30451(19-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30451  

CORTE      SUPREMA      DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 260  

           

Bogotá, D. C., agosto diecinueve (19) de dos  mil   nueve  (2009).             

VISTOS:  

Emite la Corte concepto sobre la solicitud de  extradición  del  ciudadano colombiano Luis Édgar Medina Flórez, elevada  por   el   Gobierno   de  los  Estados  Unidos  a  través  de  su  Embajada  en  Colombia.   

                                                                          

ANTECEDENTES:  

1. Mediante Oficio No OF108-24733-DIJ-0100 de  21   de   agosto   de    2008,   el   Ministerio   del   Interior     y     de     Justicia     comunicó    a   esta  Corporación   que  el Gobierno de los Estados  Unidos  por   conducto   de  su Embajada en Colombia en la Nota Verbal No. 0948 de 2  de  abril  del  año  anterior, solicitó la detención provisional con fines de  extradición  del  ciudadano   colombiano  Luis Édgar Medina Flórez, para  comparecer   a   juicio   por   delitos  federales  de  narcóticos.     

2.  El Fiscal General de la Nación expidió  la  resolución de  18 de abril siguiente ordenando la captura con fines de  extradición  del  solicitado  Luis  Édgar  Medina Flórez, decisión que se le  notificó  el  24 del mismo mes y año en el establecimiento carcelario donde se  encontraba recluido.    

3. El Ministerio del Interior y de Justicia,  previo  concepto  de  su homólogo de Relaciones Exteriores, según Oficio OAJ.E  1246  de  23  de  junio  de 2008, sobre la inexistencia de convenio aplicable al  caso,  remitió  a  la  Corte  la  documentación enviada por la Embajada de los  Estados  Unidos  debidamente  traducida  y  autenticada,  consciente  de  que la  normatividad   que   rige   el   trámite   en  este  caso  es  el  ordenamiento  constitucional y  procesal  penal colombiano.   

4. Mediante auto de 23 de octubre del pasado  año  se  le  reconoció  personería  al  defensor  del solicitado y se dispuso  correr  el  traslado  previsto  por  el  artículo  500 de la Ley 906 de 2004 al  requerido  y  a  su  defensor, para que solicitaran las pruebas que consideraran  necesarias dentro del presente trámite.     

            5.  Las  peticiones  probatorias  de  la  defensa fueron resueltas  en  providencia de 19 de febrero de 2009.     

6.   La  Procuraduría  Delegada  y  el  defensor presentaron sus alegaciones de fondo.   

ALEGATOS:  

                           

1. De la defensa:  

Luego de señalar el lugar de reclusión del  solicitado  Luis  Édgar  Medina Flórez, expresó su conformidad por el decreto  de   las  pruebas solicitadas y señaló que a partir  del 16 de abril  de  este  año el requerido rinde versión libre por haberse acogido a la Ley de  Justicia  y  Paz,  y  estará atento a la confesión y aceptación de cargos que  realice   Medina   Flórez  que  puedan  interesar  a  esta  Corporación.    

2.  Del  Procurador Tercero Delegado para la  Casación Penal:   

2.1.  Se  refiere  a  los antecedentes de la  actuación  y  precisó  que  contra   Luis  Édgar Medina Flórez  se  dictó  la  acusación  No.  07-300 (RCL) de 2 de noviembre de 2007 que contiene  los  cargos  uno  (1)  y  cuatro  (4)  relacionados con los delitos federales de  narcotráfico.        

2.2. Indica que de acuerdo con lo manifestado  por  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores el trámite de las extradiciones  solicitadas  a  Colombia  por  el Gobierno de los Estados Unidos se rige por los  requisitos formales contenidos en la Ley 906 de 2004.   

2.3.  Adicionalmente,  existen presupuestos de orden constitucional que es  necesario  verificar  tales  como  que  la extradición no podrá concederse por  delitos  políticos  y,   conforme  al  artículo 35 de la Carta Política,  modificado   por   el  Acto  Legislativo  No.1  de  1997,   tratándose  de  nacionales   colombianos  por  nacimiento  sólo  es  posible  frente  a  hechos  realizados  con  posterioridad  al 16 de diciembre de 1997 por delitos cometidos  en el exterior.     

2.4.  Para  este  caso  resulta  claro  que Medina Flórez no está siendo  solicitado  por  delitos  políticos, los hechos ocurrieron con posterioridad al  16 de diciembre de 1997 y traspasaron las fronteras colombianas.   

                     

2.5.    Luego   de   relacionar   la  documentación  anexada  a  la solicitud de extradición  dice que se halla  satisfecha  la  exigencia  sobre  su  validez formal porque el Estado requirente  solicitó  a   Medina  Flórez   por  la vía diplomática y  las  firmas   de  quienes  la  suscriben  fueron  autenticadas  debidamente  por  las  autoridades  respectivas  de  los  Estados  Unidos  y  por la autoridad consular  colombiana en el mismo país.   

2.6.  Encuentra  demostrada   la   identidad  del  solicitado   porque  la persona reclamada en los documentos  allegados  para   sustentar   la  extradición como Luis Édgar Medina  Flórez,  conocido  como  “Comandante  Chaparro”,  es  ciudadano colombiano,  nacido  el  31  de  octubre  de  1970,  registrado con la cédula colombiana No.  1.082.850.534,  y  es la  misma a  quien se le notificó la orden  de  captura con fines de extradición el 24 de abril de 2008 debido a que en ese  acto se identificó de esa manera.   

2.7. Después de remitirse a la trascripción  de  los  dos (2) cargos formulados en la acusación No.  07-300 (RCL)   de  2  de  noviembre  de  2007  dictada   en la Corte Distrital de los  Estados  Unidos  para  el  Distrito de Columbia,  concluye que se cumple el  principio   de  la  doble  incriminación  porque  las  conductas  imputadas  al  solicitado  Luis  Édgar  Medina  Flórez,  también aparecen tipificadas en los  artículos  340, modificado por los artículos 8 de las Leyes 733 de 2002 y 1121  de  2006,  y 376 del Código Penal, con penas mínimas privativas de la libertad  cuyo   “máximo”  (sic)  no  es  inferior  a  los  cuatro  (4)  años.    

2.8.  Indica que la acusación proferida por  el  Gran  Jurado  de la Corte de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito  de  Columbia  contra Medina Flórez  es equivalente y tiene la misma fuerza  vinculante  que  el  pliego de cargos del sistema procesal penal colombiano  regulado  en  la Ley 906 de 2004 porque describe con claridad las circunstancias  de  modo,  tiempo  y  lugar  de  las  conductas  investigadas  y  su adecuación  normativa.   

2.9. Sugiere que debe emitirse concepto   favorable  al  pedido  de  extradición  de  Luis  Édgar  Medina  Flórez  pero  advirtiéndosele  al  Gobierno  Nacional  sobre  la obligación que le asiste de  condicionar  la entrega de la persona solicitada a que sólo sea juzgada por los  delitos  que  motivaron  su  solicitud;  a  que  no podrá ser sometido a tratos  inhumanos,  crueles  o degradantes, ni a la pena de muerte o cadena perpetua; y,  a  que  se  le  respeten  todas  las  garantías  en  su  condición de acusado.  Y,     

2.10.  Como  el requerido Luis Édgar Medina  Flórez  se  desmovilizó  colectivamente en el “Bloque Resistencia Tayrona”  de  las  Autodefensas Unidas de Colombia el 3 de febrero de 2006 y fue postulado  al  procedimiento  judicial  de  la  Ley  975  de  2005, corresponde al Gobierno  Nacional  condicionar  la entrega a que se garanticen los derechos fundamentales  de    las    víctimas    a    la    verdad,    justicia,   reparación   y   no  repetición.   

CONCEPTO DE LA CORTE:  

1. Aspectos previos:  

Conforme al artículo 35 de la Constitución  Política,  modificado  por  el  Acto Legislativo 01 de 1997, y el artículo 490  del  Código de Procedimiento  Penal, y en razón de haberse  cometido  los  delitos  comunes  por  los cuales es solicitado en extradición Luis Édgar  Medina  Flórez desde febrero de 2005 o alrededor de esa fecha continuando hasta  la  fecha de esta Acusación Formal -2 de noviembre de 2007-, las fechas exactas  desconocidas  por  el Gran Jurado (cargo I), y desde febrero de 2005 o alrededor  de  esa fecha y continuando hasta la fecha de esta Acusación Formal, las fechas  exactas  desconocidas  por  el  Gran Jurado (cargo IV), la normatividad procesal  penal  aplicable  en  este  caso,  además  de la Superior incluido el bloque de  constitucionalidad, es la Ley 906 de 2004.   

2. Cuestiones de fondo:  

La   inexistencia   de    tratado   de    extradición   aplicable   en   el  ordenamiento   interno   entre   Colombia  y  los   Estados   Unidos,  según  información  suministrada  por el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  dentro de este trámite, impone la sujeción de la Corte  a  las  previsiones  normativas  referidas  (Constitución  Política, bloque de  constitucionalidad  y  cpp  de  2004),  y  por  ello  le corresponde realizar el  respectivo  análisis  sobre  el  cumplimiento  de  los  varios  aspectos  allí  determinados.   

            3.    Lugar    de    las   conductas  imputadas:   

                    Las conductas  atribuidas  por  las  autoridades judiciales de los Estados Unidos a Luis Édgar  Medina   Flórez  traspasaron  las  fronteras  colombianas   porque el  legislador  para   determinar  la aplicación de la ley penal en el espacio  acogió  la  teoría  mixta  o  de  la  ubicuidad (artículo 14 de la Ley 599 de  2000),   y según la acusación No. 07-300 (RCL) de 2 de noviembre de 2007,  dictada  en  la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para el Distrito de  Columbia,  el  citado  acusado junto con otras personas desconocidas por el Gran  jurado  y no inculpados,   a sabiendas e intencionalmente se juntaron,  conspiraron, reunieron y consintieron fabricar y distribuir   

cinco  kilogramos  o  más  de  una mezcla y  sustancia  conteniendo  una  cantidad  detectable  de  cocaína,  una  sustancia  controlada  de  la Lista II, sabiendo y con la intención de que dicha sustancia  sería  ilegalmente  importada  a  los Estados Unidos  desde    Colombia…”1            (Énfasis  agregado).     

Además,  en  la  declaración de Patrick H.  Hearn,  Fiscal  Litigante con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos,  División  Penal, Sección de Narcóticos y Drogas Peligrosas, otorgada en apoyo  de  la  solicitud  de   extradición,  se expresa que las pruebas recabadas  hasta   la   presente   indican   que  Medina  Flórez  era  integrante  de  una  organización terrorista que se dedicaba   

a producir, distribuir y transportar miles de  kilogramos  de cocaína de Colombia a Centroamérica y  México,  con  el  propósito  de  importar  ilícitamente   la misma a los  Estados     Unidos”2            (Énfasis  agregado).     

De  lo  anterior  surge  nítidamente que se  satisface  la condicionante regulada en el artículo 35 Constitucional de que el  hecho haya sido cometido en el exterior.   

    

          4. Validez formal de la documentación presentada:   

El  Gobierno de los Estados Unidos elevó la  solicitud  de extradición No. 1753 de 20 de junio de 2008 por vía diplomática  con   los   documentos   traducidos   al  castellano  y  cuya  autenticidad  fue  certificada   por   la  autoridad  reclamante  en   los   términos  fijados por los  artículos 495 de la Ley 906 de  2004  y  259  del Código de Procedimiento Civil, modificado por el artículo 1,  numeral 118 del Decreto Extraordinario 2282 de 1989.   

En efecto, la mencionada petición  fue  acompañada  de copia auténtica de la acusación No. 07-300 (RCL), dictada el 2  de  noviembre  de  2007  en  la  Corte  Distrital  de los Estados Unidos para el  Distrito  de  Columbia  donde  se  incluyen  dos  (2)  cargos  por narcotráfico  relacionados  con  actividades  terroristas  contra  el  requerido  Luis  Édgar  Medina   Flórez,  el  lugar  y  las fechas de su ejecución, así como las  normas que los consagran.   

         

Entre  la  documentación  enviada obran las  declaraciones  juradas  en  apoyo  de  la solicitud de extradición rendidas por  Patrick  H.  Hearn,  Fiscal  Litigante  con  el  Departamento de Justicia de los  Estados  Unidos, División Penal, Sección de Narcóticos y Drogas Peligrosas, y  Matthew  O´Brien,  Agente  Especial  Empleado por la Agencia Antinarcóticos de  los  Estados  Unidos  (DEA),  ambas rendidas el 21 de mayo de 2008, quienes  conocen  los  actos  y  la  investigación   que  sustentan la petición de  extradición.   

Fueron  enviadas  las transcripciones de las  normas  penales  del  Código  de  los  Estados  Unidos,  aplicables  para  este  asunto.   

Los   anteriores  documentos  cumplen  las  condiciones  de  validez  que  demanda  la ley procesal colombiana que establece  los   procedimientos  para  la  legalización de documentos otorgados en el  exterior  que  vayan a producir efectos en Colombia, como quiera que el material  fue  remitido  por  el  Estado requirente,  Estados Unidos, a través de su  Embajada,      debidamente        autenticado       e    idóneamente    traducido   por   sus  autoridades,  al  Ministerio  de  Relaciones Exteriores de este país, y por tanto, este requisito  también se cumple.   

5.   Identidad  plena  del  solicitado  en  extradición:   

Dicha exigencia hace relación a la identidad  que  debe  existir  entre  la  persona  solicitada por el Estado requirente y la  aprehendida   con   fines  de  extradición.  Bajo  este  contexto,  esa  es  la  identificación sobre la cual se pronunciará la Sala.   

En  la Nota Diplomática No. 0948  de 2  de  abril  de 2008, el Estado requirente solicitó la detención provisional con  fines  de  extradición  de  Luis Édgar Medina  Flórez, también conocido  como  “Comandante  Chaparro”,  ciudadano colombiano, nacido el 31 de octubre  de 1970, portador de la cédula de ciudadanía No. 1.082.850.534.   

Para  dar  curso  a  la  señalada  medida  precautelar,  la  Fiscalía  General de la Nación mediante resolución de 18 de  abril  de  2008  ordenó la captura del  solicitado y según  el   informe  No.  0565  GRUIC-UIPOJ   de  24  de  abril de 2008 expedido por la  Policía   Nacional   de  Colombia,  Dirección  de  Antinarcóticos,  Grupo  de  Investigación  Criminal,  en  el Centro Penitenciario y Carcelario de Picaleña  de  la  ciudad  de  Ibagué  (Tolima),  patio  número  3,  se  le  notificó al  solicitado  Luis  Édgar  Medina   Flórez  identificado  con la cédula de  ciudadanía  No.  1.082.850.534  el  contenido  de la citada resolución, con la  observación de allegarse el acta de la notificación personal.   

Concordante con lo dicho, en  el acta de  notificación   de   la   resolución    de    16   de  abril  de  2008,    expedida    por  la Fiscalía General de la Nación  el  24 de abril del año pasado, elaborada por  funcionarios de la Policía  Judicial,   se   desprende   que   corresponde   a   Luis   Édgar  Medina   Flórez,    quien   se  identificó  con  la  cédula  de  ciudadanía  No.  1.082.850.534  de  Santa  Marta (Magdalena), la misma incluida en los documentos  de extradición.   

De  otro lado, en la carpeta de extradición  reposa  la  fotografía  del   requerido, a la cual se refiere dentro de su  declaración  Mathew  O´Brien,  Agente  Especial  de la Administración para el  Control  Antidrogas  (DEA),  informando  que  los  agentes del orden público de  Colombia  confirman que la persona incluida en el documento como prueba E, es la  misma  que  fue  privada de la libertad hace poco tiempo en nuestro país por la  orden de arresto provisional emitida en esta causa.     

Además, dentro de la actuación el requerido  nombró   defensor   y   al  suscribir  el  respectivo  poder  se  identificó  con  el señalado   documento,  colmándose también  este requisito.   

6.    El    principio    de   la   doble  incriminación:   

De  acuerdo  con lo previsto en el artículo  493,  numeral  1  de  la  Ley 906 de 2004, para conceder la extradición es  requisito  indispensable que el hecho que la motiva también esté previsto como  delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

El   ciudadano   colombiano  Luis  Édgar  Medina   Flórez  es requerido para que comparezca al juicio adelantado por  la  acusación   No  07-300  (RCL), dictada el 2 de noviembre de 2008 en la  Corte  Distrital  de  los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, dentro de  la cual se incluyen los siguientes cargos:   

CARGO I  

Desde  febrero  de 2005 o alrededor de esa  fecha  continuando  hasta  la fecha de esta Acusación  Formal,  las fechas exactas desconocidas por el Gran Jurado, en Colombia y otros  lugares, los acusados (…) Luis Edgardo (sic)  Medina   Flórez, alias    “Comandante  Chaparro”  (…)   u   otros  (sic)  desconocidos   por  el  Gran  Jurado  y  no  inculpados  aquí,  a  sabiendas  e  intencionalmente se juntaron, conspiraron, reunieron y  consintieron  para  cometer  el  delito grave siguiente en contra de los Estados  Unidos:  ilegalmente,  a  sabiendas y con intención, fabricaron y distribuyeron  cinco   kilogramos   o   más   de   una  mezcla  y  sustancia  conteniendo  una  cantidad   detectable  de  cocaína,  una  sustancia  controlada  de  la  Lista  II,  sabiendo y con la intención de que dicha  sustancia  sería  ilegalmente importada a los Estados Unidos  desde  Colombia,  en  violación  de  (sic)  Título  21, Código de los Estados  Unidos,  Secciones  959,  960,  963,  y  Título 18, Código de los Estados Unidos, Sección 2.   

        (Asociación  Delictuosa  para  Distribuir  Cinco  Kilogramos  de  Cocaína  a  Sabiendas  y  con  la  Intención  de  que la Cocaína  sería  Importada  a  los  Estados Unidos,     en    violación    de  (sic) Título 21, Código de los Estados Unidos, Secciones 959,  960,   y   963,   y   Título  18,  Código  de  los  Estados  Unidos,  Sección  2)”.   

        (…)   

CARGO IV  

        Desde  febrero  de  2005  o  alrededor de esa fecha y  continuando  hasta la fecha de esta Acusación Formal,  las  fechas  exactas  desconocidas  por  el  Gran  Jurado,  en  Colombia y otros  lugares,   los   acusados  (…)       Luis       Edgardo      (sic)  Medina   Flórez, alias    “Comandante  Chaparro”  (…)  u otros (sic) desconocidos por el Gran Jurado y  no  inculpados  aquí,  a sabiendas e intencionalmente se juntaron, conspiraron,  reunieron,  y  consintieron  para cometer el delito grave siguiente en contra de  los  Estados  Unidos:  ilegalmente  realizar  e  intentar  de realizar (sic) una  conducta  que  sería  punible bajo (sic) Título 21,  Código  de los Estados Unidos, Sección 841 (a), si cometido (sic) dentro  de  la  jurisdicción  de  los  Estados  Unidos,  es decir,  conspirar,  intentar, y a sabiendas y con intención fabricar y distribuir cinco  kilogramos  o más de una mezcla y sustancia conteniendo una cantidad detectable  de  cocaína;  a  sabiendas  y con la intención de proporcionar, directamente o  indirectamente,  algo  de  valor  pecuniario a cualquier persona u organización  que  ha  realizado y realiza actividades terroristas y  el  terrorismo,  a sabiendas de que dicha persona u organización ha realizado y  sí  realiza  actividades  terroristas  y  el terrorismo, en violación de (sic)  Título  21,  Código  de los Estados Unidos, Sección  960 (a) y Título 18, Código de los Estados Unidos, Sección 2.   

      (Asociación  Delictuosa  para realizar conducta en violación de 21  U.S.C.  (sic)  Sección 841 (a), a sabiendas y con la intención de proporcionar  algo  de  valor  a  una  persona  u organización dedicado (sic) al terrorismo o  actividad  terrorista,  en violación de (sic) Título  21,  Código  de  los Estados Unidos, Secciones 960 (a), 963, 841, 959 y Título  18,    Código    de    los    Estados    Unidos,   Sección   2)”.   

Las  conductas  de  “fabricar  y  distribuir”  cinco  kilogramos  o más de cocaína,  una  sustancia  controlada de la Lista  II, se encuentran sancionadas  en  nuestro ordenamiento en el artículo 376 del Código Penal como “tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes”:   

       

Artículo  376.-Tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes. El que sin permiso de autoridad competente, salvo lo  dispuesto  sobre  dosis  para  uso  personal,  introduzca  al país, así sea en  tránsito  o  saque  de  él,  transporte,  lleve  consigo,  almacene, conserve,  elabore,   venda,   ofrezca,   adquiera,   financie   o  suministre  a  cualquier   título   droga  que  produzca  dependencia,  incurrirá    en   prisión  de  ocho  (8)  a  veinte  (20)  años  y multa de mil (1.000) a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

Si  la  cantidad de droga no excede de mil  (1.000)  gramos  de  marihuana,  doscientos  (200) gramos de hachís, cien (100)  gramos  de  cocaína  o  de sustancia estupefaciente  a  base  de  cocaína  o  veinte (20) gramos derivados de la amapola, doscientos (200) gramos  de  metacualona o droga sintética, la pena será de cuatro (4) a seis (6) años  de  prisión   y  multa  de  dos (2) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

         

Si la cantidad de droga excede los límites  máximos  previstos en el inciso anterior, sin pasar de diez mil (10.000) gramos  de  marihuana,  tres  mil  (3.000)  gramos de hachís, dos mil (2.000) gramos de  cocaína  o  de  sustancia  estupefaciente  a base  de  cocaína   o   sesenta   (60)   gramos   de  derivados  de la  amapola,  cuatro  mil  (4.000) gramos de metacualona o droga sintética, la pena  será  de  seis  (6)  a  ocho  (8) años de prisión y multa de cien (100) a mil  (1.000)     salarios    mínimos    legales    mensuales    vigentes.   

Los   cargos   de  conspiración  entre  varias  personas  para cometer delitos –fabricar  y  distribuir  cantidades  detectables  de  cocaína, para  financiar  actividades  terroristas-,  tienen  su  correspondencia en el Código  Penal  colombiano,  específicamente en el artículo 340, inciso 2º, modificado  por  los  artículos 8º de la Ley 733 de 2002, 14 de la Ley 890 de 2004 y 19 de  la    Ley    1121    de   2006,   preceptiva   que   establece   lo   siguiente:   

Concierto  para  delinquir.  Cuando  varias  personas  se  concierten  con  el  fin  de  cometer  delitos,  cada una de ellas será penada, por esa sola conducta, con prisión de  tres (3) a seis (6) años.   

INC.         2º—Modificado.   L.   1121/2006,   art.  19.  Cuando  el concierto sea para cometer delitos de  genocidio,  desaparición  forzada de personas, tortura, desplazamiento forzado,  homicidio,   terrorismo,   tráfico   de   drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias    sicotrópicas,   secuestro,   secuestro   extorsivo,   extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  y  conexos,  o  financiamiento  del  terrorismo  y  administración de recursos relacionados con  actividades  terroristas, la pena será de prisión de ocho (8) a dieciocho (18)  años  y  multa  de  dos  mil  setecientos  (2.700)  hasta  treinta mil (30.000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

La  pena  privativa  de  la  libertad  se  aumentará  en  la  mitad  para quienes organicen, fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen,  constituyan  o  financien  el  concierto  para delinquir.   

De  lo  expuesto se tiene por satisfecho el  requisito  de  la  doble  incriminación porque los comportamientos imputados al  requerido  también  son considerados como delitos en la legislación colombiana  y  están  reprimidos con penas privativas de la libertad no inferiores a cuatro  (4) años de prisión.   

7. Equivalencia de la providencia proferida  en  el          Estado extranjero con la  acusación del sistema procesal colombiano:   

Se  encuentra que la Corte Distrital de los  Estados  Unidos  para  el  Distrito de Columbia, el 2 de noviembre de 2007   profirió  el  indicment No.  07-300  (RCL),  contra Luis Édgar Medina  Flórez, acto procesal que junto  con  la  documentación  allegada  a  la  petición de extradición contienen la  indicación  exacta  de  los actos que determinan la solicitud de extradición y  del  lugar y fecha en que fueron ejecutados, y encuentra correspondencia con las  exigencias  formales de la acusación  reguladas por el artículo 337 de la  Ley 906 de 2004.   

Además, se utiliza un lenguaje comprensible  y  se incluyen las normas extranjeras aplicables para este caso, base suficiente  para  que  la Sala encuentre  así mismo pleno este parámetro.     

8.  Respuesta  a  la  solicitud de concepto  favorable condicionado:   

En   relación   con  los  planteamientos  presentados   por   el   Delegado   del   Ministerio  Público  en  orden  a  un  condicionamiento  de la extradición por cuanto el solicitado Luis Édgar Medina  Flórez  se  halla  postulado a los beneficios previstos en la Ley de Justicia y  Paz  como  miembro  de  “Las  Autodefensas Unidas de Colombia perteneciente al  Bloque       Resistencia       Tayrona”,       la       Sala      varía  su  precedente  jurisprudencial y  retoma  lo  expresado por miembros de la misma cuando señalaron que3   

en  conceptos anteriores (Radicados 28643 y  28503),  en  supuestos  de  hecho  cercanos  a  los que aquí se examinan y para  efectos   de  garantizar  los  derechos  de  las  víctimas  simplemente  llamó  “la  atención  al Presidente de la República para  que  se  tenga  en  cuenta  la  filosofía  de  esta  ley  (975  de  2005) y los  compromisos   en  materia  de  verdad,  justicia  y  reparación”;   o   estimó   que   era   su  deber  constitucional  “recordar  al  Gobierno  Nacional,  la  vigencia  de los tratados  públicos  ratificados  por  Colombia,  particularmente  los  que se refieren al  cumplimiento  internacional  de  los derechos humanos en los que hallan respaldo  las  garantías  fundamentales  de las víctimas en materia de verdad, justicia,  reparación  y  no  repetición,  para que conforme a la filosofía de la Ley de  Justicia  y  Paz,  se adopten medidas compatibles con los compromisos del Estado  en      materia      de      derechos      humanos     y     los     estándares  internacionales”.   

La práctica, sin embargo ha demostrado que  tales  advertencias  o  condicionamientos no han tenido eficacia alguna y en ese  orden  la  dificultad,  si  no  imposibilidad,  que se evidencia para escuchar a  quienes  han  sido  extraditados  en  esas  circunstancias,  como  la  práctica  judicial  lo  ha  comprobado,  afecta  seriamente  las  prerrogativas de verdad,  justicia  y  reparación  de que son titulares las víctimas de esos punibles de  lesa  humanidad  ejecutados  por  quienes sometidos al mecanismo de cooperación  internacional   hacían   parte   de   grupos  armados  al  margen  de  la  ley,  imposibilidad  que  a no dudarlo no se entiende superada con la simple decisión  de  diferir  la  entrega del requerido -como se hizo a través de la Resolución  295  de  agosto 21 de 2008 referida a Héber Veloza García- pues no se disponen  correlativamente  mecanismos  que de manera eficaz tiendan a la verificación de  las garantías que conciernen a las víctimas.   

Esta última situación se agrava cuando el  propio  gobierno  nacional desatiende abiertamente la condición impuesta por la  Sala,  como  se  comprueba  con  la  lectura del considerando 7 de la mencionada  Resolución,  donde  se consignó: “En consecuencia,  atendiendo  lo manifestado por la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  sobre  el  cumplimiento de los presupuestos exigidos en la ley para la  procedencia  de  la  extradición  por  los cargos imputados a este ciudadano, y  ante  la ausencia de limitantes para la concesión de  la   misma,  el  Gobierno  Nacional    concederá    la    extradición…”   (se   destaca),  mostrándose  la  parte  resolutiva  fiel a esa omisión cuando en  ella  no  se  hace referencia alguna al condicionamiento de la Corte y en cambio  sí  al  uso  de  la  facultad  discrecional,  la  que si bien debe reconocer la  Corporación  no  por  ello  puede  desatenderse  lo  señalado  en  el concepto  favorablemente condicionado rendido en el caso de Veloza García.   

En   refuerzo   de   esta  consideración  igualmente  cabe  invocar  otro  precedente:  en  el  concepto favorable rendido  respecto  de  Carlos  Mario  Jiménez  (abril  2/08,  Rad.  28643) el llamado de  atención  hecho  al  presidente  de la República para que tuviera en cuenta la  filosofía  de  la  Ley  975  y los compromisos en materia de verdad, justicia y  reparación,  fue  desatendido sin miramiento alguno al disponerse -sin límites  respecto del tema- la entrega del reseñado Jiménez.   

9.  La  extradición  frente a los tratados  públicos y el bloque de constitucionalidad:   

La  Corte  tiene  definido que a la hora de  conceptuar   sobre   una  petición  de  extradición  debe  examinar  unos  aspectos básicos4     que  comprenden,  además  de  la  preceptiva  superior, la  comprobada  validez  formal  de  la  documentación presentada, la demostración  plena  de  la identidad del solicitado, el principio de la doble incriminación,  la  equivalencia de la providencia proferida en el extranjero y, cuando fuere el  caso,  el  cumplimiento  de  lo  previsto en los tratados públicos (Const. Pol.  artículos 93 y 94, y Ley 906 de 2004, artículos 3 y 502).   

Es  más:  para  emitir  el  concepto  a la solicitud de extradición se debe estudiar el alcance  que  tienen los derechos fundamentales en el ordenamiento jurídico colombiano y  por  eso,  vr. gr., el extraditado no podrá ser sometido en el extranjero a las  penas  de muerte o prisión perpetua. Igualmente, en cumplimiento de tan elevada  función  la Corte debe establecer que la decisión no resulte contraria a otras  normas  constitucionales  -incluidas  las  del  bloque  de constitucionalidad- o  legales    que    irradian    legalidad   y   legitimidad   a   las   decisiones  judiciales5.   

Las  antedichas  previsiones  han permitido  afirmar  a  la  Sala, unánime y reiteradamente, que el concepto de extradición  debe     tener     en     cuenta     los    tratados  internacionales,  no  sólo los referidos al instituto  de  la colaboración internacional dirigidos a la lucha contra la impunidad sino  todos  aquellos  que  se  refieren  a  los  derechos  y  garantías tanto de los  extraditables como de los restantes asociados.   

Dado  que  el  Estado  colombiano  se  ha  comprometido  a  perseguir  el  delito,  tanto  en  lo  interno como frente a la  comunidad  internacional,  tal  obligación  tiene  su  correlato en la efectiva  protección  de  los  derechos  de  las  víctimas,  las cuales no pueden quedar  desprotegidas  bajo ninguna circunstancia y por ello existe consenso en alcanzar  para las mismas verdad, justicia y reparación.   

Tal  imperativo  tiene  una  connotación  superior  cuando  se trata de delitos de lesa humanidad, situación en la que se  encuentran  los desmovilizados que han sido postulados para los beneficios de la  Ley  de Justicia y Paz, en tanto que su obligación consiste en rendir versiones  libres  en  las  que  deben  confesar  de  manera  veraz  y completa los delitos  cometidos.   

Teniendo en cuenta que los reatos ejecutados  por  los  postulados  se  refieren  a  desapariciones  forzadas,  desplazamiento  forzado,  torturas,  homicidios  por  razones  políticas,  etc.,  y como dichos  punibles  se  entienden  comprendidos  dentro  de la calificación de delitos de  lesa  humanidad,  tal  valoración se debe extender al denominado concierto para  delinquir  agravado  en  tanto  el  acuerdo  criminal  se perfeccionó con tales  propósitos.   

Destaca la Sala que el Estatuto de Roma que  dio  origen  a  la  Corte  Penal  Internacional  ha tenido en cuenta no sólo la  conducta  del  autor  o  de  los partícipes sino que también ha considerado en  especial  la  existencia  de  propósitos  dirigidos  a  cometer delitos de lesa  humanidad,  lo  cual significa que también deben ser castigadas en igual medida  aquellas  conductas  preparatorias para la comisión de los delitos que incluyen  tanto  el  acuerdo como el tomar parte en una actividad dirigida a ese fin, como  ocurre con el concierto para delinquir agravado.   

…  

De  otra parte, ha de tenerse en cuenta que  las  víctimas  tienen  derechos  fundamentales  en  orden  a  garantizar (i) la  efectiva  reparación  por el agravio sufrido, a que existe una (ii) obligación  estatal  de  buscar  que  se  conozca  la verdad sobre lo ocurrido, y a un (iii)  acceso  expedito  a la justicia, pues así se prevé por la propia Constitución  Política,  la  ley penal vigente y los tratados internacionales que hacen parte  del bloque de constitucionalidad.   

Tal perspectiva de la víctima solamente se  puede  entender  cuando  se  acepta,  como  tiene  que  ser, que ella ha quedado  cubierta  por  un  sistema  de  garantías  fundado en el principio de la tutela  judicial  efectiva,  de  amplio  reconocimiento  internacional  y  con  evidente  acogida  constitucional  a  través  de los artículos 229, 29 y 93 de la Carta.  Este  principio  se  caracteriza  por  establecer  un  sistema  de garantías de  naturaleza  bilateral.  Ello implica que garantías como el acceso a la justicia  (Art.  229); la igualdad ante los tribunales (Art. 13); la defensa en el proceso  (Art.  29);  la  imparcialidad  e  independencia  de los tribunales (Arts. 209 y  13)6;   la   efectividad  de  los  derechos  (Arts.  2°  y  228),  sean  predicables  tanto  del  acusado como de la víctima. Esta bilateralidad ha sido  admitida  por  esta Corporación al señalar que el complejo del debido proceso,  que  involucra  principio  de  legalidad,  debido  proceso  en sentido estricto,  derecho  de  defensa  y  sus garantías, y el juez natural, se predican de igual  manera     respecto     de     las    víctimas    y    perjudicados.   

También   se   ha   precisado   que   la  responsabilidad  de  la Corte en el cumplimiento de sus funciones no se agota en  la  emisión  del  Concepto,  sino que dentro de la órbita de sus competencias,  está  obligada,  como toda autoridad, a velar por el respeto irrestricto de las  garantías   fundamentales.   Dicha  obligación  de  garante  de  los  derechos  fundamentales  no  se limita a los del solicitado, pues en casos concretos puede  observar  que  la  extradición  atentaría  contra  derechos  fundamentales  de  terceros  que al ponderarlos con el interés particular del país solicitante se  tornan  intangibles,  caso  en  el  cual  puede emitir concepto condicionando la  extradición,  y  en  supuestos extremos, negándola7.   

En  efecto, es que en casos, como el que ha  originado  el  presente  debate,  se  impone  sopesar,  reitérase,  el interés  particular   en  juego  del  aludido  mecanismo  de  cooperación  internacional  respecto  de  los fines que alientan la Ley de Justicia y Paz, ya que la entidad  de  los  ilícitos  cometidos  por  los  grupos  armados al margen de la ley que  involucran    masacres,    secuestros,    desapariciones   forzadas,   torturas,  desplazamiento   forzado,   entre   otros,   imprime   prevalencia   al  derecho  internacional   de   los   derechos  humanos,  frente  a  dicho  instrumento  de  colaboración    para    la    lucha    contra    la    delincuencia.   

De  otro  modo no se cumpliría el ideal de  paz  que  sirvió  para  expedir la Ley 975 de 2005, por cuanto la extradición,  además  de  impedir  el  relato  de los crímenes del postulado a través de su  versión  libre,  dejaría  huérfanas  de  protección  a  las  víctimas y sus  familiares,  al  diluirse  el  aseguramiento  de  la  reparación de los daños,  además  del  conocimiento  de  lo  que  sucedió, cómo ocurrió, etc., máxime  cuando  en  delitos  de  esta  estirpe  la  sola  reparación  o  indemnización  pecuniaria no basta.   

Lo   anterior   encuentra   soporte   en  ‘Las  Reglas  Mínimas de  las   Naciones   Unidas  para  el  Procedimiento  en  Materia  Penal’  (Comisión  de  expertos en Palma de  Mallorca),  que  se  predican  tanto para infracciones del derecho internacional  humanitario,  como  para  toda  clase  de  procesos  penales,  al  establecer la  obligación  del  Estado  de  procurar a la víctima y a los perjudicados por el  delito  la  ayuda  que  requieran,  así  como la obligación de adoptar medidas  necesarias  para  garantizarles  un  trato humano digno, además de ser oídos y  asistidos  por  abogado,  que  en  casos graves puede tratarse de uno de oficio,  para procurar, en todo caso, la mejor defensa de sus derechos.   

A   su   turno   en   la   ‘Declaración   sobre  los  principios  fundamentales  de  justicia  para  las  víctimas  de  delitos  y  del  abuso de  poder’  adoptada por  la  Asamblea  General  en  su  resolución 40/34, de 29 de noviembre de 1985, al  establecer que:   

Las   víctimas   serán   tratadas  con  compasión  y  respeto  por  su  dignidad.  Tendrán  derecho  al  acceso  a los  mecanismos  de  la  justicia  y  a  una  pronta  reparación del daño que hayan  sufrido,  según  lo dispuesto en la legislación nacional. 5. Se establecerá y  reforzarán,  cuando  sea necesario, mecanismos judiciales y administrativos que  permitan  a  las víctimas obtener reparación mediante procedimientos oficiales  u  oficiosos  que  sean  expeditos,  justos,  poco  costosos  y  accesibles.  Se  informará  a  las  víctimas  de sus derechos para obtener reparación mediante  esos  mecanismos.  6.  Se  facilitará  la  adecuación  de  los  procedimientos  judiciales  y  administrativos a las necesidades de las víctimas: a) Informando  a  las  víctimas  de  su  papel  y del alcance, el desarrollo cronológico y la  marcha   de   las  actuaciones,  así  como  de  la  decisión  de  sus  causas,  especialmente  cuando  se  trate de delitos graves y cuando hayan solicitado esa  información;   b)  Permitiendo  que  las  opiniones  y  preocupaciones  de  las  víctimas  sean presentadas y examinadas en etapas apropiadas de las actuaciones  siempre  que  estén  en  juego  sus  intereses,  sin perjuicio del acusado y de  acuerdo  con el sistema nacional de justicia penal correspondiente; c) Prestando  asistencia  apropiada  a  las  víctimas  durante  todo  el proceso judicial; d)  Adoptando  medidas  para  minimizar  las  molestias  causadas  a  las víctimas,  proteger  su  intimidad, en caso necesario, y garantizar su seguridad, así como  la  de  sus  familiares  y  la  de los testigos en su favor, contra todo acto de  intimidación  y  represalia; e) Evitando demoras innecesarias en la resolución  de  las  causas  y  en la ejecución de los mandamientos o decretos que concedan  indemnizaciones a las víctimas.   

10.   Fundamentos  para  emitir  concepto  desfavorable a la solicitud de extradición:   

En  concreto  y  frente a la pretensión de  extradición  del  ciudadano  colombiano Luis Édgar Medina Flórez, se emitirá  concepto negativo por lo siguiente:   

(i).  Se vulnera el espíritu de la Ley 975  de 2005.   

(ii).Se  desconocen  los  derechos  de  las  víctimas.   

(iii). Se traumatiza el funcionamiento de la  administración de justicia colombiana. Y,   

(iv).  La gravedad de los delitos cometidos  por  el ciudadano pedido en extradición es menor respecto de los delitos que se  le imputan en Colombia.   

(i).  El  espíritu  de  la  Ley  975  de  2005:   

Es  bien  sabido que la Ley 975 de 2005 fue  promovida  por  el  Gobierno Nacional haciendo referencia a que la paz como gran  propósito  nacional  no  debe  tener  obstáculos y que en aras de ella se debe   

encontrar   una  adecuada  relación,  un  equilibrio  entre justicia y paz, que nos permita satisfacer los intereses de la  primera,  al  tiempo  que se avanza de manera audaz y efectiva en la superación  de  los  problemas  de  violencia  que  tanto  sufrimiento  le  han  causado  al  país8,   

de  modo  que se estructuró un proyecto de  ley que debía tener como ejes centrales   

Verdad,  Justicia  y  Reparación,  dando  especial  importancia  al  derecho  de las víctimas9,   

refulgiendo  con  diafanidad  que  tanto el  Gobierno  Nacional como las comunidades nacional e internacional tengan interés  en  que los graves delitos cometidos por las bandas paramilitares sean aclarados  plenamente  y  se  impongan las consecuencias punitivas que las leyes autorizan,  porque de lo contrario se estaría vulnerando   

el  derecho  de  la  sociedad  a esclarecer  procesos  de  macrocriminalidad  que afectan de manera masiva y sistemática los  derechos    humanos    de   la   población,   (que   también)   son   derechos  constitucionales10.   

Como  lo dijo el Tribunal Constitucional al  examinar  la  exequibilidad  de  la Ley 975 de 2005, el  hecho  de  que  el  Estado  atraviese  por difíciles circunstancias   que   dificulten   la   consecución   de  la  paz,  no  lo  liberan  de sus obligaciones en materia de justicia, verdad,  reparación   y  no  repetición,  que  emanan  de  la  Convención    Americana   de   Derechos   Humanos11.   

La   extradición  de  los  paramilitares  sometidos  al  proceso  de  justicia  y paz ha constituido un golpe de gracia al  propósito  inspirador  de una ley que ha pretendido hacer germinar la paz entre  los  colombianos  y  la prueba más fidedigna del descalabro de dicha estrategia  gubernamental contra la violencia y los grupos armados ilegales.   

Pero  mientras  las  autoridades judiciales  estén  autorizadas  para  adelantar los procesos especiales previstos en la Ley  975,  los  postulados  estén  cumpliendo  con  su  obligación  de confesar los  delitos  cometidos,  se  estén  realizando  las  audiencias de imputación y se  profieren  los  fallos  correspondientes,  es  deber  inclaudicable  de jueces y  fiscales  hacer  prevalecer  en  el  orden  interno  los  principios  de verdad,  justicia y reparación.   

(ii).  Defensa  de  los  derechos  de  las  víctimas12:   

El   Tribunal  Constitucional13   en   la  sentencia  C-454/06  resumió  el  alcance  de los derechos de las víctimas del  delito de la siguiente manera:   

a. El derecho a la verdad.  

31.  El  conjunto  de  principios  para  la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad14  (principios  1°  a  4)  incorporan en este derecho las siguientes  garantías:  (i)  el derecho inalienable a la verdad; (ii) el deber de recordar;  (iii) el derecho de las víctimas a saber.   

El  primero,  comporta  el  derecho de cada  pueblo  a  conocer  la  verdad  acerca  de  los  acontecimientos sucedidos y las  circunstancias  que  llevaron  a  la perpetración de los crímenes. El segundo,  consiste  en  el  conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión como  parte  de  su  patrimonio, y por ello se deben adoptar medidas adecuadas en aras  del  deber  de  recordar  que  incumbe  al  Estado. Y el tercero, determina que,  independientemente  de  las acciones que las víctimas, así como sus familiares  o  allegados  puedan entablar ante la justicia, tiene el derecho imprescriptible  a  conocer  la  verdad,  acerca  de  las circunstancias en que se cometieron las  violaciones,  y en caso de fallecimiento o desaparición acerca de la suerte que  corrió la víctima.   

El  derecho  a  la verdad presenta así una  dimensión   colectiva  cuyo  fin  es  “preservar  del  olvido  a  la  memoria  colectiva”15,   y   una   dimensión  individual  cuya  efectividad  se  realiza  fundamentalmente  en el ámbito judicial, a través del derecho de las víctimas  a  un  recurso judicial efectivo, tal como lo ha reconocido la jurisprudencia de  esta   Corte16.   

32.  Proyectando  estos  principios  en  el  ámbito  nacional,  la  jurisprudencia  constitucional  ha  determinado  que  el  derecho  de  acceder  a  la  verdad,  implica  que las personas tienen derecho a  conocer  qué  fue  lo  que realmente sucedió en su caso. La dignidad humana de  una  persona  se  ve  afectada  si se le priva de información que es vital para  ella.  El  acceso  a la verdad aparece así íntimamente ligado al respeto de la  dignidad  humana,  a  la  memoria  y  a  la  imagen  de  la víctima17.   

b. El derecho a que se haga justicia en el  caso concreto, es decir, el derecho a que no haya impunidad.   

33.  Este  derecho  incorpora  una serie de  garantías   para   las  víctimas  de  los  delitos  que  se  derivan  de  unos  correlativos  deberes  para las autoridades, que pueden sistematizarse así: (i)  el  deber  del  Estado  de  investigar y sancionar adecuadamente a los autores y  partícipes  de  los  delitos;  (ii)  el  derecho  de las víctimas a un recurso  judicial  efectivo;  (iii)  el deber de respetar en todos los juicios las reglas  del debido proceso.   

La   jurisprudencia   constitucional   ha  señalado  que  el  derecho  de  acceso  a  la  justicia,  tiene como uno de sus  componentes  naturales el derecho a que se haga justicia. Este derecho involucra  un    verdadero    derecho    constitucional    al   proceso   penal18,   y   el  derecho   a   participar   en   el   proceso  penal19,  por  cuanto  el derecho al  proceso  en  el  estado  democrático debe ser eminentemente participativo. Esta  participación  se expresa en  que los familiares de la persona fallecida y  sus  representantes legales serán informados de las audiencias que se celebren,  a  las  que  tendrán  acceso,  así  como  a  toda información pertinente a la  investigación   y   tendrán  derecho  a  presentar  otras  pruebas20.   

c. El derecho a la reparación integral del  daño  que  se  ha  ocasionado  a  la  víctima  o  a  los  perjudicados  con el  delito.   

34.  El derecho de reparación, conforme al  derecho   internacional   contemporáneo   también   presenta   una  dimensión  individual  y  otra  colectiva.  Desde su dimensión individual abarca todos los  daños  y  perjuicios  sufridos  por  la  víctima,  y comprende la adopción de  medidas   individuales   relativas   al   derecho   de  (i)  restitución,  (ii)  indemnización,  (iii) rehabilitación, (iv) satisfacción y (v) garantía de no  repetición.  En  su dimensión colectiva, involucra medidas de satisfacción de  alcance   general   como  la  adopción  de  medidas  encaminadas  a  restaurar,  indemnizar  o  readaptar  los  derechos  de  las  colectividades  o  comunidades  directamente     afectadas    por    las    violaciones    ocurridas21.   

La  integralidad de la reparación comporta  la  adopción de todas las medidas necesarias tendientes a hacer desaparecer los  efectos  de  las  violaciones cometidas, y a devolver a la víctima al estado en  que se encontraba antes de la violación.   

En forma concreta sobre los derechos de las  víctimas   en  procesos  inscritos  en  contextos  y  modalidades  de  justicia  transicional   de   reconciliación,  el  Tribunal  Constitucional  mediante  la  sentencia  C-370/06,  no  solamente  señaló  que  además  de garantizarles la  protección  de  los derechos humanos mediante el ejercicio de un recurso en los  términos  de  los  artículos  8  y  25 de la Convención Americana de Derechos  Humanos   

[4.5.3.]  …  corresponde  el  correlativo  deber  estatal  de  juzgar  y  sancionar las violaciones de tales derechos. Este  deber  puede ser llamado obligación de procesamiento y sanción judicial de los  responsables  de  atentados en contra de los derechos humanos internacionalmente  protegidos.   

…  

4.5.5.  El  deber  estatal  de  investigar,  procesar  y sancionar judicialmente a los autores de graves atropellos contra el  Derecho  Internacional  de  los  Derechos Humanos no queda cumplido por el sólo  hecho  de  adelantar  el proceso respectivo, sino que exige que este se surta en  un  “plazo  razonable”.  De  otra  manera  no  se satisface el derecho de la  víctima  o  sus familiares a saber la verdad de lo sucedido y a que se sancione  a los eventuales responsables.   

…  

4.5.7.  La  obligación  estatal de iniciar  ex     officio    las  investigaciones  en  caso de graves atropellos en contra de los derechos humanos  indica  que  la  búsqueda  efectiva  de  la  verdad corresponde al Estado, y no  depende  de  la  iniciativa procesal de la víctima o de sus familiares, o de su  aportación de elementos probatorios.   

…  

4.5.9.  Las  obligaciones  de  reparación  conllevan:  (i)  en  primer  lugar,  si  ello  es posible, la plena restitución  (restitutio in integrum),  “la  cual  consiste  en  el  restablecimiento  de  la  situación  anterior  a  la  violación”22; (ii) de no  ser  posible  lo  anterior, pueden implicar otra serie de medidas que además de  garantizar  el  respeto  a los derechos conculcados, tomadas en conjunto reparen  las  consecuencias  de  la  infracción;  entre  ellas  cabe  la  indemnización  compensatoria.   

4.5.10.  El derecho a la verdad implica que  en  cabeza  de  las  víctimas  existe un derecho a conocer lo sucedido, a saber  quiénes  fueron  los  agentes  del  daño,  a  que  los  hechos  se investiguen  seriamente  y  se  sancionen  por  el  Estado, y a que se prevenga la impunidad.   

4.5.11. El derecho a la verdad implica para  los  familiares de la víctima la posibilidad de conocer lo sucedido a ésta, y,  en  caso  de atentados contra el derecho a la vida, en derecho a saber dónde se  encuentran  sus  restos;  en  estos  supuestos,  este conocimiento constituye un  medio  de  reparación  y,  por  tanto,  una  expectativa  que  el  Estado  debe  satisfacer  a  los  familiares  de  la  víctima  y  a la sociedad como un todo.   

4.5.12.  La  sociedad  también  tiene  un  derecho  a  conocer  la  verdad,  que  implica  la  divulgación pública de los  resultados  de las investigaciones sobre graves violaciones de derechos humanos.   

…  

4.7.  El  “Conjunto de Principios para la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad”, proclamados por la ONU en 1998.   

…  

…,  la  Corte  aprecia que, dentro de las  principales  conclusiones  que  se extraen del “Conjunto de Principios para la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad”  en  su  última  actualización, cabe mencionar las siguientes, de  especial  relevancia  para  el  estudio  de constitucionalidad que adelanta: (i)  durante  los  procesos  de  transición  hacia  la  paz,  como  el  que adelanta  Colombia,  a  las  víctimas  les  asisten  tres  categorías de derechos: a) el  derecho  a  saber, b) el derecho a la justicia y c) el derecho a la reparación;  (ii)  el  derecho a saber es imprescriptible e implica la posibilidad de conocer  la  verdad  acerca de las circunstancias en que se cometieron las violaciones y,  en  caso  de  fallecimiento  o desaparición, acerca de la suerte que corrió la  víctima;  (iii)  el  derecho  a  saber  también  hace  referencia  al  derecho  colectivo  a  conocer  qué  pasó,  derecho  que  tiene  su razón de ser en la  necesidad  de  prevenir  que  las  violaciones  se  reproduzcan y que implica la  obligación   de   “memoria”   pública   sobre   los   resultados   de  las  investigaciones;  (iv)  el derecho a la justicia implica que toda víctima tenga  la  posibilidad  de hacer valer sus derechos beneficiándose de un recurso justo  y  eficaz,  principalmente para conseguir que su agresor sea juzgado, obteniendo  su  reparación;  (v)  al  derecho a la justicia corresponde el deber estatal de  investigar  las  violaciones,  perseguir  a sus autores y, si su culpabilidad es  establecida,  de  asegurar  su  sanción;  (vi)  dentro  del  proceso  penal las  víctimas  tienen  el  derecho  de  hacerse  parte para reclamar su derecho a la  reparación.  (vii)  En todo caso, las reglas de procedimiento deben responder a  criterios  de  debido  proceso; (viii) la prescripción de la acción penal o de  las  penas  no  puede  ser  opuesta a los crímenes graves que según el derecho  internacional  sean considerados crímenes contra la humanidad ni correr durante  el  período  donde  no  existió  un  recurso  eficaz;  (ix)  En  cuanto  a  la  disminución  de  las  penas,  las  “leyes  de  arrepentidos” son admisibles  dentro  de  procesos  de  transición  a  la  paz,  “pero  no  deben  exonerar  totalmente  a  los  autores”;  (x)  la  reparación tiene una dimensión doble  (individual   y   colectiva)   y  en  el  plano  individual  abarca  medidas  de  restitución,  indemnización  y  readaptación;  (xi) en el plano colectivo, la  reparación  se  logra  a  través  de medidas de carácter simbólico o de otro  tipo  que  se  proyectan  a  la  comunidad; (xii) dentro de las garantías de no  repetición,  se  incluye  la  disolución  de los grupos armados acompañada de  medidas de reinserción.   

Los  derechos  referidos  llevan  a que los  jueces,    inclusive    quien    debe    conceptuar    en   los   trámites   de  extradición23,    no    puedan    pasar   como   meros   espectadores   pues   su  misión   

va más allá de la de ser un mero árbitro  regulador de las formas procesales…,   

de   donde   le   resulta  imperativa  la  obligación de   

buscar  la  aplicación  de  una  justicia  material,  y  sobre  todo,  en  ser  un guardián del  respeto  de  los  derechos fundamentales del indiciado o sindicado, así como de  aquellos  de  la  víctima,  en  especial, de los derechos de ésta a conocer la  verdad  sobre  lo  ocurrido, a acceder a la justicia y a obtener una reparación  integral,   de   conformidad   con   la   Constitución   y   con  los  tratados  internacionales  que  hacen  parte  del bloque de constitucionalidad24.   

Frente  a  las  violaciones de los derechos  humanos  el  Estado  debe  garantizar  a  las  víctimas un recurso efectivo que  ofrezca    resultados   o   respuestas   adecuadas25, lo que equivale a decir, ni  más  ni menos, que un remedo de justicia no equivale a hacer justicia. Dicho en  otros  términos:  sólo  se  hace  justicia  y  se obtiene eficacia del recurso  efectivo  cuando  quienes  han  sufrido  la  violación de los derechos humanos,  quienes   han   sido   víctimas   de  los  delitos  cometidos  por  los  grupos  paramilitares,    o    sus    familiares,    obtienen    verdad,    justicia   y  reparación26.   

El Estado, en este caso los jueces, faltan a  sus   deberes   cuando  ante  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos  no  investigan,  juzgan  y  sancionan  a los responsables de cometerlas. En concreto  sobre   el  denominado  recurso  efectivo,  se  incumplen  gravemente  los estándares internacionales cuando  (i)  no  se  adelantan  los  procesos  judiciales  de  forma  seria,  rigurosa y  exhaustiva,  (ii) cuando no se tramitan con diligencia, celeridad y convicción,  (iii)  no  se  toman  medidas  para  proteger  a  las víctimas (iv) o no se les  permite  a  éstas  intervenir  en los procesos, (v) o se dilata en el tiempo la  definición del asunto.   

La  experiencia  reciente  demuestra  que  extradiciones  concedidas  y  ejecutadas  por el Estado han permitido que en los  procesos  de  Justicia  y Paz se paralice el conocimiento de la verdad, dado que  los  postulados  extraditados  no  han  podido  seguir  confesando los crímenes  cometidos.  Y  así,  las  víctimas  están  quedando  sin saber la verdad y la  sociedad sin garantías de no repetición.   

Entonces,  si la Ley 975 de 2005 disminuyó  los  estándares  de  justicia en favor de los de verdad y reparación, no puede  la  Corte  aceptar  que  amén  de  la  relativa impunidad que se imparte en los  procesos  de  Justicia  y  Paz, también se permita socavar la verdad al impedir  que  los  postulados  narren  los  crímenes  cometidos  y  pidan  perdón a las  víctimas  y que, junto con las autoridades, se den garantías de no repetición  y se repare adecuadamente a las víctimas respetando su dignidad.   

(iii). Obstruccionismo frente a la justicia  colombiana:   

Las personas pedidas en extradición que se  desmovilizaron  y  están  confesando  los delitos cometidos personalmente o por  cuenta  de  su  organización criminal, deben concluir sus exposiciones para que  la  justicia  colombiana  emita  los pronunciamientos definitivos que de ella se  esperan.   

Adicionalmente, y en la medida en que muchas  individuos,   entre   quienes  aparecen  particulares,  servidores  públicos  y  autoridades  estatales  de  todo  orden,  participaron de diferente manera de la  actividad  delincuencial  y del proceso de cooptación del Estado por los grupos  paramilitares,  resulta  imprescindible que la sociedad conozca y juzgue a todos  los  que  sirvieron de soporte o ayuda, estimularon o financiaron, encubrieron o  se  beneficiaron,  de  la  organización  criminal,  lo  que  solamente se puede  obtener,  gracias  y  en  buena  medida,  siempre y cuando los postulados estén  permanentemente     a     disposición    de    las    autoridades    judiciales  colombianas.   

No  resulta admisible que un proceso de paz  como  el  promovido  por  el Gobierno Nacional dirigido a la desmovilización de  los  paramilitares,  pueda  quedar supeditado a gobiernos extranjeros y su buena  voluntad  de  permitir  reconstruir  la  verdad  que  tanto  clama  la  sociedad  colombiana.   

También  aparece como elemento perturbador  que   motiva   este   concepto   desfavorable  que  las  autoridades  judiciales  colombianas  no  puedan  cumplir  los  términos  procesales  en los asuntos que  tramita.  Ya  se  han  presentado  supuestos  en los que la ausencia de testigos  -extraditados   previamente-   obligan   al   aplazamiento   de  las  audiencias  programadas  con suficiente antelación, con la consecuencia inaudita de generar  la  aparición  de  causales de libertad a favor de los procesados, fenómeno al  que  no  habría  lugar  en el evento de tener a disposición de las autoridades  nacionales a los postulados-extraditados.   

(iv). Gravedad de los delitos:  

Los  delitos  por  los  cuales es pedido en  extradición  el postulado a los beneficios de Justicia y Paz Luis Édgar Medina  Flórez,  tienen  que  ver  con  el tráfico de sustancias estupefacientes, y no  cabe  duda  que  sobre  las  conductas  relacionadas  con  dichos delitos existe  consenso  universal  dirigido  a  evitar  la  impunidad e imposición de castigo  ejemplar.   

Sin  embargo,  en  atención  a  que  los  postulados  al  proceso  especial consagrado en la Ley 975 de 2005 han confesado  al  menos  el delito de pertenencia a banda armada, el que examinado a la luz de  los  propósitos  criminales  de  los grupos paramilitares se erige en delito de  lesa                    humanidad27,   no   cabe  duda  que  la  gravedad   del  narcotráfico  palidece  frente  a  los  delitos  de  genocidio,  homicidio   en  persona  protegida,  desaparición  y  desplazamiento  forzados,  tortura,  y  otros,  cometidos durante las últimas décadas por los miembros de  los grupos paramilitares desmovilizados.   

Como  lo  dijera  un  miembro de la Sala en  asunto        similar        al       presente28,   

en  eventos  como  el  que  ahora ocupa la  atención  de  la  Sala,  en  el que al reclamado en extradición no sólo se le  imputa  la  realización  en  nuestro  país  de  crímenes  comunes (homicidio,  falsedad  y  concierto  para delinquir), sino de lesa humanidad (en este caso al  menos  118 desapariciones forzadas y 2 desplazamientos forzados), por los cuales  debe  responder  jurídica,  social y penalmente, con la correlativa obligación  de  garantizar  los  derechos  de  las  víctimas  a la verdad, la justicia y la  reparación,  la  Corte  debe  privilegiar  tales  derechos frente al del Estado  requirente   de  investigar  los  delitos  cometidos  en  su  territorio  y  sancionar  a  los  responsables,  debiendo,  en  consecuencia,  emitir  concepto  desfavorable  a  la extradición, el cual, sobra decirlo, por mandato expreso de  la    Ley    Procesal    Penal,    resulta    vinculante    para   el   Gobierno  Nacional.   

En  tales  condiciones  existe  un  clamor  universal  mayor dirigido hacia la necesidad de investigar, juzgar y sancionar a  los  responsables  de  los  delitos atribuibles a los desmovilizados-postulados,  respecto  de  la  persecución  del tráfico de estupefacientes, ecuación en la  que el narcotráfico viene a ser un delito de segundo orden.   

Lo  anterior es tan cierto que la humanidad  ha  decidido  crear  tribunales  internacionales  para  juzgar  delitos  de lesa  humanidad  y  crímenes  de  guerra,  mientras  que  respecto  del narcotráfico  solamente  existen convenciones y acuerdos que propugnan por evitar la impunidad  de tales conductas.   

Dar  prevalencia  a la justicia nacional en  estos   asuntos   blinda  al  Estado  colombiano  frente  a  la  posibilidad  de  intervención  de  la  Corte  Penal  Internacional.  O,  dicho  de  otra manera:  autorizar  la  extradición de un nacional colombiano requerido en el extranjero  por  delito  de narcotráfico, conociéndose que esa misma persona también debe  responder  por  los  más  graves  delitos  de  lesa  humanidad,  constituye una  modalidad   de   impunidad   que   se   repudia  desde  el  mencionado  Tribunal  Internacional  que  lo  autoriza a intervenir en aquellos Estados que patrocinan  tales                   prácticas29.   

En  fin,  y  coincidiendo con las recientes  afirmaciones  de  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  se  reitera   

que  en las decisiones sobre la aplicación  de   determinadas   figuras   procesales  a  una  persona,  debe  prevalecer  la  consideración  de  la imputación de graves violaciones de derechos humanos. La  aplicación  de  figuras  como  la extradición no debe servir como un mecanismo  para  favorecer,  procurar  o  asegurar la impunidad30.   

11. Salvedad:  

En los eventos en que el postulado requerido  en  extradición  (i)  no  contribuya  con  el esclarecimiento de la verdad y la  reparación  de  las  víctimas que de él se reclama, (ii) incurra en causal de  exclusión  del trámite y beneficios de la ley de justicia y paz, (iii) resulte  absuelto  por  los  delitos  que se le imputan, (iv) incumpla las obligaciones y  compromisos  derivados  de  la  pena  alternativa,  u  ocurra cualquier supuesto  similar  a  los  anteriores,  quedan  sin  sustento los argumentos que ahora han  llevado    a    emitir    un   concepto   desfavorable   a   la   petición   de  extradición.   

De darse alguna de las anteriores hipótesis  desaparecen  las razones que en este momento no permiten autorizar la entrega de  Luis  Édgar  Medina  Flórez  al  Estado  requirente,  surgiendo  así para las  autoridades   competentes   la   posibilidad   de  reintentar  la  solicitud  de  extradición.   

12. Conclusión:  

Todo  lo  expresado  obliga  a  la  Corte a  considerar,  en  aras  del  imperio  de  la justicia nacional, el respeto de los  compromisos  internacionales  del  Estado  en  materia  de derechos humanos y la  efectividad   de   los   derechos  fundamentales,  que  el  Gobierno  colombiano  NO   puede  extraditar  al  ciudadano  colombiano  Luis  Édgar  Medina  Flórez,  por razón de los dos (2)  cargos  contenidos  en  la  acusación  No.   07-300 (RCL), dictada el 2 de  noviembre  de  2007 en la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  de  Columbia,  conforme lo solicita el Gobierno de los Estados Unidos, pues como  viene  de  demostrarse, (i) se vulnerarían las obligaciones internacionales del  Estado  colombiano  dirigidas  a  la  lucha  contra la impunidad respecto de los  delitos  de  lesa  humanidad,  y  (ii)  resultarían  gravemente  afectados  los  derechos   de  las  víctimas  y  la  sociedad  colombiana  que  quedarían  sin  posibilidades  de  conocer  la  verdad  y  obtener reparación por los crímenes  cometidos por los grupos paramilitares.   

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL, emite CONCEPTO  DESFAVORABLE   a  la  solicitud  de  extradición  del  ciudadano  colombiano Luis Édgar Medina Flórez, identificado con la cédula de  ciudadanía  número 1.082.850.534 de Santa Marta (Magdalena) formulada por vía  diplomática  por el Gobierno de los Estados Unidos, en relación con los cargos  uno  (1) y cuatro (4) contenidos en la acusación No. 07-300 (RCL), dictada el 2  de  noviembre  de  2007  en  la  Corte  Distrital  de los Estados Unidos para el  Distrito de Columbia.   

          Por  la  Secretaría se comunicará esta determinación al requerido  Medina  Flórez,  a  su  defensor y al representante del Ministerio Público, al  igual  que  al Fiscal General de la Nación para lo de su cargo en relación con  el detenido preventivamente con fines de extradición.   

Y se devolverá la actuación al Ministerio  del   Interior   y  de  Justicia,  para  los  trámites  legales  subsiguientes.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS         

        Salvamento de voto   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN              JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES                       

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

SALVAMENTO DE VOTO  

Con el respeto de siempre por los criterios  y   decisiones  ajenas,  en  este  caso,  por  el  concepto  desfavorable  a  la  extradición   del   solicitado  LUIS  ÉDGAR  MEDINA  FLÓREZ  emitido  por  la Sala mayoritaria, procedo a  exponer  las  razones por las cuales he salvado el voto, en cuanto considero que  dentro  de  la  órbita  funcional y reglada de la Colegiatura le correspondía,  con  sujeción  al principio de legalidad derivado de la más amplia noción del  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  rendir  concepto favorable, amén de  advertir  al  Presidente  de  la  República  acerca  de  sus  responsabilidades  políticas  en  orden  a  disponer  o no la extradición del referido ciudadano,  dada  su  especial condición de postulado dentro de los trámites propios de la  Ley de justicia y paz.   

Las  razones  por las cuales se rindió el  mencionado concepto desfavorable fueron las siguientes:   

“(i).   Se  vulnera     el     espíritu    de    la    Ley    975    de    2005.   

(ii).  Se  desconocen  los derechos de las  víctimas.   

(iii).  Se traumatiza el funcionamiento de  la administración de justicia colombiana.   

(iv). La gravedad de los delitos cometidos  por  el ciudadano pedido en extradición es menor respecto de los delitos que se  le imputan en Colombia”.   

        Considero  que  con  los fundamentos expuestos, la mayoría deja de  lado  el debido proceso que gobierna el trámite de extradición, soslaya que en  virtud  de  lo  establecido  en  el  artículo  189  de  la  Carta  Política el  Presidente    de    la   República   es   el   encargado   de   “dirigir       las       relaciones      internacionales”   y,   de   paso,  lo  releva  de  sus  responsabilidades  como  “Jefe    de    Gobierno   y   Suprema   Autoridad  Administrativa”,  según  lo  establece  el  mismo  precepto constitucional.   

En  efecto,  si  el  debido  proceso  se  encuentra  conformado  por  un  conjunto  de  garantías  dispuestas  en orden a  proteger  a  los ciudadanos sometidos a cualquier clase de diligenciamiento, con  base  en  las  cuales  se  definen  unos ritos y unos pasos por los cuales deben  cursar   los   trámites   en   procura   de  conseguir  una  recta  y  cumplida  administración  de justicia, la seguridad jurídica y la fundamentación de las  resoluciones  judiciales  conforme  a derecho, todo lo cual se materializa en el  principio  de  imperio de la ley expresamente establecido en el artículo 230 de  la  Constitución  Política,  es  claro  que  a  tales  reglas definidas por el  legislador    debe    someterse   la   Sala   al   emitir   los   conceptos   de  extradición.   

Así las cosas, si respecto del trámite de  extradición  el  legislador  no  señaló la ponderación de aspectos abordados  por  la  mayoría  de la Sala para sustentar su concepto desfavorable, encuentro  que se dejó de lado el debido proceso.   

Si bien la Corte funda el concepto negativo  en  la  conducta  asumida por el Presidente de la República en casos semejantes  al     que     ahora     ocupa    la    atención31,  pues  a  pesar  de que la  Sala  en  tales  asuntos  condicionó  la  entrega  en  extradición de personas  postuladas  a la Ley 975 de 2005 a que previamente se dieran por satisfechos los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia,  la reparación y no  repetición,  lo  cierto es que aquél a la postre decidió entregarlas al país  requirente,  a pesar de no haber cumplido dichos compromisos e, incluso, tampoco  lo  hicieron  con  posterioridad  debido  a  la falta de cooperación del Estado  solicitante.   

No obstante, resulta incuestionable que un  tal  proceder,  en  el ámbito de desprotección a los derechos de las víctimas  en  el marco de la ya mencionada legislación sólo compete a la responsabilidad  política  del  Presidente  de  la  República,  por  ser  en  quien  radica  la  competencia   exclusiva   y   excluyente   de  conceder  o  no  la  extradición  solicitada.   

Lo   anterior  es  así,  en  cuanto  la  responsabilidad  del  Primer  Mandatario deriva del hecho de que si bien goza de  autonomía  para  conceder la extradición por ostentar la condición de supremo  director  de  las  relaciones  internacionales,  esa  libertad se ve limitada al  encontrarse  obligado, como cualquier otro funcionario del Estado, a cumplir las  leyes,  la  Carta  Política y el bloque de constitucionalidad, normatividad que  nítidamente  le impone el deber de salvaguardar de manera especial los derechos  de  las  víctimas, incluso con prevalencia sobre el instrumento de cooperación  internacional de la extradición.   

Es  que no de otra forma se puede rescatar  el  principio  pro homine y  el  postulado  pro societas  derivados  del  preámbulo  de la Norma Fundamental, los cuales encuentran total  correspondencia  con  los  fines  perseguidos  por  la  Ley  975  de  2005, cuyo  contenido  es  la expresión fehaciente del anhelo de los ciudadanos que habitan  el  suelo  patrio por conseguir la paz y asegurar la reconciliación entre todos  los colombianos.   

No  sobra manifestar que de ninguna manera  me  opongo  a que la Sala intente asegurar la protección de los derechos de las  víctimas,  así  como  de  los  fines perseguidos por la Ley de justicia y paz,  sólo  que  no  comparto  la  forma  en  que  se desvincula al Presidente de sus  responsabilidades,  en desmedro del principio de legalidad y del debido proceso,  pues  lo  pertinente  era seguir rigurosamente las disposiciones establecidas en  el ordenamiento procesal penal.   

Si de conformidad con el artículo 29 de la  Carta  Política,  en  “toda  clase  de actuaciones  judiciales  y  administrativas”  deben observarse a  “plenitud    las    formas    propias   de   cada  juicio”,  evidente  resulta  que  el  trámite  de  extradición   no  está  excluido  del  principio  de  legalidad,  el  cual  se  desarrolla  en  los  artículos 520 de la Ley 600 de 2000 y 502 de la Ley 906 de  2004,  normativa  que  delimita los ámbitos sobre los cuales corresponde rendir  concepto a la Corte Suprema de Justicia, esto es:   

“La  validez  formal  de  la  documentación  presentada,  en  la  demostración  plena  de la  identidad  del  solicitado,  en  el  principio de la doble incriminación, en la  equivalencia  de  la  providencia  proferida en el extranjero y, cuando fuere el  caso,  en  el cumplimiento de los previsto en los tratados públicos”.   

A su vez, como los artículos 508 y 490 de  las   Leyes   600   y   906,   respectivamente,  estipulan  que  “La  extradición  no  procederá por delitos políticos”,  tal  situación también debe ser objeto de constatación por  la Corte al emitir el concepto.   

Adicionalmente,  como los artículos 511 y  493  de  las  referidas  legislaciones  también  disponen  que  “Para  que  pueda ofrecerse o concederse la extradición se requiere  (…)  Que  el  hecho  que  la  motiva  también  esté  previsto como delito en  Colombia  y  reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo mínimo no  sea  inferior  a cuatro (4) años” y “Que  por  lo  menos  se  haya dictado en el exterior resolución de  acusación  o  su  equivalente”, y por su parte, el  artículo  35  de  la  Constitución Política obliga a verificar si los delitos  que  sirven  de  fundamento  a  la petición de extradición se cometieron en el  exterior  y que respecto de los ciudadanos colombianos por nacimiento los hechos  se  hayan  ejecutado después de la promulgación del Acto Legislativo 01 del 16  de  diciembre  1997, no hay duda que a tales específicos y taxativos temas debe  sujetarse  la  Sala  al  rendir  concepto,  todo  ello en procura de asegurar el  principio  de  legalidad  y  el  imperio  de  la  ley,  además de no excluir al  Presidente de la República de sus caras responsabilidades.   

Como   se  puede  observar,  las  normas  reguladoras  del trámite de extradición no prevén la posibilidad de fundar el  concepto  que  debe  emitir  la  Sala  en  aspectos  como  los señalados por la  mayoría  de  sus  integrantes,  razón  por la cual no podía emitirse concepto  desfavorable con fundamento en ellos.   

Soy  del  criterio  que correspondía a la  Sala  mantener el criterio jurisprudencial hasta ahora aplicado, según el cual,  la  entrega  en  extradición  de personas postuladas a la Ley de justicia y paz  debe  ser  condicionada  a  que  previamente  cumplan de manera real, efectiva e  íntegra  los  compromisos  con  sus  víctimas,  específicamente  en  orden  a  garantizarles    la    verdad,    la    justicia,    la    reparación    y   no  repetición.   

Sólo  en  tal medida, se rinde tributo al  debido  proceso  inherente  al trámite de extradición, se conserva la facultad  del   Presidente  de  la  República  de  ser  el  director  de  las  relaciones  internacionales  y  no  se releva al mismo de sus responsabilidades como Jefe de  Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa.   

En  tales  condiciones  reitero,  es  el  Presidente  de  la  República el políticamente responsable de todas y cada una  de  las  violaciones  de  los derechos fundamentales de las víctimas dentro del  marco  de  la  Ley  975  de  2005  que se deriven de conceder la extradición de  personas  sometidas  a  tal legislación, sin la plena y previa satisfacción de  los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición.   

Con los planteamientos expuestos estimo se  garantiza  el debido proceso y de contera el principio de legalidad, además, se  deja   a   salvo   la   condición   de   supremo  director  de  las  relaciones  internacionales  y  de  Jefe  de  Estado  del  Presidente  de  la  República e,  igualmente,  se  aseguran los derechos de las víctimas en el marco de la Ley de  justicia y paz.   

Debo,  entonces  reiterar,  que  aunque no  estoy  de  acuerdo  con la extradición de ciudadanos colombianos sometidos a la  Ley  de  Justicia  y  Paz,  en  cuanto  de  ello se deriva vulneración para los  derechos  de  las  víctimas,  conceptúo  que  tal decisión no corresponde ser  adoptada  por  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, sino  que ella es del resorte exclusivo del Presidente de la República.   

En los anteriores términos dejo sentado mi  salvamento de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Magistrada  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Folio  50 Cuaderno de Extradición.   

2 Folio  68 Cuaderno de Extradición.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Salvamento  de voto a   Concepto de extradición de  23 de septiembre de 2008.   

4  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, mediante Auto de segunda  instancia,  10  de  abril de 2008, radicación 29472, señaló: (i) Que se trate  de  hechos cometidos con posterioridad al 17 de diciembre de 1997 (Constitución  Política,  artículo 35 y Ley 906 de 2004, artículo 490); (ii) Que no se trate  de  delitos políticos (Constitución Política, artículo 35 y Ley 906 de 2004,  artículo  490);  (iii)  Que el hecho que la motiva también esté previsto como  delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo  no  sea inferior a cuatro (4) años (Ley 906 de 2004, artículo 493-1);  (iv)  Que  por lo menos se haya dictado en el exterior resolución de acusación  o su equivalente (Ley 906 de 2004, artículo 493-2).   

5  En  este  sentido  véanse:  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal,  Auto de segunda instancia,  10     de     abril     de     2008,     radicación     29472;     Concepto   de   2  de  abril  de  2008,  radicación  28643;  y, Auto  de segunda instancia, 22 de abril de 2008, radicación 29559.   

6  El  derecho  a ser juzgado por funcionarios imparciales, alcanzando la categoría de  derecho  fundamental  porque  hace  parte del derecho a un proceso con todas las  garantías,  también   previsto  en  el  artículo  10  de la Declaración  Universal  de Derechos Humanos y en el artículo 14.1 del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos  de  New  York  (Véase María del Carmen Calvo  Sánchez,  «Imparcialidad:  abstención  y  recusación  en  la  nueva  Ley  de  Enjuiciamiento     Civil    1/2000,    de    7    de    enero»,    Responsa  iurisperitorum digesta, volumen  II, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2001, p. 90.   

7 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Auto  de  segunda instancia, 22 de abril  de 2008, radicación 29559.   

8  Proyecto   de   Ley   211,   por   la  cual  se  dictan  disposiciones  para  la  reincorporación  de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley,  que  contribuyan  de  manera  efectiva  a  la  consecución  de la paz nacional,  Gaceta  del Congreso 43, de  11 de febrero de 2005.   

9  Proyecto   de   Ley   211,   por   la  cual  se  dictan  disposiciones  para  la  reincorporación  de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley,  que  contribuyan  de  manera  efectiva  a  la  consecución  de la paz nacional,  Gaceta  del Congreso 43, de  11  de  febrero de 2005. También insistieron en la necesaria protección de las  víctimas  quienes oficiaron como ponentes del citado proyecto de ley con motivo  de  los  debates  surtidos  en el Congreso de la República (Véase Gaceta  del Congreso 74, de 4 de marzo de  2005  y  Gaceta del Congreso  331, de 7 de junio de 2005).   

10  Corte Constitucional, sentencia C-228/02.   

11  Corte Constitucional, sentencia C-370/06.   

12 Los  alcances  y  dimensión  de la temática propuesta se puede reparar con provecho  en  Pedro  J. Bertolino (Coordinador), La víctima del  delito  en  el  proceso  penal latinoamericano, Buenos  Aires, Rubinzal Culzoni Editores, 2003.   

13  Sobre  el  particular  también  pueden ser consultadas las sentencias C-740/01,  C-1149/01, SU-1184/001, T-1267/01 y C-282/02.   

14  Esta  sistematización  se  apoya en el “Conjunto de  Principios  para la protección y promoción de los derechos humanos mediante la  lucha  contra  la  impunidad”.Anexo  del  Informe  final  del Relator Especial  acerca  de  la  cuestión  de  la impunidad de los autores de violaciones de los  derechos         humanos.        E/CN.4/Sub2/1997/20/Rev.1,        presentado  a  la  Comisión  de  Derechos  Humanos  en  1998. Estos  principios  fueron  actualizados por la experta independiente Diane Orentlicher,  de  acuerdo  con informe E/CN. 4/2005/102, presentado a la Comisión de Derechos  Humanos.   Para   más   detalles,   véase  Comisión  Colombiana  de  Juristas  (compilación),   Principios  internacionales  sobre  impunidad  y reparaciones, Bogotá, Opciones Gráficas  Editores Ltda., 2007.   

15  Principio  2  del Conjunto de Principios para la protección y promoción de los  derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad.   

16  Cfr. Entre otras las sentencias C-293/95 y C-228/02.   

17  Cfr. Sentencias T-443/94 y C-293/95.   

18  Cfr. Sentencia C-412/93.   

19  Cfr., Sentencia C-27594.   

20  Cfr.  Principios  relativos  a  una  eficaz  prevención e investigación de las  ejecuciones  extrajudiciales,  arbitrarias  o  sumarias, aprobado por el Consejo  Económico  y Social de las Naciones Unidas, mediante resolución 1989/65 del 29  de  mayo  de  1989,  y  ratificado por la Asamblea General. mediante resolución  44/162    del   15   de   diciembre   de   1989.   Citados   en   la   sentencia  C-293/95.   

21  Cfr.  Art. 33 del Conjunto de principios para la protección y promoción de los  derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad.   

22  Sentencia  de  la  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos del 15 de junio de  2005.   

23 Se  desarrolla  y complementa lo expresado por la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  en  los  conceptos de extradición de 5 de diciembre de 2007,  radicación 28505 y de 2 de abril de 2008, radicación 28643.   

24  Corte Constitucional, Sentencia C-591/05.   

25  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos. Caso Cesti  Hurtado  vs.  Perú. Sentencia del 29 de septiembre de  1999. Véase http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm   

26  Corte  Interamericana de Derechos Humanos. Caso de las  Palmeras  vs. Colombia. Sentencia de 6 de diciembre de  2001. Véase http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm   

27 La  jurisprudencia  nacional  y  extranjera  entienden  que  cuando  el concierto   para  delinquir  tiene  como  propósito   ejecutar   acciones  de  desaparición  y  desplazamiento  forzado,  torturas,  homicidios  por  razones políticas, etc., dicha asociación criminal  también  constituye  delito  de lesa humanidad (Corte Suprema de Justicia, Sala  de  Casación Penal, Auto de  segunda instancia, 10 de abril de 2008, radicación 29472).   

28  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Salvamento de voto a  Concepto de extradición de  23 de septiembre de 2008, radicación 29298.   

29 La  doctrina  es  clara  en señalar que la inacción, la falta de disposición o la  incapacidad  de  las  jurisdicciones  nacionales para investigar y enjuiciar los  delitos  de  lesa humanidad o los crímenes de guerra cometidos en situación de  admisibilidad,  posibilitan  la  intervención de la C.P.I., tribunal que ejerce  su  primacía  material  sobre  las  autoridades  judiciales  nacionales. Véase  Héctor  Olásolo Alonso, Ensayos sobre la Corte Penal  Internacional,   Bogotá,   Pontificia   Universidad  Javeriana, 2009, p. 34 y siguientes.   

30  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos, Caso de la  Masacre  de  Mapiripán  Vs.  Colombia, Resolución de  Supervisión   de  Cumplimiento  de  Sentencia,  8  de  julio  de  2009.  Véase  http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm   

31  Cfr.  entre  otros,  Conceptos del 2 de abril, 31 de julio y 23 de septiembre de  2008, radicados números 28643, 28503 y 29298, respectivamente.     

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