11343 (21-01-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    DETENCION    DOMICILIARIA-Alternatividad  penal   

Para el evento de la  detención  domiciliaria,  y  a  falta  de la insistida reglamentación que esta  modalidad  requiere, su omisión no resulta determinante para negar el subrogado  en  cita,  y  por  lo  mismo la libertad provisional que de él deriva, si, como  así  se  prueba en este evento -folio 104 último cuaderno-, el procesado no ha  sido  sometido  en  momento  alguno a reclusión carcelaria, la que habría dado  lugar  a la elaboración de su cartilla biográfica, de una parte, y de la otra,  a  la  observación  y  el  seguimiento inmediato de su conducta intramural, que  permitiera  la  expedición  formal  de un Consejo de Disciplina carcelario, con  calificación  de  su conducta, y si de otro extremo, no puede obligar la ley al  cumplimiento de imposibles.   

A  juicio  de  la  Sala  y para el caso de la  detención  domiciliaria  son  aplicables  los requisitos del artículo 72A y no  del  72 del Código Penal, en los eventos por el primero contemplados, pues así  en  el  epígrafe  de  la ley 415 de 1997 se advierta que uno de sus fines es la  descongestión  carcelaria,  que  no  se  afecta  por el volumen de las personas  puestas  bajo el régimen de detención domiciliaria, la norma que se expidió a  la   postre   tiene   también   por  fin  la  introducción  de  mecanismos  de  alternatividad  penal  que  constituyen  una reglamentación de tipo general que  modifica  el Código Penal, en la que se contemplan excepciones distintas de las  que  se arraigan en su texto, y a las cuales no se podrían válidamente agregar  otras por parte del intérprete.   

PROCESO No. 11343  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                  Magistrado Ponente Dr.:   

                  JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

                  Aprobado por Acta No.03 de enero 20/98   

                                   Santafé de Bogotá, D.C.,  veintiuno (21) de enero de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

          V I S T O S :   

          Insiste    el    procesado    FERNANDO    GOMEZ   JIMENEZ   en   su  solici­tud  de  libertad  condicional,     citando    en    esta    ocasión    los    artícu­los 72 y 72A del Código Penal, lo que  suscita  el  presente  pronunciamiento de la Sala, una vez recibida información  de  las autoridades pertinentes, sobre inexistencia de órdenes de captura en su  contra.   

             

          C  O  N  S I D E R A C I O N E S  D E  L A  S A L A:   

          1.-  El  procesado doctor FERNANDO GOMEZ JIMENEZ resultó condenado  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá en fallo de segunda  instancia  a  la pena de 5 años de prisión como autor del delito imperfecto de  homicidio,  mediante  fallo  que  la  defensa  impugnó en casación, motivo que  ubica  actualmente las diligencias al conocimiento de la Sala, y que a su vez le  otorgan    competencia    para    resolver    sobre    la    excarce­lación pedida.   

          2.-  Sobre la situación provisional de GOMEZ JIMENEZ se pronunció  la  Fiscalía  al proferir la resolución de acusación en su contra, decretando  medida  de  aseguramiento  de detención, la que solo logró hacerse efectiva en  la  modalidad  de  domiciliaria   según  decisión  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santafé de  Bogotá.   

          En  cumplimiento  de  esa  decisión  del  24  de junio de 1994, el  procesado  suscribió  diligencia  de  compromiso  ante el Juzgado 5o. Penal del  Circuito  de  Santafé de Bogotá el 6 de julio siguiente, fecha de la cual data  la    efectividad    de   los   compro­misos  adquiridos  con  la  justicia,  y  que será la base para la  contabilización  del  tiempo  de  duración de esa medida asegurati­va,  para  los  efectos  que  en  este  momento se reclaman.   

          Sobre  esta  modalidad  de  detención  y su cumplimiento, cabe sin  embargo  aclarar,  dados  los  reparos  que  ya  ante  el  Tribunal  hiciera  la  representante  de  la parte civil y la omisión de regulares controles por parte  de    las    autoridades   legalmente   encargadas   de   cumplirlos,   lo   que  sigue:   

          Como  antecedente  de  la  adopción  del  auto  del  Tribunal  que  sustituyó   la  medida  de  detención  intramural  por  la  domici­liaria se tiene que como en la primera  instancia  el  Juzgado  5o.  Penal  del  Circuito  había  prevenido  que  en su  criterio,  por  domicilio  tenía  que entenderse la residencia del retenido, al  sustentar  el  recurso  de  alzada,  la  defensa  advirtió  que  a ese respecto  existían  otros  criterios  doctrinales,  transcribiéndole al Tribunal uno que  prevenía   la  improcedencia  de  someter  al  procesado  a  una  modalidad  de  “casa-carcel”  no contemplada en la ley, o a sistemas de vigilancia en la puerta  de su hogar que le impidieran desplazarse.   

         

          Por   ello   se   entiende   que   cuando   el   Tribunal  hizo  su  pronunciamiento,  con  un  criterio  contrario  al  que  sobre  el particular ha  pregonado  invariablemente  esta Colegiatura, fue expreso en advertir que “No se  considera  necesario  imponer  obligación  distinta  a  la  de  cumplir  con la  caución…”,  añadiendo  en  la  parte  resolutiva  que  la sustitución de la  medida  de  aseguramiento sería por la de detención domiciliaria “es decir que  aquella  que  debe  cumplirse  en el domicilio del inculpado”, lo que equivale a  decir   que   la   Sala  estaba  compar­tiendo  las  objeciones  de  la  defensa  al  criterio  de  primera  instancia,  excluyendo  la imposición al procesado de permanecer exclusivamente  en su residencia.   

          Esta  situación  se  hace  notoria  en  la  actitud  que  asume la  funcionaria  de  primera  instancia, que luego de citar al procesado para que al  suscribir  la  diligencia  de  compromiso  diera  su  dirección  de residencia,  considerando  que sería allí donde debería recluirse, al momento de sentar la  diligencia  de  compromiso,  que  era donde debían haber hecho tal advertencia,  antes  que  incluirla,  lo que hizo fue anotar que el comprometido adquiría las  obligaciones  “en los términos que dejó precisados  el Honorable Tribunal  Superior”,   concretándole   exclusivamente   los   deberes  impuestos  por  el  artículos   419   del  Código  de  Procedimiento  Penal  (folio  141  cuaderno  2).   

          Consecuentemente   con   este  entendimiento,  a  las  sesiones  de  audiencia  que  se verificaron el 14 de julio de 1994, el procesado asistió sin  que  obre  constancia  alguna  de  que  se  hubiese solicitado su remisión bajo  vigilancia, que no aparece pedida de autoridad alguna.   

          Y  para  que de ello no quede duda, transcurrido el tiempo y cuando  el  asunto  se  hallaba  ante  el Tribunal con motivo de la sentencia de segunda  instancia,  la  apoderada  de  la  parte  civil  le  hizo  saber  al  Magistrado  sustanciador  que  el procesado se estaba desplazando por esta ciudad, que es la  de  su  domicilio, pero en lugar de adoptar alguna medida encaminada a revocar o  modificar  la  medida  en  los términos que había sido decretada, o introducir  alguna     distinción    que   hiciese   notoria   la   contra­dicción  de  esa  conducta  con  las  obligaciones  impuestas,  el  Tribunal  contestó que las explicaciones del caso  aparecían  en  el  proceso y particularmente en el auto que había definido esa  forma   de   detención,   sin   que   fuese   necesaria   ninguna  explicación  adicional.   

          Llegado  el asunto a la Corte, se dispuso el ejercicio de controles  sobre  el  cumplimiento  de la medida, de los cuales se infiere, lo mismo que de  la  vista  del  expediente,  que  el procesado ha permanecido en esta ciudad, ha  reportado  sus  cambios  de  residencia  como  se había comprometido, y ha sido  hallado  en  esos  lugares  cuantas  veces se le ha ido a buscar, lo que permite  entender,  que  dentro de la largueza con que se le trató, no ha incumplido los  deberes   impuestos   por  la  judicatu­ra,  y  que  así  la forma de detención no corresponda con la que  debe  ser  a  criterio  de  la  Corte,  ello no autoriza a descontar que ha sido  sometido  a  un  régimen  de  restricción  de libertad que debe tener para los  efectos  que  ahora persigue, la connota­ción  que  la  ley le otorga al tipo de detención que formalmente  le fuera impuesta.   

          Sobre   este   particular,   entre   otras  en  decisio­nes  ha  venido sostenido en agosto 16  de  1995  con  ponencia  del  Magistrado  doctor  Fernando  Arboleda  Ripoll, en  septiembre  20  de  ese  año  con ponencia del Magistrado Doctor Nilson Pinilla  Pinilla  y  en  fallo  de segunda instan­cia  de  febrero 21 de 1996 con ponencia de quien aquí realiza el  mismo  cometido,  que cuando el procesa­do:   

        “…viene   cumpliendo   con  las  exigencias  señaladas  por  la  Fiscalía   Delegada,   su   interés   legítimo  de  gozar  del  beneficio  de  excarcelación  provisional  que  se  demanda, no puede resultar afectado por la  impreci­sión y amplitud  con que se le impusieron…”.   

         En  la segunda decisión se añadió que “…la generosa acepción  de   domicilio   como  municipio,  que  de  todas  maneras  supone  alguna  leve  privación…  no  puede  re-vertir  en  causa  perjudicial  a  los  derechos  e  intere­ses    del  procesado,  para  sobre  su  base prego­nar  la  inocuidad de la medida y negar el beneficio a la libertad  provisional…”   

hasta  concretar  en  la  última  de estas  determinaciones que   

        “Al  consultar   el  texto  de  los  artículos  54  y 56 del  Código  Penal  que  expresamente  y  en  su  orden  obligan  a tener como parte  cumplida   de  la  pena  privativa  de  la  libertad  el  tiempo  de  detención  preventiva,   y   a   descontar   aún   dentro   de   ese   mismo  concepto  el  trans­currido    en  establecimientos  especiales  o  clínicas  adecuadas  para  el caso del enfermo  mental  sobrevi­niente,  lo  mismo  que  de  los artículos 396 y 409 del Código de Procedimiento Penal,  que         respectivamente        autorizan        el        cumpli­miento  de  la detención preventiva  total  o parcialmente en el domicilio del sindicado o en el lugar de su trabajo,  ninguna  duda  queda  en  cuanto  a que la voluntad del legislador ha sido la de  equiparar  en  cuanto  a sus consecuencias respecto de la pena estas modalidades  de  detención,  de  modo  que frente a ellas no podría el intérprete intentar  distingos    peyorativos    o    desventajosos    para    el   proce­sado, ni aún para aquellos casos en  que  por  una infortunada interpretación judicial se extendió el ámbito de la  detención  domiciliaria  a  los  márgenes  pragmáticos  de  una  restricción  domiciliaria,  pues  si  para eventos tales el procesado se limitó a cumplir el  régimen  impuesto  por  la  autoridad  competente,  mal  se podría a ulteriori  tornar   en   más  gravoso  o  prolon­gado  el  tratamiento  represivo,  pues  ello  iría en contra del  principio  de  legalidad  de  la  pena,  al  implicar una indebida tolerancia al  paralelismo  o  exceso  de  medidas restrictivas que no hallan funda­mento   en   los   sistemas  penal,  procesal       ni       penitencia­rio vigentes.”   

         Así,   pues,   que  más  allá  de  reclamar  una  vez  más  la  regulación  estricta  de  esta  forma  de  detención, con la inclu­sión  de  mecanismos  efectivos  y  confiables  de  control por parte del legislador, no puede la Sala desconocer la  sumisión  del  procesado  a  un  régimen  restrictivo  de libertad que solo se  autorizaba  por  virtud  de la medida de detención domiciliaria, y por lo mismo  impone  reconocerle  las consecuencias de favor que como se ha visto, de ella se  derivan.   

         3.-  Por  lo  anterior, no encuentra la Corte razón ni fundamento  valedero  para  desconocer  que  el  procesado,  en  el  caso que se estudia, ha  superado  dentro  del  régimen  impuesto  de  detención  domiciliaria las tres  quintas  partes  de  la  pena, equivalentes en este caso a 3 años o 36 meses (y  aún  las  dos terceras) lo que implica el cumplimiento de la exigencia objetiva  impuesta   en   el   artículo   72A   del   Código  Penal,  recien­temente  innovado  por la Ley 415 de  1997  a  la  cual  el  reclamante  se  atiene,  y que para el caso del homicidio  simple,  que  en  la  modalidad  de  tentativa  se le atribuye al acusado, no se  excepcionó en ese texto normativo.   

         Ahora  bien,  como además en esa misma disposición el legislador  prevee   que   para   esta   clase   de   asuntos   no   sea   proce­dente  introducir  análisis  sobre  antecedentes,  ni  los factores de tasación de pena, tendrá que admitirse para  el    caso    del    enjuiciado    GOMEZ    JIMENEZ    la    viabili­dad      de      la     libertad  provisio­nal prevista en  el  artículo  415-2  del  Código de Procedimiento Penal, con remisión a estos  nuevos       requisitos       que       demanda       el      otorga­mien­to de la libertad condicional, pues,  como   incipiente­mente  fuera  dicho, tanto el CISAD de la Fiscalía como el Departamento Administrativo  de  Seguridad han prevenido que en contra del acusado no existe orden de captura  vigente.   

         Restaría    solamente    por    precisar,    respecto    de   los  requisi­tos adicionales  impuestos  por  el artículo 515 del Código de Procedimiento Penal, y sobre los  cuales  de  tiempo atrás insistió la Sala en su recaudo, que para el evento de  la     deten­ción  domicilia­ria, y a falta  de     la     insistida     reglamen­tación  que  esta modali­dad  requiere,  su  omisión no resulta determinante para negar el  subrogado  en  cita,  y  por lo mismo la libertad provisional que de él deriva,  si,  como  así  se  prueba  en  este  evento  -folio  104 último cuaderno-, el  procesado  no ha sido sometido en momento alguno a reclusión carcelaria, la que  habría  dado  lugar a la elaboración de su cartilla biográfica, de una parte,  y  de  la  otra,  a  la  observación  y el seguimiento inmediato de su conducta  intramu­ral,    que  permitiera        la       expedi­ción   formal   de  un  Consejo  de  Disciplina  carcelario,  con  calificación  de  su conducta, y si de otro extremo, no puede obligar la ley al  cumplimiento de imposibles.   

         Para   el   caso  basta  saber  que  ninguna  de  las  autoridades  encargadas  del  controlar  el  cumplimiento  de  la  medida asegura­tiva,  valga decir, la Procuraduría  General  de  la  Nación,  ni  el  INPEC,  ha reportado el incumplimiento de las  obligaciones  que  comprometieron  al  procesado  bajo la garantía de caución,  como   tampoco   informan   de   la  realización  por  su  parte  de  conductas  reprochables.   

         En  condiciones  tales,  se ha de reconocer el cumplimiento de las  exigencias   legales   para   el   otorgamiento   de   la  excarcela­ción pedida, no sin insistir en que  a  juicio de la Sala y para el caso de la detención domiciliaria son aplicables  los  requisitos  del artículo 72A y no del 72 del Código Penal, en los eventos  por  el primero contemplados, pues así en el epígrafe de la ley 415 de 1997 se  advierta  que uno de sus fines es la descongestión carcelaria, que no se afecta  por  el  volumen  de  las  personas  puestas  bajo  el  régimen  de  detención  domicilia­ria, la norma  que  se  expidió  a  la  postre  tiene  también  por  fin  la introducción de  mecanismos  de  alternatividad  penal que constituyen una reglamenta­ción  de  tipo general que modifica  el    Código    Penal,    en    la    que   se   contemplan   excep­ciones  distintas  de  las  que  se  arraigan  en  su  texto,  y  a  las  cuales  no  se podrían válida­mente  agregar  otras  por parte del  intérprete.   

         Como    caución    que   garantice   el   cumplimiento   de   las  obliga­ciones   que  corresponden  al acusado hasta el agotamiento cabal de la condena, se dejará la  señalada  en  el  auto  del  Tribunal que concedió la detención domiciliaria,  valga      decir      la     equiva­lente   a  veinte  (20)  salarios  mínimos  mensuales,  solo  que  actualizado  su  monto  al valor del salario mínimo legal que hoy rige. Para el  efecto,  se  tendrá  en  cuenta  como  abono la fianza prestada al suscribir la  diligencia de compromiso, acreditando la actualidad de su vigencia.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala  de Casación Penal,   

        R E S U E L V E:   

         Conceder   al   acusado   FERNANDO   GOMEZ   JIMENEZ  la  libertad  provisional,  por remisión a los requisitos de la libertad condicional, para lo  cual  se  impone  la  caución  prevista  en la parte considerativa, con la cual  garantizará  el  cumplimiento de las obligaciones previstas en el artículo 419  del Código de Procedimiento Penal.   

         Siéntese la pertinente diligencia de compromiso.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

        JORGE ENRIQUE CORDOVA POVEDA   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        RICARDO     CALVETE     RANGEL                                           

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                           JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                          DIDIMO PAEZ VELANDIA   

Salvamento de voto  

NILSON  PINILLA  PINILLA                             JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNE­DA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

*******************************  

11343 Salvamento de voto  

SALVAMENTO DE VOTO  

No  comparto  la  tesis que permite abonar  como  parte  cumplida  de  la  pena  el  término que se ha estado en detención  domiciliaria  bajo la modalidad de restricción domiciliaria, y no de privación  efectiva  de  la  libertad  y  como dicho planteamiento lo expuse entre otros en  salvamento  parcial  de  voto  a  la  decisión  (Segunda  inst.10.908 del 21 de  feb/96,  M.  P.  Dr. Juan Manuel Torres Fresneda), me permito transcribir lo que  en ese entonces manifesté:   

“Me  sigue  pareciendo  un  contrasentido,  lo  digo  con  todo  comedimiento,  que  se  dé  tratamiento  de  privado  de la libertad a quien no lo ha estado; si el concepto  de  régimen  de  la detención domiciliaria no fué claramente diseñado por el  legislador  y  si como consecuencia de ello quedó a la deriva del buen criterio  del  administrador  de justicia, juez o fiscal, el ámbito a que se contrae esta  medida  de  aseguramiento,  es  su  régimen  realmente  impuesto  el  que  debe  determinar  sus  consecuencias  jurídicas.  Cuando  se  impone  con  alcance de  restricción  de  la  libertad  o  restricción domiciliaria (como sucede con la  caución,   con  la conminación, con la misma suspensión de la detención  preventiva)   no  tiene  por  qué  generar  derecho  a  la  excarcelación  por  vencimiento  de  término,  ni  al  abono de su tiempo como parte cumplida de la  pena.  Si  se impone como verdadera privación de la libertad, con atenuantes en  su  régimen, debe reconocerse como abono a la pena. Lo demás es pura ficción.  Es  declarar  que  alguien  ha estado detenido, cuando no lo ha estado; o que ha  cumplido   una   pena   privativa   de   la   libertad,   cuando   ello   no  ha  ocurrido.   

En ello me remito al salvamento de voto que  con  el  Magistrado  Jorge E. Valencia hice a la decisión de agosto 16 de 1995,  reiterado  en  septiembre  20  del  mismo  año.   Y me lo confirman, entre  otros,  el  texto  y  alcance de los artículos 45, 54, y 57 del Código Penal y  7o. y  71 de la ley 65 de 1993 cuyo tenor es el siguiente:   

ART. 45.- Prisión y arresto. Las penas de  prisión  y  arresto  consisten  en  LA  PRIVACION  DE LA LIBERTAD PERSONAL y se  cumplirán en los lugares y la forma previstos por la ley.   

Estas  penas podrán cumplirse en colonias  agrícolas  o  similares  teniendo  en  cuenta la personalidd del condenado y la  naturaleza del hecho.   

ART.   54.  Cómputo  de  la  detención  preventiva.  El  tiempo  de detención preventiva se tendrá como parte cumplida  de la pena PRIVATIVA DE LA LIBERTAD.   

ART.  57.  Restricción  Domiciliaria.  La  restricción  Domicialiaria  consiste en la obligación impuesta al condenado de  permanecer  en  determinado  municipio  o  en  la  prohibición  de  residir  en  determinado lugar.   

ART. 7o. (Código Penitenciario) Motivos de  la  privación de libertad. La privación de la libertad obedece al cumplimiento  de pena, A  DETENCION PREVENTIVA o captura legal.   

ART. 71 (Código Penitenciario) Requisitos  previos  a  la  excarcelación.  Cuando un interno sea excarcelado se procederá  así:   

……………..  

2.  Se  le  certificará el término de su  privación   efectiva   de   la    libertad   y   de   la   causa   de   la  misma”.   

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR   

Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,   feb  5/98   

   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *