40036(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ       

          Aprobado Acta N° 382.   

Bogotá D.C., octubre diecisiete (17) de dos  mil doce (2012).    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  del  libelo  de  casación presentado por el defensor de DAVID  ANDERSON FIGUEROA ROMÁN contra el  fallo  de segundo grado proferido por el Tribunal Superior de Barranquilla el 14  de  mayo  del  año en curso, confirmatorio del dictado el 5 de mayo de 2011 por  el  Juzgado  Sexto  Penal del Circuito Adjunto del mismo lugar, mediante el cual  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable del delito de homicidio en la  persona  de  Ómar Enrique Jiménez Orozco.    

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia  la  una  de la mañana del día 3 de  junio  de  2002,  al  frente  de  la  carrera  2  con  calle  35 de la ciudad de  Barranquilla,  se  presentó  una colisión entre el vehículo, tipo campero, de  placas    EUS   -633,   en   cuyo   interior   se   transportaban   Leopoldo  Montes  Ávila, como conductor,  y   Ómar Enrique Jiménez Orozco, Wilson Manuel  Torres  Barros  y  Hernando  Jesús  Roca,  como  acompañantes,  y la motocicleta  Cross   Honda   de   placas  EUS-633,  en  la  cual  se  movilizaban  DAVID  ANDERSON  FIGUEROA ROMÁN, quien  la  conducía,  y  su  consanguíneo  Marcelino César  Figueroa   Guzmán,  como  parrillero.  A  raíz  del  impacto  resultó  levemente  lesionado el último en mención, produciéndose a  continuación un altercado verbal entre los mencionados.   

No  obstante lo anterior, los ocupantes del  primer  automotor  referido  se  marcharon  del lugar, pero, al avanzar un breve  tramo,  Ómar  Enrique  Jiménez  Orozco,  quien ocupaba una de la sillas de atrás, recibió un disparo de  arma de fuego que le produjo su deceso.    

Por  los  hechos  anteriores  se dispuso la  apertura  de  investigación  formal  del  proceso, en cuyo marco fue vinculado,  mediante   declaratoria  de  persona  ausente,  DAVID  ANDERSON  FIGUEROA ROMÁN, a quien se sindica de haber  deflagrado  el  artefacto  con  el  cual  se  ocasionó la muerte a Jiménez   Orozco,   definiéndose   su  situación  jurídica  el  22  de  junio de 2004, con medida de aseguramiento de  detención preventiva por el delito de homicidio.    

Clausurada la fase sumarial, se calificó su  mérito  el  27 de octubre posterior con resolución de acusación en contra del  procesado por el mismo comportamiento delictivo.   

La   etapa   del   juicio   inicialmente  correspondió  al  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla y luego al  Juzgado   Sexto   Penal   del   Circuito  Adjunto  del  mismo  lugar1,  el  cual  dictó  sentencia  de  primer grado el 5 de mayo de 2011 por cuyo medio condenó  al   acusado  a  la  pena  principal  de  trece  (13)  años  de  prisión,  así  como  a  la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   término,   como   autor   penalmente   responsable   del   injusto   de  homicidio.   

En la misma decisión, le negó el subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el  sustitutivo  de la prisión  domiciliaria,  al  tiempo  que  lo condenó al pago de perjuicios morales en las  sumas estipuladas.   

         Contra  la  anterior  sentencia, la defensa del procesado promovió  recurso  de  apelación,  siendo  resuelto  por el Tribunal Superior de la misma  ciudad  el  14  de mayo de 2011 impartiéndole confirmación, providencia contra  la  cual  se  interpuso y sustentó, mediante demanda, recurso extraordinario de  casación    por    el    defensor    de   FIGUEROA  ROMÁN,   de   cuya   admisibilidad   se   ocupa  la  Sala.     

LA DEMANDA  

Comienza   por   señalar  el  actor  que  “los  cargos  que  se  desarrollan  en  la presente  demanda,  consiste  (sic) en  que  la  sentencia  de segunda instancia fue proferida en un juicio que proviene  de   error   de   hecho   o  de  derecho  en  la  apreciación  de  determinadas  pruebas”,  en  virtud  de  lo cual invoca la causal  primera  de  casación  consagrada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 por  desconocimiento  de  los artículos 29, 228 y 230 de la Constitución Política,  2,   6,   8,   9,   23,   24   y   232   de   la   Ley   600   y   6  y  13  del  C.P.       

Acto  seguido,  advierte  que  no  fueron  apreciadas   pruebas  testimoniales  favorables  a  su  prohijado,  “como   lo   es   el   testimonio   de  Nancy  Adriana  Osorio”  y que en el decurso de la actuación fueron recibidas  las  declaraciones  de  Wilson  Manuel Torres Barros,  Leopoldo  Montes Dávila, Marcelino Figuera Román”,  de  vital  importancia  si  se  considera  que  “los  testimonios  que contradicen a los de la Fiscalía fueron recepcionados tres (3)  años   después,   es   decir,   el  día  2  de  mayo  de  2005”.   

Luego  destaca  cómo  tuvo  que  impetrar  derecho  de  petición  para  que  el  juzgado  accediera  a la práctica de los  testimonios  de  Robinson Puello Nieto, Emir Márquez  Figueroa    y   Leonardo  Davinson  Almanza “y para de este modo poder dar aplicabilidad al principio de  contradicción”.   

Así  mismo, resalta que el Tribunal llamó  la  atención  al juez de conocimiento sobre el mérito otorgado al “testigo   estrella  de  la  Fiscalía,  señor  Leopoldo  Montes  Dávila”,   a  cambio  del  cual  edificó  prueba  indiciaria  en  contra  de  su  defendido.  Así,  recuerda,  dicha  colegiatura  estructuró  los  indicios  de oportunidad y huida, explicando, respecto de este  último  que  “como  hubo  disparos  y había mucha  gente  del  bazar bailable, la gente corría y mi defendido al ver que del carro  materia  de  este  litis,  como  es  el conducido por el señor Leopoldo Montes,  pensó  mi  defendido  que  eran  ellos  los  que  disparaban  y también huyó,  teniendo  también como fundamento que no sabían quien disparaba”.   

Situación que, añade, incidió para que su  representado  no  se  presentara  a  la  Fiscalía y debido a la gran confusión  surgida  en  torno  a  quien fue la persona que disparó el arma, máxime cuando  ningún  motivo  tenía para hacerlo, por lo que “se  supone  que  hay  una  persona  suelta  que  fue  la que disparó”.   

Y si bien, prosigue, se trata de una persona  que  por  su  condición  de  ex  agente de la policía tenía relación con las  armas,   ese   solo  hecho,  estima,  no  es  determinante  para  establecer  su  responsabilidad  en la conducta, de modo que “no hay  prueba  en  este  plenario  que  él  haya  disparado arma alguna”.  Tampoco  resulta significativo, añade, el hallazgo de elementos  propios  para  la limpieza de armas en su domicilio, pues su progenitor también  es ex agente de la policía y pueden pertenecerle.   

Así  las  cosas,  sostiene,  “estos  indicios  no  son  la prueba contundente y certera que se  requieren  para condenar al señor DAVID ANDERSON FIGUEROA ROMÁN”.   

Por  lo  anterior,  encuentra  que el fallo  impugnado  “fue  pronunciado en un juicio con error  de  hecho o de derecho en la apreciación de determinadas pruebas”;  además,  “se  dejaron de practicar  muchas  pruebas,  como son una inspección ocular en el lugar de los hechos, con  el  fin  de  interrogar  a  los  vecinos  y  los  que se encontraban en el bazar  bailable    y    verificar    si    era   cierto   o   no   que   había   bazar  bailable”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  casar  el  fallo y dictar el que en derecho corresponda de carácter absolutorio  a favor de su defendido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El  único reproche contenido en la demanda  objeto  de  examen  desconoce  las exigencias de lógica y debida argumentación  que    regulan    este    extraordinario    recurso,    lo    cual   impone   su  inadmisión.   

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, la demanda de casación deberá contener  “La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante estime infringidas”.    

Pues  bien,  en  el  caso  de la especie es  indiscutible  que  la  propuesta del defensor de DAVID  ANDERSON  FIGUEROA  ROMÁN  no se presenta de acuerdo  con  los presupuestos que vienen de verse y que, por tanto, se ha de proceder de  conformidad   con   la  consecuencia  procesal  prevista  en  el  artículo  213  ibídem.   

Al respecto, empiécese por señalar que la  censura   no  sólo  evidencia defectos de redacción sino que, además, es  absolutamente  confusa, en tanto mezcla planteamientos conceptualmente diversos,  circunstancia  esta última que dificulta su cabal comprensión, en tanto impone  su postulación independiente.   

         No  haber  procedido  de tal forma erige desconocimiento abierto de  principios  regentes de la actividad casacional en procura de conseguir escritos  que   satisfagan   las   exigencias   argumentativas   propias   de  este  medio  extraordinario   de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales, coherencia, no exclusión y no contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

De  manera  pues  que  cuando  el  censor  entremezcla   propuestas   antagónicas,  como  son  la  violación  de  la  ley  sustancial,  porque  en su criterio se incurrió en yerros al momento de valorar  las  pruebas  (violación  indirecta),  en  cuyo caso se acepta la validez de la  actuación  procesal  (yerro in iudicando o  de  juicio),  y  a  la  vez  que  hubo omisión atribuible a las  autoridades   judiciales   por  no  haber  dispuesto  la  práctica  de  pruebas  relevantes  para  demostrar  la inocencia de su defendido (omisión probatoria),  situación  ésta que comporta la invalidez de la actuación (yerro in   procedendo   o  de  procedimiento),  evidente  deviene  la  violación  de  los  postulados vistos que diferencian la  casación  de  los  demás  medios  de  impugnación,  constituyendo tal actitud  motivo suficiente para inadmitir la censura.   

Sin  embargo,  no  sólo  esas deficiencias  argumentativas  imponen  la inadmisión del libelo, pues otras más confluyen en  idéntico sentido.   

         En   efecto,  recuérdese  cómo  el  planteamiento  principal  del  libelista    gira    en    torno    de   la   configuración   de   “errores  de  hecho  o de derecho” en  la  actividad  valorativa  de  la  prueba por el fallador, pero un tal enunciado  pone  de  manifiesto  la  poca  claridad  del  actor  sobre la naturaleza de los  diferentes  yerros  existentes en esa materia y que tienen la entidad de socavar  la legalidad del fallo.   

         Ciertamente,     la     violación    indirecta    de    la    ley   sustancial,  causal  en  la que se matriculan este  tipo    de    errores   en   esta   sede,  se presenta  ante   los   denominados  errores  de  hecho  y  de derecho;  es decir, son  conceptos  diversos  que  antológicamente no se pueden asimilar como lo hace el  actor.   Así,  los  primeros se originan en falsos juicios de existencia,  falsos  juicios  de  identidad  y falsos raciocinios;  los segundos, por su  parte,  en  falsos  juicios  de  legalidad  y de convicción. Sobre su esencia y  forma de ataque es preciso tener en cuenta lo siguiente:   

–  El  error  de  hecho por falso juicio de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de  prueba  es  excluido de la  valoración  efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al  proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque lo  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso  (suposición  o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  error  de  hecho  falso  juicio  de  identidad,   por   su  parte,  se  verifica  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo de la prueba para hacerla decir lo que ella  no  expresa  materialmente.  También  se  ha  expuesto  que en esa modalidad de  desacierto  en  la  apreciación  de  las pruebas igualmente incurre el juzgador  cuando  toma  una  parte  de  la  prueba  como  si  fuera el todo, en tanto ello  constituye  una  forma de distorsión, pues, en su proceso de valoración, se le  suprimen   apartes  trascendentes,  omitiendo  de  esa  manera  su  apreciación  integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo  fue  apreciada  por  el  fallador  señalando  de  qué  forma  esa  valoración  tergiversa  o distorsiona su contenido material, esto es, puntualizando la   supresión  o  agregación  de  su  contexto  real  para de allí inferir que en  realidad   se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido,  debe  establecer  la  trascendencia  del  yerro frente a lo declarado en el fallo, es decir, concretar  por  qué la sentencia ha de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva  inmersa  la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede  mantener   con  fundamento  en  las  restantes  pruebas  que  lo  sustentan.  Y,  finalmente,  se debe demostrar que con el defecto de apreciación se vulnera una  ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

–  El  error de derecho por falso juicio de  legalidad,  a  su  vez,  tiene  ocurrencia  por doble vía. La primera, también  conocida  como  aspecto  positivo, se verifica cuando a un medio de prueba se le  confiere  validez  jurídica  tras suponer que satisface las exigencias formales  de  producción  sin que en realidad las siga y, la segunda, o aspecto negativo,  se  configura frente a la situación contraria, esto es, porque se considera que  no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos  se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente  e  impone  casar  el  fallo y proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– El error de derecho por falso juicio de  convicción,  para  finalizar,  se  produce cuando se valora una prueba haciendo  caso omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se  ha  precisado  frente  a los supuestos anteriores, la necesidad de  demostrar  que  el fallo atacado no se mantiene con otros elementos de juicio y,  por  último,  establecer  la  forma  como  se  violó  la ley sustancial con el  defecto  de  apreciación,  bien  por  falta  de  aplicación  o por aplicación  indebida.   

Al  margen de la denominación empleada, lo  que  sí  debe aflorar claro en el texto del libelo casacional, si de exponer un  error  de  apreciación  probatoria  se  trata, es un desarrollo consecuente con  alguna  de  las  modalidades  vistas,  cumpliendo  las exigencias argumentativas  señaladas,  so  pena de rechazo de la pretensión, pues la Corte no se ocupa en  esta  sede  de  la  confrontación entre el ejercicio valorativo contenido en la  sentencia   y  el  criterio  subjetivo  del  casacionista,  ni  mucho  menos  de  desentrañar  propuestas  confusas,  ininteligibles, contradictorias o ambiguas,  atendida  la  naturaleza extraordinaria del recurso y su carácter esencialmente  rogado.     

Ello, por cuanto en tal caso deviene nítido  que  la  propuesta no cumpliría con los presupuestos de admisión contenidos en  el  aludido  numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, atinentes a la  presentación de una mínima argumentación lógica y coherente.   

Pues bien, a ello se ve avocada la Corte en  este  asunto,  tras  corroborar  que los cargos objeto de estudio no reúnen los  presupuestos  atrás  indicados  para  la  fundamentación  de  los  errores  de  apreciación probatoria alegados.   

Ciertamente,  en  relación  con  el único  cargo   de   la   demanda   presentada   por   el   defensor   de   DAVID   ANDERSON   FIGUEROA   ROMÁN  es  necesario  recalcar  que  se  sustrae  a  presentar  una propuesta acorde con la  naturaleza  de  tales  errores y, aún peor, con cualquiera admisible en sede de  casación.   

Ello,  por  cuanto  impropiamente  opta por  exponer  su  modo  personal de apreciación, sin siquiera identificar claramente  los  medios  de  prueba  sobre los cuales recaen sus censuras, olvidando que esa  actitud  lejos  está  de conseguir el decaimiento de la sentencia, pues si esta  última  viene  precedida  de  la  doble  presunción de acierto y legalidad, su  confrontación  a  partir  de  una  postura  subjetiva  no  posee  la entidad de  resquebrajarla,  amén  de  que  riñe  con la naturaleza extraordinaria de este  medio de impugnación.   

Ante   el   cúmulo   de   incorrecciones  reseñadas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por la Sala en virtud del  principio  de limitación que regula este medio extraordinario de impugnación y  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en el artículo 216  de  la  Ley  600 de 2000, se impone la  inadmisión  de  la demanda, conforme se anunció en el exordio de este acápite  considerativo.   

Por  último,  se  debe  precisar que no se  advierte  la necesidad de activar el mecanismo oficioso de enmienda, contemplado  en    el    artículo    216    ibídem,  para  conjurar  la violación de garantías fundamentales dentro  del presente trámite o en la sentencia.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   presentada      por   el   defensor   de  DAVID    ANDERSON    FIGUEROA    ROMÁN,   de  conformidad  con  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación.   

         

Contra  este  proveído  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  En  virtud  del  Acuerdo  No.  7998  de  marzo  15  de  2011,  emanado  de  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.     

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