28601(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No. 28601  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No: 348  

         

Bogotá,  D. C., dos (2) de diciembre de dos  mil ocho (2008)   

         

Conforme a lo establecido en el artículo 213  de  la Ley 600 de 2000, califica la Sala la demanda de casación que el defensor  de  ELKIN  DE  JESÚS  JIMÉNEZ  BARRERA  presentó  contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida por la  SALA  PENAL  DEL  TRIBUNAL  SUPERIOR DE MEDELLÍN el 7 de mayo de 2007, por cuyo  medio  confirmó  la que el 14 de julio de 2006 emitió el JUZGADO PRIMERO PENAL  DEL  CIRCUITO ESPECIALIZADO de la misma ciudad, en la cual condenó al actor y a  Franky  Yesid  Bustamante  Echeverri,  Divier  de  Jesús  Giraldo  González  y  Wladimiro  Córdoba  Córdoba, a la pena principal de 16 años de prisión, como  responsables  del  delito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  agravado  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el mismo término de la pena principal.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por el Tribunal, de la  siguiente forma:   

“Dicen  los  autos,  que el 12 de junio de  2004,  en  horas  de la tarde y previa información telefónica que recibiera la  autoridad  policiva  dando  a conocer la comercialización de estupefacientes en  el  inmueble  ubicado  en  la carrera 66 No. 98 – 27 del barrio Castilla de esta  ciudad,  dispusieron  un operativo que les permitió observar el ingreso de tres  individuos  a  dicha  residencia,  que  se  bajaron previamente de un taxi, para  posteriormente  arribar  al  mismo  lugar  un cuarto hombre llevando consigo una  caja  de  cartón,  lo  que motivó a los policiales para entrar a la residencia  hallando  en  una  de  las  habitaciones  la sustancia estupefaciente que al ser  sometida  a la prueba de rigor, arrojó resultado positivo para base de coca, en  la  cantidad  de  6.595  gramos.  En  el  lugar  se  dio captura a Frankly Yesid  Bustamante  Echeverri,  Wladimiro  Córdoba  Córdoba,  Divier de Jesús Giraldo  González,  Elkin  de  Jesús  Jiménez  Barrera y Cesar Augusto Gaviria Puerta,  quienes     se    encontraban    manipulando    el    material    de    ilícita  comercialización.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 17 de junio de 2004 la Fiscalía mediante  indagatoria  vinculó  a  la actuación a ELKIN DE JESÚS JIMÉNEZ BARRERA, así  como  a  los demás capturados, y tras clausurar el ciclo instructivo, calificó  el  mérito  del  sumario el 2 de junio de 2005, con acusación en contra de los  procesados  por  el  delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  agravado,  decisión  confirmada en segunda instancia mediante proveído de 5 de  julio del citado año.   

El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  luego  de  realizar las audiencias preparatoria y  pública,  el 14 de julio de 2006 condenó al actor y a los demás procesados, a  la  pena  principal  de  16 años de prisión y la accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas, por el mismo término, decisión confirmada por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de la citada ciudad, por medio de la suya  de 7 de mayo de 2007.   

La  defensa  de  ELKIN  DE  JESÚS  JIMÉNEZ  BARRERA      interpuso      oportunamente      recurso     extraordinario     de  casación.   

LA DEMANDA  

Once  cargos  se proponen contra el fallo de  segundo  grado,  todos  al  amparo  de  “…la causal  primera  contendida  en  el  artículo 207-1 del Código de Procedimiento Penal,  cuerpo  segundo,  por  violación  indirecta  de  la norma sustancial, por haber  incurrido  el  sentenciador  en error de derecho por falso juicio de convicción  (error  de valoración), toda vez que trasgredió ostensiblemente los principios  de  la sana crítica en el proceso de inferencia lógica del hecho indicador del  medio    de    prueba,    que    sirvió   de   sustento   para   la   sentencia  condenatoria”.   

No obstante la cantidad de ataques, sólo el  primero   de   ellos,   que   se  propone  genéricamente  como  “ERROR  DE  DERECHO” fue sustentado por el  libelista,   el   resto   -del   segundo   hasta   el  onceavo-,  únicamente  contienen  la cita de la norma  presuntamente  vulnerada,  en  ocasiones  acompañadas  de  escuetos  y aislados  comentarios.   

Por  lo  anterior,  dada  la forma en que se  presentaron  los  cargos,  la  Sala analizará el primero en acápite especial y  luego   resumirá   los   otros,   a   fin   de   pronunciarse  sobre  ellos  en  conjunto.   

PRIMER     CARGO:     “ERROR     DE  DERECHO”   

Para demostrar esta censura, plantea que los  policiales  que  intervinieron en la captura del procesado y demás compañeros,  no   elaboraron   la   correspondiente   “ACTA   DE  COMISO”   de   conformidad   con   los  parámetros  establecidos  en  el  artículo  78  de  la  Ley  30  de  1986, lo cual ocasiona  “…una  grave anomalía, concluyendo en una NULIDAD  PROCESAL,  por la grave falta al debido proceso” (fl.  172).  En  esa  misma  línea, apunta que “…los  funcionarios  erraron  respecto de las normas reguladoras  del  valor  probatorio  de  la  prueba,  al otorgarle el valor que legalmente le  correspondía,   se  pecó  por  exceso  en  el  caso  que  nos  ocupa.”  (fl.  172)   

Por otra parte, se otorgó un peso probatorio  a     una    inferencia    lógica    -indicio    de  presencia-  que  no  lo  merecía,  en  tanto el hecho  indicador  en  que  se fundó estaba viciado de nulidad por violación al debido  proceso,  pues  el  comiso de la sustancia no cumplió las formalidades legales,  razón  por  la  cual,  tampoco era procedente inferir que su prohijado fuera su  poseedor. Así lo explica el recurrente:   

“Desde  los inicios del actuar procesal se  violaron  los  principios  mínimos  de apreciación y valoraciones de la prueba  dándole  un  valor  que  en sí misma no tenía, no podemos otorgar un grado de  certeza  probatoria  en  este caso exactamente a un mero hecho indicador por que  rompería  la  estructura  lógica  de  la  prueba, la única prueba arrimada al  proceso  en  contra  del  recurrente se traduce en un informe policivo, tanto la  fiscalía  como  la judicatura en sus diferentes secciones saltando las reglas y  principios  generales  de la prueba concluyeron de manera tajante, conclusión a  la  que  llegaron  los  investigadores  y  juzgadores  sin ningún otro respaldo  probatorio que lo confirmara.”   

Plantea  también  que  la  situación antes  descrita,     ocasionó    una    violación    de    la    ley,    “…por  falta  de aplicación de unas normas que rigen el sistema  procesal  penal  (…)  porque  no  se  hizo la correspondiente acta de decomiso  (…)  saltando  los  límites  de  los  principios  probatorios  y  de  la sana  crítica…  una  prueba  que en nada cumple con los requisitos del artículo 78  de la ley 30 de 1.986.”   

Remata   explicando   que   “…ni    la   lógica,   ni    la    experiencia    -postulados  de  la  sana crítica-, permiten inferir fatalmente, en  el  caso concreto que el hecho de que mi defendido se encontrara en el inmueble,  no  se  puede  concluir  ineludiblemente  la  responsabilidad  penal en el hecho  materia  de  juzgamiento.  Máxime  si hay ausencia de otros elementos de juicio  que converjan a esa conclusión.”   

Sostiene también que existe una “vía    de    hecho    por    defecto  fáctico”, pues el fallo se  sustentó  en  una prueba obtenida ilícitamente que debió haber sido excluida.  Al  mismo tiempo afirma, “[s]e presenta como error de  Derecho,  por falso juicio de convicción, que se tome, tanto en la sentencia de  primera  instancia, como de la segunda, que la sola presencia en el lugar de los  hechos,  puede  generar  certeza  requerida para emitir un fallo condenatorio de  esta  índole,  de  un  hecho  de tan suma gravedad, no existiendo prueba que lo  respalde.”   

CARGOS RESTANTES  

El  libelista insinúa proponer diez ataques  más  contra  el  fallo de segundo grado, no obstante, lo que presenta son citas  de   las   disposiciones   normativas   que   denuncia  violadas,  en  ocasiones  acompañadas  de escuetos comentarios, así: vulneración del artículo 14 de la  Ley  906 de 2004 -“violó el  derecho  a  la  intimidad  (…)  la  prueba  nace viciada (C.N., art. 29)… la  sentencia  que  tiene  como fundamento alguna prueba ilícita debe ser declarada  nula.  La  prueba  ilícita,  cuando  ha  servido  de fundamento a la sentencia,  comunica  su  nulidad a la sentencia que tiene como uno de sus fundamentos a esa  prueba”-.   

Luego  cita  quebrantados, en el orden de su  exposición,   los   artículos   230,   232,   2401   y   5º  y  6º2 de la Ley 906  de  2004  y,  por último, apunta a que también se desconocieron los artículos  1º, 2º, 6º3   

y 13 del Código Penal.  

A  partir  de  todo lo anterior, solicita se  “…revoque en su integridad la sentencia de segunda  instancia…  y  se  emita  fallo  respectivo  declarando  la NULIDAD DE TODO LO  ACTUADO,    y   consecuencialmente   ordenar   la   libertad   de   ELKIN DE JESÚS JIMÉNEZ BARRERA.”   

CONSIDERACIONES  

Resultan  palmarios los errores de lógica y  debida  fundamentación  en que incurre la demanda, pues a pesar de que insinúa  que  los  ataques  propuestos  se  enfocan por la vía indirecta contenida en la  causal  primera  de casación, lo cierto es que en su desarrollo pierde el norte  indicado  y confunde indebidamente censuras propias de otros cauces o con franca  contradicción con el camino señalado.   

Así, por ejemplo, aunque el error propuesto  es  de  derecho, por falso juicio de convicción -mismo  que   cita   indistintamente   como   “error  de  valoración”-,  es  evidente que confunde esta censura con el error de raciocinio,  cuando    advierte    que   se   “…   trasgredió  ostensiblemente  los  principios de la sana crítica en el proceso de inferencia  lógica  del  hecho  indicador del medio de prueba, que sirvió de sustento para  la  sentencia  condenatoria”.  Luego lo mezcla con el  falso  juicio  de  legalidad cuando controvierte como irregular la aducción sin  acta  de comiso de la sustancia estupefaciente, sin que a la postre se ubique en  alguna  forma  concreta  de  violación,  además de transgredir el principio de  autonomía de los cargos que rigen la casación.   

Recordemos que:  

“El  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción se genera  cuando  el  juzgador  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  que la ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en  los  sistemas  de tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál  fue  el  mérito  otorgado  a  la  probanza  y  el  valor  que la ley le fija en  particular.”4 Subrayas fuera del original.   

En tanto el:  

“… falso juicio  de  raciocinio, [es aquél] en el cual se cuestiona el  valor  probatorio  de  los  medios de convicción por desconocimiento de la sana  crítica,  haciéndose  imperativo  señalar  la  prueba cuestionada y lo que se  infirió  de  ella  en  la sentencia, para posteriormente indicar la regla de la  experiencia,  el  principio  de  la ciencia o el postulado de la lógica omitido  por  el  fallador  que  le  llevó  a  otorgarle un mérito persuasivo que no le  correspondía   y   luego   demostrar   la   trascendencia   del   yerro  en  la  sentencia…”5 Subrayas fuera del original.   

En esa medida, del contexto general del cargo  refulge  evidente  la  contradicción  en que incurre el censor, pues en ciertas  partes  de  su planteamiento insinúa errores en el raciocinio practicado por el  fallador    sobre    los   medios   de   convicción  -falso   raciocinio   -,  mientras    en    otros    acápites   denuncia   un  desconocimiento   de   las   reglas  propias  de  la  formación  de  la  prueba  -falso    juicio    de  legalidad-, que ocasionarían  la  ilicitud  de  uno  de  los  medios  probatorios  valorados en el fallo. Para  terminar,  al  unísono  propone  una  nulidad,  bajo  el  argumento  de  que la  providencia  se  sustentó  en  prueba  ilícita, censura que en sede casacional  tiene  un  camino  especial  de postulación, enmarcado en el cuerpo tercero del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

Lo  anterior  devela  la falta de claridad y  precisión  presente  en  el cargo, deficiencia que no puede superarse así cada  uno  de  los ataques insinuados fuera estudiado aislando los defectos de lógica  y  debida fundamentación antes expuestos, pues si lo que en realidad pretendía  era   proponer  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  le  correspondía  demostrar  que  se  desconoció  una  disposición  normativa que  tarifaba   la  fuerza  persuasiva  del  medio probatorio y, además, que la  conducta   endilgada   al  procesado  sólo  podía  ser  acreditada  partir  de  determinada                  prueba6,   tarea   que  el  actor  no  emprendió.   

Si  por  el  contrario, lo que proponía era  postular  un  error  por  falso raciocinio, le era imperativo señalar la prueba  cuestionada  y  lo  que se infirió de ella en la sentencia, para posteriormente  indicar  la  regla  de la experiencia, el principio de la ciencia o el postulado  de  la  lógica  omitido  por  el  fallador que le llevó a otorgarle un mérito  persuasivo  que  no  le  correspondía  y, luego, demostrar la trascendencia del  yerro   en   la   sentencia,  aspectos  que  tampoco  fueron  analizados  en  la  demanda.   

Al  tiempo  que  si  el  ataque  pretendía  cuestionar    el    proceso   de   formación   de   la   prueba   -falso   juicio  de  legalidad-,  resultaba  menester  acreditar  los  siguientes presupuestos: a) La demostración de que el  sentenciador  otorgó  valor  a  una  prueba  que  no  cumple con los requisitos  legales   previstos   para   su   formación  o  aducción  al  proceso;  b)  El  señalamiento   de  los  preceptos  que  estipulan  tales requisitos; c) La  indicación  clara  y  precisa  del  requisito  pretermitido  que  conducen a su  exclusión,  y;  d)  El  análisis  sistemático  de  la  misma,  con  el fin de  demostrar  la  trascendencia  del yerro. Nuevamente estos tópicos se dejaron de  lado.   

Y,  por  último, si su ataque se dirigía a  proponer  una  nulidad  por  lo que considera “…una  grave  anomalía,  concluyendo  en  una  NULIDAD PROCESAL, por la grave falta al  debido    proceso”    (fl.    172),   la  cual  funda en el hecho de que los policiales que practicaron el  operativo   en   el  cual  resultó  detenido  el  procesado  no  elaboraron  la  correspondiente    “ACTA   DE   COMISO”,  estaba también a su cargo la tarea de demostrar que tal yerro  no  sólo  encuadraba  en las causales descritas en el artículo 306 del Código  de  Procedimiento  Penal,  sino  también que tenía la suficiente trascendencia  como  para  afectar  la  integralidad del proceso -dado  que  no mencionó la fase a partir de la cual éste debe invalidarse-,  tarea  que  nuevamente  luce  ausente y que denota, otra vez, la  falta   de   claridad  y  precisión  que  caracteriza  la  integralidad  de  la  demanda.   

En   conclusión,   la  confusa  propuesta  argumentativa  desconoce  los  principios  de  autonomía  de los cargos, razón  suficiente,    dispositivo    y   limitación.   Sobre   ellos   ha   dicho   la  Sala:   

“…este  postulado  [el  de  autonomía],  consiste  en  la  prohibición  al  interior  de un mismo cargo, de entremezclar  ataques  propios  de  causales  diferentes, al tener cada una características y  parámetros  lógicos  de  demostración  distintos  con  diversas consecuencias  jurídicas7.  Es  que  la  decisión  que  debe  adoptar  la  Corte  en caso de  prosperidad  del  reproche formulado contra la sentencia, debe compaginar con la  causal    invocada    y   el   error   aducido.”8   

“…  la  Corte sólo debe tener en cuenta  las  causales  que  taxativamente  consagra  la  ley  procesal  para  atacar  la  sentencia en sede de casación [principio de limitación].   

“..  el  Tribunal de Casación sólo está  facultado  para  estudiar la legalidad de la sentencia y del trámite según los  parámetros    de   la   Constitución   Política,   el   llamado   bloque   de  constitucionalidad  y  la ley en general, dentro de los lineamientos fijados por  el  libelista  en  la  demanda.  En otras palabras, la  actuación  de la Corte se circunscribe a las causales y a los cargos planteados  por  el  demandante,  significando  que no puede considerar aspectos distintos a  los allí presentados.   

“…  

“… el recurso extraordinario de casación  es  eminentemente  rogado,  a la Corte le está vedado  entrar  a suplir las deficiencias técnicas o las omisiones argumentativas de la  demanda,  en  tanto  que  debe  quedar en claro que la  casación,  en  principio, no es un mecanismo oficioso de control de legalidad o  de    constitucionalidad   de   la   sentencia.”9(Principio     dispositivo)  -Subrayas fuera del original-.   

Igualmente,  necesario  es  considerar  el  principio de no contradicción:   

“Este  postulado  está referido a que los  argumentos  expuestos  en  el  cargo deben guardar una unidad conceptual sin que  sea  permitido  negar  y  afirmar,  al mismo tiempo, una determinada hipótesis,  esto  es, que en la enunciación, en el desarrollo y demostración del reproche,  los  fundamentos  no  deben excluirse entre sí, en tanto que la casación no es  una   instancia   más   donde  se  permite  la  presentación  de  exposiciones  encontradas,  en la medida en que se trata de un juicio de legalidad,  y de  constitucionalidad  que  se  hace  a  la  sentencia  y al proceso, por lo que el  libelo  debe  sujetarse  a  una  serie de reglas legalmente determinadas para el  efecto.”10   

Estudiado  el  cargo  en parangón con estos  tópicos,   deviene   insuperable   su   inadmisibilidad,   en   virtud  de  las  contradicciones  que  en  ella  se  observan  y que esta Corte no puede superar.   

CONSIDERACIONES   RESPECTO  A  LOS  CARGOS  RESTANTES.           

No  obstante  que  la  censura se  formuló  desconociendo  el  principio de prioridad que rige la  casación,  en  las  dos  perspectivas,  la  general y la especial, explicadas    por   la   jurisprudencia  así:   

“a)    La  general,  según la cual, los cargos deben presentarse  de  acuerdo  con la naturaleza de las causales invocadas en la demanda y con las  consecuencias  del  error  alegado.  En  otras  palabras,  cuando  se  ataca  la  sentencia  con  base en las causales primera (violación de la ley sustancial) y  tercera  (nulidad)  de  casación, es lógico que el cargo principal debe ser el  de  nulidad,  pues  de  prosperar, por regla general, haría inane el estudio de  los demás reparos.   

b)     La  específica,  consistente  en  que cuando se presentan  varios  cargos  contra  la  sentencia  apoyados  en la causal tercera (nulidad),  resulta  lógico que el cargo primero debe ser el que, de prosperar, abarque una  mayor  extensión  del  proceso  anulado  y,  consecuentemente, su éxito haría  innecesario,  por  sustracción  de  materia,   el  estudio  de  los demás  cargos.”11   

Lo  cierto es que, ni superado este defecto  de  presentación  lógica,  los  cargos  pueden  ser  admitidos,   en   tanto  los  vicios  que  reclama  como  posibles  errores  de  procedimiento, no     reúnen     los     presupuestos     exigidos     por     la  jurisprudencia              cuando            se  proponen  estas  censuras  en  sede  extraordinaria:   

“…  la nulidad  como  soporte  de  casación,  para  que  pueda  declararse,  exige que quien la  exponga  concrete  de manera lógica sus fundamentos, indique la fase procesal a  partir  de  la cual se presenta el yerro invalidante y las causales descritas en  el   artículo   306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  que  apoya  la  postulación   de   la  censura.  Igualmente,  debe  acreditar,  además  de  la  trascendencia,  que  la  conducta del censor no contribuyó a la producción del  acto  irregular  (salvo que se trate de la ausencia de defensa técnica), ni que  por  una  actuación  posterior  se convalidó aquél, según los numerales 2°,  3°  y  4° del artículo 310 ibídem.” 12   

Aplicado   lo   anterior   a     los     reproches     en    los  cuales   insinúa   que  el  procesado “…  fue  juzgado  e  investigado  por  fuera    de    la   conformidad   de   la   ley   procesal   vigente”   y   que  “…no  se tuvo en cuenta  la  autorización  del  fiscal delegado y desde ese momento se encuentra viciado  el    procedimiento”,  nuevamente  al  rompe  se  observa  que  la  censura luce incompleta y carece de  demostración,  trascendencia  y debida argumentación, respecto a la estructura  general   del  proceso  (defecto  de  estructura)  o  las  garantías  del   implicado  (defecto  de  garantía),  al punto que no señala la causal concreta  donde  funda  el presunto yerro invalidante ni tampoco la fase procesal a partir  de  la cual debería rehacerse la actuación en el evento de prosperar, ni cómo  la  única  solución  frente  a  la  presencia del supuesto vicio deviene en la  invalidación de lo actuado.   

Los  ataques  restantes  se caracterizan por  limitarse  a  enunciar  disposiciones  normativas,  en ocasiones acompañadas de  escuetas   y  descontextualizadas  citas  jurisprudenciales,  pero  carentes  de  sustentación,  que confunden la impugnación en casación como si se tratara de  un  escrito de libre elaboración, desconociendo el principio de limitación que  rige   esta   sede   extraordinaria,   en  virtud  del  cual  “…  a  la  Corte  le  está vedado entrar a  suplir  las deficiencias técnicas o las omisiones argumentativas de la demanda,  en tanto que debe quedar en claro que la casación, en  principio,   no   es  un  mecanismo  oficioso  de  control  de  legalidad  o  de  constitucionalidad     de     la    sentencia.”13    -Subrayas   fuera   del  original-.   

La  demanda  no  puede  confundirse  con  un  alegato  de  instancia,  pues debe ajustarse a ciertos parámetros lógicos y de  debida  fundamentación,  de modo que se comprenda con claridad y precisión los  motivos  extraordinarios  en  ella  invocados  y  que  tendrían la capacidad de  derribar  los  pilares  de  una  sentencia  que  de  entrada  se presume legal y  acertada,  tarea  que  el  actor  no  emprendió  pues,  se  reitera,  la simple  referencia  normativa  no constituye sustentación ni tampoco razón suficiente.  Lo  que  se exige como mínimo son argumentos y éstos, como lo explica Habermas  en  la  Teoría  de la Acción Comunicativa, son “…  los  medios con cuya ayuda puede obtenerse un reconocimiento intersubjetivo para  la  pretensión  de  validez  que  el  proponente plantea por de pronto de forma  hipotética,   y   con   los   que,   una   opinión   puede   transformarse  en  saber.”14   

Corolario de lo anterior y teniendo en cuenta  que  de  la  revisión  de  lo  actuado  no  se observa violación de garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por la Sala, la  inadmisión  del  libelo  deviene  imperativa,  razón  por  la  cual  habrá de  disponerse   la   devolución   del   diligenciamiento   al    Tribunal  de  origen.   

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado  ELKIN DE JESÚS JIMÉNEZ BARRERA,   conforme   con   las   motivaciones  plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ      

         Comisión de servicio   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                 

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                    

JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                                                                             YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                  

JULIO            SOCHA  SALAMANCA                                                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                     Secretaria     

1  “…porque  no se tuvo en  cuenta  la  autorización  del  fiscal delegado y desde ese momento se encuentra  viciado el procedimiento”.   

2  “…   fue   juzgado  e  investigado  por  fuera  de  la  conformidad  de la ley procesal vigente, o sea,  haciendo    un    allanamiento    sin    que    mediara   orden   de   autoridad  competente”.   

3  “…no  se cumple con los ordenamientos legales por que, se está tomando como  base  una  prueba  ilícita, obtenida sin las formalidades legales, o sea que el  allanamiento,   viola   lo  ordenado  por  el  estatuto  procesal  vigente”  .   

4 Auto  de 31 de marzo de 2008, radicación 28889   

5 Auto  de 27 de julio de 2007, radicación 27100.   

6  Sentencia de casación de 4 de octubre de 2000, radicación 13041.   

7  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

8 Auto  de casación de 22 de octubre de 2008, radicación No. 30433.   

9 Auto  de 30 de enero de 2008, radicación 25709.   

10  Ibídem.   

11  Auto de 30 de enero de 2008, radicación 25709.   

12  Auto de 15 de agosto de 2007, radicación 27574.   

13  Auto de 30 de enero de 2008, radicación 25709.   

14  HABERMAS,  Jürgen,  Teoría  de  la  Acción  Comunicativa,  Tomo  I,  versión  castellana de Manuel Jiménez Redondo, Taurus, 1987, p. 47.     

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