27782(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27782  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 231   

Bogotá D. C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado BISMARK CHUNGA PANAMEÑO,  contra  el  fallo  de  1°  de  febrero  de  2007,  mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Buga confirmó la sentencia de primera instancia, dictada el 27 de  abril  de  2005  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Buenaventura, que  condenó    a    dicho    implicado    por    los    delitos   de   peculado  por  apropiación  y  prevaricato por acción,  con  la modificación, que la pena a imponer corresponde a la de  cincuenta  y siete (57) meses de prisión, interdicción de derechos y funciones  públicas por igual lapso y le negó la prisión domiciliaria.   

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

1.  Los  hechos  fueron  relatados  de  la  siguiente  manera  por  el Tribunal Superior de Buga, en la sentencia de segunda  instancia:   

“Los hechos a que se contrajo la presente  investigación,  refieren  que  el señor Bismark Chunga Panameño en su calidad  de    concejal…”   de   Buenaventura  “…y  fungiendo  como Presidente de esa Corporación, expidió  acto  administrativo, la Resolución Nro. 039 de fecha abril 8 de 1999 en la que  se  auto reconocía  y ordenaba pagarse la suma de $2.698.326 por gastos de  desplazamiento a la ciudad de Bogotá.   

En  la  visita oficial de la Delegada de la  Procuraduría  General  de la Nación, según indicó en su escrito de denuncia,  revisados  los  libros  y  documentos  que  soportaban  tales actuaciones, no se  hallaron  en parte alguna recibos o soportes legales de tales erogaciones a más  de  indicar  que  dicho rubro no era factible darle esa destinación por cuanto,  señala,  contraría  manifiestamente  la Constitución y la Ley.”1   

2. Con fundamento en los anteriores hechos,  el  9  de  noviembre de 2000, la Fiscalía de Popayán, por asignación especial  de   la   Dirección   Nacional   de  Fiscalías,  ordenó  la  apertura  de  la  investigación2   y   dispuso   la  vinculación  al  proceso  de  BISMARK  CHUNGA  PANAMEÑO.   

3.  En  diligencia  de 18 de enero de 2001,  BISMARK    CHUNGA    PANAMEÑO,   fue   escuchado   en   indagatoria3   y   en  resolución  de  19  de  febrero  del  mismo  año,  la Fiscalía le definió la  situación  jurídica  y  se  abstuvo  de  imponer medida de aseguramiento en su  contra4.   

4.  Adelantada  la  instrucción,  el 20 de  septiembre  de  2002,  la  Fiscalía  declaró  cerrada  la  investigación y en  resolución  interlocutoria de 30 de octubre del mismo año, calificó el merito  del  sumario  con  acusación  en contra de BISMARK CHUNGA PANAMEÑO5 como autor de  los  delitos de prevaricato por acción y peculado por  apropiación en concurso heterogéneo.   

Contra  esta  decisión,  el  defensor  del  acusado,  interpuso recurso de apelación, el cual fue resuelto por la Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Popayán el 8 de mayo de 20036,   que  la  confirmó en todas sus partes.   

5.- Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio, el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Buenaventura, el 16  de  septiembre  de  2003  llevó  a  cabo  la audiencia preparatoria7  y el 29  de  junio, 13 de julio y 10 de agosto del mismo año, celebró la vista pública  de  juzgamiento8.   

6.   En  sentencia  de  27  de  abril  de  20059,  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Buenaventura condenó a  BISMARK  CHUNGA  PANAMEÑO por los delitos de peculado  por  apropiación  y prevaricato por acción a la pena  principal  de noventa y seis (96) meses de prisión; interdicción de derechos y  funciones  públicas  por igual lapso; multa de dos millones seiscientos noventa  y  ocho  mil  trescientos  veintiséis  pesos  ($2.698.326.oo);  y  le  negó la  prisión domiciliaria.   

7. Inconforme con la sentencia, el apoderado  del  procesado  BISMARK  CHUNGA  PANAMEÑO  la  apeló y el Tribunal Superior de  Buga,  en  decisión  de  1°  de  febrero  de  200710,   la   confirmó,  con  la  modificación    de    condenarlo    por    los    delitos    de    peculado  por  apropiación  y  prevaricato por acción,  a la pena principal de cincuenta y siete (57) meses de prisión,  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por igual lapso y le negó la  prisión  domiciliaria,  para  lo  cual  reiteró  la  orden  de  captura  en su  contra.   

LA  DEMANDA   

Dos   cargos  propone  el  apoderado  del  procesado  BISMARK  CHUNGA  PANAMEÑO, contra la sentencia del Tribunal Superior  de  Buga, en el marco de la causal primera de casación prevista en el artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600 de 2000, por violación     directa    de la ley sustancial.   

Primer cargo  

Se trata -dice el  censor-       de      la      “…aplicación    indebida    (error    de   selección…”, de la Ley 136 de 1994 y del Decreto 111 de 1996.   

Considera  como  norma  violada  el Acuerdo  Municipal de Buenaventura No. 07 de 26 de mayo de 1997.   

A   continuación  la  síntesis  de  sus  argumentos:   

-. Los jueces de instancia y en especial el  Tribunal,  inaplicaron  en  el fallo, el  Acuerdo Municipal de Buenaventura  No. 07 de 26 de mayo de 1997,   

“…por  considerar que con base en dicho  acuerdo  ‘…solo (sic) se  podían      autorizar      pagos     acordes     con     al     ley’..,  que  a  sentir  de  la honorable  corporación,  eran  la  ley 136 de 1994 y el decreto  111  de  1996.  con  fundamento  en  ese ‘agregado      inocuo’   correcta   interpretación   del  acuerdo,  se  aplicaron  al  caso  sometido a estudio lo dispuesto en las dichas  normativas  de  carácter  nacional y dejaron de aplicar por lo mismo el acuerdo  07  de  26 de mayo de 1997 promulgado por el Concejo Municipal de Buenaventura y  cuya  normatividad  era  la  aplicable  al  caso en mención, pues perfectamente  encuadraba  en  las  conductas investigadas, pues tal como lo entendió la sala,  efectivamente   el   acuerdo   autorizaba   el  desplazamiento  y  pago  de  los  ‘gastos en que incurrían  los  concejales  cuando  debían  salir  de la ciudad en cumplimiento de misión  oficial’ que por lo mismo  eran   situaciones   o  casos  diferentes  los  gastos  que  generaban  los  desplazamientos  por  gastos de  ‘capacitación’  como  claramente  también  lo entendió el Tribunal y los cuales  tienen  un soporte legal en esas leyes de nivel nacional, con base en las cuales  podían   fundamentarse  los  gastos  que  generan  las  capacitaciones  en  que  participan los honorables concejales.”   

Dice el censor, que todo eso lo entendió el  Tribunal,  pero  que  de manera inexplicable consideró, no se debía aplicar el  acuerdo, si no las leyes nacionales.   

Transcribe  varios  apartes de la sentencia  del  ad  quem, entre ellos,  uno   en  el  que  se  menciona  el  contenido  del  acuerdo,  en  el  siguiente  tenor:   

“…, el procesado materializó de manera  elocuente  decisión  manifiestamente  contraria a la ley, que tampoco encuentra  apoyo  en los acuerdos invocados por la defensa, en la medida en que con base en  ellos  sólo se podían autorizar  pagos acordes con la ley, y reitera- los  ordenados  a  su  favor  por  el  reo  carecían  de  ese respaldo porque fueron  autorizados  para  cumplir desplazamientos a Bogotá con fines distintos (visita  ministerios,    entrevistas   con   parlamentarios   y   otros   personajes)   a  capacitación…”   

Destaca    que    a   la   “inaplicación”   del   acuerdo  se  llegó  por  un  agregado  innecesario  al condicionar su aplicación a que  fuera  legal  o  estuviera  sometido  a  la  ley,  acto  del  cual se presume su  legalidad,  donde al operador judicial sólo le corresponde  la aplicación  de   la  normatividad  que  se  encuentra  formada,  dado  que  el  “guardián   de   la  legalidad  de  los  acuerdos”     se     encuentra     en     cabeza    de    las    autoridades  administrativas.   

Señala  que se trata de un acuerdo vigente  que  declara  unos  derechos  a  favor  de  los concejales, por tanto, se debía  cumplir  y  aunque  no  obstante, la ley autoriza el pago para capacitaciones de  los   concejales,  existía  un  acuerdo  que  autorizaba  el  pago  de  eventos  diferentes.   

Al  dejar el Tribunal de aplicar el acuerdo  al   caso  concreto,  desconoció  la  ley  sustancial  vigente  que  gozaba  de  “la    doble    condición    de    acierto    y  legalidad”  el  cual,  mientras  no  fuera  anulado  debía ser cumplido por todos.   

Expresa que entender el acuerdo como lo hizo  el  Tribunal, en cuanto autorizaba solo los pagos permitidos por la ley, implica  poner en duda su legalidad, sin que ese juicio le correspondiera.   

Destaca que en el evento de haberse aplicado  el  Acuerdo  07,  el Tribunal habría deducido ausencia de responsabilidad en su  poderdante,  al no existir la resolución manifiestamente contraria a la ley, se  hubiese  generado  la  atipicidad  de  la  conducta  tanto  para el prevaricato,   como   del  peculado,  donde  la segunda, depende de  la primera.   

Solicita se case la sentencia por la causal  y  el  cargo postulado y en su lugar se dicte sentencia absolutoria de reemplazo  por  ausencia  de  responsabilidad,  por  atipicidad de las conductas que fueron  endilgadas.   

Segundo cargo.  

Acusa  la  sentencia  del  Tribunal  por la  causal  primera,  cuerpo  primero del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,    por    falta    de    aplicación    de   una   norma   de   carácter  sustancial.   

Señala, como norma violada el artículo 7°  (presunción  de inocencia)  de  la  Ley  600  de  2000,  que  guarda  correspondencia  con  el artículo 445  (presunción  de inocencia)  del Código de Procedimiento Penal del Decreto 2700 de 1991.   

Dice que demuestra el cargo, a través de  los siguientes motivos:   

-.  La  sentencia  se  encuentra  integrada  también     por     los     “salvamentos     de  voto”11  de  los  Magistrados  Ary  Bernardo  Ortega López y Luis Alberto  Peralta  Rojas,  los cuales constituyen la mayoría de la Sala, por tanto, en el  fallo  tomado,  pusieron en duda o incertidumbre la decisión que se contiene en  la  sentencia  de  condena por el delito de prevaricato cuando en la aclaración  de voto, manifiestan que:   

“…a  la actuación debió allegarse el  presupuesto  del  municipio  de  Buenaventura, de donde se coligiera exactamente  qué  rubro  fue  el  atacado  con  la  acción prevaricadora del aquel entonces  presidente del Concejo Municipal de tal municipio”.   

Las dos aclaraciones de voto, como mayoría  de  la  Sala,  establecieron la duda en la comisión del delito de prevaricato y  por  consiguiente del punible de peculado, al no haberse aportado el Acuerdo No.  22 de 1997 y;   

“por  lo  mismo  en sana legalidad y sin  pretender  incluir  en  este  cargo  el  hecho  de  inaplicar  sus  antecedentes  jurisprudenciales  ni  reclamar  la  violación  del derecho a la igualdad de mi  mandante  que  como  destinatario  de  este  derecho  también  se  presentaría  respecto  de los otros casos o caso resuelto de manera diferente por la sala sin  fundamento  verdadero  alguno;  la sentencia proferida en este asunto debió ser  igualmente  de  carácter  absolutoria,  pues  que  si no existe la certeza o la  convicción  del  prevaricato  para extraer de las pruebas aportadas al proceso,  lo  considerado  por  la  sala  en sus aclaraciones de voto como lo ‘manifiestamente   contrario   a   la  ley’;  -ingrediente  normativo  del  tipo  de prevaricato sin el cual la  tipicidad  de  esa  conducta  delincuencial  no se configuraba-; debe entenderse  entonces   que   al   proferirse   la   sentencia   de  condena  sin  tener  certeza   de  la comisión del hecho punible de prevaricato, no aplicaron o  inaplicaron  el  artículo  445  del C. de P. Penal vigente para la fecha de los  hechos  en  ese  asunto o el artículo 7° inciso 2° del C. de P. Penal vigente  para  la  fecha  de  proferirse  la  sentencia objeto de este recurso, siendo de  obligatoria  aplicación  el  mismo, pues su reconocimiento explícito por parte  de la sala mayoritaria así lo imponía.”   

-.  De  esta  manera  se  violó  la  ley  sustantiva  que  debe  ser reparada en casación, para lo cual se debe acudir al  artículo    232-2    del    Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley  600  de  2000) que establece que no  se  puede  dictar sentencia condenatoria si no se cuenta con prueba que conduzca  a la certeza del hechos punible y la responsabilidad del sindicado.   

-. La norma inaplicada fue el artículo 7°  de  la  Ley  600 de 2000 o 445 del Decreto 2700 de 1991, que establecen que toda  duda  debe ser resuelta a favor del sindicado, que en el evento de ser aplicada,  la  sentencia  sería  absolutoria  por  el  delito  de  prevaricato y de manera  consecuente  del  punible  de  peculado, “por cuanto  tal  como  lo ha aceptado la sala, mi mandante sí viajó a la Ciudad de Bogotá  en  cumplimiento de la misión conferida y por lo tanto la apropiación indebida  no existiría, pues no hubo ningún provecho ilícito propio.”   

-.   El   desconocimiento  del  precepto  inaplicado  con  relación  al planteamiento de la duda respecto de un elementos  del  tipo penal por parte de la mayoría de los integrantes de la sala fue de un  influjo   trascendente   en   la  decisión  que  debe  ser  reconocido  por  la  Corte.   

-.   Al   encontrarse   cuestionada   la  responsabilidad   del  procesado,  conforme  a  las  aclaraciones  de  voto  que  presentan  la  mayoría de la sala de decisión del Tribunal, se debió absolver  al  acusado  en cumplimiento a los antecedentes doctrinarios o jurisprudenciales  (no  cita  cuáles)  y  el  derecho  fundamental a la igualdad; lo mismo que por la duda sobre la tipicidad,  en aplicación al artículo 7° de la Ley 600 de 2000.   

Solicita   a   la   corte   “quebrante” la sentencia demandada y  dicte   sentencia   absolutoria   de   reemplazo   que   declare   ausencia   de  responsabilidad por atipicidad de la conducta.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada por el defensor de  BISMARK  CHUNGA  PANAMEÑO  no satisface los requisitos formales establecidos en  el   artículo   212   de   la   Ley   600   de   2000.  Debido  a  ello,  será  inadmitida.   

1.  Dado  que el recurso extraordinario de  casación  se  rige  por  el  principio dispositivo, las pretensiones del libelo  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico-jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  el demandante debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  Dos cargos formula el libelista contra  la  sentencia.  Los  concibe  con  postulación  en  el marco de la violación directa de la ley sustancial.   

2.1.  El  primero lo hace, con base en dos  reproches:  i)  aplicación  indebida  por  error de selección de la Ley 136 de  1994  y  del  Decreto  111  de  1996;  ii)  por falta de aplicación del Acuerdo  Municipal  No. 07 de 26 mayo de 1997, “POR MEDIO DEL  CUAL  SE  CREA  UN  RUBRO  EN  EL  PRESUPUESTO  DE  GASTOS DEL HONORABLE CONCEJO  MUNICIPAL      DE     BUENAVENTURA.”12.   

2.2. El segundo,  por  falta  de  aplicación  de  los  artículos  7°  (presunción de inocencia),  232  (prueba necesaria) del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000)  y   445  (presunción  de  inocencia)  del Decreto 2700 de 1991, con relación a  los  argumentos  que  se  contienen  en los dos “salvamentos de voto” que le  hacen parte a la sentencia del Tribunal.   

3.   Advertido   que   algunas   de  las  precariedades  en  los  fundamentos  lógicos de la demanda son comunes para los  dos  cargos,  su  análisis  se  hará  de  manera conjunta, para no repetir esa  labor.   

3.1.    Escogida    la    violación  directa  a la ley sustancial,  como  forma  de  ataque,  el  demandante equivoca la identificación como normas  sustanciales  de  los  preceptos  que  considera vulnerados, cuando atribuye esa  condición,   para   el  primer  cargo,  a  la  Ley  136  de  1994  (por   la   cual  se  dictan  normas  tendientes  a  modernizar  la  organización  y el funcionamiento de los municipios),  el  Decreto  111  de  1996  (Estatuto  Orgánico  del  Presupuesto)  y  el  Acuerdo Municipal 07 de 1997 del  Municipio  de  Buenaventura,  (por el cual se crea un  rubro    presupuestal   denominado   ‘GASTOS    DE    MANUTENCIÓN    DE    LOS    CONCEJALES’);  para el  segundo  reproche, el artículo 232 (prueba necesaria)  de la ley 600 de 2000.   

La  primera  glosa  que  se  hace al cargo  postulado,  consiste  en  que  el  libelista de ninguna manera expresó por qué  motivos  piensa  que  la Ley 136 de 1994, el Decreto 111 de 1996 y el Acuerdo 07  de  1997,  tienen la calidad de normas sustanciales, pues ni siquiera se refiere  al  contenido de cada uno de esos conjuntos normativos, no indica la manera como  se  integrarían  con los tipos penales de prevaricato  por  acción y peculado por apropiación que le fueron  endilgados,  ni  refiere  la  interacción  de  todos  esos  preceptos  con  las  particularidades fácticas del caso investigado.   

Es  claro  que  bajo  ciertas condiciones,  mandatos  como  los  que el censor invoca podrían generar efectos sustanciales,  pero  corresponde  a  él,  en el desarrollo del cargo enseñar la manera en que  ésto eventualmente ocurriría.   

Bastaría  como ejemplo, el Decreto 111 de  1996  que  contiene el Estatuto Orgánico del Presupuesto, donde se compilan las  leyes  38  de 1989, 179 de 1994 y 225 de 1995 y en el cual, se tratan múltiples  temas,  sin  que  la  Sala conozca con base en el libelo, cuál o cuáles de sus  nomenclaturas  se  articulan  con  los  delitos  imputados  y  de  esa manera se  pudieran integrar al caso en concreto.   

Entre tanto, las normas que el casacionista  menciona   escuetamente,   no  tienen  la  calidad  de  sustantivas,  pues  como  reiteradamente    lo    ha    dicho    la    Sala13,  sólo les corresponde ese  carácter,   con  independencia  del  ordenamiento  en  el  cual  se  encuentren  ubicadas,  a  aquellos  preceptos  que  describen  conductas  delictivas o hacen  referencia  a  la  punibilidad  o  a  la  responsabilidad. Por el contrario, las  escogidas  por  el  censor,  unas son normas administrativas y otras procesales,  últimas  que  sirven  como  medio  o  instrumento  para lograr los fines de las  sustanciales.   

De esta manera, las citadas disposiciones –  Ley  136  de  1994,  Decreto  111  de  1996,  Acuerdo  Municipal  07 de 1997 del Municipio de Buenaventura y el artículo 232 de la ley  600    de    2000-    no    son    de    naturaleza  sustancial.   

Con este olvido, el demandante inadvierte,  que  conforme   a  la  preceptiva  del  numeral  1º  del artículo 207 del  Código   de   Procedimiento   penal   (Ley  600  de  2000),  en  el  evento  de  la  causal  primera,  es  presupuesto  de  procedibilidad de la casación, que la disposición con base en  la   cual   se   estructura   el   cargo,   tenga  esa  naturaleza  -sustancial-,  que también requiere ser  enunciada,  en  cumplimiento de lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 212  de ese ordenamiento.   

Sobre  la condición de norma de carácter  sustancial      la      Sala      ha      dicho14:   

“Sin   que  se  quiera  desconocer  la  discusión  doctrinal  que  existe  sobre  el  punto,  y  sin  la pretensión de  elaborar  una  lista  excluyente,  tradicionalmente  ha  sido  entendido  que en  materia  penal  tienen  el  carácter de sustanciales aquellas disposiciones que  definen,  privilegian  o califican las conductas delictivas y las que regulan la  punibilidad  en todos sus aspectos, esto es, estableciendo el mínimo y máximo,  las  circunstancias  de  mayor y menor punibilidad, las rebajas, la prohibición  de  la  reforma  en  peor,  la  favorabilidad y el indubio pro reo, entre otras,  independientemente  del  estatuto  donde se encuentren consignadas. También las  que   se   refieren  al  pago  de  los  perjuicios  (Cfr.  Cas.  Feb.4/98.  Rad.  10388).   

Por   el   contrario,   se  tienen  como  instrumentales,  aquellas  disposiciones  de  derecho  procesal  relativas a las  formas  y  al método de comprobación de los elementos que integran el delito y  sus  consecuencias,  así  como  a las clases de pronunciamientos judiciales, la  manera  de  darlos  a conocer, y los recursos que proceden, entre otros aspectos  (cfr. Cas.. mayo 14/97 Rad. 12995).   

De  este  modo,  si  el  artículo 232 del  Código  de  Procedimiento  Penal  refiere  a la necesidad de la prueba sobre el  hecho   punible   y   la   responsabilidad   del   procesado,…  es  claro  que  indudablemente  se  trata  de  preceptos  instrumentales y no sustanciales (Cfr.  Cas. Agosto 4/04. Rad. 20681).”   

Así,  no le era viable al censor formular  los   cargos   por   violación  directa  a  la  ley  sustancial,  con el argumento que se había dejado de  aplicar,   por  parte  de  la  segunda  instancia,  disposiciones  de  carácter  administrativo      y      procesales,  dado  que  la  ley  consagra -artículo  207,  numeral 1° de la Ley 600 de 2000-, y la Sala ha  sido  enfática en señalarlo, que la causal primera de casación opera frente a  una  violación  de  una  norma  de derecho sustancial, no de una instrumental o  administrativa,  como  de manera equivocada parece entenderlo el libelista, pues  esa  calidad  -se  repite-,  sólo  la  reúnen y con independencia del ordenamiento en el cual se encuentren  ubicadas,  aquellas  que  describen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a la responsabilidad, contenido que no le es propio a las normas  que  fueron  seleccionadas  en  el  libelo,  aspecto  suficiente para proceder a  inadmitir la demanda   

3.2.   Encuentra   además   la   Sala,  incorrecciones  lógico-argumentativas  en  el  libelo,  que  comienzan desde la  postulación  misma  del  primer  reproche,  pues  en  manifiesto  quebranto del  principio  de  autonomía de los cargos que rige la casación, según el cual, a  cada  una  de  las causales y motivos del extraordinario recurso, le corresponde  una  estructura propia y particular, que además, demandan precisas formalidades  en su demostración y al prosperar, generan diversas consecuencias.   

En  desconocimiento  a  este principio, el  demandante  anuncia,  la violación directa de la ley  sustancial    “por  aplicación  indebida  (error  de selección)” de la  Ley  136  de  1994   y   del  Decreto  111  de  1996,  para  de manera  inmediata,  abandonar  el  tema  y  dedicar  el  desarrollo  de  la  censura, al  planteamiento  ahora,  de  la violación directa de la  ley  sustancial por “falta  de  aplicación”  del  Acuerdo  Municipal No. 07 de  1997  de  Buenaventura,  con  lo  cual,  entremezcla  dos  formas  de  reproche,  desconociendo  los principios de no contradicción, autonomía y claridad de los  cargos en casación.   

Este     postulado     -principio  de  autonomía-  consiste en  que   al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se  pueden  combinar  ataques  que  correspondan   a   diferentes   causales   o   especies,   al   tener  cada  una  características  y  reglas  lógicas  de  demostración disímiles que producen  diversas        consecuencia       jurídicas,15  según  así lo dispone el  artículo  217 del Código de Procedimiento Penal, precepto que, de manera clara  y  precisa, estatuye que la decisión que adopte la Corte en caso de prosperidad  del  reproche  formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar con la causal  invocada y el error aducido.   

Sobre   este   principio   ha  dicho  la  Sala:   

“Al respecto, es imprescindible que quien  acude  en  casación  a  controvertir  la  legalidad de una sentencia de segunda  instancia,  lo  haga  con fundamento preciso en una de las causales expresamente  establecidas  en  la  ley,  sin  que  sea  admisible, lanzar reparos que no sean  directa  e  inequívocamente  atinentes  al  contenido  y alcance de los motivos  establecidos.   

“No  es  por  tanto permitida la fusión  abigarrada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales, en cuanto cada una de  ellas  no  sólo  obedece  en su postulación teórica a supuestos propios, sino  que  metodológica  y  jurídicamente  exigen desarrollo independiente. En otras  palabras,  frente al principio de autonomía de las causales resulta desacertado  establecer  mixturas  entre  diversos  factores,  al  atacar  a  través de este  mecanismo    extraordinario    una   sentencia”.16   

También se ha expresado que:  

“Por eso, del principio de autonomía se  desprende  la  necesidad  de  que  el  planteamiento  de las censuras respete la  naturaleza  propia  de  las causales, por cuanto cada una de ellas, en virtud de  la  incidencia  que en el sentido de la sentencia o en la estructura del proceso  su  presencia  puede  causar,  exige  unos  derroteros  demostrativos diversos y  coherentes  con  la  pretensión final, o bien de que se case el fallo demandado  para  que  la  Corte  adopte  el  sustitutivo,  o  ya  para  que  retrotraiga la  actuación   a   estadios  superados  si  tiene  bases  viciadas”.17   

Por  tanto,  los cargos que se hacen en el  primer  reproche,  debieron  plantearse en capítulos separados, que al resultar  excluyente  su  formulación  habría  de  serlo  en  forma subsidiaria, como lo  dispone  el  numeral  4°  del  artículo 212 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600  de  2000). Esta  falta  de  claridad  en  la  demanda,  torna  confuso  su  estudio y conlleva la  consecuente inadmisión.   

3.3.  Por  otra  parte, se ofrece oportuno  resaltar,  el  desatino  lógico-jurídico  del libelista en la formulación del  segundo  cargo, al postular el reproche por violación  directa   de   la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación de los artículos  7°    (presunción    de    inocencia),   232  (prueba  necesaria)    de    la    ley    600    de    2000    y    445   (presunción  de  inocencia) del Decreto  2700  de 1991, cuando dirige  el  ataque  no  con  ocasión  a  la sentencia del Tribunal, si no a partir, del  contenido  de los “salvamentos de voto” que se realizaron al fallo por parte  de  dos  de  los  magistrados  que  integraron  la  Sala  de  decisión,  con la  imprecisión  de  su  argumento con la realidad procesal, pues lo que se produjo  con   ocasión   a   la  deliberación  de  la  sentencia,  fueron  aclaraciones  de  voto,  de  dos  de los  integrantes de la Corporación.   

                  Corroborado  en  el  expediente,  se tiene que la sentencia fue aprobada por la totalidad del  quórum  deliberatorio que  integraba  la  Sala,  con  la  observación  que  dos  de  sus tres integrantes,  aclararon  el  voto,  aspecto  que no se aviene a dudas, pues en el contenido de  ese  acto  los  jueces manifestaron: “Respecto de lo  resuelto,  nos  permitimos  presentar  los motivos que nos llevaron a  aclarar  el  voto  respecto  de la decisión emitida.   En   primer   lugar,   afirmamos   que  si  bien  estamos  de  acuerdo  con  la  sentencia  condenatoria  que  se  surtió contra el procesado por  los  punibles  de  Peculado  por  Apropiación  y  Prevaricato  por  Acción, es  importante  hacer  las  siguientes  precisiones:…”  (negrillas  y  subrayas  fuera  de texto).   

         

Por tanto, no le era dable al recurrente en  casación,  transfigurar  la  naturaleza de los actos procesales, para pretender  se  declare,  aunque  de  manera  velada y por vía de ataque equivocada, que la  sentencia  del  ad quem, no  reúne  la mayoría de los votos que la ley establece y en ese entendido, carece  de la calidad de decisión.   

La  Ley  270  de  1996,  Estatutaria de la  Administración  de  Justicia,  en  el  artículo  54, establece en relación al  quórum  deliberatorio  y  decisorio  que  “Todas las  decisiones  que  las Corporaciones judiciales en pleno o cualquiera de sus salas  o  secciones  deban  tomar, requerirán para su deliberación y decisión, de la  asistencia   y   voto   de  la  mayoría  de  los  miembros de la Corporación, sala o sección”  (subrayas  fuera  de  texto),  motivo por el cual, para la Corte  resulta  confuso,  que  el  demandante  aspire  a  recuperar  el  valor  de  las  aclaraciones  de  voto por  encima  de  la  decisión  mayoritaria  por virtud de la cual resultó condenado  BISMARK CHUNGA PANAMEÑO.   

Cuando  un asunto se somete a la decisión  de  jueces  colegiados,  la posición mayoritaria es la que finalmente prevalece  sobre  la disidencia. En los eventos como el que aquí ocurre, donde no existió  en  los  integrantes  de  la  Sala  del Tribunal decisión dispar, pues los tres  integrantes,  avalaron  la  ponencia  de  manera  unánime, aunque dos de ellos,  consideraron  aclarar  el voto, no se puede entender, como lo pretende de manera  equivocada  el  libelista,  que  la decisión que fue tomada por la Colegiatura,  corresponde  a  la que se contiene en las aclaraciones de voto, pues conforme al  mandato  legal,  tal  atributo  le corresponde a la sentencia que fue sometida a  consideración y aprobación de la Corporación.   

Desconoce  el censor y como lo ha dicho la  Corte:   

“los   salvamentos   de  voto  de  las  Corporaciones  judiciales  tan  sólo  contienen  los motivos por los cuales los  Magistrados  pueden llegar a disentir de la decisión mayoritaria en cuya previa  deliberación   han  participado,  luego  carecen  de  fuerza  vinculante  y  de  carácter  probatorio  respecto  de  los hechos objeto del proceso dentro de los  cuales       han       sido       emitidos.”18   

        Así,  la demanda en el segundo cargo formulado, tampoco cumple con  los   mínimos   presupuestos   lógico-argumentativos  que  exige  el  estatuto  instrumental  en  el  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, que dispone que el  recurso  extraordinario  de  casación  procede contra  las  sentencias,  pues  el  reproche  no fue dirigido  contra  el fallo del Tribunal, al estar desarrollado el ataque, con relación al  contenido  de  las  aclaraciones de voto de dos de los integrantes de la Sala de  decisión.   

         

Inadvierte además el impugnante, que como  requisito  de  la  demanda,  el  numeral  1°  del  artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000)  exige, la identificación de la sentencia demandada, labor que no  cumple  en la elaboración del cargo, cuando el dislate que se alega no se ubica  en este acto procesal.   

4.  Ahora  bien,  si  lo pretendido por el  defensor  era  alegar la duda razonable, cuando expresa la violación directa de  la   ley,   por   falta   de   aplicación   del   artículo   7°  (presunción  de  inocencia) del Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000),  le  era  su  deber,  demostrar  que el fallador reconoció en las  consideraciones   de   la   sentencia,   -no  en  las  aclaraciones   de   voto-  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el principio,  cuando  le  correspondía  en consonancia con su exposición absolver, recorrido  que el actor no realizó.   

Pero  si el vicio denunciado se fundaba en  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, debía señalar si se trató de  un  error de hecho por falso juicio de existencia,  identidad o raciocinio,  o  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción o de legalidad,  acreditar  su  trascendencia  y señalar su corrección e injerencia en el fallo  -no   de   las   aclaraciones  de  voto-, camino que tampoco emprendió.   

Como  colorario,  estas  impropiedades  le  restan  claridad  y  precisión a la demanda, la hacen confusa; desatinos que no  son  susceptibles  de  subsanar,  dado  el  carácter  rogado del extraordinario  recurso  y  el  principio  de limitación que lo gobierna, que impide a la Corte  entrar  a  superar  tales  defectos, excepto cuando se advierta la violación de  una  garantía  fundamental,  momento en el que opera la facultad oficiosa de la  Sala  para casar la sentencia, aspecto que luego de la revisión del expediente,  no se verifica.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  BISMARK  CHUGNA PANAMEÑO, por las razones  expuestas en precedencia.   

2.  Contra  la  presente providencia no procede recurso alguno.   

3.  Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                  AUGUSTO  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cuaderno No. 2, folio 21.   

2  Cuaderno No. 1, folio 18.   

3  Cuaderno No. 1, folio 31.   

4  Cuaderno No. 1, folio 40.   

5  Cuaderno No. 1, folio 86.   

6  Cuaderno No. 1, folio 116.   

7  Cuaderno No. 1, folio 172.   

8  Cuaderno No. 1, folios 289, 321 y 332.   

9  Cuaderno No. 1, folio 344.   

10  Cuaderno No. 2, folio 20.   

11  Realmente corresponde a aclaraciones de voto.   

12  Cuaderno No. 1, folio 152.   

13  Autos  de  casación   de 1 de diciembre de 2004, radicación No. 21694; de  13  de abril de 2005, radicación 23397; de 9 de septiembre de 2006, radicación  24046; entre otros.    

14  Sentencia    de   casación   de   1   de   diciembre   de   2004,   radicación  21049.   

15  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

16  Sentencia   de   casación   de   29   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  12025.   

17  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.   

18  Auto de 2 de febrero de 2008, radicación No. 27733.     

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