26707(19-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 26707  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 260.  

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 8 de marzo de 2006 el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  al  revisar  por vía de apelación el fallo  proferido  el  5  de agosto de 2005 por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Bello,  condenó  en definitiva a SERGIO LEÓN RAMÍREZ  ZAPATA   y  MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA  a las penas principales de 60 meses de  prisión,  multa  en  cuantía  de  60  salarios  mínimos  legales  mensuales e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autores  del  delito de prevaricato por acción cometido en  concurso  homogéneo,  así  como  a  FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ,  a  quien impuso las penas principales de 36  meses  de  prisión, multa en cuantía de 50 salarios de la mencionada especie e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico término, como autor de uno solo de dichos ilícitos.   

                     

          Contra  la  decisión  de  segunda  instancia  los defensores de los  procesados  interpusieron el recurso extraordinario de casación. Por auto del 7  de  marzo  de  2007  la  Corte  admitió parcialmente las demandas presentadas a  nombre  de  RAMÍREZ ZAPATA y  ZAPATA  PUERTA, así como el  libelo     instaurado    a    nombre    de    MEDINA  SÁNCHEZ.   

          Obtenido  el  concepto  de  rigor,  la  Sala  procede  a  emitir  la  sentencia que en derecho corresponda.   

HECHOS  

          La  situación  fáctica origen de la actuación se viene resumiendo  de la siguiente forma:   

“Los  señores  SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA SORENER ZAPATA PUERTA y FERNANDO MEDINA  SÁNCHEZ,  por  los  años 2001 y 2002, se desempeñaron como Directores durante  algunos  períodos  de la Cárcel de San Quintín de Bello (Ant.) y en ejercicio  de  funciones inherentes al cargo concedieron reiteradamente permisos a internos  que  ostentaban  la  calidad  de  condenados  y  otros  sindicados para realizar  trabajos   extramuros,  sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Inicialmente,  la  Fiscalía  Seccional  de  Medellín   adelantó  indagación  preliminar  y  luego  de  practicar  algunas  diligencias  declaró  abierta  la instrucción en decisión del 26 de agosto de  2003,   en   cuyo   desarrollo  vinculó  mediante  indagatoria  a  SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA  y  FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ, a quienes les resolvió la  situación  jurídica  a  través  de la providencia del 3 de octubre siguiente,  absteniéndose de imponerles medida de aseguramiento.   

Una  vez  cerrada  la  fase  instructiva, el  mérito  del  sumario  fue calificado el 22 de diciembre de 2003 con resolución  de  acusación  en  contra  de  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA y FERNANDO  MEDINA SÁNCHEZ, como autores del  delito  de  prevaricato  por  acción,  conducta atribuida a los dos primeros en  concurso  homogéneo,  decisión  confirmada por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Medellín mediante proveído del 29 de marzo de  2004.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de Bello, cuyo titular, una vez surtió  el  rito  correspondiente,  profirió  fallo  el 5 de agosto de 2005, en el cual  condenó  a  SERGIO LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA SORENER ZAPATA HUERTA  a las penas principales de cuarenta y ocho (48) meses de prisión,  multa  por  valor de sesenta (60) salarios mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)  años,  sin  derecho  al subrogado de la condena de ejecución condicional,  aun  cuando les concedió la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural,  como  autores penalmente responsables del concurso de delitos por el cual fueron  acusados.   

En la misma decisión condenó a FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ  a  la sanción  principal  de  treinta  y  seis  (36)  meses  de  prisión, multa por la suma de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el referido lapso y le  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, como autor  penalmente responsable del delito de prevaricato por acción.   

          Impugnada  la  sentencia  por la defensa y la Fiscalía, el Tribunal  Superior  de  Medellín  la confirmó mediante fallo del 8 de mayo de 2006, pero  modificó  la  pena de prisión impuesta a SERGIO LEÓN  RAMÍREZ   ZAPATA  y  MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA,  tasándola  en  sesenta  (60)  meses, proveído contra el cual los defensores de  los procesados interpusieron recurso extraordinario de casación.   

          Como  ya  se  acotó,  la  Sala  admitió  parcialmente las demandas  presentadas  a  nombre  de  RAMÍREZ ZAPATA  y ZAPATA PUERTA,  así  como  el  libelo  instaurado  a  nombre de MEDINA  SÁNCHEZ,  por  cuya  razón el proceso se remitió al  Ministerio  Público  para  la  emisión  del  respectivo  concepto, el cual fue  rendido   por   el   Procurador   Segundo   Delegado   en  lo  Penal1,  solicitando  no casar la sentencia impugnada.   

LAS  DEMANDAS   

1. Las presentadas por el defensor de SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA SORENER ZAPATA PUERTA:   

Aunque formuló dos cargos, la Sala solamente  admitió  el  segundo,  el cual postula bajo el auspicio de la causal primera de  casación,   cuerpo  primero,  señalando  que  los  falladores  incurrieron  en  violación  directa  de  la ley sustancial, esto es, del artículo 413 de la Ley  599   de   2000,   en   cuanto   interpretaron   erróneamente   la   expresión  “manifiestamente  contrario  a  la  ley”.   

En  el  desarrollo del reproche aduce que si  bien  los  sentenciadores  consideraron que el otorgamiento de los permisos para  laborar  extramuros  a  los internos de la Cárcel de San Quintín desconocieron  lo  establecido  en los artículos 86, 87, 146 y 147 del Código Penitenciario y  Carcelario  (Ley  65  de 1993), lo cierto es que las decisiones a través de las  cuales  se  concedieron  tales permisos no resultan manifiestamente contrarias a  la   ley,   pues   responden   a   una   interpretación   sistemática   de  la  legislación.   

Añade  el  actor  que de conformidad con lo  expuesto  por  esta  Sala  en  auto del 15 de septiembre de 2004, además de los  condenados,  también quienes ostentan la condición de procesados tienen acceso  a  los  referidos  permisos  para  realizar  trabajos  fuera del establecimiento  carcelario,  con  mayor  razón,  cuando  en este asunto tales autorizaciones se  otorgaron  previo  el  cumplimiento de los requisitos establecidos en la ley, la  cual  no  es  suficientemente  clara  sobre  el particular e impone efectuar una  tarea hermenéutica.   

          Puntualiza  que  de  no  haber efectuado la referida interpretación  por   parte  de  sus  representados,  un  procesado  no  accedería  al  trabajo  extramuros,  pues  no  cumpliría las cuatro quintas partes de la pena impuesta,  razón  para afirmar que la interpretación resulta acorde a la legalidad, luego  no  puede tildársele de prevaricadora, en especial si esta Sala ya ha precisado  que  el  competente  para otorgar los ya mencionados permisos es el director del  establecimiento carcelario donde se encuentre el recluso.   

Concluye  señalando  que la interpretación  planteada  por  SERGIO  LEÓN RAMÍREZ ZAPATA y MARÍA  SORENER  ZAPATA  PUERTA en las decisiones cuestionadas  resulta   razonable,   se   funda   en   el  “efecto  útil”,  amén de corresponder a una interpretación  sistemática,   pues   la   posición   jurídica  de  aquellos  “al   conceder   los  permisos  para  trabajos  extramuros,  bajo  el  entendido  de  que obraban conforme a derecho, puede ser una opinión criticable  –  sin olvidar que no son  unas  personas  con  formación  jurídica  -, pero ello no la hace arbitraria o  aberrante;  es  solo  una  disyuntiva jurídica, si se quiere argumentativa más  favorable  y más respetuosa de los derechos de los internos, pero finalmente se  entiende  como  un  ejercicio de hermenéutica, que a la postre puede conducir a  un  juicio  ex  post de desacierto pero nunca un desconocimiento claro y abierto  del orden jurídico”.   

          En  apoyo de su planteamiento cita el Instructivo No. 01 de enero de  2003,  la  Circular  No.  020  de  1998  y  las  Resolución 2376 de 1997, todos  emanados  del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC, así como el  artículo  149  de la Ley 65 de 1993 y un concepto del Viceministro del Interior  y de Justicia sobre los beneficios administrativos de los internos.   

          Con   base  en  lo  anterior,  el  demandante  insiste  en  que  los  sentenciadores  violaron  de  manera  directa  el artículo 413 de la Ley 599 de  2000  al  interpretarlo  en  forma  errónea,  lo cual impone a la Sala casar el  fallo  atacado,  para,  en  su  lugar,  absolver a los procesados por los cargos  objeto de acusación.   

2. La demanda instaurada a nombre de FERNANDO  MEDINA SÁNCHEZ:   

          Con  fundamento  también  en la causal primera de casación, cuerpo  primero,   el   recurrente   formula   un   único   cargo,  afirmando  que  los  sentenciadores  violaron  directamente  la  ley  sustancial, pues en este asunto  “se  presentó  una  enorme irregularidad en el  ajuste  del  tipo penal de la conducta que corresponde a una objetiva violación  del  artículo  86  de la Ley 65 de 1993, con lo cual se le imputa la existencia  de un delito”.   

          Señala        que        la        expresión       “manifiestamente  contrario  a la ley” que  aparece  en  la descripción típica del delito de prevaricato por acción no se  encuentra  satisfecha en la conducta de FERNANDO MEDINA  SÁNCHEZ,  quien sólo en una ocasión otorgó permiso  para   trabajar   extramuros   a   un   interno  que  tenía  la  condición  de  procesado.   

Destaca  que de conformidad con el artículo  86  de  la Ley 65 de 1993, el otorgamiento de dichos permisos era de competencia  de  los  directores  de  los  establecimientos  carcelarios  y  en virtud de tal  precepto    su    asistido    realizó    la    conducta   que   ahora   se   le  cuestiona.   

También resalta que dentro de la actuación  obra  un  documento  de  fecha  25  de  marzo de 2003, por cuyo medio el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de Medellín precisa que el permiso  para  desarrollar  actividades  extramuros  a los sindicados compete al director  del  establecimiento  carcelario.  Además,  también  aparece una comunicación  suscrita   por   el   Fiscal   Setenta   y   Siete   de   Medellín  en  sentido  similar.   

Concluye  que “no  existe  una  norma  rectora  que  prohíba  expresamente  otorgar beneficios y/o  gracias   a   quien  tiene  derecho,  como  sindicado,  luego  si  es  facultado  legalmente,  valga  su  interpretación, por los artículos 85 y 87 del estatuto  penitenciario  ese  obrar  legal  y no contrario a la ley. Y de la misma manera,  ese  actuar  legal  y administrativo conforme a  la ley no derivó una fuga  ni  en  la  comisión  de delitos producto del beneficio, ni beneficio personal,  económico ni de otra naturaleza”.   

          A  partir  de  lo  antes  reseñado,  el demandante considera que se  violó  el  principio  de legalidad, razón por la cual solicita a la Sala casar  el  fallo  atacado,  con  el  propósito de declarar que el delito imputado a su  procurado no existió.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

Por contener argumentos similares, examina en  forma  conjunta  los dos cargos admitidos. Para el efecto, tras citar las normas  de  la  Ley  65  de  1993 aplicables al caso, concluyó que, de acuerdo con esas  disposiciones,   la   competencia   para   autorizar   el   trabajo  extramuros,  efectivamente,  corresponde  al  director  del establecimiento carcelario, quien  puede concederlo tanto a internos condenados como a sindicados.   

Sin   embargo,   respaldado  en  el  fallo  impugnado,  cuya  parte  pertinente  transcribe, el Procurador Delegado sostiene  que  el  reproche  efectuado a los aquí procesados no deviene ni de la falta de  competencia   ni   del   estatus  (condenados  o  sindicados)  de  los  internos  beneficiados  con  los  permisos, sino del proferimiento de las resoluciones con  desatención  de  los  presupuestos  exigidos  por  el  ordenamiento  legal para  otorgar   esa   gracia,   empezando   por   la   de   verificar  “las  disponibilidades  del  personal  y  la  infraestructura  de los  centros de reclusión”.   

En ese orden, el Ministerio Público advierte  que  el  establecimiento  carcelario no contaba con el personal para realizar la  vigilancia  requerida  por  los  beneficiados,  quienes  además  estaban siendo  procesados  por  delitos  tales  como  homicidio,  secuestro, lavado de activos,  etc.,  que no permitían la concesión del trabajo extramuros, amén de pactarse  horarios  para  su realización que incluían los días sábados, lo cual estaba  prohibido  por  el  inciso  3º  del  artículo  148 del Código Penitenciario y  Carcelario.   

Considera  así  plenamente  evidenciado  el  elemento  normativo  del  tipo penal “manifiestamente  contrario   a  la  ley”.  Al  respecto,  insiste  en  señalar  que  los  acusados otorgaron los permisos sin evaluar la naturaleza de  los  ilícitos  atribuidos  a  los  reclusos,  ni  examinar  las  condiciones de  seguridad,  en  cuanto  asignaron  para  realizar  su  vigilancia a la guardiana  María  Consuelo Hoyos, quien  por  cumplir  en  la  cárcel  municipal de San Quintín múltiples funciones no  tenía   capacidad   para   efectuar   la   supervisión  y  control  de  dichos  internos.   

En  relación  con  lo anterior, el Delegado  pone  de presente el contenido del memorando fechado 27 de agosto de 2003, en el  cual  el Director Regional Noroeste del INPEC califica de requisito insalvable a  la  hora  de conceder el referido beneficio el factor seguridad, “dada  la  ostensible desigualdad en la proporción guardias-internos  en   nuestras   cárceles  que  habla  de  un  número  decididamente  mayor  de  ajusticiables por una exigua cantidad de custodios”.   

          En  criterio  del  representante  de  la  sociedad,  los  procesados  RAMÍREZ ZAPATA, ZAPATA     PUERTA     y    MEDINA   SÁNCHEZ    incumplieron  a  sabiendas  el  ejercicio evaluativo en mención, en cuanto ninguna circunstancia  legal  o  práctica  los  autorizaba para adoptar las cuestionadas resoluciones,  que   entonces   derivaron   en   prevaricadoras,   conllevando  “a  la desestabilización del ordenamiento jurídico, toda vez que la  errada  determinación generó en la comunidad la sensación de desprotección e  incertidumbre,  a  punto  tal  que la Procuraduría y los jueces se vieron en la  obligación   de   poner   en   conocimiento  de  la  autoridad  competente  las  irregularidades  dadas  a  conocer  por  los  empleados  del municipio de Bello,  Antioquia”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  Sala  examinará  de  manera conjunta los cargos admitidos, pues  los  mismos  tienen  como  soporte  análogos  fundamentos  y apuntan a la misma  finalidad,  esto  es,  la  absolución de los procesados por la no demostración  del   elemento   normativo   del   prevaricato  constituido  por  la  expresión  “manifiestamente  contrario  a la ley”.   

De  acuerdo con el artículo 413 del Código  Penal  de  2000,  incurre  en  prevaricato  por acción el servidor público que  profiere  resolución,  dictamen  o  concepto  manifiestamente  contrario  a  la  ley.   

Se  trata  de  una  contradicción evidente,  protuberante  u  ostensible entre el ordenamiento jurídico y el pronunciamiento  del  funcionario.  En  el  prevaricato no se juzga el acierto o desacierto de la  decisión,  de  manera que si la misma no reviste la característica de vulnerar  de  manera  frontal  y  grosera  el derecho aplicable al caso particular, no hay  lugar a predicar la existencia del punible.   

Por   eso,   conforme   lo   enseña   la  jurisprudencia  de la Corte, todas aquellas decisiones en las cuales se presenta  discusión  sobre  su  contrariedad  con  la  ley  quedan excluidas del reproche  penal,   independientemente   de   que   un  análisis  posterior  demuestre  la  equivocación  de  sus  asertos,  pues   el  juicio de prevaricato no es de  acierto,        sino        de       legalidad2.   

          En  el  caso  materia  de análisis, se reprocha a los procesados la  expedición  de resoluciones en las cuales, en su condición de directores de la  Cárcel  de  San  Quintín  con  sede en Bello (Antioquia), concedieron a varios  internos,  algunos  de  ellos  estando  detenidos  en  calidad de sindicados, el  beneficio administrativo de trabajos extramuros.   

          Según  los demandantes, dicho comportamiento no configura el delito  de  prevaricato  por  acción,  porque  el  proferimiento  de  esas resoluciones  obedeció  a  una  interpretación  razonable  de  las  normas reguladoras de la  materia,  las  cuales  permiten  la interpretación según la cual el competente  para  otorgar  el  beneficio de trabajo extramuros es el director del respectivo  establecimiento   penitenciario   o   carcelario,  quien  está  facultado  para  concederlo   a  los  internos  sin  consideración  a  si  están  condenados  o  simplemente sindicados.   

          Al  respecto,  se tiene que el artículo 86 de la Ley 65 de 1993 por  medio  de la cual se expidió el Código Penitenciario y Carcelario establece lo  siguiente:   

          “REMUNERACIÓN  DEL  TRABAJO, AMBIENTE ADECUADO Y ORGANIZACIÓN EN  GRUPOS.  El  trabajo de los reclusos se remunerará de  una  manera  equitativa.  Se  llevará  a  cabo dentro de un ambiente adecuado y  observando las normas de seguridad industrial.   

Los  condenados  en  la  fase  de  mediana  seguridad  dentro del sistema progresivo, podrán trabajar organizados en grupos  de  labores  agrícolas  o  industriales  con  empresas o personas de reconocida  honorabilidad,  siempre  que colaboren con la seguridad de los internos y con el  espíritu de su resocialización.   

   

         …   

Los    detenidos    podrán    trabajar  individualmente  o  en grupos de labores públicas, agrícolas o industriales en  las  mismas  condiciones  que  los  condenados,  siempre  que  el  director  del  respectivo  establecimiento penal conceda esta gracia,  según  las  consideraciones de conducta del interno, calificación del delito y  de  seguridad.  Los  trabajadores  sindicados  o  condenados,  solo  podrán ser  contratados   con   el   establecimiento   respectivo   y  serán  estrictamente  controlados     en     su    comportamiento    y    seguridad”    (subraya la Sala).   

         El  contenido  de  la  disposición  transcrita asigna razón a los  libelistas,    pues    ciertamente,    la    misma    admite   la   hermenéutica  acorde  con  la  cual  la  competencia  para otorgar  el beneficio corresponde al  director  del respectivo establecimiento carcelario y  sus  destinatarios  son  tanto  los  condenados  como los sindicados,    criterio    de    alguna    forma  prohijado   por   esta  Corporación   en   el   auto   del   15   de   septiembre   de   2004,   cuando  sostuvo:   

“Como  puede  observarse,  el  trabajo  extramural no es un derecho-deber exclusivo de quienes  se  encuentren  condenados  dentro de un establecimiento carcelario, sino que la  ley   extiende  esa  posibilidad  a  los  internos  que  tienen  la  calidad  de  detenidos,   a   manera   de   gracia,   cuya  concesión  debe  evaluarla el director del respectivo centro  de reclusión.   

Así  las  cosas,  como  otorgar  o negar el  trabajo  extramuros  a  un detenido es una potestad exclusiva del funcionario en  cuestión,  porque  bajo  su  responsabilidad  está  el  cuidado,  vigilancia y  custodia  de  aquél,  en  principio  el  servidor  judicial a cuyas órdenes se  encuentra   un  sindicado  no  podría  inmiscuirse  en  la  viabilidad  de  esa  concesión.   

Pero como quiera que la detención tiene unas  finalidades   concretas,  es  conveniente  que  el  juez  evalúe  el  grado  de  incidencia  que  en  relación con esos objetivos (asegurar la comparecencia del  sindicado  al  proceso,  la  preservación  de  la  prueba  y  protección de la  comunidad)  puede  darse  en  el  caso  concreto  por  la eventualidad de que el  detenido salga a trabajar por fuera del recinto carcelario.   

Expresado  de  otro  modo,  el  funcionario  judicial  no  puede  sustraerse  a  dar  su  opinión  cuando se le solicita que  extienda  su  aval  para  el otorgamiento de autorización a un sindicado con el  fin  de  que realice trabajo extramuros, con el simple argumento de que se trata  de  un  beneficio administrativo, porque, como se vio, es posible que quienes se  encuentran  en  situación  de  detención  también  accedan  a  esa  forma  de  tratamiento”  (subraya  la  Sala, ahora).   

          Resulta,  pues,  incuestionable  que  por los aspectos en cuestión,  esto  es,  competencia y destinatarios del beneficio, no es factible edificar la  existencia  del  delito de prevaricato por acción, pues las resoluciones por el  hecho  de  expedirse por los aquí procesados, en su condición de directores de  la   Cárcel   San  Quintín,  o  por  autorizarse  en  algunos  de  esos  actos  administrativos  el  trabajo  extramuros  a  internos  sindicados,  no se tornan  manifiestamente contrarias a la ley.    

          No   obstante,  como  lo  pone  de  presente  el  representante  del  Ministerio  Público,  el  juicio  de  reproche  formulado por el Tribunal no se  fundamentó  en  ninguno  de  los  mencionados  tópicos, pues frente a ellos el  ad  quem,  incluso,  otorgó  razón  a  los defensores. La reproducción de los apartes pertinentes del fallo  corrobora  este  aserto.  En  efecto, en relación con el procesado FERNANDO  MEDINA  SÁNCHEZ, el sentenciador  razonó en los siguientes términos:   

          “El  defensor  del  sindicado  Fernando  Medina  Sánchez,  razonadamente  hace  una  diferenciación entre la situación  jurídica  de condenado y sindicado, aceptando la Magistratura que en el caso de  Juan  Carlos  Castaño  Castañeda  a  quien  él  como Director le concedió el  permiso  extramuros,  estando recluido como sindicado, no como condenado como lo  tuvo  en  cuenta  la  Juez  de  instancia,  porque  como  lo anota el censor, el  procesado  (sic) por homicidio  estaba  en  trámite  del recurso extraordinario de casación; empero, aun así,  estando  el  acusado  en  su  condición  de sindicado el señor Fernando Medina  Sánchez  como  Director  de  la Cárcel, no empece de la facultad de que gozaba  para  conceder el permiso en comento, no cumplió con los requisitos exigidos en  el artículo 86 del Estatuto Penitenciario (Ley 65 de 1993)…”.   

          “…   

          “Sostiene  el  impugnante, que siendo el  sindicado  Juan  Carlos  Castañeda,  un  detenido en estas causas, era él como  Director  del  establecimiento carcelario, la persona autorizada legalmente para  dar  este beneficio, facultad que es confirmada por el artículo 87 del Estatuto  Penitenciario,  alegación  a la que ya se refirió la Sala, recabando en cuanto  a  que  así  tuviera facultad tenía que cumplir con unos requisitos demandados  por   el   artículo   86   del  mismo  estatuto”3.   

          Y,  en  cuanto  al  acusado  SERGIO  LEÓN  RAMÍREZ  ZAPATA, cuyas reflexiones hizo extensivas de  manera    expresa    a    MARÍA    SORENER   ZAPATA  PUERTA,    el   ad   quem  señaló:   

          “Para   el  defensor  de  Sergio  León  Ramírez  Zapata,  ninguna norma le prohibía expresamente conceder los permisos  concedidos,  a lo que le replica la Magistratura, que no es que ninguna norma le  prohibiera  conceder  los permisos en comento, sino que al concederlos tenía el  deber  legal  de  ajustar  las  resoluciones  a  los  requisitos exigidos por el  Estatuto  Penitenciario,  así  el  (sic) como  director  de la cárcel tuviera la facultad de conceder dichos  permisos”4.   

         La  censura del juzgador de segundo grado, en realidad, obedeció a  motivos  muy  diversos.  En particular, el Tribunal en forma expresa reprochó a  los  procesados el hecho de conceder los permisos sin               considerar    las  condiciones  de seguridad de los internos ni   calificar   el   respectivo  delito,  presupuestos  contemplados  en  forma clara en el inciso 5º del artículo 86 de  la  Ley  65 de 1993 cuando establece: “Los detenidos  podrán  trabajar  individualmente o en grupos de labores publicas, agrícolas o  industriales  en  las  mismas  condiciones  que  los  condenados, siempre que el  director  del respectivo establecimiento penal conceda esta gracia, según  las  consideraciones de conducta del interno, calificación  del delito y de seguridad”.   

          Más  aún,  el  fallador  de  primer grado también atribuyó a los  acusados  la  circunstancia  de  extender  a  los días sábados el permiso para  trabajar  por  fuera del establecimiento carcelario, a pesar de que el artículo  148  del  mismo  Código  Penitenciario  y  Carcelario solamente lo contempla de  lunes   a  viernes.  Este  reproche  no  fue  desestimado  por  el  ad  quem, de modo que también constituyó  motivo  de la condena, conforme deviene del principio de unidad inescindible que  es inherente a las sentencias de primera y segunda instancia.   

          En  las  resoluciones  cuestionadas, ciertamente, no se hace ningún  tipo  de  evaluación  acerca  de  las  condiciones de seguridad para otorgar el  beneficio  de  trabajo  extramuros,  distinta a la de asignar su “supervisión  y  control”  a la guardiana  María        Consuelo        Hoyos,   ni  se  califica  el  delito  atribuido  o  cometido por los internos favorecidos con el  permiso.   

          Es  evidente  que una sola persona no estaba capacitada para ejercer  dicha  vigilancia,  máxime  cuando,  como  se  contempló en el fallo de primer  grado,  tenía  asignadas  múltiples  funciones al interior del establecimiento  carcelario,  por cuya razón su designación no tenía fin distinto al de eludir  la   obligación   de   considerar  las  reales  condiciones  de  seguridad  que  justificaran  el  otorgamiento  del  permiso.  Tanto es así, que en el caso del  interno  Juan  Carlos  Castaño Castañeda,  el  procesado  FERNANDO MEDINA SÁNCHEZ  autorizó  el  trabajo  extramuros sin importar que el  Director  Regional  del  INPEC  había  ordenado  su  traslado  de  Puerto  Berrío  a la Cárcel de Bellavista,  precisamente,     por     “motivos    de    mayor  seguridad”.   

          Así  mismo,  los  acusados  inadvirtieron que los beneficiarios del  permiso  estaban siendo procesados o habían sido condenados por delitos graves,  como    homicidio,    secuestro,   concierto   para   delinquir,   tráfico   de  estupefacientes   y   lavado  de  activos.  Omitieron,  por  tanto,  evaluar  la  naturaleza  de los delitos, a pesar de ser exigencia de la norma para otorgar la  gracia administrativa.   

          Más  aún, a pesar de invocar, entre otras normas, el artículo 148  de  la  Ley  65  de 1993 como apoyo para proferir las resoluciones cuestionadas,  los   procesados   pasaron   por  alto  de  manera  manifiesta  la  prohibición  establecida  en  ese  precepto  de extender el beneficio a días distintos a los  comprendidos  de  lunes  a  viernes,  y  es  así  como  autorizaron  el trabajo  extramuros para ser realizado, incluso, los días sábados.    

          Sobre  el  particular,  se tiene que el inciso tercero del artículo  148 del Código Penitenciario y Carcelario prevé:   

          “El  trabajo  y el estudio solo podrán  realizarse  durante  el  día,  debiendo  el  condenado  regresar  al  centro de  reclusión  para pernoctar en él. Los días sábados,  domingos  y  festivos,  permanecerá  en  el  centro  de  reclusión”   (subraya   la   Sala).   

          Dicha  prohibición,  pertinente sea precisar, también operaba para  los  internos  en  condición  de detenidos, según así lo tiene enfáticamente  previsto  el  inciso 5º del artículo 86 de la Ley 65 de 1993 cuando establece:  “Los  detenidos  podrán trabajar individualmente o  en     grupos     de     labores    públicas,  agrícolas o industriales en las  mismas  condiciones  que  los condenados, …”           (nuevamente,    subraya    la    Corte).   

          Resulta,  por tanto, incuestionable que las resoluciones en mención  son  manifiestamente  contrarias a la ley. En ellas se concedió el beneficio de  trabajos  extramuros con ostensible desconocimiento de los presupuestos exigidos  en  forma  clara  por  el  ordenamiento  jurídico  para  el  efecto, sin que la  estructuración  del  delito  se  desnaturalice porque las resoluciones no hayan  derivado  en  la  fuga  de los internos, como lo sugiere uno de los demandantes,  pues   el   prevaricato   es   un   tipo   penal  de  mera  conducta5, de manera que  en  el  presente  caso  se configuró cuando los procesados expidieron los actos  administrativos  contrarios  a  derecho,  conscientes  de  la  ilicitud  de  sus  comportamientos, como lo concluyeron los juzgadores de instancia.   

          Dichas  decisiones,  conforme  lo  expresa  el  Procurador Delegado,  conllevaron    “a    la   desestabilización   del  ordenamiento  jurídico,  toda  vez  que  la errada determinación generó en la  comunidad  la  sensación  de desprotección e incertidumbre, a punto tal que la  Procuraduría  y los jueces se vieron en la obligación de poner en conocimiento  de  la  autoridad  competente  las  irregularidades  dadas  a  conocer  por  los  empleados del municipio de Bello, Antioquia”.   

          Como,  acorde  con  lo  expuesto,  los  cargos  no están llamados a  prosperar,  la  Sala  desestimará las demandas de casación presentadas por los  defensores   de   SERGIO   LEÓN   RAMÍREZ  ZAPATA,  MARÍA      SORENER      ZAPATA     PUERTA   y   FERNANDO   MEDINA   SÁNCHEZ.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR el fallo  impugnado.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

                                                                                                                 

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

                                                                    

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                       

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

         

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

               Secretaria     

1  El  concepto lo presentó el 18 de febrero del cursante año.   

2  Sentencia de segunda instancia del 2 de mayo de 2005. Rad. 14752.   

3  Págs. 5 a 8 del fallo de segunda instancia.   

4 Pág.  13 ibídem.   

5  En  ese  sentido, sentencias del 15 de noviembre de 2001, radicación 14040 y del 13  de mayo de 2009, radicación 31391.     

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