31856(05-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  31856   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 241  

Bogotá D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de   casación   interpuesto   por   el  defensor  de  EDGARDO    ALEXANDER    DÍAZ    contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior   de   Bogotá,  el    30   de  enero  de    2009,   mediante   la   cual  confirmó  la  dictada     por     el     Juzgado    Cincuenta      y     Seis  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  la  misma  ciudad, el       6  de  octubre  de    2008,  y   lo  condenó  a  la  pena  principal  de  60  años        de  prisión    y   a   la  sanción   accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por  el  plazo de 20 años,  como    autor   de   las  conductas  punibles  de  homicidio    agravado,    fabricación,  tráfico   y   porte  de  armas  de  fuego  o  municiones  y   lesiones  al  feto.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“ La imputación fáctica aquí realizada  consiste  en  que  en  horas  de  la mañana del primero de abril de la presente  anualidad,  en jurisdicción de la vereda Los Pomos del municipio de la Hormiga,  Departamento  del  Putumayo,  EMERSON  IVÁN  HERRERA  RUALES y LUZ MARINA DÍAZ  LÓPEZ,  ambos profesores y afiliados a la organización sindical ASEP, mientras  se  movilizaban  en  una  motocicleta  fueron  abordados  por dos sujetos que se  trasportaban  en un vehículo similar; uno de ellos accionó un arma de fuego en  contra  de  la humanidad de la pareja de profesores y posteriormente procedió a  propinarles   varias   puñaladas   con  el  propósito  de  culminar  su  tarea  criminal.   

“La  ciudadana DÍAZ LÓPEZ se encontraba  en  embarazo y su violenta muerte hizo que de igual forma se produjera el deceso  de su feto, el cual tenía 7 meses de gestación”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los anteriores hechos, el Fiscal 48  Especializado  de  Bogotá  de  la Unidad de Derechos Humanos, el 29 de abril de  2008,  presentó  escrito  de  acusación   por  los  delitos  de homicidio  agravado,  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones y  lesiones  al  feto,  razón  por  la  cual  la  audiencia  de formulación de la  acusación se llevó a cabo el 16 de junio del mismo año.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral  y anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Cincuenta y Seis  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Bogotá, el 6 de octubre de  2008,  dictó  fallo de primera instancia en la que condenó a Edgardo Alexander  Díaz  a  la  pena  principal  de  60  años  de  prisión  y  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  plazo  de  20 años, como autor de las conductas punibles de homicidio agravado,  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas de fuego o municiones y lesiones al  feto.   

3. Apelado el fallo por la defensa técnica,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el 30 de enero de 2009, lo confirmó en su  integridad.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa  técnica  de  Edgardo Alexander  Díaz  al  amparo  de  las causales segunda y tercera de casación presenta tres  cargos  contra  el  fallo  del  Tribunal,  cuyos  argumentos se sintetizan de la  siguiente manera:   

Primer cargo  

Bajo la nomenclatura de la causal segunda de  casación,  acusa  que  el  Tribunal  dictó  sentencia  en un juicio viciado de  nulidad por violación del debido proceso.   

Afirma  que la violación del citado derecho  fundamental  se  constituye  en que a su defendido no se le permitió contar con  el  testimonio  de  Gloria Amparo Arias, en tanto que ésta fue objeto de varias  amenazas   con   el   fin   de   que   no   compareciera   al   juicio   oral  y  público.   

Agrega que la fiscalía no desplegó ninguna  actividad   investigativa   tendiente   a   establecer   la   identidad  de  las  personas    que   “estaban  detrás  de  estos  delitos,  para eliminar los obstáculos que estaban dentro del proceso, para que  se  surtiera  una  confrontación de pruebas en igualdad de condiciones entre la  defensa y el ente acusador”.   

Después   de  reiterar  lo  anteriormente  expuesto,   insiste  en  que  a  su  defendido  se  le  vulneró  dicho  derecho  fundamental.   

Segundo cargo  

Basado  en  la  causal tercera de casación,  acusa    que    el    Tribunal    incurrió    en     un    “manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas de apreciación de las  pruebas    sobre    la    cual    se   ha   fundado   la   sentencia”.   

Acusa que denuncia un falso raciocinio, en la  medida  en  que el juzgador tuvo que “desarrollar la  lógica”,  toda vez que una persona que está siendo  acusada  “de  un crimen de esta naturaleza, insiste  en  ser  inocente,  lo  que decanta la obligación de examinar cuidadosamente el  proceso,  para  establecer  que  dicen  las  pruebas  tanto de uno como del otro  lado”,  máxime cuando con ellas se establecería la  verdad histórica.   

Así  mismo,  dice  que  las  máximas de la  experiencia  conduce  a  predicar  que  el  juzgador debe de examinar, de manera  cuidadosa,  la  unidad  probatoria,  entre otras cosas, verificar si la misma se  produjo correctamente y si está exenta de vicios.   

Asevera que el testimonio de Ricardo Alverio  Cevallos  Coquinche  estaba  viciado  de  ilegalidad, por cuanto “no   era   conductor  de  una  verdad  verdadera,  ya  había  sido  manipulado  por  alguien  que  tenía  interés  para  que  se acusara al señor  Edgardo Alexander Díaz…”.   

Manifiesta que el yerro es trascendente, toda  vez  que  sobre  su  dicho  se  tomó  la decisión de proferir una sentencia de  carácter condenatorio.   

De  ahí que concluya que el juzgador debió  rechazar o desestimar esa prueba.   

Tercer cargo  

Y, por último, acusa igualmente al juzgador  de  haber desconocido las reglas que regulan la producción de las pruebas sobre  la cual se fundó el fallo de mérito.   

Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente  expuesto,  cita  como  norma  vulnerada  el  artículo  252  de  la  Ley  906 de  2004.   

En  el  acápite  que llamó “DEMOSTRACIÓN”,   insiste  en  que  la  prueba  sobre  la  cual  se edificó el fallo de condena no cumplió con el rito  que  condiciona  su  validez,  falencia   que  condujo  a la violación del  artículo 252 del Código de Procedimiento Penal.   

Por  lo  expuesto,  pide a la Corte casar la  sentencia    impugnada   y,   en   consecuencia,   dictar   una   de   carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado  en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  el  recurso  de  casación  fue  estatuido para denunciar vicios de derecho o de  actividad  cometidos  en  la  construcción  de  la  sentencia  o en el trámite  judicial,  según el caso. De ahí que le compete al casacionista que postule el  yerro  a  través  de  las  causales  de  casación contempladas para el efecto,  demostrando  cómo  el mismo logra resquebrajar el fallo, al punto que se impone  su  casación, con el objeto de cumplir con los fines estatuidos en el artículo  180 de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

En   lo   que   atañe   al   primer   cargo  que  el  actor  postula bajo la  supuesta  violación del debido proceso por cuanto que  la   justicia   no   adoptó   las  medidas  correspondientes  tendientes  a  la  comparecencia  de  la  testigo  Gloria  Amparo  Arias,  situación  que,  en  su  criterio,   acarreó  que  dentro  del trámite no  hubiese respeto al  principio  de  igualdad entre la fiscalía y la defensa, lo dejó a mitad camino  al   no  demostrar  que  la  hipótesis  planteada  ocurrió  en  los  términos  indicados.   

Como  se anotó en precedencia, no basta con  denunciar  un  vicio  de  derecho  o  de  actividad, sino que al casacionista le  corresponde  enseñar  a  la  Corte  su  existencia y trascendencia frente a las  conclusiones  adoptadas en el fallo. En el supuesto que ocupa la atención de la  Corporación  el libelista limita a informar que la deponente no concurrió a la  audiencia  del  juicio oral y público por cuanto se hallaba amenazada y que los  funcionarios  judiciales  no  hicieron nada para ese efecto, sin dar las razones  en que se funda su afirmación.   

Ahora  bien,  la  Corte  advierte que sí la  testigo  no  concurrió al acto público fue por razones atribuibles a ella y no  a la justicia. Por ejemplo, el Tribunal examinó el punto, así:   

“Revisada  la  actuación,  se  aprecia que en dos oportunidades por solicitud de la defensa el  Juez  suspendió  la  audiencia  de  juicio  oral  precisamente para procurar la  declaración   de  la  mencionada  señora,  y  se  dirigió  a  las  instancias  necesarias  para  procurar  las  garantías que fuesen necesarias, a pesar de lo  cual  la  testigo  no  se  presentó.  Luego  es  claro  que la ausencia de este  testimonio  no  corresponde  a  una circunstancia que pueda ser superable ni que  implique  la  invalidación  de  la  actuación  por falta de diligencia para su  práctica”.   

Así  las cosas, por carecer el cargo de los  presupuestos    de    lógica   y   debida   fundamentación,   se   impone   su  inadmisión.   

En    lo    relativo   al   segundo  cargo que el libelista postula por  la  vía  de  la  causal  tercera  de  casación  por  una  presunta infracción  indirecta  de  la  ley  derivada de un falso raciocinio, resulta fácil concluir  que  el  actor  desconoce  los  parámetros para demandar dicho vicio en sede de  casación.   

Al  respecto  vale  nuevamente  reiterar que  cuando  la  censura  se  postula  por  la  vía  del  error  de  hecho por falso  raciocinio,  el  libelista debe enseñar a la Corte cuál fue el principio de la  lógica,   el  postulado  de  la  ciencia  y/o  la  máxima  de  la  experiencia  quebrantada  en  el  acto de apreciación, de qué manera lo fue y su incidencia  con  la  parte  dispositiva  del fallo, acto en el cual se deben tener en cuenta  los   demás   elementos   de   juicio   en   que   se   fundó   el  juicio  de  condena.   

Y,  por último, como quiera que dicho yerro  se  ve  reflejado  en  la  aplicación  del derecho, también al casacionista le  compete  que  señale  a  la  Corte cómo el mentado vicio condujo a vulnerar la  ley,  en  tanto  se aplicó una norma que no gobernaba el asunto y/o se excluyó  otra    que   sí   resolvía   los   extremos   de   la   relación   jurídico  procesal.   

En consecuencia, el casacionista no cumplió  con  los  anteriores  parámetros,  habida  cuenta  que la labor demostrativa la  centró  en  informar que los medios de prueba en que se apoyó el juzgador para  concluir  en  el  juicio  de  responsabilidad de su representado, en especial el  testimonio  de  Ricardo  Albeiro  Cevallos  Coquinche  se  encuentra  viciado de  ilegalidad,  en  la  medida  en  que,  en su criterio, no fue el “conductor  de  una  verdad verdadera, ya había sido manipulado por  alguien…”.   

De  manera  que  la  citada  crítica que el  demandante  le  hace  al citado medio de prueba constituye una personal opinión  frente a su mérito, carente de la debida demostración.   

Por  lo  tanto, surge indispensable reiterar  que  la simple discrepancia de criterios no constituye yerro para ser atacado en  casación,  máxime  cuando  el  juzgador goza de libertad para justipreciar los  elementos  de  juicio  sólo  limitado  por  los postulados que informan la sana  crítica,  cuya  trasgresión sí se puede recurrir a través del error de hecho  por  falso  raciocinio, evidenciando la existencia del yerro y su incidencia con  la parte dispositiva de la sentencia, evento que aquí no ocurrió.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión del cargo.   

Y,     respecto     al    tercer  cargo  que el casacionista postula  por  la  vía  de  la nulidad por desconocimiento de las reglas de producción y  apreciación  de  la  prueba,  desconoce que dicha hipótesis se debe plantear a  través de la casual tercera de casación.   

Además, no dio razones de orden probatorio y  jurídico  tendientes  a  demostrar  la  violación de las normas que regulan el  proceso de aducción y apreciación de la prueba.   

Es   decir,   el   cargo   carece   de  la  correspondiente  fundamentación que lleve a la Sala a concluir en la existencia  del vicio y su incidencia en el fallo recurrido.   

Por  último,  advierte  la  Corte  que  la  inconformidad  del  libelista  se  soporta  en  el  grado de credibilidad que el  sentenciador  le  dio a las probanzas en que se fundó la existencia del hecho y  la  responsabilidad  del  acusado, olvidando que el fallo llega precedido a esta  sede  de la doble presunción de acierto y legalidad, es decir, los hechos y las  pruebas  fueron  correctamente  apreciadas, y el derecho estrictamente aplicado,  presunción  que  sólo  se  derrumba  a través de la existencia de un vicio de  derecho  o de actividad, postulado bajo la correspondiente causal de casación y  demostrando su trascendencia frente a la sentencia.   

De  manera  que  ante la falta de claridad y  precisión  en  la  formulación  de  los cargos, se impone la inadmisión de la  demanda,   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías      del      procesado     Edgardo  Alexander  Díaz,  como  para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de Edgardo Alexander  Díaz    procede   el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  de  Edgardo Alexander Díaz,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De            conformidad    con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de   2004,   es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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