41677(14-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 263  

Bogotá  D.C., agosto catorce (14) de dos mil  trece (2013)   

VISTOS  

La  Sala  acomete  la  constatación  de las  exigencias  de crítica lógica y adecuada sustentación en el libelo casacional  presentado   por  el  defensor  del  procesado  OSCAR  ALBERTO  RUGELES  BENAVIDES,  contra  la  sentencia de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de San Gil el 10 de abril  de  2013,  confirmatoria de la dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Vélez  el  10 de diciembre de 2012, por cuyo medio fue condenado como autor  penalmente responsable del delito de acceso carnal violento.   

HECHOS  

En  la  madrugada  del 15 de agosto de 2010,  XXX1,  adolescente  de  16 años de  edad,  acudió  a  la  residencia  de  OSCAR  ALBERTO  RUGELES  ubicada  en el municipio de Barbosa, a fin de  que  la  llevara  en  motocicleta  a  su  casa  ubicada  a  siete  cuadras, pues  representaba  un  peligro  transitar a esa hora por la plaza de mercado, la zona  de tolerancia y algunos potreros.   

No  obstante,  cuando la menor ingresó a la  casa  del  acusado,  este  procedió  a  halarla y conducirla a una habitación,  donde  luego  de besarla y quitarle la ropa la accedió carnalmente. Después la  víctima  salió  del  inmueble  y  corrió  a  casa  de  su  amiga Yesenia   Gaitán,  a  quien  llorando  y  gritando relató lo acontecido.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 9 de julio de 2011  ante  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal con función de control de garantías  de   Barbosa   la   Fiscalía   imputó   a   RUGELES  BENAVIDES  (quien se encontraba privado de la libertad  en  razón de otro proceso) la comisión del delito de acceso carnal violento, a  la cual no se allanó.   

En  la  misma  diligencia, a instancia de la  Fiscalía  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de detención preventiva  intramural.   

          Una  vez  presentado  el  escrito  de acusación, ulteriormente tuvo  lugar  la  correspondiente  audiencia,  en  la cual la Fiscalía insistió en la  imputación del referido delito, sin que el procesado se allanara.   

Surtido  el  debate oral, el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Vélez profirió fallo el 10 de diciembre de 2012, por  cuyo     medio    condenó    a    OSCAR    ALBERTO  RUGELES  a  la  pena  principal de trece (13) años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  delito objeto de acusación.   

          En  la misma providencia le fue negada la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Contra   el   proveído  del  ad  quem el defensor del acusado interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  y  allegó  el  respectivo libelo, cuya  admisibilidad se estudia en este auto.   

LA DEMANDA  

          El    recurrente    formula    un    cargo    por    “ERROR  DE  HECHO POR FALSO RACIOCINIO POR IRRESPETO A LAS REGLAS DE  LA  LÓGICA  ESPECIALMENTE  LA  REFERIDA  A  LA DE RAZÓN SUFICIENTE AL REALIZAR  INFERENCIA  LÓGICA  DE  CARÁCTER  PROBATORIO  LE  IMPRIME MAYOR IMPORTANCIA AL  TESTIMONIO   DE  LA  ADOLESCENTE  QUE  A  OTRAS  PRUEBAS  QUE  CONLLEVAN  LA  NO  RESPONSABILIDAD PENAL DEL PROCESADO”.   

          Luego  de  invocar  la causal tercera de casación establecida en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  trae  a  colación en sus palabras,  in  extenso,  apartes de la  sentencia de segundo grado.   

Más adelante manifiesta que “acorde  con el principio lógico de razón suficiente, un delito de  acceso  carnal  como  el  que  se  ventila aquí, hubiera dejado marcas físicas  perceptibles  o  palpables  por  los  sentidos  de  cualquier persona de mediana  inteligencia  y  máxime si ha sido valorada por una profesional médico a pocas  horas  de  la supuesta violencia sexual. Y en concordancia con los demás medios  probatorios  no  se  demostró,  ningún  medio los relaciona, sino solamente se  aprecia  los  dichos  de  los  testigos desvalorando la realidad material de los  hechos”.   

          Afirma  que  todos los interrogantes en punto de la materialidad del  punible  y  de  las huellas que pudo haber dejado en la víctima son resueltas a  favor  de  ésta,  “pero  no desde la óptica de la  lógica,   y   más  exactamente  desde  el  enfoque  del  principio  de  razón  suficiente,  porque  esta  ciencia  nos  indica que una violencia como la que se  predicó  en  este  proceso  hubiera  dejado  lesiones visibles, considerables y  perceptibles   por  cualquier  persona,  no  obstante,  aquí  se  le  dio  más  importancia  al  testimonio  de  la  menor  que al testimonio del médico que la  misma Fiscalía aportó”.   

          Considera  que  el Tribunal se limitó a emitir opiniones subjetivas  que   culminaron  con  la  declaración  de  responsabilidad  de  su  procurado,  “a  pesar  de  otras  pruebas  que  demuestran  su  inocencia”.   

          Finalmente    señala    que    si   el   Tribunal   “hubiera  aplicado  correctamente  el  principio  lógico  de razón  suficiente  al  valorar  las  pruebas  científicas  (médica  y  psicológica),  además  del  testimonio  del  sentenciado, hubiera concluido que el dicho de la  menor  y  de  los  testigos  de  referencia contradicen la evidencia referida al  acceso  carnal  violento  en el mundo fenomenológico. La sentencia hubiera sido  absolutoria”.   

          Con  base  en  lo  expuesto, el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia   de   condena,  para  en  su  lugar  proferir  fallo  absolutorio  de  reemplazo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  puntualizado  la Corte que si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         En  el  examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los libelos  casacionales,  es  deber de la Sala constatar en la formulación y desarrollo de  las   censuras  el  acatamiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional  a  las  ordinarias.  Tales  requisitos se orientan a conseguir el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Como  el casacionista en su reproche alude a  la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de errores de hecho por  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué dice concretamente el  medio  probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma  de  derecho sustancial indirectamente excluida o indebidamente aplicada y  luego,  demostrar  la trascendencia del error expresando con claridad cuál debe  ser  la adecuada apreciación de aquella prueba, con la indeclinable obligación  de  acreditar  que  la  enmienda del yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso  y favorable a los intereses de su representado, proceder no asumido por  el censor.   

          En  efecto,  no  basta  decir  que se violó el principio lógico de  razón   suficiente,  para  con  base  en  tal  postulación  plasmar  simple  y  llanamente  la personal valoración de las pruebas por parte del censor, pues es  menester  explicar  en  detalle a la Corporación, por qué en verdad se produjo  un  yerro  trascendente en la apreciación judicial probatoria con quebranto del  citado principio lógico.   

Tampoco  se aviene con la seriedad propia de  este  recurso  extraordinario,  reprochar,  sin  más,  que los falladores hayan  otorgado  mayor credibilidad a la víctima que al acusado, pues se reitera, esta  impugnación  fue  concebida para denunciar graves yerros de los funcionarios en  la  aplicación  de  la  ley,  la  apreciación de las pruebas o la guarda de la  legitimidad  del trámite, sin que puede ser receptáculo del escueto parecer de  quienes demandan en casación.   

          Pese  a  que  el  defensor echa de menos la ponderación judicial de  “otras     pruebas     que     demuestran     la  inocencia”  de  su  representado,  no  se  detiene a  señalar  con  precisión  cuáles  son  esos medios de convicción, cuál es su  aporte  demostrativo,  cómo  se  produjo  su  marginación  por  parte  de  los  falladores,  y  de  qué  manera  su  cabal  valoración  conduce a conclusiones  diversas  de  las  reprochadas  por  él,  de  manera  que  se desentiende de su  obligación  de  desvirtuar  todos  los  pilares sobre los cuales se edificó el  proveído censurado.   

          Impera   señalar   que   tampoco  en  recurrente  es  claro  en  su  planteamiento  al  afirmar  que  “los  testigos  de  referencia  contradicen  la  evidencia  referida al acceso carnal violento en el  mundo  fenomenológico”,  pues  no identifica a qué  declarantes  alude, no puntualiza por qué los considera pruebas de referencia y  tanto    menos    indica    su    valía    en    punto    de   la   pretensión  absolutoria.   

Las  citadas  imprecisiones  del recurrente  contrarían  la exigencia reglada en el artículo 184  de  la  Ley  906  de 2004,  según  el cual, la demanda debe expresar “de manera  precisa   y  concisa  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos” (subrayas  fuera de texto).   

De acuerdo a lo anterior, se constata que en  evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se  encuentra  revestido  el fallo, el casacionista únicamente orientó su esfuerzo  a  exponer  en  forma  imprecisa y desorganizada que no estaba de acuerdo con el  sentido  de  la  sentencia,  pero sin detenerse a observar las reglas propias de  este  medio  de  impugnación,  proceder  inaceptable en este recurso de índole  extraordinaria,   no  instituido  para  alargar,  sin  más,  el  curso  de  las  instancias,  sino  para denunciar errores de los falladores en la aplicación de  la  ley,  la  apreciación  de  las  pruebas  o  la  legitimidad  y  validez del  diligenciamiento.   

Los  referidos  equívocos    en   el   discurrir   del  censor imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,  su presentación con base en análisis probatorios fragmentarios e  imprecisos,  y  sin  atenerse  a  las  reglas  lógicas  y argumentativas que la  gobiernan,  obliga  a  la  Sala  a inadmitirla de acuerdo con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal, violación de derechos o garantías del acusado, como para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la demanda y decidir de fondo,  según   lo   dispone   el   inciso   3º   del   artículo  184  de  la  citada  legislación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de    casación    presentada         por         el defensor de  OSCAR    ALBERTO    RUGELES   BENAVIDES,   por  las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 No se  registra  el  nombre  de  la  adolescente  en  aplicación  del  numeral 8º del  artículo   47   del  Código  de  la  Infancia  y  la  Adolescencia.     

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