11519 (29-07-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    ACCION DE REVISION-Prescripción  

La  causal  segunda de revisión, tal como ha  sido    concebida   en   el  estatuto  procesal  penal,  pareciera  regular  exclusivamente  hipótesis  de  extinción  de  la  acción  penal anteriores al  fallo,  dejando  fuera  de  previsión situaciones que por igual pueden llegar a  presentarse  como  consecuencia  del  mismo  o  en el trámite de su ejecutoria.   

Es  esta  la  situación  que acontece con la  prescripción  que,  como  se  sabe,  puede  producirse  antes,  con  ocasión o  después   de  la  sentencia.  Es  antecedente,  cuando  para  la  fecha  de  su  proferimiento,   la   acción  se  halla  prescrita;  consecuencial,  cuando  el  fenómeno  acaece  por  virtud de las decisiones adoptadas; y, sobreviniente, si  el  término  prescriptivo  se cumple después de haberse dictado y antes que la  decisión quede en firme.   

El primer caso no ofrece mayores dificultades,  entre  otras razones porque es la hipótesis que la causal expresamente refiere,  y  ocurre cuando el juzgador adopta el fallo sin percatarse que la acción está  prescrita.  En  este evento, por mandato del artículo 240.1 ejusdem, el juez de  revisión  debe  invalidar la sentencia y dictar la providencia de sustitución,  que  no  puede  ser  distinta  de   la  cesación de todo procedimiento por  improseguibilidad de la acción penal.   

El segundo caso se presenta cuando en el fallo  se  toman  decisiones  con  repercusiones  en  la  punibilidad,  determinando el  advenimiento   del   fenómeno  extintivo,  bien  porque  elimine  agravantes  o  reconozca   atenuantes,   o   haga  menos  rigurosos  los  grados  o  formas  de  participación  o  de  culpabilidad, o varíe favorablemente la tipificación de  la conducta, para citar algunos pocos ejemplos.   

Esta hipótesis, como ya se anotó, pareciera  no  hacer  procedente la revisión a juzgar por el texto de los artículos 232.2  y  240.1,  pero  en  razón  a  que  la  prescripción  es  fenómeno posible de  concretarse  en  cualquier  momento  del proceso, aún después de la sentencia,  debe   quedar  comprendida  en  este  motivo  de  procedencia,  al  lado  de  la  prescripción antecedente.    

Así lo ha entendido la Corte. En providencia  de  mayoría  de  marzo  5  de  1996,  reconoció  la  operancia  del  fenómeno  prescriptivo  a  raíz del tipo de decisión tomada en sede de casación, por lo  cual  declaró probada esta causal, a cuyo amparo se produjo la revisión. Allí  mismo  aclaró,  en  punto a los alcances del mencionado artículo 240.1, que en  estos  específicos eventos no procedía la invalidación del fallo cuestionado,  porque  si  así  fuera quedaría sin fundamento la causal invocada, debiéndose  entender  que  la  acción  se  dirige  contra la ejecutoria, a efectos de poder  producir  la  decisión  complementaria correspondiente (Cfr. Revisión No.8336,  Mag. Pte. Dr. Carlos E. Mejía Escobar).   

Proceso No. 11519  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.89   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr.FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de Bogotá, D. C., veintinueve de  julio de mil novecientos noventa y siete.   

                      Decide la  Corte  la  acción  de  revisión  promovida  por  el  defensor  del sentenciado  ALVARO  RICCI OROZCO contra  las  sentencias  proferidas por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Pitalito  y  el Tribunal Superior de Neiva, de 22 de septiembre y 22 de noviembre de 1993,  respectivamente,  y  el  fallo  de casación de 7 de junio de 1994, mediante los  cuales  se  le  condenó  a  la  pena  principal de 45 meses de prisión, por el  delito de peculado por apropiación.   

                      Hechos y  actuación procesal.-   

                          Los  primeros,  los  resume  la  sentencia del Juzgado a quo, de la siguiente manera:   

                   “La historia  procesal  nos  indica  que  el  señor  ALVARO  RICCI  OROZCO  fue  nombrado  por  el Gobierno Departamental  (del  Huila,  aclara  la Sala) como vendedor de licores de la zona sur-Pitalito,  mediante  decreto  0392  de  1977  (fls.84), habiendo tomado posesión del cargo  ante  el  señor  Gobernador  del Departamento el 7 de julio del mismo año. Sus  funciones  estaban  determinadas  por los Decretos Departamentales 974 Bis de 27  de  diciembre de 1974, 0638 de 8 de octubre de 1976, 0714 de 17 de noviembre del  mismo  año y, 0748 de 15 de diciembre de 1981. En los días 27 y 28 de abril de  1982,  le  fue practicada por el doctor Edgar Salas Vargas, Jefe de la División  de  Impuestos  del  Departamento  -Secretaría  de Hacienda- un arqueo de caja y  bancos,  detectándose  en el almacén de licores zona sur de Pitalito y a cargo  de  Ricci  Orozco,  un  faltante  por  la  suma  de DIECISEIS MILLONES DE PESOS,  representados  en  varios cheques de clientes que venían siendo relacionados en  las  cuentas  que  el procesado en meses anteriores presentaba a la Contraloría  Departamental  en  el  “MOVIMIENTO  Y  ESTADO DE CAJA” como saldo, cuando éstos  habían  sido cobrados en noviembre y diciembre de 1981, o en enero y febrero de  1982,  resultando  ser  falsos  los  informes,  incluida  el acta 025 -ARQUEO DE  BANCOS-  que el 25 de febrero y 16 de abril practicó Aristóbulo Rincón Parra,  Auditor  Fiscal  de  la  Contraloría Departamental, los cuales fueron suscritos  por  Rincón  Parra  y  Ricci  Orozco, e igualmente resultó ser falsos (sic) la  VISITA  FISCAL  PRACTICADA  AL  ALMACEN  DISTRIBUIDOR  DE  LICORES  ZONA  SUR DE  PITALITO  realizada  por  el  Visitador de la Contraloría Departamental ARMANDO  OSORIO  CARVALLO  el  5  de  junio  de  1981,  signada  así mismo por el citado  Visitador  Fiscal  y  el  Almacenista Alvaro Ricci Orozco. Aconteció que Alvaro  Ricci  Orozco  se  sustrajo  el  libro  de  contabilidad, facturas y soportes de  cuentas” (fls.103-2).   

                      Por estos  hechos,  fueron  vinculados  al proceso Alvaro Ricci Orozco, Aristóbulo Rincón  Parra,  Armando  Osorio  Carvallo  y  Edgar  Salas  Vargas,  el primero mediante  declaración  de  persona  ausente,  y  los  últimos  a  través de indagatoria  (fls.193, 242, 316 y 358 del cuaderno No.1).   

                     Cerrada la  investigación,   el  Juzgado  Unico  Superior  de  Pitalito  (Huila),  mediante  proveído  de  16 de diciembre de 1983, llamó a responder en juicio criminal de  tramitación  ordinaria  a  Alvaro  Ricci Orozco por los delitos de peculado por  apropiación  (art.133.2  C.  P.),  falsedad  ideológica  en documento público  (art.219  C.  P.)  y  falsedad por ocultamiento de documentos públicos (art.223  C.P.);  y,  a  Aristóbulo  Rincón  Parra  y Armando Osorio Carvallo, por   falsedad  ideológica  en documento público. Respecto del procesado Edgar Salas  Vargas,      profirió      sobreseimiento      de      carácter     definitivo  (fls.476-1).   

                     El proceso  de  notificación  de esta providencia se extendió hasta el día 16 de junio de  1984, fecha en la cual quedó ejecutoriada (fls.510 a 515-1).   

                    Por auto de  octubre  31  de  1991,  el Juzgado de conocimiento declaró prescrita la acción  penal  en  relación  con  los  procesados  Aristóbulo  Rincón Parra y Armando  Osorio  Carvallo,  y  dispuso  la  cesación  de  todo procedimiento en su favor  (fls.2 y ss. cuaderno No.2).   

                   Celebrada la  audiencia  pública,  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Pitalito condenó  al  procesado  Alvaro Ricci Orozco a la pena principal de 54 meses de prisión y  multa  de  un  salario  mínimo  mensual,  como  autor responsable del delito de  peculado  por  apropiación,  y  declaró  prescrita  la  acción  penal por los  delitos  de  falsedad  que  le fueron imputados en el pliego de cargos, mediante  sentencia  de  22  de  septiembre de 1993, confirmada en todas sus partes por el  Tribunal Superior (fls.102-2 y 17 del cuaderno No.7).   

                      Recurrido  este  fallo  en  casación,  la  Corte,  mediante el suyo de junio 7 de 1994, lo  casó  parcialmente,  para  reconocer la rebaja de pena prevista en el artículo  1º  de  la  ley  48  de  1987,  tasando  en  definitiva  el quantum punitivo de  privación  de  la libertad en 45 meses de prisión (fls.22 cuaderno de la Corte  donde consta el trámite de la casación).   

                          Esta  decisión  fue  notificada  personalmente  al  Procurador Primero Delegado en lo  Penal  el  8  de  junio; y, a las demás partes, mediante edicto que permaneció  fijado  en  la secretaría de la Sala desde el 14 hasta el 16 de junio siguiente  (fls.35 vto y 41 ibidem).   

                     La demanda  de revisión.-   

                   El defensor  del   sentenciado   Alvaro  Ricci  Orozco  promueve  acción  de  revisión  con  fundamento  en  la causal segunda del artículo 232 del estatuto procesal penal,  pues  considera  que  la  sentencia  fue  dictada  en  un  proceso que no podía  proseguirse por prescripción de la acción.   

                  Afirma que  el   delito  de  peculado  por  apropiación,  por  el  cual  fue  condenado  su  representado,  tenía  prevista pena privativa de la libertad de 4 a 15 años de  prisión,  y  que el tiempo de prescripción, de acuerdo con el artículo 80 del  Código  Penal,  viene  dado  por  el  máximo de la pena señalada en la ley si  fuere privativa de la libertad.   

                  De acuerdo  con  esto,  la  acción en el presente caso prescribiría en 15 años, pero como  este  tope debe incrementarse en una tercera parte por ser el procesado empleado  oficial  (art.  82  C.P.),  el fenómeno prescriptivo operaría en 20 años, que  reducidos  a  la  mitad  por  mandato  del  artículo 84 ejusdem, arrojaría, en  definitiva,  10  años,  término que contado a partir de la ejecutoria del auto  de  proceder  (junio  16  de 1984), habría tenido concreción el 16 de junio de  1994.   

                     Señala  que  si  bien  es  cierto el artículo 197 del estatuto procesal penal establece  que  las  providencias  que deciden el recurso de casación quedan ejecutoriadas  el  día  que  son  suscritas,  la  misma  norma excluye aquellos eventos en los  cuales la sentencia impugnada es sustituida por la Corte.   

                      Esto,  determinó  que  el  fallo  fuera  notificado  por  edicto,  que  se fijó en la  Secretaría  los  días  14,  15 y 16 de junio, conforme lo dispone el artículo  323  del  Código  de Procedimiento Civil, por lo cual el término de ejecutoria  previsto  en  el  artículo 197 del Código de Procedimiento Penal, transcurrió  durante los días 17, 20 y 21 siguientes.   

                     De esta  manera,  cuando  la  sentencia  de  casación  apenas  se estaba notificando, se  cumplieron  los  10  años  requeridos  para  que operara la prescripción de la  acción    penal,    lo    cual,    imposibilitaba    la    continuación    del  proceso.   

                  Considera,  apoyado  en los principios de legalidad y favorabilidad, que la notificación de  la  sentencia  de  la  Corte  debía  realizarse conforme a lo establecido en el  Código  de Procedimiento Civil, por remisión del artículo 181 del Decreto 409  de  1971,  vigente  cuando se cometió el delito, y según lo ordenado en el 197  del estatuto procesal actual.   

                                           Consecuente  con  sus  planteamientos,  pide  a  la Corte declarar  fundada  la causal de revisión invocada, dejar sin efecto el fallo cuestionado,  y disponer la cesación de procedimiento en favor de su defendido.   

                    Trámite  de la acción.-   

                  La demanda  fue  asignada  inicialmente  por reparto al Magistrado doctor Juan Manuel Torres  Fresneda,  quien  se declaró impedido para conocer del asunto, al igual que los  Magistrados  doctores Ricardo Calvete Rangel y Dídimo Páez Velandia, por haber  suscrito  la  decisión  objeto  de la acción (fls.101 vto., 103 cuaderno de la  Corte).   

                   Aceptados  los  impedimentos, la Corte, por auto de octubre 8 de 1996, como consecuencia de  la  admisibilidad  del libelo, ordenó pedir el proceso al juzgado de instancia,  con el fin de tramitar la acción promovida (fls.113 ibidem).   

                    Cumplida  la  notificación  de este auto y recibido el expediente en la Secretaría de la  Sala,  se  abrió a prueba por el término de 15 días, período dentro del cual  las  partes  guardaron  silencio.  Seguidamente, se ordenó correr traslado para  alegar,  conforme  a  lo  dispuesto  en  el artículo 238 del estatuto procesal,  habiéndolo  hecho  oportunamente  el  Procurador  Delegado  y  el  defensor del  sentenciado.  Tales decisiones fueron adoptadas mediante proveídos de diciembre  18 de 1996 y marzo 20 de 1997, respectivamente (fls.124 y 133).   

                                           Alegaciones           de           las          partes.-   

                     1.- El  Procurador  Cuarto  Delegado  en  lo  Penal  alude inicialmente al contenido del  fallo  de casación dictado en este asunto, para afirmar que el criterio sentado  en  esa  oportunidad por la Corte, en torno a la  aplicación del artículo  133.2  del  Código  Penal sin tener en cuenta la pérdida del valor adquisitivo  de  la  moneda,  ha sido superado por la Corte Constitucional, al condicionar la  exequibilidad  de  los  artículos 372.1 y 357.2 ejusdem al valor real del peso,  lo  cual  permitiría  hablar de cambio favorable de jurisprudencia.     

               En referirse  al   motivo  concreto  de  revisión,  sostiene  que  el  término  prescriptivo  efectivamente  se  cumplió encontrándose la sentencia de casación en trámite  de  notificación,  debiendo la Corte, por tanto, declarar sin valor los fallos,  tal  como  lo  dispone  el  artículo  240 del Código de Procedimiento Penal, y  ordenar  la  cesación  de  todo  procedimiento  en favor del incriminado Alvaro  Ricci Orozco, decretando su libertad inmediata.   

                     Explica  que  el  término de prescripción, en el presente caso, sería de 10 años, que  contados  a  partir  del 16 de junio de 1984, cuando quedó ejecutoriado el auto  de  proceder, se habrían cumplido el 16 de junio de 1994, fecha para la cual la  sentencia   de   casación   se   estaba   notificando  por  edicto  (fls.141  y  ss).   

                     2.  El  accionante,  por  su parte, retoma los planteamientos expuestos en la demanda, e  insiste  que  el término prescriptivo de la acción penal se materializó el 16  de  junio  de  1994,  cuando  el  fallo  de  casación  se hallaba en proceso de  notificación.       

                                                                                                                    

                                                       

                         SE  CONSIDERA:   

                   La causal  segunda  de  revisión, tal como ha sido  concebida en el estatuto procesal  penal,  pareciera  regular exclusivamente hipótesis de extinción de la acción  penal  anteriores  al  fallo,  dejando  fuera  de previsión situaciones que por  igual  pueden  llegar a presentarse como consecuencia del mismo o en el trámite  de su ejecutoria.   

                  Es esta la  situación   que  acontece  con  la  prescripción  que,  como  se  sabe,  puede  producirse  antes,  con  ocasión  o  después  de la sentencia. Es antecedente,  cuando  para  la  fecha  de  su  proferimiento,  la  acción se halla prescrita;  consecuencial,   cuando  el  fenómeno  acaece  por  virtud  de  las  decisiones  adoptadas;  y,  sobreviniente, si el término prescriptivo se cumple después de  haberse dictado y antes que la decisión quede en firme.   

                   El primer  caso   no  ofrece  mayores  dificultades,  entre  otras  razones  porque  es  la  hipótesis  que  la  causal  expresamente  refiere,  y ocurre cuando el juzgador  adopta  el  fallo sin percatarse que la acción está prescrita. En este evento,  por  mandato del artículo 240.1 ejusdem, el juez de revisión debe invalidar la  sentencia  y  dictar  la  providencia de sustitución, que no puede ser distinta  de   la cesación de todo procedimiento por improseguibilidad de la acción  penal.   

                  El segundo  caso  se presenta cuando en el fallo se toman decisiones con repercusiones en la  punibilidad,  determinando  el advenimiento del fenómeno extintivo, bien porque  elimine  agravantes  o reconozca atenuantes, o haga menos rigurosos los grados o  formas   de  participación  o  de  culpabilidad,  o  varíe  favorablemente  la  tipificación de la conducta, para citar algunos pocos ejemplos.   

                       Esta  hipótesis,  como  ya  se  anotó,  pareciera no hacer procedente la revisión a  juzgar  por  el  texto  de los artículos 232.2 y 240.1, pero en razón a que la  prescripción  es  fenómeno  posible  de  concretarse  en cualquier momento del  proceso,  aún  después de la sentencia, debe quedar comprendida en este motivo  de procedencia, al lado de la prescripción antecedente.    

                  Así lo ha  entendido  la  Corte.  En providencia de mayoría de marzo 5 de 1996, reconoció  la  operancia del fenómeno prescriptivo a raíz del tipo de decisión tomada en  sede  de  casación,  por lo cual declaró probada esta causal, a cuyo amparo se  produjo  la  revisión.  Allí  mismo  aclaró,  en  punto  a  los  alcances del  mencionado  artículo  240.1,  que en estos específicos eventos no procedía la  invalidación  del  fallo  cuestionado,  porque  si  así  fuera  quedaría  sin  fundamento  la  causal  invocada,  debiéndose entender que la acción se dirige  contra  la  ejecutoria,  a efectos de poder producir la decisión complementaria  correspondiente  (Cfr.  Revisión  No.8336,  Mag.  Pte.  Dr.  Carlos  E.  Mejía  Escobar).   

                  La tercera  hipótesis  se  configura  cuando  el  tiempo  de  prescripción  se  cumple con  posterioridad  a haber sido dictado el fallo, concretamente entre la fecha de su  proferimiento  y  aquella  en  que  alcanza  ejecutoria,  supuesto en el cual se  encuentra   soportada   la  acción  de  revisión  promovida  en  el  caso  sub  judice.   

                       Esta  situación,  al  igual que la anterior, debe entenderse también comprendida por  la  causal  segunda,  pues  para  la  Corte  es claro que cuando la norma que la  consagra,  alude  a  la sentencia como objeto de revisión, está  haciendo  referencia  al  fallo  ejecutoriado,  o decisión con autoridad de cosa juzgada,  quedando  así  cobijados  por la causal no solo los motivos de extinción de la  acción  penal  que impiden la producción de la sentencia, sino los que afectan  su  ejecutabilidad  o  eficacia,  y que habiéndose presentado en oportunidad de  ser declarados, no merecieron pronunciamiento judicial.   

                        Las  causales  de  extinción de la acción penal no operan de pleno de derecho; para  que  surtan  efectos  jurídicos  es  necesario que medie decisión judicial que  declare  su ocurrencia. Por eso, mientras un tal pronunciamiento no se presente,  los  actos  procesales  cumplidos  tienen  total  eficacia, pudiéndose, en esas  condiciones,  llegar incluso al proferimiento del fallo de mérito, y con éste,  a  la  materialización  de  la  cosa  juzgada,  con  todos los efectos que ella  conlleva.   

                     Cuando  esta  situación se presenta, los actos procesales cumplidos con posterioridad a  la  ocurrencia del fenómeno extintivo son ilegítimos, y es ello lo que faculta  intentar  su  derrumbamiento  a través de la acción de revisión, único medio  por  el  cual  la  inmutabilidad de las decisiones amparadas por la cosa juzgada  debe   levantarse.                             En  la hipótesis que se viene analizando, se tiene que la acción  penal  se encontraba vigente cuando la sentencia fue proferida. Por esta razón,  no  cabe  discutir su legitimidad como acto procesal; solo la posterior pérdida  de  aptitud  jurídica  debido  al efecto enervante de la prescripción, operado  durante  la notificación. De allí que sea en contra de la ejecutoria, y no del  fallo   propiamente  dicho,  que  en  estricto  rigor  lógico  debe  entenderse  orientada la acción de revisión.   

                         La  sentencia  es  legítima,  puesto  que  al  dictarse  no  concurría  causal  de  extinción  alguna  que  se opusiera a su producción, pero no lo es su firmeza,  para       cuyo       momento      ya      el      fenómeno      se      había  operado.               

                     Hechas  estas  precisiones, se procederá al estudio del motivo establecido en la causal  invocada,  frente  a  la  normatividad  que  la  regula  y  la realidad fáctico  procesal.      

                         La  prescripción  de  la  acción  en  materia  penal  se  rige por la naturaleza y  duración  de la pena señalada para el delito por el cual se procede. Cuando es  privativa  de  la  libertad,  el  término prescriptivo está determinado por el  límite  máximo  de  la  pena prevista en la ley, no pudiendo, en ningún caso,  ser  inferior  a  cinco años ni superior de veinte (art.80 C. P. modificado por  el art.31 de la ley 40 de 1993).   

                      Dicho  lapso  prescriptivo  debe  aumentarse  en  una  tercera parte, sin sobrepasar el  límite  máximo  de 20 años, cuando el delito es cometido dentro del país por  servidor  público en ejercicio de sus funciones o de su cargo o con ocasión de  ellos (art.82 ejusdem).   

                      Estos  topes  rigen  para  la  etapa de instrucción del proceso, pues en el juicio, el  término  de  prescripción  se  reduce  a  la  mitad,  contado  a  partir de la  ejecutoria  de la resolución de acusación, o su equivalente, sin que pueda ser  inferior de cinco años (art.84 C. P. y 444 C. de P. P.).   

                     En  el  proceso  objeto  de esta acción de revisión, Alvaro Ricci Orozco fue condenado  como  autor  responsable  del  delito  de  peculado  por  apropiación que   describe  el  artículo 133 del Código Penal, en cuantía superior a quinientos  mil  pesos,  norma  que  tenía adscrita pena privativa de la libertad de 2 a 10  años  de prisión cuando el valor de lo apropiado no excedía de quinientos mil  pesos, y de 4 a 15 años cuando superaba este monto.   

                   Siguiendo  los  derroteros trazados por las normas que vienen de citarse, se tiene entonces  que  el  término de prescripción, en el caso sub judice, sería de veinte (20)  años  durante  la  instrucción  y diez (10) en el juzgamiento,  guarismos  que  se obtienen a partir del máximo de pena previsto para el delito por el que  se  procede  (15  años),  aumentado  en  una  tercera parte (5 años) por haber  sido   cometido  dentro del país por servidor público en ejercicio de sus  funciones,  para un total de veinte años (15 + 5). Este término, reducido a la  mitad,  arroja  diez  (10)  años,  que  es, en definitiva, el tiempo a tener en  cuenta   en   el  presente  caso,  contados  a  partir  de  la  iniciación  del  juicio.      

                    

                   La verdad  fáctico  procesal enseña que el proveído mediante el cual Alvaro Ricci Orozco  fue  residenciado  en causa criminal, alcanzó ejecutoria el día 16 de junio de  1984  (fls.476,  513  y  515-1).  Por  tanto,  si  contamos  los  diez  años de  prescripción  a  partir  del  día  siguiente,  se  tiene que dicho término se  cumplió el 17 de junio de 1994.   

                         La  sentencia  de  casación  de la Corte, fue dictada el 7 de junio de 1994, cuando  todavía  no  había  operado  el  fenómeno prescriptivo de la acción, pero el  proceso  de  notificación  de la misma, trascendió la fecha límite para ello,  produciéndose, en consecuencia, la extinción de la acción penal.   

                       Este  fallo,  por  ser de sustitución, debía ser notificado, según se desprende del  contenido  del artículo 197 del estatuto procesal penal, y así lo entendió la  Corte  al  ordenarlo  expresamente en la parte resolutiva del mismo, de donde su  ejecutoria  solo  podía  causarse  al  tercer  día  de  haberse  cumplido esta  formalidad en relación con todos los sujetos procesales.   

                         Su  notificación,  sin  embargo,  no logró realizarse personalmente a todos ellos,  solo  al  representante  del  Ministerio  Público el 8 de junio de 1994 (fls.35  vto.  cd.  No.8),  razón  por la cual hubo necesidad de hacerlo por edicto, que  permaneció  fijado  en  la  Secretaría de la Sala los días 14, 15 y 16 de los  citados mes y año (fls. 39 ibidem).     

                  De acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  323  del  Código  de Procedimiento Civil  (modificado  por  el  Dto. 2282/89, art.1º, numeral 152), norma aplicable en el  de  Procedimiento  Penal  por virtud del principio de integración consagrado en  su  artículo  21,  la  notificación  mediante  edicto  se  entiende surtida al  vencimiento  del término de su fijación, que es de tres (3) días, los cuales,  como se dejó visto, se cumplieron el 16 de junio.     

                  Agotada la  notificación,  empezó  a correr la ejecutoria (3 días), la cual se consolidó  el  21  siguiente  (inhábiles  los  días  18  y  19),  cuando  ya  el término  prescriptivo de diez (10) años, se había cumplido.   

                     Razón,  por  tanto,  asiste  al accionante al demandar la revisión del proceso para que  se  declare  la  prescripción  de  la  acción  penal,  pues  la  sentencia  de  casación,   aunque   fue  proferida  antes  de  la  concreción  del  fenómeno  extintivo,  alcanzó  categoría  de  cosa  juzgada  ilegítimamente,  porque la  facultad  punitiva  del  Estado   expiró antes de que quedara en firme por  virtud de la ejecutoria.     

                    Oportuno  es  precisar que la Corte no podía dejar de dictar el mencionado fallo, a pesar  de  la  inminencia  de  la  prescripción,  pues mientras la acción penal esté  vigente  es  obligación  ejercerla,  sea  cualquiera  la  decisión que haya de  adoptarse,  máxime  si  se  da en considerar que el procesado puede renunciar a  ella   (arts.  86  C.P  y  42  C.P.P.)   y  que  en  el  caso  concreto  su  consolidación   dependía   de   la  forma  como  se  surtiera  el  proceso  de  notificación     a     las     partes,    si    personalmente,    o    mediante  edicto.       

                         La  circunstancia  de  haber  acaecido  este suceso enervante de la acción después  del  proferimiento  del  fallo,  determina  que  la  decisión que ha de tomarse  comprenda  solo  la invalidación de su ejecutoria, según lo ya anotado, con el  fin  de  poder  declarar  la  cesación de procedimiento por prescripción de la  acción  penal,  acorde  con  lo  establecido  en  los  artículos  36  y  240.1  ejusdem.   

                                           Consecuencia  de  esta  decisión,  será  la libertad inmediata e  incondicional  del  procesado Alvaro Ricci Orozco, para cuyo fin se comisiona al  Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito de Pitalito, despacho que deberá librar la  correspondiente  boleta  de  libertad  para  ante la Cárcel del Circuito de esa  ciudad,  con  la advertencia de que solo producirá efectos si el liberado no es  requerido  por  otra  autoridad  en  virtud  de proceso diferente (art.241 C. P.  P.).   

                   En cuanto  a  los  planteamientos  hechos  por  el  Procurador  Cuarto Delegado en lo Penal  respecto   del   cambio   favorable  de  jurisprudencia,  originado  en  algunas  decisiones  de  la  Corte  Constitucional,  y su aplicabilidad al caso concreto,  debe  la  Sala  señalar que en sede de revisión solo procede el estudio de las  causales  que  han  servido  de fundamento a la acción, sin que sea permitido a  los  sujetos procesales sugerir motivos distintos de los aducidos en la demanda,  como    lo   hace   este   representante   del   Ministerio   Público   en   su  concepto.      

                     Por lo  demás,   es  oportuno  precisar,  como  ya  lo  ha  hecho  la  Corte  en  otras  oportunidades,  que  el  motivo  de  revisión,  a  tenor  de lo dispuesto en el  numeral  2º  del  artículo 232 del C. de P. P., “no permite cuestionar en esta  sede  aspectos  inherentes  a la adecuación típica, la forma de culpabilidad o  participación;  las  circunstancias  del  hecho  o  cualquier otro elemento que  pudiese  incidir  sobre  la  punibilidad  de  la conducta. La revisión, en este  sentido,  no  puede derivar en un nuevo juicio crítico sobre lo declarado en el  proceso  y  por  ende la prescripción que se alegue es aquella que surja de los  hechos   y  del  derecho  tal  como  fueron  considerados  dentro  del  proceso”  (Sentencia    de   marzo   5/96.   Mag.   Pte.   Dr.   Carlos   Eduardo   Mejía  Escobar).   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E.   

                         1.  DECLARAR   FUNDADA  la  causal  de  revisión invocada.                               

                         2.  INVALIDAR  la ejecutoria  de  la  sentencia  de casación de 7 de junio de 1994, mediante la cual la Corte  casó  parcialmente  la  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior  del Distrito Judicial de Neiva el 22 de noviembre de 1993.   

                         3.  DECLARAR  PRESCRITA  la  acción  penal  seguida contra el procesado Alvaro Ricci Orozco por el delito de  peculado  por  apropiación.  En  consecuencia,  se  ordena la cesación de todo  procedimiento en su contra.   

                         4.  DISPONER  LA  LIBERTAD  INMEDIATA  E  INCONDICIONAL  del  procesado Alvaro Ricci Orozco, para cuyo efecto  se comisiona al Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Pitalito.   

                                           NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                      FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

JORGE           CORDOBA  POVEDA           JORGE ANIBAL GOMEZ  GALLEGO                                

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

                                                 Patricia Salazar Cuéllar   

                                                              SECRETARIA       

                                                                                                          

   

    

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