9426 (06-05-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    DERECHO   DE   DEFENSA/   NULIDAD/   ACCION  DISCIPLINARIA   

El  hecho  de  que un nuevo abogado tenga una  óptica  distinta  sobre  la  forma  como  a  su  juicio se ha debido enfocar la  estrategia  defensiva, no es de por sí significativo de que hubo violación del  derecho  a  la  defensa,  pues  como  es  lógico,  cada  profesional  cumple su  misión  de acuerdo al criterio que se forme sobre el asunto.   

Es ilógico buscar que se anule un proceso que  ya  tiene  sentencia de segunda instancia, simplemente para que se regrese a una  etapa  en  que  sea  posible otorgar libertad provisional al acriminado, pues si  bien  ese  es  un  derecho  del  cual  puede  gozar en un momento procesal dado,  superado el mismo ya no es viable insistir en su concesión.   

Desde  luego  que  el  hecho de que no genere  nulidad  no  significa  que  el  funcionario no deba responder disciplinaria y/o  penalmente cuando ha obrado de manera arbitraria.   

PROCESO No. 9426  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                   Magistrado Ponente:   

                                                   Dr. RICARDO CALVETE RANGEL   

                                                   Aprobado Acta No. 65   

Santa  Fe de Bogotá D.C., mayo seis de mil  novecientos noventa y ocho.   

         V I S T O S   

Procede la Sala a resolver sobre la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor   del  procesado  PABLO  CESAR  FERNANDEZ  CASAS,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de  Medellín,  confirmatoria de la dictada por el Juzgado Veinte Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  condenó al aquí recurrente y a Juan Carlos Posada  Fernández  como  coautores  del  punible  de  extorsión  en  la  modalidad  de  tentativa,     y      a     Gabriel    Angel   Bedoya   Blandón   como  cómplice  del mismo delito,  con   la   modificación  de  reducir  la  pena  privativa  de  la  libertad y la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas de los coautores,  de  cuarenta  y  dos  (42)  meses  a treinta y seis (36), y la del cómplice, de  veinticuatro (24) meses a diecisiete (17).   

         I.   H E C H O S   

A  mediados del mes de julio de 1992, en la  residencia  de  la  familia  Orrego  Angulo,  ubicada en el perímetro urbano de  Medellín,  empezaron  a  recibir  llamadas  en  las  cuales  se advertía a sus  integrantes  que  el  difunto  cabeza  de familia adeudaba la suma de un millón  quinientos  mil pesos, y que si no los pagaban los acreedores estaban dispuestos  a matarlos.    

Luego  de  sucesivas  comunicaciones,  se  convino  que  a  las  diez  de  la  mañana   del   24   de   julio    un    individuo    reclamaría  dicha  cantidad  a    

Liliana  Orrego  Angulo.  A eso de las  10:10  a.m.del día señalado, arribó al domicilio PABLO CESAR FERNANDEZ CASAS,  quien  recibió  de  la  dama  un paquete que supuestamente contenía el dinero,  luego  de  lo  cual  fue  retenido  por  miembros  del  UNASE,  que habían sido  alertados  previamente.   También  se  capturó  a  Gabriel  Angel  Bedoya  Blandón  y  Juan  Carlos Posada Fernández, quienes se hallaban cerca del lugar  donde   ocurrió   la  inicial  aprehensión,  pues  habían  sido  descritos  y  detallados    por   FERNANDEZ   CASAS   como   partícipes   en   la   actividad  extorsiva.   

         II.   ACTUACION  PROCESAL   

Con   fundamento   en   las   diligencias  adelantadas  por el Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de  la  Nación,  la  Unidad  Primera  Especializada  de la misma entidad asumió el  conocimiento  de  los hechos y ordenó proseguir la averiguación.  Dispuso  vincular   mediante   indagatoria   a   PABLO   CESAR   FERNANDEZ   CASAS,   Gabriel  Angel  Bedoya Blandón, Juan Carlos   

Posada  Fernández  y  Juan  David  García  Zapata.   

A  los  indagados  se  les  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  consistente en detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación,  con  excepción  de  Juan David  García Zapata, a quien se le otorgó la libertad inmediata.   

La  Unidad  Primera  –  Fiscalía Sexta – ,  dispuso   remitir   el   proceso   por   competencia   a  los  Juzgados  Penales  Municipales    -Reparto-  de  Medellín,  porque la cuantía del hecho  era inferior a los cincuenta salarios mínimos.   

Posteriormente  el  Juzgado  Treinta  Penal  Municipal  de  Medellín, con fundamento en el artículo 6o. del Decreto 2271 de  1991,  ordenó  enviar  el  proceso  a  la  Fiscalía  Sexta  de  la  Unidad  de  Patrimonio.   La  Fiscalía  Veintitrés  -Unidad  Primera  de Patrimonio-,  calificó  el  mérito probatorio del sumario en providencia de junio 2 de 1993,  con  resolución de acusación contra los procesados PABLO CESAR FERNANDEZ   CASAS,     Juan    Carlos    Posada    Fernández   y   Gabriel   Angel Bedoya Blandón, por el delito de extorsión en la  modalidad  de  tentativa, agravado en razón de la cuantía.  Igualmente se  señaló  que los procesados no eran acreedores a la libertad provisional.   Se  dispuso  la  preclusión de la investigación en favor de Juan David García  Zapata.   

Le  correspondió  adelantar  la  causa  al  Juzgado  Veinte Penal del Circuito de Medellín, despacho que luego de celebrada  la  audiencia  pública  profirió  sentencia  condenatoria  contra  PABLO CESAR  FERNANDEZ  CASAS  y  JUAN  CARLOS  POSADA,  como coautores del punible imputado,  imponiéndoles  cuarenta  y  dos  (42)  meses  de  prisión  e  interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término; y contra GABRIEL ANGEL  BEDOYA  BLANDON  veinticuatro  (24)  meses  en calidad de cómplice. Además, la  obligación  solidaria  de pagar quinientos mil pesos ($500.000) por concepto de  perjuicios   materiales,   y   cincuenta   (50)  gramos  oro  por  los  morales.   

Interpuesto el recurso de apelación contra  el    fallo    anterior    por    los    defensores    de    los   procesados       y       por     los     dos   acusados   que   se   

encontraban detenidos (Posada y Bedoya), el  Tribunal lo confirmó   

con    las    modificaciones    antes  reseñadas.   

         IV.   L A   D E M A N D A   

PRIMER CARGO  

Al amparo de la causal tercera de casación,  el  actor  acusa  la  sentencia  de  segundo  grado por haber sido dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad, pues se violaron las garantías procesales (debido  proceso  y derecho a la defensa), desde el momento en que se decidió revocar el  beneficio  de  la  libertad  provisional otorgada en forma acertada al procesado  FERNANDEZ  CASAS,  con  el argumento de que no era merecedor “…al subrogado de  la  condena  de  ejecución  condicional,  porque en caso de un fallo adverso la  pena   superaría   los   tres   años  de  prisión,   así  hubiera   indemnizado   perjuicios   materiales…”   (fl.195),  para   posteriormente            reiterar            la    negativa      de      tal      derecho    con   fundamento  en  que el pago de la indemnización de perjuicios no era  suficiente,  ya que los perjuicios ascendían en su monto pecuniario a mucho mas  de    lo    avaluado    por    el    perito    designado    por   la   Fiscalía  instructora.   

Sostiene     el    recurrente    que  sistemáticamente  se  negaron  las  solicitudes en procura de la concesión del  mencionado  derecho,  no  obstante que la defensa insistentemente abogara por su  reconocimiento,  advirtiendo  incluso al Juez que si en el concepto del mismo no  resultaba  de recibo el peritaje avaluador de daños y perjuicios, se recurriera  a  lo  dispuesto  en los artículos 106 y 107 del Código Penal. Sin embargo, se  negó  la libertad provisional y en esa oportunidad mediante “AUTO DE CUMPLASE”,  sin  notificación  alguna  a  los  sujetos procesales, contrariando a su vez la  posibilidad   jurídica   de  revisar  esa  decisión  mediante  el  recurso  de  apelación  que  la  misma normatividad civil prevé – art. 138 inc. 2 del C. de  P. Civil.   

c)   Con  los  fallos  judiciales  se  vulneró  el  art.  29  de  la C.N., reproducido por el art. 1o. del C. de P.P.,  además  el  art. 13 del Código citado; en concordancia con lo establecido como  causales  de nulidad en el art. 304 numerales 2 y 3, y lo que dispone el numeral  2 del art. 308 ibidem.   

Se  demuestra  la  existencia  de  que los  fallos  se  profirieron  en  juicio viciado de nulidad, ” cuando se quebrantaron  las  normas  procesales  que  garantizan  y  protegen  la libertad del ciudadano  procesado;  el  derecho  asistido  a que su pena se reduzca en los términos que  establece  la  ley;   a recibir pronta resolución a las solicitudes que se  formulen  en  defensa  de  sus  intereses;  es  decir  a  respetar  primigenio y  fundamental  derecho  a  ser  juzgado  conforme  a las leyes preexistentes y con  observancia de las ritualidades propias de cada juicio”.   

El procesado FERNANDEZ CASAS, “colaborador  inmediato  de  la  justicia,  a  través  de su defensor pregonó y ha procurado  porque  su  pena  aflictiva  de  la  libertad sea lo menos posible; brindando la  posibilidad  de identificar y capturar a los demás intervinientes de la acción  delictual,  su  injurada – y posterior ampliación -atemorizada- es fiel reflejo  de  su  inicial  dicho, además de tener voluntad resarcisoria de los perjuicios  ocasionados”.    Pese  a  que  es  el  único  procesado  que  quiso  reparar  el agravio, la justicia le ha impedido de manera  sistemática y reiterada esa posibilidad.   

Se  han  quebrando  las formas propias del  juicio,  “cuando  se  han  mal  interpretado  las  leyes,  vr.gr.  que todas las  causales  de  libertad  provisional tienen que pasar el rasero de lo establecido  por  el art. 415-1  del C. de P.P.; que siendo el avalúo de perjuicios muy  inferior  a  la  plenitud  de  los  mismos,  no  se  tomaron los correctivos que  únicamente  poseen  y  facultan  al  funcionario judicial para ello; que si tal  prueba  pericial  adolecía  de  lamentables yerros, no se hiciera absolutamente  nada por subsanarlo, repetirlo, corregirlo, etc.”.   

No  sobra señalar a pesar de su obviedad,  que  al  procesado  FERNANDEZ  CASAS  se  le  infringió  grave  perjuicio a sus  derechos  fundamentales (debido proceso y derecho a la defensa), “por cuanto con  los  hechos  judiciales en comento se le privaron las garantías mínimas que la  ley  otorga al ciudadano procesado como el de poder disfrutar del beneficio a la  libertad  provisional  -art.  415-7  del  C  de  P.  Penal-   (teniendo  la  posibilidad  jurídica   de   ello  y  siendo  el   único  procesado  con  voluntad  resarcisoria); de aceptar su responsabilidad y  terminar  eventualmente  el  proceso  en  forma anticipada (no se pudo presentar  voluntariamente,  pues  pesaba una orden de captura en su contra -a pesar de que  siempre  estuvo  pendiente  de  su  situación, incluso otorgando poder para que  mediante  acción  tutelar se cancelara dicha orden, (su captura fue en el lugar  de trabajo).   

Son pues estas las demostraciones del grave  perjuicio  sufrido,  “en  veces  por  la infortunada interpretación de un texto  legal;  ora  por  una  indebida  justificación  judicial  para  no reconocer el  beneficio;  o  para  que  en últimas el juzgado del conocimiento -con sentencia  compartida  por  el  superior-, proclamándose la improsperidad de un incidente,  cuando  se  reclamaba  en  ejercicio  del derecho a defenderse, el auxilio de la  fijación  judicial anticipada de los perjuicios, con miras a ser mas benigno en  cualquier  procesado, el de por sí tortuoso trámite procesal, y de contera, la  final pena.”   

Advierte  “que  se  ha  repetido  en  este  proceso  -como  en  todos los de extorsión-, que su naturaleza delictual radica  en  la  afectación  o  al  menos en la posibilidad de poner en peligro diversos  intereses   o   bienes   social   y   jurídicamente  regulados;   pero  al  parecer,  ello  no  es   

óbice  para  que  se pretenda por vía de  interpretación  REUBICAR  su  lugar  en  aquellos  delitos  que  el  legislador  consagró   en  su  parte  especial,  como  atentatorios  contra  el  patrimonio  económico,  Título  XIV, Capítulo Segundo, art. 355 -modificado por el art. 7  del  Dcto. 2790 de 1990 y Art. 32 de la Ley 40 de 1993 – del estatuto sustantivo  en materia penal.”   

Siendo  cierto  lo  anterior  “no es dable  argüir  legalmente,  restricciones  subjetivas  para  la  no  concesión de las  causales  objetivas  y  autónomas  de  la  libertad  Provisional  y mucho menos  aceptable  en  un  estado de derecho, el silencio judicial impuesto a la defensa  de  una  posibilidad  liberatoria -Art. 415-7 del C. de P.Penal-, coincidente en  todos  sus presupuestos con la diminuente específica de punición -Art. 374 del  C. Penal.”   

A lo anterior se suma “la dicotomía en la  valoración   del  dictamen  pericial  avaluador,  pues  tiénese  para  algunos  funcionarios  investidos  de  justicia; como sustento legal liberatorio (Juzgado  30  Penal  Municipal);  como  atenuante  punitivo para el DETERMINADOR del hecho  punible    (Fiscal   a-quo   y   JUZGADO   PENAL   DEL   CIRCUITO   que  aceptó  la  terminación anticipada del procesado BENJAMIN  GUTIERREZ  RODRIGUEZ – fls.242, 244, 250…;) o únicamente y en el mejor de los  casos,  tal  cual  el  ad  quem  deduce  una  mera  circunstancia  genérica  de  atenuación Art.64-7 del C. Penal”.   

Solicita  a  la  Corte  que  se  case  la  sentencia  impugnada  y  se  “decrete la nulidad de lo actuado en este proceso a  partir  del  auto  de julio 2 de 1993 inclusive, para que el juzgador de primera  instancia  subsane  las irregularidades anotadas en esta demanda y fije el monto  de los perjuicios ocasionados con la infracción”.   

           

SEGUNDO CARGO  

Se  formula al amparo de la causal primera  de  casación -cuerpo primero, por violación directa de la ley sustancial, “por  interpretación  errónea  del  artículo  31  de  la  Constitución  Política,  reproducido  como  principio  rector  por  el  artículo  17 del C. de P. Penal.  Además  tergiversó  el  artículo 34 de la Ley 81 de 1993 modificativo del 217  del C. de P.P.”   

Con   la  aplicación  indebida  de  las  circunstancias  de  agravación  (art.  66-2-7 del C. Penal) se violó de manera  directa  la  prohibición  contenida en el artículo 31 de la Carta Fundamental,  pues  “Extendió  sus  facultades el ad quem, sin estarle autorizado por mandato  legal,  al  dosificar  una pena aduciendo circunstancias de agravación punitiva  que  no  fueron  incorporadas  por  el  a quo, ni fueron objeto de censura en la  apelación interpuesta y sustentada”.   

La  defensa  Pública  oficiosa “no es del  entendimiento   de  que  la  prohibición  peyorativa  en  comento,  permite  al  funcionario  que revisa el contenido de una sentencia por vía de apelación del  condenado  como  único  recurrente,  graduar la pena entre los límites fijados  por  el  fallo.  Añadiendo cuantas circunstancias de agravación considere  estructuradas,  a  pesar de manifestar que se respeta LA PROHIBICION DE REFORMAR  EN PEOR”.   

Mediante  sentencia  de casación penal de  julio  21  de  1992, M.P. Dr. Dídimo Páez Velandia, “se tiene como indiscutido  argumento,   que   la   prohibición   de  la  reformatio  in  pejus no ampara los actos ilegales.    

Pero en el caso bajo estudio, se cuenta con  una  pena mínima legal en el fallador de primera instancia, que se encuentra de  igual   manera   conforme   la   circunstancia  de  la  cuantía,  y  disminuida  porcentualmente  de  manera errada atendiendo a uno de los llamados dispositivos  amplificadores  del  tipo  –  De  la  Tentativa  -.   Pero el superior suma  circunstancias  de  agravación  no  previstas  en  ninguna  parte  del  estadio  instructor  y  mucho  menos  en la providencia que era revisada; así corrija el  yerro  de  la  punición  pues se trata de una tentativa, AGRAVA LA PENA PARA EL  DELITO  DE  EXTORSION  en  dos  oportunidades,  aplicando  indebidamente  la ley  sustancial:       La      primera      (aumentó     seis    meses) mediante la normatividad contenida en el Art.66-2-7  del  C.  Penal  y  la segunda (intensificó dos meses) al pasar de 16 a 18 meses  por  virtud  del Art. 372-1 ibidem; así este hecho delictual se hubiera quedado  en los terrenos del mero conato”.   

En  apoyo  de  sus  planteamientos,  cita  jurisprudencia  referente  a  la  observancia  del principio de la reformatio in  pejus   para  el  juzgador  de  segundo  grado,  incluso  entratándose  de  las  circunstancias genéricas de agravación punitiva.   

Concluye,  que el superior “no puede   ‘moverse’  libremente dentro de la pena aflictiva de la libertad impuesta por el  inferior,  para  acudir  a su albedrío de intensificar por una parte, siempre y  cuando  ‘ajuste’  su  punición final con otras circunstancias que la atenúen o  disminuyan.   Esta  es  una  obligación  de no hacer, de no agravar, de no  introducir  reformas  que  desmejoren  una  tasación  o  dosificación punitiva  efectuada  por  el  a quo, siempre y cuando consulte los principios de legalidad  de la pena sin menoscabo del derecho de defensa”.   

Solicita a la Corte “CASAR PARCIALMENTE” la  sentencia recurrida y dictar la que en su lugar deba reemplazarla”.   

        IV. CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

1o.       CAUSAL      TERCERA  (Nulidad)   

El Procurador Primero Delegado en lo Penal,  considera    que    no    cabe   casar   la   sentencia   por   las   siguientes  razones:   

En realidad en una argumentación llena de  razonamientos  y  afirmaciones  diversas,   “en  esencia  se  censuran  dos  aspectos:   que  la  defensa pública oficiosa nunca trató de demeritar el  valor  de  las  pruebas del proceso, lo cual será un cargo sin demostración, y  que  además  no  implica la carencia de defensa técnica como que no es forzoso  que  la  defensa deba demeritar la prueba del proceso, aunque bien puede ser uno  de los medios de ejercitar la defensa”.   

En  relación  con  el segundo tema que se  refiere  al  hecho de habérsele negado la excarcelación solicitada con base en  el  art. 415-7 del C. de P.P., el Procurador hace un análisis de las decisiones  cuestionadas,  para  concluír  que  en  su “opinión era procedente la libertad  provisional  durante  el  curso  del  proceso, pues no resultaban apropiados los  argumentos  criminológicos  y sociológicos para desatender la previsión legal  sobre   la   libertad   provisional,   que   no   está   condicionada  a  tales  criterios.   

Sin embargo, considera que el tema se sale  de la posibilidad de casar   

el  fallo  judicial  que  puso  fin  a  la  actuación,  visto que ello aún admitido que fue irregular procesalmente, y que  vulneró  el  derecho  a  la libertad provisional durante la investigación – no  tiene  incidencia  alguna  frente  a  la  sentencia, pues la irregular decisión  sobre  el  punto  no  rompe  la  estructura formal del proceso, ni desquicia sus  bases  en  cuanto  a  la conformación del debido proceso, sino que apunta a una  garantía   fundamental   del   procesado   no  cumplida  –  que  generará  las  responsabilidades  propias  de  una  infracción tal – pero que superada la fase  del  proceso  en  que  ello  debió  hacerse  no puede ser remediada mediante el  ataque de la sentencia en casación.   

En  cuanto a que “se negó la libertad por  vía  del derecho a gozar de la condena condicional, -lo que también se reclama  por  el  impugnante  como  factor de nulidad – “, dice la Delegada que todas las  razones  dadas  por  los falladores de instancia son válidas, “una tomada de la  gravedad  del hecho desde el punto de vista criminológico, otra de la necesidad  de  tratamiento  penitenciario  que  anticipa  el  juzgador,  y  además  la del  quántum  punitivo,  todo  lo  cual  abona la corrección de la decisión de las  instancias.”   

Existe  una  razón  más,  suficiente  en  criterio  de  la  Delegada, la prohibición expresa de que trata el artículo 15  de  la Ley 40 de 1993, aplicada en este caso por favorabilidad para el procesado  y  la  cual  debe regir en un todo pues no es factible la lex tertia – en fraude  al  buen sentido de la ley – y que preceptúa la “Exclusión  de beneficios  y subrogados”.   

Del  análisis  que  hace  al  respecto,  concluye  que  en  el  caso  que nos ocupa la libertad provisional sólo podría  concederse  por  pena  cumplida,  “argumento mas que sólido para agregar, y que  demuestra  la  incorrección  del  fundamento  de  la  demanda para invalidar la  sentencia  por vía de nulidad, como que los funcionarios negaron si la libertad  pero   sobre   bases   de   buena   ley  en  los  dos  eventos  que  plantea  el  impugnante”.   

En  concepto  del  Procurador, “por manera  alguna  resultaba  procedente el otorgar el derecho a la libertad provisional en  el  decurso  procesal  al  acusado  –  ausente para esa época – así  como  impedía   el   otorgamiento   del   subrogado   de  la  condena  de  ejecución  condicional”.   

En relación con la tasación efectuada por  los  falladores,  advierte  que  en  tal  proceder  no  existe  ilegalidad de la  sentencia  ni  del  proceso,  de  acuerdo  a  la jurisprudencia de casación que  cita.   

2o.   VIOLACION  DIRECTA  DE  LA  LEY  SUSTANCIAL    

Para el Procurador “la punibilidad ha sido  dosificada  incorrectamente pues en la primera instancia y siguiendo sus propios  criterios  de  dosificación  apenas debió llegar a 32 meses, en vez de lo cual  se  impuso  la pena de 42 meses, excediendo en 10 meses la que legalmente debió  ser”.   

En  la  segunda instancia sucede igual “ya  que  siguiendo  también  sus  criterios  expresados en el fallo, la pena debió  sumar  un  total  de  40  meses,  no  obstante lo cual la dejó finalmente en la  cantidad   de   36  meses,  con  un  defecto  de  cuatro  meses  sobre  la  pena  legal.”   

Es  evidente  que tanto los 42 meses de la  primera instancia, como los   

36  meses  de la segunda quedarían dentro  del  límite  cuantitativo de legalidad que señala el art. 22 de la ley penal y  también  es evidente que la pena total de segunda instancia, a pesar de que fue  incrementada  según  los  criterios  cualitativos  y cuantitativos empleados en  concreto,  resulta   inferior a la del fallo de primera instancia, ” con lo  que  ictu oculi resultaría atendiendo el principio de no agravación de la pena  por parte del juez de segunda instancia”.   

Sin   embargo,   reiteradamente   lo  ha  establecido  la  jurisprudencia,  “que  la  garantía  que  inspira  el precepto  constitucional  (art.  31),  radica  en que quien apela a una instancia superior  pretende  remover  las  situaciones  gravosas  definidas  en la sentencia ( o la  providencia  de  primera  instancia), que son las únicas respecto de las cuales  tiene   interés   de   impugnación.    Es  decir  se  apela  solo  en  lo  desfavorable,  y  para  mejorar  la  situación procesal del recurrente, pero no  para  desmejorar  su  estatus  en  el  proceso.   Por ello es una verdadera  garantía  de  no  agravamiento  de la punibilidad que se introduce con la nueva  constitución  nacional,  que  se  reproduce  textualmente en el art. 217 del c.  p.p.  y que es consecuencia lógica de la exigencia del interés para el recurso  a.196  c.p.p.,  y  la  limitante  impuesta  a  la  segunda instancia de que  solamente  se  pronuncie en relación con ‘los  aspectos impugnados’ -a.217  del c.p.p.-, cuando se trate del condenado apelante único”.   

Es  por ello que, “aunque no es precisa la  demanda   en   ese   aspecto,  ciertamente  que  se  vulneró  el  principio  de  prohibición   de   reformatio  in  pejus  ya  citado,  en  virtud  de  que  los  sentenciadores  de  segunda  instancia aumentaron a la punibilidad de la primera  SEIS  MESES  POR  AGRAVACION  GENERICA DEL ARTICULO 66 DEL C.P. y como fenómeno  aritmético  consecuencial  DOS  MESES  MAS  al computar una tercera parte de la  pena  inicial.   De  modo  que  cuantitativamente se aumentó la pena en la  segunda  instancia,  en  el  examen de los factores particulares que componen el  total  de  la  punibilidad  impuesta,  y  que ello implica un agravamiento de un  predicado   evaluativo   del   factum  delictivo,  no  previsto  en  la  primera  instancia:   agravante  genérico del artículo 66 del c.p.  Existe un  reproche  penal  que  tiene significado numérico en la pena, que no puede menos  que  tener  el  alcance  de  un  incremento  de pena en desmedro del derecho del  apelante único.”   

En criterio de la Delegada, “y para no caer  en  el  mismo  defecto censurado, como la  punibilidad  en concreto de  la primera instancia   

cae  dentro  de  lo  legalmente permitido,  aunque  incorrectos  hayan  sido  los criterios empleados en el evento y la pena  pudiera  resultar  benévola,  creemos  que  debe  dosificarse  conforme  a  los  criterios  del  juez  de primera instancia, que ya se expusieron atrás, dejando  la punibilidad en 32 meses.   

Así las cosas, y en vista de la violación  al  principio  de  la  reformatio in pejus, el Ministerio Público solicita a la  Corte  casar  parcialmente la sentencia “para que exclusivamente se supriman los  ocho  meses  correspondientes  a  las circunstancias de agravación consideradas  ilegalmente   por  el  Tribunal  en  contra  de  los  sentenciados  Juan  Carlos  Fernández  y PABLO CESAR FERNANDEZ CASAS.  Igualmente, se reduzca en cinco  (5)  meses  la pena impuesta al procesado Gabriel Angel Bedoya Blandón debido a  que  solo  se  le  consideró  la  circunstancia genérica de agravación de que  trata  el  art.  66-2  del C.P., por lo que solo le mereció aumento de tres (3)  meses,  y  el incremento  de dos meses mas por razón de la cuantía.   Y  que  se ajuste la dosificación punitiva a la regla del artículo 22 del c.p.  que no se observó según lo dicho.”   

        V.  CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.    CAUSAL   TERCERA   –  Nulidad  –   

Del  confuso  escrito  presentado  por  el  censor se rescata que toca los siguientes temas:   

a)  La  defensa  pública  oficiosa  nunca  pretendió  desconocer  las pruebas oportuna y debidamente allegadas al proceso,  ni  trató  de  demeritar  la  valoración de las mismas, “con la desventaja que  ello representó a los intereses del asistido”.   

b)  Se  violó el debido proceso cuando se  revocó  al  imputado  el beneficio de libertad provisional, con el argumento de  que  no  era  merecedor  a  la  condena  de ejecución condicional, porque en el  evento  de  un fallo adverso la pena superaría los tres años de prisión, así  hubiere indemnizado los perjuicios materiales.   

c)  Se  le  privó  al  sindicado  de  la  posibilidad   de  atemperar  el  marco  punitivo  de  la  sanción  mediante  la  reparación   integral   del   agravio,   y   la   posibilidad   de  aceptar  su  responsabilidad  y  terminar  el  proceso en forma anticipada, ya que no se pudo  presentar    voluntariamente   porque   pesaba   contra   él   una   orden   de  captura.   

El primer punto se queda simplemente en la  afirmación  reseñada,  de  manera  que  no  se  sabe  si  con ello el defensor  pretendía  sustentar  la  violación  del derecho a la defensa técnica, o solo  hacer  ese  comentario  sin  querer  significar que al no cuestionar el defensor  público    la    validez   de   las   pruebas   se   hubiere   afectado   dicha  garantía.   

En  todo  caso,  el  hecho de que un nuevo  abogado  tenga una óptica distinta sobre la forma como a su juicio se ha debido  enfocar  la  estrategia  defensiva,  no  es de por sí significativo de que hubo  violación  del  derecho  a  la  defensa, pues como es lógico, cada profesional  cumple  su  misión   de  acuerdo al criterio que se forme sobre el asunto.  Además,  el  libelista  no  dice  en qué sentido debía haberse cuestionado la  prueba,  ni  cuál  de  ellas,  única  manera  de  conocer la trascendencia del  ataque.  Y  algo  muy  diciente, pese a la crítica que formula, todo indica que  él  tampoco  encontró  objeción  al  respecto,  pues  en el libelo no incluye  ningún reproche sobre esa materia.   

El  segundo  tema  propuesto,  esto es, el  atinente  a  que  se  violó  el  debido  proceso por haber revocado la libertad  provisional  a  FERNANDEZ  CASAS y haberse mantenido la negativa a concedérsela  nuevamente,  como  bien  lo  estima el Ministerio Público, aún en el evento de  que  esa  decisión  hubiera  sido equivocada, ninguna incidencia tiene sobre la  sentencia,  y por lo tanto no es un reparo de recibo en casación, pues con ella  no  se  rompe  la  estructura  formal  del proceso ni se desquician sus bases, y  superada  la  etapa  procesal  en que dicha libertad era posible, ya no se puede  pretender  que se invalide lo actuado para conseguir ese propósito, pues esa es  una  situación  paralela  al trámite, cuya suerte no impide que éste se surta  normalmente.    

En otros términos, es ilógico buscar que  se  anule  un  proceso  que ya tiene sentencia de segunda instancia, simplemente  para  que se regrese a una etapa en que sea posible otorgar libertad provisional  al   

acriminado, pues si bien ese es un derecho  del cual puede gozar en   

un momento procesal dado, superado el mismo  ya no es viable insistir en su concesión.   

Desde  luego que el hecho de que no genere  nulidad  no  significa  que  el  funcionario no deba responder disciplinaria y/o  penalmente  cuando  ha  obrado de manera arbitraria, y nada indica que sea éste  el caso.   

Ante  lo  dicho  no es necesario entrar en  más   detalles,   pues   la   censura  carece  de  objeto  a  esta  altura  del  proceso.   

El   tercer   aspecto  propuesto  es  la  reiteración  de  la  tesis sostenida en las instancias, en el sentido de que se  ha  debido  aceptar  como  pago  de los perjuicios la cancelación de la suma de  cuarenta  y  seis  mil  pesos  ($46.000)  fijada  por  un  perito en un dictamen  absurdo,  como  bien lo demuestra la sentencia, cuando ya la ofendida los había  estimado  en quinientos mil pesos ($500.000), sin que fuera cuestionada esa suma  por los sujetos procesales.     

                       

En  estas  condiciones  es evidente que el  cargo  debía haberlo presentado por la causal primera y no por la tercera, pues  lo  alegado  no  es un error in procedendo sino in iudicando, como quiera que la  inconformidad  es  respecto de la apreciación de una prueba. Desde luego que en  ese  caso  tenía que precisar si el reparo era por error de hecho o de derecho,  y  cuál  la  razón  jurídica por la que el juzgador debía acatar el dictamen  desechado.   

Al  margen  de  lo  anterior  es  oportuno  anotar,  dada  la  evidente  sinrazón  de  la  censura, que tampoco así tenía  posibilidad  de  prosperar,  pues las explicaciones aducidas por el sentenciador  para  no acceder a la petición son acertadas, y están dentro de las facultades  que le otorga la ley para analizar las pruebas.   

Finalmente,  el  comentario  de  que  por  mantener  la  orden  de  captura  se  le  negó  al  acusado  la  posibilidad de  presentarse  y  pedir  sentencia  anticipada es francamente absurdo y carente de  seriedad,  pues  lo que se infiere es que todo el tiempo quiso eludir la acción  de  la  justicia  pretendiendo  alcanzar  una  libertad  provisional a la que no  tenía  derecho,   y   en   ningún  momento dio muestras de  querer  aceptar  su responsabilidad, ni siquiera ante el hecho de que uno de los  cosindicados puso fin a su proceso de manera anticipada.    

2o.   VIOLACION   DIRECTA   DE   LA  LEY  SUSTANCIAL   

Aduce  el casacionista que en la sentencia  impugnada  se  aplicaron  indebidamente las circunstancias de agravación de que  trata  el  artículo  66 numerales 2 y 7 del Código Penal, las cuales no fueron  incorporadas  por  el  a-quo,  de  manera  que  se  violó directamente  la  prohibición  contenida  en  el  artículo 31 de la Carta Fundamental, norma que  fue  erróneamente  interpretada,  reproducida  como  principio  rector  por  el  artículo  17  del Código de Procedimiento Penal, además de que se tergiversó  el artículo 34 de la Ley 81 de 1993.   

En orden a resolver el cargo se precisa lo  siguiente:   

a) Tres fueron los procesados condenados en  el   fallo   de   primera   instancia,   en   el   cual  se  dosificó  la  pena  así:   

Para Juan Carlos Posada Fernández y PABLO  CESAR  FERNANDEZ  CASAS  que  responden  como  coautores, se partió del mínimo  consagrado  en  el artículo 32 de la Ley 40 de 1993 -48 meses -aumentados en la  tercera  parte  dada  la  cuantía mayor a $100.000, agravante del artículo 372  del  Código  Penal,  “sumando  sesenta  y  cuatro  meses como pena imponible al  delito  consumado,  como  se  trata  de  una  tentativa  ésta  se disminuirá a  cuarenta  y dos meses como pena imponible a los reos.  En lo que respecta a  Gabriel  Angel  Bedoya  Blandón,  esos  cuarenta  y  dos  meses se reducirán a  veinticuatro, al catalogarse como cómplice”.   

b)  Apelado  el fallo de primera instancia  por  los  defensores  de  los  tres  procesados,  el  Tribunal lo confirmó pero  modificando  la  pena  en  el  sentido  de  reducirla  así: para los coautores,  básico  48  meses,  más  seis  (6)  meses de incremento por las circunstancias  genéricas  de  agravación  (artículo  66  -numerales 2 y 7 del C.P.), para un  subtotal  de  54  meses,  más  dieciocho meses de aumento por la cuantía de la  extorsión,  para  un  total  de  72  meses,  que  disminuidos a la mitad por la  tentativa, da 36 meses de prisión.   

Para Gabriel Angel Bedoya Blandón se parte  de  cuarenta  y ocho meses (48), más tres (3) meses de la agravante del numeral  7, (la del   

numeral 2 no se le imputa), más diecisiete  (17)  meses  por  la  cuantía,  para  un subtotal de sesenta y ocho (68) meses,  disminuido  en  la  mitad  por  ser tentativa, y en la mitad por la complicidad,  para un total de diecisiete (17) meses.   

c)  Como  quiera  que ninguno de los otros  sujetos  procesales  recurrió  el  fallo,  el  mandato del artículo 31 cobraba  plena  vigencia.   En  acatamiento  a  su tenor, el superior – aparte de la  tarea  que  le  correspondía  en  torno al control de la legalidad de la pena-,  debió  limitarse  a  estudiar  la  situación  de  los apelantes conforme a las  naturaleza  de  sus  pretensiones,  sin  embargo,  vulnerando la norma superior,  decidió  imponer  agravantes  genéricas  que  no  fueron  considerados  por el  fallador  de  primera  instancia  en  el  fallo apelado.  La violación del  precepto  constitucional  adviene  incuestionable  y  ello  amerita la casación  parcial de la sentencia para remediar el error.   

En    consecuencia,     la    pena  para  los   coautores   PABLO   CESAR   

FERNANDEZ  CASAS  y  JUAN  CARLOS  POSADA  FERNANDEZ  será  de treinta y dos (32) meses de prisión, que resulta de partir  del  mínimo de cuarenta y ocho (48) meses, más dieciséis (16) de la agravante  de  la cuantía, menos la mitad por ser tentativa. En el mismo tiempo se fijará  la interdicción de derechos y funciones públicas.   

Para  el cómplice GABRIEL ANGEL BEDOYA la  pena  será  de  dieciséis  (16)  meses  de  prisión, e igual término para la  interdicción  de  derechos y funciones públicas, lo cual se obtiene de dividir  la pena fijada para los coautores por la mitad.   

Cabe  advertir  que  la  decisión se hace  extensiva  a los no recurrentes en cumplimiento de lo dispuesto por el artículo  243 del Código de procedimiento Penal.   

d) Teniendo en cuenta lo preceptuado en el  artículo  22  del  Código  Penal, la pena a imponer para la tentativa no puede  ser  “menor  de  la  mitad  del mínimo, ni mayor de las tres cuartas partes del  máximo de   

la   pena   señalada   para  el  delito  consumado”.  Ello quiere decir que en   

el caso de autos la pena para los coautores  no   puede   ser   inferior   a   32   meses   ni   superior   a  135  meses  de  prisión.   

Así  las  cosas,  la  Sala  se aparta del  concepto  del Procurador en cuanto considera que se deben suprimir “los ocho (8)  (sic)    meses   correspondientes   a  las  circunstancias  de  agravación  considerados  ilegalmente  por  el  Tribunal  en contra de los sentenciados Juan  Carlos  Posada  Fernández  y Pablo César Fernández Casas.  Igualmente se  reduzca  en  cinco  (5)  meses  la  pena  impuesta  al  procesado  Angel  Bedoya  Blandón…”,  puesto que ello implicaría que la pena para los coautores sería  de  28  meses  y  para  el  cómplice de 12 meses de prisión, lo que atentaría  contra la legalidad de la pena según lo acabado de anotar.   

Las   consideraciones   anteriores   son  suficientes  para  que  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA – SALA DE CASACION PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        R E S U E L V E   

PRIMERO:    CASAR  PARCIALMENTE  la  sentencia impugnada.   

SEGUNDO:  Imponer  a PABLO CESAR FERNANDEZ  CASAS  y  JUAN  CARLOS  POSADA  FERNANDEZ la pena de treinta y dos (32) meses de  prisión,  como  coautores  del  delito de extorsión en grado de tentativa, y a  GABRIEL  ANGEL  BEDOYA  BLANDON dieciséis (16) meses de prisión como cómplice  del mismo delito.   

TERCERO: En igual término se fija la pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas.   

CUARTO:   Confirmar  la  sentencia en  todo lo demás.   

Cópiese,  notifíquese  y  devúelvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.     

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                           FERNANDO   E.   ARBOLEDA  RIPOLL   

RICARDO   CALVETE   RANGEL                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE                           JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                               NILSON     PINILLA  PINILLA           

JUAN       MANUEL       TORRES  FRESNEDA      PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                     Secretaria   

       

    

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