25971(28-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25971   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 107.  

Bogotá  D.C., septiembre veintiocho (28) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  acusado    DIONISIO    ORTÍZ   BELTRÁN,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal   Superior   de  Bogotá  el  5  de  abril  del  año  que  transcurre,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el  Juzgado Veinte Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el 30 de noviembre de 2005, por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente responsable del delito de receptación agravada.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que motivaron esta investigación  fueron   adecuadamente   sintetizados   por   el   ad  quem, en los siguientes términos:   

“El 17 de mayo del  año  2005,  el grupo antipiratería terrestre recibe una llamada de una persona  que  no  se  identificó,  quien informó que dentro de una bodega ubicada en la  transversal  123-63  j  05  Engativá  el  día anterior había sido    descargada  mercancía  de  un  camión  en  forma sospechosa.  El grupo en  mención,  encabezado  por  el  patrullero Octavio Cortes Díaz, se desplazó al  lugar  y  encontró,  en  la  citada  bodega,  que funciona allí una entidad de  razón  social PERTICOMPUESTOS.  Luego de pedir autorización para entrar a  la  secretaria  de  la bodega comienza el registro de la misma y se encuentra en  su  interior  la  cantidad  de  280 bultos del fertilizante NITRAMID, los cuales  hacían  parte  de  una cantidad mayor, hurtada en un camión en Barranquilla el  día  13  de  mayo.   El  gerente  de  la sociedad y de la bodega, quien se  identificó  como  DIONISIO  ORTIZ BELTRÁN es capturado y se procede a incautar  la      mercancía      como      a      hacer      la     correspondiente   judicialización”.   

Con  fundamento  en  los  anteriores hechos,  durante  audiencia preparatoria ante el Juzgado 57 Penal Municipal con funciones  de   Control   de  Garantías  de  Bogotá  se  legalizó   la  captura  de  ORTIZ  BELTRÁN,  a quien la  Fiscalía  le  formuló imputación por el delito de receptación agravada (art.  447  inc.  2°  C.P.),  la  cual  no fue aceptada por el procesado, a la vez que  solicitó  le fuera impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva en  el  lugar  de residencia del implicado, petición a la cual accedió el despacho  judicial.   

El  17  de  junio  siguiente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  contra  el  incriminado.  Posteriormente, el  Juzgado  Veinte  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  al cual le correspondió el  conocimiento  de la actuación, realizó la respectiva audiencia de formulación  de  la  acusación,  en  cuyo  desarrollo  el  ente  fiscal  formuló  cargos al  procesado    por    el    mismo    delito    que    sustentó   la   medida   de  aseguramiento.   

Ante  el  mismo  despacho judicial, el 18 de  agosto  se  llevó a cabo la audiencia preparatoria y, el 9 de noviembre, se dio  inicio  a  la  audiencia del juicio oral, durante la cual, de conformidad con el  rito  legal  establecido, el procesado se allanó a los cargos formulados por la  Fiscalía.   

El   30   de  noviembre,  el  despacho  de  conocimiento  profirió  fallo  de  primer  grado  por  cuyo  medio  condenó al  procesado   DIONISIO   ORTIZ   BELTRÁN  a  las  penas principales de cincuenta y tres (53) meses y doce (12)  días  de  prisión y multa por valor de 5.5 salarios mínimos legales mensuales  vigentes      y  a  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término igual al de la pena  principal,   como  autor  penalmente  responsable  de  la  conducta  punible  de  receptación  agravada. En la misma decisión, le negó el subrogado penal de la  condena     de     ejecución     condicional,    así    como    la    prisión  domiciliaria.   

         

Impugnada  la  sentencia por el defensor del  procesado,  el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del 5 de  abril  del  año  que  transcurre,  decisión  que  ahora  es objeto del recurso  extraordinario   de   casación   interpuesto  exclusivamente  por  el  defensor  de     DIONISIO     ORTIZ     BELTRÁN.   

LA DEMANDA  

El  defensor  del  procesado  ORTIZ   BELTRÁN   formula  dos  reproches  contra  el  fallo  de segundo grado con fundamento en la causal primera prevista  en   el   artículo   181,  numeral  ídem,  de  la  Ley  906  de  2004, al estimar que la sentencia impugnada  viola de manera directa la ley sustancial.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  metodológicamente  se  optará  en el aparte siguiente por hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar,  acto  seguido,  su  correspondiente  estudio  formal, para lo cual se  empleará   el   mismo   orden   en  que  las  censuras  son  propuestas  en  el  libelo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Aspectos generales:   

El  recurso  extraordinario  de casación de  conformidad  con  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, normatividad mediante  la  cual  se  adopta  en forma progresiva y gradual en el territorio nacional el  sistema  penal acusatorio, expresamente se concibe como control constitucional y  legal  de las sentencias proferidas en segunda instancia en procesos adelantados  por  delitos  cuando  quiera  que  concurra  alguna de las causales expresamente  previstas  en la misma disposición, siempre que propenda por la realización de  los  fines  para  los cuales está previsto, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, los  cuales están contemplados en el artículo 180 del mismo estatuto.   

De  allí  que  razonablemente  se  imponga  colegir,  como  primera conclusión, que el medio extraordinario de impugnación  introducido  en  el  nuevo  estatuto procesal penal no ha sufrido trasformación  sustancial  que  permita  considerarlo como una instancia más del proceso, a la  cual  se  pueda  acudir para cuestionar libremente el fallo de segundo grado por  cuyo  medio  se clausuró el debate probatorio, ni para reprochar exclusivamente  la  valoración  que  de  las  pruebas  efectuaron  los  falladores, a partir de  simples discrepancias sobre su mérito suasorio.   

La afirmación anterior encuentra asidero en  el  texto  del inciso segundo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, a través  del  cual  se  señalan las exigencias que debe reunir el libelo casacional para  su admisión, al prescribir lo siguiente:   

“No   será   seleccionada,   por   auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación, o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

Por   tanto,   del   contenido  de  dicha  normatividad,  se  tiene  que  la  demanda de casación debe cumplir con algunos  requisitos  formales,  los  cuales  básicamente  coinciden  con los que venían  exigiéndose  en  las  legislaciones procesales más recientes (artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000,  225  del Decreto 2700 de 1991 y 224 del Decreto 0050 de  1987)  pero,  a  más  de  ello,  es  preciso  que  se evidencie la necesidad de  proferir  pronunciamiento  de fondo con el objeto de cumplir alguno o algunos de  los  fines  para los cuales se ha previsto, aspecto que se yergue prácticamente  en el presupuesto fundamental del libelo casacional.    

Por ello, la jurisprudencia ha sido clara en  señalar  que  con el fin de lograr todos los fines previstos para el recurso de  casación  la Corte deberá superar los eventuales defectos lógicos y técnicos  formales  de  la  demanda,  a  efecto de emitir fallo de fondo teleológicamente  orientado a la consecución de los mencionados fines.   

Es  más,  como también lo ha señalado la  jurisprudencia,  la  Sala  incluso  puede inadmitir la demanda a pesar de reunir  los  presupuestos  formales  cuando de su contexto no se infiera la necesidad de  proferir  fallo  de  fondo  o  tampoco surja esa posibilidad de la revisión del  trámite     cumplido     y     del    fallo    que    al    mismo    le    puso  fin.            

Por  lo  expuesto,  la  Sala  actualmente  prohíja    la   tesis   de   que   la   demanda   de   casación   “requiere  del  cumplimiento de requisitos formales y materiales,  de  continente  y  de  contenido,  los cuales la Corte debe evaluar a la hora de  decidir    sobre    su    eventual    admisión”1.   Los primeros, apuntan  al  cumplimiento de los condicionamientos que tradicionalmente se han exigido de  la  demanda  incluyendo, desde luego, el interés para impugnar y la exposición  “precisa  y concisa” de  las  causales  invocadas y de sus fundamentos, a que se refiere el artículo 183  de  la  Ley 906 y los segundos, están dirigidos a que de su contexto se infiera  la  necesidad  de  proferir fallo de fondo en lo eventos indicados en la última  disposición parcialmente transcrita.   

Bajo tal entendimiento del recurso se procede  a  analizar  los dos reparos contenidos en la demanda presentada por el defensor  de      DIONISIO     ORTIZ     BELTRÁN.   

Primer  cargo.  Violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004.      

Señala  el  actor  que  el  fallo impugnado  desconoció    el    alcance    de    la    Ley   890   de   2004   “explicado  por  la  Corte Constitucional en la sentencia T-091 de  2006”,        el       cual       “constituye  precedente  judicial respecto a la no aplicación del  artículo  14  de  la  890  de  2004 que incrementó de manera general las penas  contempladas  en  los  tipos  penales que integran la parte especial del código  penal,  en  el evento de haberse allanado a los cargos el acusado”.     

Con  lo  anterior,  agrega,  se  afectaron  garantías  fundamentales del acusado “como lo son el  debido  proceso  en  cuanto  que  desconoció  el  principio de legalidad de las  penas,  al  imponerse  una  pena  superior a la que correspondía”.   

Por tanto, continúa, ha debido aplicarse la  sanción   penal  fijada  en  el  artículo  447.2  del  estatuto  represor,  en  concordancia  con  lo  previsto en el 367, inciso segundo, del estatuto procesal  penal  “con  exclusión  del  artículo 14 de la ley  890/04,   debido  a  la  aceptación  unilateral  y  voluntaria  de  los  cargos  formulados    en    la     acusación   por   la   Fiscalía”.   

En  orden  a  sustentar su pretensión, cita  algunos  apartes de la sentencia T-091 de la Corte Constitucional, especialmente  de  los  puntos  24  y  25,  destacando  de  este  último  el siguiente pasaje:  “atendiendo   a   los   fundamentos   del   sistema  acusatorio,  que  prevé  los mecanismos de negociación y preacuerdos, en claro  beneficio  para  la  administración  de justicia y los acusados, se modificaron  las  penas  y  se  dejó como límite la duración de sesenta años de prisión,  excepcionalmente  para  los  casos  de  concurso,  y  en  general  de  cincuenta  años”.   

Aduce,  a  continuación,  que  a  partir de  “este    antecedente    legislativo”   surge   como   conclusión   que  “el  incremento   generalizado   de   penas   está  vinculado  al  mecanismo  de  la  negociación  y  de  los preacuerdos, no así al de la aceptación unilateral de  cargos, o allanamiento a los mismos”.   

Lo anterior, prosigue el censor, en tanto que  el  legislador quiso diferenciar el mecanismo de los preacuerdos y negociaciones  del  de  allanamiento  espontáneo  de  cargos,  tal  como  se  establece  en el  artículo  3°  de  la  Ley  890,  al indicar que “El  artículo  61  del  Código Penal tendrá un inciso final así:  el sistema  de  cuartos  no  se aplicará en aquellos eventos en los cuales se han llevado a  cabo   preacuerdos   o   negociaciones   entre  la  Fiscalía  y  la    defensa”.   

Disposición que, agrega, cobra sentido si se  tiene    en   cuenta   que   el   allanamiento   a   los   cargos   “conduce   a   un   ejercicio   de   ponderación   de  parte  del  juez”, mientras que los preacuerdos y negociaciones,  de  conformidad  con  el  artículo  351,  inciso  4°  de  la  Ley 906 de 2004,  “obligan  al  juez  de conocimiento, salvo que ellos  desconozcan    o    quebranten   las   garantías   fundamentales”.   

Y  concluye  indicando que el primero de los  institutos  en  cuestión  no  reclama  espacios  de  negociación  “ni  autoriza  al fiscal para hacer solicitudes sobre punibilidad,  correspondiendo  al juez regirse por los parámetros de dosificación ordinarios  (art.  61  C.P.)”,  lo  cual  le permite afirmar que  “los  nexos de política criminal integrada entre el  A.L.  03  de  2002 y las Leyes 906/04 y 890/04, se presentan entre el incremento  punitivo  general  y  el  mecanismo  de  preacuerdos y negociaciones, y no entre  aquél y el allanamiento a los cargos”.   

En  relación con la trascendencia del yerro  invocado,  señala  el demandante que si el Tribunal hubiera tenido en cuenta el  real  alcance  del incremento punitivo previsto en el artículo 14 de la Ley 890  de  2004 “no hubiera podido confirmar la condena a 53  meses  doce días de prisión, pues necesariamente hubiera tenido que partir del  mínimo  punitivo  establecido  en el tipo penal de receptación agravada…esto  es  la  de cuatro años de prisión, en aplicación a los criterios establecidos  en   el  artículo  61  del  C.P.,  dado  que  solo  existen  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  y sobre ese quantum punitivo haber procedido a la rebaja  de  pena por allanamiento a los cargos dentro de la audiencia del juicio oral de  una  sexta  parte,  como lo preceptúa el artículo 367 inciso 2 del C. de P.P.,  lo  cual  determina una pena de 40 años meses de prisión, que corresponde a la  pena    legalmente    establecida    para    el   presente   caso”.      

Colige,  entonces,  que  al  condenar  a  su  defendido  a una  pena superior a la prevista legalmente se le violaron las  garantías  judiciales del debido proceso, establecidas en el artículo 29 de la  Carta  Política “también consagrada en los Tratados  Internacionales  sobre  derechos  Humanos  aprobados por Colombia”,   además,  en  los  artículos  6° de los estatutos penales  sustantivo y adjetivo.   

Con  fundamento  en  lo  anterior, solicita  casar  la  sentencia impugnada “y en su lugar dictar  el   fallo   de   reemplazo,  que  conlleve  la  degradación  punitiva  que  se  solicita”.           

En  relación con la propuesta contenida en  este  primer  reproche,  se  impone  precisar  que la Sala encuentra satisfechos  suficientemente  los  requisitos  exigidos en los artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  a  los  cuales  se  hizo alusión en el acápite de los aspectos  generales de esta providencia.   

Así,  brevemente  se puede señalar que al  defensor  del  procesado  le  asiste  interés para recurrir en casación, tanto  porque  el fallo impugnado resulta  adverso a los intereses que representa,  como  porque  oportunamente  interpuso recurso de apelación contra la decisión  de  primera  instancia  cuestionando  la  misma  temática  jurídica  que ahora  presenta  en  esta  sede,  a  lo  que  se suma el hecho de que fue adecuadamente  seleccionada  la  causal  bajo  cuya  égida  propone  el  debate,  amén de que  desarrolla  de  manera  precisa  y  concisa  el  cargo,  de  conformidad con las  directrices   de  la  causal  que  invoca  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  no  sólo  porque el debate que suscita es eminentemente jurídico,  en  tanto se contrae a los alcances del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, sino  porque  en  ese  cometido  señala  las  normas transgredidas y el sentido de su  quebranto.        

Pero lo que resulta más importante es que,  consecuentemente  con  lo  expuesto  en  el  preámbulo  del  presente  acápite  considerativo,  del contenido del cargo y su desarrollo emerge sin dificultad la  necesidad  de  proferir  fallo  de  fondo orientado a lograr uno de los fines de  este  extraordinario  recurso  pues,  como acertadamente lo indica el censor, de  corroborarse  que  se  aplicó  indebidamente  la  disposición  aludida una tal  situación  comporta  afectación  del  debido proceso en punto del principio de  legalidad  de  la pena, pues se habría impuesto a su defendido una sanción que  no se corresponde con la establecida en la ley.   

Es  claro  que ese propósito se aviene con  los  fines  del  recurso extraordinario de casación referidos, en primer lugar,  al    “respeto   de   las   garantías   de   los  intervinientes” y, en segundo orden, a “la  reparación de los agravios inferidos a estos”, previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

Por  lo  expuesto,  la conclusión a la que  razonablemente  se  llega  es  a  la  de  admitir  el  cargo  objeto de estudio,  advirtiendo  desde  ya  que  la  temática  sobre  la cual se circunscribirá la  discusión  tiene  que  ver  con  el  alcance  del  incremento  general de penas  previsto  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890 de 2004, para los casos en que  procede  el  allanamiento  a los cargos por parte del procesado, a partir de las  pautas  señaladas  por  la Corte Constitucional en el fallo de tutela T-091 del  año que transcurre.   

Segundo cargo. Violación directa de la ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  38  de  la  Ley  599 de  2000.   

Comienza el casacionista por indicar que la  defensa  solicitó  la  sustitución  de  la  pena  de  prisión  intramural por  prisión  domiciliaria  “la  cual fue negada por la  juez  de  primera  instancia  porque  consideró  que  no  se  reunía el primer  requisito  objetivo  previsto en el artículo 38 del Código Penal, al partir de  una  indebida aplicación del artículo 14 de la Ley 890/04 que hizo incrementar  la  pena  mínima  establecida  en  el  artículo  447.2 del C.P. en una tercera  parte,  ante  lo cual la pena mínima fue considerada ilegalmente en 64 meses de  prisión”.   

Agrega  que el Tribunal no sólo manifestó  su  acuerdo  con  lo  dicho  por  el a-quo,  sino que “contrariando los elementos  probatorios  allegados  por la Fiscalía y las estipulaciones realizadas por las  partes  sobre  la ausencia de antecedentes del acusado, se adentra en el estudio  del  segundo  presupuesto  exigido  por el artículo 38 del estatuto penal, para  negar  el derecho a la prisión domiciliaria al que es acreedor mi representado,  con  evidente errónea interpretación de la ley que lo lleva a dejar de aplicar  la  norma,  incurriéndose  además  en  violación  del  artículo  248  de  la  Constitución     Política”,    esta    última  disposición,  añade, en cuanto que únicamente pueden servir como antecedentes  penales   y   contravencionales   las   sentencias     judiciales   en  firme.   

Puntualiza  que  el Tribunal al efectuar la  valoración  de  los  presupuestos  legales previstos para el otorgamiento de la  prisión  domiciliaria  con base en anotaciones existentes en el proceso, según  las  cuales  en contra de su defendido se adelantan investigaciones penales, les  otorga    “un    sentido   o   alcance   que   no  tienen”,  pues  como  no  se  trata de antecedentes  judiciales,   ello   no   puede   constituir   “un  impedimento  para  conceder el derecho de sustitución de la prisión intramural  por la domiciliaria”.   

Sostiene,  a  continuación,  que aunque el  juez  goce  de discrecionalidad para evaluar la conveniencia de que se cumpla la  sanción  penal  en  la  residencia del condenado basándose en los principios y  fines  de  la  pena,  “esa discrecionalidad no puede  ser  arbitraria  o  fruto  de  del  mero  capricho  del  juzgador”,     ya    que    debe    estar    precedida    de    “valoraciones  acordes  con  la  realidad  procesal que brinde el  caso  y  de  cara  a la realidad que se vive en los centros penitenciarios y que  hacen   nugatoria   cualquier   rehabilitación  del  procesado  y  su  adecuada  reinserción social”.   

De  esa manera, colige que en relación con  el  primer  requisito  contemplado  en  el  artículo 38 del estatuto sustantivo  penal  no  hay  duda  que  la pena mínima prevista para el delito imputado a su  prohijado  es  inferior  a  5  años  y que, en cuanto al presupuesto subjetivo,  exigido  para  su concesión “el Tribunal incurre en  el  error  de  no  hacer  un  juicio  de ponderación de los aspectos que fueron  debidamente  demostrados,  en  su  conjunto,  como  la  presencia  exclusiva  de  circunstancias  de atenuación, por ausencia de antecedentes de todo orden y por  la  reparación  integral que hizo voluntariamente mi representado a la víctima  al  indemnizarlo  completamente  por  los  daños  y  perjuicios causados con su  conducta  y  de otra parte al haberse devuelto los elementos incautados, lo cual  sin  lugar a dudas da lugar a otra interpretación totalmente opuesta a la hecha  por   el  Tribunal,  en  cuanto  al  pronóstico  sobre  el  comportamiento  del  procesado”.   

Lo anterior, añade, porque el ad-quem  se  centró  en  otros aspectos  para   negar   el   sustituto   referido,   dado   que   la  misma  “no  fue  instituida  como lo afirma categóricamente el Tribunal  para  casos leves y delincuentes ocasionales”.   Además,  porque  del  comportamiento  personal,  laboral, familiar y social del  procesado  se  puede  deducir  que  no  colocará  en peligro a la comunidad, ni  evadirá  el cumplimiento de la pena, razones suficientes para que  proceda  su reconocimiento.   

Destaca,  a  continuación,  que  el  error  atribuido  al  fallo  es  trascendente  porque  con  la negativa a conceder a su  defendido  el  derecho  que  le  asiste  de pagar la pena en su residencia se le  impone  “una  carga  excesiva  a su comportamiento,  como   quiera   que   él  aceptó  su  culpabilidad,  hizo  menos  nocivas  las  consecuencias  de los daños que se le pudieron ocasionar con la comisión de la  conducta punible”.   

Por   lo  expuesto,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y  dictar  el  fallo  de reemplazo concediendo la prisión  domiciliara    a   su   defendido   DIONISIO   ORTIZ  BELTRÁN.   

En  cuanto a este segundo cargo, encuentra  la  Sala  que,  a  diferencia de lo señalado en relación con el primero de los  formulados  por  el  defensor,  la  decisión  que se impone adoptar es la de su  inadmisión.   A  tal  conclusión  se llega con sustento en las siguientes  premisas:   

En relación con los presupuestos lógicos  y  técnico  formales  cumplir  la demanda conforme lo señalado en precedencia,  impera  señalar  que  el  demandante  no cumple con ellos atendida la causal de  casación  que  invoca,  esto  es,  la  contemplada  en  el  numeral primero del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, que corresponde a la denominada violación  directa  de  la ley sustancial, en este caso, según el demandante, por falta de  aplicación del artículo 38 de la Ley 599 de 2000.    

En efecto, tal como lo tiene dicho en forma  pacífica  la jurisprudencia de la Sala, cuando se trata de desarrollar la   causal  seleccionada  por  el  libelista  para  derruir  el  fallo, se encuentra  obligado  a respetar los fundamentos fácticos y probatorios que le sirvieron de  base  a  la declaración de justicia, así como la valoración probatoria que de  los  mismos  realizó  el  fallador  de  segundo  grado  para así concentrar su  atención  exclusivamente  en el error de juicio que sin mediación alguna recae  sobre  la norma sustancial, pues si pretende ventilar discusiones en derredor de  la  apreciación de la prueba o de los supuestos fácticos, para ello cuenta con  la  causal  que  por  naturaleza  está  concebida  para tal efecto, esto es, la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  contenida en el numeral 3° del  mencionado artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          En  el  caso  que  concita  la  atención de la Sala, sin dificultad  alguna  se advierte que en el desarrollo del ataque el censor omite acatar tales  presupuestos  en  tanto  que lo que termina es involucrándose en una discusión  probatoria,   ajena   al   reproche   de   violación   directa   de  una  norma  sustancial.   

   

Lo  anterior  surge  claro  porque,  con el  objeto  de  demostrar  que  procede  a  favor de su defendido el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  que  le  fue  negado  en  los fallos de instancia, toma  distancia  de  la valoración probatoria que permitió a los falladores llegar a  tal conclusión.   

Adicionalmente,  en  desarrollo  de  un tal  propósito   tampoco   evidencia   la  incursión  en  errores  de  apreciación  probatoria  (errores de hecho o de derecho, por falsos juicios de existencia, de  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción), de los cuales se pueda colegir  que  simplemente  incurrió  en  la  falencia  nominal  de  no expresar en forma  correcta  la  causal  de casación procedente, pues lo que en verdad se advierte  es  la  intención  de  cuestionar  la  apreciación de las pruebas y los hechos  sobre  cuya  valoración se basó la negativa de conceder el beneficio, a partir  de  su  estricta  visión  personal,  lo cual resulta insuficiente para poner de  manifiesto  que  el  fallo  no  desconoce  la Constitución o la ley, además de  reñir   abiertamente   con  la  naturaleza  extraordinaria  de  este  medio  de  impugnación.   

Tampoco tuvo en cuenta que el fallo llega a  esta  sede  amparado por la dual presunción de acierto y legalidad, de modo que  los  argumentos  que soportan la decisión prevalecen sobre el criterio personal  del demandante.   

De  las incorrecciones anotadas se infiere  que  la  censura  no se ajusta a los requisitos lógicos y técnico formales que  se  exigen  legalmente  para  su  admisión, en especial el condicionamiento que  prevé  el artículo 183 del estatuto procesal en orden a que la demanda exponga  de   forma   “precisa  y  concisa”  las causales invocadas y sus fundamentos.   

Por otra parte, a idéntica conclusión se  llega  desde  el punto de vista de los requisitos materiales de la demanda a los  cuales  se hizo alusión en el acápite precedente, en tanto que a través de la  censura  no  se demuestra, ni tampoco se advierte de su contexto, que se precise  del  fallo  para  cumplir  algunos  de  los  fines  del  recurso  extraordinario  establecidos  en  el  artículo  180  de  la  Ley 906, esto es, en procura de la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  que imponga superar los defectos formales  señalados   con   antelación   y   pronunciarse   así   de   fondo  sobre  la  pretensión.         

Ello,  porque  el  debate que promueve el  actor  en  esta  censura,  como  ya  se  dijo, se circunscribe a controvertir el  criterio  motivado  de  los falladores que los condujo a negar la concesión del  beneficio  ante  el  incumplimiento  del  requisito  subjetivo  previsto  en  el  artículo  38 del estatuto represor, incluyendo en ese objetivo cuestionamientos  a  la  eficacia  del  sistema  carcelario, con lo cual se aleja del deber que le  asiste  de  poner  en  evidencia  que se requiera de fallo de fondo para cumplir  alguno    o    alguno    de    los   fines   del   recurso   extraordinario   de  casación.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto, concluye la Sala que la decisión  que   corresponde   adoptar   en   relación  con  esta  censura  es  la  de  su  inadmisión.     

         

         

         Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  por  la  defensa  en cuanto a su segundo cargo procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

ii)           La   solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal,  ante uno de los Magistrados que haya salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que no haya intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

       iv)                    El  auto  a  través  del  cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

1°.  ADMITIR  el  primer  cargo  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado    DIONISIO   ORTÍZ   BELTRÁN,     por     las     razones    expuestas    en    la    respectiva  motivación.     

Una  vez  en  firme  esta  decisión,  se  señalará  día  y  hora  para  llevar a cabo la audiencia de sustentación, de  conformidad   con   lo   normado   en   el  artículo  185  de  la  Ley  906  de  2004.   

2°.      INADMITIR  el  segundo  cargo de la misma demanda, en atención a lo expuesto  en la parte motiva de esta decisión.   

        Contra  esta decisión procede la petición de insistencia, según  lo establece el artículo 184 de la misma codificación adjetiva.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                           MARINA  PULIDO  DE BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANES                                      YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS            

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Auto  de fecha diciembre 11 de 2005. Rad. 24193.    

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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