29034(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29034  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Aprobado acta No. 33  

Bogotá     D.    C.,    veinte (20) de febrero de dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Examina   la   Corte   la   admisibilidad  del  recurso  extraordinario  de casación presentado  por   el   defensor  contractual  de  ALFREDO  BAYONA  BAYONA  contra la sentencia del treinta y uno (31) de  agosto  de  dos mil siete (2007) proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  San  Gil, mediante la cual confirmó el fallo de primera instancia  proferido  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad  del  9 de febrero anterior.   

ALFREDO   BAYONA   BAYONA   fue  sentenciado  por  los  delitos de homicidio culposo y lesiones  personales  culposas  de  las  que  fueron  víctimas los menores Luís Felipe y  Jenny  Rocío  Bueno Lizarazo, de conformidad con los artículos 109 y 112 de la  Ley  599 de 2000, a las penas de treinta (30) meses de prisión, inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo tiempo, multa de veinte (20)  salarios  mínimos  legales  mensuales;   por  concepto  de  daños  fueron  sentenciados  (junto  con  Javier José López Bayona) al pago solidario de cien  (100)  s.m.l.m.v.  a  favor  de  cada  uno de los progenitores de las víctimas,  cincuenta  (50)  s.m.l.m.v.  a  favor  de  Jenny  Rocío y otro tanto a favor de  Sandra,  las  dos  hermanas del niño fallecido, más veinte (20) s.m.l.m.v. por  concepto       de       daños       materiales1.   

Finalmente, concedió a los sentenciados el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

HECHOS  

Refieren las sentencias de primera y segunda  instancia  que  el  10  de  julio de 2003, en la finca “El naranjal”, vereda  “La  Peña”  del  municipio  de  Curití, Santander, a eso de las ocho de la  mañana,  los  niños  Jenny y Luís Felipe Bueno Lizarazo tocaron una cuerda de  alambre  que  estaba  electrificada rudimentariamente, pues la conexión salía,  directamente,  de  un  tomacorriente ubicado en la cocina de la casa de campo de  la   familia  de  ALFREDO  BAYONA  BAYONA;   como consecuencia del choque eléctrico resultó muerto el  niño   y   lesionada   la   niña   (con   incapacidad   definitiva  de  quince  días2).   La  cuerda tenía por propósito impedir que los animales  invadieran  un  cultivo  de  tabaco  de  propiedad de Javier José López Bayona  (sobrino),    quien    era    el    encargado   de   conectar   la   cuerda   al  tomacorriente.   

SINOPSIS PROCESAL  

El  13  de abril de 2004 la fiscalía Sexta  Seccional  de  San Gil profirió resolución de acusación por homicidio culposo  (art.  109)  y  lesiones personales culposas (art. 112 inc. 1 del C. P. en conc.  con  el  art.  120);   el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de San Gil  emitió  sentencia  de  primer  grado  el  9  de  febrero  de  2007  (Folios 167  –  179  /  1),  que  fue  confirmada  por  el  Tribunal  el  31  de  agosto siguiente (Fls. 3 – 17 / 2).   

El   defensor  técnico  del  sentenciado  presentó  demanda  de casación de manera oportuna y argumentó que se traba de  una casación excepcional.   

LA DEMANDA  

Adujo   el  recurrente  que  ALFREDO  BAYONA  BAYONA  no estaba en el  sitio  donde  ocurrieron  los  hechos,  que  no  fue  determinador, que no es el  propietario  del  inmueble (de donde pudiera surgir algún indicio en su contra)  y sin embargo fue sentenciado.   

Recordó      que      ALFREDO    es   sólo   uno   de   los  copropietarios  de  la  finca,  porque  se trata de una herencia de su padre que  comparte    con    sus    catorce    hermanos,   uno   de   ellos   –Graciela-  la  madre  de Javier José  (el  otro  sentenciado),  en  donde  “todos  tienen  igual  derecho” como se  demostró con el certificado de tradición y registro.   

Lo  que  está  demostrado  en  el  proceso  –dice-  es  que  Javier  José  López  Bayona  fue quien instaló el cable eléctrico y que él residía  en la casa donde se hizo la conexión.   

Tampoco  existe  prueba de que los cultivos  que  estaba  protegiendo Javier José López con la cuerda electrizada fuesen de  ALFREDO   BAYONA,  porque  cualquiera  de  los  hermanos  estaba  en  la  facultad  de aprovechar el predio  haciendo las siembras para su propio beneficio.   

Por  esas  razonas  sostuvo que el Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho al inferir que ALFREDO  ordenó a Javier José López Bayona que instalara la  cuerda  eléctrica,  en la medida que aquél reside en la ciudad de Barranquilla  y no en la finca donde se presentó el accidente.   

Como consecuencia de la impugnación pidió  a la Corte casar el fallo y absolver al sentenciado.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  de  casación que presentó el  defensor   de   ALFREDO  BAYONA  BAYONA  se  INADMITE  por dos razones:   

La           primera porque el impugnante afirmó que  se  trataba de una demanda de casación excepcional o discrecional, sin embargo,  no     fundamentó     razón    alguna  por  la  cual  se  requiera de la intervención de la Corte en el  asunto:   

No  denunció  en  el  escrito  faltas  que  comprometan  derechos fundamentales cuando era carga del libelista discutirlo al  menos   –a  la  luz  del  artículo  205  inciso  tercero  de  la  Ley 600 de 2000- y tampoco acreditó la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en favor de la protección de las  garantías  fundamentales  y/o  del  desarrollo de la jurisprudencia3.   

En          segundo  lugar  porque  a  la  luz del  trámite  del  recurso  extraordinario  de  casación  previsto en el Código de  procedimiento  penal (Ley 600 de 2000, artículo 205) vigente a partir del 25 de  julio  de  2001,  que  rigió  esta  investigación  desde  su  origen  hasta su  culminación,    el    recurso    extraordinario    procede   “…por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de   ocho  años…”.   

Si  se  verifican  las conductas objeto de  condena  (homicidio  culposo  y  por lesiones personales culposas), es claro que  ninguna   supera   el   límite   punitivo   para   acceder   al  extraordinario  recurso:   

La primera conducta tiene prevista una pena  que  va  de dos (2) a seis (6) años y la segunda, prevista en el inciso primero  del  artículo  112 ib., tiene establecida una pena básica de uno (1) a dos (2)  años,   disminuida   de   conformidad  con  el  artículo  120  inciso  primero  ib.   

Si  se  tiene  en  cuenta que la norma que  regula  el  recurso  de  casación  es  la  Ley  600  de  2000,  que rigió esta  actuación  desde  su  apertura  hasta  el fallo, es claro que la casación esta  prevista  para  “…delitos  que  tengan señalada  pena   privativa   de   la   libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años,  aún  cuando  la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad”,  de  manera  que  para  ninguna  de esas conductas procede el  extraordinario    recurso    por    no   satisfacer   la   condición   punitiva  mínima.   

No   sobra  decir,  finalmente,  que  el  impugnante  dedicó la censura a presentar una particular manera de apreciación  de  las  pruebas del proceso y a la negación indefinida del compromiso penal de  su  cliente;   sin  embargo con total claridad se advierte que la sentencia  se  fundamentó,  entre otras, en la indagatoria de Javier José López (el otro  sentenciado),  quien  contó  que  entre  él  y  su  tío  instalaron la cuerda  electrificada,  sin  que en ello tenga incidencia alguna el título que acredite  la   propiedad   del   predio,   como   lo   precisó   el  Tribunal.   

La   sentencia   determinó   que  tanto  ALFREDO  BAYONA  BAYONA  como  Javier  José  López  crearon  voluntariamente  una  fuente  de riesgo al  instalar     la     cuerda     electrificada,  sin adaptar la planta especial de reducción del voltaje  (planta         reguladora);   por  suerte  que  dieron  origen  a  una  situación  de peligro  permanente    con   conciencia   de   la   magnitud  (ya había sucedido otro incidente sin consecuencias  fatales),  por  modo  que  conocían plenamente el peligro que generaba instalar  electricidad  al  alambre  y  a  pesar  de  ello así  procedieron,  como  lo  refirió  con total claridad  Javier José.   

Finalmente,   la  Sala  reitera  que  la  discrepancia  de  criterios entre el demandante y el juez no habilita a la Corte  para   que   examine   el   fondo  de  la  materia4.   

Por  esas  razones  la  Sala  inadmite  la  demanda.   

En virtud de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1)          INADMITIR   la  demanda  de  casación  formulada   por   el   defensor  de  ALFREDO  BAYONA  BAYONA;    en   consecuencia   se  declara    ejecutoriado    el   fallo  condenatorio.   

2)         SOLICITAR al señor Juez Segundo Penal  del  Circuito  de  San  Gil  Santander  (de ejecución de la pena) que surta las  comunicaciones  de que trata el artículo 472 del la Ley 600 de 20005.   

Contra este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Juzgado de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

      ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                               MARIA DEL ROSARIO GONZALEZ DE LEMOS   

      AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                                     JORGE           LUIS          QUINTERO  MILANÉS   

      YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1En la  página  13 del fallo de primer grado, al referir los veinte (20) s.m.l.m.v., se  dice  que  corresponden a “daños morales”, sin embargo, debe entenderse que  esa  suma  refleja  el  perjuicio que sufrió la menor Jenny Rocío, tal como se  motivó  la  sentencia:   “De otro lado y como  quiera  que  la  menor  Jenny  Rocío  Bueno  Lizarazo resultó lesionada con la  conducta   punible,   el   Despacho   condenará   a   los  mismos  ALFREDO  BAYONA  BAYONA  y  Javier José  López  Bayona,  a  pagar  solidariamente  el  equivalente a vente (20) salarios  mínimos       legales       mensuales      vigentes”.       (página 11 de la sentencia de primer grado).   

2Fl. 12  / 1   

3CORTE  SURPEMA  DE  JUSTICIA,  auto del 09/02/2005, rad. núm. 23119;  en el mismo  sentido  autos  del  18/4/2007,  rad.  Núm.  26820;   rad. Núm. 27731 del  27/06/2007;   28223  del 28/11/2007, rad. Núm. 28442 del 28/11/2007, entre  otras.   

4CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto del 20/04/2005, rad. núm. 23517;  en el mismo  sentido,  auto del 24/11/2005, Rad. 23897;  auto del 23/03/2006, rad. núm.  24065.   

5Cfr.  Página 110 del fallo de primera instancia.     

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