12562 (17-04-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    ACCION DE REVISION  

El   artículo  240  del  C.  de  P.P.,  es  sobradamente  claro  al  disponer que -si  sale adelante el libelo- la Sala  declarará   sin  valor  la  sentencia  motivo  de  la  acción  y  dictará  la  providencia  que  corresponda “cuando se trate de la prescripción de la acción  penal,  de  ilegitimidad  o caducidad de la querella, o cualquier otra causal de  extinción  de  la  acción penal, y en el evento previsto en el numeral 6o. del  artículo  232”, o sea, “Cuando mediante pronunciamiento judicial, la Corte haya  cambiado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que sirvió para sustentar la  sentencia condenatoria”.   

En  los  demás  casos  (que sería lo, en el  evento   sub-examen,   pertinente),   reza   el  numeral  2o.  de  la  norma  en  referencia,   “la  actuación  será devuelta al despacho  judicial de  la  misma  categoría,  diferente  de aquel que profirió la decisión, a fin de  que   se   tramite   nuevamente   a   partir   del   momento   procesal  que  se  indique”.   

PROCESO                                    : 12562   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote  

Aprobado: Acta No. 38  

Santafé de Bogotá D.C., diecisiete (17) de  abril de mil novecientos noventa y siete (1997)   

VISTOS:  

Corresponde  a  esta  Sala  examinar, según  términos   de   los   artículos   234,  235  y  concordantes  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   la viabilidad de la demanda de revisión presentada  por  el  apoderado  especial  del padre del occiso Eduardo Hernández Caballero,  contra  la sentencia absolutoria proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bucaramanga el 14 de diciembre de 1995 que revocó la condenatoria  del  Juzgado Octavo Penal del Circuito de la misma ciudad, dentro del expediente  que,  por  el  delito  de  homicidio,  se adelantó contra JOSE EUCLIDES NAVARRO  CACERES.   

HECHOS:  

Se  transcriben  según  los  consigna  la  sentencia de primer grado, así:   

“…en  la  tarde  del  24  de febrero del  presente  año,  estuvieron  departiendo  en  la  Joyería  Hernández,  Eduardo  administrador  de  ésta y sus amigos Jairo Rincón, Ruth Trinidad Epalsa esposa  del  anterior  y  JOSE  EUCLIDES NAVARRO, habiéndose tomado unas cervezas en la  joyería.   Posteriormente  pasaron  al  Restaurante  Aldana,  donde  igualmente  consumieron  otras  bebidas  embiragantes y de allí continuaron a una Wiskería  del  barrio  Mutis donde pidieron aguardiente. Al momento de cancelar la cuenta,  hubo  un  pequeño  problema por el pago de ésta, el cual pretendió solucionar  JOSE  EUCLIDES  NAVARRO  CACERES  al  decirle  al  encargado de la Wiskería que  dejaba  un  revólver  empeñado,  pero Eduardo Hernández optó por cancelar el  saldo.  De  allí  salieron Jairo Rincón y su esposa, y minutos después fueron  alcanzados  por  Eduardo  Hernández y JOSE EUCLIDES NAVARRO CACERES, quienes al  llegar  a  la  portería del conjunto donde residen se entraron, prosiguiendo su  camino  Hernández y NAVARRO. Minutos después, siendo  ya   la   madrugada   del   25   de   febrero   Eduardo  Hernández  perdió  la  vida  por  varios  impactos  de arma de fuego, siendo  encontrado  junto  con  todas sus pertenencias incluyendo dos revólveres.   Ese  mismo  día  fue capturado JOSE EUCLIDES NAVARRO  CACERES   a  quien  se  sindicó de la muerte de  Hernández      Caballero.”      (subrayas      y      negrillas     de     la  Sala)       

LA         DEMANDA:   

Comienza  por  expresar  que se interpone el  ‘recurso  extraordinario  de   revisión’,   con  fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo 232 del C. de P.P., esto es,  “por  aparecer  hechos  o  pruebas  nuevas  no  conocidas  en el tiempo de los  debates,   las   -sic-  cuales  establecen  plenamente  la  responsabilidad  del  procesado absuelto”.   

Se  refiere  a  continuación  que  NAVARRO  CACERES,  en  su  injurada,  manifestó  que  si la prueba del guantelete salía  positiva  era porque “ayer en las horas de la tarde, aproximadamente entre las  dos  y treinta y las tres yo disparé un arma en la carretera vieja del Mutis de  propiedad  del  señor  Pérez Soledad Edgar”. Que, recepcionado el testimonio  de éste, corroboró el dicho de aquél.   

Que, para contrarrestar estas aseveraciones,  presenta  copia del Oficio No. 1271 de marzo 18 de 1996, suscrito por la médico  Claudia  M.  Reinoso Guerra, Directora de la Clínica Regional del Oriente de la  Policía  Nacional  en  Bucaramanga,  Santander,  que  -en  uno  de sus apartes-  consigna:  “Para  el  día  23  de  febrero  de  1995  al  señor  Auxiliar de  Enfermería  JOSE  EUCLIDES  NAVARRO  CACERES,  identificado con la C. de C. No.  19.490.810   de   Bogotá,   le   correspondía   turno   en   el   servicio  de  hospitalización  y  debía asistir al curso de primeros auxilios que se dictaba  por fuera de las instalaciones de la Clínica.”   

También   del Oficio No. 1277 de marzo  20  de 1996,  firmado por el Dr. Juan Carlos Gutiérrez Cianci, Subdirector  Científico  de  la  misma  institución,  documento  con el que se demuestra el  servicio   que  “cubría”  el  procesado  NAVARRO  CACERES  el  23  de febrero de 1995 en las horas de la  mañana  y  de  la  tarde. En lo que importa, allí se dice que de “13 a 19:00  Turno en el servicio de hospitalización CLIRE”.   

Para  el  libelista,  con esta prueba nueva,  como   tal   no   conocida   al   tiempo   de   los   debates,  se  ‘establece   con   luz  meridiana  la  culpabilidad      del     procesado’,  pues ella  “sin equívocos nos indica que para el día 23  de  febrero  de 1995 el agente enfermero JOSE EUCLIDES NAVARRO CACERES desde las  13:00  horas  (o  sea  la una P.M.) hasta las 19:00 horas (o sea las 7 P.M.), su  actividad  según los citados documentos estaba encaminada a la atención de los  enfermos,  turno  de  servicio que requería la atención y cuidado de pacientes  hasta   su  relevo  en  el  centro  hospitalario  de  la  Policía  Nacional  en  Bucaramanga,  conforme  a las planillas de servicio y atención programada a que  se refiere el galeno que certifica.”   

De        lo    anterior     concluye   el    demandante  que  la  revisión  solicitada  debe  prosperar  y  que el testigo Edgar Pérez Soledad incurrió en  falso testimonio.   

A continuación el demandante afirma que como  existió  el  delito  de  falso  testimonio,  entonces también es procedente la  causal  5a.  del  artículo  232 del C. de P.P. y por ello solicita a la Sala la  reconozca  y,  en consecuencia, ponga en conocimiento de la autoridad competente  tal delito y el de encubrimiento.   

Termina su escrito solicitándole a la Corte  que  declare  sin  valor  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de  Bucaramanga,  profiera otra en su lugar que sea la que “a derecho corresponde,  quedando   en  firme  la  proferida  por  la  Honorable  Juez  del  Circuito  de  Bucaramanga”.   

El  demandante  aporta  copia  simple de los  documentos  a  que  se  ha  hecho  referencia  y  de las sentencias de primero y  segundo  grado.  De  estos  fallos,  dígase  desde  ya,  se  tiene  que  están  ejecutoriados  pero por la constancia de la Secretaría de la Sala en el sentido  de  que  la demanda de casación presentada en el proceso adelantado a JOSE  EUCLIDES   NAVARRO  CACERES   “fue  rechazada  y  declarado  desierto  el  recurso,  en providencia de octubre 8 del año en curso (1996), con ponencia del  H. Magistrado Jorge E. Córdoba Poveda”.   

CONSIDERACIONES:  

1.  Importa,  prima  facie,  señalar que el  demandante  manifiesta interponer el recurso extraordinario de revisión, cuando  ha  debido,  respetando  lo  dispuesto   por  nuestro  vigente  Código  de  Procedimiento Penal, referirse a la acción de revisión.   

También el demandante desatina al pretender  que  esta  Sala  ‘dicte la  sentencia  que  a  derecho  corresponde’  (que  -según  él-  es la condenatoria), porque por parte alguna  los  artículos  que  en  nuestro estatuto procedimental penal se ocupan de esta  acción,  imponen tal obligación (o la de absolutoria en su caso), en el evento  de prosperidad de la correspondiente demanda.   

Sobre este particular el artículo 240 del C.  de  P.P.,  es  sobradamente  claro  al  disponer  que -si  sale adelante el  libelo-  la  Sala  declarará  sin  valor  la  sentencia  motivo de la acción y  dictará  la  providencia que corresponda “cuando se trate de la prescripción  de  la  acción  penal,  de ilegitimidad o caducidad de la querella, o cualquier  otra  causal  de  extinción  de la acción penal, y en el evento previsto en el  numeral  6o.  del  artículo  232”,  o sea, “Cuando mediante pronunciamiento  judicial,  la  Corte  haya  cambiado  favorablemente  el  criterio jurídico que  sirvió para sustentar la sentencia condenatoria”.   

En  los  demás  casos (que sería lo, en el  evento   sub-examen,   pertinente),   reza   el  numeral  2o.  de  la  norma  en  referencia,   “la actuación será devuelta al despacho  judicial de  la  misma  categoría,  diferente  de aquel que profirió la decisión, a fin de  que   se   tramite   nuevamente   a   partir   del   momento   procesal  que  se  indique”.   

2. El demandante ha debido acreditar -y no lo  hizo-  que  su  poderdante, Juan Hernández Pinzón, había sido reconocido como  parte  civil  dentro  del  proceso que se adelantó contra JOSE EUCLIDES NAVARRO  CACERES por el homicidio de su hijo Eduardo Hernández Caballero.   

Y  las copias de las sentencias de primero y  segundo  grado  han debido presentarse autenticadas, al igual que los documentos  que  asegura  constituyen  la  prueba  nueva.  De  éstos, solo la fotocopia del  dirigido  al  Personero  Municipal  de  Bucaramanga,  para  que interpusiera sus  buenos  oficios  en  orden  a  la  consecución  de la constancia de la Clínica  Regional  del Oriente sobre la labor de que debió ocuparse NAVARRO CACERES para  el  23  de  febrero  de  1995,  se  adjuntó  con un sello de la Secretaría del  Tribunal  de  Bucaramanga, lo que desde luego no satisface los requerimientos de  ley para tener por autenticados los otros documentos.   

3.  Mas, por encima de las señaladas fallas  lo  más  grave  está  en  que  la  demanda se fundamenta en el numeral 3o. del  artículo  232  del  C.  de P.P., causal ésta exclusivamente referida a cuando,  después    de    la    sentencia    ‘condenatoria’,  aparezcan  hechos nuevos o surjan pruebas no conocidos al tiempo  de  los  debates,  que  establezcan la ‘inocencia’  del  procesado  y  aquí  -bien  se  sabe- la sentencia del Tribunal Superior de  Bucaramanga fue ABSOLUTORIA.   

y, en cuanto a la causal 5a. que también se  alega,  afírmese que los hechos son de imposible subsunción en ella, pues para  su  procedencia  exige  la  demostración  -con sentencia en firme- de que “el  fallo  objeto  de  revisión  se  fundamentó  en prueba falsa”. Pero aquí el  demandante  al  tiempo  que  asegura   su  pertinencia -precisamente porque  Edgar  Pérez  Soledad  incurrió  en  falso testimonio- demanda de la Corte que  disponga  lo  propio  para  que  se  investigue  a  éste por tal delito y el de  encubrimiento.   

No entiende entonces la Corte porqué si era  patente   la   imposibilidad  de  estarse  ante  sentencia  en  firme,  se   ‘fundamentó’  la  acción  en  el numeral 5o. del  artículo 232 del C. de P.P. .   

Deviene,  pues,  así en irremediable -y sin  que    se    requiera   de   otras   ‘consideraciones’   -,   lo   procedente   de   la  inadmisión  de  la  demanda  de  revisión.   

Por lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  -SALA DE CASACION PENAL-,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE la demanda de revisión  presentada  por  el  apoderado  de  Juan Hernández Pinzón, quien asegura haber  sido  parte  civil  dentro  del  proceso adelantado contra JOSE EUCLIDES NAVARRO  CORTES y que concluyera con sentencia absolutoria.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE               FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL                    

RICARDO           CALVETE  RANGEL                               JORGE E. CORDOBA POVEDA          

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                                 CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR    

DIDIMO    PAEZ   VELANDIA                                                         NILSON PINILLA PINILLA   

JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA  

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria  

     

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