SP1872-2017(34982)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ  FRANCISCO  ACUÑA  VIZCAYA   

Magistrado Ponente  

SP1872-2017   

Radicación     No.     34982   

(Aprobado acta No.  037)   

Bogotá, D. C., quince (15) de febrero de dos  mil diecisiete (2017).   

Habiéndose    declarado    formalmente  reconstruido          el          expediente1, resuelve la Corte el recurso  de  casación  interpuesto  por el  defensor de los procesados SANDER        MAURICIO        AMARILES        MALDONADO,    LUIS   EDUARDO   RAMÍREZ   GODOY  y    DANILO   HERNANDO  RODRÍGUEZ  OSORIO  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida  el cinco de abril de dos mil diez por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Medellín, por el delito de tentativa de homicidio en  persona protegida.   

1.- ANTECEDENTES  

1.1.- La cuestión  fáctica fue declarada por el Tribunal de la manera siguiente:   

Los hechos génesis  del  presente  proceso tuvieron su acontecer fáctico  el  día  19  de  febrero  de 2005, siendo aproximadamente las 21:00 horas en el  barrio  La  Mesa  del  Municipio  de Bello,  Antioquia,  cuando  se  dio deceso al señor Juan Camilo Puerta Marín y se infligieron  graves  lesiones  que  pusieron en evidente riesgo la vida e integridad personal  del  ciudadano  Daniel Jairo Londoño Ramírez, quienes se hallaban presentes en  el  sector  en  diferentes  escenarios,  en  momentos  en que un contingente del  Ejército   Nacional  se  aprestaba  a  realizar una misión previamente asignada, entre cuyos miembros se  cuentan  los  aquí  procesados,  soldados  profesionales  Luis Eduardo Ramírez  Godoy,   Sander   Mauricio   Amariles   Maldonado  y  Danilo  Rodríguez  Osorio  acompañados    de    los    militares    Jhon    Jairo   Suárez   –Cabo        Segundo-,  Samuel  Centeno  Díaz  –Cabo        Segundo-,  y  Jesús  María  Pinedo Castaño y  Edison  Castañeda  Villada  quienes  también  ostentaban el status de soldados  profesionales del Ejército Nacional.   

Según lo predica la prueba testimonial, las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar en que se presentaron los hechos, se  concretan  así: Ese día 19 de febrero de 2005, entre 9:30 y 10 de la noche, el  grupo  de uniformados del Ejército Nacional en cumplimiento de la orden para la  realización  de  un operativo militar en cubierto que les fue impartida por sus  superiores,  se  encontraban  realizando un patrullaje en el parque principal de  Bello,  Antioquia.  Algunos de sus miembros escucharon unos disparos en la parte  alta  de  la  población, razón por la cual se dirigieron hacia allí arribando  al   barrio   La  Mesa,  concretamente  frente  a  la  nomenclatura: Cra.  54  No. 57-43, donde se percataron de  la   presencia   del   joven   Daniel  Jairo  Londoño  Rodríguez  –quien  se  desplazaba hacia la tienda  del  barrio-, en contra de quien deflagraron sus armas  de   fuego   -pistola  9  mm-  de dotación oficial, pese a que éste alzó sus  manos  y  camisa en señal de que no estaba armado mientras que algunos miembros  de  la  comunidad  increpaban  a  los  militares  que  cesaran el ataque.   

Una  vez  yaciente  en  el piso Daniel Jairo  Londoño  Rodríguez  con  múltiples disparos en su cuerpo, uno de los miembros  del  batallón  lo  requería intensamente para que entregara su arma, y pese al  clamor  de  la  ciudadanía  para  que  el  lesionado  fuera trasladado en forma  inmediata  al  centro  asistencial  más  cercano  en procura de salvar su vida,  algunos  de  los  uniformados  impidieron  su  traslado hasta que airosamente la  familiar  de éste de nombre Gloria Patricia Londoño Hincapié les increpó por  su  actitud  omisiva,  permitiéndose  en  consecuencia  la remisión urgente en  procura de atención médica.   

Entre   tanto,  algunos  metros  después,  concretamente  a la altura de la calle 56 No. 54-56 donde se hallaba ubicada una  gallera,  varias  de  las  personas  que  estaban allí, escucharon que desde la  parte  baja,  esto  es,  donde  ocurrió  el  lesionamiento  de Daniel Jairo, se  aproximaban  varias  personas  deflagrando sus armas de fuego, percatándose del  arribo  de  seis  sujetos  vestidos  de  civil, tres de ellos con corte militar,  quienes      provistos      de     armas     de     fuego      -pistolas  9  mm-,       con       violencia      –“patadas        y          golpes”-,  empezaron  a  requisar a los hombres  allí   presentes,   entre   los   cuales   se  encontraban  Jorge  Serna            –propietario  de  la  gallera-  y Juan  Camilo  Puerta Marín, quien  residía  en  el  barrio  Belén  de esta ciudad, y apenas acababa de arribar al  sitio  descendieron del vehículo de un amigo suyo que los invitó aquella noche  a presenciar la riña de gallos.   

Los  testigos observaron cuando un individuo  de  corte militar le impartió la orden al joven Juan Camilo Puerta Marín, para  que   se   arrojara   al   piso,   lo   que  en  efecto  hizo  de  inmediato  el  joven.    Allí  se hallaba totalmente indefenso  y  reducido,  cuando  arribó  un  sujeto  “de raza  negra”   y   “nariz  ancha”  y  de  manera  inclemente  le  hizo varios  disparos que en el acto segaron su vida.   

Uno de los delincuentes dio la voz de alerta  de  que  estaba  haciendo arribo al lugar de los hechos la Policía Nacional, en  virtud  de  lo  cual  emprendieron  todos  la  huida.  En  forma  inmediata hizo  presencia     a    la    escena    uno    de    los    gendarmes    -citado   por   los   testigos   como  Olaya–  a  cuyo  cargo  estuvo el operativo policivo siguiente.             Una  vez  allí,  éste  comentó  que  había  retenido  a  unos sujetos pero los dejó en libertad porque pertenecían  al  Ejército,  coincidiendo  con lo afirmado por varios testigos que observaron  la  escena  en  la  cual la Policía retuvo tres sujetos con arma de fuego, pero  como   éstos   se   identificaron   como   personal  del  Ejército  no  fueron  retenidos.   

Los  uniformados  aquí procesados, hacían  parte  de la patrulla de  la  agrupación  de  fuerzas  especiales  urbanas  No. 5 denominada Destacamento  Zeus,  comandada  por  el Cabo Primero Jhon Jairo Suárez, que tenía a su cargo  realizar  una  misión consistente en “capturar y/o  en   caso   de   resistencia   armada  someter  por  la  fuerza  y combatir hasta doblegar la voluntad de  lucha      a      integrantes     de     las     organizaciones     narcoterroristas   de   las   FARC,   ELN,   AUI   y  delincuencia  común”   que  según  informes  de  inteligencia  venían atemorizando a la población.   

Por considerar que los militares en comento  desbordaron    el    marco   legal   en  su actuación, la Fiscalía General de la Nación aprehendió en  forma  definitiva  la  investigación penal de rigor, y concretó su pretensión  en    contra   de   los   militares   Luis   Eduardo   Ramírez   Godoy,    Sander   Mauricio   Amariles  Maldonado  y  Danilo  Rodríguez  Osorio,  emitiendo  resolución  de acusación por los delitos de homicidio en persona protegida del  que  se  hizo víctima a Juan Camilo Puerta Marín, y tentativa de homicidio del  que fue objeto Daniel Jairo Londoño Ramírez.   

1.2.-   Con  fundamento  en los informes recibidos, tanto el Juzgado 23 de Instrucción Penal  Militar      con      sede     en     Medellín2,  como la Fiscalía 77 de la  Unidad   de   Fiscales  Delegados  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Bello3,         adelantaron   sendas   investigaciones        previas,  y el 7 de septiembre de 2006 el Juzgado 23 de Instrucción Penal  Militar   decretó  la  apertura  de  instrucción4,     vinculó   mediante   indagatoria  a     los  soldados  profesionales del Ejército Nacional SANDER MAURICIO  AMARILES                  MALDONADO5,  DANILO HERNANDO RODRÍGUEZ  OSORIO6     y     LUIS     EDUARDO     RAMÍREZ     GODOY    y,  posteriormente,  el  31  de  julio  de  2007 se abstuvo de seguir conociendo del  asunto   disponiendo  la  remisión   del   expediente   por   competencia  a  la  Fiscalía  Seccional        de       Bello,  Antioquia7, autoridad  que  a  su  vez  remitió  lo actuado a la Fiscalía  Comisionada  de  la  Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  que  avocó el conocimiento del asunto8,   dispuso   unificar   las  actuaciones9   y  les  definió  la  situación  jurídica  a  los  indagados,  imponiéndoles    medida    de    aseguramiento    consistente   en   detención  preventiva10.         

Agotada  la  fase  correspondiente  a  la  instrucción  y previa clausura de ésta11, el veinte  de      mayo      de      dos      mil     ocho12        la  Fiscalía 37 Especializada con sede  en  Medellín  calificó  el  mérito probatorio del  sumario  con  resolución  de acusación en contra de  LUIS  EDUARDO  RAMÍREZ  GODOY,  SANDER  MAURICIO  AMARILES MALDONADO y DANILO HERNANDO RODRÍGUEZ OSORIO  como    presuntos   coautores   responsables   del  concurso   de   delitos  de  homicidio  en  persona  protegida  y  tentativa  de  homicidio  en  persona  protegida,  ambas conductas  agravadas   conforme  al  artículo  58.5  del   Código  Penal,  mediante  determinación  que  cobró  ejecutoria  en  esa  instancia  al  no  haber  sido  recurrida13.   

1.3.- La etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado    Tercero    Penal    del   Circuito   de  Bello14,   en  donde  se llevaron    a    cabo    las         audiencias       preparatoria15    y  pública16,   y  el  5   de   octubre  de  2009  se  puso  fin  a la  instancia  condenando  a  cada    uno   de   los   procesados   SANDER  MAURICIO AMARILES MALDONADO, LUIS EDUARDO RAMÍREZ GODOY y  DANILO   HERNANDO   RODRÍGUEZ  OSORIO  a  purgar la pena de doscientos treinta  (230)  meses  de prisión, multa en cuantía de un mil (1.000) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  noventa  (90)  meses, como  consecuencia      de      declararlos  coautores  penalmente          responsables   del   delito   de   tentativa   de   homicidio   en   persona  protegida  de  que  tratan los artículos 27 y 135  de la Ley 599 de 2000, al  tiempo  que  los  absolvió  del  de  homicidio en persona protegida, también a  ellos  imputado  en  la  resolución  de acusación17.   

1.4.-   Recurrida   esta   decisión  por  los    defensores18,        el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín         por     medio     del     fallo    proferido    el    6  de abril  de   2010,  resolvió         impartirle  íntegra  confirmación,  y  compulsar  copias  de  lo  actuado  «a fin de que se  investigue  por  cuerda  separada  la  participación que en la realización del  hecho  aquí  juzgado  y  en  el  de Homicidio cometido en contra de Juan Camilo  Puerta  Marín,  pudieron  tener  los demás integrantes del contingente militar  que  actuó  en  el operativo al que se ha hecho alusión en este proceso, y del  que   hacían    parte  los  aquí  juzgados»,  al  conocer  en  segunda  instancia     de    la    impugnación              interpuesta19.   

1.5.-  Contra la sentencia de segunda  instancia,    el   defensor   de   los   procesados  SANDER  MAURICIO  AMARILES  MALDONADO,  LUIS EDUARDO  RAMÍREZ  GODOY  y  DANILO HERNANDO RODRÍGUEZ OSORIO  interpuso  recurso  extraordinario de casación, el cual fue concedido por el  ad     quem     y    oportunamente    presentó  la          correspondiente         demanda20,  siendo  admitida  por la  Corte21   disponiéndose   el   correspondiente  traslado  al  Procurador  Delegado    para    la   emisión   del   correspondiente   concepto.   

2.- LA DEMANDA  

Una    vez    identificados  los sujetos procesales y sintetizados  los  hechos,  la  actuación  procesal,  y  la  decisión objeto del recurso, el  demandante    formula   dos   cargos   -uno    principal    y    otro      subsidiario-     contra     el    fallo    del  Tribunal,  en los que lo  acusa  de  haber  sido  proferido  juicio viciado de  nulidad  y  en  incurrir  en violación directa       de      la      ley  sustancial     por  aplicación  indebida  del  artículo  58.5 del C.P.,  respetivamente.   

2.1.- Cargo primero. Principal.  

Con apoyo en la causal tercera de casación,  el  recurrente  acusa  el  fallo  del Tribunal de haber sido proferido en juicio  viciado  de  nulidad por violación del debido proceso, como consecuencia de una  indebida  vinculación  de  los sindicados, toda vez que no se dio aplicación a  lo dispuesto por el artículo 332 de la Ley 600 de 2000.   

Sostiene  que  la  Corte  debe  decretar  la  nulidad  de  la actuación desde la resolución de apertura de instrucción, por  haberse  transgredido  las  formas  propias  del  juicio,   puesto  que  se  definió  la  situación  jurídica  de  los  señores  SANDER MAURICIO AMARILES  MALDONADO,  LUIS  EDUARDO  RAMÍREZ  GODOY  y  DANILO HERNANDO RODRÍGUEZ OSORIO  «sin   que   previamente  los  mismos  hayan  sido  vinculados   formalmente  mediante  diligencia  de  injurada,  pues  al  haberse  ordenado  y  verificado  ésta  por  un funcionario que carecía de competencia,  jurisdicción  y  legitimidad  para  ello,  siendo  el acto mismo de indagatoria  inexistente  desde  el punto de vista jurídico, se dio al traste con las formas  propias  del juicio que son garantía dentro de nuestro sistema procesal por ser  núcleo esencial del debido proceso».   

Con la pretensión de desarrollar su aserto,  señala  que en el caso de sus asistidos la transgresión al debido proceso tuvo  lugar  por  cuanto  el  fallo  fue  proferido  sin que los juzgadores llegaran a  percatarse  «que tanto la resolución de apertura de  la  instrucción  y el acto mismo de vinculación formal al proceso, es decir la  indagatoria,  se  llevaron a cabo por un funcionario que carecía de legitimidad  para  ello,  dado  que  fue  un Juez de la Jurisdicción Penal Militar quien los  llevó  a  cabo,  sin que el funcionario que conoció de la actuación cuando el  proceso  fue  remitido  a  la  jurisdicción  ordinaria,  subsanare  tal defecto  mediante   un   nuevo  llamamiento  a  diligencia  de  indagatoria  y  efectuara  ésta».   

Después  de  algunas  otras consideraciones  formuladas  en  el mismo sentido, y de mencionar lo dispuesto por los artículos  6,  9, 10, 11, 16, 26, 113, 120, 329, 331 y 332 de la Ley 600 de 2000 y 29, 228,  y  229  de  la  Carta  Política  –  cuya  transgresión  denuncia  por falta de  aplicación-,  así  como  las  previsiones  del  artículo  333  del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000  -que en su criterio fue indebidamente aplicado-,  considera  que  el yerro cometido resulta trascendente pues sus asistidos fueron  condenados  y  privados  de  la  libertad por un funcionario que no observó los  procedimientos establecidos por el legislador.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  declarar  la nulidad de lo actuado en este proceso, a partir inclusive de  la  providencia  de  siete de septiembre de dos mil seis, por cuyo medio el Juez  de   Instrucción   Penal  Militar  profirió  resolución  de  apertura  de  la  instrucción  y,  en  consecuencia,  decretar la libertad inmediata de todos los  procesados.   

                 

2.2.- Cargo segundo. Subsidiario.  

Bajo el amparo de  la causal primera de  casación,  el libelista cuestiona la decisión de segundo grado por incurrir en  violación  directa de la ley sustancial, por indebida aplicación del artículo  58.5  de  la  Ley  599 de 2000, en cuanto sus asistidos fueron condenados por el  delito  de  homicidio  en  persona  protegida  en  grado  de  tentativa,  y  con  transgresión  del  principio  non  bis  in  ídem,   les  fue aplicada una  circunstancia  de  mayor  punibilidad  que  no  resultaba  pertinente  al  caso,  relacionada  con  la  situación  de  superioridad  sobre  la  víctima, que fue  valorada  doblemente  y  de  manera desfavorable, de una parte como elemento del  tipo  penal del sujeto pasivo calificado, y de otra como factor de incremento de  la punibilidad.   

Considera  que la equivocación del juzgador  «se presenta porque las circunstancias específicas  que  convierten el homicidio en persona protegida las valoró doblemente, ya que  dicho  delito lleva inmerso en sí la circunstancia de indefensión, o lo que es  lo  mismo  de  superioridad frente a la víctima, pues de no ser así, sería un  homicidio simple con algún agravante».   

Estima  que no se puede dar el mismo alcance  del  homicidio agravado al homicidio en persona protegida que constituye un tipo  penal  diferente  y  autónomo,  con una riqueza descriptiva mucho más amplia y  con   unos   alcances  diferentes,  dirigidos  a  regular   situaciones  no  previstas en otras normas.   

Es  decir,  en  su  criterio  los juzgadores  violaron  el  principio  fundamental  del  non  bis in ídem, que prohíbe a las  autoridades  juzgar  dos  veces  o aplicar doble sanción por unos mismos hechos  cuando  existe  identidad  de  sujetos,  objeto  y causa que han sido materia de  pronunciamiento definitivo e irrevocable.   

Señala  que al haber aplicado indebidamente  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad, para dosificar la pena el juzgador se  ubicó  en  el  primer cuarto medio de movilidad, cuando ha debido hacerlo en el  cuarto  mínimo, y ello redundó en la imposición de una pena superior a la que  legalmente les corresponde a los procesados.   

Estima que el homicidio en persona protegida  conforme  a los Convenios Internacionales sobre Derechos Humanos ratificados por  Colombia,  alude  a  aquellas  que  resultan  particularmente  vulnerables a los  efectos   nocivos   de   la   guerra,   siendo  esta  situación  particular  de  vulnerabilidad  la  que  hace  que  la persona se encuentre en una circunstancia  especial de inferioridad frente a su agresor.   

Por  esto,  cuando  el legislador colombiano  consagró  en  el  Código  Penal  los  delitos  contra  las  personas  y bienes  protegidos  por  el  derecho  internacional  humanitario, partió de la base que  cualquier  ataque  contra  ellos  en  desarrollo de un conflicto armado, dado el  grado   de   vulnerabilidad   o  de  indefensión,  debían  gozar  de  especial  protección, y por ello les atribuyó una pena mayor.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  y  en  su  lugar proferir el fallo de  reemplazo  en  que  se excluya la circunstancia de mayor punibilidad prevista en  el artículo 58.5 del Código Penal.       

    

3.- CONCEPTO DEL  MINISTERIO PÚBLICO   

El  Procurador  Segundo                 Delegado  para     la     Casación    Penal    considera  que  los  cargos  que  la  demanda  contiene  no  están  llamados  a  prosperar,  motivo  por  el  cual  solicita  a  la Sala no casar la  sentencia impugnada.   

Así,   con   relación   al  primer  cargo postulado en la demanda, el  Delegado  manifiesta  que  si  bien  el  ordenamiento  jurídico vigente para la  época  en  que  se  surtió  el trámite señalado por el demandante dispone la  declaratoria  de  nulidad  cuando  concurran  las circunstancias necesarias para  ello,  de  igual  manera  es  clara  la  ley en señalar que en tales eventos se  declarará  la  nulidad  de  lo  actuado  desde que se presentó la causal, y se  ordenará  que se reponga la actuación que dependa del acto declarado nulo para  que  se  subsane  el  defecto, lo cual implica que por economía procesal y para  evitar  dilaciones injustificadas, aquellas diligencias que no dependan del acto  nulo, conservarán su validez.   

Indica  que  como  en  esta  oportunidad  la  indagatoria  fue  practicada  por  el funcionario que en su momento se entendía  era  el  competente  para  adelantar  la  actuación  penal,  y llevó a cabo la  diligencia  con  el  lleno  de  los  requisitos legales imperantes en la época,  ninguna  irregularidad  constitutiva  de nulidad pudo haberse presentado, razón  por  la  cual solicita a la Corte no casar la sentencia impugnada con fundamento  en el primero de los cargos planteados.   

En    cuanto    hace   al   segundo   reparo  que  el  casacionista  formula,  el  Procurador  Delegado  considera  que  el  argumento del demandante  resulta  infundado,  en  cuanto  parte del equívoco de sostener que únicamente  los  miembros  de  las  fuerzas militares o de policía pueden ser sujeto activo  del  delito  de  homicidio  en  persona  protegida  y  por  consiguiente  que la  condición  de  superioridad  que  su  especial  condición  les otorga sobre la  población,  forma  parte  del  tipo  penal  de  que  trata el artículo 135 del  Código Penal.   

En opinión de la Procuraduría Delegada, el  demandante  no  tuvo  en cuenta que si bien a la luz del precepto en mención no  cualquier  persona  puede  cometer este delito, dicha limitante no se concreta a  las  fuerzas  regulares  del Estado, sino que incluye expresamente a los actores  armados  de  un  grupo que haga parte del conflicto armado colombiano, es decir,  alude  igualmente  a miembros de grupos armados ilegales cuya organización hace  parte  del conflicto armado, que ejecutan esa conducta punible con ocasión o en  desarrollo del mismo.   

Así  las  cosas, opina que la condición de  superioridad  sobre  la víctima que detentan los militares, en cuanto haya sido  debidamente  atribuida  en  la  acusación,  perfectamente  puede concurrir como  circunstancia     de     mayor     punibilidad,     como    sucede    en    este  caso.        

Con  fundamento  en lo expuesto,  la Procuraduría Segunda              Delegada    solicita   a   la   Corte  no   casar   el  fallo  recurrido22.   

SE CONSIDERA:  

1.-   Aclaración  previa           

Conforme el criterio de prioridad atendiendo  la  cobertura  de  los  vicios  noticiados, al cual se aviene el demandante y es  acogido  por la Delegada en su concepto, la Sala examinará primero el cargo que  cuestiona  la  eficacia  del  trámite  llevado a cabo por cuenta del Juzgado de  Instrucción  Penal  Militar,   pues de encontrar éste prosperidad ningún  sentido  tendría  adentrarse  a estudiar el reparo fundado en la causal primera  por  violación  directa de la Ley, toda vez el mismo presupone que la sentencia  haya  sido proferida en juicio exento de mácula alguna, y sólo en el evento en  que  aquél  no  logre  prosperidad,  procede  entonces abordar el estudio de la  censura  que  apunta  a  cuestionar  la aplicación de la circunstancia de mayor  punibilidad de que trata el artículo 58.5 del C.P.   

2.- Primer cargo.  Principal.  Nulidad  por  violación del debido proceso.   

Como  se recuerda en el resumen que se hizo  de  la  demanda,  el  casacionista  sostiene,  en lo  fundamental,  que  la  sentencia  fue  proferida  en  juicio   viciado   de  nulidad,  toda  vez  que  pese a que el trámite del  proceso  era  de  competencia  de  la  jurisdicción  ordinaria,  el  Juzgado de  Instrucción   Penal   Militar   abrió   investigación   y  vinculó  mediante  indagatoria   a  sus  representados,  con  lo  cual  transgredió  la  garantía  fundamental del debido proceso.   

A   este   respecto  cabe  señalar,  que  ciertamente,   como   se   menciona  en  el  libelo  sustentatorio  de  la  impugnación  y  ha  sido  indicado  de  antiguo  por  la  Sala,     CSJ    AP    5   Dic.   2002,   Rad.  18683,  el artículo 29 de la Carta Política, en lo  atinente  a  la  garantía  fundamental  del  debido  proceso, señala que nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme a ley preexistente, ante el juez o tribunal  competente  y con la observancia de la «plenitud   de   las  formas  propias  de  cada  juicio».  La  Constitución  igualmente  se  refiere  a  otros  principios  que complementan esta garantía, tales como el de  favorabilidad,   la   presunción  de  inocencia,  el  derecho  de  defensa,  la  asistencia  profesional  de  un  abogado, la publicidad del juicio, la celeridad  del  proceso  sin dilaciones injustificadas, la aducción de pruebas en su favor  y  la  posibilidad  de  controversia  de  las  que  se  alleguen  en  contra del  procesado,  el  derecho  de  impugnación de la sentencia de condena, y a no ser  juzgado  dos veces por el mismo hecho así se le dé una denominación jurídica  distinta.      

         

De igual modo ha  señalado  que  el  concepto de debido proceso se integra por el de «las   formas   propias   de   cada  juicio», esto es por el  conjunto  de  reglas  y  preceptos  que  le  otorgan  autonomía a cada clase de  proceso  y  permiten diferenciarlo de los demás establecidos en la ley. Es así  como  por vía de ejemplo, de acuerdo con la Ley 600 de 2000 en materia penal la  estructura   está   dada   por   dos   ciclos   claramente  definidos,  uno  de  investigación  -a  cargo de la Fiscalía General de  la  Nación salvo los casos de fuero constitucional-,  y  otro  de  juzgamiento  -por  cuenta de los jueces  según   las  normas  que  reglan  su  competencia-.   

Dentro de la etapa de instrucción, asimismo  se  observa  la  necesidad  de surtir aquellos pasos de ineludible cumplimiento,  tales  como  los  actos  de  apertura  de  investigación,  de  vinculación del  procesado,  definición  de  su  situación jurídica  cuando  ello  sea  estrictamente necesario, de cierre  de  investigación  y  de  calificación; dentro del  juicio,  el  rito  legal  establece  dos etapas, una probatoria y otra de debate  oral                                     y                                    de  sentencia.             

No  obstante  que la transgresión de dicha  garantía  podría  dar  lugar a tener que declarar la ineficacia de lo actuado,  cabe  indicar  asimismo,  que  en  relación  con  la  solicitud  de  nulidad  derivada  de  la violación del debido proceso, la Corte  tiene  precisado  que  una  tal  pretensión  debe necesariamente apoyarse en la  identificación  concreta  del  acto  irregular,  señalando  si  el  vicio  que  concurre  es de estructura o de garantía; la concreción sobre la forma como el  acto  tildado  de  irregular  afectó la integridad de la actuación o conculcó  garantías   procesales;   la   demostración   del   agravio  y  la  definitiva  trascendencia  de  éste, por afectar negativamente los intereses del procesado,  y  el  señalamiento del momento a partir del cual debe reponerse la actuación.   

Esto por cuanto, en relación con la causal  tercera     o     de     nulidad,    la    Corte23        tiene  precisado  que  los  motivos  de  ineficacia  de  los  actos  procesales  no  son de postulación libre, sino que, por el contrario, se hallan  sometidos  al  cumplimiento  de  precisos  principios  que  los hacen operantes.   

En  este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que de acuerdo con dichos principios, solamente es posible alegar las  nulidades     expresamente     previstas     en     la     ley     (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien  alegue  la  nulidad está en la obligación de acreditar  que  la  irregularidad  sustancial afecta las garantías constitucionales de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  no se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  prevista  por  la  ley,  pero  lo  importante no es que el acto procesal se ajuste estrictamente a  las  formalidades  preestablecidas  en  la  ley  para su producción, sino que a  pesar  de no cumplirlas puntualmente, en últimas se haya alcanzado la finalidad  para         la         cual         está         destinado        (instrumentalidad)     y;  además,  que  no  existe otro remedio procesal, distinto de la  nulidad,    para    subsanar    el   yerro   que   se   advierte   (residualidad).   

De  manera que en sede de casación no basta  solamente  con  invocar  la existencia de un motivo de ineficacia de lo actuado,  sino  que  además  compete  al demandante precisar el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo más importante, demostrar la  trascendencia    del    yerro    para    afectar    la    validez    del   fallo  cuestionado.   

En  el  presente  evento,  el  reparo  del  demandante  se contrae a censurar que sus representados hubieren sido vinculados  mediante  indagatoria  a  la  actuación  por  un  funcionario  que  carecía de  competencia  para  conocer del asunto, pero pese a los esfuerzos que realiza, no  logra  acreditar  que  por  el  hecho  de  que  dicha actuación no hubiese sido  llevada  a  cabo  por  un  funcionario de la Fiscalía, se le hubiese conculcado  alguna garantía en detrimento de los intereses que representa.   

Pierde  de vista que al igual que el Fiscal  Delegado,   el   Juez   de   Instrucción   Penal   Militar   que   recibió    las    injuradas    de   los   sindicados,  también es funcionario judicial investido de jurisdicción, con  facultad   constitucional   y   legal  para  adelantar  investigaciones  por  la  realización   de   conductas   delictivas,   y  también    para    restringir    derechos   fundamentales   como   el   de   la  libertad.   

Pero tal vez lo más importante para que el  reparo  no logre prosperidad, es que las actas de las indagatorias dan cuenta de  haberse  practicado  con  absoluto  respeto  por  el  derecho  de  defensa tanto  técnica  como  material, y con cabal cumplimiento de los requisitos que para su  realización  prevé  el  ordenamiento procesal penal que regía el asunto,  idénticos    en   todo   caso   a   los   establecidos   en   la   Ley  600  de  2000,  sobre  lo cual el  demandante no formula cuestionamiento alguno.   

Y   aún  si  lo  expuesto  no  resultare  suficientemente  ilustrativo  de  la  sinrazón de la protesta, cabe denotar que  cuando  la  Corte  ha  tenido que declarar la nulidad de lo actuado por falta de  competencia   de   la   justicia  penal  militar  para  conocer  de  un  proceso  que  debió  ser  tramitado  por  la  jurisdicción  ordinaria  siguiendo  los lineamientos de la Ley 600 de 2000 como sería este el  caso  CSJ SP 2 Sep. 2008,  Rad.  30276, ha  sido  expresa  en  señalar  que la  ineficacia  solamente  cobija  la  providencia  por  cuyo  medio  se  dispuso la  clausura  de  investigación,  dejando  a  salvo  la  totalidad  de  las pruebas  practicadas  las  cuales conservan validez, incluidas  por  supuesto  las  diligencias  de indagatoria, pues  sólo  debe  anularse lo estrictamente necesario para  restablecer          las         garantías   conculcadas,   ya   que  además,   para   cumplir   labores   propias   de  investigación,  tanto  jueces  como  fiscales  cuentan  con  competencia  y  al  interior  de  cada  una  de  dichas  actuaciones  las  partes  pueden  ejercer a  cabalidad la plenitud de sus derechos.   

Esto   en   razón   a   que    como   ha   sido   expresado   por   la   Corte   CSJ   SP,  18  ag.  2010,  Rad.  29934,  tanto  el  Código  Penal  Militar  de  1999 como el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  que  trata la Ley 600 de 2000  y  por  el  cual  se  rige  el presente asunto, tienen en común  el  hecho de corresponder  a   una  mezcla  de  sistemas  procesales  que  se  ha  convenido  en  denominar  «modelo  mixto»,    que   se  identifican  y resultan inescindiblemente vinculados  en  las  fases  de investigación y juzgamiento, en tanto las normas rectoras de  las  dos codificaciones, sus disposiciones comunes, los temas de jurisdicción y  competencia,   el   trámite   de  los  incidentes  procesales,  los  capítulos  destinados  a  la actuación procesal, los términos, las formas de vinculación  al  proceso,  las maneras de definir la situación jurídica, los recursos y las  pruebas  en  los  aspectos  atinentes  a  la  necesidad,  controversia, reserva,  pertinencia,  apreciación,  así  como  lo  relativo a la inspección judicial,  pericial,   los  documentos,  el  testimonio,  confesión  e  indicios,  guardan  íntegra correspondencia e identidad jurídica.   

En el pronunciamiento que viene de evocarse,  ha  advertido  la Corte,  igualmente que esta misma  situación  no  se  presenta cuando, atendiendo la fecha de los acontecimientos,  el  trámite  que debió guiar la investigación y el juzgamiento es el previsto  en  la Ley 906 de 2004, y pese a ello se siguió bajo los  lineamientos del  Código  Penal  Militar de 1999, evento en el cual la  nulidad se ofrece inexorable.   

Lo   anterior   tiene   fundamento   en  que  por tratarse de sistemas procesales excluyentes  e  incompatibles, en tanto involucran una variación  en  el  modelo  de administrar justicia en todos sus niveles y roles funcionales  asignados  a  sus  autoridades,  incluso  en  lo  relativo a la forma aducción,  incorporación,  práctica,  controversia  y valoración probatoria,  la ineficacia de lo actuado alcanza a cobijar las decisiones por  cuyo  medio  se dispuso adelantar investigación previa o el formal inicio de la  investigación penal.   

La  Corte  debe  reiterar  su  postura, expuesta en el sentido que aquellos medios de convicción  que   en   el    marco   de   la  Ley   600   de   2000   fueron  incorporados al    proceso    cuya    ineficacia    se   decreta   bajo           la          forma          de          testimonios,  documentos,  inspecciones  y  dictámenes periciales,  si  bien  es  cierto  en  el modelo  acusatorio  no continúan revistiendo el carácter de prueba, también lo es que  sí  conservan la calidad de elementos materiales probatorios, evidencia física  o  información  legalmente obtenida, según sea el caso, con base en los cuales  la  Fiscalía  tendría  facultad  para  ejercer  sus  funciones,  tales como la  solicitud  de  captura,  formulación  de  imputación, y solicitud de medida de  aseguramiento,  entre  otras  actuaciones,  y la defensa, por su parte, también  contaría  con  la  posibilidad de tomarlos en consideración en orden a ejercer  su  derecho de refutación, controversia y aporte para enfrentar el ejercicio de  la  acción penal, siempre que en uno y otro caso se respeten los principios que  en    el   nuevo   modelo   de   enjuiciamiento   penal   rigen   la   actividad  probatoria.   

Así entonces, en  el  contexto  que  la  Sala  viene  de  relievar, la  irritualidad     puesta    de    presente    en    la    demanda    resulta  inane,  intrascendente y, por tanto, la nulidad reclamada  no  tiene  ninguna  cabida en este caso, en tanto las  indagatorias  practicadas  por  el Juez de Instrucción Penal Militar permanecen  incólumes  en  un  proceso regido por los  lineamientos  de  la  Ley  600  de  2000,  para  ser  apreciadas  no sólo como actos de  vinculación  sino  como  medios  de  convicción  y de defensa por parte de los  nuevos  funcionarios  judiciales  que  al advertir su  competencia  para  conocer  del  proceso,  asumieron  tanto  la  investigación  como el juzgamiento en el presente asunto, máxime si  ningún  reparo se formula en la demanda al      evidente      respeto      por      las   garantías   de  los  procesados  que   rodearon   el   desarrollo   de  las  mismas.   

Por  lo  anterior,  en total acuerdo con el  criterio  expuesto  por  el  Delegado  del  Ministerio Público, el cargo, en consecuencia, no prospera.   

3.-  Segundo cargo. Subsidiario. Violación  directa de la Ley. Aplicación indebida del Art. 58.5 del C.P.   

Según   fue   indicado,   el   casacionista   sostiene   que  el  Tribunal  violó  de  manera  directa    la    ley  sustancial,  a  consecuencia de aplicar indebidamente  la  circunstancia de mayor punibilidad prevista en el artículo 58.5 del Código  Penal,     con     lo     cual    violó    la    prohibición    constitucional  de  non  bis  in  ídem y  aplicó  a  los  procesados  una  pena  privativa  de  la  libertad  mayor  a la  que legalmente les corresponde.   

Al  respecto  la  Corte  debe comenzar por  resaltar  que  el principio constitucional de la cosa  juzgada,  de que trata el Artículo 29 de la Carta Política, y desarrollado por  el  artículo  19  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, establece que la  persona   cuya  situación  jurídica  haya  sido  definida  mediante  sentencia  judicial  ejecutoriada  o  por providencia que tenga la misma fuerza vinculante,  no  podrá  ser  sometida  a  una nueva actuación por la misma conducta, así a  ésta se le dé una denominación jurídica distinta.   

Para el reconocimiento de este principio de  la  res  iudicata,  también  conocido como non bis in ídem, se requiere que se  adelanten  dos  o  más actuaciones en las cuales exista identidad de la persona  sometida   a   juicio,   identidad   de   objeto  del  proceso  e  identidad  de  causa.   

En relación con el principio de non bis in  ídem,             la             Corte24  asimismo  ha  precisado lo  siguiente:   

Consagrado  en el inciso 4º del artículo  29     de     la     Constitución     Política25, así como en el numeral 4  del  artículo  8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos26,   el  numeral  7  del  artículo  14  del  Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y  Políticos27,  el  artículo  20  del  Estatuto  de  Roma  de  la  Corte Penal  Internacional28,  el artículo 8 de la ley  599  de  200029   y   el   artículo   19  de  la  ley  600  de  200030,   el  principio  de  non  bis in ídem es una garantía jurídico penal que impide que  una  persona  sea  sometida  a  una doble valoración, agravación, imputación,  investigación  o  juzgamiento  por un mismo hecho y que, a su vez, comprende el  principio    de    res    iudicata    (o  cosa  juzgada),  que,  de  acuerdo  con lo que ha sostenido la  Sala,   

“[…]  hace  referencia  a  que  las  sentencias  judiciales  ejecutoriadas  o cualquier otra  decisión  de  esta  misma fuerza vinculante, en cuanto ostentan al carácter de  definitivas  e  inmutables,  son material y jurídicamente intocables y resultan  de  obligatorio  acatamiento para el juez, los sujetos procesales y, en general,  para     todo    el    conglomerado    social”31.   

Igualmente,  el principio non bis in ídem  contempla   tres   presupuestos:   (i)  identidad  de sujeto, (ii) identidad    de    objeto   y   (iii)  identidad  de  causa  o  de  fundamento.  Según  la  Corte:   

La identidad en  la  persona significa que el sujeto incriminado debe  ser la misma persona física en dos procesos de la misma índole.   

La identidad del  objeto  está  construida  por la del hecho respecto  del   cual   se   solicita   la   aplicación  del  correctivo  penal.  Se  exige entonces la correspondencia en la especie fáctica  de la conducta en dos procesos de igual naturaleza.   

[…]  sobre  la  identidad  de  causa,  débese  señalar  lo  siguiente:  Para  la  Corte,  en  el ámbito punitivo ese  elemento,  también  denominado  identidad  de  fundamento, está necesariamente  vinculado  con  el  concepto  de  bien  jurídico  tutelado,  de  manera  que no  resultará  jurídicamente  viable  la  doble incriminación por un mismo hecho,  cuando  las conductas punibles reprochadas lesionan o ponen en peligro idéntico  interés  jurídico  32.   

De esta suerte, lo importante para que opere  el   reconocimiento   de   la   garantía  constitucional,  es  que  no  resulta  jurídicamente  atendible  que  por  una  misma  conducta se realice más de una  investigación,  imputación, investigación o juzgamiento,  así se le dé  una denominación jurídica diversa.   

En   el  asunto  materia  de  examen,  el  recurrente  afirmó  que  el  principio  en  comento  fue vulnerado porque  sus  representados  fueron  acusados  y  condenados en las  instancias,  aplicándoles  una  circunstancia  de  mayor  punibilidad que ya se  encontraba    incluida    como    elemento    integrante    del    tipo    penal  realizado.   

3.1.-  En torno a la calificación jurídica  de  la conducta, en el escrito de acusación se indicó por el funcionario de la  Fiscalía:   

Con relación a la causal contemplada en el  artículo  58 numeral 5 resulta evidente que los agresores se valieron, no sólo  de  su  actuar  en  masa,  tanto en el suceso del occiso como también en el del  herido,  sino,  que en ambos eventos, aprovecharon las circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar que dificultaban la defensa de las víctimas, pues al hoy occiso,  conforme  a  los  relatos,  se le hace tender boca abajo en una zanja y luego de  ello  otro  de  los miembros del grupo agresor lo remata impactándolo en varias  oportunidades.  Situación no menos aberrante respecto al herido a quien primero  le  llegan por la espalda y sin mediar palabra alguna y mientras éste se alzaba  la  camisa  y  levantaba  sus  brazos –para  indicarles  que  no  portaba  arma  alguna- se le impacta en  reiteradas  oportunidades  aun encontrándose en el suelo, como bien lo precisan  varios                  declarantes33.   

3.2.- En la sentencia condenatoria de primera  instancia, el juez de conocimiento indicó   

Así  también  considera este Despacho al  igual  que  el  representante  del  Ente  Acusador  que en el caso a estudio, se  estructura  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  contenida  en  el art. 58  numeral  5  ídem,  pues  es  evidente  que  la  conducta  atentatoria contra la  integridad  personal  de  DANIEL JAIRO LONDOÑO RODRÍGUEZ se ejecutó con abuso  de  la condición de superioridad sobre la víctima, pues téngase en cuenta que  fue   sorprendido   por   la   espalda  por  siete  (7)  soldados  profesionales  –incluyendo allí a los  dos  suboficiales-  entrenados  en  combate, dotados con armas de largo alcance,  los  que en forma desmedida, agresiva y violenta, la emprendieron a tiros contra  él,  que  no  portaba  ninguna  clase  de arma, siendo su única respuesta a la  agresión,  mostrarle  a sus victimarios que nada llevaba debajo de su camisa ni  en  las  manos,  y  sin  embargo  continuó siendo acribillado hasta que fingió  estar   muerto,   y  así  sus  victimarios  cesaron  en  el  ataque                   34.   

El  Tribunal,  por su parte, en la sentencia  condenatoria de segunda instancia, consideró que:   

En lo que atañe al cuestionamiento que hace  la  defensa respecto a la no aplicabilidad en este caso de las circunstancias de  mayor  punibilidad  contenidas  en  el  artículo  58  numeral  5  del C. Penal,  deducida  en  contra  de  los  procesados,  cabe  precisar  que  si bien dada la  amplitud  jurídica  y  el  criterio  de  especificidad que connota el delito de  Homicidio     cometido     en    persona     protegida     –que  en este caso se dio en la modalidad de tentativa- hace que no  se  apliquen  las  circunstancias  específicas  de agravación contenidas en el  artículo     104     del     Código     Penal35,  también lo es que ya en  el  campo  de la tasación de la pena la situación se evidencia diferente, pues  precisamente   el   legislador   precavió   eventos   como   el  que  aquí  se  presenta,   y  por  ello  en  el  inciso  primero del artículo 58 ejusdem,  determinó  que  las  circunstancias  de  mayor punibilidad deben ser tenidas en  cuenta  al  fijar  la  sanción,  siempre  que  no  hayan sido previstas de otra  forma.   

Y  si se trata de ilustrar hipotéticamente  la   situación   fáctica  que  marca  la  diferencia  entre  la  aplicabilidad  de  una  circunstancia de agravación punitiva y una  circunstancia  de  mayor  punibilidad   frente  al  delito  de homicidio en  persona  protegida,  cabe  el  ejemplo  de que  no es lo mismo que un civil  resulte  afectado en su vida o integridad personal accidentalmente en desarrollo  de   un   conflicto,   a  que  esa  afectación  se  dé en forma intencional y con aprovechamiento de las  circunstancias  de  indefensión  e inferioridad en que efectivamente se hallaba  el  aquí  afectado  frente a los procesados que estaban dotados de sendas armas  de  fuego  y  quienes   pese  a  la incesante súplica de la ciudadanía no  cejaron  en  su empeño de continuar disparando. En ambas hipótesis la víctima  resulta  ser una persona protegida  y por ello el tipo penal se ubica en el  artículo  135.1 del Código Penal, pero las circunstancias fácticas que rodean  la  afectación  de  sus  derechos resultan ser bien diferentes, siendo entonces  procedente   que   ya   al  momento  de  tasar  la  pena  el  Juez  aplique  las  circunstancias  de  mayor  punibilidad  contempladas  en  el  artículo 58, cuya  excepción  sólo  opera  si  ya esas circunstancias fueron tenidas en cuenta de  otra  manera,  y  en  este caso ello no ha ocurrido36.   

   

3.2.- Ubicado dentro del Título II del Libro  Primero  del  Código  Penal,  dedicado  a  los Delitos contra personas y bienes  protegidos  por  el  Derecho  Internacional  Humanitario,  el  artículo 135 del  Código   Penal   define  el  delito  de  Homicidio  en  persona  protegida,  de  conformidad  con  el  cual, incurre en dicha conducta todo aquél  que, con  ocasión  y  en  desarrollo  de  conflicto  armado,  dé  muerte  a  una persona  protegida  conforme  a  los  convenios internacionales sobre Derecho Humanitario  ratificados  con  Colombia,  agregando  que se entiende por personas protegidas,  entre otros, los integrantes de la población civil.   

El Protocolo II adicional a los Convenios de  Ginebra,  en  lo  que respecta a la protección a la población civil, establece  que   

1.-  La  población  civil  y las personas  civiles  gozarán  de  protección general  contra los peligros procedentes  de  operaciones  militares. Para hacer efectiva esta protección, se observarán  en todas las circunstancias las normas siguientes:   

2.-   No  serán  objeto  de  ataque  la  población  civil como tal, ni las personas civiles. Quedan prohibidos los actos  o   amenazas  de  violencia  cuya  finalidad  principal  sea  aterrorizar  a  la  población civil.   

3.-  Las  personas  civiles gozarán de la  protección  que  confiere este Título, salvo si participan directamente en las  hostilidades y mientras dure tal participación.   

En  este caso no existe discusión alguna en  el  sentido  que  los  hechos ocurrieron en el Municipio de Bello, Antioquia, en  momentos  en  que  hizo  presencia  una patrulla militar que, en cumplimiento de  órdenes  impartidas  por  sus  superiores,  realizaba  operaciones  encubiertas  contra grupos armados ilegales que operan en la región.   

Tampoco,   que   Daniel   Jairo   Londoño  Rodríguez,  víctima  en  el  asunto  que  concita  la  atención  de  la Sala,  ostentaba  la  condición  de  integrante  de  la  población civil, pues no era  miembro  de  las  Fuerzas  Armadas  o de los grupos irregulares enfrentados y no  tomaba   parte  activa  en  las  hostilidades  derivadas  del  conflicto  armado  interno,   lo  que  lo  ubicaba  en  una  situación de relativa desventaja  frente a los autores del comportamiento.   

No  obstante, no puede desconocerse la forma  en  que  se intentó ocasionarle la muerte, pues no siendo discutidos los hechos  declarados  probados  en  el  fallo,  se  tiene  claro que Daniel Jairo Londoño  Rodríguez  no  portaba  arma  alguna,  que  pese  a  haber  alzado  sus manos y  levantado  su  camisa  para  mostrarle a los militares que lo requirieron que no  representaba  ningún  peligro  para  ellos,  en  su contra le propinaron varios  disparos  con  arma  de fuego y después los autores de la conducta pretendieron  impedir  que fuera trasladado a un centro asistencial para recibir ayuda médica  que salvara su vida.   

Estas  circunstancias  en  que el hecho tuvo  realización,  a  más  de  corresponder  a la definición típica del delito de  tentativa  de  homicidio  en  persona protegida, se enmarcan en el contenido del  artículo  58.5  del Código Penal, en cuanto resulta evidente que el número de  autores  armados,  entrenados especialmente para el combate, denotaba manifiesto  abuso  de  las  condiciones de superioridad numérica y de armamento frente a la  víctima  civil  desarmada,  quien  además les había puesto de presente que no  representaba  ningún  peligro para el desenlace de la operación en curso y que  no  obstante  ello  recibió  varios  impactos  de  arma de fuego propinados con  intención  de  segar  su  vida,  poniendo en evidencia la mayor reprochabilidad  social y jurídica que este tipo de conductas amerita.    

Asimismo  cabe  denotar,  que  acorde con la  definición  de  la conducta que el tipo penal recoge, se tiene que el homicidio  en  persona  protegida  no  solamente  puede  ser  cometido  por miembros de las  fuerzas  armadas  regulares  del  Estado que ostentan posición de privilegio en  número  y  armamento  frente a la población civil, sino también por cualquier  persona  ajena a las filas castrenses, incluso por quien no está involucrado en  el  conflicto  armado  pero  guarda  simpatía con alguno de los contrincantes y  animadversión  hacia  el  otro,  o  actúa  en  cumplimiento de mandato, orden,  consejo,  coacción,  pago  o  promesa  remuneratoria,  siempre y cuando la  muerte  se  ocasione  o  se  intente  llevar  a  cabo  respecto de alguna de las  personas  indicadas en el parágrafo de la mencionada disposición, sin que para  efectos  de la tipicidad de la conducta importen las circunstancias específicas  en que el homicidio o su tentativa  tengan lugar.   

De  esta suerte, como aparece nítido que el  tipo  penal aplicado al caso no incluye la circunstancia de mayor punibilidad de  que  trata  el  artículo  58.5,  pues  el  homicidio  en  persona  protegida no  necesariamente  se  debe  ejecutar  mediante  ocultamiento,  o  con  abuso de la  condición  de superioridad sobre la víctima, o aprovechando las circunstancias  de   tiempo,  modo  o  lugar  que  dificulten  la  defensa  del  ofendido  o  la  identificación  del  autor  o  partícipe,  a  la Corte le resulta evidente que  cuando  la  conducta  se  lleva  a  cabo  al  amparo  de  una o varias de dichas  previsiones,  es  claro  que  la  configuración  de  la  circunstancia de mayor  punibilidad  se  hace manifiesta, pudiendo ser no sólo imputada, sino tomada en  consideración  al  momento  de  la individualización judicial de la pena, como  con  acierto  se  procedió  en  este  caso por la Fiscalía y los juzgadores de  instancia,   según   también   se   pone   de   presente   por  el  Procurador  Delegado.         

    

El    cargo,    en    consecuencia,   no  prospera.   

A  la  Corte  no le queda sino advertir   que   esta   providencia   causa   ejecutoria   con  su  suscripción  y contra ella no procede recurso alguno, toda vez que no sustituye  ni  reemplaza  el  fallo  de  segunda  instancia,  en cuanto que la decisión de  condena  se  mantiene,  conforme a la literalidad  del  artículo 187, inciso 2º de la Ley 600 de 2000,  pese   a   que   los   efectos   jurídicos   se   surtan   a   partir   de   su  comunicación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,  oído  el  concepto  del  Procurador  Segundo  Delegado  para la  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO  CASAR  el  fallo impugnado.   

Contra  esta decisión no proceden recursos.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Según fue dispuesto por la Sala en auto de 29 de enero de 2014.   

2 Fls.  17 y ss. cno. copias No. 1   

3 Fls.  180 y ss. cno. copias No. 1   

4 Fls.  63 y ss. cno. copias No. 2   

5 Fls.  77 y ss. Cno. Copias No. 2   

6   Fls. 84 y ss. Cno. Copias No. 2   

7 Fls.  103 y ss. cno. copias No. 2   

8   Fls. 144 y ss. cno. copias No. 3   

9   Fls. 148 y ss. cno. copias No. 3   

10 Fls.  190 y ss. cno. copias No. 3   

11  Fls. 70 y ss. cno. copias No. 4   

12  Fls. 128 y ss. cno. copias No. 4   

13  Fls. 231 cno. copias No. 4   

14  Fls. 238 cno. Copias No. 4   

15  Fls. 253 cno. Copias No. 4   

16  Fls. 300 y ss. cno. Copias No. 5   

17  Fls. 1 y ss. cno. Copias No. 6.   

18  Fls. 91, 101 y 131 ss. Cno. Copias No. 6.   

19  Fls. 182 ss. Cno. Copias No. 6.   

20 Fls  92 y ss. Cno. Corte.   

21  Fl.7 cno. Corte.   

22  Fls. 167 y ss. cno. Corte.   

23  Cfr. entre otras,  SP.  4 Sep. 2012. Rad. 38126.   

24  Cfr. CSJ SP 21 de Oct. 2009. Rad. 23565.   

25  Artículo  29-. […] / Quien sea sindicado tiene derecho […] a no ser juzgado  dos veces por el mismo hecho.   

26  Artículo   8-.   Garantías  judiciales  / […] 4-. El inculpado absuelto por una sentencia no podrá ser  sometido a nuevo juicio por los mismos hechos.   

27  Artículo  14-. […] / 7-. Nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un delito  por  el  cual  haya  sido  ya  condenado  o  absuelto por una sentencia firme de  acuerdo con la ley y el procedimiento penal de cada país.   

28  Artículo    20-.    Cosa   juzgada.   /  1. Salvo  que  en  el  presente Estatuto se disponga otra cosa,  nadie  será  procesado  por  la  Corte  en razón de conductas constitutivas de  crímenes  por  los  cuales ya hubiere sido condenado o absuelto por la Corte. /  2. Nadie  será  procesado  por otro tribunal en razón de uno de los crímenes  mencionados  en  el  artículo  5 por el cual la Corte ya le hubiere condenado o  absuelto.  / 3. La Corte no procesará a nadie que haya sido procesado por otro  tribunal  en razón de hechos también prohibidos en virtud de los artículos 6,  7  u  8  a  menos  que  el  proceso  en  el  otro  tribunal: / a) Obedeciera al  propósito  de  sustraer al acusado de su responsabilidad penal por crímenes de  la  competencia  de  la  Corte;  o  /  b) No  hubiere  sido  instruido en forma  independiente  o  imparcial de conformidad con las debidas garantías procesales  […]   

29  Artículo     8-.     Prohibición    de    doble  incriminación.  A nadie se le podrá imputar más de  una  vez  la  misma  conducta punible, cualquiera sea la denominación jurídica  que  se  le  dé  o  le  haya  dado,  salvo  lo  establecido en los instrumentos  internacionales.   

30  Artículo     19-.     Cosa    juzgada.  La  persona  cuya  situación  jurídica  haya sido definida por  sentencia  ejecutoriada  o  providencia  que tenga la misma fuerza vinculante no  será  sometida  a una nueva actuación por la misma conducta, aunque a ésta se  le dé una denominación jurídica distinta.   

31 CSJ SP 17 Sep. 2003, radicación 18793.   

32 CSJ  SP  6 Sep. 2007, radicación 26591.   

33  Fls. 221 cno. Copias No. 4   

34  Fls. 221 cno. Copias No. 4   

35  CSJ. AP 22 Jul. 2009. Rad. No. 32041.   

36  Fls. 202 y ss.  cno. Copias No. 6     

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