25251(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  25251   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.189  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de julio de dos  mil ocho (2008)   

VISTOS  

         

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los   fundamentos   lógicos   y   de   adecuada           argumentación  de  la demanda de casación  presentada por el  defensor   del   procesado   LUIS   HERNANDO  FORERO  PUERTO   contra   el   fallo  de  segundo  grado  de  22    de   julio       de      2005 del Tribunal Superior de Bogotá,  mediante  el cual confirmó con  modificaciones   el   dictado   anticipadamente   por  el  Juzgado  Cincuenta  y  Tres Penal del Circuito del  mismo  Distrito Judicial por cuyo medio lo   condenó  como  autor  del  delito  de  hurto  agravado  por  la  confianza.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los sucesos fueron tomados por los juzgadores  de la siguiente forma:   

“Según  denuncia  presentada  por el Dr.  WILLIAM  JORGE  ARIAS  HERNÁNDEZ,  quien  actúa  en  calidad  de  Consultor de  Seguridad  y  abogado  de  la  Coordinación  de Seguridad de MEGABANCO S.A., se  tiene  conocimiento  sobre  algunas  operaciones  irregulares  realizadas  en la  oficina  de  la calle 100 inmersas en la causal 30 (ajustes) ejecutadas por LUIS  HERNANDO  FORERO  PUERTO, quien ocupaba el cargo de Subgerente Operativo, sujeto  que  estando  bajo  ese  sistema  irregular,  desde  el mes de marzo de 2004, se  venía  apropiando  del  producto  de  gravámenes  de transacciones financieras  hechas  por las casas de cambio INTERFOREX S.A. y CAMBIOS FAST S.A., valores que  luego  de  recibirlos,  los  desviaba  y  consignaba en la cuenta de ahorros N°  2032188117,  abierta  a  nombre  del señor URIEL IVÁN ARAQUE LÓPEZ, de la que  posteriormente los retiraba y usaba en beneficio personal.   

“Refiere igualmente el denunciante que, de  acuerdo  a  la  revisión y seguimientos hechos a las operaciones y extractos de  los  clientes,  se  logró  establecer que el funcionario realizaba los débitos  por  los  traslados  solicitados  por  las  casas  de cambio y, utilizando otros  comprobantes  con  rubro  a  la  causal  30,  estos  valores  que corresponden a  impuestos,  aunque  se  debitaba  el valor de los mismos, no se registraban como  tales,  sino  que  eran  contabilizados  en  la cuenta de acreedores con código  259595034  denominada  traslados  en  trámite  Cta.Cte./ah, para posteriormente  retirarlos,  mediante otro comprobante contable, con salida por caja efectiva y,  finalmente  consignarlos  en  la cuenta de ARAQUE LÓPEZ, radicada en la oficina  de Quirigua.   

“Resalta  que el subgerente de la oficina  calle  100  LUIS  HERNANDO  FORERO PUERTO, dado su cargo, se habilitaba también  como  cajero  y  transaba  las  notas  que  él  mismo elaboraba, además de las  consignaciones  en  efectivo  para  la  cuenta  de  ahorros  por  cajero  y  pin  – pad en la misma oficina  calle 100.   

“En   el  transcurso    de    la  investigación,  se  logró  concluir  que  las  anteriores consignaciones y los  retiros    por    cajero   y   Pin   –    Pad   se   venían   haciendo  desde el mes de octubre de 2002, efectuadas en las oficinas  del  Centro  Comercial  Andino  bajo  el código 055, ya que el mismo poseía la  tarjeta  débito  de  la cuenta de ahorros de propiedad del señor URIEL ARAQUE.  Es  decir,  el  proceso empleado por el funcionario era el siguiente: se hacían  traslados     de     fondos     solicitados     por     las     entidades INTERFOREX S.A., CAMBIOS FAST S.A.  e  INVERSORA  DE  VALORES  mediante  la  causal  30,  que  indicaba  DEBITO A CTA  7035706393   INTERFOREX  S.A.  POR  PAGO  DE  IMPUESTO,  cancelaba  a  los  acreedores  varios  y  realizaba  salida  en efectivo. Una vez se elaboraba este último  comprobante  se  habilitaba  como  cajero  con  su  código  15167, transaba   la   nota   contable   y   elaboraba  2,  3  y  hasta  4  consignaciones  a  la  cuenta de ahorros empleada para  cometer  el  reato,  de  forma  que  esto  sumaba  lo  correspondiente   a   la  salida  por  caja  de  los  comprobantes  contables,  valores  que  quedaban  registrados  en  el mismo día,  mediante  ese  procedimiento  el señor LUIS FERNANDO  FORERO  PUERTO  alcanzó  a  apropiarse de la suma de  $42.788.000   de   la   oficina   de   la   calle   100  y  en  la  oficina  del  Centro  Andino  de  $76.500.000,  los  cuales  fueron  consignados  en  su totalidad en la cuenta de ahorros  mencionada.   

“Además de ello  se  constituyó  un  título  C.D.T  por  $30.000.000  a  nombre de IVÁN  ARAQUE,  dinero  que  resultó de una cuenta acreedora de la  oficina  Centro  Andino  por valor de $40.000.000, de  los  que  sacó  $10.000.000; esos $40.000.000 eran el  producto   de   impuestos   de   transacciones   no   cobradas  al  cliente  CASA  DE  CAMBIO  UNIDAS (según análisis de la auditoria  del  Banco). Al revisarse el listado de transacciones  de  esta fecha (19 de julio de 2001) se evidenció que  con    el    código   de   usuario   11317   que   aparecía   a   nombre  de LUIS FERNANDO FORERO PUERTO fueron trasladadas las notas  contables   20024,   20025   y  20050,  esta  última  por  40  millones,  valor  consignado  en  efectivo  en  la cuenta de ahorros No  2087008461   perteneciente  al  señor  URIEL  IVÁN  ARAQUE.   

“El total de la  defraudación   ascendió   a   la  suma  de  DOSCIENTOS  MILLONES  DOSCIENTOS  DOCE  MIL  PESOS  MONEDA  CORRIENTE  ($200.212.000)  de  los cuales CUARENTA MILLONES NOVECIENTOS VEINTICUATRO  MIL  debió  pagarlos el banco a manera de sanción e  intereses  de  mora a la DIAN, por no haber trasladado  el   impuesto   en   los   términos   del   calendario   fiscal,   cantidad  de  la  cual  el  sindicado  restituyó  TREINTA  Y SIETE  MILLONES  SETECIENTOS  SETENTA  Y  DOS MIL DOSCIENTOS  CINCUENTA PESOS ($37.772.250)”.   

Con  base  en  la  denuncia formulada por el  Consultor   de   Seguridad  y  abogado  de  la  Coordinación  de  Seguridad  de  “MEGABANCO  S.A”.,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación mediante proveído de 3 de noviembre de 2004  abrió  formal  investigación  penal en contra de LUIS HERNANDO FORERO PUERTO y  lo vinculó a través de indagatoria.   

Al  no ser necesario resolver previamente la  situación  jurídica,  conforme con la normatividad adjetiva de 2000, y ante la  manifestación  del  procesado  de  acogerse  a  los  beneficios de la sentencia  anticipada,  se  llevó  a  cabo  el   21  de  marzo  de 2005 diligencia de  formulación  y  aceptación de cargos por el delito de  hurto agravado por  la  confianza,  conforme  con  los  artículos  239  y 241 numeral  2° del  Código  Penal  (sin incluir la circunstancia de agravación punitiva por razón  de la cuantía ante la suma de dinero apoderada).   

Por  lo  anterior,  correspondió al Juzgado  Cincuenta  y Tres Penal del Circuito de Bogotá emitir fallo anticipado el 19 de  abril  de  2005   mediante  el  cual condenó a LUIS HERNANDO FORERO PUERTO  como  autor  del  delito  imputado  y aceptado, a la pena principal de treinta y  siete  (37)  meses  de  prisión,  igual  término  le  fijó  para  la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.  Para  tal  cuantificación,  dada  la aceptación de cargos, tuvo en  cuenta  por razón del principio de favorabilidad la rebaja punitiva prevista en  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004. En el mismo proveído le concedió la  prisión   domiciliaria,   pero  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

Tratando de desvirtuar las circunstancias de  mayor  punibilidad  consideradas  por  el  juzgador que lo hicieron ubicar en el  segundo  cuarto  punitivo  para  dosificar  la  pena,  el defensor del procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  y  el Tribunal Superior de Bogotá mediante  fallo  de  22 de julio de 2005 confirmó la decisión modificando únicamente la  pena  al  estimar que las circunstancias de intensidad punitiva al no haber sido  atribuidas  y  menos  aceptadas  en la diligencia de formulación y admisión de  cargos  no  podían  ser consideradas para fijar la sanción de la forma como lo  hizo  el  a  quo, de manera  que,  ubicado  en  el  primer  cuarto  punitivo  disminuyó  la  pena y teniendo  también   en   cuenta  el  porcentaje  considerado  por  el  inferior  para  la  disminución   por   razón  de  la   sentencia  anticipada  le  impuso  al  incriminado  veinticinco  (25)  meses de prisión, mismo lapso que le fijó para  la  sanción  accesoria  inhabilitadora  en el ejercicio de derechos y funciones  públicas.  Ante tal redosificación, no le concedió la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena al concluir, que si bien se satisfacía el aspecto  objetivo,    no   sucedía   lo   propio   con   el   elemento   de   naturaleza  subjetiva.   

Contra la anterior determinación el defensor  interpuso  el recurso extraordinario de casación, demanda cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

LA  DEMANDA   

Bajo  la  premisa  relacionada  con  que  se  cumplen  los  requisitos  exigidos  por  la  ley  para  conceder al procesado el  subrogado  penal  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena, el  defensor  formula  un  cargo por violación directa de la ley sustantiva ante la  interpretación  errónea  del  artículo  63  del  Código  Penal  (Ley  599 de  2000).   

Aduce  que  el  error de interpretación del  Tribunal  “lo  llevó  a  aplicar  indebidamente el  precepto  de  artículo  63 del Código Penal” cuando  consideró  que  si  bien  el  incriminado  carecía de antecedentes penales, no  debía  olvidarse  que decidió incursionar en la vía del delito, para de allí  concluir que no se cumplía con el elemento subjetivo.   

En  criterio  del  libelista, los requisitos  exigidos  por  el  artículo  63  del Código Penal son netamente objetivos y no  subjetivos,  además,  deben  ser interpretados de forma estricta sin ampliar su  alcance   para   establecer   objetivamente   la   necesidad   de   ejecutar  la  condena.   

Señala  que de atender la definición de lo  subjetivo,  un elemento de esta especie contemplado  en  la norma requeriría una valoración o apreciación personal del funcionario  judicial  para su aplicación, lo que no sucede en el caso del precepto aludido,  toda  vez  que sus exigencias se acreditan de forma objetiva, así: i) por  la pena impuesta, la cual no  puede   exceder   de  tres  años  de  prisión,  ii)  la carencia de antecedentes penales del procesado, que  se  prueba  con un certificado, iii)   la  gravedad del delito, con la identificación del bien jurídico  afectado,  en  este  caso  es  el patrimonio económico sobre el cual prevalecen  otros  intereses  como   la  vida  y  la integridad personal, o también se  acredita   según   la   duración   de   la   pena   impuesta   y  iv)  la modalidad del hecho, al verificar  la conducta y sus agravantes para objetivizar así el reproche.   

Luego de traer a colación la exposición de  motivos  del  proyecto de ley por medio del cual se expidió el Código Penal de  2000  en  el  que se planteó la crisis de la pena privativa de la libertad y la  progresiva  disminución de su uso con la sustitución de las de corta duración  por  otras como la multa, y se consideró que en el modelo de Estado colombiano,  al  tener  al  hombre  como  su  elemento  basilar, sólo se puede recurrir a la  sanción  aflictiva de la libertad cuando sea necesaria para el mantenimiento de  ese  sistema  de corte personalista, explica el demandante que la intención del  legislador  fue  la de objetivizar el tema de la imposición de la pena a fin de  dar  un tratamiento equitativo a los sentenciados, de ahí que en su parecer, el  artículo  63  de  la  Ley  599 de 2000 contempla elementos objetivos, porque en  caso  contrario  su  aplicación  dependería  de  la  voluntad  del funcionario  judicial.   

Señala las diferencias entre la necesidad de  pena  y  la  de su ejecución al indicar que una cosa es la sentencia en la cual  se  impone  un castigo como consecuencia de la comisión de una conducta punible  y  otra  es  la  ejecución  de la misma, por ende, el legislador estableció la  posibilidad  de suspender la ejecución de la condena cuando se hace innecesario  su   cumplimiento,  empleándose  la  prisión  sólo  en  casos  extremos  para  resocializar    al    delincuente    debido    a    la   gravedad   del   delito  cometido.   

En  este  orden, repara en la consideración  del  Tribunal  que para negar la concesión del subrogado estimó la gravedad de  la  conducta  desplegada  por el procesado por haber sido defraudatoria, pues en  criterio  del  libelista  tal  postura  subjetiva  atenta contra el principio de  proporcionalidad  y  lesividad, máxime que la necesidad de la pena se centra en  el condenado y no en el hecho cometido.   

Pone  de  presente  que  en  este  caso  su  defendido  fue condenado a una pena de prisión inferior a tres años, carece de  antecedentes   penales,  no  medió  violencia,  confesó  el  delito  cometido,  entregó  algo  del  dinero obtenido con la comisión del delito, circunstancias  que  en  su  criterio,  evidencian  la  aplicación  del artículo 63 en cita, y  agrega  que  se hace indispensable suspenderle la ejecución de la pena para que  pueda  trabajar  y de esa manera pagar la obligación patrimonial con la entidad  financiera afectada.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar el  fallo  a  fin  de  otorgar  al  procesado  el  subrogado penal de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De   manera   preliminar    no   queda                 duda  que  le asiste legitimidad al   

demandante  para  recurrir  en casación el  fallo    de    conformidad   con   el   producto    de    la    aceptación    de   cargos   del  procesado,  disenso  que se ajusta a  una  de las posibilidades de impugnación de fallos de esa estirpe (dosificación  de  la  pena,  mecanismos  sustitutivos  de la pena  privativa  de la libertad,  la      extinción      del     dominio     sobre     los     bienes,  vulneración  de  los  derechos  o  garantías      fundamentales      o  la  cuantía de perjuicios), toda vez  que  sólo  aboga  por  la  concesión  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

Y   si   bien  el  defensor  postula  la  interpretación  errónea  del  artículo  63 del Código Penal que contempla el  aludido   subrogado  penal,  el  desarrollo  que  le  imprime  a  la  censura  le  resta  la idoneidad necesaria para su admisión por  cuanto   incurre   en   una   contradicción  cuando  emite   juicios  que  por  su  naturaleza  se  oponen  al  indicar  que  el  error  intelectivo  del Tribunal “lo  llevó  a aplicar indebidamente el precepto de artículo 63  del   Código  Penal”,  además,  sí   aboga   por  la  concesión  del  beneficio,  es  claro  que  se  trataría   de   la  falta de aplicación del precepto que lo consagra.   

Igualmente,  los    fundamentos    que    expone   en  apoyo  de  su  pretensión resultan  desafortunados  por la mixtura que exhibe  en  relación  con  los  fundamentos  propios  de la  infracción  directa de la  ley  sustantiva,  con la  violación   mediada   a   través  de  yerros  de  aprehensión  o  valoración  probatorios.   

En  efecto,  la violación directa de la ley  sustancial  versa  exclusivamente sobre un error de juicio en el cual incurre el  juzgador  respecto  de  la  disposición  que  se ocupa del supuesto fáctico en  concreto.  Dicho  error  puede  ser  de  selección  normativa  al radicar en la  existencia  del  precepto  (falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente), por una equívoca adecuación de  los  hechos  probados  a los supuestos que contempla la norma  (aplicación   indebida),   o  bien,  de  carácter  hermenéutico  por darle a la disposición un sentido que no tiene, o  errar   en   su   significado   (interpretación  errónea).   

Al  recaer  el  yerro del fallador de manera  directa  sobre  la  normatividad,  el  debate  se  circunscribe  netamente  a lo  jurídico  para  de  esa manera evidenciar el desdeño del precepto regulador de  la   situación   específica  demostrada,  que  tal  hecho  se  ajusta  a  otra  disposición  normativa  o  el desborde del alcance de la norma aplicada al caso  concreto,  lo  cual  exige necesariamente aceptar la apreciación y declaración  de los hechos y de las pruebas realizada en las instancias.   

En cambio, cuando la discrepancia versa sobre  la  actividad  probatoria  y  la  valoración por parte del juzgador, la vía de  ataque  legalmente  adecuada  es la indirecta, ya que a la infracción de la ley  sustancial  se  llega  a  través  de la violación de las normas que regulan el  ámbito probatorio.   

Por  lo  tanto,  en caso de denunciar yerros  probatorios  el  demandante  debe,  además  de  identificar el medio en el cual  recayeron  éstos, sean de hecho o de derecho y la modalidad de falso juicio que  los   determinó,   demostrar  la  trascendencia  de  los  mismos  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  y  cómo  tras  su  respectiva corrección la decisión  sería sustancialmente diversa de la adoptada por el Tribunal.   

El recurrente, entonces, ha de precisar si  el   juez   plural   al   momento   de   apreciar   la  prueba  la  ignoró,          desconoció     u     omitió   pese   a   obrar   en   el  diligenciamiento,   o   si   la  supuso  o  imaginó  (falso    juicio    de    existencia);  o  si  pese  a  haber  sido legal y  oportunamente    recaudada,    al    momento    de   fijar   su   contenido   la  distorsionó,  cercenó      o  adicionó    en   su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecían  de  ella  (falso     juicio    de    identidad);  o si ya en  el  momento  de  su  apreciación al asignarle mérito persuasivo contrarió los  principios  lógicos,  las  leyes  de  la ciencia o las reglas de la experiencia  (falso             raciocinio).   

También, en relación con la contemplación  ya  no  fáctica,  sino  jurídica de las pruebas, ha de precisar si el fallador  apreció  una  que  no  cumplió  con  las reglas normativas para su aducción o  producción  al  interior del diligenciamiento o le negó validez al suponer que  no  reunía  los  requisitos  legales,  pese  a que sí los llenaba (falso   juicio   de   legalidad),  o  si  tratándose  de  medios  probatorios a los cuales el legislador expresamente les  ha  asignado  un específico valor demostrativo, el juzgador se apartó de tales  parámetros,  bien por asignarles un alcance diferente o por negarles el mérito  que    expresa    y    normativamente   se   les   ha   señalado   (falso          juicio          de         convicción).   

Así    las    cosas,    en  este caso el demandante equivoca  la  modalidad  del error, ya  que  la  no concesión del  subrogado  debe  plantearse  como  falta  de  aplicación  del  precepto  que lo  regula  y  no por la vía  de  la  interpretación  errónea,  como  de  tiempo  atrás lo ha señalado la Corte:   

“…si el sentenciador aprecia la norma,  pero  debido a los alcances que le da no la aplica, no significa que el error se  concrete  en  una  errada interpretación, pues lo que se presenta en ese evento  es  su  exclusión  evidente, como quiera que en estos casos no importa la causa  de  ello, sino el resultado (Casación 10.641 del 20 de mayo de 1.998, M. P. Dr.  Jorge  Enrique  Córdoba  Poveda).  Además,  porque  el concepto del sentido de  violación  a que alude el demandante –errada  interpretación-  parte del supuesto irrebatible de que la  norma  objeto del quebranto fue aplicada al caso y es la que lo regula, solo que  el  juez  le  otorga o niega unos alcances que no corresponden a su sentido, por  ello no puede generar colateralmente yerros de selección.   

“Eso es lo que sucede frente al subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional, pues sólo sería viable la  inaplicación  del  precepto  respectivo cuando se ha concedido, y eso no fue lo  que  ocurrió  en el presente asunto, en donde el Juez lo negó luego de valorar  los  factores subjetivos a que se contraía el artículo 68 del entonces Código  Penal”.1   

A  pesar  de  que el casacionista plantea la violación directa de  la   ley  sustantiva  su  reparo  en manera alguna es de índole jurídica, pues se opone a los hechos tal  y  como  fueron  plasmados  por los falladores y ataca su valoración probatoria  cuando  se aparta de la conclusión del juzgador acerca de que no se satisfacía  el requisito subjetivo para conceder el subrogado penal.   

De   forma  tácita   plantea  que  el  Tribunal  heurísticamente2,  acudió  a  valoraciones  subjetivas  para  negarle  la      suspensión     condicional     de     la  ejecución  de  la pena a  su    defendido,    y  para  justificar el error  de     juicio     del     ad     quem, de manera  sofística  anota  que  los  requisitos  legalmente  previstos  para su  otorgamiento  son estrictamente objetivos,    con    lo   cual   reduce  su  planteamiento  al  criterio  simplista  de contradicción entre lo objetivo y lo  subjetivo.   

Pero  además  de  lo anterior,  para denotar el error de selección  normativa    indebidamente    acude    el    demandante    a   su   propia  subjetividad    en  la  percepción  de  la forma  como   se   debe   interpretar   el   precepto  para  pretender   volver   tal  punto  de  vista  en  objetividad, como se pasa a explicar:   

Ciertamente,        lo        subjetivo         es  lo  “Perteneciente o relativo al  sujeto,    considerado    en    oposición    al    mundo    externo”,   o  “Relativo  a  nuestro  modo  de  pensar  o  de  sentir,  y  no  al  objeto  en  sí  mismo”,    de   esta   forma   lo  objetivo  incide  de  manera  directa y necesaria en    la    creación    o    formación    de   lo   subjetivo,  pues  precisamente éste es así por la intervención  del sujeto.   

Lo subjetivo         se     complementa     del    conocimiento  previo  del  sujeto,    su    eticidad,   valores   y        sus        propios  marcos  conceptuales,  entre otros aspectos, luego  de  lo cual formará  el  juicio  acerca  de  la  realidad,  de  ahí que la     percepción     del  mundo varíe de un sujeto a otro y  se           presenten          confrontaciones   a   ese   respecto  al  mostrar  cada uno  su personal visión como  la  más  acertada  a esa  realidad.   

El  recurrente  confunde dos subjetividades;  una  es  la  relacionada  con  la  valoración que corresponde hacer al operador  judicial  con base en el material probatorio para formarse un juicio de valor, y  la  otra,  es  la  referente  al  análisis  de  la  actitud  comportamental del  procesado  que  se  establece  de  sus  antecedentes  personales,  familiares  y  sociales,  modalidad  y  gravedad de la conducta, como parámetros para estudiar  la   viabilidad   de   suspenderle   condicionalmente   la   ejecución   de  la  pena.   

Para objetivar  los   elementos   que   hacen   viable   el   otorgamiento   del  subrogado     penal    el    libelista  estima     que    se    han    de    mostrar  en  total  apego  a  la  realidad  sin  necesidad  de  la  intervención   del  sujeto  cognoscente,  cuando  claramente  los  factores    condicionantes   de   tal  instituto    son   de  naturaleza  objetiva  y  subjetiva; en los primeros,  la   clase  de  pena  y  su  duración    como   presupuesto   para  el  análisis  de  los  últimos,  para  los  cuales  la  ley  ha  dejado el  prudente,  equilibrado  y  racional  estudio judicial.   

En  este  orden,  la  Sala  subraya  que  la  asignación  de  realidad  a  los  presupuestos  previstos  en  el  numeral  2° del artículo 63 del  Código  Penal  ha  de  ser  dada  con  los elementos  probatorios     que     denoten    las   características   de  la  conducta  o  modalidades  de  ejecución,  su relación con el  bien   jurídico  tutelado,  extensión  el  daño  y  su  repercusión  social,  no  es  tanto  la entidad  del   hecho   sino   la   valoración   global  con  la    conducta  del acusado lo que permitirá  deducir  si  existe  mérito o no para que se ejecute  la     pena    impuesta,    sea    intramural    o  domiciliariamente,  como  forma  de retribución justa a la sociedad por el hecho cometido y para proteger  así los fines de la pena, la prevención general y especial.   

La   Corte  insiste  aquí  que  de  manera  general  el juicio  de  valor  del  juzgador producto de la labor  de  estimación  probatoria debe  reflejarse     con    objetividad,    lógica    y  juridicidad,  en  tanto  que,  el factor subjetivo  en   relación   con   el   procesado  se       desprende       del      examen      de      sus  antecedentes personales, sociales  y    familiares,   la  modalidad y gravedad de la conducta.   

Y si bien como  todo   punto  de  vista  aún el judicial envuelve  una      subjetividad      que      puede   diferir   del   presentado   bajo   la  arista  defensiva,  corresponderá    en    sede   casacional   denunciar   que   el   proceso  mental empleado por el juzgador  se   alejó   del   sistema   de  valoración  probatorio  fundado  en  la  sana  crítica,  esto  es,  que  la  decisión es producto  de        un  desafuero intelectivo por  la  estimación caprichosa  o   arbitraria   de   las   pruebas   o   que  la  conclusión  judicial  no  es coherente como enseña  la    lógica   o   se  aleja  de los principios  que  se  aplican  en  un  espacio teórico específico propio de la observación  científica  o  no  está  acorde  con  los  juicios  que se forman a partir de comportamientos sometidos a  una  identidad circunstancial propios de las reglas de la vida.   

Por  lo tanto, no resulta del todo válida  la  presentación  que  hace  el  impugnante  como criterios contrapuestos de lo  objetivo    y    lo  subjetivo,    aquél  como  algo  real,  palpable y cierto y éste como lo  imaginario,  ambiguo  o  sin  posibilidad  alguna  de  aprehensión,  puesto que  incluso,     en  su    fundamentación     se advierte  obviamente  una  carga  de  subjetividad cuando para  rechazar   las   consideraciones   del  juez  plural  admite   que   se   deben   sopesar   los  factores  relacionados  con  la  carencia de antecedentes del procesado, su confesión, el  reintegro  de  alguna  suma  de  dinero,  y  cuando  aduce que se hace necesaria  la   suspensión   de  la  ejecución  de  la  pena  para  que  su  defendido  pueda  laborar  a  fin  de  sufragar la suma de perjuicios adeudada a la compañía financiera.   

El   demandante   no   repara   en   otras  consideraciones  tenidas  en  cuenta por el Tribunal para ratificar la necesidad  de  la  ejecución  de  la pena por parte del procesado relativas a la modalidad  del  comportamiento y la afectación patrimonial de la compañía durante varios  años  que  ameritaban  un  reproche social dada “la  utilización  de los medios dispuestos por el banco para el normal desarrollo de  las  funciones  como Subgerente Operativo, cargo que de por sí le facilitaba la  sustracción de las sumas de dinero apoderadas.”   

Así  las  cosas, no demuestra el impugnante  algún  yerro del juzgador y por el contrario, asume una simple oposición a las  conclusiones  del  Tribunal  al enfrentar su criterio a la fuerza de convicción  del  material  probatorio, cuando la Sala ha insistido en que la simple crítica  a  los  criterios  judiciales  no  es suficiente para motivar el análisis de la  legalidad  del  fallo,  porque  debe sujetarse a las técnicas establecidas para  probar  la  existencia  de yerros manifiestos y esenciales, con incidencia en el  sentido de la decisión.   

Dado  que las falencias destacadas no pueden  en  modo  alguno  ser  enmendadas  por  la  Corte  en  virtud  del  principio de  limitación  que  rige  el  trámite casacional, se impone la no admisión de la  demanda  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,  la  Sala  no observa dentro del  curso  procesal  o en el fallo que le dio culminación, violación alguna de los  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales, como para que  tal  circunstancia  impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa de naturaleza  legal que le asiste a esta Corporación sobre el particular.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  LUIS  HERNANDO FORERO PUERTO por las razones  dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

      

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS              AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia  del  6 de  septiembre  del 2001, radicado 13.244. En el mismo sentido auto de 18 de mayo de  2005 radicación 23144.   

2  Catalogado  en  algunas  ciencias  como  la  manera  de  buscar  la solución de  problemas   acudiendo  a  métodos  no  rigurosos,  como  por  tanteo  o  reglas  empíricas.     

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