios  de  la  sana  crítica,  es decir los postulados de las reglas de la  experiencia”.   

Anota  que  si  el  Tribunal  no  hubiera  incurrido  en  tal  error de hecho, la decisión hubiese sido otra, “es   decir   se  habría  absuelto  al   ciudadano   PAULINO  ROBLES  URREA,  esto  es,  revocando  la  sentencia  de primera instancia dictada por el Juzgado Diecisiete  Penal  del Circuito de la misma ciudad, en otros términos, el yerro fue tal que  condujo   a   errar   frente   al   derecho  material  o  sustancial”.   

Después  de aludir a las normas procesales  relativas  a  la  apreciación  de  las  pruebas, considera evidente que la sana  crítica  presupone la libertad judicial respecto de la convicción a que llegue  el  funcionario,  lo que no quiere significar que sea totalmente libre, sino que  se   halla   limitada   por   la  lógica,  la  sicología,  la  sociología,  y  principalmente por las reglas de la experiencia.   

Seguidamente dice respetar el análisis que  de  la  prueba  hizo  el  Tribunal,  “pero no puedo  aceptar   que  la  prueba  diga  una  cosa  y  los  juzgadores  la  hagan  decir  otra”,   esto   con  relación  a  la  oposición  de la diligencia de entrega del inmueble, y agrega  que  “como se incurrió en error de hecho por falso  juicio    de   raciocinio   (sic)   de  determinado  medio probatorio, se  llegó  al  equívoco  respecto  de  la responsabilidad penal del señor PAULINO  ROBLES  URREA”.   

Sostiene  que  la  oposición presentada al  momento  de  llevarse  a cabo la diligencia de entrega del inmueble ordenada por  el  Juzgado Séptimo Civil del Circuito  a la señora ALBA LUCÍA VALENCIA,  si  bien  fue  valorada  por  los  juzgadores  de  instancia  en  su integridad,  “ocurre que le asignaron una fuerza de convicción  que  vulnera  los  postulados  de  la  sana  crítica, esto es, las  reglas  elementales      de     la     lógica,  las  máximas  de la experiencia y  aportes  científicos.  Por  esto  es  que incurrió en error de hecho por falso  juicio  de  raciocinio”  (sic).   

A continuación reproduce algunos apartes de  la  referida  diligencia  de  entrega  de inmueble, y  observa  que   su  asistido  “no intervino por  sí  o  por  intermedio  de  apoderado  en esta diligencia; entonces, si esto es  así,  ¿Cómo  explicar  su  responsabilidad  penal en la conducta delictual de  fraude  a  resolución  judicial?,  si  es  el  mismo   Honorable  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali,  quien  admite  que  tal punible se  originó   en  la  oposición  presentada  en  la  tan  nombrada  diligencia  de  entrega”.   

Pero lo más grave, dice, es que el Tribunal  considere  que el señor  PAULINO   ROBLES  URREA  actuó  en  condición  de  determinador,  cuando  lo  cierto  es  que en el poder  conferido  a la doctora MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO no  aparece  una autorización para que ésta participara  en           la           diligencia           de           entrega          del  inmueble.                    

Señala que “el  sentido  común,  la  lógica, las reglas de la experiencia, no nos enseñan que  un  poderdante  sea  responsable de la labor profesional del abogado, máxime si  se  tiene  en  cuenta que la intervención de su apoderada doctora MARTHA LUCÍA  DAZA  RENGIFO  en  la  oposición  de la tan mentada  diligencia  de  entrega  del  inmueble,  no  era consecuencia del PODER ESPECIAL  conferido  y  súmese  a  esto,  que  esa  específica oposición que hiciera la  doctora   DAZA   RENGIFO,  no  prosperó,  fue  rechazada  de  plano”.   

En    punto   de   la   “trascendencia    del    error    de   hecho   invocado”,   sostiene   que  es  el  propio  Tribunal  quien le da la razón al demandante, toda vez que acepta que fue legal  la  actuación  de la doctora MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO ante el Juzgado Décimo  de Familia.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia recurrida y absolver a su asistido de los cargos que  le           fueron           formulados.9   

1.-  A nombre de  la  procesada  MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO   

     

El profesional del derecho que defiende los  intereses   de   esta   procesada,  comienza  por  considerar  que  “en  este asunto se reúnen los requisitos de viabilidad de este  recurso  extraordinario por vía excepcional, toda vez que, es incuestionable la  presencia     de     motivos     de     violación     de     las     garantías  fundamentales”   de   su   asistida.     

Después  de  resumir  los  hechos  y  la  actuación  procesal,  con  apoyo  en  la  causal  primera de casación un cargo  formula  contra  el  fallo  del  Tribunal  en  el  que  lo  acusa de incurrir en  violación   directa   de   la   ley   sustancial   por  cuanto  “se  interpretó  erróneamente  el artículo 184 del Código Penal  (Decreto   100   de   1980)  derogado,  pero  vigente  para  la  época  de  los  acontecimientos”.   

A continuación dice aceptar los hechos que  se  declararon  probados  en  la  sentencia  y  que  constituyeron el fundamento  fáctico  de  la decisión, y seguidamente afirma que  el  fallador  transgredió el principio de antijuridicidad material ya  que  no  es  suficiente  la  simple  contradicción  entre  la  conducta  y  la  norma  sino  que es necesario que efectivamente se lesione o se  ponga en peligro de lesión el bien jurídico tutelado por la ley.   

En  el acápite que el demandante destina a  la   “demostración   de   la  causal”,          considera  necesario  transcribir algunos apartes de los fallos de  instancia,    relacionados   con   “la  conducta  desplegada por la doctora MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO  y  a  consecuencia  de  ella  la  derivación,  tanto  de  la materialidad de la  infracción,  como  de  la  responsabilidad  penal en cabeza  de la abogada  procesada”.   

Seguidamente       manifiesta   no   discutir   que   su  asistida,  en  ejercicio  de un poder legalmente conferido por la ciudadana OLGA  LUCÍA   VALENCIA   CAMACHO,   hubiere  manifestado  oposición  a  la  entrega  del inmueble ordenada  por  el  Juez  Séptimo Civil del Circuito, argumentando     que    su    poderdante    era    poseedora   por   más  de  veinte  años, y anota:   

“La defensa apunta a la ausencia de daño,  con  independencia  de  la  discusión  sobre si la efectiva lesión o puesta en  peligro  del  bien  jurídico  (la  administración  de  justicia), sea tema que  corresponda  al  ámbito de la tipicidad objetiva o al de la antijuridicidad; el  meollo  de  este  asunto radica en establecer si la conducta investigada generó  efectivamente o no perjuicio a la administración de justicia”.   

En  este caso, su asistida, para oponerse a  la  entrega  del  inmueble  en  representación de OLGA LUCÍA VALENCIA CAMACHO,  manifestó  que  su  poderdante  era  poseedora  por  más  de  veinte años, en  argumento  que,  cierto  o  no,  no  era  susceptible  de  causar daño, pues la  funcionaria  de  la  inspección rechazó de plano la oposición, no dudó ni un  momento  de  las  razones  que  expuso  para  tomar  esa  decisión, todo estaba  claro,   toda  vez  que  dijera   lo  que  dijera  la  doctora  MARTHA  LUCÍA  DAZA  RENGIFO      el      resultado     era     el    mismo,   de  modo  que  “no existía  asomo  de  peligro  para  llegar  a la conclusión  de  que la administración de justicia sufriera lesión  o      peligro      de     lesión”.   

Concluye  entonces que la sentencia materia  de  impugnación  “violó de manera directa la ley  sustancial,  por  la  interpretación  errónea  de  los artículos 184 y 21 del  Código  Penal  (Decreto  100 de 1980), derogado, pero vigente para la época de  los   hechos   y   11   del   Código   Penal   (Ley  599  de  2000)”.   

Solicita         por   tanto   a  la  Sala,  casar  la  sentencia  impugnada  y  emitir  el fallo que en derecho corresponda10.    

        SE CONSIDERA:   

1.-    En  cuanto se refiere a   la   casación   discrecional,   la  jurisprudencia  de        esta        Corte       ha        establecido      que     el     censor  tiene  por  deber presentar  la  fundamentación  debida  frente a los dos únicos  motivos   que   determinan   la  viabilidad  de  la  admisión,  sea  que  se  pretenda  el desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de un derecho  fundamental presuntamente transgredido en las instancias.   

Con   dicho   propósito,   el    demandante    debe          precisar,  clara y  nítidamente,  la  razón  o  razones  por  las cuales el Juez de casación debe  intervenir  en  un  asunto  sobre  el  que  no  concurren los presupuestos de la  casación común.   

De este modo, ha  sido   dicho,   si   el   motivo  de  inconformidad  radica   en  aducir  la  violación  de  un  derecho  fundamental,  el  demandante  debe  desarrollar una  argumentación  lógica  dirigida  a patentizar el desacierto. En tal medida, le  compete  demostrar  que  el  juicio  se llevó a cabo con desconocimiento de una  garantía  por  el  quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o la  actividad   del   juzgador,   según  sea  el  caso,  e  indicar  las normas constitucionales que protegen  el   derecho   invocado   y   su   concreto   conculcamiento  con  la  sentencia  ameritada.      

En   ese   sentido,   insistentemente  ha  precisado  que cuando se  aduce  violación  del  debido  proceso,  se  debe comprobar la existencia de la  irregularidad  sustancial  que  afecte la estructura del sistema que lo inspira.  Por   ejemplo,   falta  de  apertura  de  investigación,  no  vinculación  del  procesado,   no   definición   de  la  situación  jurídica  cuando  ella  sea  obligatoria,  o  ausencia  de  la  decisión  de  cierre  de  la investigación;  desconocimiento  de  la  etapa  de  investigación  y/o  juzgamiento;  dentro  del  juicio:  de  la  fase  probatoria  y/o  de  debate  oral;  de  formulación de cargos o sentencia, o la  posibilidad de recurrir en segunda instancia.   

En  cuanto hace a la violación del derecho  de  defensa,  es de cargo de quien la alegue determinar la actuación que estima  lesiva  de esta garantía fundamental, indicar las normas que fueron violadas, y  dejar  establecido cómo el vicio repercute negativamente en la validez del rito  llevado  a cabo y porqué el reo fue privado de oportunidades que le permitieran  sacar avante posturas favorables a su situación.   

Y  si lo que pretende es que la Corte emita  un  pronunciamiento con criterio de autoridad en relación con determinado punto  jurídico  sobre el cual no exista suficiente ilustración y que por oscuro deba  ser  clarificado  por  vía  jurisprudencial,  resulta indispensable que ello se  diga  expresamente  en el escrito respectivo, indicándose igualmente, si lo que  se  pide  es la unificación de posiciones  encontradas sobre el particular  con  señalamiento  de  las  providencias  de la Corte, y no de otra autoridad o  autoridades,  en  las  que  se  observa  posturas  divergentes  sobre  una misma  temática,  la  actualización  de  la  doctrina  hasta el momento imperante por  razón  de  las nuevas realidades jurídicas, políticas, económicas o sociales  que  compete  precisar  al  censor,  o  el pronunciamiento sobre un tema aún no  desarrollado.  Además,  debe  señalar de qué manera la decisión demandada de  la  Corte  presta el doble servicio de solucionar adecuadamente el caso y servir  de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Compete    al    actor,   asimismo,  cumplir  con  los requisitos  establecidos  en  el  artículo  212  de  la  ley  600 de 2000, entre los que se  incluye  la  necesidad  de  enunciar  el  motivo de casación en que se apoya la  demanda,  el  cual  no  puede ser distinto de los señalados en el artículo 207  ejusdem,  e  indicar clara y precisamente los fundamentos fácticos y jurídicos  del  cargo  o  cargos  que  se  formulen,  los  cuales  inexorablemente  han  de  corresponder  a  un  desarrollo  de  las razones en que se funda la solicitud de  admisión de la vía discrecional   

En  todo  caso,  la  jurisprudencia de modo  reiterado  ha indicado que  es  competencia  exclusiva  de  la  Corte,  en ejercicio de su discrecionalidad,  ponderar   la   fundamentación   expuesta  por  la  parte  que  acude  a  dicho  instrumento,  y  decidir  si  admite  o  rechaza  el  trámite  de  la casación  excepcional.   

2.-  En  el  evento sub examine, se observa  que   si   bien   los   demandantes   sugieren   la  transgresión  de  garantías  fundamentales,  una  tal  consideración la hacen  depender  de  la  inconformidad  con  el mérito atribuido a la prueba recaudada  (como  tal  es  el  caso  de la demanda presentada por el defensor del procesado  PAULINO  ROBLES URREA),  o de las consecuencias jurídicas atribuidas a los  hechos  que  se  declaran  probados  (como  pareciera  que se orienta la censura  formulada  por  el  defensor  de  la procesada MARTHA LUCÍA DAZA RENGIFO) y, en  todo  caso,  con  el  sentido de la decisión de condena adoptada por la segunda  instancia,  y  no  la denuncia de haberse cometido un  vicio   de   estructura   o   de   garantía,   de   tal  magnitud  que  amerite  la  intervención  discrecional  de la Sala en orden  al  restablecimiento de la vigencia del ordenamiento  constitucional.   

Por  la  forma  como el defensor de PAULINO  ROBLES  URREA aborda la presentación de la única censura que formula contra el  fallo  del  Tribunal -pues  a  lo que en últimas apunta es al desconocimiento de la facticidad declarada en  el  fallo-, es claro que  no  logra  percatarse  que  los errores derivados de  equivocaciones  surgidas  en  apreciación probatoria, al no estar vinculados en  relación  causativa  con  las  demás  actuaciones  que componen el trámite, a  menos   que   constituyan  defectos  protuberantes  que  incidan  en  la  debida  motivación  de  la sentencia, no conducen a tener que declarar la ineficacia de  lo  actuado, como correspondería proceder cuando se  denuncia   la  violación  de  una  garantía  fundamental  para  justificar  la  procedencia  de  la  casación  discrecional, sino al  proferimiento  del  correspondiente  fallo  de  mérito  por  los  cauces  de la  vía  común  de  casación, y acudiendo ahí sí, a  la    causal   primera,   cuerpo  segundo,  de  casación    por   transgresión   indirecta   de   disposiciones   de   derecho  sustancial.   

De  todos modos, aún de llegar a suponerse  que  se  trató  apenas de un lapsus en la enunciación del reparo, es    claro   que   la   demanda   no  tendrían    ninguna  posibilidad  de  ser  admitida  en  los  términos  planteados  por el  citado  casacionista, pues la Corte  se  ha  orientado  por  sostener que “en principio,  las  posibilidades  reconocidas en la jurisprudencia  para  acceder  a  la  casación  discrecional  no  se extienden a las hipótesis  planteadas  en  la  demanda, es decir, a discutir la valoración judicial de los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa  labor  los  jueces  cuentan con la  relativa   libertad   que   se   desprende   de   la  sana  crítica,  a  no  ser  que se proponga que sus deducciones son producto de  una  motivación  aparente, falsa o ausente, supuesto que determinaría, en caso  de  que  se demuestre y aparezca concretado, la consolidación de un quebranto a  las  garantías,  en  cuanto  obedecerían  tales deducciones a la arbitrariedad  –ajena  a  un  estado  democrático  y  constitucional- y no a la razón y a la justicia”11, pero es  claro  que en este caso el  demandante  no plantea la nulidad de la sentencia por  defectos  de motivación, sino presuntos errores   de  raciocinio  en la apreciación probatoria.   

Quedando entonces patentizado que no resulta  procedente  el  ejercicio  de la discrecionalidad con apoyo en la pretensión de  proteger  indeterminadas  garantías  fundamentales  presuntamente conculcadas  con  el fallo  -menos  si  se  la  utiliza con el evidente propósito de discutir el mérito persuasivo  conferido  a  los  medios  por  el  fallador  de  segunda  instancia-,   sin   dificultad   alguna  podría  decirse  que  esta  misma  situación  concurre  en cuanto tiene que ver con el argumento según el cual el  fundamento  del  recurso  extraordinario  estriba  en  obtener la protección de  garantías     fundamentales    de    la  procesada  DAZA  RENGIFO,  supuestamente conculcadas  por   la   interpretación  errada  del  artículo  184  del  Código  Penal  de  1980.   

A   más   de   no   indicarse,   menos  demostrarse, cuál fue el  vicio   de   garantía   que  habría  cometido   por   el  juzgador  y  que  tornaría  procedente la casación discrecional, con  lo  cual  de  entrada se incumple acreditar el presupuesto de admisibilidad para  el   ejercicio   de  la  discrecionalidad,  el  único  reparo    que  el  defensor    de    la   doctora   MARTHA   LUCÍA   DAZA   RENGIFO   propone,   a  primera  vista  se  ofrece     antitécnicamente     formulado,     pues    suficientemente  ha  sido  dicho que la aplicación  indebida  y  la interpretación errónea de disposiciones de derecho sustancial,  son  sentidos  distintos  de violación a la ley, por ende, basados en supuestos  diversos.   Conforme  la  Sala lo ha señalado, la violación directa de la  ley  sustancial puede llegar a presentarse por falta de aplicación, aplicación  indebida,  o  interpretación  errónea de un determinado precepto, acogiendo de  esta  manera  el  criterio  de  clasificación  trimembre  de los sentidos de la  violación, que reconoce total autonomía al último de ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  presenta  cuando  el  juzgador  deja  de  aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

De  esta  manera  resulta  claro  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras hipótesis de error con la última, radica en  que  mientras  en  la  falta de aplicación y la aplicación indebida subyace un  error  en la selección del precepto, en la interpretación errónea el yerro es  sólo  de  hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma aplicada es  la  correcta,  sólo que con un entendimiento que no es el que jurídicamente le  corresponde,  llevando  con  ello  a  hacerla  producir  por  exceso  o  defecto  consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Tal  sería el caso, por ejemplo, cuando no  discutiéndose  la  facticidad, sino la hermenéutica normativa, el sentenciador  aplica  pena  de  arresto cuando la norma prevé de prisión, o cuando aumenta o  disminuye  la  pena, o cuando impone una pena no prevista en la disposición que  gobierna   el   caso,   para   sólo   mencionar   algunos  eventos  de  posible  realización.   

   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que  adopte  en  relación con ella. En este orden de  ideas,  si  la  norma es aplicada debiendo no serlo o inaplicada debiendo serlo,  habrá  llanamente  aplicación  indebida  o  falta  de aplicación, según cada  caso,  independientemente  de que al error se haya llegado porque el juzgador se  equivoca sobre su existencia, validez, o alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error ha sido  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá   aplicación   indebida   o  falta  de  aplicación,  pero  no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada12.   

Por   razón  de  lo  expuesto,  es  claro que en este caso el defensor de la doctora DAZA RENGIFO, al  formular  el  cargo  contra  la sentencia, abandonó el deber seleccionar una de  aquellas  opciones  y  desarrollar  la  censura de acuerdo al sentido de la vía  seleccionada.  Al  proceder  de otro modo atentó contra el principio lógico de  no  contradicción  en  tanto sugiere la ilegalidad de la sentencia, derivada de  la  aplicación  indebida  de  preceptos  sustanciales,  en  este  caso  de  las  disposiciones  de  tal  orden  que  definen  el  delito  de fraude a resolución  judicial  y  el  principio  de  antijuridicidad  material,  y al mismo tiempo de  haberlos  interpretado erróneamente. Esto, porque de una parte se admite que la  norma  no  fue  correctamente  seleccionada,  mientras que de otra, se acepta la  adjudicación  que  hace  el  juzgador  de  la  norma,  pero se cuestiona que al  hacerlo  se  extienda  su cobertura hacia hipótesis que ella no regula, como en  tal  sentido  ha  sido indicado por la Sala13.   

    

3.- Lo observado  en   ultimas   en   las  demandas,    es   la  inconformidad         de         los  recurrentes   con   la  declaración  de los hechos y el mérito persuasivo conferido por el fallador ad  quem  a  los  medios  de  prueba  recaudados  en  el  proceso, pero sin llegar a  demostrar  la  necesidad de que la Corte proceda a desarrollar la jurisprudencia  sobre  un  determinado  tópico,  o  garantizar  derechos  fundamentales  de los  acusados,  presuntamente  trasgredidos  en  las  instancias,  como  para  que  la  Corte diera cabida a la  casación   discrecional   para   un   caso  en  el  que  no  concurre  la  vía  común.            

Como  quiera  entonces    que    los  casacionistas  omiten fundamentar clara  y   precisamente  los  motivos  que  los  llevan  a  invocar  el  ejercicio  de la discrecionalidad por la  Corte;  los  cargos  que  formulan   no   sólo  resultan  desconectados  de  la  realidad jurídica que el fallo ofrece sino que  acusan     inocultables     defectos    de    orden    técnico    y;  además,  de  la  revisión  de  lo  actuado  no  se observa violación de garantías fundamentales que tornen viable  el  ejercicio  de  la  oficiosidad  por  la  Sala,  resulta inexorable tener que  inadmitir      las  demandas  y  disponer la  devolución del diligenciamiento al  Tribunal de origen.   

4.- Otras decisiones.  

En  la  sentencia  de primera instancia, en  relación  con  los  acusados  AURA  URREA  DE  ROBLES  y  RAFAEL AMÍLKAR    ESCANDÓN    ROBLES,    se  indicó:   

“Si hoy día Paulino Robles Urrea cuenta  con  67  años  de  edad, desconocemos cuántos tendrá su progenitora, sin duda  alguna,  anciana  hace  rato de tránsito por la tercera edad; dama residenciada  en  la  propiedad  en conflicto desde hace más de 20 años, en todo dependiente  de lo que dispusiera su malicioso hijo”.   

“Por tanto, si a Paulino la Daza Rengifo  lo  ilustró sobre la legalidad de solicitar la disolución y liquidación de la  sociedad  conyugal para reclamar  el 50% del predio, qué decir entonces de  esta  anciana  a  quien  nada  se le puede en tales circunstancias imputar, como  tampoco  a Rafael Amílkar  Escandón  Robles, ni tan siquiera a título de complicidad, menos la coautoría  enrostrada en la resolución de acusación.   

“Para nada estos otros procesados tenían  el  dominio  del hecho ni sus roles eran de la importancia como para hablarse de  una  empresa criminal con división de funciones. Bien visto el asunto, la ayuda  de  sus  familiares  no  era  indispensable  para Paulino y su Abogada porque si  eventualmente  Aura  y  Rafael  Amílkar  teniendo  a dónde ir a sus instancias  hubiesen  desocupado  el  inmueble  permitiendo  la  entrega, lo importante para  Robles  Urrea  no  era  quién  residiera  allí  sino quedarse con la mitad del  derecho  de  dominio,  de  manera  que en la diligencia de marras, ocupase quien  ocupase,  de  todas  formas  el  secuestre habría formulado su oposición, y al  final  el  auxiliar  de  la  justicia  a cualquier tercero ese u otro  día  habría  tenido  que  dar  en  arrendamiento,  así  fuese un desconocido como a  diario  ocurre  en la práctica judicial; razonamientos de suyo suficientes para  disponer la absolución de estos coprocesados.   

(…)  

“Se  declarará el derecho con sentencia  de  condena  para contra (sic) Martha Lucía Daza Rengifo y Paulino Robles Urrea  al  encontrárselos  coautores  responsables  de  fraude  procesal  y  fraude  a  resolución   judicial;   decisión  que  será  de  absolución  para  Aura  Urrea   de  Robles  y  Rafael  Amílkar  Escandón  Robles”.14   

No  obstante haber anunciado el funcionario  de  primer  grado  que  la  decisión  sería  de  absolución  para  estos  dos  procesados,  ninguna decisión adoptó respecto de ellos en la parte resolutiva,  como tampoco lo hizo el Tribunal en segunda instancia.   

Por  esta razón, como en relación con los  citados  ciudadanos  no  se  formuló apelación ni tampoco se recurrió en sede  extraordinaria,  una  vez  advertido  el yerro por la  Corte     lo     procedente    es    cumplir          el    deber    de   corrección   de  los       actos  irregulares,  previsto  por  el  artículo  15  de la Ley 600 de 2000, norma  rectora,                 obligatoria   y prevalente sobre cualquiera otra disposición  del   Código  de  Procedimiento  Penal,      y     adicionar,  en  consecuencia,  la  parte  resolutiva  del fallo de primera instancia a fin de que  la      absolución      allí      dispuesta       surta los efectos jurídicos correspondientes.   

Sobre    dicho    particular    la   Corte15  tiene  precisado lo siguiente:   

“El  artículo  412 de la Ley 600 de 2000  señala  que la sentencia es irreformable e irrevocable por el mismo juez o sala  de  decisión  que la dictó, con excepción del error aritmético, en el nombre  del  procesado  o  de omisión sustancial en la parte  resolutiva.   

“Asimismo el artículo 310 del Código de  Procedimiento  Civil  prevé  que  toda  providencia  judicial es susceptible de  corrección  en cualquier tiempo por el juez que la profirió, cuando en ella se  incurra  en  error  puramente  aritmético  o en equivocaciones contenidas en su  parte  resolutiva  o  que influyan en ella  debidas a omisiones, cambios de  palabras o alteraciones de éstas.   

“Las hipótesis  legales  conciernen  a  la  posibilidad  de  la  aclaración o la adición de la  sentencia  por  “omisiones sustanciales en la parte resolutiva” –inciso 2º del artículo 412- o bien  por  equivocaciones  en su parte resolutiva u omisiones que tengan incidencia en  ella  según  la  segunda  disposición  citada,  lo  cual significa que el juez  –singular  o plural- lo  que  puede  es  enmendar un error de carácter objetivo o subsanar un descuido u  olvido     de    esta    misma    naturaleza    (se  destaca).   

“Cualquiera otra pretensión por esa vía  contraviene  los  mandatos  legales,  porque  una  vez  adoptada  la sentencia y  decididas  las  impugnaciones  interpuestas  contra  ella  el  mismo  juez queda  impedido  para  hacer  nuevos  pronunciamientos  que  lleven inmersos juicios de  valor  o para resolver peticiones que no le fueron propuestas o tratar temas que  tampoco   fueron   objeto   de   controversia   a   través   de   los  recursos  ordinarios”.   

               

Como en este caso la parte sustancial de la  sentencia  no  resulta modificada, en cuanto no se cambian sus fundamentaciones,  ni  se  introducen  razones o argumentos distintos de los expresados en la parte  considerativa   del   fallo,   sino   que   éste   permanece  incólume  en  su  fundamentación  fáctica  y  jurídica,  la  corrección  resulta  jurídicamente  procedente, como en tal  sentido  también ha sido  precisado  por  la  Sala Civil y Agraria de esta Corporación en sentencia de 22  de   mayo  de  2000,  con  ponencia  del  Magistrado  Silvio   Fernando   Trejos   Bueno,   y  la  Sección  Tercera del Consejo de Estado  en auto del 9  de  mayo  de  1996, con ponencia del Consejero Daniel Suárez Hernández, según  cita  que  de  ellos  se  hace  por  la  Corte  Constitucional en la Sentencia T  104516 de 2003, en la cual además se indicó:   

“Ahora  bien.  En  la  sentencia T-540 de  200317,   la   Corte,  al  decidir  respecto  de  la  acción  de  tutela  interpuesta  contra  las  mismas  sentencias  de  primera  y  segunda instancia,  estableció  que  la  contradicción  entre  la parte  motiva  y la parte resolutiva de la providencia puede ser corregida haciendo uso  del  mecanismo  establecido  en  el  artículo  310 del Código de Procedimiento  Civil.18   En   este   sentido,   dado  que  la  corrección  bajo  estudio se limitó a armonizar las partes motiva y resolutiva  de  la  sentencia,  se concluye, que (i) no adicionó ningún asunto novedoso al  conflicto  jurídico  resuelto  en  la sentencia de segunda instancia, y (ii) no  fueron  modificadas  las  razones  principales  por  las  cuales fue adoptada la  providencia  corregida.  Más  bien,  la  corrección  era necesaria para que la  decisión    se    mostrara   consistente   con   sus   fundamentos.  En  este  orden  de ideas, el auto bajo análisis no reformó los  fundamentos  de  la  sentencia  corregida,  y  por ende, no incurrió en vía de  hecho”.   

Sucede además, que de no proceder la Corte  en  la  forma  en  que  se  anuncia,  contribuiría  nada  menos  que a dejar en  indefinición  la situación jurídica de los dos procesados URRREA y ESCANDÓN,  con  grave  perjuicio  para  éstos  pese  a haber sido absueltos por la primera  instancia  y  sin que esta determinación hubiese sido materia de discusión por  ninguna de las partes.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

PRIMERO.        INADMITIR        las          demandas    de    casación    discrecional  presentadas    por  los defensores   de  los         procesados    MARTHA  LUCÍA  DAZA  RENGIFO  y    PAULINO    ROBLES  URREA,  por  lo  anotado  en  la  motivación de este  proveído.     En    consecuencia    SE   DECLARA   DESIERTO  el  recurso.   

SEGUNDO.  ADICIONAR  la  parte resolutiva del fallo de primera  instancia,   en el sentido de ABSOLVER a los  procesados  AURA URREA DE ROBLES y RAFAEL AMÍLKAR ESCANDÓN ROBLES,  del cargo que por el delito de fraude  a    resolución   judicial   les   fuera  imputado  en  la  resolución  de  acusación.   

TERCERO.  En  relación  con  los  procesados  absueltos,  el  juzgado  de  primera  instancia  procederá  a cancelar las órdenes de captura y las cauciones que hubieren sido  prestadas,  así  como  a  levantar  la  prohibición  de  salir del país y las  medidas  cautelares  sobre bienes que se encuentren vigentes. Además, de ser el  caso,  comunicará  lo  aquí resuelto a las mismas autoridades a las que se les  comunicó  la  medida  de  aseguramiento,  el  calificatorio  del  sumario  y la  sentencia.   

Contra  esta  providencia   no procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase al Despacho   de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Excusa justificada  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fl.  349 cno. 2   

2 Fl.  382 y ss. Cno. 2   

3 Fl.  483 y ss. cno. 3   

4 Fl.  520 cno. 3   

5  Fls. 767 y ss. cno. 3   

6 Fl.  846 cno. 4   

7  Fls. 928 y ss. cno. 4   

8  Fls. 972 cno. 4   

9  Fls. 978 y ss. cno. 4   

10  Fls. 1010 y ss. cno. 4   

11  Cfr. auto cas. de 9 de febrero de 2005. Rad. 23055   

12  Cfr. Cas. de 24 de octubre de 2002. Rad. 13692   

13  Cfr. cas. de octubre 27 de 2004. Rad. 20926   

14  Fls. 843-846 cno. 4   

15  Cfr. Auto de Casación. junio 22 de 2005. Rad. 23453   

16“La  Corte  Suprema  de  Justicia también ha establecido que la  corrección  de  providencias  judiciales en virtud del artículo 310 Código de  Procedimiento  Civil  cabe  en  los  casos  en  los  cuales el juez encuentra la  necesidad,  a  petición  de  una de las partes o de oficio, de enmendar errores  relacionados  con  las  expresiones  utilizadas  en  la parte resolutiva, que no  guarden  concordancia  con la parte motiva de la sentencia. Por ejemplo, la Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria,  en sentencia de 22 de mayo de 2000, MP Silvio  Fernando  Trejos Bueno, corrigió el sentido de la condena en costas de la parte  demandante  a la demandada. La Corte afirmó lo siguiente: “(…) Las  condenas  en  costas  de  las  instancias  son  de  cargo del  demandado  y  que  si  en  lugar  de  éste  se emplearon los términos “parte  demandante”,  obedeció  a un lapsus por alteración de palabras que puede ser  corregido  en cualquier tiempo, de oficio o a petición de parte, según dispone  el  artículo  310  C.  P.  C.”   En el mismo  sentido,  el Consejo de Estado, al corregir la parte resolutiva de una sentencia  que   no   estaba   relacionada  con  la  parte  considerativa,  manifestó  que  “si  bien  se  procede  a  hacer  la  corrección  aritmética  solicitada, de ninguna manera se modifica la parte sustancial de la  sentencia,  no  se  cambian  sus  fundamentaciones,  no  se introducen razones o  argumentaciones  distintas  de  las  ya ampliamente expresadas en el fallo. Este  permanece  incólume  en  su  fundamentación  fáctica y jurídica, y sólo por  razón  de  la  corrección  aritmética  el valor de la condena se modifica. En  realidad  se  procede  a corregir la inclusión  equivocada de unos valores  que  manifiestamente  la  Sala había desechado para no comprenderlos dentro del  monto  condenatorio  determinado  en  la  sentencia.  Tal  inclusión obviamente  modificó  el  resultado  aritmético proyectado por el juzgador. Se sumaron por  error  unos  factores  que  no correspondía sumar porque, se repite, los mismos  habían  sido  expresamente  desestimados.  Incluir  en  la  liquidación  tales  sumados  cuya  validez  o eficacia económica indemnizatoria se había excluido,  originó  un  resultado  aritmético  errado  en cuanto que iba en contrario del  criterio  muy  claro,  preciso  y  explícito  del fallador,  consignado en  forma  indubitable  en  el  párrafo  de la página 109 referido, cuyo contenido  conceptual,    no    fue    contrariado    en    la   sentencia”.   (Sección  tercera,  auto de 9 de mayo de 1996, CP: Daniel Suárez  Hernández)”.   

17  MP Jaime Araujo Rentería.   

18  En  dicha  ocasión,  la  Corte  dispuso:  “Como es  evidente,  las  equivocidades  en  que  incurrieron los juzgadores en el proceso  ejecutivo  singular  que  se  siguió  en  contra de los intereses del actor, no  tienen  la  virtualidad  de  engendrar  vía  de  hecho y menos aún cuando para  enderezar   sus   yerros   se   utilizaron   los   medios  que  el  ordenamiento  jurídico   ha  establecido,  como lo es la posibilidad de corregir errores  puramente   aritméticos,   que  establece  el  artículo  310  del  Código  de  Procedimiento Civil.”     

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