25706(30-11-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25706   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 139   

          Bogotá, D.C., treinta de noviembre de dos mil seis.   

VISTOS  

          Conforme  con  lo reglado en el artículo 223 de la Ley 600 de 2000,  examina  la  Sala  de  manera  preliminar  el  aspecto  formal  de la demanda de  revisión  instaurada  por  la apoderada de la parte civil que actuó dentro del  sumario   adelantado  contra  JOSÉ  DAGOBERTO  ÁVILA  DÍAZ,   diligenciamiento  al  cual  se  le  vinculó  mediante  indagatoria por el delito de acto sexual con menor de catorce años, y  que   culminó  con  el  proferimiento  de  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  por parte de la Fiscalía General de la Nación a través de sus  Delegados, tanto en primera como en segunda instancias.   

ANTECEDENTES  

Conforme   a  los  hechos  que  expone  la  demandante  y  de  la  reseña  que respecto de los mismos se hace en las piezas  procesales  pertinentes  allegados  con  el  correspondiente  libelo,  bien cabe  realizar la siguiente síntesis:   

1.  El 14 de diciembre de 1991, JOSÉ   DAGOBERTO  ÁVILA  DÍAZ  contrajo  matrimonio     con     Luz    Verónica    Bautista  Pedraza,  relación dentro de la cual procrearon a sus  hijos  Catalina, María     Paula     y     Daniel   Ávila   Bautista.  Al  nacer  el  varón,  hecho que tuvo lugar el 4 de diciembre de 1999, la madre falleció, por  lo  que  los  menores, con el consentimiento de su padre, quedaron al cuidado de  la     abuela     materna,    Amira    Pedraza    de  Bautista.   

2.  Por  las  divergencias surgidas entre el  progenitor  y la abuela de los menores en relación con la custodia y el cuidado  personal  de  éstos,  aquéllos  acudieron al Instituto Colombiano de Bienestar  Familiar,   Regional   Bogotá,  Centro  Zonal  de  Negativa,  para  zanjar  las  diferencias.  Fue  así  como  el  21 de marzo de 2002, con la intervención del  Defensor  de  Familia,  las partes arribaron a un acuerdo conciliatorio mediante  el  cual  la  patria  potestad  sería  ejercida exclusivamente por ÁVILA   DÍAZ;  el  cuidado  y  custodia  personal  de  los  menores  sería  responsabilidad,  de lunes a viernes de cada  semana,  de  los  abuelos  maternos  -Amira Pedraza de  Bautista   y  Rafael  María  Bautista  Bautista-,  en tanto que desde el viernes en  las  horas  de  la  noche  hasta  el  domingo o lunes festivo en las horas de la  noche,  los  niños  quedarían  a  cargo  del  padre,  lo mismo que durante las  vacaciones  de  semana santa, tres semanas de las escolares de junio y la época  de  navidad;  todo  ello en el año 2002, puesto que a partir del 10 de enero de  2003   se   acordó   que   los   menores  “estarán  definitivamente” bajo la custodia y cuidado personal  del progenitor.   

3. Dado el incumplimiento del compromiso por  parte   de   la  abuela,  la  Comisaría  10ª  de  Familia,  a  instancias de ÁVILA  DÍAZ,  la  requirió para escuchar sus explicaciones,  diligencia  que  tuvo  lugar el 22 de diciembre de 2002; allí dio a conocer que  ya  había  entablado  proceso  ante  el  Juzgado  14 de Familia para obtener la  custodia definitiva de sus nietos.   

4. El 13 de febrero de 2003, poco más de un  mes  de  la  fecha  en que la custodia y cuidado personal de los infantes sería  del  exclusivo  resorte del padre, la abuela materna concurrió a la Fiscalía a  denunciar  presuntos  abusos  sexuales del progenitor hacia sus hijas, actos que  supuestamente  se dieron en el mes de noviembre de 2002 cuando las niñas en uno  de   esos   fines   de   semana   estuvieron  bajo  la  tutela  de  ÁVILA   DÍAZ.  Por  tales  hechos  y  en  desarrollo  de  la  investigación preliminar, fue escuchado en versión libre y  posteriormente,  dentro  de  la  etapa sumarial, vinculado mediante indagatoria,  cuya   situación   jurídica   la   resolvió  el  21  de  septiembre  de  2004  absteniéndose  la  Fiscalía 235 Seccional de imponerle medida de aseguramiento  alguna.   

5.  Clausurada la etapa instructiva, ante la  imposibilidad  de  determinar  a  ciencia  cierta  con  los  elementos de juicio  acopiados  a  la  actuación  acerca  de  la  real  existencia de las agresiones  sexuales  imputadas  al  sindicado,   la  citada  dependencia  calificó el  mérito    del   sumario   el   13   de   junio   de   2005   con   preclusión  de  la  investigación a favor  del     acriminado     JOSÉ    DAGOBERTO    ÁVILA  DÍAZ, resolución  de cuya impugnación conoció  la  Fiscalía  49  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, impartiéndole  integral confirmación por la suya del 22 de febrero de 2006.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera, la  demandante  sustenta  su  pretensión  de  remoción  de la cosa juzgada en este  asunto   en   la   Sentencia  C-004  del  20  de  enero  de  2003  de  la  Corte  Constitucional,  mediante la cual declaró exequible el ordinal 3° del Art. 220  de  la  Ley  600  de  2000  que  hace  relación  a  que  con posterioridad a la  expedición  de  la sentencia condenatoria,  surjan hechos nuevos o pruebas  nuevas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates, que permitan establecer la  inocencia  del condenado o su inimputabilidad; motivo de revisión que según la  libelista  y  de acuerdo con la argumentación plasmada en el pronunciamiento de  constitucionalidad  dicho,  “también procede en los  casos       de      preclusión      de      la      investigación.”   

Como  prueba nueva, esgrime la demandante el  concepto  de  fecha  24 de febrero de 2006 suscrito por el Sicólogo al servicio  de  la Asociación Creemos en Ti, entidad con la cual el Instituto Colombiano de  Bienestar   Familiar   tiene   convenio,  luego  de  practicada  entrevista  con  JOSÉ     DAGOBERTO     ÁVILA    DÍAZ,    cuyos  apartes  pertinentes  cita:       

“Se  presentan  rasgos  de  personalidad  incestuosa  puesto  que  el  perfil  que  muestran las  estadísticas   de  (Newman  1981),  debe  tener  comportamientos  antisociales,  narcisistas  en  su  personalidad,  exhibiendo  tanto  aspectos  paranoides como  histriónicos,  los  cuales  se  reflejan  en  la  prueba. Se observan rasgos de  ansiedad  (antes  de  iniciar las sesiones sudoración excesiva de las manos), y  la  puntuación  obtenida en la prueba en este aspecto es alta; la prueba arroja  un puntaje significativo en sus rasgos agresivo-sadista.   

“(…)  no  es  recomendable    que    él   viva   solo   con   sus   hijos   (…)”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  tratándose de la causal 3ª aducida por  quien  representa  los  intereses  de la accionante como motivo de revisión, ha  precisado la Corte que:   

“El   hecho  nuevo (….) es aquel acaecimiento fáctico vinculado  al  delito que fue objeto de la investigación procesal, pero que no se conoció  en  ninguna  de  las etapas de la actuación judicial de manera que no puede ser  controvertido;  no  se  trata,  pues,  de  algo que haya ocurrido después de la  sentencia,  pero  ni  siquiera  con posterioridad al delito que se le imputó al  procesado  y  por el cual se le condenó, sino de suceso ligado al hecho punible  materia  de  investigación  del  que,  sin  embargo,  no  tuvo  conocimiento el  juzgador  en  el  desarrollo  del  itinerario  procesal  porque  no  penetró al  expediente.   

“Prueba  nueva  es,  en  cambio,  aquel  mecanismo  probatorio  (documental,   pericial,   testimonial)  que  por cualquier causa no se incorporó al proceso,  pero  cuyo  aporte  ex-novo tiene tal valor que podría modificar  sustancialmente  el juicio positivo de responsabilidad penal que se concretó en  la  condena  del  procesado. Dicha prueba puede versar  sobre  evento hasta entonces desconocido (se demuestra  que  fue  otro  el  autor  del  delito) o sobre hecho  conocido  ya  en  el  proceso  (muerte de la víctima,  cuando   la   prueba  ex-novo  demuestra  que  el  agente  actuó  en  legítima  defensa);  por  manera  que  puede haber prueba nueva  sobre   hecho   nuevo   o   respecto  de  variantes  sustanciales  de  un  hecho  procesalmente  conocido  que  conduzca  a  la  inocencia o irresponsabilidad del  condenado.   

“No  se dará,  desde  luego, esta causal de revisión, cuando el demandante se limita a enfocar  de  otra  manera  hechos  ya  debatidos  en  el  juicio o pruebas ya aportadas y  examinadas  en  su  oportunidad por el juzgador, pues en tales casos no es ni el  hecho  naturalísticamente considerado, ni la prueba en su estructura jurídica,  sino  tal  vez  el criterio con que ahora los examina el demandante, y no es eso  lo   que   la   ley  ha  elevado  a  la  categoría  excepcional  de  causal  de  revisión.”1   

Pues bien, el mandato establecido en nuestro  ordenamiento  procesal  penal  según  el  cual  la  acción de revisión por el  surgimiento  de  hechos  nuevos  o  pruebas nuevas sólo procede para sentencias  condenatorias,  y  únicamente  para  mejorar la situación del condenado, tiene  como  propósito  constitucional  la  protección de la seguridad jurídica y la  cosa  juzgada, y amparar el derecho fundamental de toda persona a no ser juzgada  dos    veces    por    el   mismo   hecho   -Art.   29   de   la   Constitución  Política-.     

Sin   embargo,   dentro   del  examen  de  constitucionalidad  que  la  Corte  Constitucional realizó del mentado precepto  analizó  si tal disposición normativa que, de suyo comporta una restricción a  los  derechos de las víctimas, resultaba razonable y proporcionada, o si por el  contrario  ella  es desproporcionada y termina por discriminar a las víctimas y  a los perjudicados con la conducta punible.   

Dentro de ese examen de proporcionalidad de  la  restricción  a  los  derechos de las víctimas y al deber investigativo del  Estado  para  lograr  la  vigencia  de  un  orden justo, la Corte Constitucional  consideró  que  era necesario distinguir entre los hechos punibles en general y  las  violaciones  a  los  derechos  humanos  e  infracciones  graves  al derecho  internacional humanitario. Al respecto, expresó:     

“Esa  diferenciación  no  es caprichosa sino que se funda en una constatación obvia,  que  ya  fue  mencionada anteriormente en esta sentencia, y es la siguiente: los  derechos  de las víctimas adquieren una importancia directamente proporcional a  la  gravedad  del  hecho  punible.  Entre  más daño social ocasione un delito,  mayor  consideración  merecen  los  derechos  de  quienes  fueron  víctimas  o  perjudicados  por  ese  comportamiento.  Igualmente,  la  obligación estatal de  investigar  los  hechos  punibles  es  también  directamente  proporcional a la  manera  como  el  hecho  punible  pudo  afectar bienes jurídicos fundamentales.  Entre  más  grave sea un hecho punible, mayor debe ser el compromiso del Estado  por  investigarlo y sancionar a los responsables, a fin de lograr la vigencia de  un  orden  justo  (CP Preámbulo y art. 2°). Ahora bien, las violaciones de los  derechos  humanos y las infracciones graves al derecho internacional humanitario  configuran   aquellos   comportamientos  que  más  intensamente  desconocen  la  dignidad  de  las  personas  y  más  dolor  provocan  a  las  víctimas y a los  perjudicados.  Por  ello,  los derechos de las víctimas y perjudicados por esos  abusos  ameritan  la  más  intensa  protección,  y  el  deber  del  Estado  de  investigar     y     sancionar     estos    comportamientos    adquiere    mayor  entidad.   

“(…)  

“La   Corte  considera  que  en  relación  con  los  delitos  en  general, la regulación es  proporcionada,  pues  el  Congreso  podía,  en  desarrollo  de  su  libertad de  configuración  en este campo, limitar la procedencia de la acción de revisión  a  las  sentencias condenatorias a fin de amparar el non bis in ídem y proteger  la  seguridad  jurídica.  Es cierto que el Legislador hubiera podido elegir una  regulación  más  favorable  a  los  derechos  de  las  víctimas de los hechos  punibles  y  a  la  consecución de un orden justo, pero la Carta no lo obliga a  preferir  esos derechos, en vez de optar por una mayor garantía de la seguridad  jurídica  y  del  non  bis in ídem. No existiendo un imperativo constitucional  evidente  para  que la ley escoja privilegiar los derechos de las víctimas y la  vigencia  de  un  orden  justo  en  su  tensión con la seguridad jurídica y la  prohibición  del  doble enjuiciamiento, la Corte considera que bien podían las  expresiones  acusadas  elegir  amparar  la  seguridad  jurídica y el non bis in  ídem,  pues  dicha  regulación  asegura la vigencia de esa garantía procesal,  sin  que  la  limitación genérica de los derechos de las víctimas aparezca en  sí misma excesiva.   

“29-  Por  el  contrario,  en  relación  con  el desconocimiento de los derechos humanos y las  violaciones  graves  al derecho internacional humanitario, la constitucionalidad  de  las expresiones acusadas es problemática, en primer término, por la manera  como  esos  comportamientos  desconocen la dignidad humana y afectan condiciones  básicas  de convivencia social, que son necesarias para la vigencia de un orden  justo.  Por  consiguiente, una situación de impunidad de esos crímenes implica  no   sólo un desconocimiento muy profundo de los derechos de las víctimas  y   perjudicados   por  esos  delitos,  sino  que  además  pone  en  riesgo  la  realización de un orden justo (CP arts 2° y 229).   

“Esa afectación  es  todavía  más  grave, en segundo término, cuando la impunidad deriva de un  incumplimiento  del  deber  del  Estado  de investigar y sancionar adecuadamente  estos  crímenes,  pues  esa  obligación estatal, por la particular gravedad de  esos hechos, es especialmente fuerte.   

“Finalmente, la  impunidad  en  estos  casos implica también una vulneración de los compromisos  internacionales  del  Estado  colombiano  de  colaborar  con  la vigencia de los  derechos  humanos  y  sancionar entonces las conductas que afectan estos valores  supremos   del  orden  internacional,  que  nuestro  país  ha  reconocido  como  elementos    esenciales    de    las   relaciones   internacionales   (CP   art.  9°).   

“30-  La  Corte  concluye  entonces  que  existe  una  afectación particularmente intensa de los  derechos  de las víctimas (CP art. 229), que obstaculiza gravemente la vigencia  de  un  orden  justo  (CP  art.  2°),  cuando  existe  impunidad  en  casos  de  afectaciones  a  los  derechos  humanos  o  de  violaciones  graves  al  derecho  internacional  humanitario.  Esta impunidad es aún más grave si ella puede ser  atribuida  al  hecho  de  que  el  Estado  colombiano incumplió con su deber de  investigar,  en forma seria e imparcial, esas violaciones a los derechos humanos  y   al   derecho   internacional   humanitario,   a   fin  de  sancionar  a  los  responsables.    

“En   tales  condiciones,  la  fuerza  normativa  de  los  derechos  constitucionales  de las  víctimas  y  el  imperativo  que la Carta impone a las autoridades de lograr la  vigencia  de  un  orden  justo  (CP  art.  2°)  implican  que  en  los casos de  violaciones   a   los   derechos   humanos  o  infracciones  graves  al  derecho  internacional  humanitario,  si  aparecen  nuevos  hechos  o  pruebas que puedan  permitir  la determinación de los responsables de esos atroces comportamientos,  entonces   pueden   ser  reabiertas  las  investigaciones,  incluso  si  existen  decisiones  absolutorias  con  fuerza  de  cosa  juzgada.  La  razón es que una  prohibición   absoluta   de   reiniciar  esas  investigaciones  obstaculiza  la  realización  de  un  orden  justo e implica un sacrificio en extremo oneroso de  los  derechos  de  las víctimas. Por consiguiente, en los casos de impunidad de  violaciones  a  los  derechos humanos o al derecho internacional humanitario, la  búsqueda  de  un  orden  justo  y  los  derechos  de las víctimas desplazan la  protección  de  la  seguridad  jurídica y la garantía del non bis in ídem, y  por  ello  la existencia de una decisión absolutoria con fuerza de cosa juzgada  no  debe impedir una reapertura de la investigación de esos comportamientos, si  aparecen  hechos  o  pruebas  nuevas no conocidas al tiempo de los debates. Y es  que  la seguridad jurídica en una sociedad democrática, fundada en la dignidad  humana,  no  puede  estar  edificada  sobre  la base de silenciar el dolor y los  reclamos  de justicia de las víctimas de los comportamientos más atroces, como  son  las violaciones a los derechos humanos y las infracciones graves al derecho  internacional humanitario.   

“31-  La  Corte  concluye  entonces  que la restricción impuesta por las expresiones acusadas es  desproporcionada  frente  a los derechos de las víctimas, cuando se trata de la  impunidad  de  violaciones  a  los  derechos  humanos  e  infracciones graves al  derecho  internacional  humanitario.  En  esos  eventos,  los  derechos  de  las  víctimas  no  sólo  autorizan  sino  que  exigen una limitación al non bis in  ídem,  a  fin  de  permitir  la reapertura de esas investigaciones, si surge un  hecho  o  prueba  nueva  no  conocida  al  tiempo de los debates procesales. Era  entonces  necesario  que  la ley previera esa hipótesis al regular las causales  de  revisión,  por  lo  que  la  Corte  deberá  condicionar  el alcance de las  expresiones       acusadas       en      ese      aspecto      (…)”      

Bajo  esos  parámetros, la demanda de cuyo  aspecto  formal  se  ocupa la Sala se inadmitirá, como quiera que la acción de  revisión  aquí  intentada deviene improcedente, dado que conforme con el fallo  de  constitucionalidad  en  el  cual  se  apoya  la  libelista para sustentar su  pretensión,  si  bien  hizo  extensiva  la  causal  tercera  de revisión a los  eventos   en   que   la   Fiscalía  dicta  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  a  favor  de un procesado, ello a condición de la impunidad que  se   genera   en   actuaciones  dentro  de  las  cuales  ha  existido  flagrante  desconocimiento  de  los  derechos  humanos  e  infracciones  graves  al derecho  internacional  humanitario,  por omisión protuberante del Estado en cumplir con  su deber de investigar y sancionar debidamente esos delitos.   

Adicionalmente,    debe    existir   un  pronunciamiento  judicial  interno  que  así lo declare, o una decisión de una  instancia  internacional de supervisión y control de derechos humanos, aceptada  formalmente  por nuestro país, que verifique esa omisión estatal en investigar  de  manera  seria  e  imparcial  una  tal  violación,  como  así se dijo en el  referido  pronunciamiento,  que  no  es  el  caso  que  aquí  se  ventila, como  seguidamente pasa a verse:   

“37- Conforme a  lo  anterior,  la  Corte  concluye  que  a  fin de armonizar los derechos de las  víctimas  y  el deber del Estado de lograr la vigencia de un orden justo con la  protección  de  la  seguridad  jurídica  y  del  non  bis  in  ídem,  es  inevitable  condicionar  la  constitucionalidad  de  las  expresiones  acusadas,  puesto que es posible distinguir las siguientes tres hipótesis:   

“- De un lado, en  relación   con   los   hechos   punibles   en  general,  esas  expresiones  son  constitucionales  pues  son  un desarrollo legítimo de la garantía del non bis  in ídem.   

“- De otro lado,  en  tratándose  de  violaciones a los derechos humanos y de infracciones graves  al   derecho   internacional   humanitario,   dichas   restricciones  se  tornan  inconstitucionales,   y   por   ello   debe   entenderse   que   frente  a  esos  comportamientos,  la  acción de revisión por la aparición de un hecho nuevo o  de  una  prueba  no  conocida  al tiempo de los debates, procede también en los  casos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  y  sentencia   absolutoria,   con   el   fin   de   evitar  la  impunidad  de  esos  comportamientos  atroces  y poder esclarecer la verdadera responsabilidad de los  procesados.  Con el fin de amparar la seguridad jurídica y el non bis in ídem,  debe  existir  un pronunciamiento judicial  interno, o una decisión de una  instancia  internacional de supervisión y control de derechos humanos, aceptada  formalmente  por nuestro país, que constaten la existencia de ese hecho nuevo o  de  esa  prueba  no conocida al tiempo de los debates.   

“-  Finalmente,  también  en  los  eventos  de  violaciones a los derechos humanos y violaciones  graves  a los derechos humanos, incluso si no existe un hecho nuevo o una prueba  no  conocida al tiempo del proceso,  la acción de revisión procede frente  a  la  preclusión  de  la  investigación,  la  cesación de procedimiento o la  sentencia  absolutoria,  siempre  y cuando una decisión judicial interna, o una  decisión  de  una instancia internacional de supervisión y control de derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por  nuestro país, constaten un incumplimiento  protuberante  de  las obligaciones del Estado colombiano de investigar, en forma  seria  e  imparcial, las mencionadas violaciones. Esa decisión judicial interna  o  de  una  instancia  internacional  de  supervisión  de  derechos humanos que  constata  la  omisión  del  deber  estatal  de impartir justicia es entonces el  elemento  que  justifica  dejar  sin  efecto la decisión absolutoria que había  hecho  formalmente  tránsito a cosa juzgada, pues pone en evidencia que la cosa  juzgada   era   en  realidad  aparente.”    

          A  fuerza  de  no  cumplir  el  libelo  en su aspecto formal con las  exigencias  que  conforme  a la causal de revisión invocada regula el artículo  220-3  del  C.  de P. Penal, la demanda cuyo estudio previo ha acometido la Sala  debe              ser              inadmitida              -Art.             223  ídem-.               

              En  mérito  a  lo  expuesto, la  CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal,   

  RESUELVE   

1.           INADMITIR  la  demanda de revisión que en  representación  de   JOSÉ DAGOBERTO ÁVILA DÍAZ  instauró  su  apoderada,  conforme a las motivaciones  plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

2.  Contra esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN               MARINA PULIDO DE BARÓN          

Permiso  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER  ZAPATA  ORTIZ                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

1 C. S.  de  J.,  Sala de Casación Penal., sentencia del 11 de  1996,       Rad.  10186,  reiterativa  de  la  del  1° de diciembre de  1983.  En el mismo sentido ver también, entre otras providencias, el Auto del 9  de mayo de 1997, Rad. 12575.     

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