29792(03-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29792   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 179  

Bogotá  D.  C.,  tres  de  julio de dos mil  ocho.   

VISTOS  

Conforme  con lo reglado en el artículo 194  de  la  Ley  906 de 2004, examina la Sala de manera preliminar el aspecto formal  de  la  demanda  de  revisión  instaurada  por  la  apoderada especial de JAIRO  BARRETO  ROMERO,  contra  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado 34 Penal del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Bogotá, el 5 de diciembre de 2006, y  confirmada  por  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de la misma  ciudad  el  15  de  junio de 2007, por cuyo medio se condenó al demandante a la  pena  principal  de 128 meses de prisión, al hallarlo penalmente responsable de  la conducta punible de acceso carnal violento.   

  HECHOS  

          La        síntesis       que       de       los       mismos  hizo  el  juzgador  de  segunda  instancia, es del siguiente tenor:   

“Los acontecimientos surgen de la denuncia  formulada  por  ROSA  LILIA  LARROTA  quien  manifestó que su hija J.G.V.L. fue  accedida  carnalmente  por JAIRO BARRETO ROMERO el día 26 de diciembre de 2005.  Comenta  que  el agresor ingresó a la vivienda de la menor en donde funciona un  expendio  de  cerveza,  con el objeto de llevar licor sin pagar. Al negarse J.G.  al  requerido  de  BARRETO  ROMERO, éste inmediatamente la arrojó al piso y le  propinó  golpes  que  le  causaron  heridas  en  la  cabeza,  rostro,  tórax y  extremidades.  A  continuación,  procedió  a  bajarle  la ropa interior con la  intención  de  penetrarle el miembro viril. Como no pudo lograrlo, le introdujo  los  dedos  en  la vagina, realizó tocamientos en sus senos y eyaculó sobre el  cuerpo de la niña. Seguidamente abandonó el lugar”.   

ANTECEDENTES  

         Por  los  hechos  narrados  anteriormente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación contra JAIRO BARRETO ROMERO el 17 de marzo de 2006, cuya  sustentación  se llevó a cabo por las directrices pertinentes del sistema oral  de la Ley 906 de 2004.   

          Tramitado  el juicio, el Juzgado 34 Penal del Circuito con Funciones  de  Conocimiento  de  Bogotá,  en  fallo del 5 de diciembre de 2006, condenó a  BARRETO  ROMERO  a  la  pena  de  200 meses de prisión como autor del delito de  acceso  carnal  violento,  sanción que fue modificada al monto arriba señalado  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al  revisar por vía de apelación la  determinación de primer grado, como igualmente allí se anotó.   

LA  DEMANDA   

          La  demandante  invoca  la  causal  consagrada en el numeral 3º del  artículo  192 de la Ley 906 de 2004, esto es, bajo la  consideración  de que con posterioridad a la sentencia surgieron pruebas nuevas  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  que  establecen  la  inocencia  del  condenado.   

En orden a desarrollar su pretensión, bajo  lo    que    titula   “consideraciones”,    sostiene    que   “de  lo observado en este proceso, lo único que realmente cierto  (sic),  es  que  se  puede establecer la existencia de una gran duda frente a la  ocurrencia  de los hechos constitutivos de acceso carnal violento”,  pues,  agrega,  solo  se  demostró  que  la  menor ofendida fue  víctima de lesiones personales y actos sexuales abusivos.   

Señala, a continuación, que si bien de las  declaraciones  de  la madre de la menor, señora Rosa Lilia Larrota Castiblanco,  se  extrae  “que  la  misma le comento (sic) que el  condenado   le   había   introducido  los  dedos  en  la  vagina”,  esta  situación  no  fue  posible  acreditar  con  el  examen de  medicina  legal  practicado  a  la  niña,  fuera  de  que  al momento de rendir  testimonio  en  el  juicio,  la ofendida mencionó el acceso carnal “por    la    inducción    que    le    hizo    la   funcionaria  fiscal”.   Esta   afirmación,   sostiene,  fue  el  fundamento  para que su defendido fuera condenado por el delito de acceso carnal  violento y no por el de actos sexuales abusivos.   

Así, tras criticar la valoración probatoria  del  juzgador  de  primera  instancia,  la  actora  indica que existe una prueba  nueva,   consistente   en   la   declaración   extrajuicio   rendida   libre  y  voluntariamente  por  la  denunciante Larrota Castiblanco, en la cual afirma que  no hubo acceso carnal.   

Hace  saber que en dicha deponencia, que fue  recepcionada  en una Notaría de la ciudad el 1° de noviembre de 2006, la madre  de  la  menor  aclaró  “que no hubo penetración en  ninguna  parte  de  el (sic) cuerpo por parte de este y los motivos del denuncio  están    siendo    resarcidos    y    son    el    motivo    de   la   presente  conciliación”.  Esta  declaración  extraprocesal,  demostrativa  de que el hecho jamás ocurrió, la cual no pudo ser introducida a  la  actuación  porque  fue  posterior  al  juicio,  constituye,  a juicio de la  memorialista,  la  prueba  nueva  que  descarta  la  comisión del acceso carnal  violento.   

Por  último,  la  defensora  presentó como  anexos,  para  cumplir  con  las  exigencias formales instituidas respecto de la  acción  de  revisión,  el  poder  especial  conferido  por  el condenado JAIRO  BARRETO  ROMERO  para  adelantar  esta  tramitación,  copia  de la declaración  extraproceso  N°  08817,  vertida  por Rosa Lilia Larrota Castiblanco el 1° de  noviembre  de  2006  ante el Notario Tercero del Círculo de Bogotá, y copia de  las   sentencias   de   primera   y   segunda   instancias,  con  constancia  de  ejecutoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  acción  de revisión es un medio para conseguir la realización  de  la  justicia  y  un mecanismo excepcional contra la inmutabilidad de la cosa  juzgada  por  la  ocurrencia  de hechos y conductas contrarias a derecho que una  vez  configuradas,  desvirtúan  la  oponibilidad  de la sentencia en firme y la  seguridad  jurídica  que  le  sirve  de fundamento. Dentro de este contexto, la  razón  de  ser  del  instituto  es  la  de  subsanar los defectos materiales de  aquellas  providencias  que  ponen fin al proceso penal tanto en la instrucción  como  en  el  juicio,  proferidas  en contravía de una recta administración de  justicia,  atendiendo  al  interés  general  de la verdad y de la justicia como  forma  de  garantizar  una  convivencia  pacífica  y  un  orden  justo  para el  conglomerado social.   

          Por  lo  mismo,  no  es un mecanismo para revisar la legalidad de la  sentencia  como  sucede  con  el  recurso  de  casación, sino la justicia en su  dimensión  positiva, para evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los  responsables.   

          Dadas  sus especiales características, que como se dijo se dirigen  a  derruir la cosa juzgada, su ejercicio no sólo debe someterse a las taxativas  causales   que   para   su   prosperidad   indica   el   artículo  192   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004,  sino que  además  requiere del aporte de medios de prueba serios, procedentes, idóneos y  con  suficiente  grado de credibilidad y trascendencia  para  conducir  a  la  rectificación del error que se  enrostra  a  la  providencia  demandada,  superando en ella la injusticia que el  actor le adjudica.   

Así, frente a la causal tercera, tiene dicho  la  Sala  que  corresponde  al  actor  demostrar  no sólo el surgimiento de los  hechos  nuevos  o  pruebas  de  similar  naturaleza,  que apunten a acreditar la  inocencia  del  condenado o su inimputabilidad, sino, lo más importante, que el  fallador  no  tuvo  oportunidad  de pronunciarse sobre ellos y que de haber sido  conocidos  o  haber  ingresado  oportunamente  al  expediente,  la solución del  asunto    hubiera    sido    sustancialmente    distinta    y   opuesta   a   la  adoptada.   

En  este  caso,  la  demanda  se  edifica  sobre  la  causal  tercera de revisión, al sobrevenir  prueba  nueva  posterior  a la sentencia de condena de  primera  instancia,  constituida,  en esencia, por el  testimonio  de  la  madre  de la víctima,    señora    Lilia    Rosa   Larrota  Castiblanco, retractándose de la acusación que desde  el  acto  de  denuncia  hizo  contra  el  acusado JAIRO BARRETO ROMERO, de haber  introducido  los  dedos en la vagina de su hija menor, luego de que esta así se  lo hiciera saber.   

Dicha  declaración  fue  presentada  en  la  Notaría  Tercera  de la ciudad el 1° de noviembre de 2006, al parecer luego de  que  se celebrara un acuerdo conciliatorio entre la señora Larrota Castiblanco,  como  representante  legal  de  la  joven afectada, y el procesado JAIRO BARRETO  ROMERO,      quien     le     canceló     la     suma     de     $5’000.000.oo    por    concepto    de  perjuicios.   

Como   en  esta  ocasión  la  denunciante  manifestó   que   su   hija  recibe  tratamiento  psicológico  y  “no   quiere   perjudicar   más   de   lo  debido”  al  acusado, amén de que aclaró “que  no  hubo  penetración  en  ninguna  parte  del  cuerpo  por parte de este y los  motivos  del  denuncio  están  siendo resarcidos y son el motivo de la presente  conciliación”,  ello  es  suficiente  para  que  la  demandante  considere  que  este  elemento  de  juicio  concurre  a acreditar la  inocencia  de  su representado en el delito de acceso carnal violento por el que  se le condenó.   

         Sin  embargo, para la Sala esa prueba no tiene la aptitud necesaria  para  derrumbar  la  declaración  de  verdad  contenida en la sentencia  que  condenó  a  BARRETO  ROMERO,  porque  de  entrada  no  ofrece  la  credibilidad suficiente para concluir en la  posibilidad de que se cometió una injusticia.   

En  efecto, de acuerdo con lo consignado en  el  fallo de primera instancia, la madre de la víctima rindió una declaración  en  la  que narró que fue su hija quien directamente  le   comunicó  las  circunstancias  en  las   cuales   recibió  las  múltiples  agresiones  por  parte  de  BARRETO  ROMERO,  entre  ellas  la  de  “introducirle  los  dedos  en  la  vagina  y  eyacular  sobre  su  cuerpo”.   

De  allí  que  se está en presencia de una  retractación,  porque  la  declaración  que  rindió  la  citada  señora ante  Notario,   contradice   abiertamente   lo   expuesto   por   ella   dentro   del  diligenciamiento,  en  el  que  acusó  al  sentenciado de haber cometido acceso  carnal sobre su hija.   

No obstante, la retractación del testigo no  puede  recibir  el  tratamiento  de prueba nueva, pues lo único que se pretende  con  ella,  como  lo  ha reconocido la Sala, es afectar la credibilidad que a su  exposición  se  le  dio  en  el  fallo,  tema  que,  desde  luego, no puede ser  examinado  de  nuevo  ni  aun en revisión y que es, precisamente, lo pretendido  por  la  demandante,  al señalar en su libelo que lo único realmente cierto en  este  proceso,  es  “la existencia de una gran duda  frente   a   la   ocurrencia  de  los  hechos  constitutivos  de  acceso  carnal  violento”.   

Sobre  el  tópico, así reiteró la Sala en  anterior                 oportunidad1:   

“Así   las   cosas,   es  evidente  la  precariedad  del escrito en estas condiciones incoado ante la Corte, como que la  actora  además  de  eludir  la  presentación  de  los argumentos de hecho y de  derecho  que  deberían servirle de soporte, limitó toda razón para motivar la  revisión  de  la  sentencia, al testimonio de la víctima en el que se retracta  de  los  hechos por los cuales se condenó al procesado, como si esta postura de  último   momento   pudiera  configurar  realmente  una  prueba  nueva  con  las  cualificadas  exigencias  de  estar  en  vía  de  socavar la justeza del fallo,  cuando  en  las  condiciones  dadas  resulta verdaderamente inaceptable, pues no  comporta  así  ninguna  novedad  cuyo  desconocimiento al tiempo de los debates  hubiera  determinado  que  el  funcionario  judicial  no tomara entendimiento de  ella,  sino  precisamente  con el paladino propósito de generar a través de su  actual  presentación  un  conflicto  de apreciación referido a la credibilidad  dada  a  la  misma  en  el  fallo y sobre cuyo pilar se fundó, precisamente, la  condena.   

“Tiempo  atrás  había  señalado que la  acción  de  revisión  no  es  procedente “por la sola retractación de uno o  varios  deponentes,  pues  no se sabe dónde está la verdad, por tanto el fallo  permanece  con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad. Cuando se haya  determinado,   sin  vacilaciones,  quién  mintió  en  el  proceso,  siendo  la  respectiva  declaración  sustancial  en  orden  al  fallo, entonces sí habría  lugar al trámite de la acción”.   

Y no es la acción de revisión el escenario  propicio    para    establecer    en    cuál    de    las    dos   declaraciones   mintió   la   testigo,  pues  ante  un  fallo  ejecutoriado,  donde  sus  declaraciones  han superado la  presunción  de  certeza  y  legalidad para ser reconocidas por la sociedad como  verdades  inmutables, sólo valdrá esa retractación cuando se haya determinado  por  decisión judicial en firme, que el testigo mintió en el proceso, y en tal  evento  ya  no  se estaría en presencia de una prueba nueva, sino de una prueba  falsa,  sobre  la que se fundamentó el fallo, caso en el cual es otra la causal  por la que debe intentarse esta acción.   

Así  las cosas, como el escrito de demanda  incumple  básicamente  las  exigencias  formales mínimas previstas en la norma  antes   citada,   se   impone   su  inadmisión  de  conformidad  con   lo   indicado   en   el   artículo   195  de  la  Ley  906  de  2004.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          Rechazar   la  demanda  de  revisión  presentada  a nombre del condenado JAIRO BARRETO ROMERO,  por las razones consignadas en la anterior motivación.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                            AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1 Auto  del 4 de mayo de 2006, Rad. 25.314.     

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