11598 (21-05-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    JUEZ  DE  EJECUCION  DE  PENAS/  RECURSOS/   COLISION   DE  COMPETENCIA   

“El  rango  de  los  jueces de ejecución de  penas  y medidas de seguridad, para efectos procesales, es el mismo del juez que  ha  emitido  la  sentencia, así se haya dispuesto que ostentan la categoría de  jueces  del  circuito,  pues,  de  conformidad  con el artículo 76 del estatuto  procesal  penal  las  decisiones,  que  en  ejercicio  de sus facultades legales  emitan,  son  recurribles  ante  el  superior jerárquico del juez que dictó la  sentencia  cuya  ejecución  se demanda; o ante el mismo funcionario que emitió  el  fallo  de  condena, si corresponde a proceso de única instancia a tenor del  artículo 523 ibídem.   

Es  claro  que  jurídicamente hablando y de  acuerdo  con  la  funcionalidad  legal  que  se les ha asignando a los jueces de  ejecución  de penas, la suerte que corre el proceso en manos del juez que dicta  la   sentencia,   debe   ser   la   misma   en   manos   de   quien  ejecuta  la  condena.   

Circunstancia   que   permite  excluir  la  posibilidad  de  hablar  de  un  conflicto  entre  Jueces  de diferente Distrito  Judicial.    

Proceso No. 11598  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

          Aprobado Acta No.76   

Santafé de Bogotá, D.C., veintiuno (21) de  mayo de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S   

Sería del caso penetrar en el estudio de la  colisión   negativa   de  competencias  surgida  entre  el  Juzgado  Cuarto  de  Ejecución  de  Penas  de Santafé de Bogotá y el Juzgado Penal del Circuito de  Titiribí  (Antioquia),  por la ejecución de la condena impuesta a GERMAN  ALBERTO  GARCIA CARDEÑO por este  último,   si   no   fuese   porque   la   Corte   carece  de  competencia  para  ello.   

          A N T E C E D E N T E S   

El  desaparecido  Juzgado  Sexto  de  Orden  Público,  mediante  sentencia  del 12 de marzo de 1990, condenó a Germán  Alberto  García  Cardeño a la  pena  principal de 14 años de prisión, luego de haberlo hallado responsable de  una  infracción  a  la ley 30 de 1986; apelada esta determinación, el Tribunal  de  Orden  Público,  en  proveído  del 6 de diciembre del mismo año, fijó el  monto definitivo de la pena en 16 años.   

A su turno, el Juzgado Penal del Circuito de  Titiribí  (Ant.),  por  medio de sentencia del 6 de octubre de 1993, condenó a  Germán    Alberto   García   Cardeño  por el delito de homicidio a la pena de 18 años de prisión. Tal  determinación  fue confirmada en segunda instancia por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Antioquia, en proveído del 23 de febrero de 1994. Es de  anotar  que  si  bien  es  cierto que contra esta decisión se interpuso recurso  extraordinario  de  casación,  del mismo se desistió en posterior oportunidad.   

En  cumplimiento  de  la primera condena, el  sentenciado  se  encuentra  en  la  actualidad  en  la Penitenciaría Central de  Colombia  “La  Picota”,  a  órdenes del Juzgado Sexto de Ejecución de Penas de  Santafé de Bogotá.   

A  su  vez  la  ejecución de la condena que  impusiera   el   Juzgado  de  Titiribí,  correspondió  al  Juzgado  Cuarto  de  Ejecución de Penas de Santafé de Bogotá.   

Ante  este  último  despacho,  el condenado  presenta solicitud de acumulación jurídica de penas.   

Al respecto, manifiesta el Juzgado Cuarto de  Ejecución  de  Penas  que  ni  a  ese despacho, ni al Juzgado Sexto de la misma  especialidad  les  corresponde  decidir  acerca  de  la  petición  que  hace el  condenado,  en razón a que ha sido clara la jurisprudencia en manifestar que en  torno  al  instituto  de  la acumulación jurídica de penas, es el último juez  que  ha  proferido sentencia el que debe resolver lo pertinente. Además, que no  existiendo  Juez  de  Ejecución de Penas en la población de Titiribí, al Juez  que  profiere  la  sentencia  es  al  que  le  corresponde  actuar  como tal, de  conformidad   con   el   artículo   15   transitorio   del   estatuto  procesal  penal.   

Por  su  parte,  el  mencionado  Juzgado  de  Antioquia  acepta  el  conflicto negativo propuesto por el Juzgado de Ejecución  de  Penas,  en  razón  a  que  en  su criterio se interpreta equivocadamente el  inciso  segundo  del  artículo  primero  del acuerdo 54 del 24 de mayo de 1994,  emitido  por  el  Consejo  Superior de la Judicatura, pues si el condenado no se  encuentra  descontando  efectivamente  la  pena  impuesta  por su despacho, debe  resolver  las  peticiones  derivadas  de la ejecución de la sanción el Juez de  Ejecución  de  Penas  del  lugar  donde se encuentre privado de la libertad, es  decir,  el  de  Santafé  de  Bogotá,  conclusión  que  lo lleva a remitir las  diligencias  a  esta  Sala  para  que  dirima  el  conflicto  suscitado,  ya que  considera que es la competente para ello.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

No  obstante  referirse  este  caso  a  una  colisión  surgida  en  la  fase de ejecución de la pena impuesta, como que las  sentencias     condenatorias    impartidas    en    contra    de    García  Cardeño  han  cobrado firmeza,  resulta  pertinente  traer  a  colación,  lo  que  al  respecto ha sentado como  criterio  la  Sala,  aceptando  la  eventual  existencia  de  conflictos  de tal  naturaleza:   

          “…en  estricto  sentido  los  conflictos  que se susciten una vez  fenecido  el  proceso  con  sentencia  condenatoria ejecutoriada -que es el caso  presente-  no  constituyen el incidente de colisión de competencias previsto en  la  ley  para  las  actuaciones procesales; sin embargo, ha venido aceptándolos  especialmente  a  partir  de  la  creación de los jueces de ejecución de penas  así  éstos  no  hayan  entrado  a  operar  en algunas regiones, como ocurre al  parecer  aquí,  y  del  instituto  de  la  acumulación jurídica de penas para  evitar,  de  esta  manera,  dilaciones  que  puedan perjudicar en alguna forma a  quienes  se  encuentran cumpliendo una pena” (Autos de noviembre 6 de 1.992 M.P.  Dr. Carreño Luengas y julio 26 de 1.993 M.P. Dr. Páez Velandia).   

Ante   estas   circunstancias,   se   dijo  igualmente:   

          “El  Código  de Procedimiento Penal no resuelve esta eventualidad,  pero  este  vacío  legislativo  de  manera  alguna  impide  acudir, por vía de  analogía,  al  principio  general  que  rige  la materia consistente en que los  conflictos  de  competencias  sean  resueltos  por la autoridad jerárquicamente  superior, común a los funcionarios en litigio.   

          “Esta  regla  se  desprende  de  lo  preceptuado por los artículos  68-5,  70-5  y  72-3  del  Código  de Procedimiento Penal y la ha aplicado esta  Corporación   para   pronunciarse  sobre  colisiones  surgidas  entre  juzgados  regionales  al  disponer que éstas deben ser resueltas por el Tribunal Nacional  y no por la Corte.   

          “En  esa  medida,  la  cabal  comprensión  del  Instituto  permite  afirmar  que  si el conflicto se llega a presentar en la postrera etapa referida  a   la   ejecución  del  fallo  condenatorio,  necesario  resulta  concluir  en  aplicación  del  mismo  parámetro  trazado, que éste debe ser resuelto por el  superior jerárquico de los jueces enfrentados.   

          “Ahora  bien,  el  superior de los jueces en litigio, cuando en él  se  halla  involucrado  un  Juzgado  de  Ejecución  de Penas, no es otro que el  superior   de  aquél  que  haya  emitido  el  fallo  cuya  ejecución  demanda.   

          “Para  ello baste recordar que el rango de los Jueces de ejecución  de  penas  y medidas de seguridad, para efectos procesales, es el mismo del juez  que  ha  emitido la sentencia, así se haya dispuesto que ostentan la categoría  de  Jueces  del  Circuito, pues, de conformidad con el artículo 76 del Estatuto  Procesal  Penal  las  decisiones,  que  en  ejercicio  de sus facultades legales  emitan,  son  recurribles  ante  el  superior jerárquico del juez que dictó la  sentencia  cuya  ejecución  se demanda; o ante el mismo funcionario que emitió  el  fallo  de  condena, si corresponde a proceso de única instancia a tenor del  artículo         523        ibidem.   

          “Lo  anterior porque en estricto sentido la competencia que la ley  otorga  a  los Jueces de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad es funcional  y  no territorial por cuanto está relacionada directamente con el fallo de cuya  ejecución  se  trate  y  referida  exclusivamente al cumplimiento de sentencias  condenatorias  proferidas  por  los jueces penales; independientemente del lugar  donde  éstas  hayan  sido  emitidas,  de  la categoría del funcionario que las  emitió y del Circuito o Distrito en que se hallen radicados.   

         ” …   

         “Igualmente,  si  la  discrepancia  de  criterios  (con el Juez de  Ejecución  de  Penas)  se presenta con un Juez Penal del Circuito, el llamado a  dirimirla  es el Tribunal del Distrito a que pertenece dicho funcionario.” (auto  del 26 de marzo de 1996. Rad. 11.228. M.P. Dr. Arboleda Ripoll).   

Con este criterio (también adoptado en auto  de  la  misma  fecha,  M.P.  Dr.  Torres  Fresneda.  Rad.  11.377), para el caso  concreto  se tiene que el conflicto que surge entre el Juez Cuarto de Ejecución  de  Penas  de  la  ciudad  de  Santafé  de  Bogotá  y  el Juez del Circuito de  Titiribí,  deviene  como  consecuencia  de la ejecución de la condena impuesta  por  este  último en el proceso por homicidio, por lo que en estricto sentido y  acorde  con  lo expuesto por esta Sala, la controversia que surgiere entre estos  dos  despachos judiciales debe ser resuelta por el superior jerárquico del Juez  del  Circuito,  es  decir  del  que  dictó  la  sentencia  que debe ejecutar el  respectivo  Juez  de  Ejecución,  que  viene  a  ser  el  Tribunal  Superior de  Antioquia.   

En   otras   palabras,   es   claro   que  jurídicamente  hablando  y  de acuerdo con la funcionalidad legal que se les ha  asignado  a los jueces de ejecución de penas, la suerte que corre el proceso en  manos  del  juez  que  dicta  la  sentencia, debe ser la misma en manos de quien  ejecuta la condena.   

Circunstancia   que  permite  excluir  la  posibilidad  de  hablar  de  un  conflicto  entre  Jueces  de diferente Distrito  Judicial, como para que fuese la Corte la llamada a dirimirlo.   

Así,   en   mérito   de   lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION  PENAL,   

         R E S U E L V E   

1.- Abstenerse de  conocer   el  conflicto  negativo  de  competencias  presentado  y  disponer la remisión de las presentes  diligencias  a  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Antioquia, por ser la  competente para resolverlo.   

2.- Dése aviso a  los     jueces    en    conflicto,    remitiéndoles    copia    del    presente  proveído.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            RICARDO   CALVETE  RANGEL       

JORGE        E.        CORBOBA  POVEDA           CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR            DIDIMO PAEZ  VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

         PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

         Secretaria   

     

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