29592(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29592  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  231  

Bogotá D.C., diecinueve (19) de agosto de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve los presupuestos de lógica y  debida  argumentación  de  la  demanda de casación interpuesta por el defensor  del procesado JUAN CARLOS LEE CORADINE.   

H E C H O S  

“Los  puso  en  conocimiento   Lidia   Hemilet   Cala   Celis,   abogada  penal  de  la  Oficina  Anticorrupción  de  la  Empresa  de  Teléfonos  de  Bogotá, el 25 de junio de  1999.   Anexa investigación que adelantó la Dirección de Investigaciones  Disciplinarias  de  la  ETB  contra  JUAN  CARLOS LEE  CORADINE  el  1º de mayo de 1999 como consecuencia de  las  irregularidades  encontradas en los contratos celebrados por la Subgerencia  Comercial  de  la  ETB  con  la  sociedad Greenday Ltda. (contrato No. 97304009,  suscrito   el   12   de   junio   de   1997),  con  la  compañía  Identidad   Global   Ltda.   (orden   de  servicios  No.  97302056  suscrito el 19 de junio de 1997) y con la sociedad   Góndola  S.A.  (contrato  No.  97304018,  suscrito  el  11  de  agosto  de  1997).   Según  considera  el  funcionario  investigador,  los  trabajos  finales  entregados por la compañía  Identidad  Global  Ltda.  y  Góndola  resultaron  ser  iguales,  además  que  el  trabajo  de  Góndola se entregó primero aunque fue  suscrito  después  que  el  de  Identidad Global, y este último no cumplió su  objetivo.    Por   otro   lado,  el  contrato  celebrado  con  Greenday   Ltda.,   consistente   en  la  elaboración   de   camisetas  con  fines  publicitarios,  no  cumplió  el  fin  establecido,  ya  que  las  camisetas  debieron ser repartidas al interior de la  entidad,    lo    que    demuestra   la   falta   de   planeación   de   dichos  contratos”   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  el  31 de diciembre de 2002, fue acusado  JUAN  CARLOS  LEE CORADINE por la Fiscalía  13  de  la  Unidad  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Bogotá (fl. 17-42,  cuaderno  de  la  fiscalía,  2ª  instancia),  como  autor  del concurso de los  delitos   de  “celebración  indebida  de  contratos  y   contratación  sin  el  cumplimiento  de los requisitos legales  de que tratan los artículos 145 y  146   del   Decreto   Ley  100  de  1980”.   La  acusación  cobró  ejecutoria  el  22  de enero de 2003 (fl.  43, cuaderno de la fiscalía, 2ª instancia).   

2.  La etapa  del  juicio  la tramitó el Juzgado 3º  Penal del Circuito de Bogotá que,  el  8  de noviembre de 2005, dictó sentencia de primera instancia (fl. 102-115,  cuaderno  etapa de juicio) en  la   que   condenó   a   JUAN  CARLOS  LEE  CORADINE  a las penas principales de 54 meses de prisión, multa  equivalente   a   12   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  a  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses  y  al pago de perjuicios  materiales  por  suma  equivalente  a 861.74 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  como  autor  de  los delitos de contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  en concurso con  interés    ilícito    en    la   celebración   de  contratos  (artículos  146,  145 del Código Penal de  1980).   

Apelado   el   fallo  por  el  defensor  de  JUAN  CARLOS LEE CORADINE, el  Tribunal  Superior  de  Montería,  Corporación  que  conoció  del recurso por  virtud  del  Acuerdo  N°  PSAA07-4102  de  julio  11  de  2007, lo modificó  parcialmente, así: absolvió  a JUAN  CARLOS   LEE  CORADINE  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento   de   requisitos   legales,   redujo  la  pena de prisión por el delito de interés ilícito en  la  celebración  de contratos a 48 meses, la cuantía de la multa a 10 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  la pena accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas a 48 meses, según sentencia del 7 de septiembre  de 2007.   

L A      D E M A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El defensor de JUAN  CARLOS   LEE   CORADINE   formula   un   cargo  único  al  amparo  de la causal de  casación  descrita en el artículo 207-1 de la Ley 600 de 2000, por infracción  a   la   ley   sustancial   por   vía  del  error  de  hecho,  que  desarrolla  a  través de 7 reproches por  falso  juicio  de  identidad y falso raciocinio, cuyos argumentos se sintetizan,  así:   

Primer  reproche:  falso juicio de identidad   

El censor afirma que el Tribunal incurrió en  un  yerro  de  falso  juicio  de  identidad al detallar la cantidad de camisetas  contratadas  por la ETB a la firma Greenday,  toda  vez que el número de prendas no fue de 39000, como lo dijo  el   fallador,   sino  de  29000,  tal  como  se  aprecia  en  el  contrato  No.  97304009.    

Afirma que el yerro fue trascendente porque,  para  el  sentenciador, el interés ilícito en la celebración del contrato con  Greenday radicó en que éste  era  innecesario  e  inconveniente  toda  vez  que versaba sobre el estampado de  39000  camisetas  con  un  logosímbolo  que  muy  pronto sería reemplazado por  razón  del  cambio  de  imagen  que  la  empresa  de  telecomunicaciones venía  gestando  de tiempo atrás.  De no haber incurrido en el yerro, el Tribunal  “hubiese  tenido  una  mejor perspectiva  sobre  las   posibilidades   reales   de   la   ejecución   del   contrato”  pues la ETB “siempre contará con la  capacidad  logística  y  administrativa  para  efectuar su eficiente y efectiva  repartición” (pág. 10, demanda).   

Según el censor, al errar el Tribunal sobre  el  número  de  camisetas  contratadas, no pudo ver que en realidad el contrato  sí  era  necesario  y  conveniente  y,  de contera, desconoció una regla de la  experiencia,  según  la  cual,  “es  posible lograr  eficientes  procesos  de  distribución de bienes cuando se cuenta con la debida  planeación  y  los medios para ello, aún a pesar de las cantidades” (pág. 9, demanda).   

Segundo   reproche:   falso   juicio   de  identidad   

El   demandante  afirma  que  el  juzgador  incurrió  en  falso  juicio  de identidad  al  no apreciar la cláusula 6ª del contrato No. 97304009, según  la  cual,  su plazo de ejecución era de 2 semanas, como también al no advertir  que  las  camisetas  fueron  entregadas el 25 de junio de 1997 (dentro del plazo  estipulado),  3  meses  antes de que venciera el plazo de entrega del objeto del  contrato  suscrito  con  la  firma  Global.   

Si  el  fallador  no hubiese incurrido en la  omisión  acusada,  habría  apreciado  que,  para  cuando  la  ETB  celebró el  contrato  con  Greenday y se  entregaron  las  camisetas  contratadas, no existía ningún acto administrativo  de   la  ETB  que  permitiera  afirmar  su  intención  cercana  de  cambiar  el  logosímbolo;  de  allí,  que el contrato para la elaboración de camisetas sí  era  conveniente,  toda vez que, en ese entonces, el logosímbolo estaba vigente  (pág.  11,  13  demanda);  además,  la  conveniencia  del  contrato  surge del  testimonio  de  Sergio  Aragón, quien afirmó que desde 1996, la ETB se propuso  incrementar  sus ventas y así se plasmó en un plan estratégico que dio origen  al   contrato   suscrito   con   Greenday (pág. 13, demanda).    

De  otro  lado,  el  contrato  suscrito  con  Global  no tenía por objeto  el  cambio del logosímbolo de la ETB, sino “realizar  la   identificación   y   aplicación   de   la   imagen   corporativa   de  la  empresa” y, como su plazo de entrega era de 3 meses,  “lejos  era  de  suponer que podría considerarse la  prontitud  del  cambio de logo para unas camisetas que se recibirían en sólo 2  semanas”.    

Lo   mismo   cabe   predicar  –agrega   el   censor-   del  contrato  suscrito  con  Góndola (cuyo  objeto  sí  era el cambio del logosímbolo de la ETB), toda vez que, al momento  de  su  celebración,  ya las camisetas habían sido entregadas, por manera que,  insiste   el  demandante,  al  momento  de  la  suscripción  del  contrato  con  Greenday   no  había  ningún  elemento  de juicio que permitiera inferir el inminente cambio del logo  que tuvo lugar 5 meses después (pág. 12, demanda).   

Tercer reproche: falso raciocinio  

El demandante dice que el Tribunal incurrió  en    un    “error   de   apreciación”  al  inferir la inminencia del cambio del logosímbolo de la ETB  para   el   momento   en   que   se  suscribió  el  contrato  con  Greenday, a partir de las declaraciones de  JUAN  CARLOS  LEE  CORADINE y  Sergio Aragón Luna (pág. 13, demanda).   

El impugnante explica que el Tribunal llegó  a  la  conclusión,  según  la  cual,  para  el  momento de la suscripción del  contrato  con  Greenday, cuyo  objeto  era  la  elaboración  de  las camisetas, era ya inminente el cambio del  logosímbolo,  en la medida que de tiempo atrás, se venía planeando ese cambio  de  imagen de la empresa; dicha conclusión errada, la fundó el Tribunal en las  declaraciones aludidas.   

El  yerro  se  evidenció  al  confundir  el  Tribunal  “la planeación”  con    “aquello    que    se    planea”;  es  así  como,  de manera equivocada, el fallador estimó que  por  el  hecho  de  que existía una planeación para modernizar la imagen de la  empresa,   ello   haría   inminente   el   cambio  del  logosímbolo.   El  razonamiento  es  errado porque un juicio lógico no permite concluir, sin más,  que  la  planeación  llevaría  necesariamente  al aludido cambio; al inferirlo  así,  el  fallador  desconoce  una  regla  de  la  experiencia, según la cual,  “la  ejecución  de  un plan no es perfecto y por lo  tanto  no  es  posible atenerse a fechas concretas para ejecutar todos los actos  planeados,  sino,  por  el contrario, la atención de las necesidades según las  mismas  vayan teniendo su aparición en el plan, implican la improvisación para  la  atención de esas necesidades que surjan con relación al objeto del plan, y  al plan mismo” (pág. 14, demanda).   

Así      entonces      –dice  el  censor-,  nada  de irregular  tiene  que  la  ETB hubiera recibido las camisetas con el logosímbolo y 5 meses  después   éste   hubiera   sido   cambiado,   pues   ello  hace  parte  de  la  flexibilización  de  toda  planeación;  además,  la  ejecución  del contrato  suscrito   con  Greenday  no  contradice  la  estrategia  de  promoción  que  se  venía  gestando  y, por la  distancia temporal, tampoco interfirió con el cambio del logo.   

Como conclusión de  los  tres  primeros  reproches, el casacionista afirma  que  el  sentenciador  llegó a la conclusión de la inutilidad e inconveniencia  del   contrato   suscrito   con   Greenday  como  consecuencia de omitir algunas pruebas e incurrir en errores  de  apreciación  de  otras.   Por lo tanto, si el contrato suscrito con la  firma    Greenday    era  conveniente,  entonces  no  hubo un interés indebido en su celebración a favor  del   contratista   (pág.   16,   demanda).    Estima   así  indebidamente  aplicado  el  artículo 145  del Código Penal de 1980.   

Cuarto   reproche:   falso   juicio   de  identidad   

El  Tribunal  incurrió en un error de hecho  por  falta de apreciación de  la  declaración  de  Diana  María Gómez Mejía, toda vez que no advirtió que  aquella  expresó  en  su  testimonio  que  los contratos suscritos con Global y  Góndola  no  estaban  encaminados  al  mismo  logosímbolo  (Global  manejó el  anterior  y  Góndola  el  nuevo),  y  uno fue suscrito antes que el otro.    

De  haber  apreciado  esta circunstancia, el  Tribunal  habría  concluido  que  el objeto de los mismos no era prácticamente  igual,  sino  muy  distinto  y,  por  lo  mismo,  hubiese advertido –contrariamente  a  lo  razonado  en el  fallo-   que   la   existencia   del   contrato   celebrado   con   Góndola  (cuyo objeto fue “El   diseño   de   la   identidad   visual  de  la  ETB”)   no   significaba   la  innecesariedad  e  inconveniencia  del  celebrado  con  Global (cuyo  objeto   fue   “realizar   la   identificación   y  aplicación     de    la    imagen    corporativa    de    la    ETB”).   Cosa distinta –agrega  el  censor-  es  que  el  trabajo  entregado  por  la  firma  Global   fuera   igual  al  entregado  por Góndola, hecho  que   no   se   puede   reprochar   al  procesado  LEE  CORADINE  sino  al contratista (pág. 19-21, demanda).   

Quinto   reproche:   falso   juicio   de  identidad   

El  impugnante  asegura  que el sentenciador  incurrió  en  falso  juicio  de identidad  al  dejar  de  apreciar algunos apartes de la declaración de Juan  Carlos  Galindo  Vacha, razón por la cual erró al inferir que el objeto de los  contratos     suscritos    con    Global  y  Góndola era  iguales,  como  también al concluir, por esa razón, que los dos contratos eran  inútiles e inconvenientes.   

Según  el  impugnante,  Galindo Vacha dejó  claro    que    el    objeto    del    contrato    suscrito   con   Global era el de crear normas relativas al  uso   del   logosímbolo   que   entonces  estaba  vigente  y  no  requería  su  modificación,  lo  que  coincide  con  el dicho de LEE  CORADINE  y  de  María  Gómez Mejía.  Por otro  lado,  el  procesado precisó  que     el     objeto     del     contrato     suscrito     con     Góndola  era,  ahí  sí,  el de crear un  nuevo logosímbolo.    

El  censor  precisa  que,  al  no  ver  la  diferencia  de  objeto de los dos contratos, las cuales, en su sentir, surgen de  las  pruebas  aludidas,  el  Tribunal  concluyó  que  los  dos eran inútiles e  inconvenientes  y,  por  ello, su celebración obedeció a un interés indebido,  cuando  en  realidad  –dice  el  libelista-  ambos obedecían a lineamientos de la gerencia general de la ETB  (pág. 19-21, demanda).      

Sexto    reproche:   falso   juicio   de  identidad   

El  casacionista  censura  que  el  Tribunal  incurrió   en  falso  juicio  de  identidad  al  descartar  aspectos  y  hechos  contenidos  en  la  declaración  de  JUAN  CARLOS LEE  CORADINE.   

En desarrollo del reproche, el censor asegura  que  el  procesado,  en  los  mismos  términos que Galindo Vacha y  Gómez  Mejía,  hizo  claridad  sobre  la  diferencia  entre el objeto de los contratos  suscritos  por la ETB con las firmas Global  y Góndola, pero  el  Tribunal  no  las  advirtió  y  fue  precisamente  por  eso que predicó la  inutilidad  del  objeto  de tales contratos.  De no haber mediado el yerro,  el  sentenciador  habría visto la utilidad y conveniencia de los contratos y no  habría  predicado  el  interés  ilícito  en  su  celebración  (pág.  21-23,  demanda).   

Séptimo   reproche:   falso   juicio   de  identidad   

El  impugnante  critica  que  el  juzgador  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad al descartar hechos contenidos en la  declaración  de  Sergio Aragón Luna; para el demandante, como consecuencia del  yerro  aludido,  el  juzgador  concluyó  en  la  identidad  del  objeto  de los  contratos    celebrados    por    la    ETB    con   las   firmas   Global        y        Góndola,   y   de   allí   infirió  su  inconveniencia  e  inutilidad  y,  por  lo  tanto,  el  interés  ilícito en su  celebración.   De  no  mediar  el  yerro,  agrega,  el fallador no hubiese  concluido  en  la  materialidad  de  la  conducta  descrita  en  el artículo    145    del    Código    Penal    de   1980.   

En  desarrollo del reproche, el casacionista  precisa  que  Aragón  Luna  expresó  que el contrato suscrito con Góndola tenía por objeto crear una nueva  imagen  para  la empresa, lo cual fue una solicitud tanto del gerente de la ETB,  Sergio  Regueros,  como  de  LEE  CORADINE,  en su condición de subgerente comercial; y del contrato suscrito  con  Global, dijo que tenía  por objeto unificar el manejo del logosímbolo que ya existía.   

El  censor resalta que Aragón Luna precisó  que,   si   Global  trabajó  finalmente    con    el    logosímbolo    que    había   creado   Góndola,  ello  se debió a una decisión  del  subgerente  comercial,  al  tiempo  que subrayó los lazos de amistad entre  LEE CORADINE y Mario Galindo,  quien    aún    no    era    representante    legal     de    Global,   para   así  no  dejar  ver  la  responsabilidad  que  le  correspondía  como  interventor  de  dichos contratos  (pág. 23-26, demanda).   

Solicita  a  la  Sala  que case la sentencia  “en  la  medida en que no se aplicó el principio de  investigación  integral”,  como  consecuencia  de  los  yerros  de  omisión  o  de apreciación probatoria  denunciados,  que, según el casacionista, son idóneos para variar la sentencia  (pág. 26, demanda).   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Ante  todo  es  imperioso  recordar  que la casación es un recurso de naturaleza extraordinaria  y  rogada,  motivo  por el cual el legislador estatuyó las causales por las que  resulta  procedente  atacar  la presunción de acierto y legalidad con que viene  amparada   la   sentencia   a  esta  sede.  De  igual  modo,  dada  las  citadas  características   de   la   impugnación,  también  la  legislación  procesal  contempla  los  mínimos  presupuestos  formales que debe cumplir el libelo, los  cuales  a la Corte no le está dado entrar a complementar o suplantar por razón  del     principio     de    limitación.   

Como  lo  tiene dicho la Corte, la demanda de  casación  no  es  de  libre  formulación,  razón por la cual no es procedente  hacer  cualquier  clase  de  cuestionamiento  a  una  sentencia  que  por ser la  culminación  de  un  proceso  está  amparada,  como  se  indicó, por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en el  fallo,  al  tenor  de  los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley,  demostrarlos      dialécticamente      y     evidenciar     su     trascendencia  en la parte dispositiva del  mismo.   

Por  ello, el éxito de la censura no depende  de  lo  sugestivo del discurso plasmado en la demanda, sino de la argumentación  metodológica  que  conlleve,  de  manera  lógica,  precisa  y  coherente, a la  demostración  de que la sentencia es ilegal, por haber incurrido el juzgador en  vicios de juicio o de procedimiento, según el caso.   

De entrada, la Sala señala que inadmitirá la  demanda  elevada  por  el  defensor  de JUAN CARLOS LEE  CORADINE,   toda   vez   que   incumple  los  deberes  de  debida  y  suficiente  argumentación,   claridad,   precisión,   proposición   jurídica   completa,  trascendencia y autonomía de las causales.   

Cargo  único  por violación indirecta de la  ley sustancial   

A través de 7 reproches -6 de ellos por falso  juicio  de  identidad  y  uno por falso raciocinio- el censor pretende demostrar  que  el  interés  ilícito  en  la  celebración de contratos no existe porque:  a)   al   momento   de  la  celebración  del  contrato  con  Greenday  para  la  elaboración  de  las  camisetas,  no  existía  ningún  elemento  de juicio que indicara que el logosímbolo de la ETB cambiaría.   Por  ese motivo, el contrato era útil y conveniente a efecto de implementar las  políticas  de  imagen de la empresa, y; b)  la  prueba  testimonial  apunta  a  que el objeto de los contratos  suscritos   con  Góndola  y  Global  no eran iguales, por  lo  tanto  no cabe predicar la innecesariedad de este último, lo que, según el  impugnante,  debe conducir en esta sede a afirmar que no hubo un interés ilegal  en su celebración.    

Teniendo  en  cuenta  la  vía  de  ataque  seleccionada  y  las  modalidades  de  error  de  hecho  que invoca el censor al  desarrollar   el   cargo   único   (falso   juicio   de   identidad   y   falso  raciocinio),   para  la  Sala  es  preciso  recordar  que  el  error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad,  se   presenta  cuando  el  juzgador  al  apreciar la prueba,  distorsiona  su contenido fáctico por una cualquiera de las siguientes razones:  “(1)  porque le hace agregados que no corresponden a  su  texto  (distorsión por adición), (2) porque omite tener en cuenta aspectos  importantes  del  mismo  (distorsión por cercenamiento), y (3) porque altera su  texto  (distorsión por transmutación).”1  Este  es  un  yerro  de  carácter  objetivo contemplativo, el cual recae sobre el contenido o  expresión fáctica de la prueba.   

En   tal  supuesto,  el  casacionista  debe  acreditar  mediante  la  comparación  de  lo  que dice el medio probatorio y la  concreción  que  de  su  texto  hiciera  la  sentencia,  en  qué consistió el  desacierto  de  los  juzgadores  de  instancia  y  cómo éste repercutió en el  sentido  del  fallo,  esto es, deberá acreditar que sin la existencia del yerro  denunciado,  la  situación jurídica del procesado hubiese sido sustancialmente  opuesta.   

De  la misma manera, la Corte reitera una vez  más  que, cuando se invoca un error de hecho por falso  raciocinio,  es  deber  del  demandante identificar la  prueba  sobre  la que recayó el yerro, cómo la apreció el juzgador, cuál fue  la  regla  de  la  lógica,  el  principio  de  la  ciencia y/o la máxima de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  con  su  apreciación el sentenciador  violó  la  máxima  de  la  sana crítica y la incidencia del yerro en la parte  dispositiva  de  la sentencia, para lo cual también deberá tener en cuenta las  probanzas  en  que  se  sustentó el juzgador para concluir en la existencia del  hecho o en la responsabilidad del acusado.   

De  otro  lado,  con el ánimo de integrar la  proposición  jurídica  completa,   también  el casacionista debe indicar  cómo  el  yerro  en la actividad probatoria condujo al sentenciador a violar la  ley  sustancial,  es  decir,  a  aplicar  una  norma  que  no  era  la llamada a  solucionar  el conflicto, o bien a  excluir otra que encajaba en los hechos  declarados  como probados en el fallo impugnado.  Y, de manera correlativa,  debe  precisar cómo al corregir el yerro se hace necesario modificar el sentido  del fallo.   

Respecto  del enfoque integral de la demanda,  la   Sala   evidencia  que  ésta  adolece  de  falencias  que  no  permiten  su  admisión:   

En   primer  lugar,  surge  ostensible  una  violación   al   principio   de   autonomía  de  los  cargos, comoquiera que, postulado el cargo único como  violación  indirecta de la ley sustancial en la modalidad de error de hecho, el  libelista    termina   por   censurar   una   violación  al  principio  de  investigación   integral,  irregularidad  que  debió  enfocar  en  un  cargo principal y separado, como un  motivo  de nulidad que afecta el debido proceso y tiene incidencia en el derecho  de   defensa;   la   ostensible  confusión  incide  además  en  un  deficiente  cumplimiento    del    deber    de    precisión   y  claridad.   

El censor incumple además con el principio de  proposición     jurídica     completa,  toda  vez que no hace ninguna petición a la Sala, pues se limita  a  pedir:  “que se case la sentencia toda vez que se  satisfacen  los  presupuestos  exigidos  en  la  ley”  (pág.  26,  demanda),  pero  no  precisa  cómo  se debe casar la sentencia, es  decir,  si  a lo que aspira es a que la Corte profiera un fallo de reemplazo (en  cuyo  caso  debió  indicar  a  la  Sala en qué sentido se debería proferir la  decisión),  o  si,  en  vez  de  éste,  es  su  intención  que  se subsane la  irregularidad   generada   por   razón   de   la  violación  al  principio  de  investigación  integral  (en  tal  caso,  debió  solicitar una declaración de  nulidad,  especificando desde qué momento procesal operaría la invalidez de lo  actuado).    

Visto  lo  anterior de cara a contenido de la  demanda,  es evidente que nada peticionó el casacionista a la Corporación y no  puede    ésta,   por   razón   del   principio   de  limitación, entrar a suplir la ostensible deficiencia  del impugnante.   

Respecto de cada uno  de  los reproches acusados, para la Sala surge evidente  que   no  cumplen  con  los  presupuestos  que  rigen  la  debida  y  suficiente  argumentación.  Veamos por qué:   

En  lo  que tiene que ver con el primer   reproche   por   falso   juicio   de  identidad,  éste  parte  de  un  supuesto  equivocado, toda vez que el error  acusado   no   existe,   como   quiera   que   la   decisión  del  ad-quem  precisó que el contrato suscrito  con  la  firma Greenday tenía  por  objeto  la elaboración de 29000 camisetas (fl. 11, cuaderno del Tribunal),  de  manera  que si más adelante se mencionan 39000 prendas (fl. 14), no es más  que  una  inconsistencia  del  todo irrelevante porque lo cierto es que, para el  sentenciador,  lo  reprochable no fue la elaboración de 29000 o 39000 camisetas  sino  que  éstas,  independientemente de su cantidad, no cumplieron ningún fin  de  difusión  pública del logosímbolo, al punto que debieron ser repartidas a  los  funcionarios  de  la  empresa,  lo  que  determinó  la  innecesariedad del  contrato   (fl.   105,   106,   cuaderno   etapa   de  juicio).   

Por último, cuando el demandante pregona que  el  supuesto  error del sentenciador al precisar el número de camisetas condujo  a   violar   la   regla   de   experiencia,   según  la  cual,  “es  posible  lograr  eficientes  procesos de distribución de bienes  cuando  se cuenta con la debida planeación y los medios para ello, aún a pesar  de   las   cantidades”,   viola   el  principio  de  autonomía  de  los  cargos,  comoquiera  que  se aleja de los presupuestos del falso juicio de identidad para  incursionar  en  los  de  falso raciocinio,   aunque   de   manera  desafortunada,  pues  tampoco  cumple  los  presupuestos  de  dicha  modalidad de error de hecho, toda vez que el fallo para  nada  menciona  la capacidad de la empresa contratante para distribuir camisetas  como uno de los fundamentos de la condena.   

En cuanto al segundo  reproche  por  falso  juicio de identidad, éste carece  de  trascendencia, puesto que,  si  bien es cierto que el sentenciador no recavó en que, en virtud del contrato  suscrito  por  la ETB con la firma Greenday,  las  camisetas  debían  entregarse  en un plazo de 2 semanas, lo  relevante  para el razonamiento del sentenciador fue que, si de tiempo atrás la  empresa  de  telecomunicaciones  trabajaba  en  nuevas estrategias publicitarias  relativas      a     su     imagen,     el     contrato     con     Greenday adoleció de falta de planeación  y  no  tuvo  en  cuenta  los  intereses patrimoniales de la empresa (fl. 105, c.  etapa de juicio), de allí su  innecesariedad.    

Más    aún,    el   juez   a-quo acogió parcialmente el razonamiento  que  a  esta  sede trae el casacionista, toda vez que admitió que es cierto que  las  empresas deben publicitar sus servicios, pero también recalcó que ello no  puede   tener   lugar   de   manera  “desordenada  y  salvaje” (fl. 107, c. etapa  de juicio).    

De  manera  que  la  crítica  del  censor se  convierte  en  un  reproche  a  la  apreciación  de la prueba, pues termina por  pregonar  que,  lo  que  para  el  juzgador  fue  una  ejecución  de  contratos  “desordenada  y salvaje”,  en  realidad  debió  apreciarse  como  una  de  las tantas maneras en que a las  empresas  de  servicios les está permitido publicitar sus servicios, y, como ya  lo  tiene  dicho  la  Corte,  la  apreciación  probatoria  no es susceptible de  cuestionamiento  en  esta sede, como no venga acompañada de la demostración de  la violación de las máximas de la sana crítica.   

A través del tercer  reproche consistente en falso  raciocinio,  el  demandante  critica que, a partir del  dicho  de  LEE  CORADINE y de  Sergio  Aragón Luna, el fallador hubiese concluido en demostrar que, al momento  de       la       celebración      del      contrato      con      Greenday,  era  inminente  el  cambio  del  logosímbolo.   

El  reproche  no  demuestra el yerro acusado,  toda  vez  que  el  dicho  del  declarante  Aragón  Luna,  según el cual, para  entonces  existía  la  “necesidad de  tener una  imagen   más   acorde   con   lo   que   la   empresa  quería  o  era  en  ese  momento”  (pág.  14,  de  manda;  fl.  76, c.o. 1),  afirmación  que,  como  dice  el  censor,  corroboró el procesado LEE  CORADINE  (fl.  108,  c.o. 1), fueron  apreciadas  por  el  sentenciador en el sentido de que, como de tiempo atrás se  venía  trabajando  en  una  modificación de la imagen institucional de la ETB,  era  innecesario  suscribir  un  contrato  en torno a un logosímbolo que sería  cambiado.    

En la anterior apreciación judicial, la Sala  no  encuentra  yerro  de  raciocinio  alguno,  toda  vez  que  la conclusión no  desborda  el  contenido  de la prueba.  Ello no obsta para que –como  lo  hace ahora el demandante- la  prueba  pueda  ser apreciada de manera diferente, pero, como ya la Sala lo tiene  dicho,  la  mera apreciación probatoria no es susceptible de cuestionar en esta  sede,  si  no  va acompañada de la demostración de una violación ostensible y  trascendente de las máximas de la sana crítica.   

Aunque   es  cierto  que  el  censor  atina  parcialmente  con los presupuestos de la vía de ataque seleccionada al citar la  regla  de  experiencia  que  estima  violada,  según  la  cual, “la  ejecución  de  un  plan  no  es  perfecto  y por lo tanto no es  posible  atenerse  a  fechas  concretas para ejecutar todos los actos planeados,  sino,  por el contrario, la atención de las necesidades según las mismas vayan  teniendo  su aparición en el plan, implican la improvisación para la atención  de  esas  necesidades  que  surjan  con  relación al objeto del plan, y al plan  mismo”, tal esfuerzo no es suficiente para demostrar  el  error  de raciocinio puesto que con ella no pasa de oponerse al razonamiento  judicial  que  advirtió  que,  aunque  es  verdad  que  las  empresas  modernas  “deben      publicitar     adecuadamente     sus  servicios”,  tal  facultad no les permite hacerlo de  manera    “desordenada    y    salvaje”    (fl.    107,    c.    etapa    de  juicio).    

Por  lo tanto, así formulado el reproche, el  censor   no  va  más  allá  de  solicitar  que  se  acoja  su  interpretación  probatoria,  al  pedir  que  se  minimice  el  ostensible  fracaso  del contrato  suscrito  con  Greenday y se  aprecie  como una de esas “imperfecciones”    e   “improvisaciones” permitidas en toda planeación.   

En  todo  caso,  aún  cuando,  en  gracia de  discusión   los   anteriores   reproches   (1º   al  3º)   hubiesen  demostrado  el yerro que acusan,  sus  planteamientos,  analizados  frente  a  los razonamientos que soportaron la  decisión      de      condena,       carecerían      de      trascendencia,  comoquiera que el interés  ilícito  en  la  celebración  de  los  contratos  no  versó únicamente en la  inminenecia  de  que  el  logosímbolo  fuera  modificado,  sino además en que:   

i)  el contrato  con  Global  tuvo  por finalidad beneficiar a amigos y conocidos de LEE    CORADINE   dadas   las   estrechas  relaciones   de  amistad  entre  éste  y  uno  de  los  miembros  de  la  firma  contratista,  así  como con quien sirvió de intermediario para la celebración  del  contrato  (fl. 108, c. etapa de juicio;     fl.     114,     c.    del    Tribunal);     ii)  la falta de planeación (fl. 105, c.  etapa    de    juicio);  iii)  el  hecho  que  en la  celebración  de  los  contratos  no  se hubiesen tenido en cuenta los intereses  patrimoniales    de    la    empresa   contratante   (fl.   105);   iv)   el   desconocimiento   por   parte  JUAN  CARLOS  LEE CORADINE de  la  advertencia  que  le hiciera Sergio Aragón en el sentido de que el contrato  con  Global “sobraba” (fl.  15,  c.  del Tribunal); v) la  mención  por  LEE CORADINE de  que  el  contrato  con  Global  era   asunto  suyo,  y  por  ningún  motivo  se  cancelaría  (fl.  15,  c.  del  Tribunal), y; vi)  JUAN CARLOS  LEE   CORADINE   tenía   interés,   toda   vez  que  “desde   un   comienzo   pretendía  celebrar  esos  contratos   y   por   eso  solicitó  la  disponibilidad  presupuestal  para  la  realización   de   los   mismos”   (fl.   110,  c.  etapa de juicio).   

Tal fue el sustento probatorio de la decisión  de  condena,  de  manera que aún cuando los reproches analizados demostraran el  yerro  que  al unísono pregonan, la decisión mantendría su vigencia, toda vez  que   aún  se  soporta  en  otras  numerosas  consideraciones  de  las  que  el  casacionista   no  se  ocupó; en estas condiciones, el censor omitió  su  deber  de  demostrar  de qué  manera  la  corrección  del yerro conduciría necesariamente a la modificación  del  fallo,  así  como el de apreciar la prueba, una vez corregido el vicio, al  lado de aquellas otras cuya apreciación no censura.   

Los   restantes  reproches   por   falso  juicio  de  identidad   (4º  al  7º),  la Sala los abordará de manera simultánea, comoquiera que todos  ellos  están  encaminados  a poner de relieve el mismo hecho, esto es, que, por  no  apreciar  en  su  integridad  los testimonios de Diana María Gómez Mejía,  Juan  Carlos  Galindo  Vacha,  el  del  procesado  JUAN  CARLOS  LEE  CORADINE  y el de Sergio Aragón Luna, el  juzgador  no  vio  que  el  objeto  de  los contratos suscritos con Global        y        Góndola  no  era  el  mismo,  ni,  por lo  tanto,   que   el   contrato  de  Góndola  no  hacía  innecesario  e  inútil  el  suscrito con Global, como tampoco que, en consecuencia,  no existió un interés ilícito en su celebración.   

La   Sala   encuentra   que   el  libelista  atina  parcialmente  con los  presupuestos  del  falso  juicio de identidad, puesto que identifica las pruebas  sobre  las  que  supuestamente  recayó  el yerro, demuestra qué es lo que dice  objetivamente  el  medio  de convicción, en particular la mención por cada uno  de  los  declarantes  sobre  las  diferencias  en  el  objeto  de  los contratos  cuestionados,  y cómo el sentenciador no tuvo en cuenta todo el contenido de la  prueba, al no plasmar las explicaciones aludidas.   

Pero  la  censura  se queda a mitad de camino  porque    no    avanza    hacia    la    demostración    de   la   trascendencia  del  yerro,  toda  vez que,  aunque  es cierto que el sentenciador no recavó en que los aludidos declarantes  expresaron  las  diferencias entre el objeto de uno y otro contrato, también es  cierto  que  el sentenciador, a partir de la prueba documental y testimonial, en  verdad  no  pasó  por  alto  dichas  diferencias;  solamente que, al otorgarles  mérito,  las  apreció  en  el sentido de que, en esencia, el objeto de los dos  contratos  era  el  mismo,  aunque estuviese redactado de diferente manera;  en otras palabras, que las diferencias eran irrelevantes.   

Lo anterior encuentra soporte en la sentencia,  pues   véase   cómo   el   juez   a-quo  reparó en el objeto de los contratos suscritos por la ETB con las  firmas     Góndola    y  Global,   resaltando   del  primero,  que consistía en el diseño de la identidad visual y la presentación  de  un  manual  de  identidad  corporativa,  mientras  que,  del  segundo,  subrayó  que  su  objeto  era  la  realización   de   la   identificación   y   aplicación  de  la  imagen    corporativa   (fl.   106,   c.  etapa   de   juicio).   Enseguida,  el  fallador  de  primer grado apreció el testimonio de Juan Carlos  Galindo  Vacha,  gerente  de la firma Global, y encontró que éste expresó que  el  contrato  tenía por objeto la presentación “del  manual de identidad corporativa”.   

Del  anterior  estudio  probatorio,  el  juez  a-quo   concluyó   que:  “aunque  a  primera  vista (en los dos contratos) se  usan  términos  diferentes  para referirse al logosímbolo, y desde un comienzo  la  defensa  pretendió  aclarar  que   entre  los dos existe discrepancia,  realmente,  y  de  acuerdo  a la lógica, este Despacho no encuentra divergencia  alguna,  aunque  se usen palabras diferentes…” (fl.  106,     c.     etapa     de     juicio).   

La  anterior  apreciación  deja  claro  que  –contrariamente  a lo que  acusa  el  censor-  el senteciador sí advirtió las diferencias en el objeto de  los  dos  contratos –aunque  a  través de medios probatorios distintos a los que el libelista invoca ahora-,  pero las apreció como irrelevantes.    

Por  lo  tanto,  en últimas, la crítica del  censor  se  convierte  en una discrepancia con la apreciación judicial, lo que,  una  vez  más,  no  es  un  aspecto  cuestionable  en esta sede extraordinaria.   

La  Sala precisa que, aunque es verdad que el  demandante  demuestra  que el sentenciador no apreció en toda su extensión los  testimonios  ya  identificados,   también  es  cierto  que  el  impugnante  olvidó   atacar  todos  los  fundamentos  probatorios  que  sirvieron al sentenciador para obtener certeza de  que  el  objeto  de  los  contratos era el mismo, por lo que su censura se torna  inane para mutar el sentido del fallo.   

Es    así    como    la    irrelevancia del yerro acusado se refuerza  cuando  la  Corte advierte que, por medio de otras pruebas, el fallador apreció  la  identidad del objeto de los dos contratos cuestionados, lo que, a su vez, le  sirvió  para  afirmar la inutilidad del uno respecto del otro y, de allí, para  inferir  la  existencia  de  un  interés  ilícito  en su celebración; en este  sentido,  la  Corporación  constata  que, para el juzgador, el hecho de que las  dos  firmas  de  publicidad  entregaran  el  mismo  logosímbolo,  y  que  ambas  elaboraran  estudios  sobre  sus  proporciones y sobre cómo debería ser usado,  fueron   circunstancias   adicionales   que,  junto  a  las  consideraciones  ya  reseñadas,  lo  condujeron  a afirmar, una vez más, la identidad del objeto de  los  contratos  cuestionados  (fl.  107,  c.  etapa del  jucio).    

Baste  agregar,  que,  como ya lo precisó la  Corte  en  acápite  anterior,  muchas otras consideraciones probatorias, de las  que   el   censor   no   se   ocupó  –omisión  que  termina  por dar al traste con el cumplimiento de los  requisitos  de  admisibilidad de la demanda-,  condujeron al sentenciador a  apreciar el interés ilícito en la celebración de contratos.   

Al  no  ocuparse  de  dichos  fundamentos, el  libelista  olvida  atacar  todos  los fundamentos de la decisión de condena, de  allí  que,  una  vez  más,  sus reproches, ni de forma individual ni de manera  conjunta,  tienen  la  idoneidad  para  desvirtuar  la  presunción de acierto y  legalidad con que la sentencia llega a esta sede.   

En           conclusión,   la  demanda  de  casación  presentada   por   el  defensor  de  JUAN  CARLOS  LEE  CORADINE       no  cumple  con  los  requisitos  de  admisibilidad  de la  demanda.   

4.   Por  último,  se  advierte que del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su  protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  JUAN      CARLOS      LEE     CORADINE.    En  consecuencia,     se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

                                                                                                                                   IMPEDIDO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1                     Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala Penal, Auto mayo27/03, radicado  19.812,     

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