30720(30-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30720   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 314.  

          Bogotá,      D.C.,      octubre treinta (30) de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

          Se  pronuncia la Sala acerca de la colisión negativa de competencia  suscitada  entre los Juzgados Octavo Penal del Circuito Especializado de Bogotá  y  Primero  Penal del Circuito de la misma ciudad, en virtud de la cual rehúsan  continuar   con  la  fase  del  juicio  adelantado  en  contra  de  RAMIRO   SUÁREZ   CORZO   acusado  como  determinador    del    delito    de    homicidio    agravado   en   Alfredo         Enrique         Flórez        Ramírez.   

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

          Aproximadamente  a  las  11:30 de la noche del 6 de octubre de 2003,  en  el  municipio  de  Los  Patios,  jurisdicción  de  Cúcuta,  dos individuos  miembros  del  Bloque  Norte  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia que se  transportaban  en  una  motocicleta,  dispararon  con  arma  de  fuego al doctor  Alfredo    Enrique    Florez   Ramírez,  quien se desempeñaba como Asesor Jurídico de la Alcaldía de la  mencionada ciudad, causándole la muerte de manera inmediata.   

          Dispuesta  la correspondiente apertura de instrucción a la cual fue  vinculado   mediante   indagatoria   RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  a través de providencia del 1º de octubre de  2007  la  Fiscalía  Veintiocho  de  la  Unidad  de  Derechos  Humanos y Derecho  Internacional   Humanitario  resolvió  su  situación  jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional   como   posible  determinador  del  delito  de  homicidio  agravado  (numerales   4º,   7º   y   10º   del   artículo   104  de  la  Ley  599  de  2000).   

          Posteriormente  la misma autoridad judicial calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación  en contra del procesado como presunto  determinador del punible que sustentó la medida de aseguramiento.   

          Una  vez  ejecutoriada  la providencia acusatoria, el expediente fue  remitido  a  los  Jueces  Penales del Circuito Especializado de Cúcuta a fin de  surtir  la  fase del juicio, pero luego, mediante providencia del 9 de junio del  año  en curso esta Colegiatura dispuso a instancia de la Fiscalía el cambio de  radicación  del proceso a la ciudad de Bogotá, donde correspondió por reparto  al Juzgado Octavo Penal del Circuito Especializado.   

Mediante  proveído  adoptado  en  audiencia  realizada  el  1º  de  septiembre  de  esta  anualidad,  el mencionado despacho  concluyó  que  carecía  de  competencia  para  seguir  conociendo del asunto y  remitió  el  expediente a los jueces penales del circuito de Bogotá planteando  colisión   negativa   de   competencia   en   caso  de  no  ser  aceptados  sus  planteamientos,  siendo  repartido  al Juzgado Primero de dicha especialidad, el  cual  aceptó  la  colisión propuesta a través de providencia del pasado 23 de  octubre  y  por  ello, remitió las diligencias a esta Corporación a fin de que  se defina el conflicto suscitado.   

RAZONES DEL CONFLICTO  

          El  Juez  Octavo  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá aduce  que  como  se  acusó al procesado, entre otros, por el numeral 10 del artículo  104  de  la  Ley  599  de  2000,  tal  circunstancia es la que ha establecido la  competencia  en  la  jurisdicción especializada, pero como esta Sala cuenta con  facultad  para  definir  la  competencia  a  partir del análisis objetivo de la  tipicidad  del  comportamiento investigado, advera que en este asunto la calidad  de  servidor público de la víctima (numeral 10 del artículo 104 de la Ley 599  de   2000)   no   se   cumple,  toda  vez  que  se  encontraba  vinculado  a  la  administración  municipal  de  Cúcuta  como  Asesor  Jurídico a través de un  contrato de prestación de  servicios.   

          En  apoyo  de  su  aserto  trascribe  el  artículo  123 de la Carta  Política,  así  como  el  numeral  2º  del  artículo  2º  de  la  Ley 80 de  1993.   

Destaca   que   en   el  régimen  laboral  administrativo  los  servidores  públicos pueden se empleados públicos, si son  designados  por  acto  administrativo y son de libre nombramiento y remoción, o  empleados  oficiales  si  se  encuentran  vinculados  a  través  de contrato de  trabajo.   

También  Señala  que de conformidad con el  numeral  3º del artículo 32 de la referida legislación de 1993, los contratos  de  prestación  de  servicios  no  pueden  realizarse  con personal de planta y  además,  no  generan relación laboral ni prestaciones sociales, a partir de lo  cual  concluye  que  el  contratista no está subordinado a la administración y  por  tanto,  no  cuenta  con los derechos de los trabajadores oficiales o de los  empleados públicos.   

Luego  de  citar  apartes  de jurisprudencia  constitucional  sobre  las  características  del  contrato  de  prestación  de  servicios,  así  como  respecto de sus diferencias con el contrato de trabajo y  la  imposibilidad de aplicar el Código Disciplinario Único a los contratistas,  concluye  que  si  un  contrato de prestación de servicios no puede confundirse  con  un  contrato laboral, es claro que en este asunto el Asesor Jurídico de la  Alcaldía  de  Cúcuta,  quien  se  hallaba  vinculado  a través de contrato de  prestación  de  servicios, no tenía la condición de servidor público, motivo  por  el  cual  la competencia para investigar el homicidio de éste no radica en  la jurisdicción especializada, sino en la ordinaria.   

          Finalmente  precisa  que  el  artículo  20 de la Ley 599 de 2000 se  aplica  a  los sujetos activos de la conducta punible, no a las víctimas, y que  el  simple  hecho de realizar una función pública no convierte a un particular  en  servidor  público,  como  ocurre  con  los  funcionarios de las cámaras de  comercio o la Federación Nacional de Cafeteros.   

Por  su  parte, el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Bogotá acepta la colisión propuesta, para lo cual aduce que: (a)  El  artículo  56  de  la  Ley  80  de  1993 dispone que para efectos penales el  contratista   es   un   particular   que  realiza  funciones  públicas  y  cuya  responsabilidad  será  la  señalada  por la ley para los servidores públicos.  (b)  El  artículo  20  de  la  Ley  599  de  2000  establece que son servidores  públicos  los particulares que ejerzan funciones públicas de manera permanente  o  transitoria.  Y  (c)  El  artículo  122 de la Carta Política se ocupa de la  función   pública  entendida  como  la  actividad  que  prestan  las  personas  naturales    al    servicio    de   las   diferentes   entidades   del   Estado,  independientemente  de  la  vinculación laboral, no hay duda que la competencia  para  conocer  de  este  asunto  radica  en  el  Juzgado  Especializado, pues la  víctima tenía la condición de servidor público.   

Agrega  que  a  esta altura del debate está  vedado  que el Juez Especializado varíe la calificación de la conducta como si  se  tratara de un Fiscal, con mayor razón si fue la propia Corte la que radicó  en  dichos  despachos  la competencia para conocer de este asunto al conceder el  cambio de radicación del expediente de Cúcuta a Bogotá.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Sala  es  competente  para conocer de la  colisión  suscitada  entre los Juzgados Octavo Penal del Circuito Especializado  y  Primero Penal del Circuito, ambos de la ciudad de Bogotá, de conformidad con  lo   establecido   en   el   artículo   18   transitorio   de  la  Ley  600  de  2000.   

Con  el fin de decidir el conflicto negativo  de  competencia  trabado,  impera  precisar  en  primer  término,  que tal como  reiteradamente  lo ha expuesto la Sala, la resolución de acusación es la pieza  procesal  que  señala  el marco jurídico dentro del cual debe desenvolverse el  juicio  y  la sentencia, toda vez que informa las circunstancias de tiempo, modo  y  lugar  en  que sucedieron los hechos y la calificación jurídica provisional  dada  a los mismos, lo que a la postre determina la competencia del juez y tiene  con  relación al mismo fuerza vinculante, no pudiendo desconocerla, a menos que  se   haya   incurrido   en   error   en   la   denominación   jurídica  de  la  infracción.   

          Sobre  el  particular  se  expuso  en  la  acusación dentro de este  asunto:   

“Sea lo primero  señalar  que  una  vez  capturados  JHONATTAN  SEPULVEDA alias JHONATAN y alias  YERRI  o  YOVANIS ENRIQUE HERAZO BUELVAS en diferentes circunstancias de tiempo,  modo    y    lugar    y    en    sus   primeras   manifestaciones   –     indagatorias     –  libres  de todo apremio señalan la  responsabilidad  de  aquí  encartado  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO  en  el homicidio,  indicando  que  el  delito  se  cometió  por  un  favor  que  la  organización  paramilitar   le  hizo  a  SUÁREZ  CORZO  porque  el  inmolado  se  le había convertido en un problema o piedra en el zapato para sus  aspiraciones  al cargo de alcalde” (Subrayas fuera de  texto).   

En segundo lugar, bien está precisar que la  Sala  ha  sostenido que si el juez a quien es remitida la actuación para surtir  la  etapa  del  juicio  se  percata  de  un  error en la calificación jurídica  impartida   por   la   Fiscalía,  capaz  de  determinar  la  variación  de  la  competencia,  debe proponer la correspondiente colisión negativa (artículo 402  de  la  Ley 600 de 2000), para que una vez trabada, el superior funcional común  a los despachos colisionantes dirima el conflicto.   

Y   finalmente,   también   la   Sala  ha  puntualizado  que  al  conocer  de  incidentes  de  colisión  de competencia se  encuentra  facultada  de  manera  excepcional  para  examinar  los elementos que  integran  la  tipicidad  de  la  conducta  investigada,  con  el  único  fin de  establecer   el   factor   objetivo  de  competencia,  sin  que  entonces  pueda  inmiscuirse   en   la   existencia  del  delito  o  en  la  responsabilidad  del  procesado.   

          Pues  bien,  respecto  de la situación fáctica que se investiga en  este  asunto  el  informativo pone de presente un hecho claro y sobre el cual se  encuentran  de acuerdo los despachos colisionantes, esto es, que la víctima, el  doctor  Alfredo  Enrique Flórez Ramírez,  se desempeñaba como Asesor Jurídico de la Alcaldía de Cúcuta,  encontrándose    vinculado    mediante    un   contrato   de   prestación   de  servicios.   

          Así,  entonces,  la  discusión  queda circunscrita a establecer si  para  los efectos de que trata el numeral 1º del artículo 104 de la Ley 599 de  2000 el occiso tenía o no la condición de servidor público.   

En tal cometido se tiene que el artículo 20  de la Ley 599 de 2000 establece:   

“Servidores  públicos.          Para         todos    los   efectos   de   la   ley  penal,  son  servidores públicos los miembros de las  corporaciones  públicas,  los  empleados  y  trabajadores  del  Estado y de sus  entidades descentralizadas territorialmente y por servicios.   

“Para los mismos  efectos   se   consideran  servidores  públicos  los  miembros  de  la fuerza pública, los particulares que  ejerzan  funciones  públicas  en  forma  permanente  o  transitoria,  los  funcionarios y trabajadores del Banco de la República, los  integrantes  de  la  Comisión  Nacional  Ciudadana  para  la  lucha  contra  la  corrupción  y  las  personas  que  administren  los  recursos  de  que trata el  artículo   338   de   la  Constitución  Política”  (Negrillas y subrayas fuera de texto).   

          Por   su   parte,   el   artículo   56   de   la  Ley  80  de  1993  dispone:   

“De    la  responsabilidad  penal  de  los particulares que intervienen en la contratación  estatal.     Para    efectos    penales,      el     contratista,   el   interventor,   el  consultor,  y  el  asesor  se     consideran     particulares     que     cumplen    funciones  públicas  en todo lo concerniente a la celebración,  ejecución  y  liquidación  de  los  contratos  que  celebren con las entidades  estatales  y,  por  lo  tanto,  estarán sujetos a la  responsabilidad   que  en  esa  materia  señala  la  ley  para  los  servidores  públicos” (Subrayas fuera de texto).   

Por  su  parte, ha dicho esta Colegiatura al  respecto:   

“El contratista,    el   interventor,   el  consultor  y  el  asesor  que  celebran  contratos  con las entidades estatales,  sólo adquieren la condición de servidores públicos  por  extensión  cuando  con  motivo  del  vínculo contractual asumen funciones  públicas,  es  decir,  cuando el contrato implica la  transferencia  de  una  función  de  esta  naturaleza,  no  cuando su objeto es  distinto,  como  sucede cuando se circunscribe a una labor simplemente material,  casos    en    los    cuales    continúan    teniendo    la    condición    de  particulares”1    (Subrayas    fuera    de  texto).    

Precisado  lo  anterior,  se  observa que el  objeto  de  los  contratos  de  prestación  de  servicios  celebrados  entre la  administración    municipal    de    Cúcuta    y    el   doctor   Alfredo  Enrique  Flórez Ramírez estaban  referidos  a  que éste prestara su asesoría jurídica en condición de abogado  externo  de  la  Secretaría de Desarrollo a la Comunidad, así como al Alcalde,  al  Secretario  General  de  la  Alcaldía  y  a  otras dependencias y entidades  vinculadas  con el desarrollo comunitario, también le correspondía representar  judicial  y  extrajudicialmente  al  burgomaestre  de  Cúcuta,  amén de rendir  conceptos acerca de los temas que le fueran solicitados.   

Por   tanto,   es   claro  que  el  doctor  Alfredo    Enrique   Flórez   Ramírez   si  desempeñaba  funciones  públicas  para  la  administración  municipal  de  Cúcuta,  si por tales se entiende el conjunto de actividades que  realiza  el  Estado a través de sus órganos de poder público, de los órganos  autónomos  e  independientes y de las demás entidades o agencias públicas, en  procura  de realizar los fines que son inherentes a su razón de ser2, amén de que  como  lo  relata  el  mismo  enjuiciado,  aquél despachaba desde la oficina del  Alcalde,  motivo  por  el  cual,  se  cumplen  las  exigencias señaladas por el  legislador   y   la   jurisprudencia   para   que  se  le  tenga  como  servidor  público.   

          Lo  anterior  es  así,  dado que de conformidad con el artículo 20  del    estatuto    penal    “Para    todos  los  efectos de la ley penal, son  servidores   públicos  (…)  los  particulares  que  ejerzan  funciones  públicas  en  forma permanente o  transitoria” (Subrayas fuera de texto) y adicional a  ello,   según   el   artículo  56  de  la  Ley  80  de  1993,  “Para  efectos  penales,  el contratista,    el   interventor,   el  consultor,  y el asesor se consideran particulares que  cumplen  funciones  públicas”  (Subrayas  fuera  de  texto),  en  especial  cuando como ocurre en este asunto, el doctor Florez   desempeñaba   tales  funciones  públicas  en  virtud  del  contrato de prestación de servicios suscrito con la  Alcaldía de Cúcuta.   

          Baste  finalmente  señalar  que carecería de sentido lógico que a  la  víctima  en  vida  se  le  exigiese  en  el ámbito penal responder como un  servidor  público,  pero  al  momento  de su fallecimiento le fuera desconocida  precisamente  esa  especial  condición  ejercida  desde comienzos del año 2001  hasta  la  fecha  de  su  muerte violenta el 6 de octubre de 2003, cuando pese a  estar  vinculado mediante un contrato de prestación de servicios, sus funciones  eran  de  carácter  público  en beneficio de la comunidad y la administración  municipal de Cúcuta.   

A  partir de las consideraciones precedentes  concluye  la  Sala  que  dada la condición de servidor público de la víctima,  además  de  que  fue por tal calidad vinculada a la Alcaldía de Cúcuta que se  impartió  la  orden  de su ejecución por parte de miembros del Bloque Norte de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia, asiste razón al Juez Primero Penal del  Circuito  al considerar que la competencia radica en el Juzgado Octavo Penal del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  a donde se ordenará remitir de inmediato  las diligencias.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE   

1.             ASIGNAR  el  conocimiento  de este proceso al Juzgado Octavo Penal del Circuito Especializado  de Bogotá, al cual se dispone enviar de inmediato la actuación.   

2.             COMUNICAR  lo  aquí  decidido  al Juzgado Primero Penal del Circuito de Bogotá, remitiéndole  copia de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Comuníquese    y  cúmplase,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  del  27 de julio de 2006. Rad. 23872. En sentido similar providencias  del  13  de  marzo  de  2006 y del 9 de mayo de 2007. Rads. 24833 y 22683, entre  otras.   

2 Cfr.  Sentencias  del  6  de  marzo  y  del  23 de abril de 2008. Rads. 27477 y 23228,  respectivamente.     

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