28765(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 28765  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 353   

Bogotá, D. C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos lógicos y de debida argumentación de  la   demanda  de  casación  presentada  por   el  defensor  de  CONRADO  LOZANO  OSORIO  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali, que confirmó el fallo emitido  por  el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de la referida ciudad, en el que  condenó  a esta persona a la pena principal de ciento setenta meses de prisión  como    autor    responsable    de   la   conducta   punible   de   homicidio.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. En la madrugada  del  14  de  diciembre  de 2003, en un establecimiento  comercial  situado  en  la  calle 40 con carrera 24 del barrio Asturias de Cali,  Edward  Alberto  Parra  Vanegas  y  CONRADO  LOZANO OSORIO se enfrascaron en una  riña,  después  de  que Paola Andrea Castro Bolaños le contara a este último  que  su  pareja  Mónica  Álvarez  Castillo  había sostenido relaciones con el  primero.   

Debido a que portaba un arma blanca, CONRADO  LOZANO  OSORIO  le  propinó  a  Edward  Alberto  Parra Vanegas una herida en el  cuello  de  siete  centímetros  de  profundidad,  con  lo  cual le ocasionó la  muerte.   

2. Por lo anterior,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  ordenó la apertura formal del proceso,  vinculó  al  agresor mediante declaratoria de persona ausente y, en resolución  que  calificó  el  mérito  del  sumario,  lo  acusó de la conducta punible de  homicidio  prevista  en el  artículo 103 de la ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

3.   Declarado  desierto   el   recurso   de   apelación   contra  la  providencia  acusatoria,  correspondieron  las  diligencias para su conocimiento  en  la  etapa siguiente al Juzgado Noveno Penal del Circuito de Cali,  despacho  que,  una  vez producida la  captura,  interrogó en audiencia pública al procesado y lo condenó como autor  responsable  del  delito  en comento a la pena principal de ciento setenta meses  de   prisión,   a  la  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un  periodo  de diez años y a la prohibición de consumir  bebidas  alcohólicas  por  un  término de treinta y  seis  meses.  Así  mismo,  lo  condenó  al  pago  de  daños  derivados  de la  ejecución  de la conducta punible y le negó cualquier mecanismo sustitutivo de  ejecución de la pena privativa de la libertad.   

4.  Apelada  la  decisión  de  primera  instancia por la defensa técnica y el representante del  Ministerio   Público,   el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cali la confirmó en su integridad.   

5.   Contra  la  sentencia  de  segundo grado, interpuso el apoderado de CONRADO LOZANO OSORIO el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera cuerpo segundo  de   casación,  propuso  el  recurrente  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falta de aplicación del principio in  dubio  pro  reo  consagrado  en  el  artículo  7 del  Código de Procedimiento Penal.   

En  sustento  de  lo  anterior,  formuló en  primer  lugar  un falso juicio de identidad por tergiversación, debido a que el  Tribunal  concluyó  del  testimonio  de Paola Andrea Castro Bolaños que Edward  Alberto  Parra  Vanegas  fue  interceptado  por  el  procesado, cuando lo que se  advierte  tanto  de  su lectura como del informe de policía es que el encuentro  fue casual.   

Agregó que el ad quem también distorsionó  el  contenido  de  la  necropsia,  pues  gracias a las elucubraciones que hizo a  partir  de  la  descripción  de  la  herida  descartó  la  causal de legítima  defensa,  a  pesar  de  que nadie presenció la contienda en su apogeo como para  señalar  de  qué  forma  CONRADO  LOZANO OSORIO arremetió o cómo utilizó el  arma blanca.   

A continuación, planteó un falso juicio de  identidad  por  omisión parcial, por cuanto el Tribunal no tuvo en cuenta en el  interrogatorio  del procesado que las heridas que presentaba fueron causadas por  un   pico   de   botella   que   utilizó  Edward  Alberto  Parra  Vanegas  para  atacarlo.   

Por último, se refirió a un falso juicio de  existencia  por  omisión  respecto  de  la  declaración de María Elena Gómez  Ordóñez,  quien explicó que CONRADO LOZANO OSORIO tenía la navaja que portó  el  día  de  los  hechos  para  cortar  frutas  en  el  trabajo, con lo cual se  demuestra  que  no  fue  llevada  ex  profeso  al  establecimiento con el fin de  ultimar a la víctima.   

En  consecuencia, solicitó a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  proferir  un  fallo absolutorio de  reemplazo.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala,  de  tiempo  atrás,  ha  sostenido  que  la  casación  es  un  recurso  de  ámbito  restringido   en   el   que   la   pretensión   de   examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad  del  fallo que se impugna no puede limitarse a un escrito de  libre  formulación,  sino que debe apoyarse en un contenido mínimo de claridad  y  coherencia  que permita entender el vicio o los vicios que se denuncian, así  como   la   identificación   de  sus  consecuencias.   

De  ahí  que  la demanda de casación nunca  podrá  equipararse  a  un  alegato  de instancia, pues tal como se deriva de lo  señalado  en  los  artículos  212  y  213  de  la  ley 600 de 2000, Código de  Procedimiento  Penal  vigente  para  este  asunto, requiere de una presentación  lógica  y  adecuada  a  cada  una de las causales legalmente establecidas en el  artículo  207 ibídem, así como el respectivo desarrollo de los cargos que por  los     vicios     in    procedendo    (de  mero  trámite  o  actividad)  o  in  iudicando  (de  juicio) haya propuesto el recurrente,  con  la  respectiva  demostración  de  su  trascendencia  para  efectos  de  la  decisión adoptada.   

2. En el asunto que  concita  la atención de la Sala, el demandante incurrió en yerros de claridad,  coherencia  y debida argumentación que imposibilitan la admisión de su escrito  por parte de la Sala.   

En efecto, cuando en  sede  de  casación  se propone un error de hecho por falso juicio de identidad,  al  demandante  le  asiste la carga de demostrar que el juez o cuerpo colegiado,  al  emitir  la  sentencia  objeto  del  extraordinario  recurso,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de determinado medio de prueba, haciéndole  decir  lo  que  en  realidad  no  dice,  bien  sea  porque  realiza  una lectura  equivocada  de  su  texto,  o  bien porque le agrega aspectos que no contiene, o  bien   porque   omite  tener  en  cuenta  partes  importantes  del  mismo.   Adicionalmente, tiene que establecer la trascendencia  del  equívoco,  lo  que se satisface confrontándolo con las restantes premisas  mediante  las  cuales  fue  construido el fallo objeto de impugnación, para con  ello    llegar   a   establecer   la   violación   de   la   norma   sustancial  invocada.   

Ahora  bien,  cuando  lo  que se ataca es la  inferencia  lógica  en la prueba indiciaria, la Sala ha precisado que el único  error  de  hecho  susceptible  de  plantear es el falso raciocinio, en el que es  deber   del  recurrente,  además  de  demostrar  la  trascendencia  del  yerro,  determinar  que  el  proceso intelectual que condujo al hecho indicado riñe con  las  reglas  de  la  sana  crítica,  es  decir, con las leyes científicas, los  principios de la lógica o las máximas de la experiencia.   

En  lo  que  atañe  al  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  la Corte ha señalado reiteradamente que éste no se  configura   cuando   el  juzgador  tuvo  en  cuenta  el  contenido  material  de  determinado  medio  probatorio,  así  no  lo  haya  mencionado en forma expresa  dentro  de  la  motivación,  ni  tampoco  cuando lo estimó, pero dejó de lado  determinados  aspectos  de  su  contenido,  ni  mucho  menos  cuando el elemento  probatorio  que se extraña fue valorado en el fallo de primera instancia, en la  medida  en  que  la  decisión de segundo grado haya sido confirmatoria, pues se  entiende  que las dos providencias quedaron integradas  en  una  unidad  jurídica  imposible de escindir para  los fines de este recurso extraordinario.   

El  defensor  de  CONRADO LOZANO OSORIO, sin  embargo,  formuló falsos juicios de identidad y existencia en la valoración de  la  prueba,  de  cuya trascendencia no intentó a la Sala convencer, y que en la  mayoría  de  los  casos  ni siquiera pueden ser tenidos desde un punto de vista  formal como tales.   

En primer lugar, cuestionó que el Tribunal,  en  el  fallo  impugnado, desprendiera de la declaración de Paola Andrea Castro  Bolaños  el  hecho  de  que  el  procesado  interceptara a Edward Alberto Parra  Vanegas,  cuando  lo relevante de este medio de prueba era que el ad quem le dio  crédito  a  la  primera versión por ella rendida, en el sentido de que CONRADO  LOZANO  OSORIO  obró como provocador de la riña que desembocó en el resultado  típico,  aspecto  que  excluye  cualquier  posibilidad de legítima defensa. En  palabras del Tribunal:   

“Es así entonces  como  se  obtiene  la declaración de Paola Andrea Castro Bolaños, quien relata  los hechos en los siguientes términos:   

”’El  día  de hoy, a las dos o una de la madrugada, me encontraba en  una  viejoteca [sic], no sé  cómo  se  llama, en compañía de Martha Isabel Ortiz, estaba Ruca M., Jennifer  M.,  el  novio de Jennifer M., no le sé el nombre, estábamos todos ahí cuando  Edward  iba  subiendo la primera grada para ingresar a la viejoteca, entonces el  muchacho  lo  agredió  verbalmente  y  ahí  Edward  se  devolvió y fue cuando  empezaron  a  pelear,  cuando  ya  bajamos  todos,  ya Edward estaba en el suelo  herido,  pues  entre  todos lo llevamos hasta la avenida, paramos un taxi, yo me  fui con él’.   

”Como  bien  se  puede  advertir  en  este  texto,  la  testigo  aduce  que  fue la otra persona,  refiriéndose   a   CONRADO,   quien   provocó  a  Edward  y  éste  reaccionó  devolviéndose  para  empezar a pelear, bajando todos a ver lo sucedido, pero la  víctima  ya  había  sido  herida. No olvidemos que hubo provocación por parte  del  acusado,  pues había un motivo, y de por sí muy delicado, cual era que su  mujer  Mónica estuviera saliendo con el occiso, desagradable noticia de la cual  se  había enterado por parte de la mujer del difunto, de nombre Paola, quien en  un    arranque   de   ira   decidió   contarle   todo   a   CONRADO”1.   

En segundo lugar, el recurrente sostuvo que  era  un falso juicio de identidad por tergiversación de la inferencia realizada  por  el  Tribunal,  en  el sentido de que la herida de siete centímetros que el  cadáver  de Edward Alberto Parra Vanegas presentaba en el cuello era indicativa  de  la intención del procesado de quitarle la vida2, cuando lo único procedente  era  proponer  un falso raciocinio al respecto y convencer a la Corte más allá  de  la  simple  afirmación  de  que  el  ad  quem  desconoció una concreta  ley  científica,  principio  lógico  o  máxima  de la  experiencia.   

En tercer lugar, no era posible predicar la  existencia  de  un  falso  juicio  de  identidad  por  omisión  o cercenamiento  respecto  del  interrogatorio  realizado  a  CONRADO  LOZANO OSORIO, dado que el  aspecto  extrañado (es decir, el relativo a que Edward Alberto Parra Vanegas le  ocasionó  heridas  con una botella) sí fue tenido en cuenta en el fallo objeto  de impugnación. Según el ad quem:   

“[…]  sólo  hasta  el  año  2006  fue  posible  escuchar a CONRADO LOZANO OSORIO, quien fue  capturado  cuando  regresó  a esta capital, convencido de que la investigación  por  la  muerte  de  Edward Alberto ya era cosa pasada; al ser examinado por las  autoridades,  encuentran  que  presenta  cicatrices  antiguas,  las  que intenta  adjudicar      a     su     enfrentamiento     con     el     occiso”3.   

Finalmente,   el   testimonio  de  María  Elena Gómez Ordóñez, cuya ausencia de valoración  fue  formulada  como un falso juicio de existencia, fue expresamente considerado  en  la  decisión  de  primera instancia y en el sentido aducido por el defensor  (es   decir,   que   la   navaja   con   la   que  se  agredió  “era   de   propiedad   de  su  empleado,  quien  la  portaba  como  llavero”4).   Además,   el  Tribunal  jamás  señaló  que  la conducta del procesado fuese premeditada ni que llevó  el  arma blanca al lugar de los hechos con el único fin de asesinar a su rival;  simplemente,     adujo     acerca    del    particular    que    “optó  por  hacer  uso  de  su navaja realizándole un corte en el  cuello   a   Edward   de   tal   magnitud  que  acabó  con  su  vida  en  forma  instantánea”5.   

3. Con fundamento  en  lo  analizado,  la Corte concluye que el abogado se alejó de los principios  de  sustentación  suficiente,  crítica vinculante y  coherencia,    que    no    sólo    encuentran    arraigo   en   el   carácter  dispositivo  del  recurso, sino que además implican  que  la  argumentación debe bastarse por sí misma para propiciar, por lo menos  teóricamente, el derrumbamiento del fallo.   

Y,  por  lo  tanto,  como  la  Sala tampoco  encuentra  al  examinar  el  expediente  vulneración  alguna  a  las garantías  fundamentales  de  CONRADO  LOZANO  OSORIO, no admitirá la demanda de casación  interpuesta  en  contra  de  la  sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA      DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de CONRADO LOZANO OSORIO en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de  Cali.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

       LICENCIA    NO  REMUNERADA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO        MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE     LEMOS   

                                                                        

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1    Folio    409    del    cuaderno    II    de    la   actuación  principal.   

2 Folio 411 ibídem.   

3  Folio 413 ibídem.   

4  Folio 355 ibídem.   

5 Folio 413 ibídem.     

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