25486(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 25486  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 175  

Bogotá,  D. C., dos (2) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  la acción de revisión  promovida  por  el  apoderado  de JULIO CÉSAR RAMÍREZ  GÓMEZ  contra  la sentencia proferida el 10 de agosto  de  2004,  mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali  confirmó  la  dictada  el  9  de abril de 2003 por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión de la misma ciudad, que lo condenó,  entre  otros  acusados,  como  autor  del  delito de enriquecimiento ilícito de  particulares.   

H E C H O S  

Fueron  sintetizados  en  la  sentencia  de  segunda instancia en los siguientes términos:   

“Para el segundo  semestre  del  año  de  1997, Agentes del Grupo de Estupefacientes de la DIJIN,  según  se  dice  con  apoyo  de  la DEA, cumplieron algunas pesquisas en varias  ciudades   del   país,   en   lo   que   se   llamó   operación  ‘Hielo          Azul’,  detectando  que  al parecer desde el  Edificio  Ismael  Hormanza,  situado en la cra. 5ª con calle 11 de la ciudad de  Cali  y concretamente desde el abonado telefónico 8857904 de la oficina 202, se  tenía  frecuente comunicación con el exterior y ello motivó que la Fiscalía,  bajo  Resolución  DNF  2566  GNS  de  octubre 24 de aquél año, se aprobara su  interceptación.   

“A través de esta  primera  línea se detectaron otras que fueron intervenidas legalmente, hasta el  mes  de  abril de 1998. Fue así como se grabaron 3 casetes donde se registraron  en  su  orden: 9 conversaciones el 18 de noviembre de 1997, 17  entre el 14  y  15  de  noviembre  de  1997  y una el 15 de noviembre ídem. A lo largo de la  investigación  preliminar  se  aportaron  otras  charlas,  lo  que dio lugar al  informe  del  investigador 578 de la DIJIN, el 24 de aquella calenda.   

“En  resumen,  considera  el  informe  que  el  centro  de  operaciones  era el Edificio Ismael  Hormanza,  desde  donde  se  enviaba  la  sustancia estupefaciente al aeropuerto  Alfonso  Bonilla  Aragón,  donde  funcionarios  del  terminal  la  empacaban en  caletas   de   los   aviones   y   enviada   al   extranjero   por   las   rutas  Cali-Guatemala-Estados     Unidos;     Cali-Guatemala-México-Estados    Unidos,  Cali-Panamá-Estados   Unidos  y  Cali-Bogotá-Chile-Estados  Unidos.   

“Luego, el 20 de  enero  de 1998, se registran más llamadas en el abonado 5535628 correspondiente  a   la   residencia   de   MARCO   ANTONIO  RAMÍREZ  GÓMEZ, donde se graban conversaciones llevadas a cabo  los  días  15,  19,  26,  28, 29 y 30 de diciembre de 1997 y el 1° de enero de  1998.   

“Se   allegan   entonces   más   casetes  con  charlas   interceptadas   y  transliteradas,  donde  MARCO  ANTONIO     y    DANIEL  ROSAS,  alias ‘El  Cerdo’, se  refieren  a salidas de aviones y envíos de droga, precios y cuentas por recibos  y ventas.   

“El  Brigadier  General  Ismael  Trujillo  Polanco, Director de la DIJIN, el 27 de enero de 1998  comunica  que  por informes de inteligencia se supo sobre la incautación de 995  gramos  de  cocaína  remitida  desde  Colombia  dentro  del  libro ‘Las     verdades     sobre     las  mentiras’,  como también  98  gramos de la misma sustancia, en 11 óvulos, 330 gramos en otros 37 óvulos,  resultando     capturados    ALEJANDRA    CÁRDENAS  CARDOZO,  su  esposo EDUARDO  TORO  QUINTERO, DARWIN MIGUEL  HERRERA,  y se tuvo conocimiento que el envío lo hizo  ROSEMBERG      CÁRDENAS      CARDOZO.   

“Aparece   un  escrito  rotulado  ‘POLICÍA  NACIONAL-DIRECCIÓN           DE          POLICÍA          JUDICIAL’,  fechado en Bogotá el 25 de marzo de  1998,    que    se    refiere    a    ‘INFORMACIONES      DE      AGENCIAS      INTERNACIONALES’,  pero  da  cuenta de charlas entre un  informante  y  LUIS  TORO, y  relaciona  cantidad de situaciones, fechas de presuntos envíos e incautaciones,  como  también  nombres  de  personas,  pero  no  aparece  suscrito  por ninguna  persona,  obrante  entre  los folios 296 y 320 del cuaderno N° 1, que la verdad  sea  dicha,  no  aparece  registrado  de  qué  manera se allegó al proceso, no  pudiéndose    asevera    que   fuera   entregado   por   la   DIJIN.   

“Componen los 60  primeros  folios  del  cuaderno  2,  un  pormenorizado  informe del investigador  código  972,  donde  compila  los  resultados  de  su gestión, y sintetiza las  actividades  cumplidas por algunas personas que, según expresa, son miembros de  la  organización  y que tienen relación con cantidad de nombres, que dan pie a  la  Fiscalía  para  inferir  algunas incautaciones de droga en varios sitios de  Latinoamérica  y  los  Estados  Unidos,  actividades  que  son  atribuidas a la  organización  que  se  le  imputa dirige JULIO CÉSAR  RAMÍREZ  GÓMEZ, secundado por su hermano MARCO ANTONIO”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL DEL  

PROCESO OBJETO DE REVISIÓN  

1.  Iniciada la instrucción, vinculadas  mediante  indagatoria varias personas, practicadas plurales pruebas y clausurada  la  investigación,  el  7  de  abril  de  1999  un  fiscal  regional de Bogotá  calificó el mérito del sumario de la siguiente manera:   

1.1.   Resolución  de  acusación  en  contra  de  Julio  César Ramírez Gómez por   los  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes  (artículos  33,  inciso  1°,  y  38,  numeral 3°, de la Ley 30 de  1986,  modificado  por  el  artículo  17  de  la  Ley  365  de 1997),  lavado  de activos (artículo 247A del  Decreto  100  de  1980,  adicionado  por  el  artículo  9°  de  la  Ley 365 de  1997),   concierto   para   delinquir  con  fines  de  narcotráfico  (artículo 186, inciso 3° del Decreto  100  de  1980, modificado por el artículo 365 de 1997)  y  enriquecimiento ilícito de particulares (artículo  1°  del  Decreto  1895  de  1989,  adoptado como legislación permanente por el  artículo      10°      del      Decreto      2266      de     1991).     

1.2.   Resolución  de  acusación  en  contra  de  Marco  Antonio  Ramírez  Gómez  por  los  delitos  de  tráfico de  estupefacientes,  lavado  de  activos  y  concierto  para delinquir con fines de  narcotráfico.   

1.3.   Resolución  de  acusación  en  contra  de  Miguel  Ángel  Escobar  Gómez  y Eduardo Velasco Escarpeta por los  delitos  de  concierto para delinquir con fines de narcotráfico y testaferrato,  y   

1.4.  Resolución de acusación en contra de  Hugo  Grajales  Ramírez, Gerardo Antonio Ortiz Henao y Gilberto Bolívar Gómez  por    el    delito    de    concierto    para    delinquir    con    fines   de  narcotráfico.   

2.  Impugnada la anterior determinación  por  varios  procesados  y  sus  defensores, un Fiscal Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante providencia del 16 de  septiembre  de  1999 (fecha de ejecutoria), adoptó las  siguientes determinaciones:   

2.1.   Confirmó  la  resolución  de  acusación   en   contra   de  Julio  César  Ramírez  Gómez,  “aclarando que se  acusa  por  los  delitos  mencionados en la acusación, excepto el narcotráfico  simple,  el  cual se ha subsumido en el delito de concierto para delinquir en la  modalidad de narcotráfico”.   

2.2.  Declaró la nulidad parcial de la  actuación,  a partir del cierre de la investigación, respecto de Marco Antonio  Ramírez  Gómez,  “sólo por el cargo de lavado de  activos”  y  confirmó la acusación en cuanto a los  delitos  de  tráfico de estupefacientes y concierto para delinquir con fines de  narcotráfico.   

2.3.  Confirmó la acusación en contra  de  Miguel  Ángel  Escobar  Gómez,  Eduardo  Velasco  Escarpeta, Hugo Grajales  Ramírez  y  Gerardo Antonio Ortiz Henao por los delitos imputados a cada uno, y   

2.4.  Revocó parcialmente la decisión  impugnada  y,  en  su  lugar,  precluyó  la  investigación a favor de Gilberto  Bolívar  Gómez  por  el  delito  de  concierto para delinquir. No obstante, lo  acusó,   en   calidad   de   cómplice,   por   el   delito   de   tráfico  de  estupefacientes.   

3.   Tramitado  el  juicio,  el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión de Cali, dictó  sentencia  de  primera  instancia  el  9  de abril de 2003, a través de la cual  tomó las siguientes determinaciones:   

3.1.         Condenó  a Julio  César  Ramírez  Gómez  a las penas principales de 7  años  de  prisión  y  multa  por valor de $419.079.820°° y a la accesoria de  rigor,  como  autor  del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares. Así mismo, lo absolvió de  los  delitos  de  lavado  de  activos  y  concierto  para delinquir con fines de  narcotráfico imputados en el pliego acusatorio.   

3.2.  Condenó a Marco Antonio Ramírez  Gómez  a  las  penas  principales de 12 años de prisión y multa equivalente a  150  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y a la accesoria de rigor,  como  coautor  de  los  delitos  de tráfico de estupefacientes y concierto para  delinquir con fines de narcotráfico.   

3.3. Condenó a Gerardo Antonio Ortiz Henao a  las  penas principales de 7 años de prisión y multa equivalente a 120 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y a la accesoria de rigor, como coautor del  delito de concierto para delinquir con fines de narcotráfico   

3.4.   Condenó a Miguel Ángel Escobar  Gómez  a las penas principales de 9 años de prisión y multa equivalente a 175  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y a la accesoria de rigor, como  coautor  de los delitos de concierto para delinquir con fines de narcotráfico y  testaferrato.   

3.5.    Absolvió   Eduardo   Velasco  Escarpeta,  Hugo  Grajales  Ramírez y Gilberto Bolívar Gómez de las conductas  punibles imputadas en la resolución de acusación.   

4.   Apelado el fallo por el agente del  Ministerio  Público,  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali,  el  10  de agosto de 2004, lo  confirmó  en su integridad e indicó que “contra el  presente  fallo  procede  el  recurso  extraordinario  de  casación”.   

5.  En cuanto a los actos propios de las  notificaciones  y  ejecutoria  de  la  sentencia  del  Tribunal, cabe indicar lo  siguiente:   

5.1.   El  11  de  agosto  de  2004  se  notificaron  personalmente  el  Procurador  Judicial  y  los  procesados Eduardo  Velasco  Escarpeta,  Gilberto  Bolívar Gómez y Gerardo Antonio Ortiz Henao; el  18  de  agosto  el  procesado Marco Antonio Ramírez Gómez y el 19 siguiente el  sentenciado  Julio  César Ramírez Gómez.1     

5.2.   Ante  la  imposibilidad  de  la  notificación   personal  de  todos  los  sujetos  procesales,  se  procedió  a  notificar  por  edicto,  el  cual  duró  fijado  los  días  23,  24  y  25  de  agosto.2    Al   siguiente   día   se   dejó   la   siguiente   constancia  secretarial:   

“Encontrándose  notificadas  todas  las partes, a partir de hoy 26 de agosto a las 8 AM comienza  a  correr  el término de ejecutoria de la decisión de segunda instancia. Vence  el  15 de septiembre de 2004 a las 6 PM”.3   

5.3.  No obstante,  el 30 de agosto  de  2004  la  Secretaría  de  la  Sala  Penal del Tribunal plasmó la siguiente  constancia:   

“Que   por  disposición  del Consejo Seccional de la Judicatura, Sala Administrativa,   según   Acuerdo   51   del   25  de  agosto   de     2004,     durante    los   días    30   –   31   de    agosto    y    hasta    el    10    de   septiembre   de   2004,   cierra   la Secretaría y por esta  razón    se   corren   los   términos   judiciales   por   diez   (10)   días  hábiles”.4   

Posteriormente,  el 13 de septiembre de 2004  aparece otra constancia secretarial del siguiente tenor:   

“Cali, septiembre  13  de  2004.  Teniendo  en  cuenta  que  los términos se interrumpieron según  constancia  de  fecha  30  de agosto de los corrientes, se deja constancia que a  partir  de  la  fecha, se continúan corriendo los términos de ejecutoria de la  decisión  de  segunda instancia. Queda hasta el 29 de  septiembre    de    2004”   (subraya   propia   del  texto).5   

Por  último,  la  mencionada  Secretaría  consignó la siguiente constancia:   

“Cali septiembre  30  de  2004.  Teniendo en cuenta que se ha vencido el término de ejecutoria de  la  Sentencia de Segunda Instancia de fecha Agosto 10 del año en curso, y no se  observa  que  contra  la  misma  se  haya  interpuesto recurso extraordinario de  Casación  por  los  sujetos  procesales,  se  procede a DECLARAR EN FIRME dicho  proveído”.6   

LA      DEMANDA     DE   REVISIÓN   

Sustenta el actor la demanda de revisión en  la  causal segunda del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  esto es, cuando se hubiere dictado sentencia condenatoria en proceso  que no podía proseguirse por prescripción de la acción penal.   

Luego de citar y comentar las preceptivas que  regulan  el  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción  penal,  esto es,  artículos  82  y  83  del  Código  Penal  (Ley 599 de 2000), recuerda que a su  defendido   se  le  condenó  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  cuya  pena  máxima era de diez (10) años de prisión, según el  artículo  1°  del  Decreto 1895 de 1989, adoptado como legislación permanente  por  el  artículo  10°  del  Decreto  2266  de  1991, lapso punitivo que, para  efectos  de  la prescripción, se reduce a la mitad, esto es, cinco (5) años de  prisión,  término  que  se  contabiliza  a  partir  de  la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación.   

En  esas  condiciones,  explica que en este  caso   la   resolución   de  acusación  quedó  ejecutoriada  el  16  de  septiembre de 1999 (“pues  fue  una  decisión  de comuníquese y cúmplase, a voces del  artículo  187,  inciso  segundo, del CPP”), fecha en  la  cual  la  fiscalía de segunda instancia confirmó parcialmente la de primer  grado.   

A  su vez, dice que la sentencia de segunda  instancia,  dictada  por el Tribunal Superior de Cali el 10 de agosto de 2004, a  través  de  la  cual  confirmó  la  del  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito  Especializado   de   la   misma   ciudad,   cobró  ejecutoria  el  30  de  septiembre de 2004, “según  constancia  secretarial  que  así  lo  reseña”.   

Teniendo  en  cuenta  las  citadas  fechas,  considera   claro   que   la   sentencia  condenatoria  que  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito de particulares se profirió en contra de Julio  César  Ramírez Gómez,    “cobró  ejecutoria  con  posterioridad   a   los   cinco   (5)   años   que   para   la   prescripción,  en  este  caso  y  por  este  delito,  consagra  el inciso segundo del artículo 86 del C.  P.”,  pues  quedando  ejecutoriada la resolución de  acusación  el  16  de septiembre de 1999 y,  a  su vez, surtiendo ejecutoria el fallo de segunda instancia el  30  de  septiembre  de  2004,  lógico  es  colegir  que  se  “excedió el término  legal  que  para  la  prescripción  en  la  etapa  de  juzgamiento  consagra la  ley”.   

Luego  de  citar  jurisprudencia  de  esta  Corporación  que  avala  su  razonamiento  y  de  reiterar que la prescripción  operó  en  el transcurso de la ejecutoria de la sentencia de segunda instancia,  solicita  a la Corte que, demostrada la causal de revisión invocada, declare la  consolidación  del  fenómeno  prescriptivo  y,  por  ende, deje sin efectos el  fallo revisado.   

Como medios de prueba allegó el respectivo  poder,  fotocopias  autenticadas  de  la  resolución de acusación de primera y  segunda  instancia,  de la sentencia de primer y segundo grado y “constancia  secretarial del Tribunal sobre ejecutoria del fallo, el  30 de septiembre de 2004”.   

ACTUACIÓN   SURTIDA   ANTE   LA  CORTE   

Admitida la demanda, recibido el expediente  en  la  Corte  y  sin que se hubiese aducido ningún medio de prueba, se dispuso  correr   traslado  a  los  sujetos  procesales  para  la  presentación  de  sus  alegaciones.   

ALEGATOS      DE    LA   DEFENSA   

El  apoderado  del  sentenciado,  en  breve  escrito,  sostiene  que  el  estudio  de  los  argumentos  de la demanda, de los  documentos  allegados  a  la  misma  y  del  expediente que fuera remitido en su  oportunidad,  permite  concluir  en  el  éxito de su pretensión, motivo por el  cual reitera la petición elevada en el libelo presentado.   

CONCEPTO    DEL    PROCURADOR   SEGUNDO  DELEGADO    

PARA   LA  INVESTIGACIÓN  Y  JUZGAMIENTO  PENAL   

El Procurador Delegado, luego de referenciar  la  actuación  procesal, afirma que “el veinticinco  (25)  de  agosto  de  2004,  cuando  se surtió la notificación de la sentencia  condenatoria  proferida  el 9 de abril de 2003 por el Juzgado Penal del Circuito  Especializado  de  Cali  en  contra  de  Julio César  Ramírez  Gómez,  el  estado  no  había  perdido su  potestad   sancionatoria.   Es   decir,   no   había   prescrito   la   acción  penal”.   

Para demostrar su afirmación, sostiene que  la  resolución de acusación quedó ejecutoriada el 16  de  septiembre  de  1999, fecha en la cual la fiscalía  de  segunda instancia confirmó parcialmente la de primer grado, mientras que la  sentencia  condenatoria, “proferida el 9 de abril de  2003   por   el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali,  quedó  ejecutoriada,  merced  al  recurso de apelación interpuesto contra la misma por  la  representante  del Ministerio Público, el día 10  de   agosto   de   2004,   y   no   el  treinta  (30)  de septiembre de ese mismo  año,  como  erróneamente  lo  plantea  el  demandante, quien para el efecto se  apoya  en  la  constancia  secretarial  que  en tal sentido obra a folio 335 del  cuaderno  número  30”, constancia que resulta inocua  frente  a  la  regulación  concerniente  a  la  ejecutoria  de las providencias  prevista en el artículo 187 del Código de Procedimiento Penal.   

Dice  que,  de  conformidad  con  el inciso  segundo   de   la   mencionada  disposición,  “las  decisiones  que  resuelven  los  recursos  de apelación interpuestos contra las  providencias  interlocutorias,  concepto  del  cual  participa  desde  luego  la  sentencia  condenatoria  de  primer nivel proferida por el Juzgado Especializado  de    Cali    en    contra    de    Julio    César  Ramírez,  cuya  apelación  fue resuelta por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  esa  misma  ciudad, mediante providencia del  diez   (10)   de   agosto   de   2004   ‘quedan  ejecutoriadas  el día en que  sean     suscritas     por     el     funcionario    correspondiente’”.   

Por  consiguiente,  estima que aplicando la  mencionada  disposición a este caso, la citada sentencia quedó ejecutoriada el  10   de   agosto   de   2004,  “fecha  en  la  cual  fue   suscrita  por  los  Magistrados   de   la   Sala   de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali”,   decisión  que  resolvió  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra el fallo condenatorio de primer grado fechado el  9   de   abril  de  2003,  conclusión  que,  en  su  criterio,  “no admite hesitación”.   

“Ahora  bien,  entendiendo  como  lo  enseñó  la  Corte Constitucional la diferencia entre la  ejecutoria  de  este  tipo  de decisiones (sentencias de segunda instancia entre  otras)  y  la notificación de las mismas para que produzcan efectos jurídicos,  tenemos  que  en  el  caso  presente  ésta  última (la notificación), se debe  entender  surtida  el 25 de agosto de 2004,    es    decir,    treinta    y   dos  (32)  días  antes  de que se configurara la causal de  extinción  de  la  acción  penal,  como  quiera  que ese fue el día en que se  desfijó  el  edicto  emplazatorio,  forma  supletoria de notificación final de  aquella,  y  que  exige  la  Corte Constitucional, para entender que a partir de  allí  se  producen  no sólo los efectos jurídicos de la misma, sino que hasta  allí  llega  la  contabilización del término prescriptito de la acción penal  en la fase del juicio”.   

Después  de  indicar que dada la polémica  jurídica  que  desató  el  segundo  inciso  del  artículo  187 del Código de  Procedimiento  Penal,  situación que llevó a demandar su constitucionalidad, y  de  transcribir  unos  apartes  de  la sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002,  asevera  que  si  bien  la Corte Constitucional dejó incólume el citado inciso  segundo,  en  cuanto mantuvo la ejecutoria de las providencias allí aludidas en  la  fecha  en  que  sea  suscritas  por el funcionario correspondiente, de todos  modos  dejó  en  claro  que “para la producción de  los  efectos  jurídicos  predicables  de  las  mismas, éstas  deben   ser   notificadas   a   los  sujetos  procesales,   ya   que   sólo   a partir de éste acto de conocimiento resulta  posible  imponer,  bien de manera voluntaria, ora coactivamente, el cumplimiento  de las decisiones judiciales”.   

“Y  eso  fue  justamente  lo  que aconteció en desarrollo del proceso penal adelantado contra  Julio  César Ramírez, toda  vez  que  con posterioridad a la ejecutoria de la sentencia respectiva, cumplida  como  antes  se  dijo,  el 10 de agosto de 2004; y no el 30 de septiembre de ese  mismo   año,   como  se  pretendió  hacer  ver  a  partir  de  una  constancia  secretarial,  que  no  tiene  la  capacidad  de  variar  el   mandato   legal  y  la  interpretación  constitucional  que    de    la    norma    correspondiente    ha   realizado   el   autorizado   para  ello,  se dio cabal  cumplimiento  al  trámite  de  notificación  respectivo, cuyo punto culminante  quedó  registrado  con la desfijación del edicto correspondiente, lo cual tuvo  lugar,  el  25  de  agosto  de  2004,  cumpliéndose  de esa manera la exigencia  referida   a   la   producción   de   los  efectos  jurídicos  de  la  mentada  providencia”.   

En  consecuencia,  el  Procurador  Delegado  solicita  a la Corte se declare infundada la causal de revisión invocada por el  apoderado  de  Julio César Ramírez Gómez,  “por  haber  quedado suficientemente  demostrado,  que  la  notificación de la sentencia proferida en contra de éste  (agosto  25 de 2005), se produjo dentro del término legalmente previsto para el  efecto;  huelga decir, dentro del lapso de los cinco (5) años, consagrado en el  inciso  segundo  del  artículo  86  del Código Penal, interrumpiéndose de esa  forma      la      prescripción     de     la     acción     penal”.   

CONSIDERACIONES      DE   LA  CORTE   

1.   De conformidad con el numeral 2°  del  artículo 75 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000),  la  Corte  es  competente  para pronunciarse respecto de la presente revisión, toda  vez  que la sentencia de segunda instancia  contra  la cual se dirige la acción fue proferida por el Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali.   

2.   De  otra parte, no sobra recordar  que  al  ser  probable  que  la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria,  o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas   no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente      señaladas      en      la      ley,      se     evidencia  que se cometió una injusticia.   

3.   En el caso que ocupa la atención  de  la  Corte,  el  apoderado  de Julio César Ramírez  Gómez  en  su libelo invocó la causal 2ª consagrada  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000,  normatividad  que en su momento rigió el proceso que se adelantó contra citado  sentenciado),  la  cual  contempla  como motivo de revisión la siguiente:    

“Cundo se hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o  que imponga medida de seguridad, en proceso  que  no  podía  iniciarse  o  proseguirse  por prescripción de la acción, por  falta  de  querella  o  petición  válidamente  formulada, o por otra causal de  extinción de la acción penal ”.   

El   demandante,  apoyado  en  la  citada  hipótesis  motivo  de  revisión,  afirma  que  la  acción penal del delito de  enriquecimiento   ilícito   de  particulares  por  el  cual  fue  condenado  su  procurado,  prescribió  antes  de  quedar  ejecutoriada la sentencia de segunda  instancia  proferida  el 10 de agosto de 2004 por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali, pues, según su argumentación  demostrativa,   desde   el   16   de   septiembre  de  1999,  fecha  de  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación   (dictada   en   segunda   instancia),   hasta   el  “30  de  septiembre  de  2004”, época en  que  surtió  ejecutoria  el  mencionado  fallo  de  segundo grado, ya se había  consolidado   el   fenómeno   prescriptivo,   es   decir,   el  “16 de septiembre de 2004”.   

4.   No  obstante,  en  opinión  del  Procurador   Delegado,  la  pretensión  del  accionante  no  se  ajusta  a  los  parámetros  legales  y, por lo mismo, dicha prescripción no operó en la fecha  aludida,   pues,  de  conformidad  con  el  “inciso  segundo  del  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal”,   la   citada   sentencia  “quedó  ejecutoriada  el  10  de  agosto  de 2004, fecha en la  cual  fue  suscrita por los  Magistrados   de   la   Sala   de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali”,    conclusión   que,   en   su   criterio,  “no admite hesitación”,  agregando  que  la  notificación  por  edicto  que sobre dicho fallo de segundo  grado  se  realizó  tuvo  como  único  fin  producir  los  efectos propios del  principio  de  publicidad,  como  así lo precisó la Corte Constitucional en su  sentencia  C-641  del 13 de agosto de 2002 (subraya ajena al texto).     

5.   Antes  de  entrar  a  estudiar el  planteamiento  del  libelista,  encuentra la Sala necesario hacer las siguientes  precisiones  frente  al  concepto del Ministerio  Público  que,   dicho   sea   de   paso,   resulta  desacertado  y  ajeno   a   los   lineamientos  que  la  ley   procesal,     de     manera     expresa     y   clara,   contempla    respecto   de   la   ejecutoria   de   los  fallos  de  segundo grado:   

En efecto, no es cierto, como lo predica el  Procurador  Delegado,  que  las  sentencias de segunda instancia “quedan   ejecutoriadas  el  día  en  que  sean  suscritas  por  el  funcionario  correspondiente”, como tampoco es cierto  que   el   inciso  2°  del  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, era o es aplicable a los  fallos  de segundo grado para efectos de su notificación y ejecutoria, toda vez  que  esta clase de sentencias no las contempla dicho inciso, en la medida en que  sólo  se  refiere  a las decisiones que deciden los recursos de apelación o de  queja  contra las providencias interlocutorias, la consulta, la casación, salvo  cuando  se  sustituya  la  sentencia  materia  de  la  misma,  y  la  acción de  revisión,  sin  que,  como  se  indicó,  entre  ellas se halle la sentencia de  segunda instancia.   

Pasa   por   alto  el  representante  del  Ministerio  Público  que  las  sentencias  de  segunda  instancia  son  susceptibles  del recurso de casación  “dentro de los quince días siguientes a la última  notificación”,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 223  del  Decreto  2700  de 1991, norma que, como lo ha precisado de manera reiterada  la      jurisprudencia      de     la     Corte,7  revivió  por  virtud  de  la  declaratoria   de   inexequibilidad   del   artículo  210  de  la  Ley  600  de  2000,8    siendo    por    ello   jurídicamente   lógico   colegir   que  esta   clase   de  fallos  únicamente   hacen   tránsito   a  cosa  juzgada  una  vez  transcurridos  los  mencionados  quince  (15)  días, los cuales empiezan a correr al siguiente día  de  desfijado  el  edicto  o  de  la última notificación personal de todos los  sujetos  procesales,  siempre  que  no  hayan sido impugnados en casación, pues  este recurso extraordinario interrumpe su ejecutoria.   

Sobre  este  puntual  tema procedimental la  Jurisprudencia  de  la Corte, de tiempo atrás, ha sido clara al referirse así:   

“Sin embargo, si  se  tiene  en cuenta que respecto de las sentencias de segunda instancia, éstas  se   pueden   recurrir  en  casación  ‘dentro    de   los   quince   días   siguientes   a   la   última  notificación’,    de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  223  del  C.P.P.  (Decreto  2700  de  1991), esta clase de  fallos  solo  hacen  tránsito  a  cosa  juzgada una vez transcurridos 15 días,  después  de  desfijado  el correspondiente edicto o de la última notificación  personal  cuando  todos  los  sujetos  procesales  lo  han  hecho de esa manera,  siempre  que  no  hayan  sido  recurridos  en  casación,  pues  la impugnación  interrumpe      su      ejecutoria”.9   

En      otro      pronunciamiento,  reiteró:   

“De conformidad  con   lo   establecido   en   el   artículo   197   del   C.P.P.   (Decreto   2700  de  1991).  ‘Las  providencias quedan ejecutoriadas  tres  días  después  de notificadas si no se han interpuesto los recursos y no  deban  ser  consultadas’, lo  que  significa  que, salvo las sentencias de segunda instancia, las demás deben  impugnarse  dentro  de los 3 días siguientes a la última notificación, siendo  apenas  obvio  que  una vez ejecutoriadas no pueden recurrirse. De ahí que, una  sentencia  de  segundo  grado,  cobra ejecutoria 15 días después de la última  notificación,  si  no  se  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación,  evento  en el cual se interrumpiría…”.10   

Posteriormente, descartando la aplicabilidad  del  inciso 2° del artículo 187 de la Ley 600 de 2000, la Sala insistió en el  tema en los siguientes términos:   

“Ahora bien, en  punto  de la segunda normativa referida por el impugnante, esto es, el artículo  187  de  la  Ley  600  de  2000, tampoco es cierto que  determine  la  ejecutoria  de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  pues  la Corte Constitucional en sentencia C-641 del 13 de agosto  de  2002,  declaró  la exequibilidad condicionada de la frase contenida en este  artículo,    en    cuanto    a     que   las   providencias   ‘quedan  ejecutoriadas  el  día en que  sean     suscritas     por     el     funcionario    correspondiente’,  a  la  cual alude el inconforme para  sentar  su  conclusión,  bajo  el entendido, se señala por esa Corporación de  que    ‘los   efectos  jurídicos    se    surten    a    partir    de    la   notificación   de   las  providencias’, ello, con el  fin     de     garantizar     el     principio     de     publicidad.   

“De esta manera,  la  sentencia de segunda instancia no cobra ejecutoria  sino  hasta  tanto  haya  transcurrido el término dispuesto en el artículo 223  del    Decreto   2700   de   1991   de   ‘quince  (15)  días  siguientes  a  la  última   notificación’  previstos para interponer el recurso extraordinario de  casación,  norma  que, como lo ha establecido la Sala, revivió en virtud de la  declaratoria   de   inexequibilidad   del   artículo  210  de  la  Ley  600  de  2000.   

“Y, en los casos  en  que  durante  este  término  se  haya interpuesto recurso extraordinario de  casación,  como  ocurre  con  el  caso  que concita la atención de la Sala, es  claro  que  la  ejecutoria  de  la sentencia se posterga hasta que se adopte una  decisión  en  relación  con  dicho  recurso”.  (Se  subrayó).11   

Más  recientemente,  frente a un argumento  similar  al  que  ahora  plantea el Procurador Delegado en este asunto, la Corte  respondió:   

“El  recurso  interpuesto   por   los  apoderados  de  la  parte  civil  no  está  llamado  a  prosperar.   

“En primer lugar,  el  argumento  común  que esbozan, en el sentido de que la sentencia de segunda  instancia  quedó  ejecutoriada una vez surtido el trámite de notificación por  edicto  en  los  términos  del  artículo  180  de  la  Ley  600  de 2000   –en  opinión  de  uno de  ellos–      o  con   la   firma   de   los  magistrados    –en  consideración       del      otro–    no   es  de  recibo,  toda  vez  que  en ambos eventos desatienden lo normado con total  claridad  en el artículo 187 de la citada normatividad, que era la vigente para  el  momento  de  los hechos y por tanto aplicable al presente asunto.   

“En  efecto, la  norma  en  comento  señala que las providencias quedan ejecutoriadas tres días  después  de  notificadas  si  no  se  han  interpuesto  los recursos legalmente  procedentes.   

“Bajo   esta  óptica,   el  artículo  176  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  regulatorio   de   las   providencias   que   deben   notificarse,  incluye  las  sentencias,  frente  a  las  cuales     los     recursos     legalmente     procedentes     –artículo   187  en  cita–,  son  los ordinarios de apelación y  de   queja   (artículos   191   y   195  Ib.)  y  el  extraordinario   de   casación   (art.   205   Ib.),  de  donde  se  concluye que la ejecutoria material de  los  fallos  puede  predicarse  únicamente  cuando  han  vencido  los términos  previstos  por el legislador para la interposición de cada uno de los referidos  medios  de  impugnación,  incluida,  debe  resaltarse, la casación”.  (Subrayas  ajenas             al             texto).12   

En  síntesis,  teniendo  en  cuenta  los  parámetros  jurisprudenciales  en  precedencia  citados,  no  cabe duda que, de  conformidad  con  los artículos 176  de  la  Ley  600   de    2000    (normatividad    que    rigió   el   proceso   que  se   adelantó   en   contra   del   sentenciado       Julio      César   Ramírez   Gómez)  y   223   del   Decreto   2700   de   1991   (también  aplicable   a   este  asunto), la sentencia que en segunda instancia profirió, el  10  de  agosto de 2004, la  Sala  de  Decisión  Penal   del   Tribunal   Superior   de   Cali  contó con   el   término   de   quince  (15)  días  de   ejecutoria,   tiempo   que comenzó  a  correr  a   partir     del     día     siguiente    de    la   última    notificación,   que,    en    este   caso,   lo    fue    a    través   del   correspondiente   edicto,   el   cual  fue  desfijado  una  vez  culminado el día 25 de  agosto  del  citado  año,  término  de  ejecutoria previsto por la ley para la  interposición del recurso de casación.   

Con   base   en   lo   hasta      aquí     plasmado,     surge     evidente,   entonces,    que   no   le   asiste   razón   al   Procurador   Delegado   cuando   afirmó  que  en   este   caso  la  ejecutoria  se  surtió  el   10   de   agosto  de  2004,  fecha  en la cual los  magistrados  del  Tribunal Superior de Cali suscribieron la sentencia de segunda  instancia,  y  que  la  notificación  por  edicto  sólo  cumplió la exigencia  general  propia  del  principio  de  publicidad,  aseveraciones que, como quedó  visto,  no  se  ajustan  a  los  derroteros  que  la  ley  procesal  señala  al  respecto.        

6.    Despejada   la  posición  del  representante  del  Ministerio  Público,  procede  la  Sala  al  estudio  de la  pretensión del libelista.   

En  efecto, debe recordarse que tratándose  de  la  causal  segunda,  es  decir,  la  prescripción  de la acción penal, la  acción  de  revisión  puede proceder cuando dicho fenómeno prescriptivo opera  antes  de  proferirse  el fallo o con posterioridad del mismo, pero antes de que  éste          quede          ejecutoriado.13   

Ello tiene su razón de ser jurídica, toda  vez  que,  como  lo  ha  precisado  la  Corte,  en  ambos  casos “la  concreción  del  ius  puniendi  mediante la imposición de una  pena  conllevaría  el  desconocimiento  de  los   presupuestos  legales de  viabilidad  del ejercicio de la acción penal por parte del Estado, por no haber  sido  ejercida dentro del marco estricto del principio de legalidad que se erige  como  límite al poder soberano y a su vez, como garantía de imparcialidad y de  justicia  quien  es  sometido  a juzgamiento por la administración de justicia,  los  que  no  pueden  ser  desconocidos  por  constituir los soportes del Estado  Social  de  Derecho, en el que se han establecido, de manera previa, unas pautas  de  convivencia  y  control social que deben ser respetadas, así como aplicadas  sus  consecuencias  cuando  quiera  que  los  valores y bienes que son objeto de  tutela  se  desconozcan,  sanciones que no podrán ser otras que las previamente  establecidas  por  la ley, luego del trámite respectivo, en el que se haya dado  estricto  acatamiento  al  debido  proceso  y  al derecho de defensa”.14   

Así,   entonces,  teniendo   en   cuenta   la   información  arrojada  por  el  proceso  y  respecto  de  la cual se hizo referencia en los antecedentes de esta  providencia,   se   sabe  que  Julio  César  Ramírez  Gómez  fue  condenado  por  el delito de enriquecimiento  ilícito  de particulares  mediante  sentencia  del  9  de  abril de 2003, proferida por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito Especializado de Descongestión de Cali, y confirmada el 10  de  agosto  de  2004  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de la misma  ciudad.   

Dicha   conducta  punible  se  encontraba  prevista   en  el  artículo  1°  del  Decreto  1895  de  1989,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  artículo  10°  del  Decreto  2266  de 1991,  normatividad  vigente  para  la  época  de  los  hechos,  y  que  preveía pena  privativa  de  la  libertad  que  oscilaba  entre cinco (5) y diez (10) años de  prisión.   

No  está de más indicar que el mencionado  delito  se encuentra actualmente tipificado en el artículo 327 de la Ley 599 de  2000,  preceptiva  que si bien contempla  pena  mínima  de   seis   (6)   años,   de   todos   modos  mantiene  igual  la sanción máxima, es decir, diez (10) años de prisión, motivo aquél  por  el cual en la sentencia condenatoria se aplicó la normatividad derogada y,  por  lo  mismo,  para  efectos  de  este  caso es la que debe tenerse en cuenta.   

De otra parte, recuérdese que el artículo  83  del  actual  Código  Penal  (antes artículo 80 del derogado Decreto 100 de  1980)  estipula  que la acción penal prescribe en un tiempo igual al máximo de  la  pena  fijada en el respectivo tipo penal, si fuere privativa de la libertad,  sin  que  en  ningún  caso  pueda  ser inferior a cinco (5) años ni exceder de  veinte (20).   

A  su  vez,  el  artículo  86  de la misma  codificación  (artículo  84 del antiguo Código Penal) señala que el término  de  prescripción  de  la  acción  penal  se  interrumpe  con la resolución de  acusación  o  su equivalente debidamente ejecutoriada, en cuyo evento principia  a  correr  de nuevo por un tiempo igual a la mitad del máximo indicado, pero en  ningún  caso  puede  ser  inferior  a cinco (5) años, ni superior a diez (10).   

En   esas  condiciones,  cotejada  la  citada  normatividad  con  la  pena  máxima  que  se preveía para el delito de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  resulta  lógico  concluir  que el  término  a tener en cuenta para determinar si en el presente caso ocurrió o no  la  prescripción  de  la  acción penal con posterioridad a la ejecutoria de la  resolución  de  acusación, como lo depreca el libelista, es el de cinco  (5)  años,  toda vez que esa es la  cifra  que  arroja  luego de reducirse en la mitad la sanción máxima, esto es,  10 años.   

Precisado  lo  anterior, también se impone  recordar  que  la  resolución de acusación proferida en contra de Julio   César   Ramírez   Gómez  quedó  ejecutoriada  el  16 de septiembre de 1999,  fecha  en la cual la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de       Bogotá,       entre      otras      determinaciones,      confirmó  la decisión que en ese sentido  dictó un fiscal regional de la misma ciudad.   

Teniendo en cuenta los datos en precedencia  indicados,  es  claro  que  para  el  10  de agosto de 2004, fecha en la cual se  dictó  la sentencia de segunda instancia, la acción penal no había prescrito,  lo  que  implicaba  que  para ese entonces el Estado aún conservaba la potestad  punitiva,  pues  dicho  fenómeno prescriptivo se cumpliría el 19 de septiembre  de dicho año.   

No obstante, surge  evidente  que  la  prescripción  de  la  acción  penal  se  materializó en el  transcurso  del  término de ejecutoria de la sentencia del Tribunal Superior de  Cali,  el  cual se vio dilatado por razón del Acuerdo  51  del  25  de  agosto  de 2004, emitido por la Sala Administrativa del Consejo  Seccional  de la Judicatura del Valle del Cauca, según quedó consignado en las  constancias    secretariales    indicadas    en   los   antecedentes   de   esta  decisión.   

Dicho  Acuerdo  determinó  lo  siguiente:  15   

“ARTÍCULO  PRIMERO:   Autorizar  el  cierre  de  las  siguientes  Secretarías:   

“…”.  

“SALA  PENAL,  durante   los   días   30   de   agosto   al  10  de  septiembre  inclusive  de  2004…”.       

Así, entonces,  teniendo en cuenta que  la  última notificación fue el edicto, el que permaneció fijado los días 23,  24  y 25 de agosto de 2004, debe concluirse que el término de quince (15) días  de  ejecutoria  de  la  sentencia de segunda instancia empezó a correr el 26 de  agosto  siguiente,  el cual vencía el 15 de septiembre  de   dicha   anualidad.16    

Sin embargo, como del 30 de agosto al 10 de  septiembre,  inclusive,  estuvo “cerrada”  la  Secretaría de la Sala Penal del Tribunal Superior de Calí  y,   por   ende,  los  términos  quedaron  suspendidos,  según  la  mencionada  determinación  adoptada  por la Sala Administrativa del Consejo Seccional de la  Judicatura  del  Valle  del  Cauca,  finalmente  la multicitada sentencia cobró  ejecutoria  en  las  horas  de  la  tarde  del  29  de  septiembre   de  2004,  siendo  evidente  que  en  ese  transcurso  del  tiempo  la acción penal del delito de enriquecimiento ilícito  de  particulares  por  el  que  fue  condenado Ramírez  Gómez   prescribió,   esto   es,   el  16   de  septiembre  de  2004.  En  otros  términos,  transcurrieron  cinco  años  desde la ejecutoria de la acusación y  hasta  antes  de  la  ejecutoria  del  fallo  de  segunda instancia.     

Cabe  aquí  acotar  que  lo  relativo a la  interrupción  y  suspensión  del término de prescripción de la acción penal  son   temas   que   de   manera  taxativa  regula  la  ley,  como sucede con la interrupción generada por la  ejecutoria   de   la   resolución  de  acusación  (artículo  86  del  Código  Penal),17  o  la  suspensión  establecida  en  el  trámite  de la sentencia  anticipada  (inciso  11  del  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000)18   o   la  suspensión  prevista  cuando  se declara infundada la recusación propuesta por  el    sindicado   o   su   defensor   (último   inciso   del   artículo   108,  ibidem).19   

De  ahí que, no es admisible incluir otros  casos  distintos  a  los expresamente contemplados por el legislador penal (como  los  anteriormente  señalados),  por  lo  que  resultaría  ilegal en este caso  extender  también  los efectos del citado Acuerdo de la Sala Administrativa del  Consejo  Seccional de la Judicatura del Valle del Cauca a la prescripción de la  acción penal.   

7.   En  consecuencia,  hay  lugar  a  declarar  fundada  la acción de revisión objeto de estudio, razón por la cual  se  dejará  sin  valor,  de manera parcial,    la    sentencia    condenatoria    impuesta    a   Julio  César  Ramírez Gómez y, por ende,  se  dispondrá la cesación de procedimiento a su favor, por prescripción de la  acción     penal     del     delito     de    enriquecimiento    ilícito    de  particulares.   

         

Por     encontrarse     Julio  César Ramírez Gómez     gozando     de     libertad    y,  además,               estar   adelantándose            en   su                  contra          extinción    de   dominio    de  unos  bienes  (rad.  715  ED,  Fiscalía  20  de  la  Unidad UNCLA, según así quedó  consignado  en  el  fallo de primer grado), la Sala no  hará    pronunciamiento    alguno    al   respecto.  Así  mismo,  se ordenará  cancelar  los  antecedentes penales por este motivo y las demás anotaciones que  se   hubieren   efectuado   en   los   registros   de  policía    y    de    control    de    decisiones  judiciales.   

Respecto  de  los  demás  procesados allí  condenados  por  otros delitos, la sentencia revisada se mantiene vigente en sus  efectos jurídicos.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA     DE     CASACIÓN    PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la República y  por autoridad de la  ley,   

R E S U E L V E  

1.   DECLARAR  FUNDADA la causal segunda de revisión invocada por el  defensor  JULIO  CÉSAR  RAMÍREZ  GÓMEZ.   

2.   DEJAR  PARCIALMENTE   SIN  EFECTO  la  sentencia  impuesta  a  JULIO CÉSAR RAMÍREZ GÓMEZ,  contenida  en  fallo  de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de  Cali  el  10  de  agosto  de  2004,  mediante el cual se le condenó a las penas  principales  de 7 años de prisión y multa por valor de $419.079.820°° y a la  accesoria    de    rigor,    como    autor    del    delito    de   enriquecimiento      ilícito      de      particulares.   

       

3.   DECLARAR  que  la acción penal que por el delito de  enriquecimiento ilícito de particulares  se  adelantó  en  contra  del  procesado JULIO CÉSAR  RAMÍREZ    GÓMEZ   se   encuentra   prescrita.   En  consecuencia,  decretar  en su favor la cesación de la  actuación procesal.   

4.           ORDENAR  la  cancelación  de   los  antecedentes  que  le  aparezcan  registrados    en    los    archivos    del    Estado   por   razón   de   este  expediente.       

5.   PRECISAR  que    la   sentencia   revisada   se   mantiene  vigente  en sus efectos jurídicos respecto de los demás  procesados      allí      condenados      por     otros     delitos.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ver  folios 270, 271, 272 y 327 del cuaderno original N° 30.   

2 Folio  331 del cuaderno original N° 30.   

3 Folio  332 del cuaderno original N° 30.   

4 Ver  folio 333 del cuaderno original N° 30.   

5 Folio  334 del cuaderno original N° 30.   

6 Folio  335 del cuaderno original N° 30.   

7 Rad.  18631,  auto  del  22  de  octubre  de  2001. Ver también: rad. 20387 del 18 de  febrero  de 2003, rad. 24141 del 19 de enero de 2006, rad. 24956 del 23 de marzo  de 2006, rad. 27070 del 11 de abril de 2007, entre otros.   

8  Sentencia C-252 de 2001 de la Corte Constitucional.   

9 Rad.  13344, auto del 22 de octubre de 1997.   

10 Rad.  13561, providencia del 9 de diciembre de 1997.   

11  Rad. 24956, casación del 23 de marzo de 2006.   

12  Rad. 26328, casación del 18 de abril de 2007.   

13 Ver  rad.  11519,  sentencia  del  29 de julio de 1997 y rad. 28701 del 15 de mayo de  2008.   

14  Rad.  19822  del  22  de septiembre de 2005 y rad. 27444 del 1° de noviembre de  2007.   

15 Ver  folios 86 y 87 del cuaderno de la Corte.   

16  Folio 332 del cuaderno original N° 30.   

17  “Art.  86.  La prescripción de la acción penal se  interrumpe  con  la  resolución  de  acusatoria  o  su  equivalente debidamente  ejecutoriada”.   

18  “Art.40…  Desde  el momento en que se solicite la  sentencia  anticipada  hasta  cuando se profiera la providencia que decida sobre  la  aceptación  de  los  cargos,  se  suspenden  los  términos procesales y de  prescripción de la acción penal”.   

19  “Art.  108… Cuando la recusación propuesta por el  sindicado  o  su  defensor se declare infundada, no correrá la prescripción de  la    acción    entre   el   momento   de   la   petición   y   la   decisión  correspondiente”.     

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