25975(19-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  25975   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

MARIA DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta No. 041.  

         

          Bogotá  D.C.,  diecinueve  (19) de febrero de dos mil nueve (2009).   

  VISTOS  

A través de la sentencia del 24 de noviembre  de  2005  la  Sala Penal del Descongestión del Tribunal Superior de Bogotá, al  confirmar  parcialmente  el fallo proferido el 16 de mayo de 2005 por el Juzgado  Sexto   Penal   del   Circuito   de  la  misma  sede,  condenó  a  SAMUEL  GAD a las penas principales de 108  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  500  salarios  mínimos legales  mensuales,  como  autor  del  delito  de  lavado  de  activos,  y a Alfonso   Silva   López  a  las  penales  principales  de 36 meses de prisión y multa equivalente a 250 salarios mínimos  legales mensuales, como cómplice del referido punible.   

Contra  la sentencia de segunda instancia el  defensor     de     SAMUEL     GAD    interpuso  el  recurso extraordinario de casación, cuya demanda fue  admitida mediante auto del 18 de septiembre de 2006.   

En  concepto  recibido  el 4 de noviembre de  2008,  el  Procurador  Cuarto Delegado para la Casación Penal pidió desestimar  los  cargos de la demanda y casar oficiosamente el fallo impugnado. Procede, por  tanto, la Sala a emitir la sentencia de rigor.   

HECHOS  

          El   Procurador   Delegado   los   sintetizó   en   los  siguientes  términos:   

“El 4 de octubre  de  2002,  con  ocasión  de una llamada telefónica anónima que informó a las  autoridades  de Policía sobre una reunión a celebrarse entre varios sujetos, a  las  5:00 p.m. de ese mismo día, en la cafetería “La Pepita” del centro de  la   Capital   (de  Colombia,  se  aclara),  con  el  objeto  de realizar una defraudación bancaria mediante  cheques,  funcionarios  adscritos  a  la SIJIN se desplazaron al referido sitio,  donde  capturaron  a  ANGELINO HERNÁNDEZ PORRAS, SANDRO ALIRIO PÁREZ ÁLVAREZ,  MARCO  WILLIAM  USECHE GONZÁLEZ, CARLOS JULIO RODRÍGUEZ BARAJAS, LUIS HUMBERTO  SOTO  GONZÁLEZ,  quienes  se  disponían a endosar unos títulos valores en que  ellos  y personas indeterminadas aparecían beneficiadas por sumas que oscilaban  entre  $32.273.600  y  $51.300.000,  a  petición  de ALFONSO SILVA –quien        también       fue  retenido-.   

“Éste  fue  aprehendido  en poder de los  respectivos  comprobantes  de  egreso  emitidos  por  ALGAD  EXPORT  LTDA., cuyo  representante   legal   era   SAMUEL  GAD,  un  listado  en  el  que  aparecían  relacionados  los  antes  mencionados frente a ciertas cantidades de esmeraldas,  las  fotocopias  de  las cédulas de ciudadanía respectivas y un manuscrito que  textualmente  decía:  “Por  favor  haga firmar los  restantes  y  déjelos  en  un  sobre  cerrado  con  Eloísa  Garzón,  la niña  recepcionista   de   la  of.  1104  del  Edificio  Emarald.  Quedamos  a  paz  y  salvo”.   

Los 24 cheques encontrados en poder de SILVA  LÓPEZ  ascendían  a una suma superior a los $1.000.000.000 y sus beneficiarios  carecían  de  relación comercial alguna con la empresa giradora de los mismos,  toda  vez  que su ocupación era la de “comisionista  de  fotos  y RH” y su consentimiento en el endoso se  produjo  por  petición  de  ALFONSO  SILVA LÓPEZ, quien como contraprestación  ofreció  pagar  la  suma  de  $30.000, el cual a su turno, recibía $50.000 por  cada  endoso  obtenido por parte de un intermediario conocido de la contadora de  la empresa ALGAD EXPORT LTDA.   

Los diferentes medios de prueba practicados  en       la       actuación      –documentos  contables,  testimonios  e  indicios- señalaron que el  comportamiento  descrito  era  reiteradamente  realizado  por la aludida empresa  criminal  como  una  modalidad  de  lavado  de  activos,  en la que a través de  simuladas  exportaciones  de  esmeraldas se encubría el ingreso de capitales al  país de procedencia ilícita”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.  La  investigación penal correspondiente la inició la Fiscalía  332  Local de Bogotá el 7 de octubre de 2002, despacho judicial que escuchó en  indagatoria  a los capturados. Su situación jurídica la resolvió la Fiscalía  Especializada   el   17   de   octubre   siguiente,  profiriéndoles  medida  de  aseguramiento   de   detención   preventiva   por   el   delito  de  lavado  de  activos.   

          2.  En  el  curso  posterior  de la investigación el fiscal dispuso  vincular   mediante   indagatoria   a   SAMUEL  GAD,  para  lo cual libró orden de captura en su contra. Al  resultar  infructuosa  su  búsqueda, con resolución del 15 de enero de 2003 lo  declaró  persona ausente, tras lo cual le resolvió la situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva por el punible de lavado de  activos, decisión proferida el 31 de los mencionados mes y año.   

          3.  Mediante  proveído del 10 de julio del mismo 2003 el instructor  clausuró  la  investigación  y el 28 de octubre siguiente calificó el mérito  del  sumario,  profiriendo  resolución  de acusación en contra de SAMUEL      GAD     y     Alfonso   Silva   López,  como  autor  y  cómplice,  respectivamente,  del  ilícito  de  lavado  de activos. En la misma  providencia    precluyó    la    investigación   a   favor   de   los   demás  vinculados.   

          4.  En virtud de la apelación interpuesta por los defensores de los  acusados,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 24 de  febrero de 2004, confirmó el pliego de cargos.   

          5.  En  firme  la  providencia  calificatoria,  el  proceso  pasó a  conocimiento  del  Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá,  cuyo   titular   llevó  a  cabo  las  audiencias  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento,  tras  lo  cual  puso fin a la instancia con la sentencia del 16 de  mayo  de  2005,  en  la  cual  condenó  a  SAMUEL GAD  a  las  penas  principales  de 192 meses de prisión y  50.000  salarios  mínimos  legales mensuales de multa, como autor del delito de  lavado de activos agravado.   

          El       a      quo      también   condenó   a   Alfonso  Silva  López,  a  quien le impuso 66 meses de prisión y 400  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  como  cómplice del referido  punible.   

          Los    condenó,    igualmente,    a    la    pena   “principal”  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  lapso  igual  a  la  pena  principal.   

          6.  Con  ocasión de la apelación interpuesta por los defensores de  los  sentenciados,  la  Sala  Penal  de  Descongestión del Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó  las  condenas, pero redujo el monto de las sanciones así: a  GAD  le impuso 108 meses de  prisión   y   500   salarios   mínimos  mensuales  de  multa.  A  Silva  López, por su parte, le irrogó 36  meses   de   prisión   y   250   salarios   mínimos   legales   mensuales   de  multa.   

          Adicionalmente,  a SAMUEL GAD le   aplicó   la   pena  accesoria  de  expulsión  del  territorio  nacional.   

          7.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado  se  mostró inconforme, a  través   del  recurso  extraordinario  de  casación,  el  defensor  del  antes  mencionado.  Admitida  la  demanda  se  remitió  la  actuación  al  Ministerio  Público  para  efectos  de  obtener  el respectivo concepto, cuya elaboración,  como  ya  quedó  visto,  la  cumplió  el  Procurador  Cuarto  Delegado  en  lo  Penal.   

         

LA DEMANDA  

Con sustento en la Ley 600 de 2000, el actor  formula  tres  cargos  contra  la  sentencia  del Tribunal, cuyos fundamentos se  resumen a continuación.   

Primer   cargo  (Principal).  Nulidad:   

          Al  amparo  de la causal tercera de casación, acusa la sentencia de  vulnerar  el debido proceso y el derecho de defensa por contener una motivación  incompleta  o  deficiente.  Al  respecto  sostiene que tanto el fallo de primera  instancia  como  el de segunda aducen la existencia de suficientes indicios para  afirmar  la  responsabilidad del procesado en los hechos constitutivos de lavado  de  activos, enriquecimiento ilícito y de exportaciones ficticias. Sin embargo,  añade,  en dichas decisiones no se vislumbra la construcción de esos indicios,  pues  ni se señalan “los hechos indicadores, de los  medios  de  prueba  que  sustentan  la  afirmación  de  cada uno”,  ni  se indica la inferencia lógica efectuada con sustento en las  reglas  de  la  experiencia,  de  la  ciencia  o  de  la técnica, ni tampoco se  precisan los hechos indicadores.   

          Tras  citar  apartes  del  fallo  de  primer  grado  y  resumir  los  elementos  tenidos  en  cuenta allí para sustentar la condena, sostiene que, en  realidad,  las  consideraciones del a quo no  hacen relación a indicio alguno sino que son meras conclusiones  al  amparo  de  las cuales extrae que la elaboración de los cheques a nombre de  terceros  no  vinculados  con  la  compañía,  así  como  su  endoso y cambio,  constituye  una  conducta  de  lavado  de  activos, exactamente, “de  dinero  proveniente  de  enriquecimiento  ilícito,  incremento  patrimonial  que  a  su  vez  era  obtenido  por  la  comisión  del  delito  de  exportaciones ficticias”.    

          Pero,  según el casacionista, el juzgador no expone las inferencias  lógicas  a  partir  de las cuales deduce que los movimientos realizados con los  cheques  indican el propósito de dar apariencia de legalidad a dinero de origen  ilícito,  como  tampoco por qué arribó a la conclusión conforme a la cual el  capital  ilícito  devino  de  exportaciones  ilícitas, erigiéndose la empresa  ALGAD  EXPORT  LTDA.  en una  mera  fachada  de exportaciones, menos aún, prosigue, se demuestra la comisión  de ese delito.   

          En  su  criterio,  el ad quem  no  llenó  esos vacíos lógicos y, por el contrario, también se  vale   de  conclusiones  que  no  responden  a  construcciones  respetuosas  del  procedimiento  que  es  propio  de  los  indicios,  como  cuando se refiere a la  creación   de   un   “andamiaje”   para        realizar        acciones        de       “triangulación”    de    dinero    de  procedencia  ilegal  a  través  de  la  empresa legalmente constituida, que era  utilizada  para  “blanquear capitales”  o cuando hace referencia a los análisis contables como muestra de  las  irregularidades  de  los  trámites  de  comercio exterior de la empresa, o  cuando   concluye   que   las   empresas   “JACOB   AMINOFF”   y  “AMERIND  INC.” son inexistentes por  no  estar  registradas  en  el  Bureau  de  corporaciones  de la ciudad de Nueva  York.    

          Explicación  sujeta a las reglas indiciarias, sostiene, también se  echa   de   menos   cuando   el   Tribunal  habla  de  indicios  “de mentira y mala justificación”.   

          En  fin,  considera  que  en  las dos sentencias los funcionarios se  limitan  a  mencionar los medios de prueba obrantes en el expediente, tales como  el  informe  de  policía,  las  declaraciones,  las  indagatorias, los títulos  valores  incautados,  el  dictamen  pericial contable y algunos documentos, para  afirmar   que   ALGAD   EXPORT   LTDA.  efectuaba   exportaciones  simuladas  y  también  que  los  dineros  utilizados por esa empresa provenían de una actividad ilícita.   

          Pero,  insiste, de los fallos no se logra entender de qué forma los  juzgadores  llegaron  a  deducir, “a partir de tales  elementos  probatorios,  que  la  compañía  ALGAD  EXPORT LTDA. es una empresa  fachada,  que las exportaciones no se realizaban, que el dinero de sus cuentas y  que  estaba  representados  en  los  cheques  tantas  veces  mencionados  es  de  procedencia  ilícita  y  que  todo  se  reduce  a  un ejercicio de ‘triangulación’   tendiente  a  ocultar  el  origen  ilícito del capital de la compañía”.   

          Considera   quebrantados   los  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  8º  de  la  Convención  Americana  sobre Derechos Humanos y 14 del  Pacto   Internacional   de   Derechos   Civiles   y   Políticos,   entre  otras  disposiciones.  En  punto a la trascendencia del reproche, sostiene que la falta  de  motivación  condujo  a  la vulneración del debido proceso y del derecho de  defensa,  por  cuanto  la deficiente exposición de los fundamentos probatorios,  en  punto a la construcción de la prueba indiciaria, dejó al procesado con una  evidente  confusión  sobre  los motivos de su condena.            

          Solicitó,  por  tanto,  decretar  la  nulidad  de  la  sentencia de  segunda  instancia  para  que  el ad quem emita la de reemplazo, subsanando el vicio advertido.   

          Segundo  cargo  (Subsidiario).  Violación  indirecta de la ley sustancial:   

          Invocando  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el  libelista  denuncia  la  incursión  del  Tribunal  en  seis  errores  de hecho,  así:   

          1. Falso raciocinio:   

          El  yerro,  según  el  actor,  ocurrió cuando el   ad  quem  predica  la  comisión  de la  conducta  punible  con  sustento en el endoso y cambio de cheques efectuados por  personas  no  acreditadas  como  proveedores  de ALGAD  EXPORT  LTDA.,  mecanismo  con  el  cual  se hacía la  triangulación   de   dinero   de   origen  ilícito.   

          En  su criterio, el Tribunal no precisa con claridad el principio de  la  sana crítica que utilizó, aun cuando considera que bien puede ser la regla  de  la  experiencia  conforme a la cual “el hecho de  girar  cheques  a  nombre de terceras personas, sin que fueran proveedores de la  compañía  giradora  de  los  títulos,  y  siendo  endosados  por  éstos para  ingresar  posteriormente  el  dinero  a  la  misma  compañía,  es una conducta  ‘prohibida’”.   

          Para  el  censor,  la  máxima  de  la  experiencia esgrimida por el  fallador  no  se  ajusta a la lógica y a la sana crítica, porque de ella no se  puede  derivar  lógicamente  el  hecho  indicado  de  tratarse  de  dineros  de  procedencia  ilícita.  Si  bien reconoce que esa conducta puede ser inusual, en  todo  caso no es prohibido “que el legítimo titular  de  una  cuenta  gire cheques a nombre de terceras personas con quienes no tiene  relaciones  comerciales  ni laborales, ni está prohibido que estas personas los  endosen,  ni  que se les pague por ello, ni tampoco está prohibido que la misma  empresa  titular  de  la  cuenta los cambie y retorne el dinero respectivo a sus  arcas, ahora en efectivo”.   

          Considera  que  con tal razonamiento el ad  quem  vulneró  el  principio  de la lógica según el  cual  “los  titulares  de las cuentas corrientes en  ocasiones  giran cheques para obtener dinero en efectivo de sus propias cuentas,  operación  que tienen pleno derecho a realizar. Y ello se puede hacer incluso a  través    de    terceros   que   sirven   como   meros   instrumentos   de   la  operación”,  conforme  ocurrió  con  ALGAD   EXPORT   LTDA.,   cuya  conducta  resultó  inocua,  pues  ni  afectó  a  los  endosatarios  ni  al capital de la  compañía.   

          Precisa  que  el  error  es  trascendente,  pues  si  el Tribunal se  hubiera  apegado a las reglas de la lógica su conclusión sería distinta, como  entender  que  la  utilización de cheques para obtener dinero en efectivo de su  propia  cuenta,  incluso  a través de terceros, puede tener meras implicaciones  tributarias  o  fiscales  o  también  que  simplemente la empresa necesitaba el  dinero  para  pagarlo  en  efectivo  a sus proveedores, con ocasión de negocios  como  la  venta  de  esmeraldas  que  tienen  altos  índices  de  informalidad.   

         

          2. Falso raciocinio.   

         

          Lo  predica  respecto del indicio que llevó al juzgador a asignar a  ALGAD   EXPORT   LTDA.  la  calidad     de    empresa    “fachada”,  a  partir  de  considerar  que  sus negocios los realizaba con  compañías  no  registradas  en  el Bureau de corporaciones de Nueva York, como  JACOB  AMINIFF  Y  AMERID  INC.,  o eran manejadas por familiares o porque no se  encontró constancia de esos negocios en un período determinado.   

          Para    el    casacionista,   el   razonamiento   del   ad  quem  no  corresponde  a un análisis  lógico   ni  está  acorde  con  las  reglas  de  la  experiencia,  porque  una  compañía,  a  pesar de haber sido constituida a través de escritura pública,  puede  no  aparecer  en  el  registro  comercial  y  no  por  ello  afirmarse su  inexistencia.  Ello  también  ocurre,  añade, con las sociedades de hecho, las  cuales ni siquiera se materializan en acta o escritura pública.   

          A  veces, señala, tal informalidad ocurre porque, como acontece con  JACOB  AMINOFF,  se  trata  de  una  persona  natural,  caso  en  el  cual no es  obligación registrarse en el Bureau de corporaciones.   

          En   su  criterio,  la  circunstancia  de  pertenecer  las  empresas  comerciales  a  familiares  no  es óbice para afirmar que se dedican a encubrir  sus     verdaderas    actuaciones    ilícitas,    pues    es    “frecuente  que  los  familiares  se  dediquen  al  mismo  ramo  del  comercio  y  que  creen compañías que adelantan negocios entre sí, incluso en  diversos  países.  Además, es importante tener en cuenta que el negocio de las  piedras  preciosas,  y  en  este caso de las esmeraldas, es comúnmente manejado  por  familias,  que  tienen  tradición  en  el  gremio y que realizan esa labor  precisamente    con    sus   propios   familiares”.   

          Considera,  por tanto, que el fallador vulneró los principios de la  sana  crítica derivados del anterior análisis, yerro trascendente porque de no  haber  mediado  lo  habría  llevado  a  entender  que  la  empresa ALGAD  EXPORT  LTDA.  estaba dedicada a la  exportación   de  piedras  preciosas,  para  lo  cual  realizaba  negocios  con  compañías  en el exterior, por cuya venta recibía ingresos de origen lícito.   

          3. Falso raciocinio.   

          Lo  deriva  del  hecho  de  afirmar el sentenciador que el procesado  realizaba   exportaciones   ficticias,   respecto  de  las  cuales  no  obtenía  beneficios  estatales  como  los  denominados  CETS, para concluir de ello en la  demostración  del delito de lavado de activos. El actor infiere que la regla de  la  experiencia  utilizada  por  el sentenciador consiste en que “las  exportaciones  simuladas, en las que no se obtienen beneficios  estatales, generan un incremento patrimonial de origen ilícito”.   

          Considera    que   esa   deducida   afirmación   del   ad  quem  es contradictoria y absurda, de  modo  que  en  su  construcción indiciaria vulneró el principio de coherencia,  pues  no  resulta  lógico  sostener  la existencia de un incremento patrimonial  ilícito,  constitutivo  de  lavado  de  activos  y  derivado  de  exportaciones  ficticias,  a  partir  de  reconocer  en  forma simultánea que la compañía no  recibió   los   beneficios   estatales   propios  de  las  exportaciones.    

         

          Más  aún,  en  su criterio, si la obtención del beneficio estatal  constituye  elemento  estructural  del  delito  de  exportaciones ficticias y el  propio  fallador  acepta  que  dicho beneficio no se presentó, no resulta dable  afirmar  la  realización  de  exportaciones  ficticias  generadoras  de  dinero  ilícito,  conclusión  con  sustento  en  la  cual predica la trascendencia del  cargo,  porque  si  no  hubo  beneficio  estatal  por las exportaciones, no pudo  existir  incremento  patrimonial injustificado y, consecuencialmente, tampoco el  delito de lavado de activos.   

          4. Falso juicio de identidad.   

         

          El  error,  para  el censor, recayó en la certificación procedente  del  Bureau  de  corporaciones  de  Nueva  York,  en  el  cual se señala que la  corporación  JACOB AMINOFF y AMERIND INC. “no está  en    el   archivo”.   Según   el   actor,   dicha  certificación  no  indica,  como lo señala el Tribunal, que las empresas JACOB  AMINOFF   y   AMERIND  INC  no  están  registradas.  En  ese  sentido  sostiene  “que  no es lo mismo buscar en un sistema el nombre  ‘A   Y   B’   que   el   nombre   ‘A’    y    el   nombre   ‘B’”.   

          Considera   trascendente  el  yerro,  porque  bajo  su  sustento  el  Tribunal afirmó la demostración de un hecho indicador.   

          5. Falso juicio de identidad:   

          Según  el libelista, el Tribunal alteró, distorsionó y desfiguró  el  natural  y  obvio  sentido  del dictamen pericial contable y su complemento,  llegando  a  conclusiones  que  realmente  no  se  desprenden  de esos elementos  probatorios.  Así  señala que en dichos medios de prueba el perito, acorde con  lo    solicitado    por    el    instructor,    efectuó    un   “análisis  financiero  horizontal”,  es  decir,  “se  limitó  a  realizar  una descripción  comparativa  de  las  cuentas  sociales  del capital, el activo y los pasivos de  ALGAD  EXPORT LTDA., así como también de las cuentas del estado de pérdidas y  ganancias  por  los  años 1999, 2000 y 2001”, aunque  el  experto  también  intentó  realizar  descripción similar en relación con  algunos  rubros  de  los  estados  financieros de los socios y del representante  legal de la citada sociedad.   

         

          Reseñó  el  actor  que  con  base  en  el  dictamen  contable,  el  ad  quem  dedujo un aumento  patrimonial  injustificado  en  cuanto  entre los años 2000 y 2001 reportó una  diferencia   del   2.312.5%,  pues  de  $157.071.563  pasó  a  $3.632.2999.093,  infiriendo  el  censor  que  tal  aumento ocurrió en relación con la cuenta de  “deudores   varios”,  mientras  que,  acorde  también con las conclusiones del Tribunal, en el estado  de  pérdidas  y  ganancias  pasó  de  $841.088.638,70  para  el  año  2000  a  $5.582.409.300   para   el   año   2001,   el  cual  a  su  vez  incrementó  a  $11.932,745.277,32 con respecto al año 2002.   

          Considera  que  el  juzgador no solamente tergiversó la prueba sino  que  además  ésta  no  tenía  la  capacidad  metodológica  de  acreditar  el  incremento  patrimonial.  Al  respecto sostiene que el dictamen ofrece apenas un  panorama  en  el cual se señalan variaciones episódicas de algunas cuentas del  balance  y  del  estado de resultados, lo cual resulta intrascendente, pues para  tal  efecto se requería precisar no un fenómeno contable sino uno de carácter  jurídico  y  económico,  que  no  se  satisface  con la simple comparación de  cuentas parciales por ejercicios fiscales.   

          En   su  criterio,  la  metodología  adecuada  para  determinar  si  existió   o   no   incremento   patrimonial  exigía  un  ejercicio  global  de  consolidación,  partiendo  del  patrimonio inicial con la identificación de un  momento  determinado  en  el  tiempo  y que combinado con factores tales como la  valorización  de  los  activos,  la  tasa de interés aplicable a los pasivos y  aún  los  factores  exógenos  como  la  situación  de  orden  público  y  el  funcionamiento  de  la  economía  global, permita establecer un valor concreto,  real  y  efectivo  del  monto  de  los  activos, incluso con sustracción de los  pasivos.   

          Tal  metodología,  expresa  el impugnante, se requería porque, por  ejemplo,  el  mayor  valor  de  un activo puede estar compensado, neutralizado e  incluso  superado  por un aumento correlativo en el valor de los pasivos, razón  por  la  cual  el  verdadero  efecto  de  la comparación simplemente contable o  parcial  puede  resultar  absolutamente  relativa,  como  de  manera  palpable e  insólita  ocurre  en la interpretación de la prueba pericial, la cual en parte  alguna  establece  una  situación patrimonial inicial que pudiera ser comparada  con una situación patrimonial final.   

            Precisa  que  tales situaciones se derivan del análisis efectuado  en   la   propia   sentencia,   pues   en   las   cuentas   de   “Deudores    varios”    se    aprecian  variaciones     apreciadas     por     el    Tribunal    como    “significativas”,     sin    analizar  “la  correlación  de  las  mismas  con las cuentas  correspondientes   del   pasivo,   ni   siquiera  con  las  propias  variaciones  intrínsecas  de dicha cuenta en una valoración objetiva y sana, tales como son  las  posibles  provisiones  por  dudoso  recaudo,  las variaciones en la tasa de  interés,  si  tales  deudas se encuentran sometidas a un plazo, la solvencia de  los deudores, etc.”.   

          Por  eso,  le parece que la conclusión derivada por el ad   quem   de  la  mera  variación  del  2.312.5%  en  una de las sub cuentas del activo social es improcedente, pues esa  sola    circunstancia,    vista    de   manera   aislada,   no   “puede  significar  la  existencia de un incremento patrimonial como  el  fenómeno  jurídico  y  económico  al  que  se  refiere  el  tipo penal de  enriquecimiento   ilícito”,   según   la  lectura  efectuada a ese medio de prueba por el Tribunal.   

          Considera,   de  otra  parte,  que  la  exposición  del  estado  de  pérdidas  y  ganancias  presentada  en el peritaje y al cual hace referencia la  sentencia,   no   tiene  injerencia  en  la  situación  patrimonial  objeto  de  análisis,  pues  allí  solamente  se  señala  los  ingresos  y  egresos de un  período  concreto,  sin  demostrar  la  destinación  final  de  los recursos y  tampoco,   por  tanto,  el  carácter  de  tal  destinación  en  la  situación  patrimonial.   En  su sentir, la determinación del neto entre los ingresos  y  egresos  nada  significa  si  en el instante en que el máximo órgano social  establece  un destino para las utilidades o las pérdidas no se indica de manera  expresa la forma como se utilizaron los recursos de tal operación.   

          Para  el  libelista,  finalmente, la tergiversación del significado  objetivo  del  medio  de  prueba  por parte del Tribunal es tal, que confunde el  aumento  de los ingresos con el incremento patrimonial y mezcla cifras asignadas  a  distintas  cuentas  afirmando su pertenencia a un mismo rubro que ni siquiera  existe  en el dictamen pericial, lo cual se comprueba al observar que las cifras  referidas  por  el  juzgador  aparecen,  incluso,  en  párrafos  distintos  del  peritaje.   

          En  conclusión,  estima  que  el  contenido  objetivo  del dictamen  pericial,  por su incapacidad técnica como medio de prueba, no permite analizar  la  posible  existencia de un incremento patrimonial, pese a lo cual el juzgador  sostiene  que de ese elemento probatorio sí se extrae el incremento patrimonial  injustificado,  apreciación  errónea  que  de  no  haberse  presentado hubiera  conducido  a concluir en la no demostración de los tres delitos referidos en el  fallo.   

          6. Falso juicio de existencia.   

         

          Sostiene  el  casacionista  que  el  Tribunal  omitió  apreciar las  certificaciones  obrantes  a  folios  246  y  249  del  cuaderno  #  7,  pruebas  demostrativas  de  que  los  clientes  JACOB  AMINOFF y AMERIND INC.  sí  existían  en  la  ciudad de Nueva  York,  el  primero  como persona natural y el segundo como persona jurídica. En  su  sentir,  dichos  documentos  desvirtúan  la  afirmación  del  ad  quem conforme a la cual se trataba de  empresas  “fachada”, por  cuya  razón debieron ser valorados con desestimación de aquella certificación  donde  erróneamente  se  dio  a  los  dos clientes el tratamiento de una única  empresa.   

          De  manera general, el actor precisó que los errores de hecho antes  referidos  condujeron a vulnerar los postulados de la presunción de inocencia y  tipicidad,  así  como la normatividad probatoria reguladora de la construcción  de  los indicios. De igual manera, consideró que el ataque casacional efectuado  por  la  vía  indirecta  comprendió todos los fundamentos del fallo, de manera  que  la  condena se quedó sin soporte probatorio alguno, desvirtuándose de esa  forma   la   doble   presunción   de   acierto   y   legalidad   de  que  está  revestida.   

          Tercer  cargo  (Subsidiario).  Violación  directa:   

          Con  apoyo  en  el cuerpo primero de la casual primera de casación,  el  impugnante  denuncia en este cargo la vulneración directa de los artículos  310   y  327  del  Código  Penal,  por  interpretación  errónea,  normas  que  describen,  en  su  orden, los delitos de exportación e importación ficticia y  enriquecimiento ilícito de particulares.   

          Sobre  el  primero de esos quebrantos sostiene que el juzgador dejó  de  valorar  el elemento subjetivo requerido por el tipo penal en mención, esto  es,  la  obtención de provecho ilícito de carácter  oficial, con lo cual asignó a la norma un alcance que  no tiene.   

          Lo  anterior,  añadió, porque a pesar de considerar dicho ilícito  como  fuente  del  enriquecimiento  ilícito  y  éste  a su vez como fuente del  delito  de  lavado  de  activos objeto de imputación, el sentenciador concluyó  que  la  sola  simulación  del  acto  de  comercio exterior era suficiente para  afirmar  desde el punto de vista dogmático la tipicidad del punible previsto en  el  artículo  310,  con  lo cual extendió ilimitadamente su cobertura fáctica   

          Asegura  que  el  yerro  es trascendente porque al no presentarse en  este  caso  el  elemento  subjetivo  del  tipo  la  conducta  de  exportación e  importación  ficticia  deviene  atípica y, como consecuencia de ello, también  resultan  atípicos los delitos de enriquecimiento ilícito y lavado de activos.  Esto  por  cuanto,  según  señala,  la  sentencia  reconoce  que esos últimos  punibles  en  mención “conviven en el presente caso  en  una  simbiosis inescindible que requiere de la existencia y verificación de  un  delito  autónomo  que  preste  sostén  al carácter subordinado de los dos  primeros”.   

          En  cuanto  a  la  denunciada  vulneración  del  artículo  327 del  Código  Penal,  empieza  por señalar que el tipo penal allí contemplado es de  resultado,   de  manera  que  para  su  estructuración  se  hace  necesaria  la  obtención  del  incremento  patrimonial  no  justificado, cuyo origen tenga una  conducta  delictiva,  concretada en este caso, según lo consideró el Tribunal,  en el punible de exportación o importación ficticia.   

          Pero,  añadió,  como  quiera que el elemento subjetivo exigido por  el  delito  fuente en mención no se presentó, pues el propio fallador admitió  que  el procesado no obtuvo el provecho oficial referido en el artículo 310 del  Código   Penal,   resulta   imposible   traducir   esa  conducta  en  base  del  enriquecimiento  ilícito  y de manera correlativa en el de lavado de activos, a  cuya   conclusión   hubiera   arribado  el  ad  quem  de  no  haber extendido indebidamente los alcances del  delito de enriquecimiento ilícito.   

          Con  fundamento  en  los  antes  sintetizados  argumentos, el censor  solicitó  casar  la  sentencia  para  decretar  la nulidad del fallo de segunda  instancia o para, de manera subsidiaria, absolver al procesado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

          Respondió  los  cargos  en  el  orden  propuesto por el demandante,  así:   

          Cargo primero. Nulidad:   

          El   Procurador   Delegado  no  aprecia  la  motivación  incompleta  denunciada  por  el  actor.  Contrariamente,  sostiene  que  en  las  decisiones  judiciales  cuestionadas  existen  suficientes  razones  de  hecho  y de derecho  demostrativas  del  punible  imputado  y  de la responsabilidad en cabeza de los  procesados.   Precisa   que   los  fallos  son  expresos,  coherentes,  hilados,  asertivos,   no   hipotéticos   ni   especulativos   y   conservan  una  línea  argumentativa  respetuosa  de una percepción racional probatoria. En síntesis,  añade,  responden a un soporte fáctico, serio, adecuado y contundente, de modo  que respetaron el imperativo de la motivación de las decisiones.   

          Advierte   que  el  reproche  se  sustenta  en  un  grave  error  de  intelección,  al suponer el demandante que los falladores dieron por probada la  comisión   del  delito  de  exportaciones  e  importaciones  ficticias,  cuando  realmente  lo  argumentado en las sentencias es la simulación de operaciones de  exportación.  Más  aún, considera que el actor equivocó la vía de ataque al  cuestionar  la  construcción  indiciaria  realizada por los juzgadores, incluso  creando  sus  propias pruebas indirectas e imponiéndoles su aislado y genérico  razonamiento, contra lo valorado por los funcionarios.   

          De  todas  maneras, es del concepto que los indicios construidos por  los  falladores encuentran soporte en sus elementos estructurantes, sólo que no  están  precisados con la metodología propuesta por el censor, quien al parecer  procura  la  ilación instantánea y sucesiva de cada uno de los presupuestos de  este  medio  probatorio,  desde  el hecho indicador al indicado, pretensión que  socavaría la autonomía e independencia que ampara a los jueces.   

         

          Rechaza,  por ende, el cuestionamiento conforme al cual la decisión  condenatoria  de primera instancia se funda en meras conclusiones. No son tales,  añade,  sino  verdaderos  hechos indicadores integrantes de varios indicios que  no   fueron  denominados  expresamente,  pero  sí  deducidos,  desarrollados  y  circunscritos   a  los  de  mala  justificación  y  modus  operandi,  supuestos  fácticos  indicantes  a  partir  de los cuales se infirió lógicamente que las  actividades  desplegadas  por  SAMUEL GAD enseñan  la  existencia  de un incremento patrimonial injustificado  que no pudo ser explicado satisfactoriamente por el procesado.   

         

          Para  el  Delegado,  tampoco  en  la  sentencia  de segundo grado se  afirman  meras  conclusiones.  En  este  sentido considera que la deducción del  Tribunal     según    la    cual    la    creación    de    un    “andamiaje” para realizar acciones de  “triangulación”   de  dinero  de  procedencia ilegal a través de la empresa legalmente constituida en  orden    a   “branquear   capitales”  enseña  una inferencia producto del ejercicio valorativo integral  de  los  medios  de  prueba  obrantes  en  el proceso.   

          Recordando  que  el  ataque  se  centra  en  tratar de demostrar las  deficiencias  en  la  construcción  indiciaria, reconoce el Ministerio Público  que  si  bien  la  sentencia  de  segunda  instancia  no  es  muy técnica en la  edificación  de  los  mismos,  un  análisis metódico de esa decisión permite  concluir  que  ello  no  constituye  un  defecto  sustancial. Así, por ejemplo,  añade,  cuando  el  Tribunal  alude  a  los  dictámenes contables como pruebas  indiciarias  ha  de  entenderse  que la información vertida en ellos como hecho  indicador  enseña  inferencialmente  un incremento patrimonial injustificado al  cual refiere de manera sucedánea.   

          En  opinión  del  Procurador, además, para afirmar la inexistencia  de    las    empresas   JACOB   AMIFF   y     AMERID     INC.     como    hecho    indicado   el  ad quem tuvo  como  fundamento  probatorio  la  certificación  del Bureau de corporaciones de  Nueva  York.  La  inferencia  relativa a la simulación de exportaciones, por su  parte,  la  deriva  de  la  ausencia de cobro de los beneficios tributarios para  exportadores.  Considera  inexacto,  de  otro  lado, que el sentenciador no haya  explicado   los   indicios   de   “mentira  y  mala  justificación”. El Ministerio Público, finalmente,  se  muestra  en  desacuerdo con la afirmación del impugnante según la cual los  medios  de  prueba  obrantes  en  la  actuación  no  sirven  de fundamento para  soportar la sentencia condenatoria.      

         

          Segundo  cargo. Violación indirecta de la  ley sustancial:   

          Tras  efectuar  una  breve  reseña  acerca  del  poder suasorio que  arrojan  las  pruebas  incorporadas  al  proceso  e  inferir que los juzgadores,  aunque  no  lo  hayan  dicho  expresamente,  construyeron con fundamento en esas  probanzas  los  indicios  de mala justificación, modus operandi, operaciones de  triangulación  de  dinero,  empresas  fachadas  y  exportaciones  ficticias, el  Delegado  pasó  a  responder  la censura orientada a demostrar la existencia de  errores de hecho, según el siguiente resumen:    

          Falsos raciocinios:   

          Al  entender  que  los  tres errores de esa naturaleza conservan una  misma  línea  argumentativa  los  estudió  de  manera  conjunta,  para lo cual  empezó  por  resaltar  la  indebida  postura  del  censor  que bajo la afirmada  dificultad  para  atacar  la  prueba indiciaria por su construcción deficiente,  complementa  de  manera  sofística  con  sus  propios razonamientos los vacíos  encontrados  frente  a los elementos del indicio a los que, a su juicio, acudió  el  Tribunal  en  el  proceso  lógico  de  edificación  del mismo, con lo cual  termina  fundándose  en  conjeturas  o  especulaciones   sin ser fiel a la  providencia  donde  no  se  contempló que determinado hecho indicador haya dado  lugar   a   cierta   inferencia   lógica,  pues  el  análisis  probatorio  del  ad  quem fue integral y los  indicios  los  generó  con sustento en deducciones lógicas alcanzadas a partir  de los hechos indicadores en conjunto.   

          Con  todo,  abordó  el  Ministerio  Público  el examen de los tres  indicios  deducidos  por  el  actor  para cimentar los falsos raciocinios. Así,  sobre  aquel  referido  a  la  triangulación  de dinero de origen ilícito cuyo  hecho  indicador  es  el  endoso  y cambio de varios cheques por personas que no  eran  proveedores  de  ALGAD EXPORT LTDA.,  advierte inexacta la afirmación del censor porque la conclusión  del  Tribunal  no  devino  de  esa  sola  circunstancia  sino que tuvo en cuenta  además  la relación comercial establecida con corporaciones con sede en Estado  Unidos  que  resultaron  tener relaciones familiares y no tener objetos sociales  similares.    

          Para  el  Delegado, además, no resulta afortunada la reflexión del  casacionista  cuando  sostiene  que  los  titulares de las cuentas corrientes en  ocasiones  giran cheques para obtener dinero en efectivo de sus propias cuentas,  utilizando  inclusive  terceros  como instrumentos de la operación. Al respecto  replica,  tal como lo concibieron los juzgadores, no ser lógico que para lograr  dicho  cometido  se recurriera a mecanismos tan complicados como buscar personas  ajenas  al  giro  ordinario de los negocios, a fin de suplantar a los verdaderos  proveedores  y  ponerlos como primeros beneficiarios de unos cheques girados por  cuantiosas  sumas  de  dinero, por cuyo endoso se les pagaba la suma de $30.000,  pago   que   se   hacía   a   través   de  un  intermediario,  “prosiguiendo  luego  con  la  cadena  endosataria  en cabeza de los  empleados  de  la  empresa  y  culminando  con  su cobro y entrega del dinero en  efectivo a SAMUEL GAD”.    

          La   realización   de   tan  complicado  procedimiento  no  resulta  explicable  ni  siquiera  con  el  argumento  de  que  se trataba de una ingenua  actividad  encaminada  a  obtener  efectivo  para  pagar  proveedores,  dado  el  comercio  informal  que  es  propio  del  negocio  de  las esmeraldas, porque en  criterio  del  Delegado,  lo  lógico  hubiera  sido girar un solo cheque por el  total  del  monto requerido y con el dinero en efectivo pagar a los proveedores,  aunque  considera  que  atendidos  los  altos  flujos  de  dinero  manejados por  ALGAD  EXPORT  LTDA.  y  la  calidad   de   las   esmeraldas   y   joyas   que   comercializaba  –tipo   exportación-   lo   coherente  habría  sido  que  los  pagos  los hiciera a través de cheques, máxime cuando  así lo declararon la secretaria y la contadora de la firma.   

          En   punto  a  los  proveedores,  no  obstante  las  contradictorias  declaraciones  de  Ana  Eloisa  Garzón  y    Ruth   Aseneth   Pinto,  para  el representante de la sociedad se probó con las injuradas  de  los beneficiarios de los cheques capturados que ninguno de ellos corresponde  a  los  verdaderos  destinatarios de la supuesta transacción comercial, sin que  resulte   atinada  la  excusa  de  la  señora  Pinto  conforme  a  la  cual  se  acudió  a  esa  clase  de  beneficiarios  ante la necesidad de hacer los asientos contables de compra de la  mercancía,  pues  en  el  proceso se acreditó que no era la primera vez que se  acudía a tales prácticas.   

          Consideró,   finalmente,   que  los  reportes  de  exportaciones  a  compañías  en  el  exterior   y  de  los  correspondientes reintegros, no  coinciden  con los dictámenes contables conforme a los cuales tales operaciones  sólo  fueron  cuadradas  contablemente  2  años después de hacerse la primera  inspección   judicial   sobre   los   libros   y   sistemas   contables  de  la  empresa.   

          En  relación con el segundo indicio referido por el censor, alusivo  al  uso  de  una  empresa fachada para la realización del lavado de activos, el  Ministerio  Público  es  del  parecer  que el ad quem  erró  al  señalar  que  las empresas JACOB AMINOFF y  AMERIND   INC.  no  estaban  inscritas   en   el   registro   mercantil  y  además  que  no  se  encontraron  transacciones  entre  DISCOVERY  MINES COMPANY y ALGAD  EXPORT.   LTDA.   porque  el  expediente  enseña  lo  contrario.   

          Sin  embargo,  estima  que  ello  no  hace  perder  relevancia  a la  pretendida   apariencia   de  operaciones  de  exportación  entre  ALGAD   EXPORT   LTDA.  y  las  empresas  DISCOVERY    MINES    COMPANY,   cuyo   gerente   es   el   mismo   SAMUEL  GAD, AMERIND INC., de propiedad de  su       hermano      Salomón,      y    AMGAD  INTERNACIONAL  INC.  o  ALBERT  GAD INT’L,   de   propiedad  de  su  otro  hermano  de  nombre  Albert   Gad.   En  su  criterio,  tales  operaciones,  en  principio, podrían ser legítimas, pero se desvirtúan por el  resto  de  indicios  y  material  probatorio,  conforme  al  cual las relaciones  comerciales  de  propiedad de la misma persona o de sus familiares constituye un  elemento    intrínseco,   propio   del   modus   operandi   de   las   empresas  fachadas.   

          Finalmente,  con  respecto  al  tercer  indicio  consistente  en  la  obtención  de  dineros  de procedencia ilícita derivado de las “simuladas  exportaciones” realizadas por  ALGAD   EXPORT  LTDA.  sin  beneficiarse  de los CERTS, el Delegado encuentra que para construirlo el censor  desdibujó  absurdamente  el  planteamiento  del Tribunal, el cual nunca sostuvo  que  el  incremento  patrimonial  derivara del hecho de no recibir el mencionado  beneficio tributario.   

          Contrariamente,   añade,   el   ad  quem  dedujo  la  existencia  de  exportaciones  ficticias a  partir  de  la  no  obtención  de  los  beneficios  y  la  falta de pagos de la  compañía  DISCOVERY  MINES  COMPANY  a  ALGAD EXPORT  LTDA.,  porque  si esta última compañía se dedicaba  al  negocio  de  las exportaciones lo lógico y usual era que se beneficiaria de  los  CERTS.  En  consecuencia,  el  no hacerlo indica que las exportaciones eran  ficticias.  El  juzgador,  concluye  el  representante  de  la  sociedad,  no se  refirió   al   delito   de  exportación  o  importación  ilícita,  sino  que  simplemente  hizo  alusión  a  la  comprobada  simulación  de la operación de  comercio exterior como supuesto fáctico y no como tipo penal.   

          Falsos  juicios  de  identidad  y  existencia  relacionados  con la  prueba documental obtenida mediante exhorto:   

          Analiza  aquí los ataques del censor referidos a la tergiversación  de  la  certificación  en  la  cual  el  Bureau  de corporaciones de Nueva York  informó  que  la empresa JACOB AMINOFF Y AMERIND INC. no está registrada en el  archivo  y la falta de apreciación de las certificaciones donde por separado el  mismo  Bureau  señaló  que  la corporación AMERIND INC sí está registrada y  que  JACOB AMINOFF es una persona natural que está habilitada para recaudar los  impuestos  de  ventas  y/o  de  compensación por uso.             

          Para  el  Delegado,  desde  el  punto de vista de la literalidad, el  Tribunal  sí  distorsionó la primera de las referidas certificaciones, pues le  adicionó  al término “corporación” el  carácter  plural  para  suponer  que  ambas empresas no estaban  registradas.  En  su  criterio,  sin  embargo,  dicha  prueba  es inidónea para  determinar  si  estaban  o  no  autorizadas  para  ejercer el comercio en Estado  Unidos,  pues  de  manera  equívoca  la  consulta  se  efectuó como si las dos  conformaran una sola empresa.   

          Por  eso,  considera  perfectamente  acreditado  el  falso juicio de  existencia  también  denunciado,  pues en realidad el juzgador dejó de valorar  las  dos  certificaciones  adicionales en las cuales, contrario a lo afirmado en  la  sentencia,  indican  que tanto JACOB AMINFF como AMERIND INC sí existen. De  todas  maneras,  estimó  que  el  yerro  no es trascendente, pues la condena se  soportó  en  otras  pruebas  que,  igual,  llevan  a  la  convicción  sobre la  responsabilidad penal de los procesados.   

          Al  respecto  es  del  criterio  que “la  existencia  de  operaciones  de  triangulación de dinero ilícito y de empresas  fachada  puede  inferirse  fundamentalmente  de  las  supuestas  operaciones  de  comercio  exterior  entre ALGAD EXPORT LTDA. y DISCOVERY MINES COMPANY y AMERIND  INC.,  representadas  legalmente  por  él mismo y su hermano SALOMÓN GAD, cuyo  objeto  social  en  nada  se  relaciona  con  el  comercio  de piedras preciosas  –corporación de negocios  domésticos-,  luego  el  registro  o no de las empresas señaladas atrás, o su  existencia  jurídica  en  nada varía la deducción lógica del Tribunal en tal  sentido”.   

          Falso  juicio  de  identidad  relacionado  con  la  prueba pericial  contable:   

          Precisa  que  en  este  reproche  el actor en realidad se muestra en  desacuerdo  con  la  idoneidad de la prueba pericial, razón por la cual la vía  de  ataque  es  equivocada,  pues  debió a acudir al falso juicio de legalidad,  demostrando  que  la  pericia no reúne las mínimas exigencias de ley. De todas  maneras,  estimó  que ese elemento de prueba no resulta inidóneo, incompleto o  deficiente,  a  pesar  de tratarse de un análisis financiero donde solamente se  evaluó  el balance general y el estado de pérdidas y ganancias en dos espacios  temporales,  pues  cumple los requisitos previstos en el artículo 251 de la Ley  600   de   2000  relativos  a  la  claridad,  precisión,  explicación  de  las  investigaciones  efectuadas  y  los  fundamentos  técnicos de las conclusiones.   

          Aunque  en  relación  con  la  falta de capacidad metodológica del  dictamen   para   acreditar  la  existencia  o  no  del  incremento  patrimonial  injustificado,  considera que la defensa pudo controvertir el experticio inicial  pidiendo  su  aclaración,  ampliación  o adición e incluso su objeción, pero  sólo  se solicitó su aclaración sin que allí se lograran explicar las graves  inconsistencias  alegadas,  al  punto  que los peritos reafirmaron la certeza de  sus  conclusiones.  Ese  silencio,  añade,  conduce  a que todo cuestionamiento  sobre su validez devenga improcedente en sede de casación.   

          Tampoco  el  Ministerio  Público  avizora  la presencia de un falso  juicio  de  identidad  en  el  análisis  del  Tribunal.  En  su  criterio,  los  argumentos  del demandante se concretan a expresar de manera general la presunta  existencia  de  tergiversaciones  sin  lograr  precisarlas,  salvo en tres vagos  aspectos  que  solamente  enseñan  su particular justificación en términos de  conjetura.    

          El  primero  de esos vagos aspectos, precisa el Delegado, se refiere  a  la  afirmación  del  sentenciador  acerca  de  la  existencia de variaciones  significativas  en  la  cuenta  de  deudores  varios,  en cuanto el ad  quem  no  las  correlacionó  con las  cuentas  del  pasivo  o con “las propias variaciones  intrínsecas”,  las  cuales podrían ocurrir por las  posibles  provisiones  por  dudoso  recaudo,  las  variaciones  en  la  tasa  de  interés,  el sometimiento a plazo de las deudas o la solvencia de los deudores,  de  modo  que,  por  ejemplo,  la  sola  variación del 2.312.5% de la cuenta de  deudores  no  significa  un  incremento  patrimonial  injustificado.   

          En  relación con el monto del incremento, el Ministerio Público no  encuentra  que  el  juzgador,  pese a incurrir en inconsistencia frente al saldo  del  año  2001,  haya  tergiversado  el dictamen porque la conclusión sobre el  asombroso  aumento  del  activo en un corto período de tiempo -1 año-, respeta  estrictamente  el  contenido  literal  de la prueba. Sobre el particular, estima  que  la  falta  de  confrontación  del  referido  resultado  contable  con  las  “variaciones     intrínsecas”    antes  que  promover  la  lectura objetiva del peritaje, promueve su  adición con puras conjeturas.   

          De   cualquier  forma,  asegura  que  ninguna  de  las  hipotéticas  justificaciones  aludidas  por  el  actor  en  orden  a  desvirtuar  el  marcado  incremento  en la cuenta de deudores se demostró en el proceso. En ese sentido,  tal  como  se  destaca  en  el  informe  contable,  se  pregunta  cómo  es  que  tratándose  de  una  empresa  típicamente de carácter exportador, el rubro de  deudores-clientes  en  el  exterior  no registre saldo alguno en los balances de  los  años  examinados,  sin  que  sea  de  recibo  el  argumento del sistema de  comercialización    mediante   pago   por   anticipado,   porque   lo   probado  “por   lo   menos   contablemente”  es  que  la  empresa  estaba  vendiendo  prácticamente  de contado.   

          Para  el  Procurador  Delegado,  llama la atención también que una  empresa  que  registra ingresos de $5.604.853.463,99 en el estado de ganancias y  pérdidas  comparativo  de  2000  y 2001, deliberadamente opta por prestar a sus  deudores  varios  la  suma  de  $3.770.454.949,  es  decir,  más del 67% de sus  ingresos,  con  el  agravante  de  que  ese préstamo tuvo como destinataria una  empresa   de   propiedad   de   la   compañera   permanente   de   SAMUEL  GAD,  quien contaba con 19 años,  con  escaso  grado  de  bachiller,  sin profesión u oficio lucrativo conocido y  cuya compañía ni siquiera recibía anticipos del exterior.   

          Encuentra    así    injustificados   los   inusitados   incrementos  patrimoniales  de  las  cuentas  principales  del balance general y el estado de  pérdidas  y  ganancias,  sobre  todo  tratándose de una empresa constituida en  1995   con  un  capital  social  de  escasos  $50.000.000  y  en  donde  existen  inconsistencias  en  los registros y soportes contables, tales como la presencia  de  comprobantes  de  egreso con doble numeración e inexistencia de facturas de  compra   de  la  mercancía.                 

          Sobre  el segundo de dichos aspectos, concretado por el censor en el  hecho  de que los estados de pérdidas y ganancias sólo demuestran los ingresos  y  egresos  de  un  período,  pero no la destinación final de los recursos, el  representante  de  la  sociedad no advierte tampoco tergiversación alguna, pues  ciertamente  dichos  estados  reflejan  en  los  dos  períodos  en  mención la  existencia  de  una gran cantidad de ingresos operacionales que si bien aparecen  parcialmente   contrarestados   por   los   egresos,   para  arrojar  utilidades  relativamente  pequeñas,  son  indicativos de grandes flujos de dinero ilícito  que quisieron ser soportados en aparentes operaciones comerciales.   

          A  este  respecto  no encuentra lógico que una empresa con tal alto  supuesto  nivel  de  exportación  pase  de  tener  pequeñas  utilidades en sus  ejercicios,  es  decir,  $4.742.016,12  en  el  año 2000 y $19.722.535,98 en el  2001,  a ganar $127.897.633,02 en el 2002, cifra si bien no muy significativa en  términos  numéricos, sí lo es porcentualmente hablando, pues corresponde a un  incremento del 648,48%.   

          De  todas  maneras,  recuerda  que  en  la  dinámica  del lavado de  activos   resulta   irrelevante  la  obtención  efectiva  de  utilidades,  pues  cualquier  dinero  ilícito  que  se logre introducir  en la economía, aun  existiendo  pérdidas,  formalmente  hablando, será ganancia para el lavador de  capitales.   

          Señala,  finalmente, que tampoco aquí el actor logra demostrar las  especulaciones   planteadas   para  justificar  el  efecto  patrimonial  de  las  utilidades,   pues   éstas   ni   fueron   dispuestas  como  dividendos  ni  se  incrementaron  las  reservas  sociales  y  muchos  menos  sirvieron para enjugar  pérdidas de ejercicios anteriores.   

          El  tercero  y  último  aspecto  vago  referido  por el demandante,  según  el  representante  de  la sociedad, estriba en confundir el Tribunal los  ingresos  con  el  incremento  patrimonial,  en  cuanto  mezcló “cifras  asignadas a distintas cuentas afirmando que pertenecen a un  mismo  rubro  que  ni  siquiera  existe  en  el dictamen pericial”.   

          Tras  comparar  lo  que  al  respecto  expresó  el  Tribunal con el  contenido  del  dictamen, el Delegado concluye que la colegiatura, pese a no ser  prolija,  sí  fue  precisa en identificar el monto porcentual exacto en el cual  se   incrementó   el   patrimonio   –relativo  a  la  subcuenta  de  resultados  del ejercicio-, esto es,  548.8%  y  la  cantidad  de  incremento  advertido en los estados de pérdidas y  ganancias,     claramente     observados    en    la    cuenta    de    ingresos  operacionales.   

         

          Recomendó,  además,  no  perder  de  vista  que  el aumento de los  ingresos  necesariamente  tiene  efectos  sobre  el  patrimonio,  pues puede ser  afectado   favorable   o   desfavorablemente,   según   existan   pérdidas   o  ganancias.   

          Tercer  cargo.  Violación  directa de la  ley   por   interpretación  errónea  de  los  artículos  310  y  327  del  C.  P.:   

          Al  respecto  dice  no  ser  cierto  que  los juzgadores se hubieren  apoyado  en  el  delito  de  exportación  o  importación  ficticia como delito  subyacente  del  enriquecimiento  ilícito  de particulares, pues simplemente se  limitaron  a  describir una de las modalidades del lavado de activos consistente  en la simulación de exportaciones.   

          De  ahí,  añade,  que el Tribunal dejara de considerar el elemento  subjetivo  del  tipo penal previsto en el artículo 310 referido a la obtención  de  un  provecho  ilícito.  En  este  sentido  estima curiosa e impertinente la  afirmación  del  censor  en  el  sentido  de no ser punible como exportación o  importación  ficticia  la  simulación  total  o  parcial  del acto de comercio  exterior  si  se  encuentra  dirigida  a  la  obtención  de  un “provecho  ilícito no oficial”, pues con  tal   tesis   tiende  a  legitimar  y  legalizar  la  exportación  ficticia  de  mercancías   para   la  obtención  de  “cualquier  provecho  ilícito,  diferente al oficial”, olvidando  que ese comportamiento constituye el delito de lavado de activos.   

          En  su  concepto,  tampoco  es  cierto que no sea dable sostener una  condena  por el punible de lavado de activos sin la existencia de un tercer tipo  penal  que  complemente  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito,  cuando  los  recursos   productos  del  lavado  provengan  precisamente  del  enriquecimiento  ilícito,  pues  el  primero de los referidos delitos (lavado de activos) es una  conducta  autónoma,  razón  por  la  cual  no  requiere  que el comportamiento  delictivo  base  esté judicialmente declarado, sino es suficiente una razonable  ilación  entre  el  actuar  y  las  diferentes  manifestaciones  de la conducta  punible de lavado de activos.   

          Tras  soportar  la anterior postura con cita jurisprudencial de esta  Corporación,  el  Ministerio Público considera, consecuencialmente, carente de  toda  fundamentación la pretendida interpretación errónea del Tribunal acerca  del  sentido  del  artículo  327.  Sobre el particular, califica de inexacta la  afirmación  del  censor  conforme  a  la cual el juzgador dijo que el procesado  “se  enriqueció  ilícitamente  a  través  de  la  conducta  delictiva  de  exportación ficticia, aun cuando no obtuvo el provecho  oficial que califica ese delito”.   

          Casación oficiosa.   

          El  Procurador  Delegado advierte que el a  quo  incurrió  en  grave  yerro,  no corregido por su  superior,   cuando   dosificó   la   pena  a  SAMUEL  GAD,  pues  ante  la concurrencia de una circunstancia  específica  de  agravación  que  imponía  aumentar la sanción de una tercera  parte  a  la  mitad, invirtió la regla prevista en el numeral 4º del artículo  60  del  estatuto punitivo, en cuanto al mínimo legal le aplicó la proporción  mayor, mientras al máximo la proporción menor.   

          Solicitó,   por   tanto,  subsanar  el  error  imponiendo  la  pena  correcta.   Según   el  Ministerio  Público,  el  equívoco  del  a  quo  se extendió también a la pena de  multa,  pero  como  su  reparación implicaría irrogar 666,66 salarios mínimos  legales  mensuales,  ello  conduciría a vulnerar la garantía fundamental de la  no reformatio in pejus, pues  el  ad  quem  determinó por  esa sanción apenas 500 salarios del referido valor nominal.    

          De  otra  parte,  pidió  estudiar  la posibilidad de restablecer la  ruptura   del  principio  de  la  no  reformativo  in  pejus,  porque el Tribunal, no obstante el silencio al  respecto  del juzgado, impuso a SAMUEL GAD,   ciudadano  extranjero,  la  pena  accesoria  de  expulsión  del  territorio  nacional.  Ello,  precisó,  salvo  considerarse que se trata de una  mera  medida  de carácter administrativo, “teniendo  en  cuenta  que  su  imposición guarda una estrecha relación entre la conducta  reprochada   y   la  sanción  accesoria…,  activando  entonces,  la  función  preventiva de la sanción”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Por  respetar  el principio de prioridad, la Sala se referirá a los  cargos de la demanda en el orden propuesto por el actor.   

         

          Primer cargo. Nulidad:   

          Según   el   censor,   las  sentencias  contienen  una  motivación  incompleta,  porque los juzgadores no construyeron los indicios al amparo de los  cuales  dedujeron  la  responsabilidad  del procesado, de modo que ni señalaron  “los  hechos  indicadores,  de los medios de prueba  que  sustentan  la  afirmación  de  cada  uno”,  ni  indicaron  la  inferencia  lógica  efectuada  con  sustento en las reglas de la  experiencia,  de  la  ciencia o de la técnica, ni tampoco precisaron los hechos  indicadores.   

          La   jurisprudencia   de  la  Sala  tiene  dicho  que  una  adecuada  fundamentación  de  las  providencias  judiciales es requisito indispensable no  sólo  para  garantizar  el  debido  proceso  sino  para posibilitar el adecuado  ejercicio  del  derecho de defensa, pues sólo si el sujeto pasivo de la acción  conoce   las   razones  de  las  decisiones  tendrá  los  elementos  de  juicio  suficientes   para   controvertir   aquellas  que  desfavorecen  sus  intereses.   

          En  ese  sentido,  ha dicho la Corte que los defectos de motivación  de  la  sentencia  con carácter invalidante consisten en: (i) ausencia absoluta  de  motivación,  la cual ocurre cuando no se precisan los fundamentos fácticos  y  jurídicos  que  soportan el fallo, (ii) motivación incompleta o deficiente,  que  surge  cuando su sustento es tan precario que no se alcanza a saber cuáles  son   las  razones  de  la  decisión,  (iii)  motivación  equívoca,  ambigua,  dilógica  o ambivalente, defecto que se presenta cuando la providencia contiene  conceptos  o  argumentos  excluyentes  entre sí, en tal forma que finalmente se  ignora  el  sentido de la motivación o cuando las razones expuestas en la parte  motiva  no explican lo decidido en la resolutiva, y (iv) motivación sofística,  aparente  o  falsa,  si  la  fundamentación  no  está  respaldada en la verdad  probada         en         el         proceso1.   

          Como  se  observa,  el  censor  alude al segundo de dichos defectos.  Pero   para   la   Sala,   contrariamente,   los   fallos  sí  dejan  traslucir  suficientemente  los  fundamentos tanto fácticos como jurídicos, los cuales se  expusieron  de  manera  clara,  precisa  y  coherente,  de  manera  que  ninguna  afectación   al   debido   proceso   ni   al   derecho   de  defensa  es  dable  predicar.   

   

          Sostiene  el  demandante que tanto la sentencia de primera instancia  como  la de segunda contienen meras conclusiones, mas no indicios construidos de  acuerdo  con  las reglas legales establecidas para el efecto. Se aparta la Corte  de  esa  afirmación. Si se leen detenidamente las providencias, se advierte que  los  juzgadores  mencionaron  los elementos probatorios con cuyo apoyo derivaron  los  hechos  indicadores  a  partir  de  los  cuales infirieron que el procesado  SAMUEL  GAD  utilizaba  la  empresa  ALGAD  EXPORT LTDA.  para  lavar  dinero  de  origen  ilícito,  cuyo ingreso pretendía justificar a  través de exportaciones simuladas.   

          En  efecto,  obsérvese  cómo  el  a quo  a partir de pruebas tales como el informe policial, la  declaración  del  Subintendente  Ricardo Díaz Tejero  y  las  versiones  de  las  personas  capturadas  con  ocasión  del  operativo  policial  que  generó  la investigación, incluida la  rendida    por    el    procesado    Alfonso   Silva  López,   así   como   el  testimonio  ofrecido  por  Ana    Eloisa   Garzón,  secretaria    de    la    empresa    ALGAD   EXPORT  LTDA,  encontró  demostrado  el giro por parte de esa  compañía  de  un  gran  número  de  cheques  por  enormes  cantidades,  cuyos  beneficiarios  eran  personas  que no tenían ninguna relación con dicha firma,  pero a quienes se hacia aparecer como acreedoras de la empresa.   

          De  acuerdo con el fallador de primer grado, esas probanzas también  acreditaron  que  los  beneficiarios  venían siendo reclutados por Silva  López, por cuya labor recibía por  cada  uno  la  suma  de $50.000 y, a su vez, a aquellos por endosar los títulos  valores  se  les  pagaba  $30.000.  Además,  esos  cheques  posteriormente eran  endosados  nuevamente  por empleados de la compañía cuando realizaban su cobro  bancario,  cuyo dinero terminaba ingresando a las arcas de la empresa, aunque en  algunas     oportunidades     suplantaban     la    firma    del    beneficiario  inicial.   

          Con   fundamento   en   tales  hechos  indiciarios  el  a  quo  razonó que quien decide circular  dinero  mediante  el giro masivo de cheques, en las condiciones vistas, no tiene  otra  pretensión que “dar apariencia de legalidad o  legalizar      recursos      mal      habidos”2.   

          A  lo  anterior  el  sentenciador  de primer grado sumó el hecho de  aparecer  demostrado,  a  través  del dictamen pericial contable, un incremento  patrimonial  considerable  que  el  procesado  pretendió  justificar  con  unas  exportaciones  ficticias  exentas  de  un  adecuado soporte contable, infiriendo  así  que  dicho  incremento  devino  de actividades propias del enriquecimiento  ilícito.   

          El  a  quo,  en  síntesis,  condensó de la  siguiente  manera las pruebas indiciarias con sustento en las cuales fundamentó  la responsabilidad del acusado:   

          “…  las irregularidades protuberantes  del  manejo  contable  de  la  empresa,  las  múltiples  operaciones  ficticias  realizadas,  importaciones  inexistentes,  giro  de cheques a nombre de personas  que  no  tienen  relación  con  el  objeto  social de la empresa…, entrega de  cheques  a personas que no tienen vínculo comercial o económico con la empresa  para   que  se  endosaran  y  regresarlos  luego  a  la  misma…”3.   

          A  su  turno,  el  Tribunal, para fundamentar la responsabilidad del  acusado   SAMUEL  GAD,  con  cimiento  en  las  mismas  pruebas analizadas por el a  quo,  también  hizo referencia al uso por parte de la  empresa  de  vendedores  ambulantes,  ajenos  totalmente  a esa compañía, para  girarles    cheques    por   cuyo   endoso   les   cancelaba   contraprestación  dineraria.   

          El      ad      quem     aludió   igualmente   al   dictamen   pericial,  complementando  el  análisis   efectuado   por  el  a  quo  al  respecto,  en cuanto se refirió porcentualmente a los sensibles  aumentos  que  experimentó  tanto  el  patrimonio como el estado de pérdidas y  ganancias  de  la  empresa;  de  igual  manera,  consideró el doble registro de  egresos  como  irregularidad  también  evidenciada  en  la  contabilidad  de la  misma4.   

         

          Si  bien, como lo estimó el Procurador Delegado, el Tribunal no fue  muy  técnico cuando denominó indicio al dictamen pericial, lo cierto es que de  los  fundamentos  de  la  decisión  fácilmente se desprende que en realidad se  refirió  a  los  hechos  indicadores  surgidos  de  dicha  prueba que denominó  indicios  de  mentira y mala justificación y a partir de los cuales infirió el  incremento patrimonial injustificado.   

          El  fallador de segundo grado, adicionalmente, hizo mención a otros  elementos  indiciarios,  frente  a  los  cuales  también efectuó la respectiva  fundamentación.  Tales:  la circunstancia de que un hermano suyo era el gerente  de  una  de  las  empresas  con  las  cuales  supuestamente  se  realizaban  las  negociaciones   de   exportación.   Igualmente,  el  hecho  de  que  las  otras  compañías  no  se  encontraban  registradas  en  el Bureau de corporaciones de  Nueva   York5.    Finalmente,   el   no   cobro   por   parte   de   ALGAD EXPORT de los CETS.   

          Los  dos  primeros  hechos  indiciarios  adicionales en mención los  soportó  el  Tribunal  probatoriamente  con  certificación allegada al proceso  procedente  del mencionado Bureau. De ellos infirió las exportaciones ficticias  y,  por  consiguiente,  el  origen  ilícito  de  los ingresos reportados por la  empresa  del procesado, inferencia construida a partir del razonamiento conforme  al   cual   se   trata   de   hechos   graves  característicos  “de     la     entidad     fachada”6.   

          El  tercer  hecho  indicador,  a  su  vez,  también  le  sirvió al  ad  quem  para  inferir  lo  relacionado  con  la  simulación  de  exportaciones,  pues,  de  acuerdo con el  sentenciador,  lo usual es que quien efectúa exportaciones legales se beneficie  de        los        famosos        “CERT”7   

.   

          Comparte  la  Sala,  en consecuencia, la apreciación del Ministerio  Público  conforme  a  la  cual la afirmada motivación incompleta surge, de una  parte,  de  la  errada  comprensión de la sentencia, al estimar el casacionista  que  el  Tribunal  dio  por  demostrada  la existencia del delito previsto en el  artículo  310  del  estatuto  punitivo,  denominado exportación e importación  ficticia, cuando ello no es cierto.   

          Y,  de  la  otra, de exigir la fundamentación de las providencias a  partir  de  una  específica  y particular fórmula, en la cual el juzgador deba  metódicamente  explicar individualmente cada uno de los hechos indicadores, con  el  señalamiento  del  elemento probatorio que le sirve de soporte, la mención  del  razonamiento  lógico  considerado por el fallador y el hecho concretamente  indicado,  cuando  ese tipo de exigencia, ciertamente, vulnera los principios de  la autonomía e independencia judicial.   

          La  obligación  funcional  del  juzgador, derivada del requisito de  motivar  sus  decisiones,  es  ofrecer  una  fundamentación  coherente,  clara,  precisa  y  suficiente,  sin  que  la  ley  le  exija  acudir  a una determinada  metodología,  ni  siquiera  cuando  la  sentencia  se  sustenta  en  la  prueba  indiciaria,  pues  al  respecto  la  única  exigencia  del legislador (art. 287  C.P.P.  de  2000),  es  la  de  apreciarlos  en  conjunto  teniendo en cuenta su  gravedad,   concordancia   y   convergencia,  como  en  efecto  procedieron  los  falladores en el presente caso.   

          El reproche, por tanto, debe desestimarse.   

          Cargo  segundo. Violación indirecta de la  ley sustancial:   

          Como  se recuerda, en este reproche el actor postula seis errores de  hecho,  tres  por  falso raciocinio, dos por falso juicio de identidad y uno por  falso  juicio  de  existencia. La Sala los estudiará agrupando aquellos errores  que conserven una misma línea argumental.   

          1.  Falso raciocinio derivado del giro de  cheques:   

          La  Sala  tiene  precisado  que esta modalidad del error de hecho se  presenta  cuando  el juzgador en la labor de apreciación de las pruebas vulnera  los  principios de la sana crítica integrados por las reglas de la experiencia,  los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.   

          Esa  vulneración  debe  ser  ostensible, de modo que no hay lugar a  afirmar  la  presencia  de  un  falso raciocinio si la discusión gira tan sólo  alrededor  del  alcance  suasorio  de  las  pruebas.  En  otras  palabras,  para  demostrar  la  incursión  en  esa  clase de error de hecho y, por consiguiente,  destronar  la  sentencia “es menester comprobar que  el  juez  abandonó la razón, convirtió su arbitrio en escueta liberalidad, se  alejó  del diario discurrir, de la lógica o de las directrices que, aun cuando  eventualmente  relativas, ha signado una ciencia o una disciplina”8.   

          El   yerro  de  tal  connotación  lo  cifra  el  impugnante  en  la  afirmación  del  Tribunal  conforme  a  la cual “el  hecho   de  girar  cheques  a  nombre  de  terceras  personas,  sin  que  fueran  proveedores  de  la  compañía giradora de los títulos, y siendo endosados por  éstos  para  ingresar  posteriormente  el  dinero a la misma Compañía, es una  conducta                ‘prohibida’”  que,  por  ende,  indica  que  se  trataba  de  dineros de procedencia ilícita.   

         Según  el  demandante,  la  regla de la experiencia aplicada por el  fallador  no  se ajusta a la lógica y a la sana crítica y es desconocedora del  principio  de  la  lógica  al  amparo del cual “los  titulares  de  las  cuentas  corrientes  en ocasiones giran cheques para obtener  dinero  en  efectivo de sus propias cuentas, operación que tienen pleno derecho  a  realizar. Y ello se puede hacer incluso a través de terceros que sirven como  meros instrumentos de la operación”.   

          Debe  empezar  la  Sala  por  anotar  que aun cuando el ad    quem    utilizó   la   expresión  “prohibido”,  el  razonamiento  lógico  a partir del  cual  derivó  el hecho indicado no lo edificó con sustento en la circunstancia  de  resultar  prohibida la conducta de quien gira cheques para obtener dinero en  efectivo  de  su  propia cuenta, sino de lo evidentemente inusual que resulta un  tal  comportamiento cuando es reiterativo, se acude a personas desconocidas para  perfeccionar  la  operación  bancaria  y,  además,  se  cancela una importante  retribución a éstas.   

          Ciertamente,  ni  prohibido  ni  extraño se torna el hecho de girar  esporádicamente  cheques  a  nombre de personas de confianza para que los hagan  efectivo  y  luego  retornen  el  dinero  al  titular  de  la  respectiva cuenta  corriente.  Sin  embargo,  no  fue  esto  lo  acontecido en el presente caso. Lo  demostrado  en la foliatura es que el procesado SAMUEL  GAD  se  valió  de  Alfonso  Silva  López  con  el  fin de reclutar a personas sin  ninguna   vinculación  de  carácter  comercial  con  la  empresa  ALGAD  EXPORT  LTDA., para hacerlos pasar  como  proveedores  de  la  misma  y  en  esa  condición  girarles  cheques  por  cantidades  elevadas, por cuyo endoso les pagaban la suma de $30.000, recibiendo  el  intermedio,  a  su  vez,  $50.000  por  cada  uno  de  los beneficiarios que  reclutaba.   

          Si  a tan inusual mecanismo se suma el hecho de que una vez obtenido  el  endoso  de  los  falsos  proveedores, los títulos valores eran cobrados por  empleados  de  la  mencionada  compañía  y  los  dineros  entregados  luego al  procesado,  nada  descabellado resulta el razonamiento del sentenciador conforme  al   cual   lo   pretendido,   a   través   de   ese  complejo  “andamiaje”,  era  legalizar  dinero  de  indiscutible procedencia ilícita.   

          Como  lo  consideró el Procurador Delegado, dicha conclusión no se  desdibuja  con  la  afirmación  de  que  el negocio de las esmeraldas tiene tal  carácter  informal  que su compra se paga con dinero en efectivo, porque de ser  así  lo normal hubiera sido que girara uno o muy contados cheques para, una vez  cobrados,   pagar  la  mercancía  adquirida,  mas  no  acudir  al  inopinado  y  enmarañado  procedimiento  de acudir reiteradamente a falsos proveedores con el  fin de ocultar la verdadera procedencia de los dineros.   

          2.  Falso  raciocinio y falsos juicios de  identidad  y  existencia relacionados con las presuntas negociaciones realizadas  con   compañías   radicadas  en  el  exterior.    

          Según  el censor, el ad quem incurrió  en  falso  raciocinio  cuando  concluyó que ALGAD   EXPORT   LTDA.   es  una  empresa  “fachada”, basado en que  sus  negocios  los  realizaba  con  compañías  no  registradas en el Bureau de  corporaciones  de Nueva York, como JACOB AMINOFF Y AMERID INC., o eran manejadas  por  familiares  o  porque como es el caso de DISCOVERY MINES COMPANY INC. no se  encontró constancia de esos negocios.   

         De  igual  manera,  sostiene  que el sentenciador incurrió en falso  juicio  de  identidad al entender que la certificación procedente del Bureau de  corporaciones  de  Nueva  York,  en el cual se señala que la corporación JACOB  AMINOFF   y   AMERIND   INC.   “no   está  en  el  archivo”,  acredita que las empresas JACOB AMINOFF y  AMERIND INC., individualmente consideradas, no están registradas.   

          Finalmente,  señala  que el Tribunal, cayendo en un falso juicio de  existencia,  omitió  apreciar  las  certificaciones obrantes a folios 246 y 249  del  cuaderno  #  7,  pruebas  demostrativas  de  que  los clientes JACOB     AMINOFF     y    AMERIND  INC.  sí existían en la ciudad  de  Nueva  York,  el  primero  como  persona  natural  y el segundo como persona  jurídica.   

         

          Pues  bien,  como  el  orden  lógico impone verificar primero si la  prueba  soporte de los hechos indicadores fue o no indebidamente apreciada, para  luego  sí determinar si el razonamiento lógico se construyó adecuadamente, la  Sala  se  referirá  prioritariamente  a  los  falsos  juicios  de  identidad  y  existencia    denunciados    y    posteriormente    se    ocupará   del   falso  raciocinio.   

          En  documento  fechado  17 de marzo de 2003 obrante al folio 156 del  cuaderno  # 5, el Bureau de corporaciones del Estado de Nueva York certificó lo  siguiente:  “We  are unable to satisfy your request  for  information for JACOB AMINOFF AND AMERIND INC. because: The corporation you  requested  is  not  on  file”, cuyo texto en español  traduce  lo  siguiente: “No estamos capacitados para  satisfacer  su  requerimiento  de información para JACOB AMINOFF Y AMERIND INC.  porque:    La    corporación    por    usted   requerida   no   está   en   el  archivo”.      

          Como  se  observa,  en  la  certificación  se  da a JACOB AMINOFF Y  AMERIND  INC. el tratamiento  de  una  única  empresa y, en esas condiciones, se afirma que la misma no está  registrada  en  el  Bureau  de  corporaciones  del  Estado  de Nueva York.    

          Pese   a  lo  anterior,  el  Tribunal  consideró  que  tanto  JACOB  AMINOFF   como    AMERIND    INC.,    con    distinta  individualidad,   no   aparecían   registradas  en  el  mencionado  Bureau.  Es  indudable,  por  tanto, que el fallador distorsionó el contenido de la referida  prueba,  pues  pluralizó  una  información  que  había  sido  suministrada en  singular  y  que, por lo tanto, carecía de idoneidad para acreditar o descartar  si  los  dos  aducidos clientes en mención aparecían inscritos en el Bureau de  corporaciones del Estado de Nueva York.   

          En  ese  sentido,  se aprecia que el fallador dejó, ciertamente, de  apreciar  las certificaciones obrantes a folios 259 y 255 del cuaderno # 7, pues  la  primera  de  ellas  acredita  que  AMERIND  INC.  sí está registrada en el  referido  Bureau,  mientras la segunda demuestra que JACOB AMINOFF corresponde a  una  persona  natural  habilitada  para  recaudar  los  impuestos  de  venta y/o  compensación.    

          El  ad quem, por  tanto,  incurrió  en  los  falsos  juicios  de  identidad  y  existencia  antes  referidos,  al  apreciar  indebidamente  una de las certificaciones provenientes  por  vía  de  exhorto  de  los  Estados Unidos, y dejar de valorar otras con el  mismo  origen.  Eso significa que el juzgador no podía construir el indicio que  lo  llevó  a  inferir  la  existencia de una empresa fachada con sustento en la  afirmada falta de registro de JACOB AMINOFF y AMERIND INC.    

          Más  aún,  como  lo  destacó  el  representante  de  la sociedad,  tampoco  podía  fundarse  en  el  argumento  según  el  cual  no  se encontró  constancia  de  la  realización  de  negocios  comerciales  entre  ALGAD   EXPORT  LTDA  y  DISCOVERY  MINES  COMPANY   INC.,   pues  al  proceso   se   allegaron   soportes   al   respecto9.   

          No  obstante,  como  para  derrumbar la sentencia impugnada no basta  demostrar  la  existencia  de  errores  en la valoración probatoria sino que es  necesario  acreditar  su  trascendencia,  la  Sala encuentra que en el paginario  obran  otros  hechos  indiciarios,  con  suficiente  soporte  probatorio y a los  cuales  también  hicieron  mención  los  juzgadores,  que  conducen a la misma  conclusión,  es  decir,  la  utilización  de  empresas  fachada  para realizar  exportaciones ficticias.   

          Como  lo  destacó el Delegado, las empresas DISCOVERY MINES COMPANY  y  AMERIND  INC.  resultaron  tener  como  gerente,  respectivamente,  al  aquí  procesado    y   a   un   hermano   suyo   (Salomón  Gad)10.  Situación  similar  acontece  con la empresa AMGAD INTERNATIONAL  INC.,  con  la  cual  también  se  afirmó  la  existencia  de  operaciones  de  exportación,  pues la misma es de propiedad de Albert  Gad11.   

Adicionalmente,  se  tiene  que  el  objeto  social  de  AMERIND INC e incluso de la misma JACOB AMINOFF no se relaciona para  nada  con  la  actividad  mercantil  con  la  cual  se  pretendió justificar el  incremento  patrimonial,  pues  en  el  caso  de  la  primera  se trataba de una  “corporación          de          negocios  domésticos”12,   mientras  que,  como  ya  quedó  visto,  el  funcionamiento  de  JACOB AMINOFF se autorizó para recaudar  impuestos  de  ventas  y/o de compensaciones por uso13   

.   

         

          Si  a  lo  anterior  se  suma  el hecho de que la firma ALGAD  EXPORT  LTDA.  en  ningún momento  tramitó  los beneficios oficiales que el Estado tiene dispuestos a favor de las  empresas  exportadoras,  es  indudable  que  de  esa  manera cobra una inusitada  fuerza  la  deducción  lógica del Tribunal, pues la experiencia enseña que en  las  actividades  de  lavado de activos se suelen utilizar como fachada empresas  familiares    para    cerrar    el    círculo   que   pueda   conducir   a   su  descubrimiento.   

          3.  Falso raciocinio por la no obtención  de beneficios estatales por la realización de exportaciones:   

          El  casacionista  lo  edifica  sobre  la  base  de  entender  que el  ad  quem aplicó la regla de  la  experiencia  según  la  cual “las exportaciones  simuladas,   en  las  que  no  se  obtienen  beneficios  estatales,  generan  un  incremento  patrimonial  de  origen  ilícito”, regla  que   entonces  estima  absurda  e  incoherente,  pues  no  resulta  lógica  la  existencia  de  un  incremento  patrimonial  ilícito, constitutivo de lavado de  activos  y  derivado  de exportaciones ficticias, a partir de reconocer en forma  simultánea  que  la  compañía no recibió los beneficios estatales propios de  las exportaciones.    

          Como  bien  lo  señala el Procurador Delegado, el censor tergiversa  por  completo el pensamiento del Tribunal, pues ese colegiado nunca señaló que  se  obtuvieron beneficios ilícitos por exportaciones ficticias. Contrariamente,  el   indicio   lo   edificó   a   partir   de   evidenciar   que   ALGAD  EXPORT LTDA., no obstante pretender  justificar  el  incremento  de  su  patrimonio  a  través de la realización de  exportación  de  esmeraldas,  nunca  procuró obtener el pago de los beneficios  estatales  otorgados  como  incentivo  por esa clase de operaciones comerciales,  según   suele   hacer   toda  empresa  exportadora  por  lo  atractivo  de  los  beneficios.   

         

          Obsérvese   lo   que   al   respecto   refirió   el   ad quem:   

          “En  estas condiciones no habría forma  de  que  aparecieran  pagos  de  la  compañía  porque  se trataba de simuladas  exportaciones,  de las que nunca se beneficiaban como es lo usual en los famosos  CETS  que  les  retribuyen al exportador, permitiendo así la entrada de dineros  obviamente  ilícitos que demuestran la materialidad de la conducta de lavado de  activos      que     tanto     se     reclama”14.   

          Concluyendo más adelante en lo siguiente:   

          “…  No  existieron  beneficios  aún  siendo  una  empresa exportadora, gracia que es ambicionada por todos los que se  dedican       a       estas      actividades”15.   

          A  partir  entonces  de  esa  actuación omisiva de la compañía de  propiedad  de  SAMUEL ALGAD,  el  Tribunal  arribó  a  la  conclusión  de  que  las  aducidas  negociaciones  realizadas  en  el  exterior  correspondían a exportaciones ficticias. En otras  palabras,  como nunca efectuó exportaciones se abstuvo de cobrar los CERTS. Por  consiguiente,  carece  de  fundamento  el actor cuando cuestiona al Tribunal por  argumentar  que  el incremento patrimonial injustificado se derivó del cobro de  esos  beneficios;  la  afirmación  que  le  atribuye el demandante es solamente  producto de su invención.   

         

          4.  Falso juicio de identidad relacionado  con la apreciación del dictamen pericial contable.   

          Según  el  actor,  el Tribunal distorsionó el sentido del dictamen  pericial  contable para arribar a la conclusión de la existencia del incremento  patrimonial  injustificado,  pese  a  que  esa  prueba  no  tenía  la capacidad  metodológica  para  acreditar ese aspecto, pues el perito se limitó a efectuar  un  “análisis financiero horizontal”,  en el cual estudió patrimonial y financieramente durante los dos  últimos  años  a  la  empresa  ALGAD  EXPORT  LTDA.  y   a  sus  socios  y  representantes  legales,  para  determinar  origen  de  los  ingresos, destino de los mismos, pasivos, activos y  demás   aspectos   relacionados,   sin   realizar   un   ejercicio   global  de  consolidación  que  determinara el patrimonio inicial con la identificación de  un  momento  determinado en el tiempo y que combinado con factores tales como la  valorización  de  los  activos,  la  tasa de interés aplicable a los pasivos y  aún  los  factores  exógenos  como  la  situación  de  orden  público  y  el  funcionamiento  de  la  economía  global, permita establecer un valor concreto,  real  y  efectivo  del  monto  de  los  activos, incluso con sustracción de los  pasivos.   

   

          Así  vista  la  censura,  surge  clara  su  inadecuada postulación  casacional,  porque  la  inconformidad  no  se  fundamenta  en  la  distorsión,  cercenamiento  o  adición de la prueba sino en su falta de idoneidad probatoria  para  establecer  el  incremento patrimonial. Recuérdese que el falso juicio de  identidad  se presenta cuando el fallador, al apreciar la prueba, distorsiona su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

          No   comparte  la  Sala,  empero,  la  apreciación  del  Ministerio  Público  según  la  cual  si  la  intención  del  actor  estaba  orientada  a  cuestionar   la  metodología  aplicada  por  el  experto  para  arribar  a  sus  conclusiones  debió  acudir  a la vía del error de derecho por falso juicio de  legalidad.  Un  tal  yerro  ocurre  cuando  la prueba no cumple los presupuestos  legales  de   producción  y  aducción, pese a lo cual es apreciada por el  fallador  o  cuando  es  desechada  no  obstante satisfacer esas reglas. Como se  observa,  la  discusión gira en torno a la validez de la prueba, es decir, a su  existencia  jurídica.  Pero  el  reproche  no  se  funda  en  la ilegalidad del  dictamen, sino en el mérito probatorio que le asignó el fallador.   

          La  casación supone realizar un juicio de legalidad a la sentencia,  razón  por la cual lo que se impugna en esta sede es el análisis efectuado por  el  juzgador  con  apoyo en los medios de convicción allegados a la actuación,  pero  no  el  contenido  de  éstos  aisladamente  considerado.  Por  eso, si el  dictamen  pericial  no  es realizado con sustento en los fundamentos técnicos o  científicos  propios  de  la  materia respectiva, pese a lo cual el fallador le  asigna  valor  probatorio y edifica con él su decisión, cualquier yerro que en  esa  tarea  haya  cometido  reviste carácter material, no jurídico. Pero como,  igualmente,  se  trataría  de un error que toca exclusivamente con la capacidad  persuasiva  de  la  prueba,  la vía pertinente para su postulación es el falso  raciocinio,  para lo cual deberá acreditarse la violación de los principios de  la sana crítica.   

          Tal  tarea  argumental no la cumplió el demandante, pues se dedicó  a  sostener  que  el  dictamen  no  es  idóneo  para  demostrar  el  incremento  patrimonial,  sin  esforzarse por acreditar que el Tribunal quebrantó postulado  lógico,  regla  de  la  experiencia  o  ley de la ciencia cuando a partir de su  apreciación  probatoria  arribó  a dicha conclusión. Se limitó a insistir en  que  el  ad quem incurrió en  falso  juicio  de  identidad sin precisar los apartes del fallo en los cuales se  presentó el yerro.   

          En  ese  punto  conviene  señalar  que  aun  cuando  el  Procurador  Delegado  dice identificar en la censura “tres vagos  aspectos”  como posibles yerros de identidad aducidos  por  el  casacionista,  la  Sala  encuentra  que  dos de ellos se relacionan con  cuestionamientos  sustentados  en  la  presunta  falta de idoneidad del dictamen  que, como se señaló, desbordan la vía de ataque seleccionada.   

          En  efecto,  el  primero de esos aspectos se remite a la afirmación  del  impugnante  según  la  cual el Tribunal adujo la existencia de variaciones  significativas  en  la  cuenta de deudores varios que solamente indican un mayor  valor  del  rubro  de  activos, pero no el incremento patrimonial proveniente de  enriquecimiento  ilícito.  El segundo dice relación con el cuestionamiento del  demandante  conforme  al  cual  la  información  suministrada  por el estado de  pérdidas  y  ganancias solamente acredita los ingresos de un período concreto,  mas no la destinación final de los recursos.    

          De  todas  maneras, el representante de la sociedad, en criterio que  comparte   la   Sala,   descarta   que   el  ad  quem  haya  incurrido  en  falso  juicio de identidad cuando  analizó  los referidos aspectos. Y para ello tinosamente confronta lo dicho por  el juzgador con lo expresado en el dictamen al respecto, así:   

En  cuanto a las variaciones experimentadas  en   la   cuenta   de  deudores  varios,  el  Tribunal  señaló  lo  siguiente:   

          “Esto  lleva  a  la Sala a definir como  inadmisible  el  planteamiento  de  la  defensa  sobre  una inexistente maniobra  delictiva  o  de  un irreal enriquecimiento ilícito por falta de respaldo en el  incremento  patrimonial,  pues, si se exige demostrar la génesis de los dineros  en  actividades ilícitas lo cierto es que en este caso se sitúan en aquél que  se  pudo  detectar en lapsos diferentes como ocurrió en períodos del año 2000  a  2001  y  2002 en cotejo de cifras durante esos ciclos. Sumas que forzosamente  se  deben  reproducir  en  este  estudio  para la comprobación una vez más del  aumento patrimonial injustificado.   

         Así  lo arroja el dictamen pericial en  estimativos  de  2.312.5%  entre  2000  y  2001 de $157.071563 a $3.632.299.093,  diferencia       sino      (sic)      asombrosamente   diferencial  y  que  a  pesar  de  los  argumentos  exculpatorios  no  se  desvirtuó con un soporte legal su aumento”16.   

          A su turno, el dictamen expresa textualmente:   

          “De  las  variaciones  en las cuentas o  rubros  del  activo,  generadas  por  la  comparación entre el Balance de ALGAD  EXPORT  LTDA.  del  año  2001  con relación al año 2000, se destaca la cuenta  DEUDORES  que para el año 2000 presenta un saldo de $157.071.564 y para el año  2001  registra un saldo de $3.789.370.657; en consecuencia, dicha cuenta muestra  un   aumento  representativo  en  el  año  2001  por  valor  de  $3.632.299.093  equivalente  al  2.312,5%.  El  mayor  incremento  se  refleja  en  la subcuenta  “Deudores   varios”17.   

         

          Como  se observa, fiel al contenido del mencionado medio probatorio,  el  juzgador reseñó que entre los años 2000 y 2001 el activo de la compañía  aumentó  en  $3.632.299.093,  equivalente  al  2.312,5%. A  este  respecto,  la  Sala  observa  que  el  ad  quem  equivocó  el saldo correspondiente al año 2001, pues  en   vez   de    $3.789.370.657,   mencionó   la  cifra      de     $3.632.299.093,     representativa  del  incremento  presentado  entre dichos años. Sin  embargo,  como lo puso de presente el Procurador Delegado, se trató de un error  intrascendente  que  no  incidió en el análisis del juzgador porque, al final,  interpretó acertadamente el porcentaje del incremento.   

          En   lo   concerniente  al  estado  de  pérdidas  y  ganancias,  el  ad   quem   señaló   lo  siguiente:   

          “Ahora,  lo  mismo se extrae del estado  de   pérdidas   y   ganancias   de   $841.088.638.70  para  el  2000  y  ya  de  $5.582.409.300.00  para  el 2001. No es como se ha querido plantear que obedecen  los  incrementos  a  explicaciones  de  valores  de  reintegro por exportaciones  cuando  es muy superior a las realizadas por la empresa ya que ese aumento no es  solo  del  año  2001  sino  que también se da cuenta en el año 2002 cuando el  primero  presentaba  un  saldo  de  $260.588,72  y  para  el año 2002 estaba en  $699.978.423.64”18.   

          Por su parte, el dictamen enseña:   

          “De  las  variaciones  en las cuentas o  rubros,  generadas  por la comparación entre el Estado de Ganancias y Pérdidas  de  ALGAD  EXPORT LTDA. del año 2001 con relación al del año 2000, se destaca  la   cuenta   INGRESOS   y   subcuentas   “ingresos  operacionales”  que  para  el  año 2000 refleja un  saldo  $841.088.638.70  y para el año 2001 registra un saldo de $5.582.409.300;  en  consecuencia  dicha  cuenta tuvo un incremento significativo en el año 2001  por  valor de $4.741.661.30 equivalente al 563.7%”19   

.             

          Si  bien  el  juzgador  también  se  refirió al aumento registrado  entre  los  años 2001 y 2002, se observa que esas cifras corresponden al activo  disponible  establecido  en el balance general, como lo contemplaron los peritos  al señalar:   

          “ACTIVO.  De  las   variaciones  en  las  cuentas  o  rubros  del  Activo,  generadas  por  la  comparación  entre el Balance de ALGAD EXPORT LTDA. a septiembre 30 de 2002 con  relación  al  año  2001, se destaca la cuenta ACTIVO  DISPONIBLE  que  para  2001  presenta  un  saldo  de  $260.588.72  y  para septiembre de 2002 registra un saldo de $699.978.423.54; en  consecuencia,  dicha cuenta muestra un aumento a septiembre de 2002 por valor de  $699.717.834.92  equivalente  al  268.515,0%.  En  su  mayoría el incremento se  presenta  en  la subcuenta “Caja General”20.   

          Por  tanto,  coincide  la  Sala con el Ministerio Público en que el  Tribunal  no  contrarió  la  realidad  del  dictamen cuando destacó el aumento  considerable  de  los  ingresos  operacionales entre los años 2000 a 2001, así  como  el activo disponible establecido en el balance general comparativo de 2001  al 30 de septiembre de 2002.   

          Tampoco  se  vislumbra distorsión alguna en el tema de los ingresos  y  del  patrimonio.  Sobre  este  punto,  identificado por el Procurador como el  tercer  “aspecto  vago”,  el  censor sostiene que el Tribunal confundió el aumento de los primeros con el  incremento   del   segundo,   al   mezclar  “cifras  asignadas    a    distintas    cuentas   afirmando  que  pertenecen  a un mismo rubro que ni siquiera existe  en    el    dictamen   pericial”.    

          El   análisis  comparativo  entre  lo  dicho  por  el  ad  quem  y  lo registrado en el dictamen  demuestra  que  tal  confusión  no  existió. En efecto, el juzgador advirtió:   

          “Se  sabe  también  del patrimonio que  aumentó  ostensiblemente  en  un  548.8%, en estado de ganancias y pérdidas un  incremento  de  $6.350.335.927.32  en el 2001 a $5.582.409.300 y ya para el 2002  el    saldo    fue    de    $11.932.745.227.32”21.   

          La prueba, a su turno, expresa:   

         

          “PATRIMONIO.        El   aumento  más  significativo  de  las  cuentas  o  rubros  del  patrimonio  de  2002 con relación al 2001, que refleja el análisis comparativo  descrito,  se  presenta  en la Subcuenta “Resultados  del   Ejercicio”   (Utilidades)   en  cuantía  de  $108.175.097,04, equivalente porcentualmente al $548.8%…”.   

…  

          “De  las  variaciones  en las cuentas o  rubros,  generadas  por la comparación entre el Estado de Ganancias y Pérdidas  de  ALGAD  EXPORT LTDA. de septiembre de 2002 con relación al del año 2001, se  destaca    la    cuenta    INGRESOS    y  subcuenta “Ingresos Operacionales”  que   para   el   año  2001  refleja  un  saldo  de  $5.582.409.300  y  para  el  30  de  septiembre  de  2002  registra  un saldo de  $11.932.745.227.32;   en   consecuencia,   dicha   cuenta   tuvo  un  incremento  significativo  a  septiembre  de 2002 por valor de $6.350.335.927.32 equivalente  al 113.7%”22   

         

          Aun  cuando  el  fallador no fue demasiado explícito en el párrafo  antes  transcrito,  lo  cierto  es  que  de  su  breve  afirmación se alcanza a  establecer  que  identificó  la  cifra  porcentual en la cual se incrementó el  patrimonio  (habló  de  $548.8%), así como la cantidad de incremento advertido  en  la cuenta de ingresos operacionales correspondiente al estado de pérdidas y  ganancias,   montos   exactamente   coincidentes  con  los  contemplados  en  el  dictamen.   

          Surge  de  lo  analizado  que  los  cuestionamientos formulados a la  pericia  carecen  por completo de demostración. En realidad, como quedó visto,  el  actor  controvierte  el poder suasorio que le asignó el fallador, pero para  ello  acude  a  postular  su  propia y particular apreciación de la prueba, sin  lograr   acreditar  la  incursión  de  error  trascendente  que  desvirtúe  la  conclusión  del  sentenciador  conforme  a  la  cual  la  empresa  ALGAD  EXPORT  LTDA. registró un sensible  incremento patrimonial entre los años 2000 y 2002.   

Esa  conclusión  se  apoyó en el razonado  análisis  contable efectuado por los peritos, que comprendió tanto los activos  y  pasivos  de  la  compañía,  como sus estados de pérdidas y ganancias, cuyo  estudio  permite  mostrar,  conforme  acertadamente  lo  refiere  el  Ministerio  Público,   “todos  los  resultados  netos  de  la  gestión,  es  decir,  los  ingresos  y gastos, así como la utilidad y pérdida  resultante  de las operaciones de la compañía durante un período determinado,  con  la  potencialidad  de  ser  un indicador de la rentabilidad del negocio, el  cual  junto  con  el  Balance  General indica el estado financiero básico de la  misma”.   

La   integridad   de   la   censura   no  prospera.   

Tercer      cargo.     Violación directa de la ley sustancial:   

En  criterio  del  demandante,  el juzgador  violó  directamente  los  artículos  310  y 327 del Código Penal,  normas  que describen, en su orden, los  delitos  de  exportación  e importación ficticia y enriquecimiento ilícito de  particulares,  porque  a  pesar  de no aparecer demostrado el elemento subjetivo  contenido  en el primero de esos punibles, esto es, la  obtención  de  provecho ilícito de carácter oficial,  consideró  establecido  dicho  comportamiento  delictivo  y con sustento en esa  conclusión  afirmó la acreditación del tipo penal de enriquecimiento ilícito  de  particulares  que,  a  su  vez, constituyó la fuente del reato de lavado de  activos imputado.   

No  se  requiere mayor esfuerzo intelectivo  para  advertir  el  equívoco  del demandante, pues no es cierto que el Tribunal  haya  dado  por demostrado el delito de exportación e importación ficticia. Es  cierto   que   dentro  de  los  fundamentos  de  la  decisión  el  ad  quem sostuvo  que  la empresa ALGAD EXPORT  LTDA.   simuló   exportaciones.   Sin  embargo,  tal  reflexión  estuvo enderezada a desvirtuar el argumento con el cual el procesado  encubrió  la  real  procedencia del capital producto del incremento patrimonial  registrado  por  esa  compañía,  sin que ello supusiera afirmar que el aumento  devino de las exportaciones ficticias.   

Precisamente,  por  lo  anterior  es que el  juzgador  puso  de  presente  lo  extraño  de la conducta del acusado en cuanto  nunca   hizo   uso   de   los   beneficios  otorgados  por  la  realización  de  exportaciones,  a  pesar  de pretender justificar su comportamiento a través de  ese  tipo  de  actividades.  Si de esa forma descartaba que el propósito de las  exportaciones  simuladas  fuese  obtener  la  utilidad  de  carácter oficial en  mención,  era  apenas  explicable  que  no  hiciera alusión a la presencia del  elemento  subjetivo  exigido  para  su  estructuración  por  el mencionado tipo  penal23.  En  otras  palabras, con ello estaba dando por no establecida esa  conducta   

De  ahí entonces que carezca de fundamento  la  afirmación  del censor conforme a la cual al no poderse estructurar, por la  no  presencia  del mencionado elemento subjetivo, el delito fuente (exportación  e  importación  ficticia)  no  es  posible  afirmar la existencia del delito de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  y,  por  consiguiente,  tampoco del  punible de lavado de activos.     

En  realidad,  el  fallador consideró como  fuente  del  lavado  de  activos  la  conducta  de  enriquecimiento  ilícito de  particulares.    Así    se    desprende    del    siguiente    aparte   de   su  decisión:   

“Respondiendo a  los  escritos  en tal sentido por ambos recurrentes, contrario a lo invocado por  ellos  se  demostró  el delito subyacente de enriquecimiento ilícito y no como  se  quiere  hacer  ver  que hubo inversión de la carga de la prueba, porque fue  claro   el  despacho  a  quo  y  la  fiscalía  al  determinar  que  fueron  las  circunstancias  que determinaron la forma en que se llevaba a cabo el movimiento  de  sumas  de  dinero,  que  no  tuvieron  nunca una explicación legal sobre su  ingreso  en  la  economía y un incremento injustificado en las cantidades antes  planteadas, sin ningún soporte legal”.   

Al  respecto,  conviene  recordar  que  la  jurisprudencia  de  esta  Sala tiene por sentado el criterio según el cual para  la  demostración del delito base o subyacente no se requiere que el mismo esté  judicialmente  declarado, pues, contrario a lo señalado por el actor, el lavado  de  activos  es  una  conducta  autónoma,  para  cuya  estructuración, como lo  señala   el   Ministerio   Público,   basta  “una  razonable  ilación  entre  el  actuar  y  las  diferentes manifestaciones de la  conducta  punible de lavado de activos, sin desatender que el elemento normativo  del  tipo  referido  a  la procedencia del dinero de una actividad ilícita debe  estar  demostrado”.  En ese sentido se pronunció la  Corte  en  sentencia  del  28  de  noviembre de 200724 cuando expresó:   

        “No  es dable asociar la demostración  “con  certeza” de la actividad ilícita antecedente, o la “prueba” de la  conducta  subyacente o el  requerimiento de una declaración judicial “en  firme”  que declare la existencia del delito base para fundamentar el elemento  normativo  del  tipo  en la conducta de lavado de activos.  La Sala reitera  la   tesis  de  que  lavar  activos  es  una             conducta            punible            autónoma y no subordinada.   

El  lavado de activos, tal como el género  de  conductas  a  las  que  se  refiere  el  artículo  323,  es  comportamiento  autónomo25   

y  su  imputación  no  depende  de  la  demostración,   mediante   declaración   judicial   en   firme,   sino  de  la mera inferencia judicial al interior del proceso, bien  en  sede  de  imputación,  en  sede  de acusación o en sede de juzgamiento que  fundamente  la existencia de la(s) conducta(s) punible(s) tenidas como referente  en el tipo de lavado de activos.   

El  reproche  a  la  conducta de lavado de  activos  se  fundamenta  de manera alternativa cuando el sujeto activo adquiere,  resguarda,  invierte,  transporta,  transforme, custodia, administra… da a los  bienes  producto  de  una  conducta  delictiva  de  las  descritas  en  la norma  apariencia  de legalidad, o los legaliza, o cuando los  oculta  o  encubre  la  verdadera  naturaleza,  oculta  o  encubre  el verdadero  origen,  oculta o encubre la verdadera ubicación, el  verdadero  destino,  el  verdadero  movimiento  o  derecho  sobre  tales bienes,  o  encubre  u  oculta  el origen ilícito.   Es  un tipo penal paradigma de alternatividad en la manera  de ejecución de la conducta:   

…  

Cuando  el tenedor de los recursos ejecuta  esa  mera  actividad  (aparentar  la  legalidad del activo) y oculta su origen e  inclina  su  actividad al éxito de ese engaño, orienta su conducta a legalizar  la  tenencia  del  activo, es claro que incurre en la conducta punible porque su  comportamiento  se  concreta  en  dar  a  los  bienes  provenientes     o    destinados    a    esas    actividades    apariencia    de  legalidad;      es     decir,    encubre  la  verdadera naturaleza ilícita del producto.   

Una  atenta  lectura  del tipo penal (art.  323)  pone  en  evidencia  que,  cuando no se prueba el amparo legal del capital  portado,  invertido,  resguardado,  transformado,  etc.,  cuando se oculta  el  origen  del  mismo, es dable  colegir que adecua su conducta al lavado de activos.   

En  suma,  la  conducta  de  ocultar  o encubrir el origen del capital  basta  para  la  adecuación  típica,  pues, en coherencia es dable predicar el  permanente  deber  jurídico de los asociados de justificar el amparo del activo  que  adquieran,  resguarden,  transporten,  transformen, custodien, administren,  etc.”.   

         No prospera el cargo.   

         En  consecuencia,  la Sala no casará la sentencia con fundamento en  los motivos objeto de la impugnación extraordinaria.   

         Casación oficiosa:   

         El  Procurador  Delegado  solicita  casar  la  sentencia  de  manera  oficiosa  porque  el  sentenciador  de  segundo  grado aplicó indebidamente los  extremos  punitivos relacionados con la circunstancia específica de agravación  punitiva concurrente en este caso.   

         Además,  plantea  se considere la posibilidad de reparar el agravio  producido  por  la vulneración del principio de la no  reformatio   in  pejus,  por  cuanto  el  ad  quem  impuso  al  procesado  la  pena  accesoria  de  expulsión  del  país,  pese  a  no  haber  sido aplicada por el  a quo.   

         En  torno a la primera de estas temáticas, encuentra la Sala que el  Tribunal  al  corregir  el  yerro en que incurrió el juez de primera instancia,  quien  dedujo  indebidamente  una  circunstancia genérica de agravación a cuyo  amparo  se ubicó en los cuartos medios de movilidad, procedió a redosificar la  pena,  pero  en  desarrollo  de ese trabajo omitió subsanar otro yerro cometido  por  el  a quo consistente en  invertir  el  parámetro regulado en el numeral 4º del artículo 60 del Código  Penal  cuando  aplicó  el  aumento  de  pena  de  una  tercera parte a la mitad  contemplado  en  la  concurrente  agravante específica prevista en el artículo  324  ibídem, pues a pesar de que el referido parámetro establece que cuando la  sanción  se  aumenta  en  dos  proporciones  la menor se aplica al mínimo y la  mayor  al  máximo  de  la  infracción básica, incrementó la mitad al extremo  inferior y la tercera parte a la frontera superior.   

         Como  la  referida  omisión  implicó  el  mantenimiento  del error  cometido   por   el   juzgador  de  primera  instancia,  surge  indiscutible  la  vulneración  del  principio  de legalidad de las penas, a cuyo amparo solamente  es  dable  imponer las sanciones dentro del marco legal previamente establecido,  la Sala procederá a reparar el agravio así inferido al procesado.   

         El  original  artículo 323 del Código Penal, aplicado en este caso  por  razón del principio de favorabilidad, establecía para el delito de lavado  de  activos  pena  de  prisión de 6 a 15 años y multa de 500 a 50.000 salarios  mínimos  legales  mensuales.  El  artículo  324  ibídem, como se dijo, prevé  aumento  de  una  tercera  parte  a  la mitad cuando concurre la agravante allí  prevista.  En  consecuencia,  de acuerdo con el parámetro dosimétrico previsto  en   el  artículo  60.4  del  estatuto  punitivo,  los  extremos  punitivos  se  incrementan  para  quedar  en  96  meses  el  mínimo y en 270 meses el máximo.   

         Como  el sentenciador se ubicó en el cuarto mínimo y dentro de ese  margen  seleccionó  el  extremo  inferior,  la  pena de prisión a la cual debe  condenarse  a  SAMUEL GAD es  de  96  meses de prisión. En relación con la multa, la Sala no encuentra tacha  de  legalidad en los 500 salarios mínimos legales mensuales determinados por el  Tribunal  porque,  contrario a lo sostenido por el representante de la sociedad,  el  artículo  324  sólo  autoriza incrementar “las  penas  privativas  de  la libertad”, luego en el caso  de  la  pena  pecuniaria  no  había  lugar a aumentar el mínimo legal del cual  partió   el   juzgador,   argumentando  la  presencia  de  la  agravante  allí  contemplada.   

         Es  de  anotar  que frente a Alfonso Silva  López  no  hay  lugar a reformar el fallo, pues al no  deducírsele   la   agravante   específica   en   cuestión   el  error  no  lo  afectó.   

         Ahora   bien,   ciertamente   el   Tribunal  impuso  a  SAMUEL   GAD   la   pena   accesoria  de  expulsión  del territorio nacional, no obstante su no consideración en primera  instancia.   

         Como,  de  acuerdo  con  el  artículo  43 del estatuto punitivo, la  expulsión  del  territorio  nacional  para los extranjeros, es una pena,  es  indiscutible que su inconsulta  imposición  en segunda instancia implicó agravación de la situación punitiva  del  condenado  que,  por  ende,  según  el  criterio  mayoritario  de la Sala,  comportó   el  quebranto  del  postulado  de  la  no  reformatio  in  pejus  consagrado en el artículo 31 de  la Constitución Política.   

         Más  aún, la propia naturaleza de la medida, en cuanto envuelve la  limitación  del  derecho  fundamental  a la libre movilización, implica que se  trata de una sanción punitiva.   

         Lo  anterior  sin importar que la expulsión del territorio nacional  pueda  eventualmente  imponerse  por vía administrativa, porque aun en ese caso  no  procede  automáticamente  sino  que  existe  un  debido proceso al cual las  autoridades  de  extranjería facultadas para el efecto deben sujetarse previo a  su  adopción26.   

         En  consecuencia,  de  oficio  se  casará parcialmente la sentencia  impugnada  para  fijar  en noventa y seis (96) meses de  prisión  la  pena privativa de la libertad impuesta a  SAMUEL GAD. De igual manera,  se  revocará  la  pena accesoria de expulsión del territorio nacional impuesta  al mismo procesado.    

         Al  margen de lo anotado, encuentra la Sala que el juzgado incurrió  en  un  lapsus calami cuando  le  asignó  carácter  principal a la pena de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, pues lo procedente legalmente era imponerla  a  título  accesorio,  como  quiera  que  la  misma  no  está  consagrada como  principal  para el delito de lavado de activos. Para los fines de su ejecución,  por  consiguiente,  deberá  entenderse  que  dicha  sanción reviste naturaleza  accesoria.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  NO  CASAR  el  fallo impugnado por las razones invocadas por el demandante.   

2. CASAR PARCIAL  y  OFICIOSAMENTE la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de Bogotá, Sala Penal del Descongestión, en los siguientes sentidos:   

– FIJAR en noventa  y  seis  (96)  meses  la pena privativa de la libertad  impuesta a SAMUEL GAD   

         –  REVOCAR  la  pena accesoria de expulsión del territorio nacional  impuesta a SAMUEL GAD.   

3.   DECLARAR  que  los  restantes  ordenamientos  de  la  sentencia  impugnada se mantienen incólumes.   

         Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

                                                                                                                                                  Salvamento parcial de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

                                                                                                        Salvamento parcial de  voto   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                                                 Salvamento parcial de voto   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

        Salvamento parcial de voto   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                 Secretaria   

SALVAMENTO   PARCIAL   DE   VOTO   

Con  el debido respeto por la posición de  la  mayoría  de  la  Sala,  debo salvar parcialmente mi voto en el asunto de la  referencia   en  lo  que  tiene  que  ver  con  el  principio  de  legalidad  en  contraposición  a  la  prohibición de la reforma peyorativa, porque, como bien  es  conocido  por todos, mi criterio ha sido uniforme en cuanto que el principio  de  legalidad  es  imperativo  por  constituir uno de los pilares esenciales del  Estado  de  derecho,  de  ahí que reitere dichos planteamientos de la siguiente  manera:   

“El  principio  constitucional  de  la  separación  de  poderes es uno de los presupuestos configurativos del Estado de  Derecho  y  por  ende  un  elemento fundamental del orden constitucional, sin el  cual  ningún  funcionario pudiera actuar con legitimidad. Nuestra Constitución  lo consagra en el artículo 113 cuando señala:   

‘Son ramas del  poder público, la legislativa, la ejecutiva, y la judicial.   

‘Además de los  órganos  que  las  integran existen otros, autónomos e independientes, para el  cumplimiento  de  las  demás  funciones del Estado. Los diferentes órganos del  Estado   tienen  funciones  separadas  pero  colaboran  armónicamente  para  la  realización     de     sus    fines’.   

Conforme a ello, los órganos del Estado se  encuentran  separados funcionalmente, pero deben colaborarse armónicamente para  realizar  los  fines  del  Estado  (artículos  2  y 365 ídem). Pero como lo ha  reiterado  la  jurisprudencia  constitucional,  la  exigencia  de  colaboración  armónica  entre  los órganos del Estado no puede dar lugar a una ruptura de la  división  de  poderes  ni  del  reparto  funcional de competencias, de modo que  determinado  órgano  termine ejerciendo las funciones atribuidas por la Carta a  otro órgano. Sobre el punto, ha dicho la Corte Constitucional:   

‘Cada órgano  del  Estado  tiene,  en el marco de la Constitución, un conjunto determinado de  funciones.  El desarrollo de una competencia singular no puede realizarse de una  manera  tal  que  su resultado signifique una alteración o modificación de las  funciones  que  la  Constitución  ha  atribuido a los demás órganos.  Se  impone  un  criterio  o  principio  de ‘ejercicio     armónico’  de  los poderes, de suerte que cada órgano se mantenga dentro de  su   esfera   propia  y  no  se  desfigure  el  diseño  constitucional  de  las  funciones’   

La  separación  de  funciones  entre  los  distintos  órganos del Estado sirve a su vez de límite al ejercicio del poder,  de  tal  forma  que ninguna de las ramas que integran el Estado de derecho puede  sustraerse  a  la sujeción que le debe a la Constitución Política y a la ley.  En  ese  sentido  se  ha  pronunciado la jurisprudencia constitucional afirmando  que:   

‘En un Estado  democrático  se  hace  indispensable  como  garantía  de  la libertad y de los  derechos  fundamentales  de los asociados, que se ejerzan por distintos órganos  y  de  manera separada las funciones de legislar, administrar y juzgar.  De  la  misma  manera,  el  Estado  democrático  supone la adopción de recíprocos  controles  entre  las ramas del poder, para que no impere la voluntad aislada de  una  de ellas.  Es, pues, esencial que quien ejerza el poder, a su vez sepa  que  es  objeto  de  control  en  su  ejercicio. Es esa la razón por la cual al  Ejecutivo  lo  vigila  y controla desde el punto de vista político, el Congreso  de   la  República  que,  además  de  la  función  de  legislar  ejerce  como  representante  de  la  voluntad popular esa trascendental función democrática.  Así   mismo,  la  rama  judicial,  a  su  turno,  no  escapa  a  los  controles  establecidos  en  la  Constitución  Política. En síntesis, en una democracia,  ninguna  de  las ramas del poder público puede sustraerse a la sujeción que le  debe  a  la  Constitución Política y a la ley. De lo contrario, desaparecería  el      Estado      de      Derecho’.   

Todo  ello  permite concluir que en virtud  del  principio  de  separación  de  poderes,  el  Congreso,  la Judicatura y el  Ejecutivo  ejercen  funciones  separadas,  aún  cuando  deben  articularse para  colaborar  armónicamente  en  la  consecución  de  los fines del Estado, y que  ésta  separación no excluye sino que, por el contrario, conlleva la existencia  de  mutuos controles, entre ellos, los que impone la Constitución a los jueces,  quienes  en  su  ejercicio están sometidos al imperio  de  la  ley,  por  lo  que  al  tasar  las  penas,  necesariamente, deben hacerlo  dentro  de los parámetros señalados por la normatividad, siendo claro que bajo  ninguna  circunstancia pueden deducir penas por fuera de los mínimos o máximos  legales.   

La  separación de poderes es un mecanismo  esencial  para  evitar  la arbitrariedad y mantener el ejercicio de la autoridad  dentro  de  los  límites permitidos por la Carta. La voluntad constitucional de  someter  la acción Estatal al derecho, así como el principio de la separación  de  poderes,  llevan  a  pregonar  que la ley juega un papel trascendental en la  regulación    y    restricción    de    los    derechos   constitucionales   y  legales.   

Por ello, en virtud de lo dispuesto por el  artículo  121  de  la  Carta  política, las autoridades públicas sólo pueden  ejercer  las  funciones  que  le atribuyan la Constitución y la ley, norma esta  que  armoniza a plenitud con lo dispuesto en el artículo 6º ídem en cuanto en  él  se establece la responsabilidad de los servidores públicos por infracción  de  la misma o de las leyes y por omisión o extralimitación en el ejercicio de  sus funciones.   

En  ese  contexto,  cuando  el  superior  jerárquico  advierte  que  se  impuso  una  pena  inexistente,  o  una  de  las  prohibidas  constitucionalmente, o se dejó de aplicar la legalmente prevista, o  se  tasó  por  fuera  de  los  límites previstos en la ley, se encuentra en la  obligación  constitucional  de  adecuar  el  fallo a la normatividad existente;  deber  que  ha  de  cumplir  el juez de segunda instancia y con mayor celo el de  casación,  por  cuanto  una  de  sus finalidades fundamentales es garantizar la  legalidad del proceso.   

El    paradigma   propio   del   orden  constitucional  que  rige el Estado Social de Derecho, lleva a comprender que el  ejercicio  del  poder  público  debe  ser  practicado  conforme a los estrictos  principios  y  normas  derivadas del imperio de la Ley, no existiendo por tanto,  actividad  pública  o funcionario que pueda actuar al margen de la normatividad  que rige la actividad del Estado.   

El    principio    de    legalidad  y  la  seguridad jurídica se  tornan,  en  ese  contexto, en elementos fundamentales del Estado de Derecho, en  el  que  las funciones públicas se ejercen a través de competencias y procesos  con  base  en  normas  preexistentes  ajustadas al orden constitucional vigente,  marco  dentro  del  cual  toda actuación judicial debe adelantarse conforme con  las leyes llamadas a regular el caso.   

Por lo tanto, el principio de legalidad  se  formula  sobre la base de  que  ningún  órgano del Estado puede adoptar una decisión que no sea conforme  a  una  disposición  por  vía  general anteriormente dictada, esto es, que una  decisión  no puede ser jamás adoptada sino dentro de los límites determinados  por  una  ley  material  anterior.  Siendo  ello  así, constituye un imperativo  constitucional  la observancia del ordenamiento jurídico por todos los órganos  del Estado en el ejercicio de sus funciones.   

Nuestra Constitución Política señala que  el  Estado  colombiano  es  un  Estado de Derecho (artículo1º), lo cual quiere  decir  que  la  actividad  estatal está sometida a reglas jurídicas. Sobre los  fundamentos  filosóficos  de  la importancia de someter la actividad estatal al  derecho, la Corte Constitucional ha precisado que:   

‘La  constitución  rígida,  la  separación  de  las  ramas  del  poder, la órbita  restrictiva  de los funcionarios, las acciones públicas de constitucionalidad y  de  legalidad,  la  vigilancia  y el control sobre los actos que los agentes del  poder  llevan  a  término,  tienen, de modo inmediato, una única finalidad: el  imperio  del derecho y, consecuentemente, la negación de la arbitrariedad. Pero  aún  cabe  preguntar:  ¿por qué preferir el derecho a la arbitrariedad?   La  pregunta  parece necia, pero su respuesta es esclarecedora de los contenidos  axiológicos  que  esta  forma de organización política pretende materializar:  por  que sólo de ese modo pueden ser libres las personas que la norma jurídica  tiene  por  destinatarias:  particulares  y  funcionarios públicos.’   

Ahora  bien,  el principio de legalidad  está  integrado a su vez por  el  principio  de  reserva  legal  y  por  el principio de tipicidad, los cuales  guardan  entre  sí  una estrecha relación. De acuerdo con el primero, sólo el  legislador   está   constitucionalmente  autorizado  para  consagrar  conductas  infractoras,  establecer  penas  restrictivas  de  la  libertad  o  sanciones de  carácter  administrativo  o disciplinario, y fijar los procedimientos penales o  administrativos  que  han de seguirse para efectos de su imposición. De acuerdo  con  el  segundo,  el  legislador  está  obligado  a  describir  la  conducta o  comportamiento  que  se  considera  ilegal  o ilícito, en la forma más clara y  precisa  posible.  También  debe  predeterminar  la  sanción  indicando  todos  aquellos  aspectos  relativos  a  ella,  esto es, el término, la naturaleza, la  cuantía  cuando se trate de pecuniaria, el mínimo y el máximo dentro del cual  ella  puede  fijarse,  la autoridad competente para imponerla y el procedimiento  que ha de seguirse para su imposición.   

Por  ello,  en  materia  penal,  cuando el  artículo  29  de la Carta Política preceptúa que nadie puede ser juzgado sino  conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto  que  se  le imputa, esta declarando  implícitamente,  que  a  nadie  se le puede imponer una pena no prevista por el  legislador  para  el  hecho  por  el cual fue oído en juicio. Admitir que en un  evento  dado  el juez puede marginarse de ese mandato, bajo la consideración de  una  prevalencia de la prohibición de reforma en peor, es tanto como validar la  vía  de  hecho, pues a pesar de la ilegalidad el superior no podrá corregir la  inobservancia de la ley.   

Para  el suscrito, en un Estado de derecho  como   el   nuestro  no  puede  aceptarse  que  se  hagan  efectivas  decisiones  arbitrarias  o, lo que es lo mismo, proferidas sin la estricta observancia de la  ley  y  la Constitución, pues la vigencia del Estado de Derecho no se agota con  la  expedición  de  un  catálogo  de  reglas  que  guían  la  conducta de los  individuos,  sino  que  supone,  además, que dicha normatividad sea ejecutada y  aplicada.  De  allí  que, si quien tiene el deber constitucional de aplicar las  normas  al  caso  concreto  para  definir  el  derecho, se aparta de ellas, hace  inoperante  el  sistema  jurídico e imposible la organización política en que  el mismo se funda.   

Estos  principios  llevan  a  sostener que  frente  a  una  decisión  que  se aparta del contenido de la ley, no es posible  aducir  la  existencia  de  la  prohibición  de la reformatio in pejus, pues la  legalidad  no  se  agota  en  la  recortada  perspectiva  de  la protección del  procesado  en  un  determinado caso, sino que ella trasciende en general a todos  los  destinatarios de la ley a fin de que el Estado, a través de sus operadores  de  justicia no pueda sustraerse de los marcos señalados por el legislador para  regular las distintas situaciones jurídicas.   

Las normas que conforman el sistema tienen  un  marco  básico dentro del cual se llevan a cabo los juicios de valoración y  apreciación  por  parte de los jueces, y unas fronteras mas allá de las cuales  la  judicatura  no  puede transitar. Así, por ejemplo, en materia de penas, los  límites  mínimo  y máximo, su clase, su naturaleza principal o accesoria, son  impermeables,  aun  frente a disposiciones como la prohibición de la reforma en  peor,  pues  en  tales  eventos  la legalidad funciona como límite impenetrable  para el aplicador de la ley.   

La garantía que implica la prohibición de  la  reformatio  in  pejus  no  puede  convertirse  en  coartada  para  tolerar o  convalidar   una   sentencia  que  pase  por  encima  de  la  ley,  pues  si  la  Constitución  reconoce  una garantía como ésta, es porque parte de la base de  que el acto jurisdiccional no desborde la legalidad básica.   

Una decisión judicial al margen de la ley  sólo  puede  ser  calificada  como  una vía de hecho, y frente a ella no puede  aducirse  argumento alguno que pretenda garantizar su incolumidad.  En esos  eventos,  en los que se rompe de manera incontestable el hilo de la juridicidad,  el  juzgador de segunda instancia, o la misma Corte en sede de casación, están  llamados  a  restaurar  esa  fidelidad  a  la  ley, de la que ningún juez puede  liberarse sin abjurar de su misión.   

La vinculación que los órganos del Estado  deben  al  derecho, obliga a desestimar y proscribir las acciones judiciales que  se  logren identificar como vías de hecho, esto es al margen de la ley, pues el  Estado  de  Derecho  deja  de  existir si un órgano del Estado pretende y puede  situarse por encima del derecho establecido.   

La  competencia  que  la  Constitución le  otorga  a  los  jueces  de  la  República,  se insiste, sólo les permite obrar  dentro  del  marco  del  derecho, y no puede sustituirlo arbitrariamente por sus  propias   concepciones.   La   igualdad  en  la  aplicación  de  la  ley  está  íntimamente  ligada  a  la seguridad jurídica que descansa en la existencia de  un  ordenamiento  universal  y  objetivo,  que con idéntica intensidad obliga a  todos, autoridades y ciudadanos.   

El principio de legalidad obliga al juez a  aferrarse  estrictamente  a la norma legal (sea constitución o ley), so pena de  que  si  lo  desconoce  su  conducta sea una clara rebeldía contra el Estado de  derecho.   

Cuando  nos  referimos  a los mandatos del  constituyente  (primario o derivado), debemos comprender que en su fuero interno  no  se  concibe nada que esté por fuera de la institucionalidad. Por manera que  cuando  consagra  que  no  se  podrá  agravar  la pena impuesta, ese mandato le  significa  al  superior  o juez de casación la obligación de mantenerse dentro  de  los  límites  del  fallo  impartido  en  las instancias, entendiendo, desde  luego,  que  lo  que el constituyente salvaguarda es la que se impuso conforme a  los parámetros legales.   

Téngase en cuenta que el constituyente no  puede  referirse  a nada distinto que al marco de la ley, pues si no fuera así,  de  modo  simultáneo  crearía  un  Estado  de  derecho y a renglón seguido lo  borraría,  al  facultar  al  juez  a  que actúe por fuera de la ley, lo que se  contradice   con  el  claro  mandato  del  artículo  230  de  la  Constitución  Nacional.   

Cuando el juez impone una pena que no está  establecida   en  la  ley  (en  cuanto  a  sus  límites  mínimos  y  máximos,  naturaleza,  etc),  desconoce  de  entrada  el  Estado  de derecho y la esencial  función  del  legislador,  entrando  a  suplirlo  con  la  sentencia, generando  anarquía  y causando la quiebra del orden establecido. Ese juez que así actúa  se  aparta  del  Estado  de derecho, se convierte en legislador y juez, inducido  por  la  arrogancia  y  la  arbitrariedad  de  sus  actos.  Esas decisiones así  concebidas,     jamás    podrán    estar    ajustadas    al    principio    de  legalidad.   

La   consecuencia  de  un  tal  proceder  generaría  que  para  los  demás  ciudadanos naciera el derecho a reclamar por  virtud  del  principio  de igualdad, a que en lugar de la pena que conforme a la  ley  se les irrogó, se les impusiera una proporcionalmente igual a la que se le  dedujo  a  quien se le aplicó una por debajo del mínimo legal o se le señaló  una  en  proporción  y  naturaleza  más  benigna  que  la  establecida  por el  legislador para la conducta delictiva.   

En  un  escenario  semejante se vendría a  legitimar  toda decisión producto de una conducta ilegal del juez de instancia,  incluso  el  prevaricato  que  haya  servido  en determinados casos para imponer  penas  por  debajo  del  marco legal o desconociendo la naturaleza fijada por el  legislador.   

Si   lo   anterior   fuese  posible,  se  avasallaría  el  Estado  de  derecho  y  el  reconocimiento  de  la legitimidad  establecida  en  los  tratados  internacionales,  especialmente  de aquellos que  hacen parte del bloque de constitucionalidad.   

Por  lo  tanto,  el  suscrito  Magistrado  reafirma  su  criterio  de que la prohibición de la reformatio in pejus no rige  frente  a  una  sentencia  que  ha  fijado  la  pena  violando  el  principio de  legalidad,  pues  la  conclusión  contraria  lleva  a  aceptar  que  la persona  condenada  con base en el desconocimiento de la ley, estaría en una situación,  que  si  le  resulta  favorable,  sería  invulnerable  a  pesar  de  su  franca  ilegalidad,  lo  cual,  como  se acaba de ver contraría los fines propios de un  Estado de Derecho.   

Concluyendo, donde no hay legalidad no hay  prohibición   de   reforma   en  perjuicio,  pues  una  es  presupuesto  de  la  otra.”   

Con todo respeto,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha Ut-supra.  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Respetuosamente discrepo de la decisión de  mayoría  que  a  pesar  de  reconocer  que al procesado Samuel Gad se le debió  imponer  la  pena  accesoria  de  expulsión  del  territorio nacional, como con  acierto  así  lo  había  dispuesto  el Tribunal ante la omisión de la primera  instancia,  la  Corte  optó por revocar esa determinación dando prevalencia al  principio  de  no  reformatio  in  pejus sobre   el  de  legalidad.  Al respecto digo:   

1. La categoría  de  fundamental  de  un  derecho  se otorga por su consagración constitucional,  norma  que  a  la  vez se erige en fuente jurídica de sus limitaciones. Ella es  una  unidad,  un  sistema  armónico y coherente, en el que todas sus normas son  útiles   para   determinar   los  límites  de  los  derechos  y  sus  posibles  restricciones  porque  no  pueden anular otros derechos de similar estirpe ni la  salvaguardia  de  éstos  debe  contradecir  o  agotar  el contenido de aquellas  prerrogativas  pues  la  interpretación  correcta  es la que lleve a la máxima  efectividad     de    toda    la    Constitución27,  porque  como  con  razón  apunta Habermas   

Las normas concernientes a principios, que  ahora  embeben  todo el orden jurídico, exigen una interpretación constructiva  del  caso  particular, referida al sistema de reglas en conjunto, y muy sensible  al  contexto28.   

2.  Un  llano  test   de   ponderación  señala     que     se     deben     ponderar    las    garantías   a   la  no   reforma   peyorativa  establecida  en  el  inciso 2 del artículo 31 constitucional: “El superior no  podrá   agravar  la  pena  impuesta  (la  situación  jurídica) cuando el  condenado  sea  apelante  único”, y la de legalidad  previamente  fijada en los artículos 6 y 29 inciso 2  de la Constitución Política:   

Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a  las  leyes preexistentes al  acto  que  se  imputa,  ante  el  juez  o  tribunal  competente   y  con la  observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio”.   

3.   Para  establecer  cuál  garantía  esencial  debe primar por ostentar el núcleo más  fuerte,  hay  que decir que cuando los derechos humanos apenas hacían parte del  catálogo  de  aspiraciones  que  los  Iluministas  reclamaban  a  favor  de los  asociados,     a    partir    de    posturas    ius  naturalistas  se  les  confirió  un valor absoluto e  inherente  a  la  persona, pero, una vez fueron positivados, se empezó a ver la  necesidad de relativizarlos, limitarlos o delimitarlos, pues   

el  hecho  de  vivir  en  sociedad permite  atisbar  la existencia de conflictos entre diferentes titulares de derechos, por  lo  que  resulta  necesario conjugarlos armónicamente y por lo tanto limitarlos  externamente29.   

3.1.   La  jurisprudencia  del Tribunal Constitucional indica que como quiera que no existe  una  jerarquía  normativa  entre  los  diferentes  derechos  fundamentales  que  consagra   la   Carta   Política   y   los   mismos   deben   ser  garantizados   en   la   mayor   medida  posible30,   surge  un  problema  hermenéutico  cuando  estos  concurren  o  coexisten  o entran en conflicto o se enfrentan a postulados que constituyen los  pilares  que fundamentan nuestro Estado social democrático de Derecho, de donde  surge    la    necesidad   de   su   armonización31.   

3.2.   Y  la  doctrina dice que   

“Como  lo muestra la problemática   de  la  colisión  de  los  derechos  fundamentales,  el  contenido  del derecho  fundamental  está  condicionado porque los derechos fundamentales pueden entrar  en  la  práctica   en  colisión   con otros derechos fundamentales y  porque  necesariamente   deben ponerse en concordancia con otras normas del  sistema  jurídico  (entendido  como  sistema  coherente).  Por  eso,  todos los  derechos  fundamentales,  respecto  de su estructura, son derechos fundamentales  condicionados.  La  razón  de ello es que pueden ser limitados según  las  circunstancias.  La  ponderación   entre  argumentos  para  normas de  derechos   fundamentales   en   colisión   es  indispensable  en  el  caso  concreto”32.   

4.    El  principio  de  legalidad33 se traduce en materia penal  en   la   necesidad  imperiosa  e  insoslayable  de  que  el  legislador  defina  previamente  el  delito  y  la  pena, el juez competente y las formas propias de  cada  juicio34,   con   lo   que   se  delimita  el  ejercicio  del  ius  puniendi  y  se ata al legislador a  los contenidos supremos, pues éste debe responder   

a la realización de los fines sociales del  Estado,  entre  ellos,  los  de  garantizar  la  efectividad  de los principios,  derechos  y deberes consagrados en la Constitución y de asegurar la vigencia de  un              orden              justo35.   

Y,   más   adelante,   el  debido      proceso     público  aparece consagrado en el texto  constitucional  de manera conglobante pues inmersos en él pueden observarse los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  la  presunción  de  inocencia, el  derecho  a  la  defensa  material  y  técnica,  el  debido  proceso  en sentido  estricto,    el   non   bis   in   ídem  y la no reformatio in pejus.   

La   supremacía  de  la  estricta   legalidad  dice  desde  luego  relación  a  los principios formales del Derecho  penal  –que  limitan  la  competencia  de  los  órganos  estatales  en materia de persecuciones penales-.  Desde  el punto de vista material es indudable que la prioridad corresponde a la  dignidad  humana  y,  por  tanto,  no  hay  ley que valga contra ésta, tal como  acertadamente  lo  destaca  el  artículo 1° del nuevo Código Penal Colombiano  (Ley  599  de  2000),  en armonía con el artículo 1° de la Constitución  Política  de  1991  que  reconoce a este principio el  carácter de primer  fundamento    de    todas    las    instituciones36.   

5.  Cuando  un  proceso  penal  llega  al conocimiento de una autoridad superior en virtud de un  recurso  propuesto  exclusivamente  por  el  procesado, se impone la aplicación  respetuosa  del  precepto  superior  consagrado en el artículo 31 de la Carta y  desarrollado  por los artículos 204 de la Ley 600 de 2000 y 20 de la Ley 906 de  2004.  Tal  principio  tiene  cobertura  absoluta  en  la  medida en que la pena  impuesta  por  las  instancias  haya  sido  respetuosa  de la legalidad y de los  límites  punitivos  impuestos  por  el  legislador37.   

Lo  antes dicho significa que en todos los  casos  en  que las decisiones judiciales se mantengan dentro de los límites que  establecen  los  preceptos  y la consecuencia jurídica que contienen las normas  penales,  al  apelante  único  no se le puede hacer más gravosa su situación,  vr.  gr.,  si  una  persona  fue  condenada  a  la  pena  de 13 años como autor  responsable  de  un  delito de homicidio agravado (art. 106 del CP), a quien por  razones  funcionales  le  corresponda  resolver la impugnación que interpuso el  acusado,  por  expreso  mandato de la prohibición consagrada en el artículo 31  de  la  Carta,  le está negado agravar su situación porque está dentro de los  límites legales.   

6. Pero  ya  se  vio  que  en el Estado Social de Derecho, la garantía esencial que prohíbe  la  reforma  peyorativa  tanto  para  victimario  como  para víctima cuando son  recurrentes   (tanto   en   reposición   como   en  apelación)  únicos,   no  es  absoluta y, en caso  de  concurrencia  o  conflicto  con  otros  derechos, se debe proceder a dar una  solución  al  asunto  por  vía  de  las  reglas  de  ponderación,  armonizando los límites del principio  de   legalidad   de   la   pena  con  los  de  la  prohibición  de  la  reforma  peyorativa:   

La  Ley  Fundamental,  como el conjunto de  principios  básicos  que adoptan y describen el modelo de sociedad dentro de un  marco  conceptual  general,  no  es  una  codificación  cerrada  ni  un  modelo  descriptivo  completo  y  exhaustivo,  sino  que  sus  previsiones establecen el  contenido  esencial  o  los  esquemas  que engloban los valores esenciales de la  comunidad,  la  forma  de  Estado,  los  límites  de los poderes públicos, sus  funciones  y  responsabilidades, la forma de organización política, económica  y  social;  pero al lado de esa concepción estructural del modelo de Estado, se  levanta  como  razón  y  esencia  misma del  Pacto  Constitucional  el reconocimiento del valor superior de  la   persona  humana,  la  supremacía de los derechos  humanos  como  metas  y  fines esenciales del Estado38.   

Las  penas establecidas en la legislación  penal  han  superado los exámenes de constitucionalidad y por lo tanto resultan  ajustadas         al        principio        de  proporcionalidad  para  sancionar  al  amparo  de sus  extremos  punitivos  los  ataques  que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde  se tiene que la imposición de una sanción que desborde  el  tope máximo, se tace por debajo del límite mínimo o por vía de alguna de  las  instituciones del derecho premial conlleve una rebaja de pena más allá de  la     autorizada     legalmente,     debe     ser  corregida, sin importar que el condenado sea apelante  único,  pues  desde la Constitución se reclama imperativamente que los poderes  públicos  en  general,  y  la  rama  judicial  en  particular,  desplieguen  su  actividad  de  manera  encaminada  a  conseguir “la efectividad de los valores  superiores  de  la  justicia material y de la seguridad jurídica”39.   

En  la  vida  en  comunidad y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad     jurídica…   Así   es   como   el   derecho  a  la  seguridad viene a cobrar  especial  relevancia  en  el  orden a la protección de la dignidad, la vida, la  libertad  y  la  igualdad.  Sin  seguridad material y  jurídica  de nada sirve la formulación abstracta de  derechos,  el  establecimiento  de  un  Estado  de  Derecho se tornaría inane e  insignificante,  pues  la  incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad de las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida social y  la  justicia  en un subjetivismo peligroso que propiciaría la inconformidad, la  violencia y la guerra civil.   

7.  La pena que  legalmente  se  consagra  como  consecuencia  de un comportamiento punible está  ajustada  dentro de unos límites que le permiten caracterizarla como necesaria,  proporcional  y  razonable  (CP,  art.  3°)  y  en tal medida con ella se busca  obtener  como  fines  la  prevención  general,  retribución justa, prevención  especial,   reinserción   social   y   protección   al   condenado  (CP,  art.  4°).   

8. Algunos de los  valores  constitucionales  que  pueden colisionar con el principio que proscribe  la  reforma en peor, además de la legalidad (desarrollo y aplicación del valor  y     principio     dignidad    humana),  son  los derechos de las víctimas  (también titulares de  la  dignidad  humana  y del  derecho  de  defensa de sus  garantías  fundamentales)  y el deber correlativo del Estado de investigar  y  sancionar  los  delitos  con el fin de realizar la justicia y lograr un orden  justo,  amén  de la igualdad, de donde se tiene que tales derechos autorizan, e  inclusive  exigen, una limitación de esa garantía constitucional establecida a  favor            del            condenado40.   

El    principio    de    legalidad      del     delito     y     de     la     pena, es en el  campo  penal,  un desarrollo  y  aplicación del principio  esencial   de   dignidad  humana,   pues  en  este  ámbito  sólo mediante él se garantiza al individuo ser tratado como persona e  innato  titular  de derechos y garantías. Es así, visto como corolario lógico  del   principio   de   dignidad   humana,   que  el  principio  de  legalidad    penal    cobra   especial  jerarquía     y     prevalencia     en    el    ámbito    de    los    valores  constitucionales.   

Es   que   una   manifestación   de  la  administración  de  justicia  resolviendo  un  asunto con desconocimiento de la  legalidad  vigente  no  puede generar derechos; permitir tal dislate, ni más ni  menos,  constituye  un  asentimiento  para  que  el  infractor de la ley obtenga  beneficios  por  cuenta  del  delito o del error judicial, incurriéndose en una  insostenible  política  de  tolerancia  que arremete contra los derechos de las  víctimas  y  deja  a  la sociedad burlada: a las primeras porque no se les hace  justicia y a la segunda por la impunidad que se deriva del hecho.   

La  equivocada  jurisprudencia que concede  prevalencia  absoluta al principio de no reformatio in  pejus  sobre  el  derecho  a la legalidad de la pena,  deja  el  camino  abierto para que los más graves atentados contra los derechos  humanos  y  el  derecho  internacional humanitario puedan quedar en la impunidad  total,  pues bastará que por medio del delito o el error, o que bajo el influjo  de  los  diferentes  poderes  fácticos que inciden en la sociedad, y que pueden  llegar  a  sofocar  la  libertad  e  independencia  de  los  administradores  de  justicia,  se  profiera  una  decisión  en  la  que  se deje de imponer la pena  privativa  de la libertad que aparejan tales ataques a los más preciados bienes  jurídicos,  para  que  las  víctimas  queden  inermes,  sin justicia, verdad y  reparación,  la  sociedad  deplore la impunidad (a la  que   también   se   llega   con   la   concesión  de  aminorantes  o  rebajas  improcedentes)  y la comunidad internacional nos  considere como paraíso del delito necesitado de intervención.   

9.          Adicionalmente,  tal  criterio  contraría el derecho fundamental a  la  igualdad,  que  también es valor superior y principio fundamental, pues por  medio  del delito, el error o la fuerza se obtiene un trato desigual beneficioso  para  un sujeto que no lo merece y respecto de quien la Constitución no reclama  trato preferente.   

10.  Del  mismo  modo,  si  la  pena  en los términos del Código Penal cumple unos fines, no se  puede  aceptar  como  lícito  que  los  mismos  se  verifican  cuando  la  pena  efectivamente  impuesta  no  alcanza  el extremo punitivo mínimo previsto en la  ley,  pues  el  respeto del mismo (así como del tope máximo) está vinculado a  la  capacidad  que  tiene  la  pena de responder ante la gravedad de los delitos  como   estrategia   de  prevención  general,  retribución  justa,  prevención  especial, reinserción social y protección al condenado.   

11. En este caso  no  cabe  duda que el asunto ha sido resuelto de manera insatisfactoria porque a  pesar  de  que  la intervención penal tiene un fin legítimo, siendo además el  medio  idóneo  y necesario para alcanzarlo, bienes jurídicos lesionados con el  proceder  antijurídico  de  la procesada no obtienen respuesta estatal en busca  de  su  protección  mediante  la  consecuencia  punible  adecuada,  necesaria y  proporcional.   

12.  Un alcance  equivocado  del derecho fundamental que prohíbe la reforma peyorativa conduce a  generar  nuevos  derechos  fundamentales  contrarios  a los valores y principios  inspiradores  de  nuestro  Contrato  Social,  pues  ante  la legitimación de la  ilegalidad  no faltará ni quien reclame un trato igual ni el juez que considere  la   necesidad   de   proteger   en  esas  condiciones  un  derecho  fundamental  inexistente,  con  lo  que  finalmente  se  obtiene  la  perversión  del  orden  normativo,  se  desconoce  la  seguridad  jurídica  y se atacan las condiciones  básicas de convivencia social.   

Las anteriores hipótesis permiten falsear  la  teoría  que  da  fuerza  prevalente al principio que prohíbe la reforma en  peor  frente  al  de  legalidad,  pues  resulta  inadmisible que en una sociedad  democrática  encaminada a la consecución de un orden justo la ilegalidad pueda  cobrar  legitimidad  aún por encima de los derechos de las víctimas y la lucha  global contra la impunidad. Ha de recordarse que   

La  intervención  de  las víctimas en el  proceso  penal  y su interés porque la justicia resuelva un asunto, pasó de la  mera  expectativa  por  la obtención de una reparación económica –como  simple  derecho  subjetivo  que  permitía  que  el  delito como fuente de obligaciones tuviera una vía judicial  para     el     ejercicio     de    la    pretensión    patrimonial–    a    convertirse   en   derecho  constitucional   fundamental   que   además   de  garantizar  (i)  la  efectiva  reparación por el agravio  sufrido,  asegura  (ii)  la  obligación  estatal  de  buscar  que se conozca la  verdad sobre lo ocurrido, y  (iii)  un  acceso  expedito  a la justicia,  pues  así  se  prevé por la propia Constitución Política, la  ley  penal  vigente y los tratados internacionales que hacen parte del bloque de  constitucionalidad41.   

De donde se hace imperativo considerar, en  defensa  de  la independencia y autonomía de la administración de justicia, el  respeto  de  los  compromisos  internacionales del Estado en materia de derechos  humanos  y  la efectividad de los derechos fundamentales, en defensa de los más  caros  bienes  jurídicos  y  de  la  humanidad en general, que en el proceso de  ponderación  que  se  debe  hacer  entre  el  principio que prohíbe la reforma  peyorativa  y  el  de legalidad, el primero tiene que ceder ante el segundo para  permitir   que   el   orden   justo   –Estado    de    justicia– permanezca como un anhelo realizable.   

13.   En  un  supuesto  como  el  que aquí nos ocupa, los principios de legalidad, igualdad y  los  derechos  de  las  víctimas preceden     al     otro     pues     tienen    un    mayor    peso  que  obliga  a que el conflicto se  resuelva  a  su  favor,  porque  al  Estado le compete el irrenunciable deber de  investigar  con  seriedad  y  eficiencia  los  hechos  punibles  e  imponer  las  sanciones  autorizadas por el legislador, obligación que para la jurisprudencia  es  más  intensa  cuanto  más  daño  social  ha  ocasionado el comportamiento  delictivo42.   

En    estos    términos   se   cumple  satisfactoriamente  el  test  que      antecede      al      proceso     de     ponderación:     (i)        es        adecuado  sacrificar  el  principio  que  prohíbe  la  reforma  peyorativa  porque  su  oblación  permite  preservar  la  legalidad  y  con  ello  el derecho de las víctimas y la sociedad a que se haga  justicia;    (ii)   es  necesario  tal  sacrificio  porque  no existe otro medio menos lesivo disponible para preservar la legalidad  penal   y   la  igualdad  reclamada  desde  la  Constitución;  y,  (iii)  se  afecta  el  derecho  de la no  reformatio  in  pejus en el  menor  grado  posible  compatible  con la mayor satisfacción en el ejercicio de  los  derechos  fundamentales de legalidad e igualdad en la aplicación de la ley  (proporcionalidad   propiamente   dicha)43.   

Lo  dicho  permite  conseguir no sólo dar  cumplimiento   a   la  exigencia  lógica,  referida  a  la  coherencia  del ordenamiento jurídico, sino al  acuciante      imperativo      político      del  presente  de  dar respuesta adecuada a la protección  estatal de los derechos fundamentales.   

En        resumen:   

      1.  Partidario  soy  de  la  no  reforma  peyorativa  siempre y cuando se haya respetado por la jurisdicción el principio  y  derecho  fundamental  del debido proceso (art. 29 Const. Pol.) en la variante  de la aplicación de la legalidad.   

      2.  Quiere  decir  lo  anterior  que  al  recurrente  único  no  se le puede desmejorar la situación siempre y cuando la  condena  se  ajuste  a  lo  que  disponen  las reglas que gobiernan el Estado de  Derecho.   

      3.  El  olvido,  el  error  o  el delito  judicial  no  pueden  servir para crear derechos, como tampoco la negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  pretexto  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la ley  válida,  razón para que se haya creado legislativamente, y en concordancia con  el  bloque de constitucionalidad (artículos 93 y 94 Const. Pol.), una causal de  revisión  (artículos.  21  y  192-4  cpp- 2004), desfalco al Estado de Derecho  que,  si  desde el comienzo o en el trámite procesal surge evidente, el juez no  puede  convalidar,  además  que  se  lo impone la función nomofiláctica de la  casación.   

4.    En    recientísima    ocasión   por   unanimidad   la   Sala  sentenció:   

“El principio  de  legalidad  de  la pena es una garantía para el procesado y también para la  sociedad,  en el sentido de que el Estado impondrá las que haya sido estatuidas  previamente  a  la  realización  de la conducta punible, dentro de los límites  cuantitativos  y  cualitativos consagrados en el ordenamiento jurídico, sin que  se  pueda  imponer  penas  por arbitrio o imaginación del juez, que no respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de  la  igualdad  y  de la seguridad  jurídica”44.   

         Cordialmente,   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha:   ut  supra.   

    

1 Cfr.  Sentencia del 13 de octubre de 2004, radicación 20.944.   

2 Pág.  27 del fallo de primera instancia.   

3 Pág.  26 ibídem.   

4 Pág.  22 del fallo de segunda instancia.   

5 Sobre  este  aspecto  se  hará  referencia  más  a  profundidad  cuando  se aborde el  análisis de otro de los cargos formulados por el censor.   

6 Pág.  21 ibídem.   

7 Pág.  ídem.   

8  Sentencia del 19 de julio de 2006. Rad. 23191.   

9  Folios 131 a 136 del cuaderno # 7.   

10  Folios 35 y 259 del cuaderno # 7.   

11  Folio 50 a 54 del cuaderno ídem.   

12  Folio ídem.   

13 Fl.  255 del cuaderno # 7.   

14  Folio 66 del cuaderno # 9.   

15 Fl.  68 del cuaderno ídem.   

16 Fs.  64 y 65 del cuaderno ídem.   

17 Fl.  122 del cuaderno # 3.   

18 Fl.  65 del cuaderno del Tribunal.   

19 Fl.  122 del cuaderno # 3.   

20 Fl.  126 del cuaderno ídem.   

21 Fl.  65 del cuaderno # 9.   

22 Fl.  127 del cuaderno # 3.   

23 Su  descripción  típica  es  del  siguiente tenor: “El  que  con  el  fin  de  obtener  un  provecho  ilícito  de origen oficial simule  exportación  o  importación,  total  o  parcialmente,  incurrirá  en prisión  de…”.   

24  Radicación 23174.   

25Cfr.  CORTE    SURPEMA    DE    JUSTICIA,   Sentencia   del   19/01/2005,   rad.   No.  21044.   

26 En  este  sentido  el  Decreto  4000  de  2004,  en  su  artículo  104.3 faculta al  Departamento  Administrativo  de  Seguridad, D. A. S., para adoptar la medida de  expulsión  del  territorio  nacional  cuando  no  es  impuesta  en la sentencia  condenatoria,  pero  le  impone  motivar  la  respectiva resolución y establece  que   contra  la  misma  proceden los recursos de la vía gubernativa en el  efecto suspensivo.   

27  «La  justeza  lógica  de esta proposición está determinada por el ya aludido  carácter  no  absoluto  ni  aislado  de  los  derechos  fundamentales  y por su  pertenencia   a   un   sistema   de   valores,  principios,  derechos  y  bienes  constitucionales  de  igual  importancia en términos materiales y axiológicos;  lo  anterior,  no  es  óbice  para examinar los distintos modos como las normas  constitucionales  participan  en  la  configuración  de  los  derechos  y en la  determinación  de  sus  limitaciones».  Magdalena  Correa  Henao, La    limitación   de   los   derechos   fundamentales, Bogotá, Uni-Ext., 2003, p. 40.   

28  Jürgen  Habermas,  Facticidad  y validez, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 319.   

29  Jesús  González Amuchástegui, «Los límites de los derechos fundamentales»,  en  Constitución y derechos fundamentales,  Madrid,  Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2004,  p. 442.   

30  Corte  Constitucional,  sentencia  C-475/97,  aunque «no podemos suponer que la  Constitución  sea  siempre  lo  que el Tribunal (Constitucional) dice que es».  Rónald  Dworkin,  Los  derechos en serio, Barcelona. Editorial Ariel, 1984, p. 311.   

31 La  Corte  Constitucional  frecuentemente  utiliza el criterio de la armonización o  ponderación  de  derechos,  principios  y valores para resolver problemas entre  derechos  fundamentales.  Véase  las  sentencias  T-575/95, T-332/96, C-475/97,  C-507/04,   T-701/04,   T-962/04,   C-818/05,   T-013/06,   T-023/06,  T-171/06,  T-1027/06, entre otras.   

32  Arango     Rodolfo,     El  concepto  de  derechos  sociales  fundamentales, Bogotá,  Editorial Legis, 2005, p. 135.   

33  «El  principio de legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado,  y también para la   sociedad,  en  el  sentido  de  que  el  Estado  impondrá  las  que  hayan sido  estatuidas  previamente  a la realización de la conducta punible, dentro de los  límites  cuantitativos y cualitativos consagrados en el ordenamiento jurídico,  sin  que se puedan imponer penas por arbitrio o imaginación  del juez, que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de la igualdad y de la  seguridad  jurídica». Cfr. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  casación  de  7  de  marzo  de  2007, radicación 25.385, M. P., Dr. Álvaro O.  Pérez  Pinzón.  Agréguese que el olvido,  el  error o  el   delito  judicial  no  pueden      crear      derechos,      como      tampoco      la     negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  criterio  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la Ley  válida.   

34  Corte     Constitucional,     sentencia SU-1722/00.   

35  Corte     Constitucional,     sentencia C-070/96.   

36  Juan    Fernández    Carrasquilla,    Derecho  Penal  liberal  de hoy, Bogotá,  Edit.     Ibáñez,    2002,    p.123.    “Solo   la   ley   –con  el  carácter  de  ley estricta-  puede  crear  o agravar penas o medidas de seguridad (nulla poena, nulla mensura  sine  lege),  y por cierto no ha de contentarse con un señalamiento genérico y  abstracto  del  tipo  de  reacción punitiva, sino que ha de  determinar la  naturaleza   de   la   pena   correspondiente   y   el   marco   para   su   individualización  judicial  en  cada  caso,  proveyendo a la vez los criterios  fundamentales  para  que  el  juez  se  mueva  dentro de los límites mínimos y  máximos   de   este   marco”.   Juan  Fernández  Carrasquilla,  Principios   y   normas   rectoras  del  derecho  penal,  Bogotá,  Edit.  Léyer,  1998, p. 147.              

37 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.  Cfr.  Adrew  von  Hirsch,  Censurar y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la   misma  manera  que  sólo   puede  imponérsele  la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata  del  apotegma universalmente conocido como  “nullum  crimen,  nulla poena sine lege”. El principio de legalidad opera en  un  doble  sentido, (i) como límite al ejercicio del poder punitivo del Estado,  en   la   medida  en  que  le  impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas   de   delitos   y  cuál  la  sanción  a  aplicar  por  su   realización;  y  (ii)  como  garantía  para el procesado y la  comunidad,  atendida  la  certidumbre que genera el saber de antemano que sólo será objeto  de  sanción penal la conducta erigida en delito por la ley y que únicamente se  impondrá  la pena dentro de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos establecidos por la misma”. Corte  Suprema  De  Justicia,  Cas.  Rad.28.059  ,  M.  P.,  Dra.  María  del  Rosario  González  de  Lemos.  “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los   funcionarios   judiciales”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Cas.  Rad.  24.030,  M.  P.,  Dr.  Julio  Enrique Socha Salamanca.   

38  “El  reconociendo constitucional del valor superior  de  la  persona  humana,  nos  ubica  en el entorno de un modelo de Estado  antropocéntrico, esto es, de una  forma  de  organización  política y jurídica que tiene como su valor central,  como  el  objeto  de  toda  su  actividad,  como  responsabilidad  de  todas las  autoridades,  el  compromiso  indeclinable de garantizar las condiciones para la  dignificación del hombre y  para   procurarle   el   desenvolvimiento  de  sus  potencialidades,  así  como  establecer  condiciones  individuales  y sociales de vida que posibiliten que su  existencia   discurra   de   la  manera  más  feliz  posible.  El  hombre  se  destaca  no  solo  sobre  la  naturaleza  como un ser superior dotado de facultades para transformar el mundo,  sino   que   también   es   reconocido  por  la  organización  política  como  “el  ser  en  sí  en  esencia  valioso”,  para  el  cual  y  alrededor del cual se crean la estructuras  estatales,  las  construcciones  jurídicas, políticas, económicas y sociales,  hasta  llegar a la ideal del Estado de servicio, y a la indeclinable conclusión  de   que  todo  debe  servir  al  fin  central  de  dignificar  al  hombre.  Estado,  leyes,  órganos  del  poder,  vida  económica, vida política, justicia, actividad estatal, todo debe  funcionar  y  girar  alrededor  del hombre,  como  instrumentos y medios para el fin superior de facilitar el  desenvolvimiento  de  los destinos humanos. A diferencia de las cosas que tienen  su   fin   fuera   de   sí,   el  hombre   se   concibe   como  el  fin  en  sí  mismo,  posee  innatamente  el  derecho  y la misión  inherente  de  concebirse y realizarse tal como él se piensa y se sueña, y por  eso   se  le  garantiza  el  libre  ejercicio  de  su  voluntad;  no es una simple existencia biológica, un  dato  más  en la realidad de las interacciones sociales, sino que la existencia  siendo  enteramente  suya38,  es  además  libre para darse los rumbos que su razón le dicte, para imprimir a  su  días  y  a sus años de tránsito en la tierra las formas de vida que mejor  lo  realicen  y  le  permitan  un superior desarrollo de sus potencialidades”.  Yesid    Ramírez    Bastidas,    Aclaración    de  voto a Cas. 22.027. Así mismo, Jesús Orlando Gómez  López,     Teoría     del     Delito,     Bogotá,    Ediciones   Doctrina   y   Ley,   2003,   p.  17.   

39  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de los Estados. Se trata “de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

40 Se  sigue  lo  dicho  por  la  Corte Constitucional (sentencias C-004/03 y C-871/03)  cuando  resolvió  la  tensión  entre  el  non bis in  ídem  y  los  derechos  de  las  víctimas. La Corte  Suprema    de   Justicia   al   ponderar   en el Estado Social  y Democrático de Derecho vigente  en  Colombia  (art.  1  Const. Pol.) los derechos a la favorabilidad y al debido  proceso  público  –en su  vertiente    de   procedimentalismo-,   estimó    como   de   núcleo  más  fuerte  el derecho de las  víctimas  a  la  verdad,  la justicia y la  reparación. Cfr. Provs.  de  Segunda  Instancia  de 11 de  julio  de  2007  y  23  de  agosto  de  2007,  Mags. Ptes., Dres. Yesid Ramírez  Bastidas  y  María  del  Rosario  González  de  Lemos,  respectivamente.    

41  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945.  El  derecho a la justicia   proscribe   la  impunidad   así   sea   parcial.   El  Tratado  de Roma, que fuera  ratificado   por  la  Ley  742  de 2002 y declarado exequible por sentencia  C-578  del  mismo año, tuvo como bloque de constitucionalidad amplio reflejo en  la   legislación   interna   en   el   nuevo   contexto   del   “derecho  penal  de las víctimas” (art.  75).  En  el  Acto  Legislativo 3 de 2002 y la Ley 906 de 2004,que impusieron el  sistema     acusatorio     colombiano,  se  hacen  3  y  89  referencias estelares a los derechos de las  víctimas. Y recordemos que  las  sentencias  de la CPI  serán  ius  cogens, fuente  de  la  jurisprudencia   nacional  (art.  230  Const.  Pol.)  y hasta norma  supralegal (arts. 93 Const. Pol. y  3 cpp).   

42  Véase  Corte  Constitucional,  sentencia C-871/03.   

43  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

44  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent. Radicación 25.385.     

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