36133(03-05-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 36133  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº 149  

Bogotá,  D.C.,  tres (03) de mayo de dos mil  once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Mediante sentencia del 4 de abril de 2008, el  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de Popayán (Cauca) declaró  penalmente  responsables a Juan Carlos Viveros Guerrero  y  Jesús  Armando Andrade, a título de coautores, del  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el procesamiento de narcóticos, les  impuso  84 meses como pena de prisión y de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas, multa en cuantía de 12.000 salarios mínimos  legales          mensuales          vigentes,1;      a      Segundo  Javier  Coral Castillo, Jorge Eduardo Serna Sánchez, Tulio  César  Uribe  Miranda,  José  Mauricio  Murillo  Cruz, Nelson Horacio Collazos  Burbano,  José  Agustín  Moncada Contreras, Tulio Waldemar Galindez Quisoboni,  Olimpo  Cárdenas  Herrera y Germán Martínez Burbano,  a  título  de  coautores  del delito de concusión, en concurso con prevaricato  por  omisión  agravado, les impuso una pena de prisión de 92 meses y 12 días,  multa  en  cuantía  de  62.25  salarios mínimos legales mensuales vigentes, la  inhabilitación  de  derechos  por el término de 5 años, 6 meses. Les negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

El  fallo fue apelado por la totalidad de la  defensa  técnica de los acusados. El 2 de marzo de 2010 el Tribunal Superior de  Popayán  la  confirmó  parcialmente,  en cuanto absolvió a Tulio César Uribe  Miranda,  Jorge Eduardo Serna Sánchez, Nelson Horacio Collazos y José Mauricio  Murillo  Cruz, de los cargos que les habían sido formulados; igual, decretó la  nulidad  del  auto  emitido  el  10  de  junio  de 2008.  En todo lo demás  confirmó             el             fallo2.   

A  través  de  sus defensores, Lubio   Aldemar   Galindez   Quisoboni,   José   Agustín   Moncada  Contreras,  Segundo  Javier  Coral    Castillo,    Olimpo    Cárdenas    Herrera    y    Germán   Martínez  Burbano, interpusieron casación.   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  lógicos y argumentativos de las demandas presentadas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

    

1. Por   virtud  de  informaciones  anónimas  el  Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, rindió el informe  número  00912  del  1  de  marzo  de  2005,  en  el  que  daba cuenta sobre las  irregularidades  cometidas por Agentes de la Policía de Carreteras, a la altura  del  Peaje de Tunía, vía Panamericana que conduce de Cali a Popayán, respecto  al  vehículo  tracto  mula  de placas SNF-465, el que era escoltado ilegalmente  por  el  personal uniformado y se movilizaban en el automóvil tipo taxi, placas  WDF-004 y un campero rojo, de placas OWH-783.     

Una  vez  inmovilizados  los  vehículos  y  capturados  a  sus ocupantes, se procedió al registro del vehículo de carga en  cuyo   interior  fueron  hallados  elementos  y  sustancias  químicas  para  el  procesamiento de alucinógenos que superaron las treinta toneladas.   

Por  razón de estos hechos fueron capturados  Juan  Carlos  Viveros  Guerrero,  Jesús  Armando  Andrade  y  Liberio  Casanova  Paldineres,  y  los  policiales  Tulio César Uribe Miranda, Jorge Eduardo Serna  Sánchez,  Lubio  Waldemar  Galindez  Quisoboni, Olimpo Cárdenas Herrera, José  Agustín  Moncada  Contreras,  Javier  Segundo  Coral  Castillo,  Nelson Horacio  Collazos, José Mauricio Murillo Cruz y Germán Martínez Burbano.   

2.  El  1  de  marzo de 2005, la Fiscalía 3  Especializada  de  Popayán  ordenó  apertura  de  instrucción  y  dispuso  la  vinculación  a  través  de indagatoria de Juan Carlos Viveros Guerrero, Jesús  Armando  Andrade, Liberio Casanova Paladines, Olimpo Cárdenas Herrera y Germán  Martínez                   Rubiano3.   Posteriormente,  el 28  de  marzo de 20054,  se  ordenó  la vinculación de Segundo Javier Coral Castillo, el  12  de  abril del mismo año de Jorge Eduardo Serna Sánchez, Tulio César Uribe  Miranda,  José  Mauricio  Murillo  Cruz, Nelson Horacio Collazos Burbano, José  Agustín  Moncada  Contreras  y  Lubio  Aldemar  Galindez  Quisoboni5   

3.  Adelantada  la  investigación, el 29 de  diciembre  de  2005,  la  Fiscalía  acusó  a  Jesús  Armando  Andrade  y  Juan Carlos Viveros Guerrero, como  coautores  del  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento de  narcóticos;  a,  Olimpo  Cárdenas  Herrera,  Germán  Martínez  Burbano,  Segundo  Javier  Coral  Castillo,  Lubio  Waldemar  Galindez  Quisoboni,  José  Agustín  Moncada  Contreras,  Nelson  Horacio  Collazos,  José  Mauricio  Murillo  Cruz,  Tulio  César  Uribe  Miranda  y  Jorge  Eduardo Serna  Sánchez,  como  coautores  de  los  delitos  de  concusión,  en  concurso, con  prevaricato  por  omisión agravada.  Al tiempo, precluyó a favor de Pedro  José  Morales  Díaz  y  Alberto  Méndez  González6.   

A  través de la decisión del 2 de marzo de  2006,    se    desató   en   forma   negativa   el   recurso   de   reposición  interpuesto7.   

4.  Por  virtud  del recurso de apelación a  cargo  del defensor de Lubio Aldemar Galindez Quisoboni  y su posterior desistimiento,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de  Popayán  lo  aceptó  a  través  de  la  resolución  de  fecha  9  de mayo de  20068   

.  

5. Luego fueron proferidas las sentencias ya  indicadas.   

LAS DEMANDAS  

1.  A  nombre  de  Lubio  Aldemar  Galindez  Quisoboni  y  José Agustin  Moncada Contreras.   

Único cargo.  

Sin  detenerse  en anunciar bajo cuál causal  acusa   la   sentencia,   limitó   la   enunciación   del  cargo  a  señalar:  “violar directamente la ley sustancial por error de  apreciación  en  virtud  a  que  la  segunda instancia realizó una valoración  equivocada  de  los  hechos  en  sí mismos, objetivamente vistos y plasma en la  sentencia  inferencias  erróneas  por inexacta observación de los elementos de  la   sana  crítica,  es  decir  de  la  lógica  o  la  experiencia9”.   

No  citó  normas  violadas,  luego  con  la  pretensión   (fallida)   de   demostrar   el  cargo  efectuó  una  desordenada  valoración  de  los  argumentos  del  juzgador de segunda instancia y su propio  juicio    sobre    la   actividad   desarrollada   por   sus   asistidos,   para  concluir:   

“…Todo lo anterior conlleva a que tanto  los  policiales  que escoltaron el camión y los dos asignados para que viajaran  dentro  del  mismo  están  en  igualdad  de  condiciones,  pues  se encontraban  cumpliendo  una  orden  de su superior, (…) si se absolvía a los escoltas que  viajaban  en las motocicletas, igual situación debió de haber ocurrido con los  que  viajaban  al  lado  del  conductor  del camión10”.   

Son estas las razones que lo llevan a invocar  se   case  el  fallo  y  en  su  lugar  se  absuelva  a  sus  asistidos  de  los  cargos.   

2.  A  nombre  de  Segundo  Javier  Coral  Castillo.   

Dos son los cargos que plantea al amparo de la  causal  primera  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000: el primero, principal,  por  “violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  derecho por falso juicio de legalidad”, el  segundo,  subsidiario, por “violación indirecta por  error  de  hecho  por  falsos  juicios  y/o  violación  a las reglas de la sana  critica”.   

En  relación con el primer reparo refiere el  censor  que  los  jueces  de instancia se equivocaron en otorgar “legalidad” a lo dicho por el agente del  DAS,    Rubén    Darío   Quintero,   cuando  lo  escuchado  por éste, del móvil del señor Olimpo            Cárdenas  Herrera  fue  con violación a  toda garantía constitucional y legal.   

La información obtenida es ilegal y no podía  revertirse  de legalidad con el testimonio del agente del DAS, porque no se sabe  a  ciencia cierta qué fue lo que escuchó y si eso fue lo que realmente plasmó  en su declaración.   

El  carácter  de  ilegalidad  no  sólo debe  predicarse   en   relación   a   la   declaración   del   agente  Quintero  sino  a  todas aquellas pruebas  que  se  deriven  de  ella, en otras palabras, no sólo debe excluirse la prueba  primaria sino también la derivada.   

Solicitó  casar  la  sentencia  impugnada de  manera integral.   

Respecto  al  segundo  cargo, sostiene que la  inferencia  lógica  que  hicieron  los  juzgadores  del  contenido de la prueba  testimonial   del   agente  del  DAS,  Rubén  Darío  Quintero,  viola  las reglas de la sana crítica en lo  que atañe a las leyes de la lógica formal.   

Señala que:  

[La  aceptación  del  hecho  indicador (“S  MORALES”,  le  decía  “Olimpo habla MORALES que paso (sic) con el vehículo  disque  lo cogieron los azules, hermano que hacemos con eso lo devolvemos o que,  a   donde   lo  llevo  porque  ya  hay  problemas”)  y    la   demostración  (“De allí se desprende con claridad que tiene algo  en  su  poder  –iteramos,  dentro  del  conjunto  probatorio  es  fácil  deducir  que  se  trata  prebenda  –y  no  sabe  qué hacer  ante  el  giro  de  los  acontecimientos,  por  lo  que  acude  ante  uno de los  directores  del  operativo  ilícito.”)  de  que el  juzgador  realizó  un  juicio  de  valor  en contravía de los principios de la  lógica  y sobre todo los de la lógica formal, donde esta trata de encontrar el  método  correcto para derivar una verdad a partir de otra verdad, y de ahí que  el  juzgador  no  partió  de un hecho indicador (“S  MORALES”,  le  decía “Olimpo habla MORALES que paso con el vehículo disque  lo  cogieron  los  azules,  hermano  que  hacemos con eso lo devolvemos o que, a  donde  lo  llevo porque ya hay problemas”) revestido  de  verdad,  y  si  ni  lo  estaba, como el caso que nos congrega, la inferencia  puede  ser  válida  pero  no  sólida,  recordemos  por  ejemplo  de  el  (sic) hombre de cinco piernas, si  Sócrates  es  un  hombre,  por  lo  tanto tiene cinco piernas, la inferencia es  válida  pero  no sólida, basta con mirarnos así mismos, si el hecho indicador  aquí  tiene  una  garantía como es el testimonio del señor QUINTERO, pero esa  garantía   no  tiene  un  respaldo  que  es  el  contenido  o  la  información  suministrada  por  el  señor  QUINTERO,  en su testimonio, información que fue  concebida  violando  toda  garantía  Constitucional  y Legal, cuando este (sic)  suplantado  al  aquí condenado Cárdenas, ante su celular, interceptado así de  forma   ilegal   sus  comunicaciones  y  en  consecuencia  violando  su  derecho  fundamental  a la intimidad].”          ].        

Igualmente  solicitó  casar la sentencia del  Tribunal y en su lugar proferir fallo absolutorio.   

3. A nombre de  

Germán Martínez Burbano y Olimpo Cárdenas  Herrera.   

3.1.   Una  precisión previa necesaria.   

Como  quiera que la revisión de las demandas  de  casación  promovidas  a  favor de los recién nombrados postulan idénticos  motivos  de  disenso  que  exhiben fundamentos lógico argumentativos igualmente  similares,   la   Corte  las  sintetizará  y  les  dará  respuesta  de  manera  conjunta.   

3.2.   Primer   cargo.  Falso  juicio  de  legalidad.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 el censor acusó el  fallo  impugnado  de incurrir en error de derecho por falso juicio de legalidad,  como  consecuencia  de  la transgresión del “debido  proceso  probatorio”, defecto que habría conducido a  la   aplicación  indebida  de  los  artículos  404,  414  y  415  del  Código  Penal.   

Para el recurrente el defecto habría recaído  sobre  las  pruebas  derivadas  de las labores de inteligencia efectuadas por el  DAS  el  día  de  los  hechos,  las que concreta en las siguientes: i) video de  seguimiento  a  los  policías de carreteras involucrados, ii) interrogatorios a  JUAN  CARLOS  VIVEROS  y  LIBERIO  CASANOVA  a partir de los cuales se obtuvo la  captura  de  OLIMPO  CÁRDENAS HERRERA y GERMÁN MARTÍNEZ, iii) “interceptación   de  tres  llamadas  efectuadas  por  el  sargento  MORALES  a  su  compañero  OLIMPO  CÁRDENAS  HERRERA  en  las  que  (…)  fue  suplantado   por   un   detective   del  DAS”,  cuya  información   fue   consignada   en   un  informe  de  policía  judicial,  iv)  “inspección   del   tracto   camión”  identificado  con placas SNF-465 y, v) inspección a los libros  de registro de policía de carreteras.   

Adujo el demandante que el seguimiento pasivo  a  que  fueron  sometidos  los  enjuiciados por parte de la policía judicial es  irregular  toda  vez que se hizo al amparo de una orden de trabajo que no reposa  en  el  expediente  y  sin  autorización  del Fiscal General de la Nación o su  delegado,  presupuesto este que constituía un requisito de validez, al tenor de  lo  previsto en el artículo 243 de la Ley 600 de 2000 y que afecta a los medios  de  convicción  recién  reseñados, porque ellos se obtuvieron en desarrollo y  como consecuencia de aquellos.   

Así,  destacó  que el registro –producto   del  seguimiento-  que  se  practicó  a  la  tractomula  en  cuyo  interior  se encontraron los precursores  químicos   así  como  la  incautación  correspondiente  son  ilegales  porque  carecieron  de  la  orden  del  fiscal,  dispuesta  en el artículo 294 ibídem,  máxime  cuando  entre  el  inicio del seguimiento y estos actos transcurrió un  período  cercano  a  las 12 horas -término más que suficiente para obtener la  orden  judicial  correspondiente-  y en la ciudad de Popayán, se requiere, a lo  sumo, de 20 minutos para desplazarse de un lugar a otro.   

De  igual  modo, aseguró el libelista que se  quebrantó  el  artículo  301  de  la  Ley  600  de  2000  porque se realizaron  interceptaciones  telefónicas  sin la autorización del fiscal.  Precisó,  en  este  punto, que las interceptaciones se produjeron cuando una vez incautado  el  teléfono celular a OLIMPO CÁRDENAS HERRERA se recibieron tres llamadas del  sargento  MORALES  y uno de los detectives del DAS se hizo pasar por aquél para  conocer el contenido de las mismas.   

Igualmente,  irregular resulta para el censor  el    interrogatorio    practicado    a   JUAN   CARLOS   VIVEROS   –conductor  del  tracto camión- porque  lo     capturaron     sin     orden     judicial     y     lo    “constriñeron  a  que  diera  información  falsa  cuando  recibía  llamadas  a  su  número  celular” según la cual, un  vehículo  blanco  debía  esperarlo  en  una  estación  de servicio, camino al  municipio  de  Timbío, en el que se obtuvo la aprehensión de GERMÁN MARTÍNEZ  BURBANO  y  OLIMPO CÁRDENAS quienes tenían la supuesta calidad de escoltas del  automotor que transportaba los insumos.   

La  misma  acusación  realiza  el demandante  respecto  al  dicho  de  LIBERIO  CASANOVA  ante  los  detectives del DAS, quien  habría  confirmado que “los policías capturados en  el  taxi  intermunicipal  debían  responder  como propietarios de la carga pues  eran  quienes  venían  adelante  “arreglando a la policía de carreteras para  que no inmovilizaran el vehículo””.   

Para   el  demandante      la      “inspección”  a los libros de la Policía de Carreteras sin intervención del  fiscal  o  del  ministerio  público  se  obtuvo  de  forma  irregular  pues fue  practicada por funcionarios del DAS.   

Remató  afirmando  que  no  se  cumplen  los  presupuestos  descritos  en  el  artículo 345 de la Ley 600 de 2000 relativos a  las  circunstancias  de  flagrancia  y  fuerza  mayor  que hubieran permitido de  manera  excepcional  la  investigación  previa  por  iniciativa  propia  de los  funcionarios de policía judicial.   

Finalmente,  en  punto de trascendencia, dijo  que  el  video  grabado por el DAS no es relevante porque en él no se observa a  GERMÁN  MARTÍNEZ  BURBANO  y  a OLIMPO CÁRDENAS HERRERA y ello constituye una  “prueba  favorable” que  acredita  que  ellos no participaron en el operativo de movilización del tracto  camión  desde  el  peaje de Tunía hasta la estación de policía de carreteras  de   Popayán;  sin  embargo,  el  resto  de  medios  de  conocimiento  ilegales  reseñados,      si      constituye      “prueba  desfavorable”,   pero   dada  su  ilegalidad  sólo  subsiste  i)  la  declaración  del  detective BENJAMÍN OLAYA quien afirmó que  “no  observo  (sic)  al  corsa blanco escoltando al  camión,  que  después de interceptar la mula alguien les dijo que el conductor  había  dicho  que  el  taxi blanco los esperaba en Timbío y que el subdirector  les  mencionó  que  el  vehículo descrito por el conductor de la tractomula ya  iba  rumbo  a  Popayán  y  por eso lo persiguieron”,  ii)   la declaración de OLIMPO CÁRDENAS quien ignora la razón por la que  fue  detenido  y  afirma  que  no  fue  capturado  sino conducido para verificar  antecedentes  y  señala  que  el tracto camión no hizo contacto con el taxi y,  iii)     el     testimonio     del     conductor     del    taxi    –JUAN  CARLOS  VIVEROS-  que  negó  en  audiencia  pública  haber  dicho a los agentes del DAS que debían retener a un  vehículo blanco.   

Por  consiguiente, demanda la prosperidad del  cargo  y  la emisión de fallo de reemplazo que absuelva a sus prohijados de los  delitos imputados.   

3.3. Segundo cargo subsidiario.  

En  forma  subsidiaria  propone, como segundo  cargo,  error de hecho por falso juicio de existencia,  que  -dice-  condujo  a la aplicación indebida de los  artículos  404,  414  y  415  del  Código  Penal.  A  su  juicio  violaron los  artículos  29  de  la Constitución Política, 9, 249, 301 y 345 del Código de  Procedimiento Penal.   

Afirma  que  el  yerro  tuvo  lugar porque el  Tribunal  no  valoró  la  prueba de monitoreo satelital del vehículo conducido  por  Germán  Martínez  Burbano, realizada por GPS, y que fue aportado mediante  oficio  0230  GUMCA-POLCA,  suscrito  por  el  oficial  jefe  de monitoreo de la  policía de Carreteras de Bogotá.   

De  haber  apreciado  ese  medio de prueba el  Tribunal  no habría afirmado que el vehículo blanco participó en la comisión  de  los delitos imputados, pues con ese monitoreo se demuestra que ese automotor  no  interceptó el tracto camión a Popayán y menos que lo escoltara durante el  trayecto.   

Para  concluir  sobre  la  responsabilidad de  Cárdenas  Herrera  y  Martínez  Burbano  el  ad-quem  se  apoyó  en  la  afirmación  del  testigo  Liberio  Casanova,  tras  inferir  que  el vehículo blanco al que éste se refiere es el  mismo en el que se movilizaban aquellos.   

Solicita  se case la sentencia impugnada y en  su lugar se profiera la que corresponda conforme a lo expuesto.   

Sujetos  no  recurrentes.  Procuraduría 156  Judicial II Penal.   

Demanda presentada a favor de Lubio Waldemar  Galíndez Quisoboni y José Agustín Moncada Contreras.   

Una   vez   se   ocupó   de   analizar  la  argumentación  presentada  por  el  casacionista,  destacó  que ninguna de las  exigencias   fue   satisfecha  pues  en  su  desarrollo  se  limitó  a  plasmar  discusiones  probatorias,  por  lo  que  solicitó  se rechace el libelo pues la  casación no es una tercera instancia.   

Demanda presentada a favor de Segundo Javier  Coral    Castillo,    Olimpo    Cárdenas    Herrera    y    Germán   Martínez  Herrera.   

Señaló  que  concurre  uniformidad  en  su  formulación  en  cuanto  al cargo por violación indirecta de la ley sustancial  por  error de derecho por falsos juicios de legalidad, luego un segundo reproche  (subsidiario)  por  violación  a  las  reglas de la sana crítica y el tercero,  falso   juicio  de  existencia  (por  exclusión  en  el  fallo  de  una  prueba  válidamente practicada).   

Consideró  el  sujeto no recurrente, que las  demandas  que  se  analizan aciertan en la técnica exigida para la elaboración  del recurso extraordinario, por lo que demandó que sean admitidas.   

LAS CONSIDERACIONES  

2.    De   la   inadmisión   de  la  demanda.   

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda porque  no  satisface  los  presupuestos  lógicos  y  argumentativos  allí  previstos.   

Las siguientes son las razones:  

1.  A  nombre  de  Lubio  Aldemar Galindez  Quisoboni y José Agustin Moncada Contreras.   

La demanda no reúne los mínimos requisitos  de técnica establecidos.   

    

1. La Sala ha venido enseñando, en no  pocas  oportunidades y  en forma pacífica, que la demanda de casación, el  libelo  introductorio  a través del cual se ruega la declaratoria de ilegalidad  de  la  sentencia  de  segundo  grado,  debe  reunir  un  mínimo  rigor lógico  jurídico  y  argumental.   Ello  tiene una razón lógica: no es una   tercera   instancia   por  cuyo  medio  y  desafiando  la técnica  casacional  propone el impugnante extraordinario una  controversia   ya  debatida;  o  tal vez anteponer su particular criterio o  valoración  probatoria,  a  aquel  que sirvió de soporte a la decisión de los  jueces  A  quo  y  ad quem, entre otras razones, porque a esta sede la decisión  judicial arriba con una doble presunción de acierto y legalidad.     

Por     ello    es    que,  se exigen unos requisitos mínimos de  técnica  en  donde  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes y  fundados  se  le  demuestre  a  la  Corte  el  yerro trascendente en  que incurrió  el  fallador, lo que legitima justamente  acudir  al   mecanismo   extraordinario   de   impugnación,  exigencias   que   no  fueron  satisfechas  de  ninguna  manera  por  parte  del  censor.   

2.  El    demandante    no    se   ocupó   de   precisar   –lo  que le resultaba forzoso- cuál de  los  fines  consagrados  en el artículo 206 del Código de Procedimiento Penal,  Ley           600           de          200011  es  el  perseguido  con  el  libelo,  limitándose  tan  solo  a  invocar un fallo absolutorio a favor de sus  asistidos.   

3. Del deshilvanado  e incoherente libelo  no  resulta  ni  siquiera  posible  determinar  si  existió identidad temática  frente  a  la  propuesta  de  ataque  elevada  ante el Tribunal Superior, lo que  constituye un requisito para su admisión.   

4.  De  la  misma  manera,  el  recurrente  desatendió  los  requisitos  formales  contenidos en el numeral 3 del artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, en donde se impone “La  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y   precisa   sus   fundamentos   y   las   normas   que  el  demandante  estime  infringidas”,   razón   de   más   para  advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.    

5. Como fácilmente se advierte del remedo de  demanda,  el  censor  limitó  su  argumentación,  en  una  clara afrenta a las  formalidades  propias  del  recurso  extraordinario,  a  exponer  su  particular  visión   frente   a   la  responsabilidad  de  sus  prohijados  en  los  hechos  investigados,  como si se tratara de un escrito de libre factura, censurable aun  en sede de instancias, dada la impropiedad y lo mal confeccionado.   

6. El demandante desatendió los principios de  claridad  y  precisión  requeridos  en su fundamentación, lo que conlleva a la  inadmisión  de  la  demanda  en virtud del principio de limitación que rige en  sede  casacional,  en  donde  la  Corte  no  puede entrar a suplir las falencias  advertidas en el libelo y a confeccionarlo en debida forma.   

7.  Adicional  a  ello,  se  quebrantó  el  principio  de  autonomía  que  rige  el  recurso  extraordinario, por cuanto no  obstante  limitarse  a   anunciar tímidamente que la senda escogida era la  violación  directa de la ley sustancial, en el estrecho desarrollo –como  bien  lo  precisó  el sujeto no  recurrente-  se  dirige  por  la  senda  de  una  violación indirecta de la ley  sustancial.   

8.  La  Sala  no  observa  un  mínimo de las  exigencias  de  técnica  requeridas,  sino tan sólo el particular criterio del  censor enfrentado a la decisión de los falladores de instancia.   

Estas  las  razones  que  llevan  a la Sala a  desestimar  el  único  cargo  elevado,  compartiendo  así  la petición que en  idéntico  sentido  elevó  el  Señor  Agente  del  Ministerio  Público, en su  calidad de sujeto no recurrente.   

2.   A  nombre  de  Segundo  Javier  Coral  Castillo.   

Surge  evidente  que  la demanda de casación  presentada  a  nombre  del  sentenciado  Segundo Javier  Coral  Castillo  no reúne los requisitos de claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

Si   bien   acertó  el  libelista  en  la  identificación  de  los sujetos procesales, en el señalamiento de la sentencia  objeto  de  impugnación,  en la síntesis de los hechos materia del juicio y en  el  resumen  de  la actuación procesal relevante, no cumplió con el desarrollo  argumentativo  de los cargos que plantea al amparo de la causal primera, como lo  exige la lógica del recurso.   

En lo atinente a la primera censura, conviene  recordar  que  la  Corte  tiene  dicho  que el error de derecho por falso  juicio  de  legalidad  se presenta  cuando  el  juzgador le otorga validez a una determinada prueba porque considera  que  cumple  las  exigencias de aducción, formación o producción establecidas  en  la  ley,  sin  llenarlas;  o  cuando la excluye del debate probatorio porque  considera que no las reúne, cumpliéndolas.   

Aparte  del  deber de demostrar la existencia  del  error  en  los términos indicados, el casacionista está obligado a probar  su  trascendencia,  lo  cual  implica  realizar  una  valoración objetiva de la  prueba  aportada  al proceso con exclusión del medio indebidamente apreciado, o  inclusión   del  ilegalmente  excluido,  o  con  sujeción  de  las  normas  de  valoración   infringidas,  según  el  caso,  para  mostrar  que la conclusión habría sido distinta de no  haber mediado el error.   

Estas exigencias mínimas de demostración son  desatendidas  totalmente por el casacionista, pues su argumentación se limita a  enunciar   que   la   declaración   del   agente  del  DAS,   Rubén  Darío  Quintero es producto de la  ilegalidad,  sin  mencionar cuales fueron las normas medio violadas, ni los  contenidos  de  éstas que los juzgadores desconocieron, ni se ocupa de analizar  en  conjunto  la  prueba para acreditar las implicaciones adversas del error que  plantea.   

Por ejemplo, en la censura consistente en que  el  testimonio  del  agente no puede revestirse de legalidad porque no se sabe a  ciencia  cierta  si  lo  que  escuchó  fue  lo  que  realmente  plasmó  en  su  declaración,  queda  a  mitad  del  camino,  pues  no expone a la Sala en donde  radican  las  inconsistencias,  ni  qué  papel  incriminatorio jugó dentro del  conjunto   de  pruebas  que  comprometían  la  responsabilidad  del  procesado,  convirtiendo  el  reparo  en un mero enunciado que revela la insatisfacción del  recurrente con la decisión cuestionada.   

El segundo cargo presenta similares defectos.  El  casacionista  cuestiona  la  inferencia  lógica  que hicieron los jueces de  instancia  del  contenido  de  la  prueba  testimonial  del  agente Quintero,  porque violó las reglas de la  sana  crítica, en lo que atañe específicamente a los principios de la lógica  formal.   

La Corte ha sido insistente en señalar que el  error  de  hecho  por  falso raciocinio se presenta cuando el juzgador, al hacer  uso  de  la  facultad  que  la  ley  le otorga de valorar la prueba frente a los  criterios  de la persuasión racional, desconoce las reglas de la sana crítica,  haciendo  que  sus  conclusiones  resulten  abiertamente  ilógicas,  absurdas o  contrarias a la razón.   

También  ha  dicho que por reglas de la sana  crítica  debe  entenderse  los  principios de la lógica, las enseñanzas de la  experiencia  y los postulados de la ciencia, y por tanto, que cuando se denuncia  esta  modalidad  de  error  de  hecho  en sede extraordinaria, el actor tiene la  carga  de  identificar  el  principio  lógico, el axioma empírico, o la verdad  científica  que  los  juzgadores soslayaron, y la de demostrar la trascendencia  de esta equivocación en el fallo.   

Estas  exigencias tampoco son atacadas por el  censor,  pues  no  especifica  cuál  es  el  postulado  de  la  lógica  formal  desatendido  por  el  juez  y  cuál es el correcto, no señala concretamente en  qué consistió la vulneración.   

Por  tanto,  no  hay  lugar a hablar de falso  raciocinio  cuando simplemente se presenta una apreciación probatoria que no se  comparte.  La  simple  disparidad de criterios en ese aspecto, por consiguiente,  no  habilita  acudir  al recurso de casación. Para ello, es necesario demostrar  que  en la sentencia se desconocieron ostensiblemente los parámetros de la sana  crítica. Lo que no ocurrió en este caso.   

En suma, las proposiciones de los dos cargos  por  sí  solas  son insuficientes para acreditar la distorsión de algún medio  de  prueba  trascendente  en  el  proceso,  o  la  aducción  irregular  de otro  diferente  que  hubiere  igualmente  tenido  ingerencia en la condena censurada,  razón  por  la  cual  la  Corte  inadmitirá  la demanda presentada a nombre de  Segundo     Javier    Coral    Castillo.   

3.  A  nombre  de  Germán Martínez Burbano y Olimpo Cárdenas Herrera.   

Primer    cargo.    Falso    juicio   de  legalidad.   

El artículo 213 de la Ley 600 de 2000 prevé  expresamente  que  “[s]i  el  demandante  carece de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos  se   inadmitirá   y  se  devolverá    el   expediente   al   despacho   de   origen.   (…)”.    Subrayas    fuera   del   texto  original.   

Constituye  presupuesto de procedibilidad del  recurso  extraordinario  de  casación  que  quien  promueve  la  demanda  esté  legitimado para incoar la impugnación.   

Dicha legitimación o interés jurídico para  recurrir  en casación se deriva del comprobado ejercicio del derecho de defensa  en  sus  componentes  de contradicción y doble instancia, materializado en tres  hipótesis:  i)  el  efectivo  agotamiento  del  recurso de apelación contra la  sentencia  de  primer nivel, ii) la correspondencia o sincronía temática entre  el  motivo  de  impugnación  elevado ante el juzgador de segundo grado y el que  soporta  la  reclamación en sede extraordinaria y, iii) la limitación del tema  de  disenso  a  la  dosificación  de la pena, los mecanismos sustitutivos de la  pena  privativa  de  la  libertad,  la  extinción  del derecho de dominio sobre  bienes  (artículo  40  de  la  ley 600 de 2000) y la vulneración de garantías  esenciales, cuando el procesado se acoge a sentencia anticipada.   

En  el  primer  caso,  la  interposición  y  sustentación  del  recurso  de  apelación contra el fallo de segunda instancia  constituye  un  imperativo  categórico para la parte o interviniente inconforme  con  la  decisión,  en  tanto  es  la inconformidad frente a lo resuelto por el  juzgador  de  primer  grado  que no encuentra eco en el de segundo nivel, lo que  habilita por esa razón a intentar la impugnación extraordinaria.   

La  ausencia  de  controversia  frente  a  la  decisión  que  es  adversa  a las pretensiones absolutorias o condenatorias del  sujeto  procesal,  según  sea  el  caso,  cuando  ha  estado  en posibilidad de  hacerlo,  comporta  la  conformidad  del  mismo  con el pronunciamiento judicial  adoptado  e  impide  por  virtud  del principio de preclusión la posibilidad de  habilitar    otra    oportunidad    para    intentar   que   se   reexamine   su  situación.   

Ahora,  pese  a  la  aparente  rigidez de la  anterior  premisa, en aras de garantizar el efectivo acceso a la administración  de  justicia,  el proceso debido y la defensa es posible dar curso al recurso de  casación  formulado  por  quien  no  impugnó la sentencia de segunda instancia  cuando  i)  se  acredite  que  la  falta  de  ejercicio  del  derecho a la doble  instancia  obedeció a un acto arbitrario, ii) la sentencia de segunda instancia  modifique  en  sentido  adverso  la situación jurídica del recurrente, iii) se  trate  de  fallos  consultables  que  causen  perjuicio y, iv) el fundamento del  reproche  casacional se soporte en la violación de garantías fundamentales que  pudieran  dar  lugar  a  la  declaración  de nulidad12.   

El  segundo evento, esto es, el relativo a la  unidad  temática  corresponde  a  la necesidad de que exista un mismo objeto de  debate  en los argumentos de la pretensión de la alzada y las causales y cargos  que  fundamentan  el  recurso  de  casación,  dado  que  si  el juez de segunda  instancia  no se pronuncia sobre el asunto en disputa porque la parte apelante a  su  vez  no se ocupó del asunto en el recurso de apelación, mal puede la Corte  invadir  la  esfera  decisoria  del  Ad  quem,  salvo  que  se trate de proteger  garantías  fundamentales,  caso en el cual estaría habilitada para conocer del  reproche  formulado  al  amparo de la causal tercera y emitir el pronunciamiento  de rigor.   

En   otras   palabras,  si  el  núcleo  de  argumentación  como  la pretensión formulada en la apelación son distintos de  los  presentados  en  sede  de  casación,  los  últimos  motivos de disenso no  podrán  ser  examinados  por  la Corte porque no fueron objeto de inconformidad  ante   la   alzada   y   tampoco   pudieron   ser   tema   de  decisión  en  la  instancia.   

En  todo caso, no ha de perderse de vista que  la  unidad  temática no supone congruencia exacta entre las manifestaciones que  soportan   uno   y   otro   disenso   –la  apelación  y  la casación-, sino por lo menos, identidad en la  pretensión.   

Finalmente,  en los casos en que el ciudadano  se  somete  al  trámite  de  sentencia  anticipada,  pierde  por  razón  de la  manifestación  voluntaria  de  responsabilidad  la  oportunidad de controvertir  cuanto  sea  inmanente  a  los  términos de la imputación, quedando a salvo la  posibilidad   de   discutir   la   dosificación  de  la  pena,  los  mecanismos  sustitutivos  de  la pena privativa de la libertad, la extinción del derecho de  dominio   sobre  bienes  y  por  supuesto,  la  eventual  transgresión  de  las  garantías fundamentales.   

Sobre la legitimación y el interés jurídico  para recurrir, la Sala se ha ocupado de reiterar que:   

“El  primero  de  ellos  alude  a  que el  impugnante  sea  un  interviniente procesal, que de conformidad con el artículo  209  de  la  Ley  600  son  el fiscal, el Ministerio Público, el defensor y los  demás  sujetos procesales y el segundo se refiere a que con el fallo materia de  la  demanda se haya ocasionado un daño o perjuicio al sujeto procesal que acude  en  casación  y a que sus pretensiones hayan sido postuladas ante los jueces de  instancia,  toda  vez  que  de  no  haber actuado así, verbigracia no  haber elevado la discusión a la segunda instancia por medio de  la  apelación,  su  aspiración  resulta ilegítima,  pues  mal  puede  ocuparse  la  Corte  de asuntos que no fueron abarcados por la  decisión del Tribunal que es la sentencia objeto del ataque.   

“En    definitiva,   la   Jurisprudencia   de   la   Corte   ha   reiterado   que     carece    de     interés    jurídico    para   recurrir   en   casación   el  condenado  que  no  hubiere     apelado    la    sentencia    condenatoria   de   primera   instancia,   puesto  que  tal  actitud comporta la  aceptación del contenido material del fallo.   

“De  otra parte, obsérvese que la unidad  lógico  jurídica  del proceso penal limita la posibilidad de intentar censurar  las  determinaciones  del juez por fuera de las oportunidades que la ley ofrece,  pues  de  permitirse  se  atentaría contra los principios de preclusión de los  actos  procesales  y  seguridad  jurídica  y eso es exactamente lo que acontece  cuando  el  afectado  con  la providencia judicial guarda silencio ante la misma  pese  a  que  ha  contado  con la oportunidad procesal para rebatirla, luego mal  podría  admitirse  que  dentro  de  la  actuación  reviva  un  litigio al cual  tácitamente    ya    se   había   renunciado”.13   

En  el  mismo  sentido,  ha  sostenido  que  “el interés jurídico para recurrir tiene estrecha  relación  con  las  pretensiones que el sujeto procesal haya formulado ante los  jueces  de  instancia,  pues  si  lo  que  pretende  en sede de casación no fue  planteado  al  funcionario de segundo grado a través del recurso de apelación,  “para,  luego  de  dejar  vencer esas oportunidad que la ley concede, acudir a  esta  vía  extraordinaria,  deviene  en  ilegítima  su causa, porque mal puede  pretenderse  perjudicado  por  algo  que  si  no  se  decidió  por el Tribunal,  obedeció  única  y  exclusivamente  a  que  no se le solicitó a través de la  oportuna    alzada”.14”15   

En el caso sometido a examen de admisión, es  claro  que  ninguno  de  los  recurrentes  exhibe interés para recurrir en sede  extraordinaria  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior de Popayán, pues está visto que los fundamentos de los  recursos  de  apelación  promovidos  por  la  defensa  de  aquellos, estuvieron  enderezados  a  acreditar  la  ausencia  de  participación de los mismos en los  delitos  imputados  y  jamás a controvertir el proceso de aducción, esto es la  legalidad  y/o  licitud  de  la  prueba  incorporada  a la  actuación que fue valorada por los falladores.   

En  efecto, el libelista carecía de interés  para  promover  el  recurso extraordinario en casación por las razones aducidas  en  las  demandas,  toda  vez  que ni el procesado ni su defensor, en el recurso  ordinario  de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primer grado,  plantearon  de manera concreta, clara y precisa el tema relativo a ilegalidad de  los  medios  de  prueba que ahora aduce el defensor en sede de casación en este  cargo.   

En  verdad,  si  se verifica la sentencia del  Tribunal  se  advierte  que  no hubo pronunciamiento sobre éste tópico y, ello  resulta  obvio  si  se considera que dicha autoridad judicial no podría haberse  pronunciado  sobre  un  aspecto que no fue puesto a su consideración por virtud  del principio de limitación.   

Siendo ello así, el defensor que representa a  GERMÁN    MARTÍNEZ   BURBANO   y   a   OLIMPO   CÁRDENAS   HERRERA   carecía  categóricamente  de interés para incoar la demanda con fundamento en presuntos  vicios  de  legalidad  de  la  prueba,  pues la ausencia de reparo frente a este  puntual  aspecto  en  la  alzada no hizo más que enseñar su conformidad con el  rito  previsto  para la aprehensión de los medios de conocimiento que sirvieron  de base al fallo condenatorio.   

Lo  anterior, es suficiente para inadmitir el  cargo  propuesto.   No  obstante,  la  Sala  advierte  otras  impropiedades  técnicas    del    libelo    que    igualmente   impiden   la   admisión   del  reproche.   

i)  Con  desconocimiento  del  principio  de  autonomía  que  rige  el  trámite  de  la casación el censor propuso un falso  juicio  de  legalidad  que  hizo  recaer sobre varios medios de prueba cuando ha  debido  individualizarlos  según  se  tratara  de  cada uno de los elementos de  convicción,  toda  vez  que  respecto  de  cada  uno  de  ellos  se  desprenden  pretensiones demostrativas diferentes que no se pueden combinar.   

ii) El escrito no cumple con el presupuesto de  fundamentación  establecido  en los artículos 205 inciso tercero, 206 y 212 de  la  Ley  600 de 2000 porque limitó la impugnación extraordinaria a proponer su  particular  manera  de valorar los medios de prueba legalmente incorporados a la  actuación.   

iii) Desatendió el principio de trascendencia  en  la  medida  que,  como si se tratara de un alegato de instancia se dedicó a  ponderar  la  relevancia de los medios de prueba en el juicio de responsabilidad  penal  y  no,  como  correspondía,  a  demostrar la incidencia de los presuntos  yerros en el sentido de la decisión cuestionada.   

iv)   Con  ruptura  de  los  principios  de  precisión  y  autonomía y a partir de simples conjeturas el actor se ocupó de  cuestionar  la  credibilidad de los testimonios de JUAN CARLOS VIVEROS y LIBERIO  CASANOVA,  lo  cual  no es viable en sede de casación, pues los errores que por  vía  indirecta  se  quiera  postular deben recaer sobre la apreciación que con  transgresión  de  las  leyes de la sana crítica efectúen los juzgadores y no,  respecto del medio de prueba.   

Del  mismo  modo,  es  claro  que la falta de  idoneidad  sustancial  de  la  demanda  impide abordar el estudio de fondo de la  misma. Las siguientes son las razones:   

i)  Aunque  el  demandante  se  esfuerza  en  atribuir  un  vicio  de legalidad a la actividad investigativa preliminar de los  miembros  de  policía judicial del DAS, que se originó en una llamada anónima  y  empezó  su despliegue a partir de un seguimiento pasivo, lo cierto es que de  conformidad  con  el  artículo  315  de  la  Ley  600  de 2000, “[e]n  los  casos  de  flagrancia  y  en el lugar de su ocurrencia o  cuando  por  motivos de fuerza mayor acreditada no pueda el Fiscal General de la  Nación  o  sus  delegados  iniciar  la  investigación  previa,  los servidores  públicos   que  ejerzan  funciones  de  policía  judicial  podrán  ordenar  y  practicar pruebas”.   

Como  lo  expresa  la  norma,  la facultad de  practicar  pruebas  no es ilimitada y está condicionada a las circunstancias de  flagrancia  o  fuerza  mayor y en el lugar de los hechos, con el fin de procurar  la  recolección  y  aseguramiento  de  aquellos medios de conocimiento urgentes  cuya  práctica  revista  carácter inminente, justamente porque su aprehensión  tardía  puede  conllevar  a  la dificultad de comunicar a la autoridad judicial  competente la comisión del delito.    

Dicha  posibilidad  de  carácter excepcional  tiene  un  límite  temporal  que  está  dado  por la necesidad de comunicar al  órgano  instructor  lo  sucedido, en la primera hora hábil del día siguiente,  ente  que  desde  ese  momento  debe asumir el control y dirección del proceso.   

Ahora bien, en el caso propuesto el demandante  asegura  que  no  se  configuró  una  situación de flagrancia; sin embargo, de  acuerdo  con  las  circunstancias modales y temporales probadas, correspondía a  los  funcionarios del DAS verificar la información suministrada que daba cuenta  de   una  red  de  corrupción  en  la  policía  de  carreteras  del  lugar  y,  seguidamente  asegurar  los  medios  de prueba que pudieran conducir a la futura  constatación  de  los hechos y a la determinación de la responsabilidad de los  autores y partícipes.   

ii) El censor parte de una premisa equivocada  cuando  asegura  que se realizaron interceptaciones telefónicas sin que hubiera  mediado  orden  judicial, pues en estricto sentido ellas no corresponden a tales  actos   de   investigación   es   decir,   a  interceptaciones  “mediante   grabación   magnetofónica   [de]   las  comunicaciones  telefónicas,   radiotelefónicas   y   similares   que   utilicen  el  espectro  electromagnético,  que  se  hagan  o reciban” que se  agreguen  al  expediente,  en  los  términos  del artículo 301, pues lo que en  realidad  operó,  fue  la  contestación por un miembro de policía judicial de  una  llamada  telefónica  con  la expectativa de obtener información relevante  para  la  investigación,  luego  la  orden  judicial  reclamada  por  el censor  corresponde a un presupuesto no contemplado en la ley.   

iii)  De  ningún  elemento  demostrativo  se  sirvió  el  censor  para  acreditar el supuesto constreñimiento de JUAN CARLOS  VIVEROS  y  LIBERIO  CASANOVA,  abandonando  con  ello, la tarea de acreditar la  ilicitud  de  estos  testimonios  y  por  lo  tanto,  la  prosperidad  del cargo  pretendido.   

iv)   Ni  la  trascendencia,  ni  la  norma  sustancial  conculcada  fue  establecida en el reparo que pretende cuestionar la  inspección  a  los  libros  de  la  policía de carreteras ordenada por el ente  instructor  y  cumplida por funcionarios del DAS, quienes atendiendo su función  de  policía  judicial estaban obligados a suministrar toda aquella información  requerida para el éxito de la investigación.   

En  este  orden,  se  insiste  no hay lugar a  admitir la demanda.   

Segundo  cargo  subsidiario.   Falso  juicio de existencia.   

El  falso juicio de  existencia  por  exclusión se presenta cuando el juez  omite  valorar  una  prueba que materialmente se halla dentro de la actuación o  supone  una  que no obra en la misma. El censor debe demostrar plenamente que se  materializó  esa  omisión  valoratoria  de  la  prueba, y, además, que, de no  haberse  incurrido  en  ese  desacierto,  tanto  las imputaciones fácticas como  jurídicas  del  fallo  habrían  sido  distintas, esto es, la trascendencia del  error.   

Aunque  en  principio,  pareciera  asistirle  razón  al  censor,  en  el  sentido  de  que  no se apreció el oficio 0230 que  contiene  el  monitoreo  de  satelital  del  vehículo  WDF-004, porque en forma  explícita  no aparece relacionado en los fallos condenatorios, lo cierto es que  esa  presunta omisión en nada incidió en el sentido de la decisión porque los  restantes   elementos   probatorios   fueron   contundentes  para  demostrar  la  participación   de   Cárdenas   Herrera    y    Martínez   Burbano   en   la  comisión  de  los  hechos  investigados.  Es  más,  el  casacionista  olvidó  por  completo exhibirle a la Corte argumentos dirigidos a  demostrar  cómo  de  haberse  apreciado  el  sentido  de  la  decisión  sería  totalmente distinta y a favor de sus representados.   

Importa   advertir   que   para  probar  la  trascendencia  del  yerro  que  se  denuncia  en casación no basta tan solo con  hacer  tal afirmación sino debe demostrarse con elementos de juicio suficientes  la  relevancia  del  mismo  y de qué manera habría contribuido a modificar las  conclusiones del fallador.   

Una  mirada  objetiva de los fallos objeto de  cuestionamiento  permite  concluir  que  el  monitoreo  echado  de  menos por el  impugnante  en  nada habría variado el sentido de la decisión. Obsérvese que,  contrariando  de alguna manera lo afirmado en la demanda de casación, el señor  Cárdenas  Herrera reconoció  en  el proceso haber estado en Piendamó e incluso haber trasportado al sargento  Pedro  José  Morales.  Así  se  desprende  con  claridad  del fallo de segundo  grado.   

“…el  propio OLIMPO CÁRDENAS, reconoce  haber  estado  en Piendamó e incluso haber trasportado -dentro del casco urbano  de  esa  población-  al  S.S.  Pedro  José Morales, quien para la fecha de los  hechos  era Comandante de la Sijin Piendamó, quien se mostró muy interesado en  el  asunto que les ocupaba, por tanto, dentro de lo probable se encuentra que lo  narrado   por   CASANOVA   PALADINES   se   ciña   a  la  verdad”16   

Para  el  Tribunal  su exposición, aunada al  relato  hecho  por  Liberio Casanova Paladines, cuando narró haber observado el  taxi  blanco  en  Piendamó  que  los  adelantó,  permiten  concluir  sobre  la  participación  activa  de  Cárdenas  Herrera  y  del conductor del taxi blanco  Martínez Burbano en el ilícito.   

A  lo  anterior  se  suma  -en  criterio  del  Tribunal-  la  llamada  que entró al teléfono del celular de Cárdenas Herrera  “cuando  éste  se  hallaba en poder del detective RUBEN DARIO QUINTERO, en la  cual  éste  simulaba  ser  el  procesado  CARDENAS  y  entonces el interlocutor  ‘S.  MOLRALES’,     le     decía    ‘Olimpo habla MORALES qué pasó con el  vehículo  disque  lo  cogieron  los  azules,  hermano  qué  hacemos con eso lo  devolvemos  o  qué,  a  dónde  lo  llevo  porque  ya hay problemas’”17   

En relación con el hallazgo del vehículo en  cuestión       el      ad-quem      sostuvo:   

“Así mismo, bien pudiera alegarse que el  vehículo  en  el  cual se desplazaba este procesado no fue hallado ‘esperando’  en  paso  del  camión  para  luego  acompañarlo  hacia  el  sur  de  Colombia,  como  al parecer, se lo refirió el  conducto  encargado  de sacarlo de la Estación de Policía de Carreteras, a los  agentes  del  DAS  -aunque debe precisarse que acerca de las expresiones exactas  no  hubo  precisión en autos- todo indica que antes de desplazarse hacia el sur  percibieron  que  el tracto camión se hallaba detenido en las instalaciones del  DAS,  lo  cual  debió  alertarlos  y  de esa manera era apenas normal que no se  hubieran  quedado  esperando, sino que podía aparentar estar cumpliendo labores  de  rutina,  por  lo que la interceptación se produjo mientras regresaban hacia  esta                   capital.”18    

Así  las cosas, aun de superar las falencias  del actor, el cargo no puede ser admitido.   

Son  estas las razones que llevan a la Sala a  no  compartir  los  argumentos  expuestos  por  el  señor agente del Ministerio  Público frente a la admisión de estos cargos.   

Como  tampoco  la  Sala  advierte  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  ni  causales  de nulidad, no surge la  necesidad de pronunciarse de oficio.   

Anotación final  

La  Sala  observa  que el juzgador de primera  instancia  –situación que  no  fue  corregida  por  el  Tribunal-  al momento de tasar la pena principal de  multa  frente al delito de concusión, en concurso, con prevaricato por omisión  agravado,  desatendió  las  reglas  del  concurso  que  le imponía realizar el  incremento  punitivo  establecido  en  el  artículo  31  del Código Penal, sin  embargo,  tal  irregularidad  no  puede  ser  objeto  de corrección en un claro  acatamiento   del   principio   de   prohibición   de  reforma  en  peor.    

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.-     INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores de  Lubio  Aldemar  Galindez  Quisoboni,  José  Agustín  Moncada  Contreras,  Segundo  Javier  Coral Castillo,  Olimpo Cárdenas Herrera y Germán Martínez Burbano.   

Segundo.-.  Contra  esta decisión no procede ningún recurso.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                 JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                                                                                 SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                                                                                                                         Salvamento   parcial   de  voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZÁLEZ             DE  LEMOS                     

Salvamento parcial de voto  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                                      JULIO             ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios  234-290 cuaderno sin numerar.   

2  Folios 371-443 cuaderno sin numeración.   

3 Cfr.  Folios 29 a 31 cuaderno original 1.   

4 Cfr.  Folio 9 cuaderno original 2.   

5 Cfr.  Folio 253 ib.   

6 Cfr.  Folios 1-58 cuaderno original 7.   

7 Cfr.  Folios 165-171 ib.   

8 Cfr.  Fls. 290-293 ib.   

9 Cfr.  Foli 538 cuaderno original 7.   

10 Cfr.  Folios 540 y 541 ib.   

11  “…La  casación  debe  tener por fines la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de    los    agravios    inferidos    a    las    partes    con   la   sentencia  demandada…”.   

12  Sobre  la necesidad de agotar la segunda instancia y sus excepciones, consultar:  auto  del  11  de febrero de 1999, radicación 9998; sentencia del 24 de febrero  de  2000,  radicación  10.809; sentencia del 13 de febrero de 2001, radicación  14.370,  auto  del   5 de diciembre de 2007, radicación 28759, auto del 23  de  enero  de 2008, radicación 28845, auto del 14 de julio de 2008, radicación  30002, entre otras decisiones.   

13  Rad.  26785,  auto  del 16 de mayo de 2007. Ver también rad. 24282, auto del 21  de  noviembre de 2005; rad. 23484, auto del 24 de noviembre de 2005; rad. 25861,  auto  del  23  de  agosto  de  2006;  rad.  27276,  auto del 9 de mayo de 2007 y  radicaciones  26976  y  27350,  autos  del  16  de  mayo  de  2007, entre otros.   

14  Rad. 16662, auto del 13 de junio de 2002.   

15  Cfr. Auto del 1º de abril de 2009. Radicación 31222.   

16  Folio 45 de la providencia.   

17  Folio48 de la providencia.   

18  Folio 49 Idem.     

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